¡Buenas noches! Sí, sé que no había actualizado esta historia desde hace un mes, pero más vale tarde que nunca, ¿no? De hecho este capítulo lo escribí este sábado, así que está recién horneado =D Anne D. Portgas, gracias por agregar mi historia en favoritos; realmente no esperaba que te gustara pokémon y eso. Me sorprendiste :O.

¡Disfruten y nos estaremos leyendo! Buen inicio de semana :D

Capítulo 7

Neblina

Respirar se había convertido en una tarea insoportable, dolorosa, como si hubiera dejado de ser una actividad estrictamente necesaria para continuar viviendo y fuera algo opcional y que prefería dejar en segundo plano.

Su visión era borrosa, contaminada por esas gruesas y salinas lágrimas que no dejaban de recorrer sus mejillas y acentuaban aún más el punzante sentimiento que perforada dolorosamente su pecho; como si le indicara que existía un fuerte motivo que le hacía sentir tanto aversión como impotencia y sufrimiento.

La fuerza de su cuerpo se iba mermando con cada paso que ejecutaba, con cada impulso que le permitía conserva aquel trote. Pero su voluntad era mucho más grande que el cansancio y la disminución de sus sentidos.

Se detuvo. Ya no había más camino que recorrer. Lo único que poseía frente suyo era un pronunciado y escabroso acantilado que desembocaba en un oscurecido y silencioso bosque.

—¿Lo habrá logrado?¿Los habrá llevado a todos a un sitio seguro? —susurró vagamente.

—¿Crees que escaparías tan fácilmente?

Esa voz. Ese particular timbre se había alojado tan hondamente en sus recuerdos y pensamientos que fue incapaz de no girarse hacia quien había estado siguiendo sus pasos de una manera tan aterradoramente silenciosa.

Apretó con fiereza sus recién formados puños y clavó su envenenada mirada en quién yacía en frente, sonriéndole con mordacidad, con la plena confianza de que obtendría lo que tanto ansiaba.

—¿Estás molesta por lo que hemos hecho? —canturreó con inocencia, como si no existiera malicia en sus intenciones-—. Todos ellos se lo buscaron por no cooperar con todos nosotros.

—...Faltaron a su palabra. Ustedes dijeron que si se las entregábamos dejarían que todos se marcharan —habló hoscamente, con esa amargura que caracteriza a la impasible furia.

—¿Qué son las promesas? Sólo palabras banales, sin sentido.

—No obtendrán lo que quieren. Incluso después de todo lo que hicieron… Pierden su tiempo —sentenció fríamente, con esa mirada llenándose aún más de aversión.

—Eso está por verse muchachita —sus pasos eran concisos, direccionados hacia su estática presa—. Tengo que sacarte la información que necesito antes de que tu vida se extinga.

¿Cómo podía sentirse tranquila cuando todo lo había sentido tan vivido, como si en verdad hubiera ocurrido?¿De qué manera podía explicarse aquel suceso y dilucidar quién era ese hombre que tanto odio le causaba cuando lo único que podía conmemorar de él era su voz?

Su frente escurría en sudor y su respiración lentamente empezaba a ser la misma. Pero el pánico se apropió de ella en cuanto fue incapaz de reconocer en dónde se encontraba.

—¿Qué es este sitio...? —a su alrededor solamente habían escombros, pedazos de techo y una notoria falta de luz que complicaba inspeccionar el lugar con ojo de detalle.

—Quedamos atrapados después de que intentamos escapar mientras la Torre Bellsprout colapsaba —habló un segundo.

—Es usted...—enfocó su mirada en aquel especie de monje. Aunque su sorpresa se incrementó en cuanto se topó con esos casi platinados ojos—. ¿Steven?

—Me movilicé hacia la ciudad en cuanto comenzó el terremoto. Me comuniqué con Roxanne y me contó hacia dónde te dirigiste. Así que...

—Él impidió que cayeras —añadió—. Te desmayaste de repente y empezaste a caer. Creía que sería tu final —relató lleno de preocupación mientras sus gestos mostraban mortificación.

—...Lamento todo esto... —estaba consciente de que solamente terminaba arrastrando a Stone a problemas innecesarios.

—Empiezo a creer que eres un imán para las catástrofes —mencionó con cierta burla el ex campeón—. Aunque dudo que en esta ocasión hayas tenido algo que ver. De manera que no te mortifiques por un fenómeno que ocurre de manera natural.

—Lo que importa es saber cómo escapar de aquí.

—Ya me he encargado de mandar a Aron a excavar para buscar alguna salida —no se podría esperarse menos de alguien como él.

—¿Hemos estado mucho tiempo aquí abajo? —su mente deseaba seguir meditando sobre lo ue había soñado, pero sabía que lo mejor era enfocarse en su presente.

—Posiblemente un par de horas —respondió Stone seguro de sus cálculos.

—Espero que no haya más personas en nuestra condición.

Quisiera creer que eso no fue más que un sueño...No obstante, se sintió demasiado real como para que lo vea de otro modo... Ungh, quisiera recordar el rostro de ese hombre, pero es totalmente inútil...

—¿Te sientes bien?

Shade debía de acostumbrarse al hecho de que Steven era de lo más observador y resultaba casi imposible esconder algún tipo de reacción.

—Tuve algo así como una pesadilla —lo cual era cierto en determinada medida—. Y lo otro podría deberse a que estamos aquí encerrados.

—Ya veo —a su parecer estaba demasiado pálida. Incluso la notaba peor que cuando se dio cuenta de su pérdida de memoria.

—Pero sé que saldremos de aquí —intervino, tomando asiento y sintiendo pronto la compañía de su Absol.

No habría de pasar demasiado tiempo antes de que la clave para su escaparate apareciera desde las entrañas de la tierra, tomando a más de uno por total sorpresa.

—¿Has encontrado una salida, Aron? —el pequeño pokémon asintió repetidas veces—. Tendremos que encargarnos de que el túnel sea lo suficientemente ancho para que todos podamos salir.

—Pues manos a la obra —cierta chica estaba más que motivada para salir de allí, por lo que estaba más que dispuesta a ponerse a cavar.

El problema no radicaba en ampliar su vía de escape, sino más bien lo que debían de enfrentar en cuanto empezaran a arrastrarse hacia su libertad. No solamente estaba la total oscuridad, sino también la acentuada disminución del valioso oxígeno.

Debían salir a toda marcha o las cosas podrían salírseles de las manos.

—No bajen el ritmo o les será más difícil retomar el paso —advirtió Steven, quien fungía como guía.

—Estamos en ello —decía el monje.

—¿Soy solamente yo o alguien más escucha algo así como un riachuelo? —Shade quien iba al último parecía haber captado un sonido que al resto les pasó desapercibidos.

—Pues ahora que lo mencionas... —el peli plateado agudizó su oído para captar cualquier tipo de sonido. Ella estaba en lo correcto.

—¿Eso quiere decir que estamos caminando sobre un manto acuífero?

—Podría ser así —agregaba Stone—. Aunque la pregunta sería más bien saber qué tantos metros nos separan de esa zona acuática.

—Posiblemente lo sepamos pronto —mencionaba Shade para esos dos. Éstos simplemente demoraron en captar la connotación de sus palabras.

En ese momento desearon que las predicciones de la peli azul no se hicieran realidad. No obstante, ya era demasiado tarde para lamentaciones. De momento únicamente les quedaba reaccionar lo más rápidamente posible o podrían lamentar la caída.

Skarmory había sido el elegido para salvaguardar la situación y poner fuera de peligro tanto a su entrenador como a su problemática acompañante. El monje se las había apañado liberando a un Golbat que apuradamente podía sostenerse y evitar que cayera.

Bajo sus pies se cernía un mundo de remolinos, dispuestos a tragárselos si descuidadamente caían hacia sus hambrientas fauces. Mientras que alrededor no podían ver más que punteadas rocas que harían de n posible descenso una verdadera tortura.

—Eso estuvo cerca —Shade yacía justo por detrás de Steven, admirando la vista que tenían a unos cuantos metros abajo.

—No estamos demasiado lejos de donde caímos —establecía el peli azul levantando su atención hacia arriba, justo donde estaba aquel enorme agujero de donde habían caído abruptamente.

—Nunca imaginería que existiera algo como esto debajo de la ciudad —habló el monje intentando hallar una zona en donde pudieran descender.

—No tenemos más elección que ir todo derecho, siguiendo el mismo camino que íbamos a tomar —dijo por demás el amante de la arqueología. Su pokémon ya se encontraba siguiendo sus indicaciones al pie de la letra.

Sus momentos de paz estaban contados. Nuevamente tuvieron que reaccionar rápidamente para no ser sepultados por alguna de las rocas que empezaban a desquebrajarse desde el techo que les cubría. Pareciera como si los movimientos tectónicos estuvieran formándose mucho más fuertes y violentos; algo indudablemente no estaba yendo nada bien.

—¿Es normal que tiemble tanto?

—No, no lo es Shade —Steven estaba completamente seguro de que la ciudad no estaba sobre ninguna falla y que tampoco sufría de temblores—. Y eso hace todo muy extraño.

La noción del tiempo se había distorsionado para ellos desde que cayeron peligrosamente en las entrañas de la tierra y comenzaron con su incesante búsqueda por hallar una salida, por encontrar un modo de llegar hasta la superficie. No obstante, lo único que encontraron tras transitar el único camino accesible que poseían, eran más dudas de a dónde habían ido a llegar en realidad.

Todo el suelo se encontraba recubierto de alto y verdusco pasto mientras numerosas florecillas le proporcionaban mucha más elegancia y presencia. Los árboles, curiosamente contados, pero adecuadamente distribuidos, le daban a todo el escenario una panorámica totalmente distinta; quizá porque eran lo suficientemente altos como para rozar la única apertura que allí existía y que permitía el descenso directo de los rayos solares desde el lejano cielo.

¿A dónde habían llegado?¿Cómo es que podía existir un pequeño paraíso subterráneo como ése?¿Es que eran los únicos allí presentes o estaban siendo observados entre los matorrales y las copas de los árboles?

—Este lugar…es enorme…y además muy vistoso —Shade fue la primera en hablar. Sus pupilas se mantenían fielmente en los árboles y su vibrante follaje; en cierto modo era como si todo ese ambiente le proporcionara tanto confort como familiaridad.

—No creía que algo como esto pudiera existir… Es un nuevo ecosistema adaptado a bajas concentraciones de luz solar, pero abundante afluente de agua dulce. Sin mencionar que la constitución del suelo difiere mucho de la que conforma al de la superficie —la palma derecha de Steven ya se encontraba inspeccionando el suelo que les sostenía; la tierra era suave y bastante fresca.

—No bajemos la guardia. Los pokémon salvajes podrían sentirse agredidos por nuestra intromisión y probablemente decidan atacarnos.

—Más bien parece que nos temen…—comentaba la chica tras haber vislumbrado fugazmente una que otra miradilla no humana—. Sería buena idea que nos dirijamos hacia allá arriba —les indicó a sus dos acompañantes. Incluso señalaba hacia arriba con su dedo índice.

—Es la vía de escape más rápida —apoyaba Stone.

Y antes de que esos dos hombres liberaran nuevamente a sus fieles compañeros voladores, alguien ya se les había adelantado y había optado por su propio método de ascenso.

—¡¿Pero qué…?! —Steven parpadeó varias veces antes de que creyera en su totalidad lo que estaba viendo. ¿Es que quién se pone a escalar un árbol de buenas a primeras?

—Parece ser…que es buena para esa clase de cosas…—la ágil muchacha se las había ingeniado para haber llegado a la primera rama del majestuoso abeto que tenían frente a sus narices.

—No está tan alto como creen —mencionaba desde arriba, mirándoles detenidamente. El estar allí, pudiéndolo observar todo, le proporcionaba una extraña mezcla de seguridad.

—Podría ser peligroso —le advirtió el peli azul.

—Descuida, yo sé lo que hago —aseguraba ella, sonriéndole fugazmente—. Los veré arriba —sus palabras de despedida dejaron a ambos calladitos.

—…Sí que parece haber nacido para trepar árboles…

—La tienes bastante difícil, joven Stone —le compadecía el otro. Inclusive le dio un par de palmaditas.

La vista que tenían era sencillamente espectacular que difícilmente se iría de sus memorias. No obstante, la calma no era para nada el sinónimo de sus vidas; no cuando parecían estar a punto de conocer al dueño de tan pacífica área.

Nuevamente sus reflejos les habían salvado. En esta ocasión de ser totalmente calcinados por el feroz lanzallamas que emergió de las poderosas fauces de aquel lagarto de fuego.

—Debe estar furioso porque invadimos su territorio —no temía la desventaja elemental que su Skarmory poseía contra aquel tipo fuego, sino más bien porque había poco espacio para maniobrar; ese pokémon se había encargado de hacerlos volver hacia las entrañas de aquel paraje oculto.

—Eso estuvo cerca —Shade se las apañó para llegar hasta el suelo. Solamente sus ropajes estaban suavemente chamuscados.

—Este Charizard tiene que ser el que ha estado atacando constantemente a la ciudad —relató el monje, quien ahora permanecía espalda contra espalda al ex campeón de Hoenn.

—Eso significa que es violento por naturaleza y hemos venido a dar al peor de todos los posibles lugares.

—Pero tiene que existir una razón para que haga algo como esto. No me creo que solamente lo haga por mero capricho —replicaba Shade desde la dirección opuesta a donde esos dos se encontraban.

—No creo que esté para charlas reflexivas —ironizaba Steven tras haber mandado a su Skarmory a hacerle cara al embravecido Charizard.

—Si empezamos a destruir este sitio, él se enfurecerá todavía más —el otro tenía toda la razón. Pero era algo complicado si el otro atacaba tan fieramente.

—¡Llévalo lejos de aquí, Skarmory! —ordenó firmemente Stone. Su compañero acató su petición sin chistear, elevándose hacia la única salida existente al tiempo que ese enorme lagarto le seguía los pasos a toda velocidad—. Eso lo detendrá por un momento, así que tenemos que aprovechar para salir de aquí en ese tiempo.

Habían logrado escapar de su pequeña prisión solamente para encontrarse con un escenario aún más extraño que el que visualizaron cuando ese Charizard apareció y arremetió contra ellos sin más.

¿Qué hacía un grupo como ellos en una región tan lejana?¿Por qué se habían tomado las molestias de viajar hasta ese punto para encargarse de capturar a un violento Charizard, como si fuera una codiciada manzana de oro?

Las preguntas debían quedar para otro momento. En ese instante solamente había algo que debían de hacer.

—¡Ala de acero!

Rápido y fiero había sido la ofensiva lanzada por Skarmory y que lograría romper cada uno de los gruesos cables que se habían instalado alrededor del cuerpo del inmovilizado pokémon de fuego. Ya liberado alzó el vuelo, pese a las marcadas heridas que había sufrido y que seguramente fueron ocasionadas por ese grupo de seis hombres.

—¡¿Qué creen que están haciendo?! —exclamó colérico quien indudablemente era el cabecilla de la operación—. Ese pokémon nos pertenece.

—Será mejor que se vayan de esta zona. Capturar pokémon de manera ilegal está rotundamente prohibido. —Steven se mantenía totalmente estoico, pero su mirada se había agudizado y no mostraba ni un ápice de duda en mandar al resto de su equipo al campo de batalla.

—Un hombre como tú no debería estarse metiendo con todos nosotros —siseaba un segundo, pasando su mirada por esos tres que intentaban meterse en sus planes.

—Terminemos con ellos y llevémosnos eso de una buena vez por todas —las palabras a medias levantaban la curiosidad de Steven del peor modo posible. ¿Qué se supone que habían venido a buscar en realidad?

—Eso no va a suceder —todos sabían que ese hombre tan educado también podía ser un rotundo dolor de cabeza para cualquiera que intentara imponérsele usando de por medio un combate pokémon. Sencillamente él no se iba a dejar vencer sin dar pelea.

Stone estuvo a punto de mandar a Metegross para encargarse de ese grupo de Zangoose, pero su intervención debí guardársela para otro momento, para cuando esa orgullosa criatura de fuego decidiera concederle el honor de pelear su batalla por él.

Su poder se había renovado, como si su breve salida de combate hubiera sido más que suficiente para retornar con mucho más ímpetu y defender aquel territorio que consideraba como valioso. Y posiblemente ésa haya sido una de las razones por las que aquel raro acontecimiento dio lugar.

Aquellos pokémon sencillamente no podían combatir contra el poderío que embebía a tan temible ataque de garra dragón. Tampoco esos hombres lograrían hacer algo si sus compañeros estaban contra el suelo, totalmente inconscientes mientras ese descomunal lanzallamas mandaba todo a volar, incluyéndoles.

—¡¿Pero…qué…significa esto?!¡¿Por qué ese Charizard…es de un color diferente…?!¿Qué…le ha pasado…? —estaba totalmente estupefacta, incrédula, abstraída por completo en la nueva apariencia que ese pokémon poseía. Para ella nada de lo que estaba viendo tenía sentido alguno.

—¿Es esto…de lo que han empezado a hablar…?

—…La Mega-evolución…—Steven estaba del mismo modo que Shade, pero sus razones diferían enormemente entre ambos. Para él existían demasiadas incógnitas e incongruencias en lo que acababa de suscitarse, por el simple hecho de que ese pokémon no poseía esa colorida gema ni un entrenador con quien pudiera activar ese valioso lazo que hacía posible la mega-evolución—. ¿Cómo es posible que…esto haya ocurrido? Es totalmente inaudito… Nunca antes había visto algo como esto…

—Ey, ¡no te acerques, podría ser peligroso! —advertía el monje en cuanto notó que las intenciones de esa jovencita eran la de acercarse un poco más donde permanecía tumbado aquel oscuro pokémon, luchando por levantarse y no mostrar debilidad alguna.

—…No debes esforzarte más… Ya has hecho suficiente —se detuvo en automático en cuanto sintió que era demasiado peligroso continuar avanzando—. No me sorprende que desconfíes y ataques a los humanos si aparecen sujetos como ésos.

—Sé que estás preocupada por él, pero no permitirá que te acerques más —sus ojos no se despegaban de ese negro Charizard que aún conservaba ese nuevo nivel de evolución. Estaba patidifuso y le abordaban innumerables cuestionamientos.

—Puedes irte, nosotros no te haremos nada —retrocedió en automático, sintiendo la carmesí mirada de aquella criatura sobre su persona, sin despegarse ni un momento de ella—. ¿Qué se supone que ha pasado con este pokémon?¿Por qué ha cambiado tanto repentinamente?

—Regresemos a la ciudad —esas palabras trajeron de vuelta a Shade, indicándole que si no se apresuraba pronto iba a quedar rezagada.

—Ya voy —solamente sintió la violenta corriente de aire levantando la arenilla, el polvo y su suelta cabellera. Charizard se había marchado aún con semejantes heridas.

—No sé mucho sobre la Mega-evolución, pero creo que eso ha sido un caso atípico…

—Lo es.

—¿De qué están hablando ustedes dos? Explíquense —ya suficiente tenía con su pasado incierto como para que ahora no le explicaran lo que estaba ocurriendo.

—La Mega-Evolución es una nueva forma de evolución para los pokémon. Sé creía que era exclusiva dentro de la región de Kalos porque requiere ciertas condiciones para que sea llevada a cabo —la explicación de Steven era simplista, pero abarcaba los puntos más fundamentales—. Lo que acaba de suceder ante nuestros propios ojos es justamente eso.

—¿Mega…? —cavilaba, intentando captar la idea lo mejor posible—. ¿Podrías explicármelo más detalladamente? —su semblante mostraba duda absoluta, el peli azul sonrió a medias ante eso.

Y al tiempo que encaminaban sus pasos hacia cualquier indicio de civilización, la minuciosa explicación había sido hecha y lo único que le quedaba ahora era asimilar todo ese mundo de información del mejor modo posible. Y al mismo tiempo, se sentía confundida por lo que había visto hace poco.

—De modo que ese pequeño broche que llevas puesto es una "Key-Stone" y permite que tu Metagross cambie de forma —y ella que creía que llevaba esa cosa encima por su mero amor hacia las rocas—. Todo es muy raro.

—No tanto como ese Charizard —no admitiría abiertamente que tenía enormes deseos de estudiar a ese pokémon y descubrir cuál era el motivo por el que logró alcanzar ese nivel de evolución sin uso de tan misteriosa piedra evolutiva.

—Posiblemente esa sea la razón por la que esos hombres lo estaban buscando…—una idea que esos dos hombres compartían con ella—. ¿Haremos algo al respecto? —ambos hombres se detuvieron de lleno, observándole, como si quisieran cerciorarse de lo que había dicho—. ¿Qué?¿No se supone que debemos hacer algo al respecto?

—Ciertamente tienes la boca llena de razón —dictaminaba el monje.

—Pero no podemos actuar precipitadamente y sin saber con exactitud si realmente estamos frente a miembros del Equipo Rocket.

—Tú mismo dijiste que ha estado involucrados en la destrucción de las ruinas. Incluso los que estaban en las ruinas hace unos días atrás tenían el mismo uniforme —señalaba la peli azul.

—Discutiremos este tema en cuanto regresemos a la ciudad —sentenciaba Steven para la ansiosa muchacha.

Su imaginación se había quedado corta en cuanto la realidad fue contrastada con las suposiciones que se habían hecho sobre los daños y efectos colaterales que surgirían tras el cese de tan irascibles movimientos tectónicos.

Los daños materiales podían ser costeados a largo plazo. Incluso no interesaba lo distorsionada que ahora se encontraba la ciudad; lo que realmente preocupaba era la cantidad de personas que habían sido afectadas por aquella mala jugada de la mare naturaleza.

—…Esto ha resultado mucho más catastrófico de lo que me imaginaba… —habló el más viejo y sabio de los tres sin despegar sus preocupadas pupilas de la gente que permanecía tendida sobre el suelo siendo atendida por un grupo de médicos y enfermeras.

—Esto es terrible… —murmuraba, desviando su atención en los múltiples escombros y en los lamentos de muchos que deseaban encontrar a sus seres queridos. Era un cuadro desesperante y doloroso —. Todo hubiera acabado de este mismo modo si Steven no hubiera aparecido en ese justo instante… —él había notado la mirada de reojo que se escabulló hacia su persona en cuanto ella pensó inconscientemente en su persona y lo que había hecho hace unas horas atrás.

—Lo mejor que podemos hacer ahora es ayudar, ¿no lo crees? —inclusive con sus ojos puestos hacia el frente, alejados del escrutinio de la joven, ella podía percibir esa completa seriedad y la ausencia total de su cálida y reconfortante sonrisa.

—Estoy de acuerdo con ello —sentía que si no se mantenía ocupada en algo su mente comenzaría a atormentarle con lo que había estado soñando.

El cansancio que experimentaban era la menor de sus preocupaciones. Aún quedaban cosas por hacer y lamentablemente la tarde se encontraba pereciendo y gracias a la ausencia total de electricidad el continuar buscando a los desaparecidos sería una tarea de lo más complicada si solamente contaban con antorchas.

La escases de medicamentos y alimentos también representaba otro aspecto al cual enfrentarse.

—Es sorprendente que hayas ido por todo eso tú sola, Roxanne —fueron las únicas palabras que emergieron de los labios de Shade en cuanto vio que la rubia regresaba bien cargada. Hasta sus pokémon traían diversos vegetales y frutos.

—Todavía quedan muchas personas que no han comido bocado alguno. Así que un estofado caliente les ayudará un poco en esta noche fría —decía con una amable sonrisa en sus labios—. Deberías ir a descansar, has pasado por mucho por un día.

—No tengo sueño en realidad —sentía el cansancio pero no ese estado de somnolencia que le llevaría a conciliar el sueño—. Así que estaré un poco por los alrededores —se despidió de inmediato.

—Par de obstinados…—suspiró, sonriendo burlonamente.

El comentario de la frondosa mujer no había sido hecho solamente porque sí. Existía un trasfondo y Shade no demoraría demasiado tiempo en encontrarlo.

—¿No es muy tarde para que el señorito amante de las piedras siga despierto? —no podía evitar soltar un comentario como ése cuando contempló a ese hombre totalmente empolvado, sin su fastuoso saco y luciendo un asco total.

—Mira quién lo dice —porque ella estaba en las mismas condiciones que él.

—Yo aún no tengo sueño alguno, de modo que puedo seguir un poco más —avanzó dos pasos más hacia donde él se encontraba. La panorámica que tenían en frente era la de esa vieja Torre Bellsproud totalmente demolida.

—Todo fue más catastrófico de lo que pensamos.

—No esperaba que dentro de las labores de un ex campeón estuviera la de salvaguardar civiles y esta clase de cosas —mencionó con fingida casualidad.

—Cualquier otro en mi lugar lo haría —tomó asiento sobre el piso, ya más empolvado no podía estar.

—Dudo que todos actúen así —aseguró—. No creo que hayan muchas personas que se detengan a ayudar a otros, más si condicionan su propio bienestar —era como si una parte de ella supiera con firmeza que había experimentado una situación parecida—. Así que eso te hace una persona amble y considerada.

—…Yo creo que…es todo lo contrario —su pausa para responder fue lo primero que le provocó a ella volcar su atención en él. Lo que dijo le hizo sentirse un tanto confusa.

—Bueno, todos tenemos una parte egoísta y no muy agradable —mencionó, como si se tomara de ejemplo mismo—. No siempre podemos ir por la vida mostrando nuestras mejores cualidades —suspiró lánguidamente, hasta el punto en que un pequeño bostezo se escabulló de su boca—. Las personas no tienen por qué ser blancas o negras, pueden ser grises también —le fue imposible no hacer un mohín ante la discreta risilla del ex campeón de Hoenn; a su punto de vista se estaba burlando de sus palabras—. Si te vas a reír, al menos hazlo bien —objetó ligeramente cabreada.

—Ya, ya, lo siento —se disculpó de inmediato, con una tenue sonrisa en sus labios; una que le indicaba que había entendido su mensaje.

—No eres tan adorable como todos dicen que eres —decía cínicamente, colocando sus manos alrededor de su cintura—. Solamente vete a dormir y ya.

—No estaba esperando que fueras tan…mandona —si ella podía meterse con su persona, por ende, él también tenía todo el derecho del mundo, ¿no?

—Solamente cuando se trata de hombres obstinados como tú, Steven Stone —reiteró, llevando su dedo índice repetidas veces sobre el pecho del peli plateado—. Que estoy segura de que ni siquiera has comido nada y te has desviado de tus deberes por husmear en el subsuelo.

—Por supuesto que no —se ofendió ante las insinuaciones realistas de la joven.

—¿Entonces qué es lo que estoy escuchando, eh? —porque a sus oídos se había colado ese singular sonido que indicaba que cierto estómago estaba vacío y demandaba alimentos.

—Imaginas cosas.

—Vayamos a cenar algo y punto —no estaba pidiéndole autorización. Estaba encargándose de llevárselo consigo mientras lo empujaba desde la espalda para que empezara a movilizarse—. Y no quiero excusas de camino.