Capítulo 9:
-Pero no lo hiciste –sonrió –Gracias. Solo… -tomó aire profundamente y apretó las manos de su hermano –Déjame ir… déjame ir con Ichigo.
No podía permanecer allí, la vergüenza y el arrepentimiento volvían su estancia en su propia casa impensable. Necesitaba un tiempo fuera, simplemente alejarse, dejar atrás lo sucedido hace un par de horas. Había dejado a su hermana sola, no resistía ver aquella mirada de completo perdón y comprensión. Era demasiado para él. Sin embargo aquella petición de ella era impensable.
-No. –le había dicho al tiempo que se ponía de pie, dejándola arrodillada frente a él –No irás con él. Permanecerás en esta casa, lo rechazarás cuantas veces sea necesario. No hablarás con él, no te acercarás a él… o lo eliminaré con mis propias manos.
Podía recordar aquella mirada de resignación, de profundo dolor. Pero sabía que ella asumiría cada una de sus órdenes. La conocía demasiado bien, jamás iría contra sus deseos.
Ahora, en la salida del centro comercial repasaba las palabras que tanto había pensado. Podía verla arreglar sus cosas, aquella rubia mujer volvía a ocupar su puesto. La morena traspasaba la puerta.
-Hola –la saludó, ella se volvió hacia él –Tuve una urgencia, lo lamento.
Aimi suspiró y lo miró con decepción. ¿Sería una barata excusa? Parecía arrepentido. No quería volver a confiar, pero algo en su rostro le decía que debía creerle… así como un sentimiento en su corazón también le decía lo mismo, debía confiar en él, aun cuando supusiese una nueva decepción.
-¿Y cuál fue esa urgencia?
Byakuya se sorprendió. Ninguna persona se atrevería a cuestionar o siquiera tratar de sonsacarle información, más de la que él quería entregar.
-Mi hermana menor…
-¿Tienes una hermana? –él asintió. De pronto Aimi se dio cuenta que nada sabía de ese hombre frente a ella. –¿Le sucedió algo grave? –él negó. –¿Entonces?
Caminaron hacia una banca en el parque, a unos pasos del centro comercial. Algunas personas circulaban por ahí, unos niños jugaban entre los árboles.
-Mi hermana… es una buena muchacha –comenzó, Aimi lo miraba con atención. –Pero está enamorada de alguien que no le conviene. Recibí un mensaje que estaba planeando huir con él… Debía impedirlo, y lo hice. Es lo que debía hacer…
-¿Y por qué no le conviene? –preguntó ella -¿Es un delincuente juvenil? ¿La maltrata? ¿Le falta al respeto?
Byakuya guardó silencio. Kurosaki no era ningún delincuente, de hecho era un chico impulsivo pero de buenos sentimientos… daría todo por Rukia, incluso había arriesgado su vida por ella, simplemente por verla sonreír.
-No, no es un mal chico –confesó con la mirada hacia el frente –De hecho estoy convencido que está realmente enamorado de ella.
-¿Entonces?
-No es para ella… Rukia es…
-¿Rukia? –preguntó curiosa –Mi muñeca de niña se llamaba así –sonrió inocente.
Byakuya no se sorprendió. Era natural que mantuviera algunos recuerdos. ¿Lo recordaría a él?
-Mi hermana es demasiado buena para él… -finalizó. –Kurosaki es muy poca cosa para ella.
-¿Kurosaki? –preguntó curiosa -¿No estarás hablando del hijo del médico? Bueno, sí tiene pinta de delincuente juvenil –rió por lo bajo. –Lo he visto un par de veces cuando iba a controlarme con Isshin, ha sido mi médico desde los 10 años. ¿Sabes? Yo tenía una rara enfermedad, nadie supo jamás de que se trataba hasta que durante una crisis llegué a su clínica. Fue el único que dio con un tratamiento. Años después puedo decir que estoy como nueva –sonrió, Byakuya la escuchaba con atención. –Pero si consideras que el hijo de un buen médico es poco para tu hermana, tus razones debes tener.
El moreno suspiró, no podía negarse a los deseos de esa mujer, siempre tuvo ese efecto sobre él.
-Prometo darle una oportunidad, pero es complicado… ella está comprometida con alguien más.
-Ah… -murmuró –Pues eso sí complica las cosas, ¿no? –miró al cielo –Debe ser un compromiso muy importante para obligar a tu hermana a continuarlo.
-Uno ineludible.
Ella lo quedó mirando. Ese hombre junto a ella debía ser uno muy importante para que su hermana estuviera comprometida con alguien, eso solo se daba entre familias poderosas. Se preguntaba qué otras cosas no sabía de Byakuya Kuchiki.
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Ingresó a la mansión Omaeda sigilosamente, hasta tropezar con unas cosas en el suelo de su habitación logrando que cayera de bruces al suelo logrando hacer suficiente ruido como para que el menor Iwata encendiera la luz.
-¿Qué pretendes ingresando como un ladrón? –preguntó extrañado –No te has aparecido en todo el día… ¿ocurrió algo?
-Nada que te importe, Iwata –dijo tomando su zanpakuto –Solo vine por esto.
-No puedes cargar con tu espada dentro del Seireitei, Kurosaki, es contravenir las reglas… Mientras no haya una orden desde la comandancia…
-¡Me cago en sus putas reglas! Esas putas reglas solo han logrado que todo se desmadre. ¡Si tan solo me las hubiera pasado por el culo hace unas semanas nada hubiese llegado a estos términos! Y todo sería como debiese ser. –lo apuntó con la zanpakuto –Y ni tú ni nadie me podrá impedir que ahora esto se haga a mi manera.
-¡Hey, tranquilo! –alzó las manos en gesto de paz –Sabes que solo he querido ayudarte, no quiero que te metas en problemas.
-Pues ya estoy metido hasta el cuello.
Quizás si desde un comienzo hubiera cargado con todo contra Byakuya y ese maldito clan Kuchiki ahora… ahora no estaría confundido, no habría involucrado sus sentimientos y, tal vez, estuviera pensando con la cabeza fría. Y no hubiera metido a Rukia en todo esto, y ambos estarían como siempre… ¿era eso lo que quería? Se sentía tan vulnerable. Su cabeza era un lío. Los últimos días habían sido como estar dentro de una novela de shoujo y no era su estilo, pero se había volcado en ello sin saber cómo… y la había involucrado a ella complicándolo todo. Era más fácil cuando eran amigos, cuando no se le había metido entre ceja y ceja estar enamorado de ella. ¡Si pudiese autopatearse el trasero ya lo hubiera hecho!
-¿Y qué estás pensando hacer con tu espada? ¿Matar a Byakuya Kuchiki? Quizás deberías dirigir tu ira hacia alguien más… -Ichigo lo miró confundido. –Moronori ha informado al Capitán Kuchiki sobre tu relación con Rukia. Lo escuché con mis propios oídos. No conozco las motivaciones que él habrá tenido, pero es conocido que mantienen una disputa pendiente…
Ichigo pensaba que la llegada de Byakuya había sido circunstancial, pero al enterarse que el subteniente había tenido que ver con ello, le hizo hervir la sangre.
-Voy a cargármelo…
-Pero espera hasta mañana, ¿quieres? –se acomodó en la cama –No creo que haya una sola persona en el Gotei que quiera perderse como le pateas el culo. Déjanos ese placer, ¿vale? Me aseguraré que lo tengas donde quieras, pero fuera del Seireitei, de otra manera solo estarás buscando tu salida de la Sociedad de Almas, y eso no ayudará para nada.
-¡Odio este lugar y todas sus reglas! –gruñó el pelinaranja dejando su zanpakuto tras la cama y echándose en el colchón de un salto. –Juro que sacaré a Rukia de este odioso lugar.
Iwata se sonrió por lo bajo y apagó la luz.
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No, no iba a tolerar nada más. Estuvo a punto de aguantar lo que jamás imaginó, el poder que su hermano tenía sobre ella era inmenso, pero en su ausencia su brío había vuelto con mayor intensidad. No dejaría que su destino fuera decidido por un grupo de personas que nunca habían visto por su real beneficio. Y eso significaba que perdería todo, lo haría. No era una cobarde, era un oficial del Gotei 13.
Se calzó su uniforme en cuanto el alba se anunciaba, mientras todos dormían. Abrió sigilosamente la puerta que daba hacia el jardín y se aventuró fuera. Dio vuelta a la estancia ocultándose entre las sombras, con una mano en la empuñadura de su zanpatuko, dispuesta a blandirla si era necesario. No le importaba que no estuviera permitido, si contaba con suerte a mediodía podía llegar lo bastante lejos como para poder idear algo. Momento… ¡Ya comenzaba a actuar como Ichigo! Ella era fría y calculadora, no una impulsiva que tomaba decisiones sin saber cuál era el siguiente paso. Pero no tenía a quien acudir… Involucrar a otros solo les traería problemas.
Unos pasos la hicieron apegar su cuerpo contra el muro. Podía ver a unos metros unos guardias recorrer atentamente el jardín. ¡Mierda! Debía tener su riatsu por las nubes, definitivamente Ichigo no era una buena influencia, ya se lo había dicho Byakuya. Suspiró.
-Con que acá estás, jovencita –una voz se alzaba tras de ella. -¡Guardias! –exclamó la anciana y una serie de hombres aparecieron de la nada para rodearla, la anciana unos cuantos metros atrás.
Rukia desenvainó su zanpakuto, sin sopesar las consecuencias de sus actos y se lanzó a atacarles. Era rápidos y supuso que eran de la división 2. Mientras atacaba a un hombre frente a ella, otro se lanzaba contra ella por detrás, la chica saltó por sobre el primero dándole un codazo certero en la nuca que lo hizo caer al suelo, alzó la espada y se enfrentó con el segundo haciendo presión cuando el hombre detuvo su ataque con su zanpakuto. Sentía otro acercarse por detrás, mientras que el resto la iba rodeando. Miró a su alrededor, saltó por sobre ellos y los apuntó.
-Some no mai, ¡Tsukishiro!
Los guardias quedaron congelados. No había sido un ataque con intensión de matar, por lo que el hielo era lo suficientemente delgado como para limitarlos, pero no para hacerles daño. Iba a lanzarse a correr cuando escuchó la voz de la anciana, se volteó.
-Bakudo 1, ¡Sai!
Rukia se vio atada de brazos tras de sí soltando su espada. Nuevos guardias ingresaban al jardín y la tomaban por los brazos.
-Rukia Kuchiki, quedas detenida por romper las reglas del Seireitei. –le informó el mayor de los oficiales de la guardia. –Serás llevada a los calabozos de la división 2 hasta que se decida tu castigo.
La anciana se dio vuelta y volvió al interior de la mansión al tiempo que los guardias arrastraban a Rukia rumbo al Gotei 13.
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-Kurosaki, despierta –Iwata lo remecía por el hombro, el muchacho abrió un ojo –Rukia ha sido detenida…
-¿Ah? –Ichigo se restregó los ojos. -¿Qué Rukia qué?
-Intentaba huir de la mansión Kuchiki y se batió en combate contra la división 2…
El pelinaranja se puso de pie de un salto y salió de la habitación. Atrás habían quedado sus planes de comenzar el día cargándose a Moronori, aunque instruyó a Iwata de tenerlo en el distrito 24 para mediodía. Ingresaba a la sección de detención de la división 2. Un guardia le cerró el paso.
-¿A donde crees que vas, niño bonito? –su semblante no era de amigos.
-A ver a Rukia, ¿por? –la respuesta descolocó al guardia un segundo, no esperaba una tan… civilizada.
-No tiene permitidas las visitas.
Ichigo se rascó la nuca.
-Ese es un problema, ¿no? –suspiró, el guardia enarcó una ceja.
Ichigo le dio un golpe seco en la mandíbula que lo dejó inconsciente en el suelo. El muchacho pasó sobre él con total tranquilidad. Entró en la estancia, abrió la reja que convenientemente se encontraba destrabada y caminó por entre las celdas. Allí encontró a la morena abrazando sus rodillas en el suelo con la cabeza gacha.
-Y normalmente el que está en estas circunstancias complicadas soy yo –le bromeó y la morena alzó la vista. –Hola.
-¿Qué haces aquí, idiota? –la chica pegó un salto hasta quedar frente a la reja.
-Creo que soy yo quien debería preguntar eso –respondió –La esposa de Byakuya Kuchiki tras las rejas, créeme que ya todos saben en la que te metiste… ¿Jugando a la heroína?
Rukia frunció el ceño.
-¡Si estoy aquí es por tu culpa!
-¿Y qué tengo que ver yo en esto?
-Tú y tu estúpida determinación en salvarme… -apretó los puños mirando hacia el piso –Si tan solo te hubieras alejado, si hubieras dejado las cosas como estaban… Pero no –alzó la vista –Tenías que venir y hacerme creer que tenía otra opción… darme esperanzas que podía tomar el control de esto. Ahora Nii-sama debe estar siendo informado y vendrá en cualquier momento y a saber qué medidas tomará. –se volteó –Estoy harta de esta mierda.
-¿Y tú crees que yo no estoy harto?
-¡Entonces vete! De hecho ni siquiera debería hablar contigo, ¡creía que había dejado las cosas suficientemente claras anoche! –se acercó aún más –Tú y yo no existe más. ¿Entiendes?
-No, creo que me he vuelto algo idiota últimamente –le sonrió ladino.
Rukia se volteó y apoyó su espalda en la reja. Soltó un suspiro. Seguía quebrando las reglas que le había impuesto Byakuya, ahí estaba hablando con él, había intentado huir por él, había atacado miembros del Gotei por él. Sintió la espalda de su amigo apegada a la de ella tras las rejas. Ambos se dejaron caer suavemente al suelo.
-Ahora sí que la liaste, guapa. –ella suspiró, sintió los dedos de su amigo sobre los suyos por el bajo de la celda –Se supone que él que la lía soy yo…
-Aprendí del maestro –sonrió triste, alzó la vista al techo –Nii-sama no tardará en venir.
-Me imagino… algo así no podrá sino ser traspasado inmediatamente a sus oídos.
Unos pasos acelerados se escucharon por el pasillo, Iwata ingresaba a la estancia y le lanzaba a Ichigo su zanpakuto.
-Hazlo rápido –ordenó el muchacho al tiempo que Ichigo atajaba la espada en el aire poniéndose de pie.
-Hazte a un lado, Rukia –le dijo a su amiga, la chica se apegó a una de las paredes. –¡Getsuga tenshou!
La celda fue completamente destruida, Ichigo tomó a Rukia de la mano y la arrastró fuera, pasando por sobre el guardia que aún estaba tendido en el suelo. Iwata los seguía de cerca y perderse entre los pasillos de la división 2.
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-¿Qué hace ella aquí? –preguntó Kuukaku al ver a ambos chicos frente a la puerta.
-Necesito que la ocultes un momento –indicó Ichigo empujando a Rukia dentro de la casa, Kuukaku la atajó. –Voy a solucionar esto a mi manera.
-¡No soy ninguna especie de pelota, Kurosaki! –lo apuntó con el dedo –¡Y tampoco voy a dejar que te enfrentes a todos ellos solo!
Ichigo se acercó a la muchacha, la tomó por las mejillas y le plantó un beso.
-Te callas y obedeces. –se volteó hacia Kuukaku –Nos vemos pronto, comunícate con Urahara, necesitamos salir de aquí cuanto antes.
-Sí, Señor –bromeó la dueña de casa. –Tú –le dijo secamente a Rukia –Ven conmigo. –la arrastró dentro.
Ichigo cerró la puerta. Miró al cielo, faltaba poco para mediodía, le esperaba un gran camino hacia el distrito 24. Primero sería el bocazas de Moronori, luego Byakuya Kuchiki… y luego todo aquel que se le cruzara. Cuando eran peleas, Ichigo no les hacía el quite. Después de todo, necesitaba un poco de acción.
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Aimi se despedía de él con la mano. Byakuya la miraba con atención desde la vereda. La chica le sonrió antes de dar un paso sobre el paso de cebra. La luz cambió abruptamente, lo último que la muchacha escuchó fue un fuerte bocinazo, luego todo se volvió oscuro.
