Capítulo 10:
El automóvil paró en seco unos metros más allá, la gente comenzaba a rodear a la muchacha tendida de bruces en sobre el pavimento, el conductor se bajó en estado de shock y se tomaba la cabeza. El parabrisas estaba trizado y la sangre de la chica en él. Un hombre hablaba por celular llamando por ayuda. Junto al cuerpo de Aimi, una joven exactamente igual miraba su cuerpo con una cadena rota al centro del pecho. La chica miró al frente al otro lado de la calle… en la vereda.
-Byakuya-sama –murmuró.
Las personas seguían rodeándola, pero ella era ajena a todo. Miró hacia el suelo para verse yacer, los ojos abiertos vacíos miraban a la nada, la mandíbula ligeramente abierta, el pavimento se teñía de rojo donde descansaba su cabeza. La chiquilla se cubrió la boca y tiritó… Bajó la vista a sus manos, se dejó caer al lado de su cuerpo y trató de cerrarle los ojos. Su mano traspasó el cuerpo, retiró rápidamente la mano asustada.
Byakuya se acercó a la muchacha, su cuerpo artificial había caído en la vereda. Aimi miró una última vez su cuerpo sobre el pavimento, los recuerdos de su actual vida pasaban velozmente por su mente. Retrocedió recordando cada momento al tiempo que los mismos iban siendo reemplazados por memorias mucho más antiguas de una vida que había dejado hace muchos años. Atrás iban quedando los recuerdos de su reciente vida, lejos de ataduras emocionales, una vida vacía… siempre con esas ansias de llenar ese espacio que desde que recordaba sentía en su corazón. Ahora todo hacía sentido… todo.
-¿Me recuerdas? –preguntó el moreno ya en su forma espiritual.
Ella asintió.
-Ha pasado bastante, Byakuya-sama –le sonrió, sus ojos denotaban la profunda emoción que la embargaba –¿Viniste por mí? ¿Sabías que esto sucedería?
Él negó.
–Vamos a casa... Hisana.
Un portal se abría al momento que el moreno desplegaba su zanpakuto. Un par de mariposas negras salieron de la puerta de conexión para guiarlos hacia la Sociedad de Almas.
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Moronori no entendía la razón por la que Iwata lo había llevado al distrito 24 a mediodía. Le había hablado de una situación complicada con un par de hollows que estaban amenazando a sus habitantes y que los shinigamis rasos no habían podido con ellos y al ser la división 8 la encargada de la protección de los distritos… Pues tenía sentido.
Pero se alejaban de la zona habitada hacia las afueras del distrito, instintivamente volteó a mirar varias veces al sector poblado mientras se adentraban en un humedal. Iwata le hablaba sobre cualquier cosa y la verdad no le escuchaba. Se detuvieron en un claro.
-Hemos llegado –dijo el joven oficial.
-No veo nada extraño, Iwata…
De entre los juncos apareció una figura alta y delgada coronada de cabellos anaranjados. Moronori tragó saliva, no era un hollow. Ichigo no traía cara de amigos precisamente. Y cargaba su zanpakuto. Por inercia tomó la propia por la empuñadura, pero no desenvainó.
-Con que acá está el bocazas –dijo el pelinaranja sacando su espada de la espalda con total naturalidad, casi parecía divertirse –Siempre desconfié de ti, la verdad… pero supongo que no tuve más alternativa. Tal como ahora –lo apuntó –Voy a reventarte el trasero, Moronori.
El subteniente desenvainó poniéndose en guardia.
-Deberías estar preocupándote de tu querida Rukia-chan, niño –escupió, Ichigo frunció el ceño mirándolo desafiante. -No ganas absolutamente nada descargándote conmigo, chico –el rostro del hombre le devolvía la brava mirada. –En estos momentos el Concejo del Clan Kuchiki está reunido definiendo el futuro de tu noviecita y su flamante esposo. –chasqueó la lengua. –No sé porqué pierdes el tiempo conmigo… Deberías estar huyendo con Kuchiki, después de todo enfrenta un cargo por arremeter contra la división 2… Ya debería ser hora que la maten de una vez y terminen el trabajo de Aizen.
Ichigo se largó a atacarlo con furia, el subteniente detuvo el golpe con su propia espada. El pelinaranja forcejeó, pero la resistencia de Moronori no cedía.
-Puedo adelantarte que Rukia-chan será expulsada del clan, claro está. –dio un salto hacia atrás agrandando las distancias, Ichigo gruñó –Y su queridísimo hermano mayor será destituido de su puesto de líder del clan y dejádolo fuera de cualquier línea de sucesión… -se sonrió satisfecho –Kazuo Kuchiki tomará su lugar y finalmente Byakuya y yo estaremos en igualdad de condiciones…
Ichigo volvió al ataque, Moronori intentó bloquearlo, pero la fuerza del muchacho lo arrastró varios metros para darse contra un tronco totalmente inmovilizado entre el árbol y la zanpakuto de su rival.
-Usaste a Rukia como excusa para destruir a Byakuya… -murmuró Ichigo empujando con mayor fuerza su espada contra la del subteniente.
-No… -sonrió como pudo mientras aguantaba la presión –Los usé a los dos, a ella y a ti, ¡mocoso impertinente! –logró vencer el ataque del pelinaranja, el muchacho tomó distancia –Aunque gracias a tu presencia esto se hizo muy sencillo… -Ichigo le dio con todo nuevamente.
-No puedo creer que cayeras tan bajo…
-Pensé en ayudarte, claro, pero la propuesta de Kazuo fue más interesante que tu historia rosa. -empujó con suficiente fuerza como para alejar a su oponente y recuperarse momentáneamente. Alzó su espada frente a Ichigo. –Suficiente cháchara. Vibra… -dijo activando su shikai. –¡Akadama!
-¡Tsugi no mai, hakuren!
Ichigo se volteó hacia donde provino el ataque, Moronori se encontraba en el suelo recuperándose de las cientos de estocadas de hielo. Miró hacia la muchacha gruñendo algo sin sentido.
-Lo siento, Ichigo, pero esta pelea es mía –dijo la morena poniéndose frente a su objetivo.
-No, claro que no –exclamó el pelinaranja indicándola con un dedo acusador –Este bocazas fue y le dijo a tu hermano que nosotros nos andábamos morreando por ahí y por su culpa ahora tenemos que andar huyendo por toda la Sociedad de Almas.
-¿Morreándonos? –preguntó ella apuntándolo con su zanpakuto, estrechó la distancia -¿Eso es lo que hacemos según tú? Qué bueno saber que me enfrenté a la división 2 por un "morreo" –Ichigo se hizo hacia atrás, estaba furiosa.
El muchacho miró a Moronori y luego a Iwata.
-No me hagas decirlo en voz alta –murmuró ahora viendo a Rukia. Ella se cruzó de brazos -¡Por Dios, mujer! ¡Eres insufrible! –ella se volteó hacia el hombre quien observaba la discusión sin saber si prefería que terminaran con él o si aquello era suficiente tortura. Ichigo gruñó por lo bajo –¡Está bien no es un simple morreo! –Rukia alzó una ceja y en ese gesto leyó "dilo" –Estoyenamoradodeti –dijo muy rápido y esperando que nadie más lo hubiese escuchado, pero Iwata se sonreía divertido a un lado.
La morena se volvió hacia su víctima.
–Más allá de las palabras que esta mierda haya hecho llegar a Nii-sama, me utilizó para hacerlo caer… - Moronori quien se ponía de pie y la apuntaba con su espada. –Ha puesto en peligro el lugar de mi hermano en el Clan…
-Me importa buena mierda, Rukia –Moronori -¡Él se metió contigo y conmigo y eso no lo voy a dejar pasar! –guardó silencio.
Rukia se sonrió y lo miró de costado.
-No seas cascarrabias, cariño –le guiñó un ojo –Ya te lo compensaré.
Ichigo se sonrojó visiblemente.
-En guardia –le ordenó al subteniente –Ahora verás lo que es meterse con la familia Kuchiki. Te haré que pidas misericordia por tu asquerosa alma.
El hombre alzó su zanpakuto.
-Inténtalo, princesita –la retó, ella gruñó –Pero recuerda siempre que quien hizo caer a tu querido Nii-sama fuiste tú misma. –Rukia apretó los dientes –Quizás deberías apuntar tu espada a ti misma…
Rukia sintió temblar su mano, puso la izquierda sobre ella para mantener la guardia.
-No lo escuches, Rukia –dijo Ichigo, ella se volvió hacia él –Quieres esta batalla para ti, demuestra que puedes contra él. No caigas en su juego sucio.
Moronori soltó una carcajada.
-¿Vas a escuchar a ese niño? –le dijo el subteniente, Rukia lo miró –Tú estabas muy bien… y de pronto llegó este muchacho a enredarlo todo, ¿no? Si no hubiese aparecido, tu hermano… esposo no estaría pasando por el mayor problema de su vida. –ella soltó un suspiro -¿Te doy un consejo? ¿Quieres salvar a tu amante? –Rukia sintió un frío en su espalda, era cierto Ichigo cargaría con ello también –Invierte esa zanpakuto –la chica miró su espada –Y hazlo… por honor.
El seppuku*. La muchacha desvió su mirada hacia su abdomen y sintió un estremecimiento en ella.
-¡No, Rukia!
-¡Voy a matarte maldito imbécil! –gritó la chica lanzándose contra el hombre, quien apenas pudo con su ataque.
Moronori contraatacó liberando su shikai, Rukia lo detuvo con su espada. Ahora era ella quien liberaba nuevamente la danza de sode no shirayuki. El hombre era un experto en el combate, Rukia también era una combatiente de alto nivel, pero estaba con la mente en caliente, eso no era bueno para una batalla. En un descuido el subteniente le dio en el brazo con su espada, Rukia soltó su zanpakuto, trató de tomarla, los dedos no reaccionaban… le había cortado profundo. Alzó la mano izquierda, no era ambidiestra, esa era su debilidad y de alguna manera Moronori lo sabía.
-Golpe del dragón volador, cielo que sacude al cañón relámpago –dijo la morena –¡Hado 88!
Moronori recibió todo el golpe, se desbalanceó y cayó al suelo de rodillas, la espada aun al frente. Alzó la mirada para cruzarla con la de la chica. Ella se tomaba el brazo herido.
-Vas a tener que hacerlo mucho mejor que eso, princesita –se burló. –¡Tiembla, Akadama! –clavó la zanpakuto en el suelo liberando su segundo shikai.
Una gran grieta se formó desde Moronori hasta bajo los pies de la morena y una luz roja comenzó a brotar desde el interior, una ráfaga se energía ascendió rápidamente, Rukia lo esquivó parcialmente alcanzando a quemarle un costado. Rodó por el piso. Se incorporó costosamente. Volvió a tratar de empuñar su mano derecha, apenas podía mover el pulgar. Bufó, miró al hombre, alzó la mano izquierda. Moronori sonrió divertido. Ichigo miraba la escena apretando la empuñadura de su espada.
-No intervengas, no intervengas –se decía entre dientes. –Vamos Rukia…
-Sombra eterna que plaga la tierra, noche interminable que todo lo cubre, infinita oscuridad del ataúd negro –conjuró –Hado 90 ¡Kurohitsugi!
Una caja negra de energía rodeó a Moronori y lo escuchó gritar al ser atravesado por cientos de lanzas. La energía se disipó el hombre estaba visiblemente herido, pero su mirada indicaba que no estaba vencido. Se incorporó y se lanzó contra la chica, ella lo esquivó saltando sobre él, pero el hombre se giró velozmente y dio un corte profundo en la pierna de Rukia, tras la rodilla. La morena volvió a rodar en el piso, apoyó su brazo herido en el suelo para tratar de incorporarse, pero su pierna no reaccionaba.
-¿Sorprendida? –preguntó el hombre caminando tranquilamente hasta ella –Akadama no es solo la zanpakuto de tierra –le explicó levantándole el mentón con la punta de la espada, Rukia sintió como se clavaba sutilmente en bajo su mentón. –Puede crear grandes y profundas grietas… no solo en el suelo, sino que en cualquier partícula… Mientras yo hablo contigo las heridas de tu brazo y tu pierna se vuelven más y más profundas, te desmembrarás dentro de minutos –sonrió de lado –miró a Kurosaki y a Iwata –Por honor, tomo tu vida, Rukia Kuchiki.
La chica lo miró a los ojos, la furia se mezclaba con el terror, pero no bajaría la vista, quería ver a los ojos de quien tomara su vida.
-Me cago en tu honor –Ichigo retiraba de un golpe la zanpakuto de Moronori del cuello de la morena, Iwata había llegado a tomar a Rukia y apartarla del lugar con un shunpo. –Ahora sí que te voy a matar. –se disparó su riatsu tanto que Moronori apenas resistía la presión espiritual. –Se volteó hacia Rukia quien miraba a salvo en brazos de Iwata –Y luego la cargaré contigo, estúpida enana. –se volvió hacia el subteniente y sonrió sediento de sangre y tortura –Esto lo voy a disfrutar. Bankai…
Byakuya Kuchiki se detuvo apenas cruzó el senkaimon con Hisana, ese mocoso pelinaranja estaba derrochando riatsu y había activado su bankai. Era momento de apresurarse. La mujer lo miró curiosa.
-¿Qué es esa sensación? –preguntó sintiéndose débil ante la presión que se sentía en el ambiente.
-Ese es el novio de tu hermana haciendo aspavientos de su poder –bufó mirando hacia donde provenía la energía –la tomó de la mano –No corre peligro alguno, es un hábil shinigami. –le aseguró –Nosotros tenemos que apresurarnos a casa, hay algunas cosas importantes que necesitamos hablar y aclarar…
Ella asintió y fue dirigida camino a lo que en otro momento fue su hogar. Y había regresado para reclamarlo nuevamente como tal.
Varios oficiales de la división 8 llegaron al lugar para observar la lucha que se estaba librando, solía ser un lindo claro lo que se había convertido ahora en un campo de batalla. Moronori trataba de defenderse de un violento Kurosaki en modo bankai que le estaba dando con todo. La teniente de la división apareció en el lugar admirando la escena con la boca semiabierta, repasó el lugar para ver a Iwata intentado curar a la chica Kuchiki.
-Tanaka –llamó a uno de los oficiales –Indica a la división 4 que necesitamos asistencia. –se volvió hacia los combatientes -¿Qué rayos está ocurriendo aquí? –murmuró antes de dirigirse donde Iwata y Kuchiki -¿Qué clase de juego es éste? –preguntó exhaltada.
-Duelo por honor, teniente Ise –respondió el joven.
-¿La cortó la zanpakuto de Moronori? –preguntó la teniente, el muchacho asintió. La mujer acomodó sus lentes y alzó las manos para conjurar –Te ayudo mientras llega la división 4… -miró a la muchacha –Tranquila, todo saldrá bien… Kurosaki le pateará el trasero. –le sonrió.
Ichigo le daba la última estocada al subteniente, quien cayó al piso vomitando su propia sangre. Miró al pelinaranja esperando que lo terminara, pero Ichigo pateó lejos la zanpakuto del hombre y dejó la propia en su espalda.
-Ruega porque Rukia se recupere… -gruñó mirando al sujeto con desprecio –Porque si no lo hace, juro que te mataré… y no seré tan rápido como hoy, te haré sufrir de verdad.
La división 4 hacía aparición para asistir a los heridos. Llegaron primero donde Moronori y lo cargaron velozmente hacia el hospital, mientras Rukia fue asistida en el lugar, no podía perder tiempo en traslados cuando el efecto de Akadama estaba avanzando con velocidad aun con los esfuerzos de los oficiales de la división 8.
Ichigo iba a correr hacia Rukia, pero una mano en su hombro lo detuvo. Se volvió para encontrarse con la calma mirada del capitán Kyoraku.
-Rukia-chan estará bien… -le indicó –Tú y yo vamos a conversar, jovencito –lo último con algo de burla -¡Cómo odio tener que hacer esto! –dijo algo hastiado.
-¡No! –replicó el pelinaranja –No puedo permitir que se la lleven, la encarcelarán…
-Al único lugar que irá Rukia-chan es al hospital o perderá el brazo y la pierna –indicó el capitán –Y créeme que no serás de mucha utilidad allí. Vamos –fue una orden, lo empujó ligeramente aprovechando que lo tenía sujeto por el hombro.
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En la estancia había unas diez personas, aquellos mismos ancianos que solían decidir sobre la vida de cada uno de los integrantes del Clan Kuchiki. Los mismos que habían decidido sobre Byakuya y Rukia hacía un par de meses, los mismos que ahora eran informados de la intromisión de Kurosaki y del rol que había jugado Rukia durante las últimas semanas.
Al centro de la sala Nanami, el sirviente de la familia, junto con un par de criadas eran interrogados mientras ellos mantenían la cabeza gacha e intercambiaban mirandas entre ellos, asustados.
-No es necesario involucrar a la servidumbre, Natsuki –exclamó una de las dos ancianas mirando a la otra mujer.
-Si no van a creer en mi palabra que los escuchen, Hikari –repuso la mujer, aquella que detuvo a Rukia la noche anterior –Les dije, les advertí que la presencia de ese muchacho solo iba a traer problemas, pero ninguno de ustedes supuso el peligro que él traería a nuestra familia…
-Natsuki, no es necesario que discutamos esto frente a la servidumbre –Ryu Kuchiki, otro de los ancianos miraba a su hermana inquisidor –Pueden retirarse… -ordenó.
-No –exclamó nuevamente la mujer –Hasta que no hayan declarado todo. Hablen…
Nanami apretó los puños, de su boca no saldría una sola palabra. Por Rukia-sama, por Byakuya-sama… por el sustituto. Nadie excepto ellos podía entender las implicancias que algo así tendría no solo en la familia, sino que en toda la Sociedad de Almas. Una caída así en una de las cuatro familias podría traer la desgracia y debilitar el equilibro que se daba hasta el momento. Podían golpearlo y torturarlo, él no diría nada. Era leal a sus amos.
Una de las muchachas, quien atendía en las cocinas tiritó. La anciana la miró severamente.
-Yo los vi… -dijo titubeando –A Rukia-sama y al muchacho…
-Pues yo no –exclamó la otra –Yo atiendo a Rukia-sama en sus aposentos, si no he visto nada es porque nada ha pasado –terminó sin alzar la mirada, su voz era fuerte pero apretada. –Todo de lo que se la acusa es falso. Ella jamás faltaría al respeto de Byakuya-sama…
-¡Mientes! –exclamó el único joven presente, el primo de Byakuya Kuchiki, Kazuo Kuchiki –Todos mienten. Rukia ha mantenido un idilio con ese muchacho Kurosaki desde que fue al mundo de los vivos y tuvo que ser traída por la fuerza por Byakuya. Intentamos que se apaciguara, intentamos que comprendiera sus deberes como noble… le dimos todo y así nos paga.
-"Dimos" es mucha gente, Kazuo-kun –dijo Hikari –Tú jamás estuviste de acuerdo con la incorporación de Rukia-chan como una de la familia, me parece que deberías mantenerte al margen de esta conversación.
El joven frunció el ceño y murmuró maldiciones a su tía en silencio. Los sirvientes fueron dispensados y salieron rápidamente de la estancia. Dentro de ella aún se debatía sobre la veracidad de las acusaciones hacia la menor de la familia. Más de la mitad de ellos sabía que si Byakuya había tomado la determinación de tomar por esposa a la muchacha había sido por presión, pero suponían que una vez que pasara el tiempo ambos decidirían por su cuenta que estaban en lo correcto. Claro que no contaban con que el eterno salvador de la chica llegaría a interrumpir… Preferían, aquella mitad más benévola, pensar que la chiquilla había actuado más desde la juventud y la inocencia que con malicia. Mientras que la otra mitad se debatía ya en las medidas a seguir.
-Rukia debe ser expulsada del clan –finalizó el mayor de los ancianos –En cuanto a Byakuya…
La puerta de la estancia se abrió de par en par, el líder del clan ingresaba en la sala.
-¿En cuanto a mí qué, Ojii-sama? –preguntó el moreno con fingida curiosidad.
Los ancianos y el joven Kazuo lo quedaron mirando. Byakuya ingresó y se sentó frente a ellos, como dispuesto a tener una larga discusión.
-Tu esposa ha sido imprudente, Byakuya –dijo Kazuo atacándolo –Bien sabes a lo que me refiero… ella y ese chico Kurosaki.
-¿Mi esposa? –preguntó con aquel rictus imperturbable -¿Con Kurosaki? Son acusaciones que no comprendo del todo… me temo que necesitas ser más específico.
El hombre frunció el ceño.
-Rukia y ese chico han urdido un plan para huir del Seireitei.
-¡Son jóvenes, quién los culpa! –exclamó Hikari mirando a Byakuya –Rukia es una chiquilla, fuimos muy ambiciosos al pensar que ella pudiese tomar una responsabilidad así… Yo nunca estuve de acuerdo, pero la idea me pareció adecuada… sin medir en consecuencias.
-No es momento para echar atrás –comentó otro de los ancianos interrumpiendo a la mujer –La chica es la esposa del líder del Clan, por lo tanto debe atenerse a las consecuencias de sus actos.
-¡No hizo realmente nada malo! –insistió Hikari –Fuiste tú –indicó al anciano líder del consejo –Y tú –indicó a Natsuki –Quienes insistieron en ello… ¡Obligaron a una muchacha a desposar a su hermano! Y no sé en qué momento accedí a aprobarlo.
Byakuya miró a los presentes en silencio y por única vez sonrió ladino. Los presentes se le quedaron observando en silencio. El líder del Clan rió suavemente para sorpresa de todos los ancianos y su primo.
-Me temo que todos hemos estado en un grave error –dijo finalmente –Un hombre no puede desposar a dos mujeres al mismo tiempo… -miró a Natsuki –Menos si el vínculo con la primera esposa no ha sido disuelto –aclaró –Un segundo matrimonio sería inválido…
La puerta de la estancia volvió a abrirse.
-No puede ser… -exclamó Hikari, una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Hisana-san… -Ryu Kuchiki asintió agradado –Tiempo sin verte, permíteme darte la bienvenida.
La morena ingresó en la sala y pasó a tomar asiento junto a Byakuya.
-Me temo que deberemos reestructurar algunas cosas –dijo Byakuya mirando a su familia –Y la primera es delegar a Rukia a su verdadero sitio… como mi hermana, como se ha mantenido para nosotros todo este tiempo en nuestros corazones. Porque en todo este tiempo no he sido más que fiel a Hisana, de lo cual mi hermana puede dar testimonio.
Hisana observó el rostro descompuesto de los ancianos… de esos perversos ancianos. No podía creer que hubiesen llegado a esos límites. Cargarla contra su propia hermana con la excusa de mantener todo dentro de la familia, de mantener las tradiciones. Esto debía acabar de una sola vez. Y por primera vez en toda su permanencia en esa familia alzó la voz:
-Mi hermana será restituida en su lugar, aquella perversa alianza que crearon entre mi esposo y ella debe quedar nula desde ahora. Si a alguien se le deben relegar las exigencias de esta familia respecto al linaje será a mí y a nadie más que a mí… -repasó con la vista a todos los ancianos –Rukia desde ahora constará de total inmunidad en los hechos pretéritos y por venir, como cualquier miembro libre de este Clan.
Byakuya miró al concejo, las palabras de Hisana no dejaban lugar a dudas. Ella estaba de regreso, todo lo que ocurrió entre su partida y su actual estancia jamás había sucedido… al menos así era para él. Y esperaba que Rukia supiera perdonarlo por todo.
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Los últimos asistentes salieron de la habitación dejándola sola. El dolor de su pierna y brazo se había aminorado, pero le advirtieron que no intentara moverlos o activaría nuevamente la energía residual de la zanpakuto de Moronori. Miró por la ventana, agregaba una nueva amonestación y esperaba que el Comandante pudiese intervenir aplicando la ley de no involucrar al Gotei en asuntos de las familias nobles… Unos pasos resonaron en la estancia. Rukia se volteó hacia donde provenían las pisadas.
-Nii-sama… -murmuró suave cargada de miedo, pero sin arrepentimiento. Estaba lista para escuchar la determinación del Clan, pero no podía ver a su hermano a los ojos, no después de haberlo hecho caer, de haber traído la humillación a la familia… a él.
-Rukia -alzó la voz, soltó un suspiro, se le veía tranquilo. -Veo que nada de lo que diga pesa para ti. No cuando se trata de ese chico. -ella mantuvo la cabeza gacha -Quizás debí pensar más en ti que en los deseos de la familia, pero ya sabes como soy… Y lo lamento. Me he equivocado mucho contigo.
-Estaba dispuesta a asumirlo, Nii-sama… de verdad… pero…
-No hay nada más fuerte que el amor, Rukia. -ella lo miró -Lo entiendo, te entiendo… -miró hacia la entrada –Ya no hay nada de qué preocuparse… Está hecho. –no se refería al daño que ella había ocasionado o sus infracciones, sino a la libertad que se le había otorgado, pero Rukia no captó la sutileza -Hay alguien que quiere hablarte… ella podrá explicarte todo.
La chica siguió la mirada de su hermano para ver ingresar una delgada y pequeña figura, el cabello negro caía sobre su rostro. Se puso de pie sin dar crédito a lo que veían sus ojos.
-Hisana-sama…
-No es necesaria tanta formalidad… Nee-chan -la mayor de las hermanas le dijo con una sonrisa -Todo ha terminado, ya estoy aquí –le tomó la mano izquierda.
Byakuya se retiró hacia un costado de la habitación y cerró los ojos.
Rukia asintió en silencio… Ella era su única familia real, no le importaba que la hubiese abandonado, ella misma no estaba segura si en su posición hubiese hecho algo diferente. Sobrevivir en el distrito de Inzuru no era fácil para los niños, menos para una chiquilla y su hermana bebé. La menor de las hermanas sintió sus ojos aguarse y una lágrima cayó por su mejilla. Hisana le limpió con la mano en gesto maternal.
-Me has hecho mucha falta… mucha –balbubeó Rukia aguantando un hipido –Me he sentido muy sola… -más lágrimas corrieron por sus mejillas.
-No veo que estés muy sola –le dijo en tono calmo, sacó un pañuelo de su kimono y le limpió nuevamente el rostro –Tienes muchos amigos me dijo Byakuya-sama –le sonrió –Y tienes a tu novio que parece quererte mucho como para echarse a toda la sociedad de almas encima –soltó una risita. –Lamento no haber estado contigo… -le dijo con voz suave –Pero he regresado y ya no estarás más sola.
Rukia miró a su hermano y luego a su hermana.
-¿Qué sucederá ahora con…? –no quiso continuar, Byakuya ni siquiera pareció sobresaltarse con la pregunta.
-La familia ha desistido de mantener tu compromiso con tu hermano. No es posible estar casado con dos mujeres al mismo tiempo –le sonrió dulce –Supongo que he llegado en el momento indicado. –hizo una pausa para voltearse hacia Byakuya –Todos nos equivocamos y tomamos decisiones por diferentes razones… -Rukia asintió –Pero el Clan ha sabido retractarse de su imposición. Volverás a tomar tu puesto como hermana de Byakuya-sama, tu matrimonio es nulo frente a la Sociedad de Almas y los clanes nobles. –se acercó a ella –Quizás deberías pedirle disculpas a tu hermano luego, por desobedecerlo cuando te ordenó no verte con ese muchachito. Pero no está enfadado –le pasó una mano por el cabello –Me da gusto verte, estás muy bonita. Estás un poco delgada eso sí…
-Suenas como una mamá –le dijo suave.
-Como tu hermana mayor.
Ambas se sonrieron. Unos pasos ingresaron por la puerta, Hisana se volteó para encontrarse con un joven alto de cabellos anaranjados. Byakuya abrió sus ojos y se cruzó de brazos desviando la mirada.
-Parece que es momento de retirarnos –Hisana se puso de pie, le sonrió al muchacho que la miraba con curiosidad –Soy Hisana Kuchiki, hermana de Rukia –lo saludó.
-Ichigo Kurosaki… -se presentó.
-El novio de tu hermana –agregó Byakuya desde su posición y miró fulminante antes que osara contravenirlo. No había hecho todo el alboroto y ahora hacer como que no pasaba nada. Rukia miró su hermano sorprendida. –Los dejamos –se puso de pie –Rukia necesita descansar… procura mantenerte tranquilo –una advertencia no era una recomendación.
Ambos adultos se retiraron, Ichigo se sentó junto a Rukia.
-¿Te sientes mejor?
-Un poco –confesó -¿Y tú? ¿Te hirió Moronori?
-Ni un rasguño –se jactó, Rukia se sonrió –Tú te llevaste la peor parte.
-Supongo que no actué con la cabeza fría…
-Es un excelente manipulador. Casi creí que caerías en sus tretas por un segundo… -Rukia negó con la cabeza –Combatiste bien, pero te jugó en contra todo lo que estaba en juego. Pelear en caliente no es tu estilo.
-Sí el tuyo he notado –le bromeó, él le sonrió. –Finalmente lograste salvarme –miró por la ventana –Siempre logras lo que te propones… El Clan no tomará represalias, volveré a tomar mi lugar original…
-Te salvó Hisana, no yo. Por mucho que me gustaría adjudicarme otro salvataje.
Rukia le sonrió.
-¿Qué harás ahora? –él la quedó mirando sin entender la pregunta -¿Volverás al mundo de los vivos?
-Eventualmente claro que lo haré –respondió, ella asintió –Pero no está dentro de mis planes inmediatos. Moronori será removido del Gotei… Se me ha ofrecido su puesto y estoy considerándolo.
-¿De verdad estás pensado permanecer aquí? –parecía sorprendida.
-Claro que sí… tengo una buena razón para quedarme –le tomó la mano.
-¿Ser subteniente? –preguntó ella en broma.
-Enana tonta, le quitas toda la emoción al momento… -la apuntó con el dedo –Juro que nunca más te diré algo romántico.
-No es necesario, no es nuestro estilo –apretó la mano de su amigo. –¿Vas a besarme ahora o tengo que pedir hora?
-Tonta –le dijo.
Fuera, en el pasillo, dos muchachas que vestían el uniforme de la academia observaban la escena. Una parecía ensoñada, la otra escribía aceleradamente en unos pergaminos: "Todo concluía, era el momento de dar cierre a una vieja etapa y comenzar a escribir una nueva. El sustituto besó a la convaleciente morena con delicadeza. Era una promesa de caminar juntos un presente e idear un futuro… juntos, como parecía había determinado el destino desde que sus vidas se cruzaron". Su compañera leyó las líneas.
-Es el final perfecto –le sonrió aprobándolo.
Se retiraron del lugar mientras Ichigo y Rukia ya comenzaban a discutir… esta vez porque él era demasiado brusco y no tenía tacto ni consideración con que ella estaba recuperándose y ya estaba devorándole la boca sin medirse. Había cosas que no cambiarían entre ellos… y así estaba perfectamente bien.
FIN
*Seppuku o hara-kiri (desgarramiento de vientre) es una práctica por honor de los samurai que implica el suicidio por medio de un corte profundo en el abdomen, cuando se ha cometido una falta o delito.
Gracias a todos los que siguieron este fic, le dieron fav, follow o dejaron sus siempre bien recibidos reviews. Los finales no son mi fuerte así que espero les haya gustado. Esta era una historia que llevaba años pendiente y por la que volví a fanfiction sintiéndome en deuda con los lectores y con la historia en sí misma. Tomatazos, felicitaciones y odios por favor al botón review de acá abajo. ¡Nos leemos!
