Sí, yo lo sé chicos, es un milagro que actualice tan rápidamente XD Pero la inspiración llegó a mí y no pude desaprovechar el momento *-* Y yo sé que ustedes estarán igual de felices al respecto. Aunque eso sí, me he encargado de traerles más misterios. Ojalá el siguiente capítulo no demore tanto; pero si llegara a ser el caso, les pido paciencia lol ¡Disfruten y amen más al adorable de Steven!

Capítulo 10

Vínculo

No sabía con exactitud por cuántos años aquel majestuoso e imponente roble había sido su compañero fiel de juegos más que un mero adorno de su jardín trasero. Pero de lo que estaba totalmente segura es que algo no estaba yendo bien con él; lo supo en el instante cuando contempló el suelo cubierto totalmente de hojarasca.

—¿Qué es lo que miras con tanta curiosidad? —cuestionó una voz masculina a un par de pasos de donde permanecía la absorta infante.

—Papá, ¿se pondrá bien? —dijo para el adulto una vez que recogió un par de hojas—. Esto no había pasado antes, ¿verdad?

—¿Recuerdas cuando pescaste un resfriado y estuviste en cama por una semana? —ella asintió, clavando esos curiosos y preocupados ojos en ella—. Los árboles también se enferman.

—Entonces tenemos que darle medicina y arroparlo —estipuló con notoria decisión—. Así en unos días se sentirá mejor y ya no se le caerán sus hojas.

—No podemos hacer lo mismo que tu madre y yo hicimos por ti en este árbol —y esa simple declaración provocó que la niña agachara la cabeza.

—¿Y qué podemos hacer entonces?

—Debemos dejar que el ciclo normal de las cosas haga lo suyo.

—¿Eso significa que va a…morir? —murmuró con melancolía—. ¡Yo no quiero que muera!

—Hija, yo lo sé —se agachó frente a ella, tomándole amablemente de los hombros.

—¿Puedes usar…eso de nuevo, no? Solamente será por esta ocasión… Prometo que no me volveré a caer padre —rogó vehemente. Él se limitó a suspirar y entender el ingenuo deseo que su pequeña le pedía a gritos.

—Por esta única ocasión —le hizo saber.

—No volveré a pedir nada más, lo prometo —allí estaba esa bonita sonrisa, ensanchándose aún más.

De entre sus ropajes extrajo un pequeño cuerpo celeste, hermoso y quebradizo, y al mismo tiempo, lo suficientemente pequeño para hacer de la palma de su mano el estuche perfecto para custodiarlo.

—…El ciclo de la vida es sumamente frágil, hija —versó tras levantarse y quedar frente al marchito árbol—. Cuando una estrella se extingue por completo y deja de brillar en el oscuro cielo, una más nace y ocupa su lugar…

No eran sus palabras las que cautivaron el corazón de quien lo observaba todo con sumo detenimiento. No, lo que a aquella criatura le embelesaba era lo que estaba sucediendo frente a sus propios ojos y que consideraba como magia misma.

Aquel objeto no solamente poseía la forma de una estrella, sino que comenzaba a relumbrar como una; tan viva y cálidamente que parecía estar contagiando a cada fibra de ese moribundo ser. Y entonces lo increíble sucedió.

Las hojas una vez marchitas rápidamente empezaban a teñirse de un candoroso verdor mientras la desprendida corteza comenzó a formarse una vez más, protegiendo la fragilidad inminente de aquel árbol. Sí, lo que sus ojos estaban contemplando era el reinicio mismo de la vida.

—¡E-Es grandioso! —exclamó tan emocionada como sus fuerzas y cuerpo se lo permitían—. Lo has curado —observó a su progenitor, expectante—. ¿Cómo es que conseguiste una estrella tan bonita como ésa, papá?

—Fui elegido entre muchas personas para portarla y protegerla —respondió tras acariciar con suavidad la cabeza de su pequeña—. Quizás cuando tú seas grande puedas participar.

—¡Yo quiero explorar el mundo, papá! Eso es lo que quiero —de imaginárselo la ansiedad se la comía por dentro.

—Y estoy seguro de que lo lograrás —¿cómo podía desairar los sueños de su propia sangre?—. Pero debes esforzarte, volverte fuerte y ser valiente —le advirtió con suavidad—. El mundo que nos rodea puede ser cruel y aterrador… Así que por favor, nunca lo olvides.

Todavía era incapaz de recordar quién era y de dónde provenía. Sin embargo, el contacto con ese objeto que le resultaba tan familiar, removió una parte de su ser que la transportó hasta la más temprana de sus etapas de vida.

¿En verdad lo que tenía a tan escasa distancia, era como ese preciado objeto de su pasado?

—¡¿E-Es en serio?! —Jill no podía creer tan fácilmente en el relato de la confundida chica. Sencillamente algo como eso no podría ser obra de un simple mineral.

—Es difícil de creer —Steven también se mantenía a la expectativa.

—Bueno, eso es lo que recordé… No significa que sea precisamente lo mismo para esta piedra… O tal vez mis memorias están alteradas —ni ella misma estaba totalmente segura de lo que estaba viendo. Tenía miedo de esa efímera visión fuera falsa.

—Hay una manera de averiguarlo —indicó el blondo para ambos—. ¿No lo creen?

—¿Qué pasaría si fuera real? Si lo que les dije es cierto y esa piedra…es capaz de hacer algo como eso —dudó.

—Mantenerlo en secreto —concluyó Stone—. Hay cosas que es mejor mantener ocultas —él lo sabía mejor que nadie. Fue ese ancestral conocimiento el que llevó al mundo casi a la extinción.

—Estoy completamente de acuerdo con Steven. Por lo que no debes preocuparte, Shade —le garantizó el rubio—. Si tu padre la custodiaba y protegía debió de haber existido una razón importante para ello.

—…Gracias…—tenía que confiar en esos dos hombres. Eso es lo único que podía hacer bajo tales circunstancias.

—Me pregunto en qué podremos hacer la prueba —sopesaba Jill.

—Lo tengo —mencionaba la peli azul—. Usémosla en mi Horsea. Seguramente debe tener algunos rasguños.

—No suena mala idea —decía el ex campeón.

El pequeño pokémon fue liberado, descendiendo delicadamente sobre el suelo y observando a cada uno de esos tres seres humanos. Cayendo en un acto repentino de esconderse; lo cual no sorprendía si se consideraba el modo en que fue capturado.

—Te dije que me iba a odiar —se quejaba Shade.

—Ahora es tu compañero y deberás zanjar el problema —le comunicaba muy vilmente, Steven.

—Mmm… Lo intentaré —ella había sido la de la idea y tenía que lograr que esa criatura cooperara—. Sé que nuestro inicio no fue bueno, pero no fue a propósito el que cayeras de esa manera en el barco —se había agachado frente al temeroso espécimen, acercándose poco a poco a él—. Sé que estás asustado, pero no voy a hacerte nada malo —notificó con una sonrisilla—. Únicamente quiero sanar tus heridas y darte algo de comer. Después podrás irte si así lo prefieres.

Horsea entendió sus palabras y con timidez se aproximó hasta ella, clavando sus carmesí pupilas en su persona.

—Primer paso superado —la mirada de Steven se postró en el animalito que estaba comiendo más que gustoso de la mano de la joven entrenadora—. Ahora se supone que usemos esto…—ninguno de los tres tenía la menor idea de qué hacer, por lo que se limitaron a acercar con suma delicadeza la fluorina sobre la cabeza de Horsea.

—No veo que suceda nada —comentaba el rubio—. ¿Y si había que hacer algún tipo de ritual?

—…Pues a él parece agradarle que esa piedra esté cerca…—y en efecto la criatura lucía totalmente relajada, como si nunca hubiera temido a los seres humanos. Aunque eso no fue lo más interesante de todo—. ¿Ustedes vieron lo mismo que yo…? —ella prefería pensar que no había sido la única en contemplar aquello.

La roca no brillaba como en esa vieja escena de su pasado, pero si resonaba con mucha mayor fuerza conforme los segundos pasaban, como si se tratara de un eco. Como si estuviera replicando el sonido gutural que emergía de las cuerdas vocales de aquel pokémon.

Pero lo más asombroso estaba bajo ellos, en esos delicados brotes que habían logrado abrirse camino entre el suelo de madera de la casa hasta la superficie.

—¿Qué pasa? —Shade había visto a Steven dejar caer la pequeña estrella.

—De repente empezó a calentarse y la solté de manera instintiva —estaba totalmente anonadado por lo que había visto en carne propia, por el absurdo calentamiento del mineral que sujetaba en su mano y por esa escasa naturaleza que había brotado tan repentinamente.

—No lo creería si no lo hubiera visto —Jill tomó la estrella en manos y la observó con tanto detenimiento como le fue posible—…En verdad no es un simple adorno bonito…

—Y Horsea sigue igual de feliz —el aludido saltaba alegremente de un sillón a otro, con energías renovadas y ausencia total de esos sentimientos que le habían llevado a esconderse—…No sé qué pasó, pero…parece que todo salió bien.

—…Es sencillamente asombroso…—la emoción y la curiosidad se apoderaron inmediatamente de la mente de Stone. No podía ignorar algo como lo que había visto y sentido por él mismo—. Primero esas extrañas piedras capaces de llevar a los pokémon a otro nivel de evolución, y ahora…este raro mineral…

—…Tal vez ya perdió su efecto o necesita recargarse…—decía la peli azul para cierto rubio que intentaba reproducir el experimento de Stone.

—No pasa absolutamente nada. Sin mencionar que esta fluorita está más fría que un cubo de hielo.

—También podría ser. Es decir, que su poder sea limitado y que bien, sea de un solo uso —las hipótesis no demoraron en amontonarse en la cabeza de cierto entrenador—. Sin duda, has hecho un hallazgo impresionante, Jill.

—El cual no hubiera valido de nada si Shade no nos hubiera contado esa historia —eso era claramente un agradecimiento bien disfrazado.

—La única agradecida soy yo —si ese geólogo no se hubiera cruzado en su camino, continuaría únicamente con ese pequeño recuerdo. Ahora existía otra sección más; y se sentía inmensamente feliz por ello.

—Pero sabes, ahora tengo muchas más dudas que antes, Steven.

—¿Sobre qué?

—¿De dónde vendrá Shade?¿En qué clase de sitio vive que existen esta clase de herramientas tan valiosas? —bueno, ya habían dos personas más además de ella que querían conocer esa respuesta—. Siento una inmensa curiosidad al respecto.

—Si algún día lo descubro, los llevaré conmigo para que lo conozcan —dio su palabra solemnemente—. Quizá mi padre haya tenido razón en advertirme de que lejos de casa las cosas eran difíciles y había personas malas, pero también existen personas como Steven y Jill —y ante su silencio ese par de expertos comenzaron a armar conjeturas sobre ese misterioso mineral y sus orígenes.

Lo que estaba frente a ellos, anclado en ese muelle personal, era el modesto yate que los llevaría a su destino final. Solamente era cuestión de que el dueño revisara que todo estuviera en orden y podrían marcharse en un santiamén.

El clima era perfecto para navegar y restaban muchas horas para que la noche cayera. Todavía tenían oportunidad de salir y estar lo más próximas a Isla Sétima.

—Espero seamos capaces de llegar siquiera a la Isla Quarta —mencionaba el ahora piloto de la embarcación—. Este vejestorio no corre tanto como yo quisiera.

—Lo que importa es que estamos en camino —aseguraba Steven, con la mirada puesta en el horizonte. Había decidido permanecer cerca de donde el blondo controlaba tal armatoste.

—¿Y cuáles son sus razones para visitar la Isla Sétima en específico? —curioseó.

—Estamos investigando el saqueo de antiguas ruinas.

—De modo que se dirigirán hacia las Ruinas Sete… Sin embargo, cruzar el Cañón Sétano no será tarea fácil.

—Lo sé. Seremos cuidadosos.

—Había escuchado rumores de que había perpetradores de algunas ruinas a lo largo de regiones como Johto y Kanto, pero jamás las creí verdaderas. Ya que hasta donde se pudo investigar no se llevaron nada… Fue más visto como un acto de vandalismo.

—Es lo que todos piensan. Y mi trabajo es hallar la verdad tras todo ello.

—No se podía esperar menos de un tío como tú —soltó bromista—. Mis motivos son más educativos que otra cosa.

—¿Y eso sería?

—El agua.

—¿El agua? —estaba confuso ante esas dos simples palabras.

—La isla cuenta con un suministro continuo de agua dulce que proviene de los mantos acuíferos. Pero dicho afluente ha estado disminuyendo de unos meses para acá y no se saben las razones. Aunque muchos se lo adjudican a los hombres que se han adueñado de la isla.

—Creo que nuestros objetivos están más que relacionados, aunque por diferentes motivos.

—Entre más seamos, mejor, ¿no lo crees? —sonrió ladinamente—. Además, no sería muy caballeroso de tu parte exponer a una chica como Shade a semejantes desaventuras.

—Es más ruda de lo que crees, aunque…—la aludida se encontraba mirando la magnífica vista marina mientras sus cuatro compañeros absorbían un poco de luz solar—…es posible que tengas razón y esto vaya a ser peligroso para ella.

—Parece ser que te están llamando —efectivamente el pokenav del entrenador no dejaba de sonar.

Justamente tenía que llamar en este momento…Si me disculpas —se apartó lo suficiente para que su llamada fuera lo más privada posible—. ¿Qué es lo que ocurre ahora Wallace?

—¿Hay algo malo en que quiera saber de ti? Somos amigos de la infancia, ten un poco de compasión al respecto —dramatizó tanto como pudo.

—¿Se te ofrecía algo? —ya estaba más que acostumbrado a manejar esos despuntes de su querido amigo.

—¿Has logrado deducir algo?

—En realidad ahora tengo más dudas que respuestas —toda su travesía únicamente le había servido para toparse contra pared una y otra vez.

—También llamaba porque alguien está preocupado por ti. Y no hablo de tu padre.

—Ahí vas de nuevo…—¿no era suficiente el largo viaje como para soportar las locuras de Wallace ahora?

—Es tu culpa por haberte ido sin decirle absolutamente en nada —le echó en cara.

—Steven, ¿de nuevo has olvidado mantener cargado tu pokenav? —sí, esa voz la conocía muy bien.

—He estado muy ocupado que me he olvidado de él por completo —no es que tuviera por qué darle razones, pero no quería enfrascarse en sermones innecesarios.

—¿Cómo sigue esa chica?¿Ya ha recuperado sus recuerdos? —tal vez Steven era demasiado ingenuo o no prestaba mucha atención a esos pequeños detalles, pero la mujer del otro lado de la bocina estaba notoriamente interesada por el tema por razones que diferían enormemente a las que se imaginaba el ex campeón.

—No. Pero ha tenido pequeños avances.

—Si requieres de una mano extra, no dudes en pedírmela.

—Lo agradezco —soltó sincero—. ¿De momento podrías pasarme de nuevo a Wallace?

—Por supuesto.

—Ya se fue, así que podemos hablar de lo que quieras —claramente estaba intentando mitigar la risilla que quería escapársele—. No te enfades, Steven. Sabes que sólo bromeo contigo y Iana.

—Hablamos después.

—Ey, antes de que me cortes la llamada, déjame decirte el verdadero motivo por el cual te hablé —al menos no sólo fue para molestar al ex campeón—. Hace poco menos de un mes un sujeto vino a buscarte. Y parecía muy ansioso por hablar contigo.

—¿Te habló sobre qué?

—No en realidad. Pero lucía bastante sospechoso, Steven —su tono de voz se volvió más áspero y serio—. Quería verte a como diera lugar y no quería marcharse sin importar las excusas que le diera… Aunque al final accedió, con la promesa en el aire de que volvería.

—¿Te dio algún nombre?¿Recuerdas cómo lucía?

—Se hacía llamar…—pero el nombre tenía que esperar. La interferencia estaba haciendo lo suyo y había cortado de lleno la llamada.

—Y justo cuando tenía que decirme algo verdaderamente importante.

—Creo que hemos llamada la atención un poco —tales palabras captaron la atención tanto de Stone como Shade. Y no tuvieron que buscar demasiado el motivo de tal declaración.

No se requería de un barco cuando se tenía un Pidgeot para surcar el ancho mar. Al menos esa era la manera de ver las cosas de esa jovencita que los miraba de manera tan inquisidora y desconfiada.

—¿Quiénes son y qué es lo que están buscando en Isla Quarta? —hostil era el mejor adjetivo para describir el modo en que se dirigió hacia ellos.

—Pasaremos la noche y nos iremos en cuanto amanezca. No pretendemos absolutamente nada más que eso —habló Jill tras detener el avance de su yate.

—Comprendemos que sienten desconfianza hacia los foráneos después de lo que está pasando por aquí, pero no venimos con malas intenciones —proseguía Steven.

—Pues tendrán que demostrarlo —sentenció—. Síganme y allá en la isla arreglaremos esto —los tres cruzaron miradas y eligieron que la mejor decisión era acatar su simple orden. Al menos momentáneamente.

Isla Quarta era una de las islas más pequeñas del archipiélago, pero paradójicamente su pueblo era el que resultaba ser el más grande que podría encontrarse dentro del conjunto de Islas Sete. Y más allá de su adverso territorio, se apreciaba una gran belleza natural y un número amplio de especies pokémon.

Pero ninguno de esos tres extranjeros estaba allí para turistear y admirar las pequeñas edificaciones que le daban más urbanización a la isla. No, ellos se encontraban siendo guiados hacia la persona que podría ser visto como el gobernador de todo el lugar.

—Patriarca, encontré a estos tres navegando hacia la isla, por lo que no dudé en traerlos hasta usted —el hombre entrado en años yacía fuera de la que posiblemente era su residencia. Y en total silencio dirigió su mirada hacia los escoltados.

—¿Cuáles son sus nombres y qué es lo que buscan en nuestra humilde isla? —ellos respondieron a sus cuestionamientos en la brevedad posible y establecieron su punto—. Últimamente han estado viniendo extranjeros a nuestras tierras y lo único que han estado haciendo es saquear las islas y herir a la gente —sí, el anciano no mentía. Cuando se percataron el resto de los pobladores aparecieron.

—Realmente…lo hicieron —Jill veía tanto a niños como adultos con vendajes y lesiones que apenas les permitían estar de pie—…Es horrible lo que han hecho.

—Al contemplar esto comprenderán que no podemos dejar que cualquiera entre a la isla y se quede.

—Lo entendemos de antemano —Steven estaba molesto por lo que veía y entendía a la perfección las fuertes medidas del anciano.

—Abuelo, ellos han abandonado la isla al fin —una jovial voz cortó la conversación que estaba llevándose a cabo.

—Arlet, has regresado. ¡Qué alegría verte con bien!

El azabache de su corta y ondulada cabellera ya resultaba ser lo suficientemente llamativa como para tener que sumarle esos profundos ojos azul cielo y esa tostada piel producto del envidiable clima isleño. Y tampoco estaba de más mencionar lo bien cuidado que se encontraba su figura.

—¿Quiénes son ellos, abuelo? —preguntó la morena en cuanto se dio cuenta de la presencia de esos extraños.

—Vinieron a la isla a pasar la noche antes de proseguir con su travesía hacia la Isla Sétima.

—No deberías dejar que estos extranjeros se queden así como así. Ellos podrían…

—No discutamos más al respecto, Arlet —pidió—. Puedo sentir que me hablan con total sinceridad. De manera que tendrás que respetar mi decisión.

—Está bien —no estaba contenta con la decisión pero no podía hacer nada al respecto.

—Por ahora muéstrales dónde se pueden quedar —tras lanzar su petición se fue de allí.

—No digan nada y sigan mis pasos —estableció para esos extraños.

La choza que sería su lugar de descanso estaba impecablemente limpia y contaba con lo necesario para pasar una velada. Aunque tal vez el problema radicaba en que sólo había dos camas.

—Aquí es donde pasarán la noche. Por lo que no desordenen el sitio —Arlet permanecía de pie bajo el umbral, mirando a esos tres instalándose como bien podían.

—Realmente lamentamos las molestias que estamos causando —se disculpó Steven.

—Entre menos tiempo pasen aquí, mejor será para todos nosotros —nada como la brutal honestidad—. Tampoco tienen permitido curiosear por los alrededores.

—No saldremos de aquí si es lo que te preocupa —Jill había tendido sobre el suelo su saco de dormir. Sólo había dos camas y claramente no iba a dejar que la única chica presente durmiera en el piso.

—En un momento les traerán algo de comer —no dijo nada más y se retiró.

—Nos tratan como criminales —susurraba Shade—. Pero con todo lo malo que les ha pasado, no se les puede juzgar.

—¿Qué es lo que estás comiendo? —preguntaron a la par esos hombres en cuanto oyeron ese particular sonido de cuando una jugosa fruta está siendo mordida.

—No sé cómo se llama, pero sabe muy bien y es sumamente jugosa —y se notaba que la estaba disfrutando que ya estaba comiéndose otra—. ¿Quieren? Tengo mucha.

—¿En qué momento la habrá tomado? —el blondo no sabía cómo había logrado conseguir esas frutas. Y menos con la escolta que se habían ganado.

—Creo que no es prudente que comas más. No sabemos si tiene efectos secundarios o si siquiera es apta para el consumo humano —Stone ya estaba frente a la chica, tomando la única fruta sobreviviente, intentando analizarla. Pero sabía que era en vano porque no era un botánico y esa especie de fruto no lo había visto jamás en Hoenn.

—Se me olvidaba decirles que pueden irse a duchar en el ba…—la pelinegra volvió a entrar a la habitación porque al parecer había olvidado decirles algo más. Sin embargo, se quedó totalmente callada en cuanto contempló la fruta que tenía Steven en su mano—…¿De dónde has sacado ese fruto?

—Los corté de unos arbustos que estaban a la entrada de la isla —aclaró Shade.

—Dime que no se los han comido.

—Ella se comió como seis —advirtió el blondo.

—¡¿Seis has dicho?! —vociferó la joven totalmente incrédula—. Eso no es bueno. No es nada bueno.

—¿Es venenoso? —Stone previó lo peor en cuanto miró el semblante pálido de la oji azul.

—Mucho peor que eso…—¿qué suponía ser más indeseable que una severa intoxicación?