¿Alguien pidió actualización? Bueno, no importa si no querían, aquí se las vengo a dejar XD Espero disfruten de los futuros problemas que se vienen en camino, especialmente para cierto amante de las piedras. Vaya divertida que me doy con este pobre hombre :'3 Pero sé que lo disfrutarán tanto como yo. Sin más, lean y nos vemos en la próxima entrega :D

Capítulo 11

Sueño

—…Esa clase de fruto es conocido aquí como el Elixir de los Enamorados…Y precisamente recibe ese nombre debido a que las personas que la ingieren caen en un estado de "enamoramiento falso"… —y por un lado lo decía y por otro se observaban las consecuencias de ingerir alimentos de dudoso origen.

Steven se había quedado completamente anonadado, tan rígido como esos pedruscos que tanto amaba estudiar al tiempo que su mirada no se despegaba ni un segundo de quien había hecho algo tan simple pero a la vez tan comprometedor.

Y es que no se trataba de un simple abrazo cordial como el que se dan los amigos después de que no se han visto por largo tiempo, sino más bien de esos que solamente una mujer enamorada es capaz de auspiciar.

—¡¿S-Shade…?! —no había otra palabra que quisiera escapar de su boca como lo era el nombre de esa chica—. ¡¿Pero qué…?! —allí estaba ella, aferrada a él, como si fueran tan cercanos. Como si de verdad existiera algo entre ellos más que una mera amistad.

—L-Lo siento… Lamento haber sido tan impulsiva…de repente —ya se había apartado, sin embargo, aquel rubor en sus mejillas no hacía más que establecerse en sus mejillas.

—Tal parece ser que es cierto —Jill dio un largo chiflido—. Vaya fruta más loca la que fue a caer en sus manos.

—¿Cuánto tiempo demoran sus efectos? —claramente Steven deseaba conocer algo tan fundamental.

—…Usualmente unas cuantas horas…Pero si ingirió tantas, podrían ser días…—miró con cierta pena al pobre hombre que sería el centro de atención de la peli azul—. Y como fue a ti a quien vio, no mirará a nadie más.

—…Vele el lado positivo, Steven —decía el blondo. Stone esperaba la respuesta—. Al menos así ella hará caso de todo lo que le pidas y no se meterá en problemas —en cierto modo era algo bueno.

—En cierto modo…—susurró.

—Bueno, dejando todo esto de lado. Si quieren ducharse, hay un baño comunitario al noroeste del pueblo.

—Muchas gracias —hablaba Shade ya un poco menos roja, pero siendo incapaz de ocultar el nerviosismo que todavía tenía su voz tras su acción.

—¿Qué te parece si vamos a refrescarnos? El viaje fue agotador y estoy hecho polvo —recomendó el rubio. Steven asintió.

—Yo también quiero ir —claramente la peli azul no se quería quedar fuera de la salida nocturna.

Llegaron a los baños en poco tiempo y se decidieron por entrar en la brevedad posible. Especialmente porque había cierta cantidad de personas que también tenían planeado dejar que el agua calienta relajara todo su cansado cuerpo.

Así que tras una fila y que había secciones separadas para hombres y mujeres, al fin ambas partes estaban encargándose de desprenderse de toda suciedad y tener un reposo bien merecido.

¡¿Pero qué…he hecho?!¡¿Cómo se me ocurrió abrazar a Steven de esa manera?! Ahora me muero de la vergüenza…—podría estar bajo los efectos de esa droga, pero cuando dejaba de ver a Steven, la cordura le volvía al cuerpo—. ¿Y se supone que me va a durar días? Tienen que estar bromeando…Yo no puedo estar de tal modo… Es decir, viajo con él…Lo veo en todo momento…—sólo la mitad de su rostro era visible. El resto del cuerpo estaba bajo el agua caliente—. Todo porque tenía hambre…y curiosidad sobre esos frutos…

—¿Y de dónde vienen ustedes? —Shade giró su atención a quien le hablaba. No estaba esperándose a que alguna de las jovencitas que estaban bañándose allí fuera a hablarle.

—Venimos de Hoenn —se alzó un poco más y se sentó como el resto.

—Sí que vienen de bastante lejos —comentaba otra—. Pero debe ser sumamente divertido.

—¡Conociendo lugares nuevos e increíbles pokémon!

—Enamorándose y descubriendo cosas maravillosas.

—Especialmente al lado de dos chicos tan apuestos como esos dos —bastó con que una de ellas hablara para que todas le siguieran los pasos. Y vaya qué temas sacaban a colación.

—Sí es sumamente divertido ir de ciudad en ciudad…Conocer otras regiones y ver pokémon… Y sobre lo otro…pues, son agradables —ahora lo menos que quería era hablar sobre "amor". No cuando estaba bajo los efectos de esas frutillas.

—¿Y con quién de los dos estás saliendo? —cuestionó alguien muy descarada mientras la codeaba y la miraba con picardía.

—¡Con ninguno! —exclamó.

—Eso significa que tenemos una oportunidad —y esas mujeres estaban más que complacidas. Hasta empezaban a cuchichearse entre ellas.

—El de traje es muy apuesto y elegante.

—¡Él no está disponible! —sus manos en automático taparon su boca ante lo que inconsciente había dicho. Es que no creía que hasta con su simple nombrar pudiera provocarle semejante reacción—. ¡N-No…puede ser…!¡¿Pero qué he dicho?!¡¿Por qué tuve que comerme esas cosas, por qué?!

—¿No habías dicho que no tenían nada?

—…Sólo aléjense de él y es todo…No intenten coquetearle ni nada por el estilo —por dentro estaba que quería meterse bajo el agua y no volver a salir hasta que los efectos de esas frutas pasaran. Es que simplemente no podía controlar sus impulsos aun cuando su cordura le decía que hiciera todo lo contrario—…Que alguien me diga que esto tiene un antídoto…

—Tacaña —se quejaron unas cuantas. Las que habían elegido a Steven como prospecto de conquista.

—Con su permiso…—lo mejor era irse de allí y aislarse del mundo entero.

—¡Pero qué bonito!

—¿Bonito? —se detuvo en seco antes de dar el primer paso hacia afuera del baño comunitario. No entendía tal comentario—. ¿A qué te refieres?

—Lo que tienes en tu espalda baja…A tu lado derecho —la joven señaló el área especificada y Shade como bien pudo intento mirarse.

Lo que estaba allí y era incapaz de ver, era una media luna mirando hacia su izquierda, bellamente elaborada con tinta negra y planteada. Cuyo aspecto tribal le daba un encanto único que la gente no podía pasar por alto.

—Debió de haberte dolido mucho.

—Tatuajes hechos en tales áreas son muy insufribles.

¿Tatuaje…?¿En qué momento se supone que me hice uno?¿Y cómo es que no lo había visto anteriormente? —pero recordó que era la primera vez que recogía todo su cabello y que tenía a una persona además de ella, para examinar su anatomía—…¿Por qué razón me habría hecho un tatuaje como éste?¿Existirá un significado tras ello?

Steven y Jill todavía continuaban disfrutando del baño caliente al tiempo que más gente comenzaba a entrar y todo se tornaba un poco más ruidoso. Pero no podía esperarse menos de un pueblo chico donde prácticamente todo mundo se conoce.

—Deben tener cuidado con las plantas de esta zona. Muchas de ellas son tóxicas o poseen efectos extraños —a buena hora les daban un consejo tan sustancial como ése.

—Gracias, lo tendremos en cuenta —gratificaba Jill al hombre que amablemente les dio un tic para no perecer en la isla.

—Deben tener cuidado si quieren seguir viajando a lo largo del archipiélago —tomó la palabra quien indudablemente era el más grande de edad de todos los presentes—. Esas tierras ya no son tan tranquilas como antes.

—Hemos oído al respecto… Que se trata del Equipo Rocket…—Steven estaba interesado en proseguir con la charla. Si tenía un poco de suerte podría obtener un poco más de información de todos ellos.

—¡Ja! ¿El Equipo Rocket?¿Eso es lo que se está rumoreando por toda la región? —bufó el anciano—. Esa bola de cobardes desde hace más de dos años que no actúa por ningún lado. No después de que viviéramos aquella oscura guerra.

—…Esa guerra que cubrió al mundo en total oscuridad por cuatro días…—murmuraba Jill en automático.

—Pokémon, entrenadores, gente inocente… Muchísima gente pereció en esa siniestra y horrible guerra… Incluso nuestras tierras se volvieron infértiles y muchas construcciones quedaron resumidas a polvo… Y pese a que todo logró volver a la normalidad gracias a los esfuerzos conjuntos de todos esos seres legendarios, la profunda y punzante cicatriz de lo que fuimos testigos ese día, aún permanecerá latente en nuestros corazones hasta el día de nuestra muerte.

—…Todos recordamos lo que ocurrió. Jamás podremos olvidarlo —Steven tendría siempre presente aquel acontecimiento, aquella lucha de la cual fue partícipe junto con esos fuertes entrenadores que hoy en día eran vistos como leyendas.

—Después de lo que pasó, no quedó de pie ninguna organización más. Todas fueron aplastadas mientras White Nightmare se apoderada de todo y de todos —ese nombre todavía le provocaba aversión y temor. No podía borrar ese pasado; nunca lo haría y tal vez, así sería mejor.

—Eso significa que ha surgido una nuevamente y está ocultándose, actuando en el nombre de otra como el Equipo Rocket —sentenció el rubio.

—…Podrían estar tentando a su suerte, chicos —les advirtió el hombre a esos dos jóvenes.

—…Después de haber conocido a esas criaturas, los seres humanos no dan tanto miedo…—confesaba Stone con una seriedad tangible.

¿Qué había sucedido para que semejante grito tuviera lugar?¿Qué es lo que había asustado de tal manera a las chicas como para crear un completo mutismo del lado donde los hombres se bañaban?¿Por qué presintieron lo peor cuando empezaron a escucharse más voces del otro lado?

Las respuestas las obtuvieron en el momento en que ese par de pokémon derribaron lo único que se interponía en su camino para comprobar qué era lo que estaba pasando.

—¿Quiénes son ustedes? —Metagross se había instalado frente a su entrenador dispuesto a entrar en acción ante la más pequeña seña. Menos mal que todos llevaban sus toallas puestas.

—Mira sus vestimentas, Steven —Jill por su lado había clamado por Milotic para defenderse.

—¿Que quiénes somos? ¡Qué pregunta tan estúpida! —gruñó el más alto de los cinco hombres que habían osado en invadir los baños femeninos—. Puedes llamarme Chuck, ex campeón —no era su burlesca sonrisa lo que crispaba los nervios de Steven y Jill, sino que tuviera de rehén a una inocente chica. La sujetaba con fiereza del cuero cabelludo, ignorando sus suplicas y llanto—. Hemos venido a divertirnos un poco.

—Me temo que tendrán que buscar otro sitio para hacerlo —amenazó Stone.

—No los dejaremos ir sin su merecido castigo —Milotic azotó con firmeza su cola contra el suelo. No iba a dejar intimidarse por aquel par de Houndoom.

—Solamente no sean demasiado violentos o ellas podrían salir lastimadas —no existía más ejemplo de cobardía que tener de rehenes a todas esas chicas que lo único que querían era ser libres.

—Metagross, ¡foco resplandor!

—Milotic, ¡hidro-bomba!

A tales siniestras criaturas no les quedó más remedio que evadir lo más rápidamente posible tales ofensivas o los daños serían terribles. Sin embargo, ese par de entrenadores no iban a ser tan pasivos y por nada del mundo les dejarían tomar impulso para que contraatacaran.

—¡Polución, ahora! —ordenó Chuck a sus dos compañeros. Debía emboscarlos y si tenía un poco de suerte, esos dos pokémon terminarían envenenándose.

—De ninguna manera te lo permitiré… ¡Ciclón, ahora!

Milotic disparó el inclemente y potente ciclón de lleno contra la gruesa cortina de smog que empezaba a intoxicar toda el área. Y Metagross habría de mostrarles lo que foco resplandor era capaz de causar una vez que lograba impactar contra su adversario.

Sin embargo, la batalla justa no podría esperarse de personas de su calaña. Así lo dejaba claro el ataque sorpresa de esos Arbok hacia el par que estaba enfrentándose a esos maleantes.

—Ungh… Pudimos responder a tiempo, sin embargo…—los marcados rasguños carmesí sobre la pierna derecha del blondo dejó claro que esos picotazos venenosos habían alcanzado a rozarle.

—Tenemos que terminar esto antes de que el veneno haga efecto —Steven sujetaba su antebrazo derecho, intentando prolongar el tiempo de expansión del tóxico por todo su organismo.

—¡Jajajajaja! Mírense, tan patéticos… Cayeron en una emboscada tan simple —se burlaba con suma comicidad el grandulón. Y sus hombres no demoraron en hacer lo mismo—. Terminemos con esto para que pueda irme tranquilamente.

Chuck quedó completamente pasmado tras ver aquellas vigas de madera estamparse directo contra sus hombres; mandándolos tan lejos que ni siquiera podían ser vistos por la oscuridad que envolvía los alrededores. Y cada una de esas serpientes fue despedida hacia el cielo con enorme potencia.

Alguien más se había unido a la batalla sin autorización de los involucrados. Y aprovechando su momento de estupefacción, vivió en sus carnes el fiero arranque de poder de aquella destructiva furia dragón.

La gran mayoría del sitio había sido destruido y ese prepotente hombre había quedado severamente lastimado. Incluso sus compañeros de combate no podían pararse del suelo.

—Pero si…—las pupilas de Jill se desplazaron hacia quien había sido partícipe de tan impasible lucha.

—Gracias —dijo para esos dos que habían intervenido por su pueblo. A su lado se encontraba un Gyarados y un Alakazam—. Si no hubieran intervenido, ellos se habrían llevado a todas esas chicas.

—No hay nada que agradecer —los efectos del veneno ya hacían mella en Steven. Todo a su alrededor comenzaba a verse borroso y empezaba a sudar a mares.

—Pero primero tenemos que encargarnos de ustedes o morirán a este paso.

—Y ahora que pongo más atención…—con todo el aquelarre, el blondo no se dio cuenta de que cierta chica no estaba dentro de los rehenes—. ¿Dónde se habrá metido?

Compresas frías y aquella mezcla de hierbas en combinación con un poco de agua, eran el mejor remedio para ese par de hombres que estaban ardiendo en fiebre y que no demorarían en desvariar. Los cuales permanecían recostados sobre sus lechos, bien encobijados y siendo vigilados por la pelinegra; era lo menos que les debía por lo que hicieron.

—¡Steven, Jill! —la única persona que faltaba de ese trío, hizo su entrada tras abrir la puerta con cierto estruendo—. ¿Qué es lo que les pasó?

—Recibieron los picotazos venenosos de un grupo de Arboks —comunicaba Arlet—. Pero les hemos dado el antídoto, por lo que se encuentran fuera de peligro.

—…Me alegra saber eso…—se aproximó hasta ambas camas, quedando justamente en el pasillo que las separaba.

—¿Dónde se supone que estabas? Creía que te habías ido con ellos.

—Lo hice, pero…decidí salirme… Y como ellos no salían, empecé a caminar por el pueblo para distraerme —expresó—…Me he enterado por todos que aparecieron esos hombres que han estado haciendo de las suyas en la isla.

—Bueno, al menos así no tuviste que quedarte con el mal sabor de boca —sopesó.

—Gracias por ayudarlos —indicó con enorme gratitud.

—Iré a patrullar los alrededores, así que te los encargo —solicitó—. Volveré más al rato para ver cómo siguen.

—Entendido —el sonido de la puerta cerrándose cesó por completo. Ahora su única compañía era la tranquila respiración de ese par de hombres—. Y me señala a mí por meterme en problemas…—suspiró—. Pero las cosas salieron bien, así que no importa en realidad.

Si tenía o no experiencia cuidando de enfermos, no lo sabía a ciencia cierta. Lo único que importaba era tener esas comprensas siempre húmedas y encargarse de que ninguno quisiera hacerse el fuerte e intentara levantarse.

—Al menos son tranquilos…—allí estaba, parada frente a la única ventana que disponía el cuarto. Allá afuera todo era silencio, oscuridad y una enorme luna iluminándolo todo—. Si está dormido no sufro los efectos de esa cosa —sonreía llena de satisfacción. Y si bien no era bueno que Steven estuviera convaleciente, al menos ella estaba en paz consigo misma.

—…¿Shade…? —justo lo que le faltaba, que él se despertara y pronunciara su nombre en el momento en que colocó su mirada en ella.

—¿Steven…? —se giró con lentitud hacia quien ya estaba sentado sobre su lecho, agarrando su cabeza como si quisiera contener aquella jaqueca que tanto problema le causaba.

—Al menos no te metiste en líos —todavía estaba afiebrado y un tanto débil. No podía pararse aunque ese fuera su deseo.

—Ni se te ocurra —se aproximó, arrepintiéndose de inmediato—. Debes descansar y recuperarte… Fuiste un imprudente al confiarte de que jugarían limpio, pero fuiste muy valiente al hacerles frente —ya había tomado asiento a un costado suyo, clavando su preocupada mirada en él—. Si tienes hambre o sed, sólo dímelo y traeré algo de inmediato —no fueron sus palabras las que le extrañaban a él, sino esa mirada que le estaba dedicando. Sí, estaba tanto angustiada como aliviada por verle.

—Estoy bien, no tienes que poner esa cara —no dudaba de que ella pudiera preocuparse por su persona, pero estaba consciente de que los efectos de esa fruta estaban haciendo de las suyas—. Deberías descansar.

—Descuida, estaré bien —dijo tranquilamente—. Deberías tomar tus propios consejos.

—¿Cómo han seguido las cosas?

—Todo se ha tranquilizado —despegó su atención de él porque sentía que su cabeza se llenaba de pensamientos innecesariamente bochornosos. Estaba luchando contra las consecuencias de su apetito. No obstante, toda lucha fue en vano.

No era un abrazo como el de hace unas horas atrás, energético y brusco, sino uno más manso y cálido. Como esos que se ofertan cuando ves a alguien continuamente y al mismo tiempo no deseas apartarte de su lado.

Le abrazaba de la cintura mientras recargaba su rostro contra su pecho y podía ver sin esfuerzo alguno lo carmesí que sus mejillas se habían puesto y lo mucho que rehuía de su mirada. En cierto modo, esa escena le pareció enternecedora; porque si era así como se comportaba una chica de su temperamento y confianza una vez enamorada, resultaría bastante interesante de ver.

—…Hueles…bastante bien…—expuso la joven, escondiendo aún más su rostro—. Aunque sinceramente, prefiero el tono de tus ojos…Son realmente hermosos…

Sus platinadas pupilas danzaron inclementes, al ritmo de la sonata nocturna que los cobijaba mientras su garganta estaba incapacitada de proferir palabra alguna. Sus cálidas mejillas eran acariciadas por la rítmica respiración de quien ahora se encontraba tan próxima que sólo unos cuantos centímetros marcarían la pauta para aquel desenlace que ella parecía tanto desear.

—¿No te agrado…del mismo modo, verdad? —ante su silencio, ella tomó la conclusión más evidente.

—Es que…no sabes lo que dices. Es decir, alguien como tú no estaría diciendo cosas como estas —la Shade que él conocía no le tenía sentimientos de índole romántica y tampoco se la imaginaba siendo de tal modo. Por eso se sentía extraño, sin saber cómo responder y a la vez, no sabía si sentía incomodidad o qué cuando ella invadía su espacio personal.

—Claro que soy yo misma, Steven —replicó, viéndole fijamente—. Sólo dime…que no soy lo suficientemente buena para ti…

Esto está siendo más complicado de manejar de lo que estaba esperando… En verdad actúa como si estuviera…enamorada…—le observó y entendió totalmente lo difícil que le resultaba manejar eso que llaman relaciones sentimentales—. No es eso.

—¿Entonces?

—Es muy pronto para esta clase de cosas. Es decir, apenas nos conocimos… Hay muchos pasos a seguir antes…de que alguien se enamore de otra persona —no, él no era absolutamente nada bueno hablando sobre esos temas. No sabía cómo abordarlos, ni mucho menos explicarlos con completa claridad sin caer en razonamientos lógicos; ni siquiera cuando un par de veces atrás experimentó algo tan próximo a lo que ella falsamente sentía por él.

—¿Eso significa…que tengo una oportunidad contigo?

—La verdad es que…—solo se había echado la soga al cuello.

—Te haré cambiar de opinión —sus palabras no fueron lo único que lo dejaron en total anonadamiento. Ese fugaz beso sobre su mejilla se encargaría de hacer el resto—. Iré por agua fresca y enseguida regreso.

Ella le había dejado totalmente solo, totalmente estoico, con un semblante de estupefacción y con su mano derecha sobre la mejilla que fue besada por Shade.

—…Hasta yo me he quedado totalmente a cuadros…—alguien más se había despertado y disfrutado del espectáculo en primera fila—. Al menos podemos decir que es una chica decidida con lo que quiere.

—…Eso no me hace sentir mejor… Pero ella no tiene la culpa de todo.

A la mañana siguiente la fiebre y los malestares generales eran asunto del pasado. Ahora lo único que los tenía ocupados eran sus estómagos; demandaban por algo de comer en la brevedad posible. Quién se imaginaría que se les despertaría así el apetito tras recuperarse.

Para su suerte, había una gran olla de estofado de verduras con carne sobre la única mesa de la que gozaba la habitación. También había dos tazones, cucharas y vasos con agua.

Aparentemente alguien se tomó las molestias de prepararles algo tan nutritivo a primera hora del día. Ya que el estofado seguía humeando de lo caliente que estaba.

—No sé tú, pero muero de hambre. De modo que me serviré —Jill no perdió más tiempo y tomó una buena porción del preparado—. Sabe bastante bien.

—Ciertamente tiene un buen sabor —Steven estaba degustando del estofado.

—Si ya están comiendo, es señal de que están fuera de peligro —Arlet entró tras haber tenido el permiso de aquel par—. Esa chica hizo un buen trabajo cuidándolos y preparándoles ese estofado.

—Así que piensa llegar a ti a través del estómago —comentaba burlonamente el rubio—. Es una buena estrategia.

—Sólo debes tener un poco de paciencia. Los efectos desaparecerán de un momento a otro —comentó la morena para tranquilizar un poco al ofuscado peli azul—. Debo de admitir que eres un sujeto extraño. Cualquier otro estaría más que gustoso recibiendo tantas atenciones de una chica.

Primero Wallace y ahora ella…—suspiró con resignación. Al parecer su cruz era justamente ser señalado por "raro" cuando interactuaba con el género femenino.

—Y hablando de ella…¿dónde está?

—La última vez que la vi estaba yendo por agua al pozo que hay al sur del pueblo —decía la oji azul—. Aunque creo que ya se está tardando.

El profundo abismo que contemplaban a cientos de metros desde la entrada, no los amedrentaba. Ni siquiera les causaba el más mínimo de los respetos. Para ellos que habían empleado aquel lugar como uno de sus más profundos escondites, lo único que les interesaba es que se quedara así, intimidante y refundido en las entrañas de la madre tierra.

Se trataba de una cueva de origen kárstico, desarrollada por la erosión del agua en una falla impermeable de una planicie de piedra caliza. Y cuya forma cónica, era tanto su mayor característica como su más grande atributo.

Con sus más de quinientos metros de profundidad, pareciera como una zona inalcanzable donde el ser humano no debería perpetrar. Sin embargo, aquel grupo de hombres ya habían acondicionado el fondo de la misma para su propia comodidad.

—Han hecho un excelente trabajo —felicitó el pelirrojo al grupo de hombres de bata que se encargaron de que esa zona tan baja poseyera las cantidades propicias de oxígeno.

—¿Por qué se molestaría en tener un sitio como éste tan bien cuidado y tan meticulosamente vigilado, señor? —cuestionó con enorme duda la mujer que había seguido calladamente sus pasos.

—¿No sería mejor que lo descubrieras por ti misma, Caly? —la sonrisa corta, pero llena de regocijo, se plantó en sus labios por largos segundos.

—Está bien. Si eso es lo que quiere, señor Zhero —sus pasos eran firmes y escandalosos por el calzado que llevaba consigo. Pero no existía terreno difícil para una mujer que cuida el glamour y el buen vestir ante todo—. Aquí solamente encuentro un montón de piedras apiladas —indicó la blonda de cabellos rizados hasta su espalda baja—. ¿Qué pueden tener de interesante? —miró de reojo al sereno y trajeado hombre, con sus gélidos ojos celestes.

—Es porque ellos están encargándose de que veas sólo eso…

—¿"Ellos"? —regresó su mirada a esa pila de rocas y no despegó su atención de allí ni un solo instante. Y fue entonces cuando las palabras de su superior cobraron total sentido—…¿Pero…qué clase de criaturas son ésas…? Nunca antes las había visto.

—…Porque por mucho tiempo fueron considerados como una mera epifanía… Pero helos aquí, dormidos bajo ese mundo de piedra, intentando banalmente impedir que mi deseo se torne realidad… ¡Pero pronto, pronto haré que abran sus ojos y todo su poder me pertenezca! —exclamó tan extasiado, tan anhelante que parecía que ese instante estaba frente a él, a punto de convertirse realidad.