A pedida del público hay epílogo. Disfrútenlo.
Epílogo
Rukia ingresó en la mansión vistiendo su uniforme, Hisana la saludó desde su posición en el jardín tendida de costado en la hierba disfrutando del sol. Junto a ella un pequeño niño de poco más de un año estaba sentado metiéndose un juguete en la boca como si fuera lo más divertido del mundo. La menor de la mujeres aceleró el paso para tomar al pequeñuelo y alzarlo en el aire.
-¿Me extrañaste, Sojun? –le dijo y el chiquito dejó caer su juguete, se llevó las manos a la boca y pegó un gritito de emoción al verse alzado por su tía –Porque yo te extrañé todo el día –lo bajó para afirmarlo contra su cadera –Creo que aburrí a todos hablándoles de ti… -él la miraba fijo -¿Es porque seré muy tonta? –le dijo con una voz agudizada y divertida -¿Es porque tía Rukia es tonta? Es que estoy enamorada de ti –lo besó sonoramente en la mejilla y finalmente lo dejó en el suelo.
El chiquito reptó a su juguete y se volvió a sentar a comerse su juguete. Rukia se sentó frente a su hermana.
-De muy buen humor, Nee-chan –le dijo la mayor, Rukia seguía mirando a su sobrino –¿A qué hora llega Ichigo-kun?
La morenita se volvió hacia su hermana.
-Me imagino que de noche, seguramente cenará con su familia antes de venir –respondió con un gesto indescifrable.
-Lo extrañaste mucho, ¿verdad? –su hermanita asintió con cierta pesadumbre –Bueno, esperar algún tiempo, por muy extenso que éste sea no es más que un respiro para un espíritu. –Hisana miró a su hijo que había gateado hasta la empuñadura de la zanpakuto de Rukia y comenzaba a chupetearla –Sojun, eso no –lo retiró de ahí y lo sentó un poco más allá –Mira, toma –le volvió a pasar su juguete.
-Lo sé –bajó la vista a la empuñadura de su katana y la limpió con la manga de su uniforme –Y entiendo que deba ausentarse, pero quizás es muy egoísta de mi parte querer que se quede aquí, ¿no crees? –se dejó caer de espaldas con las manos tras la nuca, soltó un suspiro -¿Sabes? Normalmente no tendría con quien hablar estas cosas –se volteó hacia su hermana mayor –Me las guardaría… no es adecuado que un shinigami diga cosas tan emocionales –soltó una suave risa –Ni menos alguien como yo que ha vivido lo suficiente para poder trabajar cosas como el egoísmo… ¿o será que nunca se termina de aprender?
-Nunca –le dio la razón Hisana –Y vas a tener que aprender a vivir con ello hasta que Ichigo deje definitivamente su vida… de manera natural. Debes valorar los momentos que tienen… ya tendrás cientos de años para saturarte de su presencia y llegarás a odiarlo –le bromeó y le peinó el rebelde mechón que cae entre sus ojos hacia un costado –El matrimonio no es fácil, cariño…
-No estoy casada con él.
-Pero en algún momento lo estarás, ¿o crees que Byakuya-sama tolerará el concubinato mucho tiempo más bajo su techo?
-No lo he pensado realmente –confesó –No ha pasado tanto tiempo tampoco…
-¿Bromeas, Rukia? –rió y por inercia el pequeño también rio y mostró su sonrisa a medio poblar –Han pasado diez años –se incorporó al ver que su hijo se ponía de pie y comenzaba a dar unos pasitos alejándose de ellas –Ahí viene tu hermano –le indicó saludando a su esposo con la mano.
-Realmente disfrutas llamando a Nii-sama de esa manera –comentó.
Byakuya caminó hasta las mujeres tomando en su camino a su hijo y hablándole algo bajito que solo ellos compartieron, al tiempo que el pequeño le palmoteó la mejilla.
-¿Y ese Kurosaki a qué hora pretende presentarse en esta casa? –preguntó antes que Sojun le jalara el cabello –No tan fuerte, hijo –le apartó la mano suavemente del pelo.
Nada de hola, ni buenas tardes… Byakuya Kuchiki ciertamente no era un hombre que mostrara emoción alguna, de hecho, muchas personas se preguntaban si efectivamente era capaz de sentir algo… y muchas veces el también lo hizo. La muerte de Hisana lo había devastado, después de todo ella era la única que había podido templar su frío corazón. Tener nuevamente a su lado lo había ablandado, lo debía reconocer. Y tal vez por eso había permitido todo.
-Creo que después de cenar con su familia, Nii-sama –respondió Rukia incorporándose también.
-¿Cree acaso que puede presentarse en una casa respetable a horas indecentes?
-Cariño –Hisana le llamó la atención –No seas así con el novio de tu hermana menor, no es culpa de ella… -miró a Rukia y volvió a Byakuya –Siempre se lo puedes volver a repetir durante la cena para que sea una agradable velada –fue sarcástica –O simplemente dejarlo pasar para que los tórtolos disfruten el poco tiempo que pueden pasar juntos… ¿si?
Byakuya no respondió simplemente se volvió a su hijo y le hablaba sobre algo que nuevamente era solo de ellos. Pero Rukia alcanzó a escuchar "zenbonsakura" y "Kurosaki" en la misma oración. No le dio demasiada importancia.
-Iré por algo para beber –dijo Rukia poniéndose de pie.
Ingresó a la mansión hacia la cocina, o si contaba con suerte encontrarse con Nanami para que le alcanzara algo, o quizás llevar el té para todos afuera y seguir disfrutando de la apacible tarde. Pero al pasar por un cruce de pasillo se vio volteada por un agarre firme en su brazo. No alcanzó a mirar a quien la detuvo ya que se sintió que le capturaban la boca en un ansioso beso. Sintió que aquella mano en su brazo pasaba a rodearla por la espalda, mientras otra la tomaba por la cintura. Se vio de pronto apegada a la pared devolviendo ese apasionado contacto.
-Volviste –murmuró cuando el muchacho se hartó de devorarle la boca, alzó la vista –Ichigo…
-Sorpresa –le dijo con una sonrisa.
-No te esperábamos hasta después de la cena…
-Bueno, yo no podía esperar hasta después de la cena –respondió. –Vamos… -la tomó de la mano.
Rukia se dejó llevar unos pasos por Ichigo, hasta que cayó en algo.
-¿A dónde vamos?
-A tu habitación –respondió sin detenerse. –Si llegué antes era para tener suficiente tiempo antes de la cena. –se volteó hacia ella con una nada inocente mirada, Rukia se sonrojó visiblemente –Tomaré ese sonrojo como un sí –se rió bajo.
Sin dejarla rebatir sobre ello, se perdieron por los pasillos de la mansión.
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El rostro de Byakuya que detectó al ingresar al comedor dejó claro que estaba completamente al tanto de lo que él había estado haciéndole a su hermana menor. Ichigo le sonrió malicioso al tiempo que lo saludaba a él y su esposa, pasando a sentarse a la mesa. Rukia lo siguió bajando la vista sintiéndose descubierta, sobre todo por no haber alcanzado a secar su cabello luego de la ducha. Ichigo tampoco lo secó, de hecho lo dejó obviamente mojado solo para molestar a Byakuya.
-¿Cómo va todo del otro lado? –preguntó Hisana tratando de alivianar el ambiente.
-Nada fuera de lo común, Kuchiki-san –era a la única a quien trataba con respeto –Me temo que, por tiempos, me dejo consumir demasiado por el trabajo. –se volteó hacia Rukia –Lo lamento… -ella negó indicándole que estaba bien.
Hace diez años habían llegado al acuerdo que él continuaría con su vida normal, ausentándose por períodos de tiempo para visitarla en la sociedad de almas, así como ella también se ausentaría para traspasar el senkaimon. Ambos parecían llevarlo bien, o al menos no verbalizaban que la situación ya comenzaba a incomodarlos.
Por parte de Rukia ya diez años en esa condición comenzaban a hartarla, como se lo había dicho a Hisana en contadas ocasiones. Pero trataba de respetar el antiguo acuerdo, uno que tomaron cuando aún Ichigo estaba en el instituto y que permaneció inamovible durante la universidad –ese período fue especialmente oscuro en su relación- y seguía igual ahora que el pelinaranja trabajaba.
Por parte de Ichigo, si bien en un comienzo el estar en mundos diferentes le acomodaba bastante, comenzó a cuestionárselo cuando llevaba un tiempo en la universidad. Pero como veía a Rukia tan entusiasmada con la vida que llevaba, pensó darle una alegría y orgullo en terminar su carrera. Luego quiso dejarlo en ello y aceptar ingresar en el Gotei como el comandante se lo ofreció en algún minuto, pero nuevamente una simple frase de Rukia lanzada al aire sin siquiera pedirla había sepultado sus ansias de traspasar el senkaimon de manera definitiva.
Me gusta que vivas tu vida
-¿Cuánto tiempo pretendes quedarte? –Byakuya nunca había sido muy amable y con los años su actitud no había cambiado en nada.
Ichigo miró a Rukia por inercia. No sabía porqué, pero siempre terminaba buscando en ella la respuesta. Pero esa vez ella lo miraba de una manera especial, no era indiferente, ni de aceptación… había cierta ansiedad en ella. ¿Acaso ella ya quería terminar con las distancias? Guardó silencio un momento tratando de poner en orden sus pensamientos, tratando de leer los de la morena a través de sus ojos. Ella sonrió nerviosa, era la señal que esperaba.
-No voy a volver al mundo de los vivos, ya no –dijo con seguridad mirando al líder del clan Kuchiki –Quizás para fechas determinadas como navidad, los cumpleaños de mis hermanas, vacaciones… -volvió la mirada a Rukia –Eso si estás de acuerdo.
Ella asintió con una sonrisa que pasó del nerviosismo a casi mostrar toda su dentadura. No pudo sino responder a la sonrisa con un sonrojo ligero en las mejillas que contagió a su novia.
-¡Pero qué buena noticia, Nee-chan! –exclamó Hisana.
Byakuya hizo un gesto de desagrado con la boca, pero tuvo que disimularlo cuando su esposa lo miró frunciendo el ceño. ¿En qué momento su corazón de hielo se derritió permitiendo semejante aberración? No, aquello estaba bien. Miró a su hermana toda sonrisas y sonrojos con el pelinaranja, quien –debía decirlo- se veía de lo más infantil sonriendo como un bobo. Pero se lo debía a Rukia y, muy a su pesar, había elegido de todos los hombres vivos y muertos… a Ichigo Kurosaki.
-Kurosaki –lo llamó, el muchacho se volteó a verlo –Me imagino, entonces, que formalizarás tu relación con Rukia.
Tanto Rukia como el pelinaranja se quedaron mirando fijo a Byakuya. Ninguno de los dos, ante la noticia, se había detenido a pensar que si Ichigo decidía permanecer en la sociedad de almas tendrían que… formalizar, como decía el mayor de los Kuchiki. De pronto toda la alegría se les bajó a los pies, comenzaron a sudar frío y balbuceos salían de entre sus labios.
Los de Rukia que intentaban llevar las cosas con calma. Los de Ichigo que, en realidad, decían nada. Cuando el pelinaranja finalmente pudo hilar una frase lo hizo tomando la mano de la morena a su lado.
-Claro, me casaré con Rukia.
-Bien –fue la respuesta de Byakuya.
Hisana le sonrió a su impactada hermanita. Uno de los sirvientes interrumpió la escena poniendo frente a ellos las bandejas de la cena y destapándolas para el deleite de los presentes, lo que Rukia agradeció, ya que no sabía cómo reaccionar a ello. Cuando se disponían a comenzar, la criada que cuidaba a Sojun ingresó para que el pequeño diera las buenas noches a sus padres. Hisana lo cargó un momento dándole unos mimos, Byakuya se sumó a aquello no tan afectuoso, pero a su manera. Rukia le hizo unas señitas y el chiquito sonrió. Ichigo miró al enano y, como era esperable, cuando el niño detectó su presencia le frunció el ceño.
-Es igual a Byakuya –bufó el pelinaranja.
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Había sido una ceremonia hermosa, y aun cuando ya había vivido una mucho más pública y pomposa, esa boda más íntima y menos lujosa había sido para ella mil veces mejor. Había pasado tanto tiempo desde que se había visto obligada a desposar a su hermano, que le parecía más bien una horrible pesadilla que algo que realmente hubiese pasado.
Dejó la fotografía sobre el mueble y se dejó caer pesadamente en un sillón en el que últimamente adoraba pasar el tiempo.
-Te veías hermosa –le dijo Ichigo frente a ella indicando la fotografía –Pero ahora lo estás mucho más.
Rukia le hizo un gesto de burla.
-Parezco que me hubiera tragado una sandía –respondió sobándose la barriga. –Creo que ya voy a explotar…
-Exageras.
-Trata tú de llevar un bebé en la tripa y luego hablamos –le gruñó de vuelta.
El pelinaranja se rio mirando a una bien entrada encinta Rukia, quien le devolvía una mirada de odio.
-Tu adorable carácter se ha visto incrementado, eres tan encantadora –la picó.
-Recordaré cada una de tus palabras para cuando intentes convencerme de esto una vez más.
-Dijiste eso con los dos anteriores, no sé porqué pero no te creo nada. –se puso de pie y la besó en la frente –Debo volver al cuartel. ¿Algún encargo para cuando vuelva?
-No, gracias –respondió –Solo, antes de salir, mira que los niños no se estén matando, ¿quieres?
Ichigo asintió, le acarició la barriga suavemente y se marchó de la habitación. Repasó el jardín mientras caminaba, podía ver a su hijo mayor tan pelinaranja como él jugando amigablemente con su primo mayor, mientras su pequeña morenita peinaba a su muñeca sin prestarle mucha atención a los varones.
-Me voy –les dijo lo suficientemente algo para captar su atención.
Los niños lo miraron.
-Adiós, papá –le respondió el mayor.
-No te vayas, papi –la pequeña hizo un puchero.
Sojun Kuchiki lo miró fijamente y frunció ceño. Ichigo suspiró, mocoso arrogante, se dijo. Se sonrió al escucharse mentalmente decir las mismas palabras hacia el hijo de Byakuya que él utilizaba para dirigírsele. De pronto una horrible idea cruzó por su cabeza al ver a su sobrino político acercarse a su hija y hablarle de manera que ella le sonrió ampliamente. Negó con la cabeza ante ese pensamiento y se marchó rumbo al Gotei.
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Fin
