¡Muy buenas tardes! Sí, sé que no tengo descaro por haberme desaparecido tanto tiempo, pero en ocasiones pasan muchas cosas y el tiempo e inspiración escasean _ Pero más vale tarde que nunca, ¿no? Así que sin más, lean, disfruten, llénense de dudas y nos leemos después :D Matta ne!
Capítulo 9
Desconcierto
Para alguien tan curiosa como ella, el llegar no sólo a una nueva ciudad, sino a una región totalmente desconocida, resultaba ser una de las experiencias más gratificantes y emocionantes de todas. Inclusive si los motivos que les llevaron hasta allí no tuvieran cavidad para aquella bella actividad conocida como turismo.
El sol brillaba férreo sobre sus cabezas mientras la brisa marina soplaba con delicadeza, haciendo del fuerte bochorno una situación más llevadera y soportable.
—¿No habías mencionado que nos dirigiríamos a las Islas Sete, Steven? —preguntó Shade para cuando sus pasos se habían detenido frente a una tienda pokémon de la ciudad. Había que reestablecer provisiones.
—Y eso es lo que haremos cuando nuestro ferry salga —mencionó, sin despegar su atención de la planilla de precios que figuraba frente a él—. Los viajes a las Islas Sete no son tan periódicos como crees. Así que estaremos en Ciudad Carmín unos días antes de partir.
—¿Eso significa que puedo…ver los alrededores? —para ella sus palabras eran música pura. El entusiasmo salía por sus poros.
—Siempre y cuando no salgas de la ciudad —reiteró.
—Por supuesto —prometió solemnemente—. ¿Y ya decidiste qué comprar?
—En realidad sí —ella miró esa bolsa plástica que el dependiente le entregaba al ex campeón—. Necesitamos estar preparados si vamos a estar indagando en las Islas Sete.
—Hombre precavido hasta la muerte, ¿no? —se le hacía muy divertido que fuera tan maniático cuando se trataba de salir y explorar el mundo.
—Ahora iremos al Centro Pokémon para un chequeo de rutina y veremos en dónde quedarnos —claramente él ya poseía un itinerario para ese día. Lo que significaba que no haría nada divertido por hoy.
—¿Ustedes no son de esta ciudad, verdad? —aquel par estaban a punto de marcharse cuando el empleado dirigió una evidente pregunta hacia ellos.
—Justamente —habló Stone.
—Entonces deberían de andarse con cuidado —advirtió un tanto nervioso.
—¿De qué? —curioseaba Shade.
—Esta ciudad siempre contaba con un gran número de turistas cada año. Especialmente por el puerto. Sin embargo, de un par de meses a la fecha, las visitas empezaron a escasear…—relató seriamente—. No habíamos tenido caras nuevas hasta hoy…
—¿Y se puede saber qué es lo que ha pasado? La gente simplemente no pudo dejar de venir —su instinto le dictaba que el motivo que estaba ahuyentando a los turistas estaba relacionado con el hecho de haber sido mandado a estudiar las Islas Sete.
—N-No creo que sea…muy prudente hablar al respecto —tartamudeó. Inclusive su mirada terminó contra el suelo.
—Pero si tú mismo sacaste el tema a flote —regañaba sutilmente la peli azul.
—Entiendo —Steven no quiso presionar más. Ya haría las averiguaciones por sí mismo—. Andando Shade, nos quedan cosas por hacer.
El Centro Pokémon sería un desierto mismo si no se tomara en cuenta a la enfermera y sus asistentes. ¿Y es que habían caído en una ciudad fantasma o es que no existía razón de ser para un centro de salud como ese?
—Parece ser que no hay mucho trabajo por aquí —fue el comentario casual de Steven en cuanto sus compañeros fueron llevados por esa alegre Chansey—. Lo cual es una buena noticia.
—Nuestro número de pacientes ha descendido poco a poco —alegó la mujer—. Y no podemos sino sentirnos satisfechos y felices por eso.
—Aunque tal vez esté exagerando, pero recuerdo que antes esta ciudad tenía más turistas —mencionó—. ¿O acaso ha ocurrido algo que perturbe la paz de esta tranquila ciudad?
—…Se debe principalmente a la actividad que se ha estado suscitando a lo largo de las Islas Sete…—quizás si le contaba la verdad a un entrenador del calibre de Steven Stone la situación en su ciudad podría ser remediada.
—¿Qué clase de actividad? —intervino Shade.
—…Se han divisado en los últimos tres meses embarcaciones ajenas a Ciudad Carmín que viajan constantemente hacia la Isla Sétima…Los viajes tienen intervalos de cuatro días a una semana. Y aunque los barcos no parecen llevar cargamento, la gente de esa isla ha hecho llamadas de auxilio desde que esas embarcaciones arribaron…Sin embargo…
—Nadie aquí ha hecho nada al respecto y los rumores ya se expandieron fuera de la ciudad —concluyó el oji plateado. La pobre mujer se sentía llena de indignación y enfado.
—Pedimos ayuda a la policía, no obstante, todo su esfuerzo fue en vano… Les superaron en número y fuerza. Y lamentablemente muchos de ellos no regresaron con bien a casa —lamentó—. Hace un par de semanas nuestro líder de gimnasio partió en dirección a la Isla Sétima, pero desde ese entonces no hemos tenido señales suyas… Tememos por lo peor…
—…No me imaginaba que la situación fuera tan delicada…—murmuraba el ex campeón—. Es algo que no puede ser pasado por alto.
—Te reconocí de inmediato, así que no dudé nada en contarte lo que sucedía… Tenía la esperanza de que pudieras ayudarnos… Porque la verdad todos estamos desesperados —si la mujer no rompía en llanto era porque su furia podía más que el miedo mismo.
—Haremos todo lo que esté a nuestro alcance.
—¡¿…?! ¿Lo haremos? —exclamó la joven. No esperaba que fuera tan resolutivo. Y también estaba esa parte de que no estaba tan segura sí podrían apañárselas contra una panda de gamberros sin corazón.
—¡No sabes cuánto te lo agradezco! —esa jovencita podría ser tan impulsiva hasta el punto de tomar las manos del peli azul entre las suyas.
—Ahora el problema es que el próximo ferry hacia las Islas Sete será en una semana —era una cruda verdad.
—¡De eso deja que me encargue! —profesó la jovencita—. Estarán de camino a las Islas Sete para mañana temprano.
—Te lo agradezco enormemente… Aunque, ¿te molestaría soltarme? —preguntó con un ligero nerviosismo en su impecable sonrisa.
¿Quién podría encontrar fascinación en permanecer en un sitio tan húmedo y poco acogedor como resultaba ser esa profunda fosa?¿Qué es lo que le tenía tan entretenido que le hacía ignorar por completo todo el ruido y palabras de quienes se aproximaban a dirigirse a su persona? Y sobre todas las cosas, ¿qué era lo que sujetaba entre sus manos, alzándolo hacia el anaranjado cielo para observarlo mucho mejor?
—….¿Pero qué es lo que tenemos aquí? —esa amplia sonrisa no podía ser apreciada a simple vista. No cuando aquellos vendajes cubrían por completo la mitad de su rostro—. Parece ser que tuviste un final de lo más trágico —sus largos y huesudos dedos acariciaban con un afecto inquietante los bordes irregulares de aquel hoyo que había de llevar a la muerte a tal espécimen.
—S-Señor…—se oyó desde su espalda. Allí estaba de pie un hombre con vestimentas estropeadas y totalmente cubierto de suciedad.
—¿Por qué razón has venido a molestarme?¿No te das cuenta de que estoy sumamente ocupado? —sus bermellones pupilas no abandonaban el objeto que le despertaba tanta admiración—. Les dije claramente que solamente me hablaran cuando encontraran eso.
—E-Es que lo…hemos hallado…—no era una persona cobarde, pero existía algo en el aura que desprendía ese joven que le inquietaba. Y el que estuviera sentado sobre una tumba de piedras y huesos no suavizaba la situación.
—Entonces tendré que venir a ensamblarte más adelante. Así que pórtate bien mientras estoy de vuelta —sacudió su saco negro y desapareció las pequeñas arrugas que se habían asentado en su alba camisa de vestir—. Espero que hayan sido cuidadosos, que son objetos muy frágiles, tanto como este hermoso cráneo.
—Claro que sí, señor Reidar —explicó muy formalmente. El peli verde se limitó a dejar su maravilloso descubrimiento sobre el suelo y subió con notoria facilidad hasta donde el hombre se postraba.
—Primero nos aseguraremos si es real. De serlo, se lo comunicaremos de inmediato al jefe. Ya que hasta el momento ha tenido decepcionantes reportes.
—Entendido —no hubo necesidad de avanzar siquiera más de veinte metros. Lo que quería investigar estaba a nada de poder ser acariciado por sus frías manos, colocado sobre la única mesa que se vislumbraba entre las numerosas excavaciones que se estaban realizando allí.
—…Tan delicado y simultáneamente, tan poderoso…
Sobre su palma derecha descansaba aquel pequeño mineral cuyo encantador y verdusco color era capaz de hipnotizar a cualquiera que le dedicara unos segundos de su tiempo. Pero no era sólo su naturaleza lo que cautivaba, sino también su particular apariencia. ¿Quién había hecho de esa sublime esmeralda una estrella en espiral?
—¿La hemos encontrado no es así? —curioseaba el hombre que le dirigió hasta aquella mesa.
—Luce como la que tenemos. Pero no debemos confiarnos… Podría tratarse de otra imitación —sacó de su bolsillo un pañuelo y limpió con premura aquella esmeralda—. Sabremos si es real o no cuando la pongamos en contacto con su cerradura.
Viajar en barco se estaba convirtiendo en una especie de costumbre desde que comenzó con aquella extraña investigación que estaba haciéndole recorrer medio mundo en el proceso. Y pese a ello, no terminaba de acostumbrarse, y mucho menos cuando se tenía a una compañera de viaje tan energética como lo era aquella muchacha.
¿Cómo se había hecho amiga de aquel grupo de pescadores en Ciudad Carmín? Era un misterio. Pero ahora la peli azul estaba de lo más concentrada en la cubierta mientras sujetaba una caña de pescar y aguardaba a que algún curioso pokémon picara.
—Esos hombres realmente aman la pesca. No dejaron de hablar de ello por horas —comentaba la chica. Pareciera como si su emoción fuera lentamente apagándose ante la desdicha de no pescar nada desde que inició con su naciente pasatiempo.
—Y tal parece que creyeron que a ti también te gustaba…—Steven se encontraba a un costado derecha de Shade. Era mejor vigilarla de cerca antes de que se metiera en problemas.
—Hasta que te quitaste el saco —le miró de soslayo y observó que hasta su camisa de vestir había sido remangada—. No sé por qué vas a todos lados vestido de esa manera.
—Costumbre —dijo—. Pero olvidaba que en este sitio hace demasiado calor —haló el cuello de su camisa hacia adelante, intentando refrescarse.
—Si tienes calor, se puede solucionar.
—¿Cómo….? —no tuvo que terminar si quiera la pregunta. Ahora sabía a qué se refirió—…Mudkip…—aquel pequeño bribón le había bañado con su pistola de agua.
—No me mires así, fue una brillante idea —se defendía ella, quitando su atención del joven. Sabía que se había mosqueado.
—…Ya ni caso tiene discutir al respecto…—habían partido a primera hora de la mañana por lo que el sol del mediodía se encargaría de secarlo para cuando llegaran a Sétima.
—Oye Steven… ¿Por qué razón te gustan tanto esas aburridas piedras? —no tenía caso adornarles de otros adjetivos cuando para ella eran simplemente eso.
—En primer lugar, no son aburridas. Segundo, es un pasatiempo familiar.
—¿Tu padre es igual de friki? —descaro, era algo que ella no conocía.
—…Mi madre…—mencionó con normalidad—. Ella fue la que me despertó desde niño el amor por la arqueología y la geología.
—Mmm… Ya veo —expresó con una tenue sonrisa—. Me pregunto cómo estará mi madre y mi padre…¿Estarán buscándome?¿Y qué tal si tengo hermanos? —los cuestionamientos sobre su familia, sus orígenes y quién era en realidad, jamás se alejaron de su cabeza. Era sólo que emergían de vez en cuando y le estropeaban el presente.
—Como todos los padres, deben estar preocupados por ti… Estoy seguro de que deben estarte buscando —sí, de vez en cuando se le olvidaba que esa chica lo había perdido todo en cuanto su memoria se borró.
—Bueno, yo también estoy buscándolos aunque no los recuerde —estableció, riendo un poco ante sus propias palabras—. ¿Qué crees que encontremos en la Isla Sétima?
—Ni yo mismo lo sé… Hasta ahora tenemos a ese extraño grupo que se hace pasar por el Equipo Rocket, los Unown, las ruinas destruidas y la rara visión que contemplamos en aquella ocasión.
—Y nada parece tener demasiada conexión el uno con el otro…
—Los Unown son pokémon que poseen forma de escritura antigua y se desconoce totalmente cómo fue que se originaron. Y pese a su simpleza muchos pokémon les guardan un enorme respeto… Al ser criaturas capaces de crear y descomponer la realidad a su gusto, resultan ser de enorme interés para cualquiera que quiera lograr siniestros objetivos.
—Suponiendo que los capturaran por poder hacer cosas como esas y que esa sea la razón por la cual han destruido las ruinas en el proceso, todavía queda aclarar el motivo de esos paquetes… Si todo fuera tan simple como robar pokémon, no creo necesarias tantas molestias.
—En eso tienes mucha razón —suspiró con cansancio. La verdad es que se estaba comiendo la cabeza tratando de unir las piezas para que todo conectara—. Por cierto, tu caña se está moviendo.
—¡Ahh!
Las palabras de Steven no era mentira. Lo que Shade no estaba esperándose era que lo que fuera que hubiera picado no quería salir y estaba usando todas sus fuerzas para resistirse; pero estaba claro que ella no iba a ceder tan fácilmente.
Costaba creer que hasta el ex campeón tuvo que poner su granito de arena en la pesca. Aunque lo que les dejó totalmente perplejos fue el espécimen que dio tanta lucha y que no era tan grande como creyeron.
—…Es un Horsea…—comentó un Steven aún más empapado. En el intento de liberar al animal del mar, terminaron empapados con agua salada.
—Creo que…jalamos muy duro…—el pobre caballito de mar había salido disparado y se estrelló precipitadamente contra el suelo. Estaba más que claro que quedaría inconsciente.
—¿No vas a capturarlo? —le interrogó.
—Siento que no sería justo. Está inconsciente por mi culpa…—meditó.
—Podría decirse que tuvieron un duelo justo —estipuló. Ella le miró y después al tendido Horsea; la respuesta era sencilla y sólo quedaba algo por hacer.
—Espero que no nos odie cuando vuelva en sí —pedía Shade al tiempo que veía a su nueva captura dentro de su pokeball.
Pero su preciada adquisición caería bruscamente contra el suelo justo con ella, Steve y el resto de pasajeros que disfrutaban del agradable clima veraniego.
El ferry no se había estrellado contra ninguna formación rocosa, por lo que no se suponía que hubieran sentido tremenda embestida tan de repente. Entonces, ¿qué es lo que estaba originando que el barco mismo se balanceara de un lado a otro exponiendo la vida de todos a una inminente muerte?
—¡¿Gyarados?! —exclamó Steven para cuando logró asomarse a ver lo que ocurría en mar abierto—. ¿Pero por qué razón están tan furiosos?
—¡Abajo! —gritó Shade antes de jalar al peli azul al suelo. Unos segundos más de demora y aquel entrenador habría conocido lo que ese poderoso hiper-rayo era capaz de hacer en un cuerpo humano.
—Estamos totalmente rodeados —vociferó—. Y enfrentarlos a todos será una completa locura —todos los pasajeros se encontraban contra el suelo, aferrándose a lo que podían para no estamparse contra los objetos que les rodeaban.
—Pero igual si no hacemos nada, nos asesinarán aquí —le hizo saber Shade—. Y claramente tenemos la desventaja de número y que se encuentran en su ambiente natural.
—Será mejor que no intenten ninguna locura —todos allí dirigieron su atención a quien les invitaba a hacer lo que él justamente estaba haciendo—. Necesitan ser calmados —afirmó—. Este es un trabajo para ti, Milotic.
Aquella hermosa serpiente marina emergió de su pokeball únicamente para cautivar a todos con su delicado pero hermoso canto. Y aún con las intimidantes miradas de esos embravecidos pokémon no calló, sino que hizo mucho más intensa y hermosa la melodía que escapaba de su boca.
Y lo que se consideraría como imposible, sucedió.
—¿Se…han ido ya? —Shade miró completamente anonadada la calma que gozaba el mar ahora mismo. Costaba creer que habían sido atacados por un banco de Gyarados.
—¿Nadie se encuentra herido? —preguntó globalmente quien había hecho su aparición en el momento justo.
—Muchas gracias por tus servicios. Nos has salvado a todos —gratificaba Steven al extraño.
—No ha sido nada. Si nadie hacía nada, en este momento seríamos alimento de esos pokémon —era tan alto como Steven pero el dorado de sus alborotados mechones los convertían en dos mundos aparte—. Mi nombre es Jill, mucho gusto en conocerlo, ex campeón de Hoenn —¿cómo alguien podía ser tan pálido con ese sol abrumador?¿Quién iba por allí de crucero en islas tropicales portando una sudadera azul cielo, pantalones negros y botas marrón?
—No necesitas ser tan formal —las arracadas que llevaba en sus orejas pasaban a segundo plano cuando se apreciaba la tonalidad de sus ojos. Uno era del hermoso azul cielo y el otro violáceo.
—La gente siempre me mira extraño por el color de mis ojos —su comentario fue acertado, ya que Stone se sintió de inmediato descortés por lo que estaba haciendo inconscientemente.
—Lamento eso —se disculpó, llevando sus manos hasta sus bolsillos—. La heterocromía no es muy común. Pero ahora que lo pienso…—desvió su atención hacia Shade; esa chica de memoria extinta y con esa misma característica física.
—Tal vez somos más comunes de lo que crees.
—Es tan hermosa —la peli azul de momento le interesaba ver más de cerca a tan bella criatura—. Ha sido increíble lo que ha hecho usando su canto.
—El canto de Milotic es capaz de calmar los problemas emocionales, hasta el miedo mismo —ilustró el rubio—. Y esos Gyarados más que molestos, lucían aterrados… Tal vez estaban advirtiéndonos sobre algo.
—¿Cómo puedes estar seguro de ello?
—Puedes llamarlo corazonada —respondió para Shade—. No obstante, los pokémon son las únicas criaturas que poseen un gran vínculo con lo que sucede con nuestro mundo, con la naturaleza misma. Por eso son capaces de predecir toda clase de desastres naturales. Y a partir de eso podemos ofrecer nuestras propias hipótesis.
—Estimados pasajeros, les ofrecemos unas enormes disculpas por el altercado que se desarrolló durante su travesía. Y al mismo tiempo, se tomarán medidas para reparar los daños sufridos. Por lo que arribaremos a Isla Prima y tras las reparaciones proseguiremos con el viaje —las palabras exprés del capitán provocaron un mundo de reacciones diversas en los pasajeros. Pero no podían hacer nada al respecto; corregir los daños del barco estaba antes que otra cosa.
—A este paso demoraremos mucho tiempo en llegar a Isla Sétima…—estipulaba Shade.
—No tenemos más elección —expresó Stone—. Esta clase de situaciones son impredecibles.
—Si quieren ir a la Isla Sétima yo mismo puedo llevarlos —ambos miraron en automático al quien amablemente les extendía una tentadora invitación.
—¿De verdad? —ella no se creía su buena suerte—. ¿No es mucha molestia? Digo, acabas de salvarnos el pellejo y ahora esto.
—No hay problema alguno —sonrió tenuemente—. Está dentro de mis planes dirigirme hacia allá. Por eso tomé este ferry aprovechando que estaba en Ciudad Carmín.
—Entonces…¿cómo nos llevarás? —lanzó la joven.
—Yo vivo de momento en la Isla Prima por cuestiones laborales. Allí tengo una pequeña embarcación para moverme entre todo el archipiélago —aclaró para disipar todas las dudas de la joven—. Estaba de viaje por Johto y por eso no tuve más remedio que tomar el Surcamar Veloce.
—Estaremos en deuda contigo, Jill.
—No creo que sea para tanto, Steven —agregó—. Así que en cuento lleguemos a mi casa, nos iremos de inmediato.
Isla Prima, resultaba ser una isla formada por varios islotes, al igual que muchas otras dentro de tan vasto archipiélago. En el islote principal, el más escarpado y rocoso de toda la formación, se podía encontrar el único pueblo allí existente; el resto se encontraba constituido por el Camino Candente, un balneario y el legendario Monte Ascuas.
El lugar resultaba ridículamente pequeño en comparación con todas las ciudades que había conocido hasta ese punto. Inclusive el número de habitantes podría ser especificado en una tarde de ocio. Aunque eso no lo privaba de poseer un Centro Pokémon y un mini súper.
—Síganme —pedía el rubio y ellos acataron la orden sin más.
—Su mochila me recuerda a la tuya, Steven —le murmuró al amante de las piedras.
—No seas irrespetuosa —le regañó.
—Incluso lleva una pala —el equipaje de Jill se resumía a una enorme mochila, una tienda de campaña y un par de instrumentos de excavación—. Tal vez tenga tus mismos gustos raros.
—Shade —le llamó la atención de nuevo.
—Soy geólogo —habló para esa curiosa chica que no le había quitado la mirada de encima a lo que cargaba.
—¿Y eso qué es? —cuestionó al único que le daría la respuesta allí.
—La Geología se encarga de explorar yacimientos minerales, de hidrocarburos y la evaluación de recursos hídricos subterráneos. Pero también se encarga de prevenir y entender los desastres naturales. Y muchas cosas más —respondió el rubio.
—Suena…bastante complicado…Es un viciado igual que tú —le objetó.
—¡Shade! —¿cuántas veces tendría que llamarle la atención? Es que era demasiado sincera.
—Qué combinación tan fuera de lugar —el rubio rió por lo bajo.
El hogar de Jill era mucho más ordenado que el de cierto ex campeón de Hoenn y tampoco encontraba ese mundo de rocas adornándolo todo. Y contemplar que todo era normal, la alivió mucho.
—Tomen asiento —Shade y Steven se sentaron en la pequeña sala.
—Perdonen el desorden, es que salí de aquí a toda prisa cuando me enteré del terremoto que asoló a Ciudad Malva —ese nombre les trajo recuerdos a ambos de inmediato. Los dos estuvieron involucrados y no creían que ese chico lo mencionara.
—Nosotros estuvimos allí cuando sucedió todo —comunicó Shade—. Fue realmente catastrófico.
—En toda la historia de la ciudad no se había suscitado algo como eso. O mejor dicho, en toda la región no se había registrado un terremoto de semejante magnitud —tras haber sacado un par de refrescos del refrigerador tomó asiento junto a ellos y les entregó las refrescantes bebidas.
—Y por esa razón fuiste a investigarlo —Steven sorbió un poco de su refresco antes de proseguir.
—Los terremotos se originan por la liberación de energía en la corteza terrestre acumulada a consecuencia de actividad volcánica o tectónica… Sin embargo, nada de eso se encuentra presente en la región misma. Y aun si consideramos otros fenómenos como posibles catalizadores, algo sencillamente no cuadra.
—Yo también examiné cuidadosamente la ciudad tras el terremoto. Y claramente no se le puede atribuir a ninguna de esas causas el origen de tal sismo.
—…Y justamente tenía que conocer a otro fanático como él…—suspiró con resignación. Allí iba a aburrirse como una papa enterrada.
—Pero eso no es lo más desconcertante —habló el rubio, captando la atención de Stone—. He sido informado de un par de ciudades más a lo largo de Johto que han experimentado terremotos repentinos mucho antes que Ciudad Malva… Es por eso que estoy estudiando cada caso aislado para conectar los puntos.
—Oye Jill, ¿qué es eso? —Shade ya se había puesto de pie y ofertado unos cuantos pasos hacia el modesto librero del joven. Hasta arriba se veía una caja con un llamativo objeto dentro.
—Ah, eso fue algo que encontré hace unos meses atrás cuando visité Ciudad Cerezo tras el terremoto que vivieron —notificó.
—¿Puedo verlo? —el blondo asintió—. Es bastante hermosa y brillante —la forma de estrella en espiral era su segundo encanto; el primero era el tono violáceo que coloreaba a esa particular piedra.
—Es fluorita —no sorprendía que fuera Stone quien le pusiera nombre a esa piedrita brillante—. Pero resulta bastante curiosa su forma —Shade ya le había entregado aquel mineral.
—Ya poseía esa apariencia cuando lo desenterré —y las palabras de Jill únicamente desconcertaron un poco más al oji plateado—. Aunque se supone que es un mineral que no es propio de tales tierras. Por lo que me resultó de lo más extraño encontrarle y decidí guardarle.
—Esta clase de minerales pueden ser cortados con cuchillos de acero. Pero para dejar un acabado tan magnífico como este, debieron ser muy hábiles o emplear otro instrumento —elogiaba el amante de la geología.
—¿Sucede algo, Shade? —interrogaba el rubio a la parlanchina chica que de repente se había quedado totalmente callada.
—…Es que…tengo la sensación de haber visto una piedra parecida en algún otro lugar…
