"Mantente alejado de él".
Capítulo 2.
¿Qué?
"Quiero que te mantengas alejado de Hayato, Hibari Kyoya".
Oh, así que eso le ha dicho esta herbívora. Que se mantenga alejado del herbívoro rebelde, de Gokudera Hayato.
—Hn —y él, sólo puede atinar a sonreír divertido, burlón. Porque la situación lo amerita. Porque sus palabras eso le provocan: risa.
Y eso, por supuesto que no le gusta a Bianchi.
—¿Qué te hace tanta gracia? —Le pregunta, frunciendo el ceño y poniéndose más seria, más tensa.
—Lo que has dicho —admite abiertamente, al tener en sus labios una media sonrisa que no se va.
Porque, no sabe qué le hace tanta gracia. Que esta herbívora esté ahí diciéndole qué hacer —aléjate de Hayato— o esperando que realmente le haga caso y lo haga.
¿Él? ¿Hibari Kyoya, en serio?
Al parecer esta herbívora se equivocó de persona. Porque en primera, no le gusta que nadie le diga qué hacer —hace lo que él quiere y cuándo quiere— y en segunda, no atiende órdenes de nadie, y mucho menos si es un herbívoro —el género no importa—. Es más, hasta está teniendo estas ganas de hacer lo contrario de lo que le pide, de "no alejarse"… sea lo que esto signifique.
Porque si lo piensa, si lo analiza, no es como si estuviera "cerca" del herbívoro como ella dice. Gokudera Hayato sigue sin agradarle del todo; sigue molestándole su forma rebelde de actuar y de ser; y él mismo sigue mordiéndolo hasta la muerte por estos motivos, por lo problemático y escandaloso que llega a ser, por seguir desafiando las reglas de su escuela y a él mismo. Así que en definitiva, las cosas siguen como siempre entre ellos dos.
No entiende entonces porqué recibe esta advertencia de su parte.
—Pues —vuelve a hablar ella, atrayendo de nuevo su atención—, no es divertido. Y ya estás advertido, quiero que te mantengas alejado de Hayato.
¿Qué será? El tono de está herbívora, su seriedad o molestia, o tal vez sus palabras... pero hay algo ahí que lo ínsita, que lo hace revelarse y negarse; provocarla.
—Y si no lo hago... si no quiero —y su sonrisita sigue ahí, desafiante, burlona.
Obteniendo la respuesta que buscaba al ver cómo ella se altera en cuestión de segundos ante sus palabras.
—¡Hibari Kyoya estoy hablando en serio!
Tanto es así, que la ve sacar un recipiente de la mochila que carga, destapándolo, furiosa. ¿Eso se supone que es comida? ¿Por qué de pronto luce tan... extraña, tan poco apetitosa?
—¡No quiero verte cerca de Hayato o yo...! ¡Yo...! —Se contiene, dándose cuenta de que incluso ha sacado la comida que llevaba con ella para poder atacarlo.
Sí, y eso es justo lo que él esperaba; lo que quería que sucediera.
—¿O tú qué? —Quiere saber, pues esto se puede poner interesante. Si ella es "peligrosa" como Cavallone le ha dicho, claro.
—... Te mataré.
Bueno, eso suena decente, prometedor.
—Inténtalo entonces... —saca sus tonfas, tomando posición de batalla. Esto será divertido.
Ella lo mira unos segundos, debatiéndose si seguirle la corriente o no. Y justo cuando toma una decisión, cuando su vista baja a la comida que tiene para usarla, para lanzársela, alguien más aparece.
—Bianchi —le llama una voz seria tras su espalda, atrayendo la atención de ambos.
—¡Reborn! —Se sorprende tanto de verlo ahí, que se le cae el recipiente con comida venenosa pero no le importa. Se gira de inmediato para verlo.
—Bebé... —e inclusive él baja sus tonfas al verlo. Algo le dice que ya no van a pelear.
—¿Qué están haciendo? —Pregunta serio el Arcobaleno, al parecer, consciente de lo que estaba pasando ahí.
Como es de esperarse, es ella quien responde primero.
—N-Nada... no te preocupes por eso, Reborn. Debes de tener hambre, ¿cierto? Yo... —junta el recipiente con comida para llevárselo—, iré a traerte un poco de la comida de Tsuna.
—Está bien.
Aunque antes de irse le da una última mirada de advertencia y él, por supuesto sabe lo que significa. Pero claro, no le importa. No, si no hay una lucha de por medio.
—Hibari…
—¿Sí, bebé? —Voltea a verlo, teniendo por completo su atención ahora que la herbívora se ha ido.
—No la provoques... no te conviene meterte con ella. Y no, no es porque sea más fuerte que tú, ambos sabemos que no lo es.
Wao! Qué curioso. Una advertencia de parte del bebé.
—Hn —esboza una pequeña sonrisa, pues no puede creer que todo esto sea por el herbívoro rebelde.
¿Desde cuándo Gokudera Hayato se volvió tan importante para las personas, tan interesante como para meterse con él?
Esto, por supuesto que no lo puede dejar pasar así como así.
Dos días después por la mañana, cuando Hibari patrulla los pasillos de su amada escuela para asegurarse que las cosas estén en calma antes de que las clases inicien un disturbio atrae su atención en uno de los pasillos; que sea la manada del herbívoro de Sawada Tsunayoshi no le sorprende en absoluto.
—¡Vaca estúpida! ¡¿Qué el Décimo no fue claro contigo?! —Gokudera sostiene al mencionado del cuello del traje de vaca mientas él, patalea en el aire al ser atrapado.
—¡Lambo-san también quiere estar aquí, estúpidera! ¡Bájame, bájame! —Y se remueve más.
—¡Cállate ya y compórtate!
—¡Lambo-san no quiere!
—¡¿Qué dijiste?!
—Gokudera-kun, Lambo, ¡tranquilícense por favor! —Tsuna trata de calmarlos antes de que uno u otro cause más revuelo—. ¡No llegaremos a nada si siguen así!
—Pero Décimo...
—Lambo —le habla serio el castaño al acercarse a él—. Te dije que no puedes venir a la escuela cada que tú quieras; debes quedarte en casa con mi mamá, I-pin y Fuuta, ¿lo recuerdas?
—¡Pero...! —Protesta molesto el Bovino, apuntándole con el dedo a la personita que permanece en el hombre de Tsuna—. ¡Reborn sí viene contigo todos los días! ¡Lambo-san también quiere estar aquí!
—Hn —sonríe divertido el Hitman ante su comentario—. Eso es porque yo no soy una Vaca estúpida y puedo estar dónde quiera.
—¡Reborn! —Se queja Tsuna al escuchar su respuesta, viendo ante sus ojos cómo Lambo se enoja, se libera del agarre de Gokudera-kun y saca una granada rosa.
—¡Muere, maldito Reborn!
—¡Y-Ya basta ustedes dos! —Antes de que logre quitarle el seguro para lanzarla toma al pequeño Bovino en brazos, quitándole el arma y guardándola de nuevo en su cabello—. ¡Cielos, denme un pequeño respiro, por favor! —Se queja con un largo suspiro, bajando de nuevo a Lambo.
—Buh~. Tsuna tan aburrido...
—¡Vaca estúpida, más respeto al Décimo!
—¡Tú cállate, Ahodera!
Y ahí van otra vez.
—¿Causando alboroto desde temprano, herbívoros? Ustedes quieres que los muerda hasta la muerte, ¿cierto? —Hibari se acerca hacia ellos con una sonrisita en sus labios y sus tonfas a la vista. Su presencia causa varias reacciones.
—¡Hii! ¡Hibari-san!
—¡Hibari!
—¡Ciassu, Hibari!
Y de los cuatro, sólo es el herbívoro de Sawada Tsunayoshi el que está asustado con su presencia... cómo siempre.
—Hola, bebé —saluda al Arcobaleno, repasando en los otros tres—. Él —su vista va hacia el pequeño con traje de vaca, que lo ignora, cambiándole la expresión por una seria.
¿Cuantas veces les ha dicho ya a los herbívoros que ellos —los bebés— no pueden estar en su amada escuela? Al parecer cierto herbívoro futuro jefe de la Mafia quiere que lo muerda hasta la muerte, ¿cierto?
—¡Hii! ¡Él y-ya se iba a casa, Hibari-san! —Al ver la mirada que el prefecto le da, toma rápidamente a Lambo para irse con él—. ¡Lo llevaré yo mismo a la salida! —Y se echa a correr, sin acordarse que "correr en los pasillos está prohibido". Otro motivo por el que Hibari después lo morderá.
—¡D-Décimo! —Todo sucede tan rápido que Gokudera no sabe qué hacer. Si ir tras su querido capo o no. Aunque éste se gira y se lo dice.
—¡Tú ve a clases Gokudera-kun, ahí te veo!
—¡Pero...! —Demasiado tarde, su Décimo desaparece de su campo de visión al bajar por las escaleras con la Vaca estúpida en brazos y Reborn-san en uno de sus hombros.
Así que se queda ahí unos segundos procesando todo... con Hibari cerca de él, pero todavía no es consciente del todo. No, hasta que éste le habla.
—Hn. Deberías hacerle caso e ir a tu salón, herbívoro. Las clases no tardan en empezar —guarda sus tonfas, girándose para irse. Es claro que ya no morderá a esta manada. A Sawada Tsunayoshi quizá, pero más tarde.
—¿Hah? —Lo mira—. ¡No me digas qué hacer, Hibari!
—Cómo quieras. Pero sabes que te morderé hasta la muerte si llegas tarde o te saltas la primera hora.
—¡Lo sé! —Gruñe por lo bajo, frunciendo el ceño.
Sin nada más que decir, el prefecto continúa con su camino. O al menos esa es su intención.
—¡Hibari!
—¿Qué? —Se detiene, volteando a verlo. Ahí, ve cómo el herbívoro de Gokudera Hayato frunce un poco más el ceño, parece que se debate mentalmente un par de cosas y al final, y como quien no quiere la cosa, le pregunta algo, aparentando indiferencia ante todo.
—¿Y? ¿Ya leíste las revistas que te preste?
Curioso. Pese a ello, el herbívoro evita verlo a los ojos. Preguntarle aquello al parecer no le hace mucha gracia y tampoco le resulta fácil.
¿Es por eso que no había venido a buscarlo en dos días?
No está seguro.
—Yo... —le responde, atrayendo su atención—. No recuerdo haberte dicho que las leería, ¿o sí, herbívoro?
—No, pero... ¡Tenías que leerlas, Hibari! ¡Así te darías cuenta de que yo tenía la razón! ¡Los extraterrestres y OVNI's sí existen!
Y ahí está de nuevo, el herbívoro diciéndole lo mismo de siempre; emocionándose con este asunto... tanto o más como si se tratara de Sawada Tsunayoshi. Aunque debe admitir que éste motivo le parece mejor que aquél que siente por el herbívoro de la Mafia.
—Hn —esboza una pequeña sonrisa burlona—. ¿Cuándo vas a aceptar que esas cosas no existen, Gokudera Hayato?
—¿Y tú cuándo vas a admitir que sí existen, Hibari? —Le regresa la pregunta con una expresión confiada en el rostro.
Ambos se miran largos segundos, siendo lo mismo de siempre con este tema. El herbívoro no se rinde con esto. Pero él tampoco. Y más, porque difiere con el Guardián de la Tormenta.
—Nunca... porque no existen.
—¡No, eso crees tú! ¿Pero sabes qué, Hibari? ¡Estás muy equivocado, sí existen!
—Claro. Cómo tú digas, herbívoro...
De pronto, algo pasa volando entre ellos reaccionado ambos al instante pues están siendo atacados.
—¡Pero qué...! —Gokudera da un salto hacia atrás, llevando su mano hacia sus dinamitas. Ya está preparado con ellas en las manos. De ser necesario, las encenderá y atacará en el siguiente movimiento que haga.
—Hn —Hibari no se queda atrás. Al instante saca sus tonfas y frena la siguiente cosa que va hacia ellos quedándose pegada en una de sus tonfas. ¿Eso es...?
—¡¿P-Poison Cooking?!
El de ojos verdes es el primero que reconoce esa cosa viscosa, morada, y tóxica, viendo después el prefecto cómo comienza a desintegrar su arma por lo que la mueve para hacer que esa cosa se caiga de ahí.
"Comida venenosa". —Hibari por fin entiende cómo ataca esta herbívora. Y sólo por dos segundos cree que sí es peligrosa; después, le da igual. De todos modos la morderá hasta la muerte y más ahora que lo está atacando.
—¡¿Hermana?! —Gokudera está muy sorprendido de verla al otro lado del pasillo y no se explica a qué ha venido ese ataque—. ¡¿Qué estás...?! ¡Agh! —Tampoco es que pueda llegar a preguntárselo pues al ir sin nada que cubra su rostro cae al suelo completamente pálido y con un intenso dolor de estómago como siempre que la ve. Como es de esperarse, está fuera de combate tres segundos después.
Kyoya lo mira de reojo, centrándose después en la herbívora que emana un aura oscura y tensa. La herbívora está furiosa.
Wao!
—¡Hibari Kyoya te lo advertí! ¡Muere! —Y le lanza tres platillos más envenenados.
Continuará...
Bueno, por fin la continuación.
Muchas gracias a MimiChibi-Diethel, Mike, Tikal-neo & Secretsorrow por su lindos comentarios. Nos vemos.
