DISCLAIMER:

Saint Seiya no me pertenece, si no a sus respectivos autores.

Yo sólo me divierto escribiendo locuras sobre ellos.


PREVIAMENTE:

— Está dormida.

— Gracias por haberla cuidado Saga.

— No es nada Aioros, adiós compañeros, cuídense.

Casa de Sagitario

Aiami se despertó bruscamente luego de una pesadilla, el notar que ya estaba en Sagitario ayudó a que se calmara un poco, sin su máscara se dirigió a la cocina para beber un poco de agua cuando notó un cosmos familiar cerca, el de Saga, casi al instante el cosmos de su primo respondió al llamado.

Ella se acercó hacia los dos sin importar que no llevara su máscara. Ambos iban hacia la salida de Sagitario.

— ¿Hermano? ¿Saga?

Saga notó que no llevaba la máscara y volteó la cabeza.

— Hermanita, escucha, el Patriarca nos llamó a ambos, vendré en un rato ¿si?

— De acuerdo, cuídense chicos.

Los dos Caballeros salieron rumbo al templo de Shion mientras un escalofrío recorría a Aiami y recordaba su sueño.

¡Miren viene la hermana del traidor!

¡Es una traidora igual que él!

¡Merece morir!

Suficiente.

Milo, envestido en la Armadura Dorada de Escorpio la defendió, sólo para decirle al oído un "Te estaré vigilando pequeña rata".

Aiami corrió al templo de Leo a ver a su hermano, quien se refugió ahí, pero Aioria no estaba allí, entonces, corriendo por túneles ocultos, llegó a la casa de Sagitario, su antiguo hogar, allí se acurrucó en una esquina del sótano y lloró amargamente por la muerte de su hermano, Shura, su propio amigo lo había matado sin importar nada y en eso, casi los mata a ella y Aioria.

La Armadura de Sagitario brilló ante ella y oyó la voz de Aioros que le decía "Ahora entiendo tus palabras, estoy en los Elíseos gracias a ti, pero soy siervo de los Dioses Gemelos, ellos me ayudan a comunicarme contigo, siempre te cuidaré tal como se lo prometí a tu padre inmortal y a mí mismo".

— ¿Aiami? ¿Qué tienes cariño? ¿Por qué lloras?

Aioria se acercaba a su prima mientras ella lo abrazaba fuerte y seguía llorando.

— Tuve una pesadilla muy fea Leoncito.

— ¿Me dices de qué se trata?

— Aio, Aio se muere y nosotros somos maltratados, te busco y no te encuentro y todos nos dicen traidores.

El leonino se tensó recordando que ella había acertado las constelaciones de las nuevas aprendices según le había dicho Máscara de Muerte a Aioros.

— Sólo fue una pesadilla, todo estará bien ya lo verás. Vayamos a dormir mejor…

— Sí pero… ¿Te quedarías conmigo?

El mayor bajó la vista a los llorosos ojos de la pelinegra y le sonrió.

— Por supuesto.

Ambos volvieron a la habitación de ella y se acostaron en su cama, Aioria dejó que Aiami se recostara en su hombro y abrazara su pecho mientras él la rodeaba completamente con sus brazos. Luego de un rato, sintió que las respiraciones en su cuello se habían tranquilizado, pero él no pudo dormir hasta que sintió el cosmos de su hermano, decidió hablarle por este medio.

Hermano.

¿Dónde estás Aioria?

Con Aiami. ¿A dónde fuiste?

Vio a su hermano entrar a la habitación con una sonrisa.

El Patriarca elegirá entre Saga y yo para su próximo sucesor, además Athena bajará mañana a la Tierra.

¡Eso es genial hermano! Mm, será Primero de Septiembre, mejor recordarlo.

— Sí es genial.

Aiami se revolvió en sueños y Aioros se recostó con ambos, la niña sonrió y se volteó a abrazarlo, esa noche sería la última feliz de los tres juntos.

Cámara del Patriarca ~ Frente a la estatua de Athena – Al día siguiente...

Shion se encontraba sin su máscara sosteniendo a la pequeña bebé Athena, recién llegada a la Tierra.

Pensaba con nostalgia cómo se parecía a la antigua reencarnación de Athena del Siglo XX, Sasha.

En tanto sintió los cosmos de Saga y Aioros acercarse al templo, hoy comunicaría su decisión, pero presentía que serios problemas se avecinaban, las estrellas se lo habían advertido...

Miró a la pequeña Diosa quien le sonrió y le posó su mano en la mejilla, dándole paz con su calmo cosmos.

Shion sonrió y se la dejó a una doncella para que la llevara a su cuna.

Casa de Piscis

La pequeña aprendiz de Aioros corría en dirección a conocer a Athena, su hermano le había prohibido ir pero ella moría por conocer a su Diosa.

— Caballero de Piscis solicito permiso para pasar por su templo.

Aphrodite la miró con seriedad.

— No deberías ir según me dijo Aioros.

— Por fis Af, sólo quiero ver a Athena, prometo que nadie sabrá que me dejaste pasar… si me descubren.

Finalizó con una risa. El peliceleste negó con la cabeza, hizo aparecer una rosa roja en su mano y la colocó en el cabello de la niña.

— Bien, pasa bonita.

— ¡Muchas gracias Af, te adoro!

El Caballero de Piscis sonrió al ver correr a la niña escaleras arriba y con un gesto de la mano hizo desaparecer sus Rosas Diabólicas Reales del camino.

Cámara del Patriarca

Aiami oculta detrás de un pilar ve salir a Saga con rostro furioso del lugar y a su hermano con gesto indescifrable, maldijo su suerte entre dientes y volvió a correr escaleras abajo… O al menos, lo intentó.

— Ya te he visto hermanita.

— Jeje, hola Aio, te extrañaba hermano.

— ¿Y esto no tiene nada que ver con Athena cierto?

— N-no.

Aioros carga a su prima en sus brazos, que mira alrededor y al ver que nadie pasa, se quita la máscara y deja un rápido beso sobre la mejilla de Aioros, luego se la coloca nuevamente.

— Vayamos a casa, hay algo que debo decirles a ti y Aioria.

— ¿Me dices ahora? Porfa hermano.

— Eres muy impaciente bonita, vamos mi pequeña arquera.

Ambos se dirigieron a la Casa de Sagitario, donde les dijo a Aioria y Aiami que se irían por el día libre que había prometido, no sin antes reprenderlos por pelear, ya que el pequeño leonino había molestado a su prima por la rosa que le había regalado el Caballero de Piscis.

Plaza en Rodorio

Aiami se había quitado su máscara y jugaba a las atrapadas con Aioria, en tanto, Aioros extendía un mantel en el suelo y de una canasta sacaba unos sándwiches. Los niños se acercaron corriendo al ver esto. El castaño sólo pudo reír ante ello.

Los tres comieron entre bromas y luego Aioria le arrojó unas nueces a su prima, quien respondió del mismo modo, pero el destinatario las esquivó dando por resultado que las nueces cayeran sobre Aioros quien los miró con una seriedad que ambos niños se abrazaron y cerraron los ojos sólo para sentir muchas nueces cayendo sobre sus cabezas, seguido de agua helada. Al abrir los ojos se encontraron con Aioros riéndose sosteniendo dos botellas vacías de agua. Ambos niños se miraron y con una sonrisa saltaron hacia Aioros y comenzaron a hacerle cosquillas, el mayor se retorcía bajo ellos hasta que logró ponerse encima y "atacar" a sus hermanitos.

— Chicos, puede que el Patriarca me elija como su sucesor.

Los niños lo observaron y saltaron encima suyo abrazándolo.

— ¡Eso es genial Aio!

— ¡Felicidades hermano!

— Bueno, juguemos una carrera… El que llega último al lago del bosque aquí cerca es un traidor.

Aiami se tensó en lo que Aioros y Aioria corrían entre risas, entonces ella reaccionó y logró sobrepasar Aioria que ya le llevaba varios metros de ventaja, al final, el fue quien llegó último.

— ¡Ja! ¡Eres un sucio traidor gato!

— ¡Callate, hiciste trampa arquera de segunda!

— Admite tu derrota, ahm, ¿dónde está Aio?

Ambos se pararon a observar a su alrededor pero no encontraban a su hermano, Aioria corrió por las cercanías desesperado, su prima sólo se quedó mirando, hasta que ella se lanzó a un punto específico en el lago y de allí Aioros la agarró riéndose.

— Bien Aia, me encontraste, tienes 2 horas menos de entrenamiento mañana.

— ¡Hey eso no es justo!

— Lo es hermanito, en lugar de ser tan impulsivo y correr por ahí pudiste observar bien a tu alrededor y darte cuenta de las pequeñas burbujas de agua que yo hacía. Pero basta de ello, ven aquí que el agua está perfecta.

Aioria, aún algo enfurruñado se tiró encima de ambos y comenzó a salpicar a su prima quien se enojó y hacía lo mismo, en eso, un chico de la edad de Aioria pasó por allí, Aiami se escondió atrás de Aioros.

— Uh… Um… Y-yo siento haberla asustado señorita, un gusto conocerlos, mi nombre es Keegan… Um… Yo sólo vine a buscar agua… ¿S-son del Santuario de la Diosa Athena?

Aioros sonrió al chico que temblaba en lo que llenaba unos baldes de agua.

— Así es, yo soy el Caballero de Sagitario, Aioros y ellos son mis aprendices, Aioria, futuro Leo y Aiami, futura Colibrí.

Aioria le dirigió una mirada molesta y abrazó a su prima, quien asomó la mirada tímidamente al chico de cabellos rojos y ojos dorados cuando éste no la miraba a ella.

— A-ah una Amazona, l-lo lamento, no he visto tu rostro, ¡Por favor no me mates!

Del susto, Keegan dejó caer dos de sus baldes, gruñó frustrado a punto de entrar al lago, pero entonces la pelinegra le devolvió ambos recipientes con una tímida sonrisa.

— Hagamos de cuenta que jamás viste mi rostro ¿si? Después de todo no eres del Santuario, nadie tiene por qué saberlo.

El pequeño pelirrojo se sonrojó ante la belleza y amabilidad de la niña.

"¿Acaso tú no eres una Diosa?" murmuró él, ella giró la cabeza, confundida, Keegan se sonrojó aún más y tomó los baldes, los llenó y los colocó sobre sus hombros, Aioros salió del lago y se ofreció a ayudarlo, el chico lo rechazó educadamente, pero sí le pidió que le alcanzara los otros dos baldes con agua, Aioria se los pasó con un gruñido y murmuró un "Ya largo, no te quiero ver cerca de Aiami", Keegan asintió algo asustado y se fue lo más rápido que pudo.

— Qué niño más raro.

— Parece un idiota.

— Aioria, controla tu lengua.

El rubio gruñó. La pelinegra sólo se rió.

— ¿Hermanos? Y-yo… Quiero decirles que los amo.

Aioros y Aioria la miraron, confundidos, pero pronto sonrieron y Aioria se sonrojó.

— Aia, yo también te amo hermanita, tú y Aioria son lo más importante que tengo en mi vida.

— Y-yo también te amo Aiami, y a ti Aioros, soy muy feliz por aprender de ti y aunque no lo demuestre Aia… Me gusta entrenar contigo.

Los tres se sonrieron y se fundieron en un abrazo, luego, entre risas y juegos pasaron todo el día, felices, como familia, sin saber que alguien los observaba, lleno de envidia y rabia, aquella persona tenía el cabello color plata y unos ojos escarlata cuyos globos oculares parecían completamente inyectados en sangre.

Los tres "hermanos" vieron el atardecer desde arriba de un árbol, abrazados y sin preocupaciones, sin saber que esa noche las cosas cambiarían radicalmente en manos de una persona muy querida por ellos, que en ese preciso momento no era él mismo y los observaba con ganas de matarlos.

Santuario, Habitación de la pequeña Athena. 4.30 A.M.

En su cuna, la pequeña pelilila le sonreía a una niña frente a ella.

— Mira qué bonita eres, mi Diosa. No sabes cuánto quería verte.

Aiami sonreía a la bebé mientras ella le correspondía.

— Mira, te traje esto, sé que no es algo digno de una Diosa como tú, más siendo tan bonita, pero es para mostrarte mi completo respeto y devoción, ante ti prometo volverme la Amazona más fuerte de todas y dar mi vida por ti y los que amo.

Aiami le colocaba una pequeña cadenita de metal con un dije de un lobo que ella mismo había moldeado y, en un ataque de sueños raros que había tenido, añadió su cosmos que había logrado encender por unos instantes. La pequeña Athena tomó con sus manitos el dije y lo metió a su boca haciendo reír a la mayor.

De repente oyó un ruido. Asustada, se escondió detrás de un pilar cerca de una pared lejana y vio entrar al Patriarca, buscando una forma de salir vio como su hermano con la bebé en brazos saltaba cerca de ella y como el Patriarca lo atacaba abriendo un agujero en la pared justo al lado de ella. Completamente desorientada quiso observar al Sumo Pontífice, pero al ver saltar a Aioros con Athena decidió seguirlos. Pero antes alcanzó a oír un grito que dictaba "¡Aioros de Sagitario es un traidor! ¡Él intentó matar a Athena!". Un escalofrío la recorrió. Sus sueños se estaban cumpliendo. "¡NO! ¡Eso quiere decir que…"

¡Aio! Estoy detrás tuyo, detente.

Aia, pudiste encender tu cosmos, estoy orgulloso de ti. Cuidate mucho mi preciosa arquera, aunque no esté contigo físicamente, siempre te protegeré. Dile a Aioria que también me enorgullece, será un gran Caballero Dorado. Los amo.

Aio… sé que no eres un traidor, ¿Qué pasó?

Aún parada casi en las afueras del Santuario, le perdió el rastro a su primo, pero vio como Shura pasaba corriendo a su lado.

— No, esto no puede estar pasando, es imposible, sólo es otra pesadilla.

Simplemente se dejó caer en el suelo, llorando amargamente, al fin logró encender su cosmos pero no sentía el de Aioros y entonces, después de un tiempo y ya habiendo amanecido Shura volvió con semblante devastado y la vio, rápidamente, ella se colocó su máscara.

— Aiami yo…

— Hiciste lo que te mandaron Shura, si el se lo merecía o no, no lo sé, no sé si hablaste con él y no quiero saberlo, porque si me enterara que él quiso decirte algo y tú no lo escuchaste jamás podría perdonarte, así que sólo dejémoslo así y volvamos al Santuario, quiero ver a Aioria.

El Caballero de Capricornio asintió, serio, y ambos se dirigieron rumbo al Santuario.


CONTINUARÁ...

El romance tendrá que esperar... Algo bastante malo acaba de ocurrir... Dios, sufrí escribiendo esto... ¡Perdón Aioros pero así de cruel soy!

Nadie tiene que interponerse entre la búsqueda de poder de Saga al parecer... Ni su hermano, ni su amigo ni nadie, así que ya veremos qué pasa después-.-


YaoiLover... temo que todavía te dejaré en suspenso... Porque me gusta el drama y esto recién empieza, aunque puede ser que pasen cositas raras en el futuro, pero no todavía... No con el Saga malo, tampoco queremos torturar de más al peliazul bipolar que después seguro se arrepentiría. Aún así espero que te guste la actualización y... ¡Preparate que te voy a seguir confundiendo! Un beso de flecha dorada, así como la de Aioros...

Bueno, mientras me voy a llorar porque maté a uno de mis Caballeros Favoritos me retiro diciendoles que se mantengan pendientes y agradezco de todo corazón que se hayan tomado su tiempo y lean este que es mi primer fic ¡Chausi!