Capítulo 7:

-Mírame –le dijo. Alzó la mirada para cruzarse con la mirada transparente de Rukia –Entre Kaien y tú no hay comparación… -hizo una pausa –Eres mucho más… mucho más.

Kaien podría haber sido su mundo hace años, pero quizás era momento de reconocer que era Ichigo quien le daba sentido a su existencia. Le había mostrado que era importante para alguien, para sus amigos, para su Nii-sama… para él. Había movido a toda una sociedad por ella, por salvarla. ¿Acaso aquello no la había conmovido? Claro que lo había hecho, pero lo racionalizó como amistad, una profunda amistad. ¡Cómo se había engañado! Quizás aún no estaba segura de lo que sentía por él… pero sin duda no le había mentido, Kaien fue importante en su pasado, Ichigo lo era en su presente.

-No me importa el clan… lo siento por Nii-sama, pero no lo haré. No continuaré con esta farsa.

Tras de unos juncos un trío de muchachitas vestidas con el uniforme de la academia reposaban sus pies al borde de un riachuelo. Sin duda el entrenamiento había estado extenuante. El sensei los había tenido caminando cerca de 3 horas so pretexto de incrementar su resistencia física. Internamente pensaban que no había preparado la clase de expedición e improvisó.

-Creo que me está saliendo una ampolla –dijo Akiko, una chica castaña de cabello corto atado en dos coletas. Se investigaba el pie debajo del dedo gordo –Odio al sensei –lloriqueaba.

Honoka, una chica bajita de muchos rizos y cabello desordenado se mojaba las pantorrillas recogiendo su uniforme hasta las rodillas. No solo le molestaban los pies, le dolían tanto las piernas que sentía que no podrían sostenerla camino de regreso a la academia. A su lado Mai escribía algo en unos papeles que siempre traía consigo dentro del uniforme:

-La calma del riachuelo aplacaba el calor de sus pies, trayendo algo de confort dentro de la incomodidad que la marcha había acarreado… -murmuraba casi imperceptible.

-¿Qué haces? –preguntó Akiko mirando a su compañera.

-¿Tu última novela que jamás publicarás? –preguntó Honoka burlona. –Tienes tantos papeles en tu armario que podríamos tener combustible para una misión de un mes…

Mai volteó hacia ellas y les sonrió. Continuó en lo suyo mirando a los alrededores intentando conseguir una descripción total del lugar. Le gustaba practicar de esa manera, algún día sería la más famosa escritora del Seireitei… o al menos la editora de la revista de la asociación de mujeres shinigami.

Honoka se metió dentro del riachuelo sosteniendo los pantalones para no mojarse, no era demasiado profundo, solo lo justo para llegarle a las rodillas. Los pies le molestaban al contacto con las pequeñas piedrecillas, pero era un mal menor comparado con el dolor de sus piernas. Miró el paisaje entre los juncos, era un hermoso claro, le gustaba venir con sus amigas después de los entrenamientos. De pronto divisó a dos shinigamis sentados el uno junto al otro. Afinó la vista, a unos 100 metros un shinigami de vistoso cabello anaranjado conversaba con otro sujeto vestido de negro de cabellos morenos… Ichigo Kurosaki y Rukia Kuchiki. No podía escuchar lo que hablaban, pero parecía algo serio. De pronto la morena se arrodilló frente a su compañero y lo que ocurrió a continuación sus ojos no daban crédito.

Se llevó las manos a la boca para acallar una exclamación, acción que no pasó desapercibida para sus compañeras, al menos para Akiko, porque Mai seguía en su pergamino. La castaña se puso de pie para ponerse a la altura de Honoka con su mirada en la misma dirección.

-Me lleva un hollow… -dejó escapar como un murmullo.

Mai alzó la mirada. Se hizo lugar entre los juncos para seguir la vista de sus amigas. No pudo sino sonreír y seguir atentamente cada movimiento. Pudo distinguir cuando ambos shinigamis unieron sus frentes una vez que acabaron de besarse, bajaron las manos para dejarlas sobre las rodillas de la mujer, unidas. Volvían a hablar.

Un silencio caía entre ellas, salvo la brisa que canturreaba entre los juncos. No les apartaban la vista, como si estuvieran hipnotizadas.

-Ahí van otra vez –comentó la castaña risueña –Pareciera que se van a devorar –rió por lo bajo.

-Te diviertes, Akiko –gruñó la rubia de rizos –Esto no es correcto. Esa mujer tiene marido…

-¿Y? –exclamó la tercera, ordenando su trenza albina tras la espalda. –Me parece muy romántico… Dos amantes separados por el destino, por la nobleza… un matrimonio no consentido con su propio hermano mientras muere de amor por su compañero de batallas. –suspiró –Debo escribirlo antes de que se me vaya la idea –se sentó súbitamente en la hierba sacando sus anotaciones y sumiéndose en ellas.

Honoka se salió del riachuelo para sentarse en la hierba, secaba sus piernas con la manga de su uniforme. Akiko seguía mirando a la pareja con una sonrisa y un leve sonrojo. ¿Cómo sería besar a alguien? Parecía que la pareja estaba en la gloria y eso le sacó una risita nerviosa.

-¿Podrías quitar esa cara de boba? –gruñó su compañera desde su posición en la hierba. Akiko sacó la vista de la pareja. –¿Acaso te causa gracia?

-Me parece lindo, ¿sabes? –respondió logrando que Mai sacara la vista de sus anotaciones. -¿No has pensado que se debe sentir estar enamorada y correspondida? Debe ser maravilloso, a que sí. –Mai asintió en silencio.

Honoka no podía creerlo, sus dos mejores amigas apoyando una infidelidad. Lo que estaba ocurriendo no era romántico, ni lindo ni maravilloso. ¡Era traición! Kuchiki era una mujer casada y no con cualquiera sino que con el líder de uno de los 4 clanes más importantes. Su mente estaba nublada por la rabia… y quizás también un poco de celos, mezclado con su tendencia a la inflexibilidad y conservadurismo.

-Esto no se va a quedar así… -dijo.

-¿Qué pretendes hacer, Honoka? –preguntó Akiko con preocupación en su rostro –No vas a ir con el cuento al superior… Ni se te ocurra. ¡Nadie te creería! Además, a nosotras nos agrada Kurosaki-sensei. ¿No sería acusarlo causarle daño y problemas? Quizás lo amonesten y sea expulsado del Gotei 13 e incluso de la sociedad de almas.

-El problema es que a Honoka le gusta el sensei –comentó Mai tranquilamente ganándose una mirada de furia de su compañera. –No estás pensando con claridad, los celos son malos consejeros. En una novela tu personaje no terminaría bien, son ellos dos los que tienen prioridad en una trama. –advirtió seriamente. –Deberías leer más.

-¿Y qué me dices de Byakuya Kuchiki? –interrogó la rubia meneando sus rizos –¿Acaso no merece saber lo que está pasando bajo sus narices?

-Técnicamente no bajo sus narices, está en el mundo humano en misión –comento Akiko y sus compañeras la miraron asombradas –Escuché al capitán Ukitake hablando con el superior. –las chicas asintieron en silencio. –Además, ¿quién dice que él no esté al tanto?

-¿Y permitir semejante atrevimiento? –exclamó Honoka.

-Puede ser… Sé que Byakuya Kuchiki-sama es viudo y que amaba a su esposa, de hecho le tiene un altar en casa –comentó Mai tranquilamente volviendo a sus anotaciones –Mi madre es sirviente de la mansión.

Akiko volvió la vista hacia la pareja. Ya se había marchado.

Honoka se puso las medias y se calzó. Su rostro era severo. Pero ella no era impulsiva, de hecho era una planificadora intrigante. Esto no se quedaría así, denunciaría la situación. Sabía que la única perjudicada sería Kuchiki, en una sociedad machista siempre era la mujer la culpable… y quizás el sensei tendría una amonestación moderada. Le enseñaría a Kuchiki como seguir las reglas de la decencia.

La garganta había sido cerrada y los hollows controlados. Quedaba un par sencillos de eliminar, pero bastante escurridizos. Nada que el shinigami de la zona y un par de refuerzos de la división no pudiesen controlar. Era momento de regresar. Esperaba el último reporte para dar la orden a Renji y los demás.

El pelirrojo había perdido autorización para dar una vuelta por el sector antes de retirarse, no le vio lo malo, de hecho él mismo haría lo mismo. Eran contadas las veces que se animaba a pasear por el mundo humano que le parecía tan ajeno, pero no podía negar que era divertido… sí, Byakuya Kuchiki también se divertía. Al contrario de Renji que había solicitado un gigai a Urahara, Byakuya prefería la libertad de no ser visto ni oído. Y así era como se había posicionado en una pequeña calle, no tenía nada de especial, excepto por un gran árbol de con varios racimos de flores. Recordaba que Hisana había plantado un par de ellos en el jardín, a su muerte había dado orden de cuidar de ellos, pero pareciera que la extrañaban tanto como él y se habían secado al cabo de un año. Quizás eran un reflejo de su propio corazón, seco y desolado sin ella.

Sin mediar en ello se descubrió pensando en Rukia. ¿Qué diría Hisana si supiera que su afán por protegerla había terminado en que su esposo viudo terminaría desposándola por pedido de la familia? Ella sabía del compromiso que tenía Byakuya con su clan y de lo leal que era a sus decisiones. Pero él era la cabeza del clan, ¿por qué no pudo negarse? Podía haber ejercido ese poder… sin embargo no lo hizo. ¿Tan importante era el honor de la familia como para pasar a llevar sus propios principios?

Durante todo su tiempo en el mundo humano había pensado en la manera de deshacer el vínculo matrimonial. Podría apelar a que no era consumado, a haber sido forzado sin la aprobación del consejo general de clanes, la relación de hermanos… Pero el honor fue mayor. Ahora se encontraba atado de manos, afectando a Rukia en el camino. La distancia de la sociedad de almas durante esos días había logrado darle espacio para pensar las cosas desde otra perspectiva. Podía hacerlo, podía oponerse… ¿Pero a qué costo?

Se volteó para retornar por el camino, desde una esquina entraba al camino una mujer que no superaba los 20 años: pequeña, menuda, morena… le recordó a Rukia. Vestida con un traje gris y una blusa que traía fuera de la falda, la chaqueta bajo el brazo y la cartera en la mano, unos lentes oscuros cubrían sus ojos. Se detuvo junto a Byakuya para admirar las flores, el capitán la observó fijamente mientras ella se quitaba las gafas para observar el árbol.

-Hisana… -murmuró el moreno observándola con incredulidad.

La muchacha se volteó hacia Byakuya como si lo hubiese escuchado. Se sonrió, se colocó nuevamente las gafas y continuó su camino hasta un par de casas más allá. Una mujer mayor regaba el jardín, la chica la saludó e ingresó en la propiedad.

Ichigo comía con sus compañeros de división, le esperaba una larga ronda nocturna. Rukia debía estar hace un par de horas en casa, seguramente ahora cenaba en la soledad de ese enorme comedor, sin más compañía que el fiel Nanami. Frente a él los hermanos Iwata, Takeshi y Shunsuke hablaban de un reto en el entrenamiento de la academia. Shunsuke era algo mayor que Takeshi y era instructor de la academia, además de tener un cargo de oficial menor en el escuadrón. Takeshi no tenía cargo, era simplemente un soldado raso y disfrutaba de ello. "Menos responsabilidades, mejor" era su lema. De los dos, era con Takeshi con quien tenía mayor cercanía.

-Kurosaki, tendrías que unírtenos en alguna misión al Hueco Mundo –dijo Shunsuke animado –Tenemos una programada para la próxima semana, desde el escuadrón 12 vigilan que sea seguro y frente a cualquier cosa nos desalojan de inmediato. Eso es lo bueno de esta división, para eso estamos… para rescatar a los chicuelos de la academia.

Ichigo se alzó de hombros sorbeteando sus fideos. Takeshi lo observó en silencio preguntándose si aquellos rumores que llevaba escuchando hace un par de días eran verdad. Shunsuke fue quien se lo comentó. Un grupo de muchachas de último año hablaban de ello, decían que unas niñas de cuarto año los habían visto en el claro hacia el sur del Seireitei, en el bajo junto al riachuelo. Shunsuke cruzó miradas con su hermano, si aquello era cierto no solo estaba en juego el honor de Kuchiki, sino también la permanencia de Kurosaki en el Gotei 13… incluso su permanencia en la Sociedad de Almas. Podrían incluso quitarle sus poderes y dejarlo como un simple humano, lo que para él sería la muerte en vida.

-Supe que Kuchiki no regresó con su escuadrón hoy –Yoshiko Moronori se sentó junto a Ichigo trayendo su sopa de fideos y un vaso de agua. –¿Rukia-chan no te dijo nada, Kurosaki?

Ichigo miró a Moronori fingiendo que aquello le tenía sin cuidado. ¿No había regresado?

-Abarai dijo que tenía temas que resolver aún… Espero que la misión no se haya complicado –comentó Shunsuke –Aunque si fuera por eso no hubieran retirado a las tropas, ni menos Abarai hubiese dejado solo al Capitán Kuchiki.

-Supongo que Rukia se debe estar informando en este momento –puntualizó Ichigo –La vi por la tarde y no me comentó absolutamente nada.

Yoshiko Moronori era el tercer oficial de la octava división. Por debajo de Nanao era quien resolvía los temas que la mujer consideraba más prácticos y no administrativos como los que ella manejaba. En conclusión, era quien debía estar cuando Shunsui pasaba la juerga. Era parte de una de las familias nobles, parte del consejo de nobles. Había postulado a Capitán de un escuadrón hacía varios años, pero un error de honor le había impedido surgir más allá. Había tenido una importante riña con Byakuya Kuchiki, quien puso sus influencias a correr.

-Es una buena chica –comentó Moronori, los hermanos Iwata lo miraron –Lástima que se haya metido en ese embrollo. Quizás si hubiese apelado al consejo de las familias hubiese podido tener un escape limpio, aunque significara un error de honor.

Ichigo puso atención a aquello, pero seguía fingiendo interés en sus fideos.

-¿Qué hubiese pasado con ella? –preguntó Shunsuke.

-El clan no le daría la espalda, claro, pero no la considerarían para nada de la familia. Herencias, cargos, matrimonios… claro que ese tema ya está zanjado. Simplemente no sé en qué estaba pensando Kuchiki cuando accedió a ello.

Takeshi miró a Ichigo quien no emitía palabra con la vista en su vacío plato de fideos como si en ellos hubiese algo muy importante. Supuso que no quería hablar, pero tampoco retirarse de la mesa.

-No lo tomes a mal, Kurosaki, no la estamos juzgando… -le dijo tratando de poner paños fríos.

Ichigo se puso de pie.

-Tengo turno, nos vemos –tomando su plato pasó al mesón y se retiró a paso firme del comedor.

Caminó hacia su sector en uno de los pasillos algo alejado del cuartel. Podrían apelar si quisiesen, si Byakuya los apoyaba… Incluso sin él. Estaba dispuesto a llegar a las últimas consecuencias, pero sin poner en peligro a Rukia. No sería justo alejarla de todo, había ganado mucho gracias a los Kuchiki, pero el costo había sido alto. No debía ser impulsivo, no llevaría a nada, no ahora. Tal vez si hablara con Moronori.

-Kurosaki…

El pelinaranja se volteó para encontrarse con Moronori y los hermanos Iwata que le daban alcance en su ruta de vigilancia.

-Lo sabemos… –dijo Shunsuke casi en murmullo –Tu relación con Kuchiki. Queremos ayudarte.

-No sé de qué están hablando –respondió Ichigo. –Rukia y yo somos amigos, no sé hasta cuando tengo que explicarlo.

Takeshi lo enfrentó cuando Ichigo intentaba evitar el grupo y retomar la ruta de vigilancia.

-Los vieron, en el claro de los juncos hace un par de días… Unas mocosas de la academia… Se ha esparcido como la peste y no tardará en llegar a oídos de algún oficial del Gotei con malas intenciones. El Capitán Kuchiki tiene enemigos y no tardarán en intentarlo hacerlo caer, aun cuando sea a costa de Kuchiki-san. –comentó Takeshi. –No tienes que ocultarlo más, al menos no con nosotros… De verdad, solo queremos darte una mano.

Ichigo guardó silencio. ¿Cómo había sido tan irresponsable? Impulsivo, claramente. Dentro de la mansión Kuchiki era una cosa, no serían descubiertos. Pero tuvo la imprudencia de exponerse en un lugar, que si bien no era concurrido, tampoco era muy discreto. Y esa enana que siempre era tan prudente tampoco tuvo la sensatez de detenerlo… Bueno, digamos que en esas circunstancias la mente no está presente ni cuerda.

-Aún tienes unos días antes que Kuchiki regrese, si es cierto que tiene algunos asuntos podemos confiar que tendrás al menos un par de días para idear algo con Rukia-chan. –la voz de Moronori se impuso. –Primero que todo, no intentes huir con ella… No es buen antecedente para el consejo. No queremos llamar la atención del Seireitei y llevar los ojos acusadores directamente sobre el clan Kuchiki. –Ichigo lo miró sin expresión, tal vez un poco sorprendido de las intenciones del noble. Los conocía, era mayor que él, sabía de lo que hablaba. –Deberán ser más discretos, podemos detener los rumores –los hermanos Iwata asintieron en silencio –Shunsuke ya ha hecho lo propio con quienes ha escuchado comentar el tema.

-Intentaré mantenerlo solo como rumor de estudiantes, chicas celosas y adolescentes locas… Pero no podré controlarlo demasiado tiempo si dan lugar a dudas respecto a la veracidad de los comentarios –agregó el instructor de la academia.

-Y, sobre todo, esto no puede llegar a oídos de Byakuya –agregó Moronori –No quiero imaginar de lo que sería capaz con tal de mantener su honor y el de Rukia-chan.

Ichigo guardó silencio un momento mirando al noble. ¿Era posible mantener todo bajo control y buscar una solución lógica y discreta en ausencia de Byakuya? Pasó su vista por los hermanos Iwata. Los conocía poco, pero sabía que eran buenas personas y de correctas intenciones. Por otro lado, sabía de la rivalidad entre Moronori y el líder del clan Kuchiki.

-¿Cómo sé que puedo confiar en ti, Moronori? –interrogó el pelinaranja.

-No tienes otra opción, Kurosaki, ¿o sí? –dijo en un tono pedante, Ichigo frunció aún más el ceño –Además no creo que Hisana-sama estuviera muy feliz si supiera todo esto. Y por su honor y en virtud de su recuerdo, debo ayudar a Rukia-chan. Después de todo, fue gracias a ella que Byakuya no terminó por hundirme… Nunca pude devolverle el favor, ¿qué mejor momento que ahora?

Ichigo asintió en silencio.

-Te escucho, Moronori, ¿qué propones?

El hombre y los hermanos sonrieron satisfechos.

No podía conciliar el sueño. Renji había acudido a ella con una carta de Nii-sama explicándole que permanecería un tiempo más en el mundo humano, que no se preocupara, que estaba bien y que sus asuntos no presumían ningún peligro. Su amigo había abandonado la estancia hacía una media hora, no dejándola más tranquila.

"Procura ocupar bien tu tiempo" le había dicho al despedirse.

Quiso decirle todo lo que había pasado en su ausencia, cómo se habían complicado las cosas… ¿Complicado o dilucidado? Debía admitir que desde aquella conversación en el claro tenía las circunstancias y sus pensamientos más ordenados. Al menos había tomado la decisión de luchar contra las imposiciones del clan y buscar una salida limpia a su situación.

Sabía que Ichigo estaba tratando de encontrar la forma de solucionar el tema con los menores daños colaterales junto a los hermanos Shiba, también se había enterado que había sido él en compañía de Ganju quienes habían incendiado la estancia de alojamiento. ¡Era tan idiotamente impulsivo! Se sonrió entre las sábanas.

Un par de golpes en la puerta la hicieron salir de sus pensamientos, se calzó un tapado y acudió al llamado. Nanami se apareció ante ella.

-Kuchiki-sama, disculpe que interrumpa su descanso.

-No hay problema, Nanami, no dormía.

-Puedo traerle algo para ayudarla a dormir…

-No es necesario, son simplemente muchas preocupaciones –confesó.

El joven asintió en silencio.

-Señora –dijo suavemente –Hay un par de oficiales que quieren hablar con usted… están en el salón.

Rukia ingresó nuevamente a la habitación, se calzó su uniforme, era más fácil que un kimono. Se frotó la cara tratando de eliminar cualquier rasgo que evidenciara que estaba durmiendo. Solo esperaba que no fueran malas noticias de Nii-sama. Llegó al salón para encontrarse con Takeshi y Shunsuke Iwata.

-Kuchiki-sama –saludó el menor de los hermanos –Disculpe que irrumpamos en su casa a esta hora.

-No hay problema, Takeshi, y por favor, no es necesaria la formalidad, fuimos compañeros de academia –le sonrió levemente. -¿Sucedió algo? ¿Es Byakuya?... –preguntó aunque era absurdo, un soldado raso de la división 8 no iría a comunicarle nada de un capitán de otra división, podría ser entonces… -¿Ichigo? ¿Le ocurrió algo?

-Kurosaki está bien, de hecho acabamos de verlo –comentó el mayor de los hermanos. –Kuchiki-san, si estamos aquí es por algo… personal.

Rukia les indicó que tomaran asiento. Ambos hermanos quedaron frente a ella en la mesa.

-Como sabe estoy a cargo de algunos asuntos de la academia –continuó el mayor de los Iwata –Ha comenzado a correr un rumor que no la beneficia en lo absoluto, se relaciona con Kurosaki y cierto evento ocurrido hace un par de días en el claro de los juncos… -la muchacha frunció el ceño –He mantenido los rumores a raya de momento, pero no sé cuánto tiempo pueda hacerlo. Lo último que queremos con mi hermano es que su honor se vea mermado por una situación así.

-No sé a qué se refiere, Iwata-san –comentó con cierta molestia que trató de disimular de mala manera.

-Me temo que su falta de discreción fue presenciada por un grupo de estudiantes de la academia que no han hecho sino hacerlo correr por todo el plantel femenino. Últimamente no se habla sino de eso.

-Habladurías, no tendría porqué prestar oído a ellas. –se puso de pie.

-Por favor, siéntese, créame que hemos venido en paz y sin malas intenciones.

Rukia volvió a sentarse y con ello estaba admitiendo su indiscreción. Podría haber mantenido la cabeza fría en ese momento. Sabía de sobra que ese lugar, sin bien no concurrido masivamente, era un espacio de esparcimiento de algunas personas. ¡Había sido una estúpida, impulsiva e irresponsable! No era una maldita chiquilla, era la esposa del líder del clan Kuchiki. Pero… pero no podría haber actuado de manera diferente tampoco en ese momento. Su mente había dejado paso a sus sentimientos, sin lugar a la sensatez… Evento que se venía repitiendo desde entonces.

¿Qué quieren conseguir con esto? ¿Un ascenso? –soltó de repente, con un tono de súplica -Me temo que es completamente imposible que pueda interceder…

Takeshi negó con la cabeza.

-Kuchiki-san, solo queremos ayudarte, a ti y a Kurosaki… Sabemos que el Capitán Kuchiki estará fuera unos días más y eso nos permitirá movernos con discreción. –le entregó un oficio, Rukia lo leyó rápidamente –Nos trasladaremos a su estancia, de esta manera nadie podrá sospechar de su relación con Kurosaki si la mansión ha sido designada para otros shinigamis sin alojamiento en el Gotei. También impedirá que el Capitán sospeche una vez que regrese.

-¿Por qué hacen esto? –preguntó la morena -¿Por qué se toman las molestias de preocuparse por mí? No he sido cercana a ninguno de ustedes como para que quieran ponerse en riesgo. Saben lo que implicaría que fueran descubiertos…

-Quizás es porque somos unos románticos empedernidos –bromeó Shunsuke robándole una sincera sonrisa a la morena.

-Gracias –dijo ella sinceramente.

La observaba mientras atendía a un cliente de aquel centro comercial. Su cubículo decía "informaciones". El parecido era innegable, por no decir que eran exactamente iguales. Nunca se había preguntado qué ocurría cuando las almas morían en la sociedad de almas. Quizás el mito de la reencarnación no era solamente eso, sino una realidad que nunca nadie había podido comprobar.

Había conseguido un gigai con Urahara, quien agradeció no hiciera preguntas. Seguía mirándola a la distancia, la chica había notado su presencia y de tanto en tanto cruzaba miradas con él. No parecía inquietarse con su insistente contemplación, de hecho parecía alagada. Pasó cerca de una hora hasta que una chica rubia, vestida exactamente igual llegó a relevarla.

-No me ha quitado la vista de encima –comentó la morena a su compañera, quien se volteó a ver al hombre junto a la salida del centro comercial. -¿No será un psicópata?

-No hay manera de averiguarlo si no te le acercas –sugirió la rubia –Anda, Aimi. ¿Cuánto hace que no tienes una cita?

-Ya bastante, desde mi fallida relación con mi ex novio…

-Allá vamos otra vez –suspiró la muchacha. –Me sé el cuento de memoria. Que no era para ti, que si bien lo querías no movía nada en tu interior, que era como si aguardaras por otra persona… ¿Cómo sabes si aquel hombre no es quien esperas? Además es guapo.

Aimi le sonrió y tomó sus pertenencias, se dirigió directo a su acosador.

-Hola –le dijo con desparpajo –Me temo que si sigues mirándome así tendré que llamar a seguridad.

Byakuya la examinó sin responderle. Ella de pronto perdió su sonrisa y su ceño se frunció.

-Sé que no te he visto antes por acá… pero te me haces tremendamente familiar… -murmuró.

-Soy Byakuya Kuchiki, y no soy un acosador.

Por primera vez en mucho tiempo el moreno sonrió de verdad, una sincera sonrisa. Pero aquello no podía saberlo la joven Aimi.

-Aimi Sakurai –se presentó –Y muero por un café… tal vez quieras acompañarme y explicarme porqué te has pasado más de una hora observándome trabajar.

-Soy nuevo en la ciudad, quizás puedas guiarme. –obvió su comentario.

La chica asintió caminando hacia la salida seguida por el moreno.

La habitación estaba completamente a oscuras, aún no era el alba cuando se aventuró dentro de la estancia. El crujir de la puerta antecedió sus pisadas dentro del cuarto para cuando sin mayor anticipación sintió el blandir de una espada frenando sus pasos. Pudo observar el brillo de la hoja reflejar la escasa luz que se colaba por la ventana.

-Vengo en son de paz, enana –le dijo reconociendo las facciones de la chica en la penumbra.

-Me asustaste, idiota. –bajó la guardia dejando la zampakuto en su sitio junto a la cama. -¿Ha terminado ya tu turno?

-No soy de los que abandona sus funciones –respondió el muchacho. –¿Takeshi y Shunsuke han hablado contigo?

Rukia asintió, movimiento que Ichigo no pudo ver en la oscuridad.

-Nanami dispuso habitaciones para ellos…

-Bien.

El silencio se interpuso entre ambos. Aún no sabían cómo reaccionar frente al otro. Eran amigos, su charla actual era de amigos, pero habían traspasado el límite y tanto ella como él deseaban traspasarlo cada vez. Aquella no era la excepción. Pero cómo dar el siguiente paso.

-¿Qué tal ha sido la ronda? –preguntó ella sin otra intención que retenerlo.

-Nada especial, excepto la intromisión de los Iwata y Moronori…

-¿Moronori? ¿El sobrino de Omaeda?

Ichigo asintió y miró a la cama.

-¿Puedo?

-Claro, siéntate –dijo la muchacha sintiéndose mal por su falta de tino, seguramente estaba cansado. Tomó asiento a su lado. -¿Cómo es que Moronori se involucró en esto? No es de los que sean precisamente amistosos con los Kuchiki, en especial con Nii-sama.

Ichigo la observó mientras la luz que se colaba por la ventana desde el exterior perfilaba la silueta de Rukia. Se preguntaba cómo no había podido verla de esa forma antes. Se sonrió tontamente ante ese pensamiento.

-Supongo que hemos sido lo suficientemente indiscretos como para que incluso un subteniente esté al tanto de… -nuestra relación- Bueno, de esto… Y supongo también que tienes el apoyo de más personas de las que crees dentro del Gotei.

-Supongo…

¿Debería dar el paso? Normalmente lo hacía, pero cada vez se le hacía un nudo en el estómago y se ponía increíblemente nervioso. ¿Así debía sentirse? Su inexperiencia le jugaba muy malas pasadas. Aquel estúpido silencio nuevamente se apoderaba de la habitación. Decidió que era momento de marcharse.

-Me iré a la cama –dijo poniéndose de pie.

-Ichigo…

-¿Si?

Rukia tragó saliva nerviosa.

-Puedes quedarte aquí si quieres…

Era la invitación que estaba esperando, el pase para echar a volar el nerviosismo y ese estúpido nudo en el estómago. Aunque creía que dormir era lo menos que haría antes que la morena tuviera que partir al cuartel.