Capítulo 5

Había pasado una semana desde que vivía en la mansión Kuchiki y las cosas se habían distendido bastante, era como si el tiempo hubiese retrocedido y nada hubiese pasado. Aquello lo aliviaba bastante, pero por otro lado el tiempo apremiaba. Ya pensaría en ello con los Shiba por la tarde. Y silbando una cancioncilla que había escuchado durante el anterior turno nocturno caminaba por los pasillos de la división.

-Oye, Kurosaki –la voz de uno de los muchachos de la división lo distrajo de su paseo.

-Hola –se volteó viendo como el chico se acercaba a paso acelerado -¿Sucede algo?

El muchacho de nombre Hanato Makoto de cabellos cortos y morenos lo alcanzó en un instante.

-Tenemos una misión al mundo de los vivos –informó entregándole una orden escrita –Debemos partir en menos de una hora… -Ichigo enarcó una ceja –No te preocupes, Kurosaki, no es nada de temer, sólo debemos ir a cargo de un grupo de muchachos de la Academia. Será divertido.

El pelinaranja tomó el papel entre sus manos y asintió en silencio. Después de todo podía ser un cambio a aquella monotonía que lo invadía, traería algo de emoción a su vida dentro del Gotei 13 y del infructuoso rescate de su mejor amiga. Pero lo que no esperaba es que dentro de aquella misión acabaría siendo blanco del enamoramiento platónico de un grupo de muchachitas, quienes desde aquel entonces terminarían por acosarlo a donde fuese y así comenzaba una nueva semana en el Seireitei.

Rukia salía de la oficina del Capitán Ukitake para cuando casi choca distraída con un trío de chiquillas vestidas con el uniforme de la Academia. Se disculpó y siguió su camino mientras las muchachas la seguían de cerca como si fuesen sus guardaespaldas. Las escuchaba cuchichear tras ella, se volvió a verlas.

-¿Puedo preguntar qué hacen en este lugar, chicas?

Las niñas se sobresaltaron y la observaron detenidamente.

-Kuchiki-sama –habló una de las chicas adelantándose a sus amigas –Queríamos hacerle una pregunta…

-Pues venga, tengo muchas cosas que hacer –respondió algo molesta. -¿Qué quieren preguntar?

-Verá… Pues… -la chica musitaba sin llegar a ninguna frase coherente.

Otra saltó a preguntar.

-¿Eres la novia de Kurosaki-sensei?

Rukia cambió aquella mueca por una sonrisa algo burlesca, desvió la mirada hacia un árbol donde podía reconocer unos cabellos pinchudos y anaranjados.

-¿No creen que es una pregunta inadecuada? –interrogó Rukia cruzándose de brazos. –Pero no, Ichigo y yo somos amigos, muy buenos amigos. Yo estoy casada con alguien más…

Una de las chicas codeó a la otra y le dijo "Ya te dije que ella estaba casada con su hermano mayor, estúpida" Y la otra respondía "Pero siempre puede ser novia del sensei, no es excluyente" La otra repuso "¿Cómo que no?"

La que había permanecido en silencio abrió la boca.

-Y, Kuchiki-sama, sabrá usted si Kurosaki-sensei tiene novia…

Rukia ladeó su sonrisa.

-¡Claro que no! Así que vayan por él chicas… -les guiñó un ojo.

Las chiquillas se marcharon felices. Una mano jaló a la pequeña morena tras el árbol.

-Pudiste mentirles… -gruñó Ichigo viendo como las muchachas se perdían de vista. –No puedo vivir tranquilo desde ayer…

-Ya se les pasará, Ichigo –rió Rukia burlona –Es un enamoramiento adolescente, no durará mucho, además para qué mentirles y destruirles la ilusión. Además, qué querías que les dijera, ¿que tienes novia? O mejor que yo soy tu novia.

-Hubiera sido un escape…

-No puedo estar casada con Nii-sama y de novia contigo al mismo tiempo, zopenco, no me voy a meter en problemas por tu culpa y la de tu círculo de admiradoras.

Ichigo la miró sorprendido.

-¿Qué? –preguntó la morena.

-Lo llamaste Nii-sama… ya sabes, a tu esposo…

Rukia frunció el ceño.

-Fue un lapsus.

-Vamos, enana, sé que te duele esta situación… -dijo, ella bufó –Siempre podemos intentar algo.

-¿Cuántas veces tengo que decirte que no se puede hacer nada? –exclamó la muchacha –La familia dispuso esto porque el linaje debe mantenerse y Nii-sama no tenía otra opción…

-Ahí va otra vez…

-¿Qué cosa?

-Volviste a llamarlo Nii-sama…

-¡Me vas a volver loca, imbécil! –gruñó viéndolo de manera asesina. -¡No ves que no hay nada que hacer! Si este matrimonio se disuelve sería una deshonra para la familia… ¡No puedo hacerle algo así a Nii… a Byakuya.

-Puedes decirle Nii-sama cuando estés conmigo… -dijo con burla, pero ella lo miró con infinita tristeza.

-Gracias, Ichigo.

-De nada –pasó un brazo por los hombros de la muchacha –Ahora tú y yo vamos a resolver esto. Y para cuando Byakuya regrese no tendrá más que aceptarlo y sé que lo hará… No creas que para ese estirado de tu hermano mayor la situación debe ser de lo más agradable.

Rukia alzó los hombros con la vista gacha.

-¿Almorzamos juntos? –propuso el pelinaranja.

Ella asintió en silencio.

-No hay forma de disolver un matrimonio de manera natural si éste ha sido consumado –Kuukaku bebía de su té de manera tranquila, ambos varones al otro lado de la mesa la observaban en silencio –Ya saben… -intentó aclarar, ambos seguían viéndola fijo –Si ya durmieron juntos y tuvieron intimidad.

-¡No vuelvas a mencionarlo así como así! –gritó Ichigo poniéndose de pie, con sus típicas desbordadas reacciones cuando se trataba de Rukia.

-Lo primero que deberás hacer luego de convencerla de romper con el vínculo matrimonial es averiguar si han tenido algún tipo de contacto físico, recordemos que el matrimonio en los nobles no tiene más función que engendrar un heredero… Por lo tanto si sumamos dos más dos… -agregó risueña al ver la descomposición del rostro de Ichigo –Ya basta, Kurosaki, estoy completamente segura que Byakuya no ha tocado a su adorada hermanita menor. No podría hacerlo, no mancharía a una muchacha tan joven ni menos la deshonraría en memoria de su difunta esposa.

-Si estás tan segura, entonces ¿por qué no omitimos el punto?

-No basta mi seguridad, tienes que averiguarlo tú, de otro modo no te quedarás tranquilo.

-Está en lo cierto –agregó Ganju risueño.

-Lo haré…

Era el momento indicado, acompañaba a Rukia hasta su habitación luego de la cena, conversaban de cualquier cosa, no tocaban el tema del matrimonio, menos habían mencionado siquiera el nombre de Byakuya. Pero el tiempo se acabaría pronto y debían llegar a algo. Pero como dijo Kuukaku el día que planificaron el rescate, debía cumplir con todos los pasos adecuados.

-Rukia… hay algo que quiero preguntarte…

La muchacha lo quedó mirando curiosa justo cuando llegaban a la puerta de su habitación. Ichigo parecía nervioso, no la miraba, más bien parecía evitarla. Por alguna razón pensó que lo que seguía era una pregunta privada y adivinó al instante cuál era. Ya había pasado mucho tiempo sin hablar de su condición de esposa. Se aprovechó de la incómoda situación del muchacho para hacerlo sufrir un poco.

-Sí, claro –le dijo inocente, fingiendo no saber qué era lo que quería el pelinaranja.

-Tú… Byakuya… -el rostro de Ichigo iba cobrando un bonito tono escarlata. –Tú… este… como… bueno…

-No te entiendo, Ichigo –siguió su actuación –¿Te sientes bien? Estás muy rojo, ¿tienes fiebre? –hizo el ademán de colocar su pequeña mano sobre la frente del chico, pero éste negó con la cabeza. -¿Qué sucede?

No, no podía preguntarle algo así, era demasiado íntimo. Y ahí estaba ella viéndolo con cara de cordero degollado, preocupada por él, porque no podía hilar una frase… Nunca la había visto preocupada por él de esa manera tan dulce… ¡Momento!

-¡Deja de burlarte de mí, enana del demonio! –gruñó para cuando ella se largó a reír. –No es chistoso.

-Estás muy equivocado, lo es y mucho –siguió riendo y vio el ofuscado rostro de su amigo –No, Ichigo, entre Nii-sama y yo no ha pasado nada. Es un matrimonio ficticio, no consumado…

-Estoy empezando a odiar esa palabra –masculló y ella le regaló una enorme sonrisa bondadosa.

-Agradezco tu preocupación, Ichigo, en serio –puso su mano en el brazo del muchacho.

-No hay nada que agradecer, hasta que te saque de este embrollo –volvió a su actitud de héroe, ella sonrió dulce -¿Qué vas a hacer cuando la familia pida hijos? Vas a tener que… ¡No puedo ni pensar en eso!... Pobre Byakuya… -recibió un golpe seco en el brazo, se sonrió divertido ante la respuesta de la muchacha, quería hacer de esto algo más llevadero. –En serio, enana, ¿qué vas a hacer?

-No lo sé –suspiró apoyando la espalda en la madera de la puerta cerrada. –No hay día en que no piense en eso… -Ichigo enarcó una ceja –No es que lo desee –aclaró e Ichigo asintió en silencio. –Besar a alguien es una cosa, ¡pero lo otro son palabras mayores!

Ichigo la miró por el rabillo del ojo, guardó silencio unos segundos y balbubeó.

-¿Podrías besar a Byakuya? –exclamó Ichigo asqueado -¿Besar, besar? ¿Así en la boca? ¿Con la boca abierta, con lengua?

Rukia hizo una mueca de asco.

-No lo pongas con esas palabras… -gruñó la menuda muchacha –Pero un beso es un beso, es algo simple, sencillo, no tiene mayor importancia, un saludo, una despedida… ¡No es gran cosa!

Ichigo la escuchó pacientemente en silencio mientras la escuchaba dictar su cátedra sobre los besos.

-¿Nunca has besado a nadie verdad? –preguntó el chico.

Ella frunció el ceño, iba a decirle que había besado a muchos chicos a más de los que podía imaginarse… Pero no podía mentirle. Después de todo Ichigo buscaba ayudarla, no se iba a burlar de ella por eso.

-No… -murmuró bajito –¡Y no te burles!

-No lo hago –le dijo en son de paz. –Además puede que tengas razón en algo Rukia… -ella ladeó la cabeza sin comprender –En eso de los besos… -ella se sonrió triunfante –Son una excelente despedida.

Y sin más tomó a la morena por la nuca con la mano derecha y la acercó a él por la cintura. Atrapó los labios de la chica con su boca y presionó suavemente, esperando alguna respuesta de la muchacha al tiempo que rozaba con lentos movimientos reconociendo el sabor de su amiga. Ella se dejó llevar por aquel instante, sin saber qué hacer, salvo seguir los movimientos de sus labios, que parecían haber cobrado vida propia o ser dirigidos por los labios de su amigo. Los movimientos se volvieron lentos roces, él se alejaba de ellos con un último y breve piquito. Ella soltó un suspiro.

-Buenas noches, Rukia –le dijo como si lo que acabara de suceder hubiera sido lo más natural del mundo.

-Bue… buenas noches, Ichigo –murmuró la morena llevándose los dedos de la mano derecha a sus labios.

El pelinaranja se retiró del lugar con las manos en los bolsillos y silbando aquella cancioncilla que aprendió en los turnos nocturnos. Vio hacia el jardín, la luna se reflejaba en la pileta. Los besos son algo simple, sencillo, un saludo, una despedida… Pero el primer beso nunca se olvida.

-¡No te pongas melancólico ahora, idiota! –se dijo a sí mismo –Un beso es un beso aunque sea el primero, ¡no quiere decir que ahora me enamore de la enana! Además ella mismo lo dijo, los besos no son gran cosa… -la imagen de un molusco con el rostro de Rukia se le vino a la mente y se río divertido.

Tras la cerrada puerta Rukia soltó otro suspiro apoyada en la madera y con sus manos a la altura del corazón, el que parecía que fuera a salírsele por la boca en cada palpitar. Había sido un beso, solo un beso, una simple despedida entre dos amigos, sabía lo que hacía Ichigo, era para demostrarle que no podía seguir jugando a la fuerte, que no podía seguir haciendo como que lo que sucedería tarde o temprano entre ella y su Nii-sama no tendría importancia alguna. Pero…

-¿Por qué siento que me falta el aire? –murmuró llevándose las manos a las mejillas –¿Por qué me arde el rostro? Y… ¿por qué siento como si tuviera el estómago lleno de mariposas?... Un beso es eso, sólo eso, aunque sea el primero… ¡No significa que ahora me enamore de Ichigo sólo por un beso!... ¿¡De qué mierda estoy hablando!? Ni siquiera sé qué es lo que es enamorarse, no está dentro del vocabulario de un shinigami. –se miró al espejo mientras se soltaba el cabello, se miró el rostro todo sonrojado y se sonrió tontamente -¡Voy a matarte Ichigo Kurosaki! –gruñó antes de apagar la luz.

El amanecer llegó y era hora de desayunar antes de presentarse en el Gotei 13. Rukia salía por la puerta al tiempo que su amigo de dirigía al comedor. Una gran coincidencia si contamos con lo ocurrido el día anterior, pero ninguno de los dos tenía dentro de sus planes poner en práctica lo de los besos de saludo. Caminaron en silencio observándose de reojo cada tanto, su ingreso en el comedor fue tan silencioso como misterioso.

-Buenos días, Kuchiki-sama –saludó el joven Nanami al tiempo que Rukia pasaba al interior. –Buenos días, Kurosaki-san. –Ichigo siguió el camino de su amiga sin siquiera contestarle al jovencito.

Rukia se sentó en su puesto habitual, Ichigo frente a ella. Nanami pasó al interior para abrir las puertas correderas que daban al jardín. La mujer puso un par de hojas de té en su tazón, Nanami prácticamente corrió a servirle, pero Ichigo robó de sus manos la jarra con agua.

-Yo lo haré, ahora vete, vete… -le indicó haciendo un gesto de retirada con la mano. El chico desapareció por la puerta. -¿No te desespera que te siga los pasos por donde vayas?

-No –respondió Rukia viendo como su taza era llenada. –Me recuerda a ti –le respondió burlona.

-Yo no te sigo los pasos por donde vayas –gruñó sirviéndose agua caliente y sacando del bolsillo una bolsita individual de café. –Simplemente coincidimos…

Rukia suspiró y observó a su amigo revolver el café con parsimonia. Parecía que nada había cambiado, ya hasta parecía haber sido olvidado. Ella sonrió agradada y volvió a su té. No cruzaron palabras durante el desayuno, simplemente se dedicaron a repasar sus tareas mentalmente antes de volver a sus respectivos cuarteles. Rukia caminó hacia la puerta, aún debía pasar por unas cosas a su habitación.

-¿Te espero? –preguntó el pelinaranja siguiendo los pasos de la morena.

-Voy a tardar un poco, no te retrases por mí. –le dijo sin abrir la puerta para cuando él ya estaba a su lado. –Nos vemos más tarde.

Y sin que él pudiera hacer nada para evitarlo ella ya había estampado un fugaz beso en sus labios y se volvía a abrir la puerta. Antes que saliera la tomó por el antebrazo con fuerza y la detuvo.

-¿Qué diantres estás haciendo? –le preguntó encerrándola entre su cuerpo y la pared.

-Creo que me debes la misma explicación –respondió ella.

Se miraron a los ojos con la misma furia que solía invadirlos cuando discutían. Pensaban en las siguientes pesadeces que se dirían, en cuanto les desagradaba ciertas actitudes del otro. Pero poco a poco aquellos ceños fruncidos iban cediendo y sus miradas se fijaban en los labios del otro.

-Ichigo… yo… -murmuró la muchacha al tiempo que el pelinaranja acortaba las distancias entre ambos.

-Cállate –ordenó antes de capturar los labios de la morena en un beso.

Rukia subió sus manos por el pecho de Ichigo mientras aquel beso se profundizaba y ambas respiraciones se volvían más profundas. De pronto, un poco de conciencia invadió la mente de la pequeña Kuchiki. Esto ya no era una demostración de lo difícil que es intimar con alguien a quien no se quiere, no era una lección que ella debía aprender, tampoco era retarla a imitar el mismo comportamiento con su hermano mayor si es que se atrevía a ello… Rukia presionó el pecho del muchacho alejándolo de ella.

-Llegaremos tarde… -murmuró a contralabios sintiendo como aquel rubor subía a sus mejillas tal como la noche anterior.

Ichigo soltó un bufido y soltó la cintura de la muchacha con algo de molestia por haber sido interrumpido. Su agarre cedió lentamente, como si no quisiera soltarla. Pero sus manos finalmente cayeron pesadamente a su costado.

-Que tengas un buen día –dijo viendo como ella le daba la espalda y abría la puerta.

-Tú también –le sonrió tímida con los labios y mejillas de un llamativo carmesí.

Cuando Rukia hubo recogido las cosas de su cuarto Ichigo ya había partido rumbo a su cuartel. El camino hacia su división se le hizo eterno, pensando en Byakuya, en la familia, en todo lo que les debía… en Ichigo. Si hasta antes de aquel beso la noche anterior no podía verlo con otros ojos que como a su amigo, uno tal como Renji. Pero desde aquel momento que no podía quitarse de la cabeza aquel encuentro bastante alejado de lo que dos amigos deberían compartir.

-Buenos días, Kuchiki-san –la voz de Nanao Ise la distrajo de sus pensamientos -¿Noticias de Abarai y el Capitán Kuchiki?

Rukia se sobresaltó… Nii-sama. ¿Cómo reaccionaría si supiera que…? ¡Ni pensar en eso! Este secreto se iría con ella hasta la tumba.

-No, ninguna –respondió.

-Ah –murmuró la mujer acomodando sus lentes –Me imagino que lo extrañas. Nunca han estado separados tanto tiempo después de su boda…

-Sobreviviré –sonrió amigable.

El capitán Ukitake fue al encuentro de ambas mujeres con una gran sonrisa amable en su rostro y portando un sobre blanco en su mano izquierda.

-Buenos días, Rukia –saludó amistoso –Nanao.

-Buenos días, Capitán Ukitake –respondieron al unísono.

-Bueno, yo me retiro, que tengas un buen día Kuchiki-san –se despidió amable –Buen día para usted también, Capitán Ukitake.

-Sí, gracias –respondió el capitán y volteó hacia la morena para cuando Nanao hubo desaparecido –Carta para ti, Kuchiki –le entregó el sobre –Venía dentro de un reporte, espero sean buenas noticias. –le sonrió antes de volver sobre sus pasos.

Rukia observó el sobre entre sus manos, tenía su nombre en la caligrafía perfecta de su Nii-sama. La abrió con las manos temblorosas, con el sentimiento de culpa subiendo por su cuerpo. Desdobló el papel dentro del sobre y comenzó a leer. Terminada la lectura suspiró profundo. Nada, aquella carta no decía nada… Simples letras de preocupación, de afecto, nada que no escribiría un hermano en batalla a su hermana pequeña que se ha quedado sola en casa. Aquello le devolvió el alma al cuerpo. Ichigo tenía razón, esta situación afectaba a Nii-sama tanto como a ella.

-Debo encontrar una salida a esto… -murmuró Byakuya para sí viendo a los humanos circular por aquella calle mientras vigilaba el espacio. Aún no había rastros de esa garganta que la división 12 había encontrado hace una semana.

No podía seguir fingiendo que todo ello resultaría. La familia ya había manifestado sus necesidades en aquella carta que ahora guardaba en el interior de su uniforme. No podía deshonrar la memoria de su difunta esposa, no podía hacerle algo así a Rukia… ella era su hermana menor. Se maldijo internamente por no oponerse de una vez por todas a las estúpidas reglas de la familia. ¿Pero cómo lograr que todo llegase a buen puerto?

-Capitán Kuchiki –Renji se acercaba a él con una sonrisa maliciosa en los labios –Traigo noticias del Gotei 13.

-¿Noticias? Creo que el que recibe los reportes diariamente soy yo… -lo miró de reojo.

-Disculpe, Capitán, no fue mi intención poner en duda su información… Pero es extraoficial, uno de los hombres de la octava división me acaba de informar que tienen un nuevo integrante…

-¿Y eso es de mi interés por?

-Kurosaki, Capitán Kuchiki, el nuevo oficial es Kurosaki Ichigo. ¿Quién lo diría?

Byakuya sintió como toda la rabia contenida en estas semanas subiera por su cuerpo y lograra tensar cada uno de sus músculos. Renji lo observó fijamente, realmente la noticia había logrado indisponer al Capitán. Ingenuamente pensó que aquello lo entusiasmaría, al menos era una buena noticia, una inesperada.

-Interesante… -murmuró el Capitán armando un rompecabezas mental. –Kurosaki siempre puede ser útil. Por mucho que me desagrade ese altanero mocoso.

Renji vio perderse al Capitán entre la multitud. Tercer paso del plan, logrado. Una mariposa se alejó de la mano del teniente para emprender rumbo hasta perderse de vista. Ahora tenían dos opciones, o Kuchiki apresuraría las cosas para volver a proteger la dignidad de su familia, o dejaría que las cosas cobraran el rumbo natural. Y no podía ver ningún atisbo de preocupación en el Capitán.

-No me falles ahora, Ichigo –murmuró el pelirrojo para sí.

-Debemos darle señales a Byakuya que la batalla por la muchacha no cesará hasta que dé su brazo a torcer. –Kuukaku indicaba el próximo paso a seguir –Despertaremos en él el deseo de liberarse de la presión a la que ha sido sometido. –los muchachos asintieron en silencio –No teniendo nada a que aferrar este falso matrimonio la batalla está ganada, solo necesitamos que él se rinda. Pero está el problema del honor… Romper un matrimonio en una familia noble es prácticamente imposible. Salvo que…

-¿Qué? –preguntó Ichigo.

-Que sea una ruptura de mutuo acuerdo y el consejo de la familia acepte las razones… -suspiró –Me da un poco de lástima ese Byakuya. Aunque rompa su lazo con Rukia seguirá sometido a darle un heredero a la familia.

-Pero no será con Rukia…

-Ese es otro problema, aunque dudo que deleguen en ella ese deber y si lo hicieran la casarán con cualquier otro noble, aunque con los antecedentes, dudo que alguien quiera casarse con ella… Pero…

-¿Pero qué? ¿Qué los peros nunca terminarán en esta historia? –bufó el muchacho.

-Si ella no pudiese engendrar…

-¡No! –exclamó Ichigo –¡Nunca voy a permitir que Byakuya toque un solo cabello de Rukia! Sobre mi cadáver…

-Tranquilo… -indicó Kuukaku –Ahora sólo nos queda confiar en Kuchiki mayor y su sentido común.