Capítulo 6:

-Tranquilo… -indicó Kuukaku –Ahora solo nos queda confiar en Kuchiki mayor y su sentido común.

Ichigo guardó silencio. ¿Acaso no estaba todo claro? Byakuya carecía de sentido común, no se había sentado a pensar un segundo sobre las implicancias de todo esto… solo le había importado la puta reputación de su clan.

-Me pregunto cuál es la opinión de los otros clanes nobles al respecto –continuo la morena rascándose la cabeza –Claramente esto no pasó por el consejo de los nobles de la sociedad de almas. Es una decisión anticuada y que ya no va con los estándares. Si lo hubiesen propuesto ante ellos seguramente lo hubiesen rechazado, razones hay de sobra.

-¿Si? –preguntó Ganju curioso -¿Cómo cuáles?

-Primeramente, Rukia es legalmente la hermana de Byakuya, ya no es su cuñada ante la Sociedad de Almas… Es incesto, aun cuando no haya vínculo sanguíneo.

-¿No hay manera de apelar a ellos? –consultó el pelinaranja.

Kuukaku balanceó la cabeza.

-Es una posibilidad, pero habría que convencer a Byakuya. Claramente es irse en contra de su clan y…

-Él ha manifestado múltiples veces que no volverá a contravenirlos –concluyó Ichigo.

Kuukaku asintió lentamente.

-¿Aún cuando su propia hermana está sufriendo? –preguntó Ganju -¡Qué familia de mierda!

-Nobles… nada que hacer –suspiró la morena.

Ichigo guardó silencio. Convencer a Byakuya seguramente le llevaría más de una conversación y claramente entre los dos eso no era posible, terminarían en otra de sus batallas campales. Se tronó los dedos siendo observado por los Shiba, estaba dispuesto a eso y mucho más. Sin embargo había decidido mantener las cosas en paz, por Rukia.

-¿Has logrado algún avance con la chiquilla? –preguntó Kuukaku.

-Aún se muestra reticente al respecto… -contestó Ichigo.

-¿Y? ¿El matrimonio fue consumado o no?

-No –declaro tajantemente.

La morena sonrió ampliamente.

-Esa es una buena noticia, claramente Byakuya no está dispuesto a contravenir los deseos de clan, pero tampoco a cumplirlos plenamente. Bien por él –asintió dándole el beneplácito al moreno noble.

Ichigo asintió con la mirada algo ida. Había sido un alivio saberlo, pero tampoco quitaba de su mente las palabras de Rukia, ella temía que llegara el momento en que debiera cumplir los deberes de esposa… si es que eso ocurría algún día. No podía permitirlo, si antes le parecía aberrante, ahora simplemente le parecía imposible de tolerar. Inevitablemente recordó aquellos encuentros con ella, aquellos besos compartidos…

-¿Sucede algo? –preguntó Kuukaku, Ganju miraba fijamente al pelinaranja. –Muy pensativo.

Ichigo negó con la cabeza.

-Hay algo que no nos estás contando… -sentenció la mujer.

Quizás antes no lo hubiera mencionado, su ego se lo impedía. ¿Ichigo Kurosaki enrollado con una chica? Eso era algo en lo que él no tenía interés en caer. Lo distraía de sus estudios, de sus deberes como shinigami sustituto, ahora miembro oficial del Gotei 13. Las chicas solo eran problemas, lindos y delicados problemas… suaves, disfrutables, añorables problemas…

-¡Me cago en tus antepasados Kurosaki, te enrollaste con ella! –exclamó Ganju.

-¿¡Qué!? No… yo no… este yo… bueno –balbuceó. –No fue intencional, fue algo del momento. No significó mucho… ella lo provocó, ella decía que no era gran cosa… y si no era gran cosa… pues yo… pues…

-¡Una mierda, imbécil! –continuó el moreno –¡Es Rukia Kuchiki! Una noble, miembro de elite del Gotei 13… ¡tu amiga! No es una de tus estúpidas compañeras de instituto. ¡No es otra de tus conquistas.

-¿Conquistas? –no, eso no iba con él. ¿Por quién lo tomaba?

-La liaste y en grande –suspiró Kuukaku. –¡Pobre chica! Si no bastó con que la rescataras, con la cercanía, ahora te lias con ella… ¡Tu misión era sacarla del lío, no enamorarla!

-Rukia no está enamorada de mí –sentenció el pelinaranja. Ambos Shiba lo miraron con un gesto burlón en los labios -¿Qué les hace pensar eso? Fue un morreo, nada más que eso.

-¿Eres imbécil o te haces? –escupió la morena –Tendría que ser de hielo…

Bueno, Rukia era un molusco insensible. ¿O no? Miró a los hermanos quienes seguían con ese gesto reprobatorio. No se había sentado a pensar en las implicancias de su atrevimiento. Fue algo del momento, no significó demasiado. Bajó la vista a sus manos entrelazadas sobre la mesa. Inevitablemente revivió aquellos momentos, recordó su mirada, el sabor de sus labios, la ansiedad que ambos compartían… trataba de leer algún signo en ella, pero no leía en el mismo los signos que algo había cambiado. ¿No había sido una prueba de que los besos no eran cualquier cosa? ¿No había sido más que una jugarreta? Se llevó ambas manos al cabello. ¿O quizás era el deseo de querer ser el primero? ¿De no dejarle espacio a Byakuya para tomar lo que sentía propio? ¿Propio?... ¿Desde cuándo consideraba que Rukia le pertenecía? Ella no era un objeto, era su amiga, su compañera de batallas…

-La cagué –suspiró.

Ambos Shiba asintieron.

-Si no quieres complicar más las cosas, tendrás que hablar con ella.

Hablar con Rukia. No era algo realmente difícil. Aunque todos creyeran que entre ellos no había más que discusiones y órdenes de deberes como Shinigami, compartían varias cosas de ellos mismos. Era, creía, la persona que mejor lo conocía… y era a quien él mayor confianza le tenía. Y si era así, ¿por qué no plantearle que había cometido un error? Eso hubiera sido sencillo si considerara que aquello había sido un error. Ahora teniéndola frente a él creía que nada había sido una equivocación. Lo sentía demasiado correcto.

-Entonces la teniente Ise envió el comunicado al capitán Ukitake sin siquiera medir en las implicancias… gracias a Dios él no arma lío por nada. No puedo creer aún que ella cometiera una falta de criterio así –comentaba la morena, no era de chismes, pero no podía evitar descargarse con su amigo.

-Una real falta de criterio –afirmó Ichigo sin estarle prestando atención.

-No me estás escuchando realmente –sentenció la morena –Pareciera que estás muy lejos de aquí… ¿ocurre algo? –Ichigo la miró de reojo –No me digas que vamos a volver a la discusión. Ya te dije que no veo escapatoria a esto… y que me secuestres está fuera de discusión. –se cruzó de brazos. -¿Te imaginas? Tendrías a todo el Clan Kuchiki tras de ti… Y ni hablar de mi Nii-sama, ahora sí que te mataría.

-No estaría tan seguro –comentó Ichigo viendo al frente –Pero no estaba pensando en eso, aunque no me creas.

-¿Entonces?

El pelinaranja no podía verla a la cara, aun cuando ella fijaba su mirada en él. Soltó un suspiro profundo y bajó su vista a sus manos sobre la hierba. Sentados ambos en aquel claro lejos del Seireitei, en medio de la nada, como si no fueran más que siempre: dos amigos. Y aunque todo el mundo pensara otra cosa, no eran nada más que eso. Lo pensaba y lo reafirmaba a cada momento, como si se quisiera convencer de ello.

-Nunca hemos hablado de Kaien Shiba… -dijo de pronto y la morena se acomodó en su lugar desviando la mirada.

Usualmente se hubiera puesto de pie y afirmado que no había nada que hablar al respecto. Prepararía aquel discurso que se había creído durante tantos años, que ya parecía un rezo. Sin embargo esta vez bajó la vista a una de sus manos que jugaba con la hierba, solo un gesto de nerviosismo.

-Es un tema del cual no me gusta hablar –comenzó con voz suave –Pero creo que ha llegado el momento de ser honesta conmigo misma… y contigo –lo miró ladeando su cabeza cruzando miradas por un segundo, volvió al frente. –Soy un shinigami, sentimientos como la amistad y el cariño no están en nuestro vocabulario.

-Eso no es del todo cierto, he visto muchos ser amigos bastante cercanos, confiables, leales… y varias parejas entre ellos… creo que es algo que te has inventado para mantenerte al margen de cosas que te hacen sentir vulnerable.

Rukia se sonrió.

-¿Y tú cuando te has convertido en mi conciencia? –bromeó. Ichigo la miró en silencio. –He sentido la amistad y el cariño, no me es ajeno no soy un monstruo insensible…

-Te imaginaba más como un molusco

Recibió un certero golpe en las costillas.

-Idiota –gruñó la chica por lo bajo. El muchacho se rió. –¿Vas a tomarme con seriedad? –él asintió. –Quizás mantenerme lejos de aquello me hacía sentir en control. Sin sentir nada, no tenía nada que perder… Pero sin quererlo fue vinculándome más allá de lo que quería. Comprendí que me sentía sola, vacía. Ya no es así, en lo absoluto…

-No me has hablado de Kaien, aunque te agradezco la sinceridad –dijo seriamente.

Rukia asintió en silencio.

-Kaien-dono –dijo lentamente –No es fácil volver el tiempo ni menos hablar desde esa chiquilla. Ya no soy esa persona… Pero fue algo que marcó quien fue hasta hace poco. No me dejaba avanzar, estaba totalmente bloqueada –tomó aire –Nunca he sentido algo similar, nunca.

Inevitablemente Ichigo sintió su estómago volcarse, sus manos se tensaron únicamente siendo perceptibles para él.

-¿Lo amabas? –preguntó él de pronto, sorprendiéndose de su propia pregunta.

No fue el único sorprendido, Rukia lo miraba fijamente, sus labios se tensaron. Tenía miedo de confesarlo, ¿lo había amado? ¿Tenía ese sentimiento un nombre? Lo había admirado profundamente, pero admiraba también a su esposa. Jamás deseó tener lo que ella, ella ya tenía suficiente de él. Lo adoraba, era su sostén, su apoyo, su alegría. Estuvo cuando más necesitaba a alguien, cuando se sentía sola, abandonada y perdida.

-No… no lo sé… -respondió honestamente. –Fue inmensamente importante para mí, lo admiraba muchísimo. Fue un gran apoyo…

Ichigo suspiró. Realmente era un molusco insensible o tenía demasiado miedo para admitirlo.

-Mira Rukia, no tiene nada de malo sentir algo por una persona comprometida. A veces los sentimientos no distinguen lo correcto de lo incorrecto.

¿De dónde había salido eso? ¿Desde cuándo era un experto del tema? Quizás era más sensible de lo que quería admitir, tal vez sabía más del tema de lo que creía. Ella lo miró un segundo, su espiración tembló entre sus labios. Luchaba contra su instinto, contra sus emociones. Simplemente el pelinaranjo había dado al centro de su corazón sin mediar en nada. Había removido los cimientos de su propia construcción, de su fingida fortaleza. Otra respiración entrecortada. Sintió la mano de su amigo en su hombro y lo miró.

-No tiene nada de malo… no voy a juzgarte si eso piensas.

La morena llevó su vista al frente.

-¿Has sentido alguna vez la necesidad imperiosa de alguien en tu vida? –preguntó, él la seguía fijamente –Una persona que te da la fortaleza para continuar día a día, ¿que confía en ti? Kaien tenía eso… era capaz de levantarme en mis peores momentos. Necesitaba de él. Estaba tan sola… y él siempre estuvo para mí, para apoyarme. Y quizás sí, confundí su amistad con algo más… Los sentimientos no son buenos compañeros, menos cuando al perder a alguien son estos sentimientos los que se vuelven en tu contra.

-No has respondido a mi pregunta…

-No cambiaría en nada lo sucedido –repuso Rukia

-Me ayudaría a comprender mejor.

-Si eso se considera amor, entonces sí. Lo amaba.

Ichigo tomó aire profundamente. No sabía por qué esa confesión lo molestaba tanto. ¿Acaso Rukia no podía haber amado a alguien? ¿Por qué sentía que competía con un fantasma que jamás podría vencer? Era la batalla que jamás podría librar.

-¿Sucede algo? –preguntó ella al verlo visiblemente indispuesto.

Él negó con la cabeza.

-Has sido tú quien ha preguntado…

-Lo sé, y te agradezco tu sinceridad nuevamente.

Deslizó aquella mano que había mantenido en el hombro de su amiga fuera de su cuerpo y la dejó sobre la hierba. Se sentía molesto, muy molesto. ¿Celoso? Quizás la descripción de los sentimientos que Rukia guardaba hacia Kaien le eran demasiado conocidos. No había hasta entonces enlazado lo mucho que necesitaba de ella, de su apoyo, de su fortaleza que solía levantarlo del suelo, darle algo de brillo a su oscura existencia, llenar aquel vacío…

-¿Por qué me preguntas por aquello? –ahora era ella quien interrogaba.

-Curiosidad… creo.

Ella le sonrió dulce.

-Está bien, entre amigos no debería haber secretos.

¿Amigos?

-¡Amigos una mierda, Rukia! –exclamó Ichigo finalmente –¡Los amigos no se andan besando por los rincones!

La morena se lo quedó mirando de piedra. ¿De dónde había salido ese enfado? ¿Era por lo de Kaien? ¿Era por lo que había ocurrido los pasados días? No había querido remover eso y prefería pensar que había sido algo del momento. Sin quererlo volvió a revivirlo y una sensación se instaló en su pecho.

-Estás haciendo un enredo por algo sin importancia…

Sin importancia… Esas palabras las sintió como un puñal que le atravesaba el pecho y parecía desgarrarle por dentro. De pronto se dio cuenta que lo sucedido para él no carecía de importancia, algo había cambiado drásticamente en su manera de ver la relación con la morena a su lado. Quería levantarse y mandarla a la mismísima mierda. Sí, insultarla y marcharse, salir de su casa y abandonarla a su suerte. Una mierda ella y su enredo con Byakuya, que se las arreglara sola.

Pero antes de siquiera impulsarse a hacerlo la vio mirándolo con preocupación. No era fingida, era real.

-Eres un molusco insensible –no se resistió.

-¿Qué mierda te pasa? –exclamó Rukia. –Estás actuando muy extraño.

¿Qué le pasaba? Ni él mismo tenía la respuesta, pero estaba enfadado, dolido. Internamente esperaba ser tan importante como Kaien, pero se daba cuenta que él jamás podría ser superado. Él podía rescatarla mil veces, jurar que pasaría por encima de cualquiera con tal de protegerla… Pero frente al recuerdo de ese idiota de Kaien nada valía. Y quiso decirse que la amistad que los unía era lo que lo había motivado a ayudarla siempre, que era eso y nada más. Y no pudo sostener la mentira que había hilado durante esos años. Era demasiado obvio, demasiado claro. Estaba enamorado de Rukia. No sabía desde cuándo, quizás desde bastante más de lo que creía. Podía ser desde esa mirada la vez que fue sacada de su mundo por Byakuya y Renji… ¡Cómo detestaba a ese Byakuya! Se interponía entre ambos como un muro insalvable. Siempre ahí… lo detestaba tanto como al fantasma de Kaien.

-Ichigo…

-Déjalo.

-No puedo ignorar que estás molesto por algo que no entiendo… -se puso de pie para hincarse frente a él -¿Qué te pasa? Tú no eres así… al menos no conmigo. No te vayas a ese lugar del que me es tan difícil sacarte, no me obligues a patear tu trasero.

No, no era alguien de palabras, eso se le daba mejor a ella. Era alguien de acciones, impulsivo. Por lo que hizo lo que le era más natural… Llevó una mano a un mechón de cabello de la morena junto a su oreja y lo hizo hacia atrás, procurando capturar su nuca en el movimiento lentamente. Ella no le quitaba la vista de encima. La atrajo hacia él, ella se dejó llevar sin negarse al tiempo que la distancia se acortaba. Su otra mano siguió el camino deteniéndose en la mejilla de la chica, ella bajó la vista al tiempo que él capturaba sus labios en un profundo beso. Ella lo abrazó por el cuello.

No había nada más que decir… las acciones hablaban mejor que las palabras. Y aquello no era vacío, no carecía de importancia. Se sentía desarmar en sus brazos, podía tratar de negarlo, de racionalizarlo, de explicarlo, de restarle implicancias. Su mente voló lejos del recuerdo de Kaien, del vacío, de su rechazo a las emociones. Se dejó llevar por aquella sensación que le invadía el cuerpo y que la llevaba a entregarse completamente al momento. No pensó en Byakuya, no pensó en cómo esto complicaba más la situación, en como lo que sentía por su amigo se iba profundizando y dejando de ser una simple lealtad. ¿Lealtad? ¿Cariño? ¿Era realmente eso?

El contacto se cortó de pronto, sintió la frente de su compañero apoyada en la propia y su respiración entrecortada.

-Estoy hecho un lío… -murmuró para sí más que para ella.

La muchacha deslizó sus brazos desde su cuello hasta tomarle las manos en sus mejillas.

-Mírame –le dijo. Alzó la mirada para cruzarse con la mirada transparente de Rukia –Entre Kaien y tú no hay comparación… -hizo una pausa –Eres mucho más… mucho más.