¡Buenas madrugadas! A saber qué hora sea en donde me leen, pero aquí es media noche XD Recién lo terminé y lo revisé para subirlo. Aunque antes, una disculpa, ya tiene meses que no me pasaba por aquí, pero si no es la falta de tiempo lo es la escasez de inspiración y que atiendo otros fandom e_e Pero bueno, aquí les dejo su dosis de misterio :D Por cierto, gracias a Yuuki Kanon por poner en favoritos la historia, así como seguirla *-* Espero te guste la actualización de este día. Sin más, ¡nos vemos luego!
Capítulo 8
Lazos
La antorcha que llevaba en manos era más que suficiente para alumbrar el angosto camino. Ese mismo que había sido descuidadamente expuesto tras haber destruido en su totalidad la hilera de robustos árboles que le habían mantenido oculto de las curiosas e indeseables miradas.
Y aunque por momentos había dudado, prosiguió. Tenía un punzante presentimiento y llegaría hasta las últimas consecuencias para ver por sí mismo si se cumplía o no. Además, conjeturaba que ya era demasiado tarde para retroceder; lo supo en el momento en que empezó a escuchar un enorme barullo desde el exterior.
—Parece ser que no me he equivocado. Han regresado y seguramente en esta ocasión si sean capaces de lograr su objetivo —Steven se mantuvo en completo silencio. Incluso apagó su única luz y se movió con sumo cuidado; si era visto su pequeña misión fallaría.
No había de avanzar más de unos veinte metros para decidir sabiamente que permanecer oculto entre esas numerosas grietas era la mejor estrategia para examinar cuidadosamente lo que el enemigo se encontraba haciendo.
A unos metros frente a él, allí donde se dejaba apreciar una vasta sala, la luz lunar se escurría entre los numerosos huecos del techo y dejaban entre ver el número total de personas que habían logrado escurrirse hasta ese sitio.
—¿Ese viejo mural sirve para algo, Comandante? —cuestionó uno de los cinco chicos que se encontraban allí, alrededor de la única mujer que estaba presente.
Su oscura y lacia cabellera llegaba hasta sus tobillos, careciendo de adorno alguno. El tostado de su piel hacía sobresalir al tono amatista de sus ojos y al dorado de esas pulseras que adornaban tan femeninamente sus muñecas.
Pantalón negro de cuero, ajustado y a la cadera. Una ombliguera blanca y sin tirantes, y botas cafés de tacón alto, completaban su particular atuendo.
—No, dudo rotundamente que esto nos sirva de algo. Aquí no pone nada que ya conozcamos de antemano —esas calmas y profundas pupilas violáceas no admiraban otra cosa que no fuera esa obra rupestre perdida en el tiempo.
—¿Qué es lo que haremos con ese pokémon? Es demasiado fuerte como para que lo dejemos pasar así como así —mencionó uno más.
—Los tipo fuego no son de mi gusto. Pero creo que será un rotundo desperdicio no cogerle —se giró hacia sus hombres, sonriéndoles con motivación—. Tienen mi autorización para ir por él y traerlo. Estoy segura de que le darán un buen uso.
—¡Entendido Comandante!
—De modo que no han venido explícitamente por ese Charizard… ¿Entonces? —intentó de agudizar su mirada, tratando de dilucidar lo que la curvilínea mujer veía con tanta atención—. Aunque igualmente mencionó que ese mural no le sirve de nada… Todo lleva a pensar que son los que están detrás de los destrozos de las ruinas. No obstante, es inquietante el objetivo que buscan… ¿Quiénes son?
—¿No crees que es de mala educación espiar a una bella dama como yo? —¿una pregunta que era lanzada a la nada? Ni pensarlo. La mujer sabía que no estaba sola, ¿pero cómo?—. Esos tontos podrían no haberse dado cuenta de que había un curioso alrededor, pero mi pequeño sí.
—…Un Zoroak…—el siniestro pokémon yacía a escasa distancia. Por lo visto se había valido de crear una perfecta ilusión para el peli plateado.
—¿Qué puede traer a un entrenador de tu calibre a un sitio como éste, Stone? —se giró para recibir adecuadamente a su visitante. Hasta Zoroak se postraba a su lado.
—Me declaro un gran fanático de las ruinas antiguas —lo cual no era una mentira—. Para alguien como yo es imposible no sentir atracción por un sitio como éste. De modo que lo único que no encaja en un sitio como éste, son ustedes —si bien había salido de su escondite, no iba a bajar la guardia.
—¿Un empedernido fanático de lugares tristes como éstos? —suspiró—. Es una decepción que un hombre tan bien parecido como tú esté interesado en cosas tan endemoniadamente aburridas.
—Todos tenemos nuestros propios pasatiempos —añadió, imperturbable ante su insulto.
—Entonces tengo la sospecha de que no te irás de aquí en un largo rato, ¿verdad?
—Me temo decir que todavía no he terminado de estudiar los murales que se encuentran aquí —expresó tranquilamente, pero ya con una pokeball en su mano derecha.
—Es muy posible que haber venido hasta aquí no sea del todo aburrido —sí, se le veía hasta cierto punto emocionada por el combate inesperado que estaba a punto de suscitarse entre los dos.
Estaba demasiada cansada, pero probablemente no lo suficiente como para no sentir que estaba siendo arrastrada con todo y bolso de dormir. Lo peor del caso es que ni siquiera sabía hacia dónde aun cuando estaba viendo claramente a los bribones que estaban encargándose de semejante desfachatez.
Así que impuso un poco de orden y llamó a ese par para que se detuvieran. Lo cual funcionó momentáneamente, porque al poco rato de haberse parado y quitado la somnolencia, ya estaban empujándole.
—¿Pero qué les sucede a ustedes dos a semejantes horas de la madrugada? —Absol señaló lo que había más adelante. Sí, ese sendero que les conducía hacia las montañas—. Dudo que quieras un paseo nocturno... Aunque ahora que me doy cuenta…—desplazó su atención hacia donde estaba su tienda de campaña, luego miró las otras dos que estaban a su alrededor. Una de ellas estaba abierta—. No me digan que fue a indagar a ese sitio…—Absol y Aron asintieron—. Esto no puede ser cierto…—¿quién era el niñero de quién?
Si pensaba que llegar hasta aquel sitio le iba a tomar demasiado tiempo, se había equivocado. Gracias a los inoportunos y numerosos pokémon salvajes, tuvieron que acelerar el paso y no entretenerse en enfrentamientos que no iban a terminar nunca.
Lo único que no previeron es que terminarían perdiéndose y resbalándose en esa pronunciada empinada, quitando los estorbosos árboles de su camina gracias al versátil viento cortante de Absol. Sin embargo, lo peor recién estaba dando inicio.
—¿Es una bonita noche, verdad? Se antoja una caminata nocturna bajo la luz de la luna —¿de todos los posibles escenarios en los que podía terminar, por qué justamente tenía que haber dado en el que estaban esos hombres vestidos con el uniforme del Equipo Rocket?
—¿Qué es lo que tenemos por aquí? —sopesaba uno de ellos, con ese inquietante Sableye imitando sus gestos faciales.
—¿Y si la ayudamos a regresar a casa? Ya que seguramente se haya perdido en el bosque —habló uno más con Purrloin que se burlaba de la desgracia de la joven.
—Si nos entregas tus pokémon seremos benevolentes contigo pequeña —atrás de aquel cuarto hombre se postraba un pequeño grupo de Poochyena dispuestos a írsele encima ante la más pequeña de las indicaciones por parte de su entrenador.
—Desistiré de su amabilidad por esta noche —huir era la mejor estrategia, pero resultaba imposible cuando ya se habían encargado de rodearle y no poseía ningún tipo volador que pudiera sacarla de allí sin más.
—¡Poochyenas, vayan por esos dos ahora mismo! ¡Ataque arena!
—¡Purrloin, ataque arena tú también!
—Sableye, tinieblas, ahora.
Aron se limitó a fortalecer su ya de por sí robusto cuerpo haciendo uso de defensa férrea. No era lo suficientemente rápido como para movilizarse y evitar que toda esa arena diera de lleno contra su cuerpo. Sin embargo, Absol reaccionó avivadamente, confundiendo a sus rivales gracias a su doble equipo y esa frenética secuencia de ataques rápidos que lograron su cometido: separar a los objetivos.
Purrloin perdía su tiempo intentando hacerle algún rasguño al impenetrable pokémon acero. Si continuaba haciendo tan penoso ataque terminaría destrozándose cada una de sus aguadas garras.
Por ahora Aron debía mantenerse firme. Gracias al ataque de arena sus contraataques podrían fallar exponencialmente.
—¡Esquívalo! —gritó Shade antes de que esa poderosa garra umbría diera de lleno contra el albo cuerpo de Absol.
—¡Joya de luz, Sableye!
Una ofensiva tan vistosa y grande era visualizada fácilmente por el enemigo. Y simultáneamente permitía que fuera evadida sin el mayor de los problemas. Sin embargo, parecía ser que Absol no era el único blanco; ese entrenador también había considerado a Aron y la entrometida entrenadora dentro de sus planes.
Shade como bien pudo, logró escapar del impacto directo. Pero ahora permanecía contra el suelo, intentando ponerse de pie. ¿Se lo permitirían ese pequeño grupo de Poochyena que la habían rodeado en un santiamén?
—No lo has hecho nada mal, pero no necesitamos que nos estés tocando las narices por más tiempo —habló el dueño de ese siniestro grupo de perros—. Serás alimento para mis pequeños.
Instintivamente sus miradas se dirigieron hacia ese enorme destello de luz, hacia ese punto en específico que se postraba a unos metros de distancia y que había dejado en un completo desconcierto al minino siniestro que hasta ese momento había estado intentando derrotar al sólido Aron.
Lo siguiente dejó a ese grupo de Poochyenas aturdidos y cubriendo sus orejas con ambas patas delanteras. No toleraban el eco metálico que emergía sin piedad de la amplia boca del ahora Lairon; y éste no estaba en lo más mínimo dispuesto a dejarles poner una mano encima sobre su entrenadora.
Cada uno de esos Poochyena salió volando ante el nada débil y amable cabezazo que Lairon propinó con el corto impulso que había tomado. No habría manera de que se pusieran de pie nuevamente, no con todo el daño tan directo que recibieron. Y su entrenador pronto sería el siguiente si no se alejaba.
—…Ha evolucionado…—Shade se puso de pie, ignorando por completo los rasguños que habían sido propinados en todo su cuerpo. Estaba tanto feliz como asombrada de que su Aron evolucionara en el momento justo. Sin embargo, no podía olvidarse del otro encuentro que tenía—. ¡Absol!
La pequeña lo había estado haciendo muy bien contra ese Sableye. No obstante, la diferencia en experiencia y fortaleza saltaban a la vista y el que estuviera tan agotada sólo llevaría a un único desenlace. Aunque, ¿el trabajo en equipo no es lo mejor que podría haber?
Pareciera que Lairon se las ingeniaba bastante bien para movilizarse y haber recibido de golpe esa violácea esfera de energía. Una que lo único que provocó fue levantar una espesa cortina de polvo.
—Bien hecho —felicitaba la peli azul. Los hombres chasquearon la lengua y se miraron en profundo enfado. No tolerarían que una muchachita cualquiera se saliera con las suyas.
—No va a serte tan fácil mocosa —mientras ella solamente contaba con dos compañeros de combate, ese par ya se encontraban liberando a sus siguientes adversarios.
—Si esto continúa así…no podremos salir de aquí vivos…
¿El oscuro cielo se encontraba rugiendo con ferocidad o era algo más lo que estaba transformando a la calmada noche en una ruidosa que deseaba alejar a todos del rededor?¿Qué era eso que se movía con celeridad arriba de sus cabezas y les dejaba caer una fuerte corriente de gélido viento?¿Realmente deseaban saberlo?
Ese hermoso tono agua marina solamente significaba que el final había sido escrito ya. No hubo manera de que esos desprevenidos pokémon y entrenadores vieran llegar a tan imponente espécimen mientras les dedicaba uno de sus mejores ases. El mismo que había deformado el suelo contra el que se estrellaron cada uno de esos enemigos.
—¡E-Es ese pokémon! —era ridículo que hasta hace un momento esos hombres la estuvieran intimidando y amenazado de muerte, mientras ahora temblaban de miedo ante el lagarto que había descendido y dejaba escapar de su hocico peligrosas llamas.
—…Eres tú de nuevo…—quizás ese Charizard se encontraba devolviéndole el favor de la vez pasada. O tal vez era mera coincidencia que éste rondara por los alrededores en ese instante en que la suerte había decidido abandonarla.
La sala rápidamente se iluminó y la temperatura misma comenzó a incrementarse. La potencia de aquel lanzallamas estaba produciendo cada uno de esos efectos secundarios, pero era incapaz de dejar fuera de combate al pokémon que astutamente se había valido de fuerza psíquica para repeler su feroz ofensiva. El techo era lo único que recibía tan energética fuerza de calor.
Houndoom cesó ante la orden de su entrenadora mientras gruñía con enorme desagrado a sus dos contrincantes. Parecía no estar acostumbrado a que sus encuentros se prolongaran demasiado.
—Tienes pantalones para enfrentarme con un pokémon como Metagross —le felicitó con un muy particular tono de voz.
—Debo de admitir que me ha sorprendido encontrarme con una entrenadora que está al mismo nivel que un miembro del Alto Mando —habló seriamente, clavando su mirada en el pendiente que caía del lóbulo izquierdo de la joven—. Pero lo más sorprendente es que seas poseedora de un objeto como ése.
—¿Ah, te refieres a esta belleza? —señaló la preciosa houndoomita que llevaba puesta. Claramente su compañero la usaba alrededor del cuello, como un colgante—. Me la encontré de casual.
—Primero el Equipo Aqua y el Equipo Magma, ¿y ahora ellos? Las megapiedras no son tan comunes para que cualquiera tenga acceso a ellas. Así que, ¿de dónde las han sacado?
—Sé que estás sorprendido de que tenga una maravilla como ésta —agregó muy campante—. Pero no son tan raras como piensas y acceder a ellas ha sido bastante simple —su confesión únicamente sirvió para sembrar mucha más inquietud en Steven.
—Supongo que no me queda mayor remedio que hacerlo —había pasado un tiempo desde que tuvo que usar su megapiedra en armonía con el brazalete que llevaba consigo Metagross; pero ella no era una rival tan sencilla y no escaparía de su mira si no la derrotaba.
La apariencia de ambas criaturas había cambiado en el momento en que el vínculo con su entrenador tuvo lugar. Ya no había mayor motivo para ser modestos y no mostrar el alcance de sus habilidades en combinación con el poderío de sus pokémon.
—¿Pero qué…demonios está pasando? —cuestionaba la pelinegra en cuanto notó que todo el lugar estaba siendo llenado de esa oscura niebla.
—Metagross, atento —lo que estuviera causándolo, irremediablemente aparecería ante ellos.
La niebla se hizo más densa y se logró alzar hasta lo alto del techo, dejando a ese par de entrenadores apenas con tiempo de reacción para mandar a otro pokémon a despejar el área. Y así fue como lo hizo esa mujer.
—Honchkrow, elimina toda esta niebla de inmediato —su fuerte aleteo logró el objetivo deseado. Sin embargo, ¿dónde se supone que se encontraba Steven Stone?—. ¿Se ha ido…?¿En tan poco tiempo…? —sólo había dos modos de salir de allí y para alcanzar ambos se requería tiempo y un campo de visión despejado. ¿Entonces?
Ir con calma y andarse con cuidado era la mejor elección que podía hacer si no quería ser sorprendida dentro de esa húmeda y poco encantadora cueva ya fuera por los pokémon silvestres que allí vivían como por la constitución misma del lugar. No obstante, no podía darse un lujo como ése; no cuando había logrado escapar por los pelos.
Y gracias a la luz que proporcionaba la llama de Charizard podía ver un poco la panorámica que tenía frente suyo y correr con cierta libertad.
—Nos hemos metido aquí cuando empezaron a superarnos en número…¿Pero no ha sido una mala idea? —no es como si esperara ese pokémon le respondiera. Pero tenía que expresarse de un modo u otro—. Bueno, espero que Steven no se esté divirtiendo tanto como nosotros —dijo con ironía. La verdad es que si el ex campeón la volvía atrapar le aguardaría un buen sermón.
Ese lugar era endemoniadamente amplio que no existía manera de contabilizar el tiempo que llevaban invertido en caminar sin ningún sentido fijo. Lo único claro es que no había manera de seguir avanzando; no cuando ese gran estanque se postraba ante ellos.
—Tú no podrás volar en un espacio tan bajo… Y no estoy segura de saber nadar…—una opción valiente era llegar hasta el otro lado nadando. Pero entonces dejaría a ese malherido Charizard; exponiéndolo a que lo capturaran esos hombres que venían pisándole los talones—. Con Absol y Lairon no hay problema, ya están en sus pokeball, pero tú…—miró de reojo al orgulloso pokémon. Parecía estar dispuesto a quedarse a pelear—. Sé que quieres quedarte a enfrentarles y defender tu territorio, pero sigues sin recuperarte y si continúas así te atraparán —el animal rugió. Pareció haberse ofendido por su comentario—. Eres fuerte, pero tienes tus limitaciones. Deja que te devuelva el favor de hace rato… Aunque tendrás que confiar un poco en mí.
El Charizard vio el objeto que ella tenía en la palma de su mano izquierda. Sabía lo que quería hacer, pero, ¿confiaría tan fácilmente?
—Te liberaré en cuanto salgamos de este sitio. Lo prometo —quería una respuesta rápida. El que pudiera escuchar esos ruidosos pasos únicamente le indicaba que estaban cada vez más cerca.
La cuestión no era saber en dónde estaba, sino, quién se había tomado las molestias de llevarle hasta allí y con qué propósito. Porque por más que intentaba recordar, lo último que se le veía a la mente era el campo de batalla siendo llenado de una oscura niebla y a esa adversaria maldecir que algo como eso se suscitara.
Tumbado sobre el suelo, alzó su mirada hacia el techo por inercia. Allí se encontraban esas juguetonas enredaderas, cubriéndolo prácticamente todo con su descontrolado crecimiento. Pero así mismo existían minúsculos espacios que no habían sido invadidos y que llamaron por completo su atención.
Se levantó y notó que no estaba solo. Allí estaba Metagross. Por lo visto estaba aguardando a que despertara. Y eso generó muchas más dudas.
—Así que estás bien viejo amigo —estaba aliviado por ese lado. Aunque la inquietud lo abordó en cuanto sintió que le observaban—…Tú…—sólo había oído hablar de él a través de las leyendas que se conocían en la región. Nunca imaginó que sus caminos se cruzarían y que sería de ese modo—. Darkrai…—el legendario pokémon le miró por unos cuantos segundos y señaló hacia arriba. ¿Qué deseaba que viera?—. Deduciré que has sido tú el que me trajo hasta aquí… Y pareces estar muy interesado en mostrarme algo…
Subió sobre su compañero para poder elevarse hacia el punto indicado. Y meticulosamente fue retirando cada una de esas plantas guía. Descubriendo prontamente el colorido mundo que se había mantenido oculto ante los ojos de todos.
—…Esto es magnífico…—sus pies tocaron el suelo en cuanto todo estuvo hecho. Desde la posición que había tomado resultaba ser el mejor ángulo para apreciar ese magistral y colorido mural. Cada detalle era simplemente magnífico.
Lo primero que atrapó de lleno su atención era ese icosaedro, ese cuerpo geométrico que carecía de coloración alguna y que únicamente había sido delineado en el centro de todo con finas líneas negras. Pero por arriba de éste se apreciaba una flor de iris, de tonalidades esmeraldas; era en cierto modo como si se tratase de un sublime cristal que había sido cortado para tener tan particular apariencia.
A mano izquierda el vívido carmesí daba vida a esa ave que parecía tener enormes deseos de emprender el vuelo dejando tras de sí una estela de delgado plumaje. Sin embargo, a su izquierda, el celeste imponía su propio poderío a través de la apariencia de un animal pequeño cornado.
Bajo aquellos cristales se apreciaban tres párrafos perfectamente legibles pero completamente incomprensibles hasta para un experto como resultaba ser Steven Stone.
—¿Qué podría significar esa especie de pictograma? ¿Y qué clase de escritura es ésa? Nunca la había visto antes. Aunque es parecida a la cuneiforme —su intriga crecía conforme más atención le ponía a cada detalle que conformaban al mural—. No he traído nada conmigo para fotografiar algo como esto… Supongo que tendré que regresar. Aunque no sé con exactitud cómo fue que llegué hasta aquí.
Sus cavilaciones cesaron en cuanto escuchó ese ligero derrumbe proviniendo detrás de su espalda. Y en un simple giro se pudo percatar tanto de que la entrada que le condujo hasta allí era extensa y terriblemente pronunciada hasta las entrañas de la tierra, y que alguien se había encargado de seguirle hasta tan peligroso sitio.
—..Ungh…Eso me ha dolido…—se quejó. Inclusive cuando se encontraba tumbada sobre la blanda panza del Charizard que había valido como un deslizador todo terreno.
—Me gustarían algunas explicaciones, jovencita —Shade sintió ese par de bonitos ojos sobre ella, aguardando impacientes por una buena excusa.
—Ah, bien. Digamos que dormía tranquilamente hasta que Absol y Aron arrastraron mi saco de dormir hasta la entrada del bosque…Luego vi que no estabas y…heme aquí —nada era mentira, pero resultaba un tanto difícil de creer.
—Fue estúpido y peligroso —le regañó. Sabía que con un par de pokémon al nivel que los tenía, los adversarios que estaban por toda la zona podrían ponerle en aprietos.
—Nos las apañamos entre nosotros cuatro —obviamente estaba incluyendo al lagarto de fuego que no parecía quererse mover del piso aún con ella a cuestas—. Estaban persiguiéndolo, de manera que abrimos nuestro propio sendero de escape… Lo que no sabíamos es que había varios túneles subterráneos… Por lo que no estábamos seguros a dónde iríamos a parar.
—Para estar tan debajo de la cueva, el aire es abundante —su atención se desvió nuevamente para analizar la situación—. Para salir tendremos que buscar el camino correcto dentro del laberinto…—detuvo su parloteo y volvió a mirarla. Recordó algo trascendental—. ¿Estabas siendo perseguida, no? —ella asintió—. ¿Los perdieron de vista o…?
—Pues los dejamos de escuchar desde hace largo rato. Por lo que de seguro se perdieron…
—Tal vez pudiéramos recurrir a Dar…—el siniestro pokémon ya no se encontraba más allí. Del mismo modo fantasmal en que acudió a su vida, desapareció. ¿Qué fue lo que motivó a Darkrai a salvarle y llevarlo hasta allí?¿Es que existía una relación entre ese pokémon y lo que se apreciaba en el mural?
—¿Acaso había alguien más contigo?
—Bueno, podría decirse que así era…—sonrió tenuemente. Había sido una noche demasiado movida y que le dejó más desconciertos que esclarecimientos—. Primero tenemos que salir de aquí.
No supieron cuántas horas pasaron perdidos dentro de ese gran mundo de túneles. Lo único cierto es que jamás se sintieron tan felices por respirar aire fresco y contemplar la luz del día. Sí, habían encontrado la ruta de escape y ahora se encontraban completamente mugrosos y desvelados.
—Nunca creí que ese lugar estuviera conectado con la Cueva Oscura —allí el único que conocía el lugar era Steven.
—Al final no tuvimos más remedio que hacer nuestro propio camino —suspiró cansada. Lairon que se había encargado de la tarea de excavar dio un largo bostezo; también estaba agotado.
—Te felicito por haber logrado que Aron evolucionara —indicó—. Aunque…¿qué haremos con él? —hasta ese momento Charizard había permanecido dentro de una pokeball porque era demasiado grande para movilizarse por los túneles sin derrumbarlos; pero en el momento en que estuvieron libres, éste recobró su autonomía.
—Creo que podríamos darle de comer y curar sus heridas. Al menos así ya podrá hacerle frente a todos esos entrenadores si es que regresan.
—Supongo que confía en nosotros —miró al orgulloso pokémon y éste se limitó a hacer alarde de lo bien que arrojaban aire sus alas—. Perdona por querer investigarte. Eres un ser vivo, no un objeto —el animal comprendió el mensaje—. Así que intentemos llevarnos bien —la respuesta de Charizard tomó a ambos por sorpresa.
En unos segundos sus pies se alejaron de la seguridad del suelo y todo su cuerpo sentía la brisa mañanera que se estampaba en sus rostros. Y si bien la vista era excelente, más les valía agarrarse bien del intrépido Charizard que les sujetaba entre sus garras como si fueran unos pequeños críos.
—Así llegaremos más pronto a la ciudad, ¿no lo crees Steven? —su sonrisa no podía ser más amplia. Estaba emocionada por lo que estaba viviendo; incluso alentaba a Lairon desde las alturas para que siguiera al pokémon volador hasta la ciudad.
—Un movimiento en falso y nos matamos…—Stone no tenía ese amor por las emociones fuertes como cierta chica.
—Disfruta el momento —le dijo—. Es su manera de ser amistoso con nosotros.
—…Empiezo a creer que me recuerdas a "cierta entrenadora"…
—¿Ah, sí?¿Cómo es ella?
—Impulsiva y algo salvaje… Y ahora que lo recuerdo, no he vuelto a saber de ella después de que obtuvo las ocho medallas de Hoenn.
—Mira, ya casi hemos llegado a la ciudad —señaló con euforia—. Me muero de hambre, así que espero que el desayuno ya esté listo.
—Me ha ignorado por completo —exhaló con fatiga. Él también quería comer y dormir hasta no poder más.
Tras su llegada lo único que les interesaba era comer, darse un baño y tenderse a dormir. Sin embargo, parecía que sus necesidades básicas debían de aguardar un momento más. Así lo pensó Steven en cuanto el recibimiento de aquel arqueólogo fue esa pequeña caja de madera con un sobre dirigido a su persona.
—… "Steve Stone, posiblemente lo que esté dentro de esta caja te ayude a guiar tus pasos hacia el siguiente punto donde debes continuar indagando" —leyó para todos en cuanto abrió el sobre blanco. Ahora lo que le restaba era ver el contenido del paquete.
—¿Boletos? —mencionaba la peli azul mirando esos dos pedazos de papel.
—Parece ser que ahora iremos a Kanto… —le miró con cierta expectativa. ¿Es que estaba emocionado o es que no sabía si acceder a las instrucciones del extraño que le mandaba paquetes misteriosos?—. Más específicamente, a las Islas Sete.
