DISCLAIMER:
Saint Seiya no me pertenece... Qué más quisiera yo u.u
CAP DOBLE EN REGALO POR TARDANZA! XD
PREVIAMENTE:
Sintió como la más pequeña asentía sin ganas y mientras abrazaba a su hermano con una mano, con la otra parecía acomodarse la máscara, pero el sonido de un beso le llegó luego y lo comprendió. "Dijo ser tan veloz como un Caballero de Plata, pero está más cercana a la Velocidad de la Luz… Como un… Dorado… Interesante" pensaba Kassia. Aiami se levantó para ver que sus ropas eran más grandes que ella, comprendió que seguramente eran de Mu y no le dio mucha importancia, Aioria despidió a las chicas con la mano, ellas correspondieron de la misma forma y fueron hacia el Recinto.
Meses después (15 años antes de la Guerra contra Hades)
Coliseo
— ¡Relámpago de Voltaje!
— ¡Colmillo de León!
Aiami observaba desde las gradas como su hermano luchaba contra su maestra por la Armadura de Leo, miraba con orgullo como él la sobrepasó rápidamente y la dejó tirada en suelo, aún así, Kassia se levantó dispuesta a atacar, se lanzó contra Aioria y comenzó a darle puñetazos, que por la diferencia de velocidad el rubio esquivaba fácilmente, hasta que le dio finalmente un golpe en el estómago haciendo que la peliplateada se quedara sin aire y cayera al piso, finalmente, Aioria le dio un último golpe en el estómago de nuevo, desmayando a Kassia. Luego, la tomó en brazos y la dejó con su hermana, quien encendió su cosmos para curarla, ahora Aiami estaba al nivel de un Caballero de Plata.
Aioria volvió al centro del Coliseo con un destello dorado en todo el cuerpo y se plantó frente a la Armadura de Leo y encendió su cosmos, lo más alto que pudo, afortunadamente fue suficiente para que la Armadura saliera de su Caja y se colocara sobre Aioria.
Los Caballeros Dorados allí presentes observaban a su nuevo compañero, con indiferencia, Mu no estaba allí para felicitarlo, él había vuelto a Jamir para reparar armaduras. Ahora habría seis Caballeros Dorados en el Santuario. "Pensar que podrían ser ocho me entristece" pensó Aiami, recordando a su primo, muerto por traición y Saga, perdido y dado por muerto en una misión.
Aún así, la pelinegra recostó cuidadosamente a su maestra en las gradas y corrió a abrazar a Aioria.
— ¡Muy bien Aioria! ¡Lo conseguiste por fin hermano!
El rubio le sonrió.
— Ya podremos vivir juntos de nuevo en Leo.
— ¡Sí!
Una presencia se impuso frente a ellos y ambos se arrodillaron rápidamente, era el Patriarca.
— Levántense.
Ambos obedecieron, junto con todos los que se encontraban sentados en las gradas. Aiami lo miró fijamente refugiada en su máscara, desde hacía ya unos meses el Patriarca estaba extraño, incluso su voz parecía haber cambiado.
— Aioria, felicidades por ser el nuevo Caballero Dorado de Leo. Asumo que tomarás a tu prima como aprendiz, ¿correcto?
— Sí mi señor.
— A partir de hoy protegerás el quinto templo. Tu prima puede vivir contigo.
— Sí maestro, muchas gracias.
El Patriarca se retiró y teletransportó a su Cámara, pero antes de desaparecer, fijó su vista en Aiami, quien hacía lo mismo, por un segundo, ella creyó ver un destello escarlata en los ojos de él, aún con su máscara puesta.
— Hermanita, irás conmigo ahora ¿verdad?
La pelinegra soltó una risa nerviosa.
— Me quedaré a cuidar a Kas con Ela. – "Y de paso no tengo que limpiar tu templo…" pensó al final.
Aioria soltó un suspiró de frustración.
— De acuerdo, nos vemos luego.
Recinto de Amazonas
Eleanor y Aiami se encontraban curando a su maestra con su cosmos, a la primera comenzaba a sangrarle la nariz, pero la segunda parecía estar bien.
Kassia abrió los ojos y observó a sus alumnas algo desorientada, pero enseguida les sonrió.
— Hey chicas, gracias por curarme, significa que Aioria es el guardián de Leo. ¿Te irás con él verdad Aia?
Una punzada de dolor surcó su pecho al oír el nombre por el cual la llamaba Aioros, pero fingió que nada pasaba y sólo asintió.
— Pero ambos seguiremos entrenando contigo.
— Hablando de entrenar, Elle, Aia, ¡40 vueltas al Coliseo y luego quiero verlas batallar!
Ambas chicas se miraron algo frustradas, pero sonrieron.
— ¿Carrera Aiami?
— Prepárate para perder Ela.
Ante las risas de su maestra que ya se encontraba de pie y estirándose, ambas salieron corriendo.
Al día siguiente…
Aioria esquivaba con facilidad los ataques de su prima y Eleanor ante la mirada de Kassia.
— Aiami, más velocidad, Eleanor, precisión.
Haciendo caso a su maestra, Aiami tomó a la castaña por el brazo y la lanzó rápidamente hacia su primo, a su vez, Eleanor se colocó para darle una fuerte patada en las costillas al leonino, quien lo esquivó por poco pero aún así su ropa y parte de su piel debajo sufrieron un corte superficial.
— No te confíes Aioria.
Las aprendices chocaron sus palmas con felicidad, sólo tenían que asestarle un golpe a Aioria para acabar el entrenamiento por todo el día. El rubio gruñó, enojado.
— La próxima no me ganarán.
— La próxima esquivarán golpes de Aioria niñas.
El rubio les dirigió una sonrisa engreída y por cosmos les advirtió que se arrepentirían. Las aprendices sólo se hicieron las que no lo habían sentido. De repente la expresión de Aioria cambió.
— Hermana, ven conmigo, han llegado los últimos 2 Caballeros Dorados.
— ¿Tauro y Escorpio? ¡Lo consiguieron todos!
La mencionada sonreía con felicidad.
— Maestra Kas, Ela, nos vemos luego.
— Adiós Kassia, Eleanor.
— Adiós chicos, nos vemos mañana, vamos Elle.
Aioria invocó a su armadura ante la maravillada mirada de Aiami, luego la tomó en brazos y corrió hacia la Cámara del Patriarca.
Cámara del Patriarca
Aioria ingresó en el lugar con su prima tomada de la mano, los Caballeros ya estaban allí y sonrieron a la niña, o al menos eso hizo Aphrodite.
— Maestro.
— Levántese Leo, veo que trajo a su aprendiz.
— Espero no sea una molestia, sé que mis compañeros ya la conocen pero necesito asegurarme que Tauro y Escorpio la dejarán pasar por sus templos en alguna emergencia.
— Por supuesto que no lo es, pequeña Aiami, me han dicho que has progresado mucho.
La niña se sonrojó debajo de su máscara.
— Estoy casi al nivel de un Caballero de Plata ya, sólo falta que mi maestra ceda su armadura para que mi compañera de entrenamiento, yo y los que aspiren a su armadura podamos enfrentarnos para demostrar quién es digno de portarla.
— Muy bien pequeña, sigue trabajando duro.
— Sí maestro.
En ese momento ingresaron dos chicos portando las armaduras de Tauro y Escorpio. El primero parecía tener 10 años más de los que tenía, el segundo, no mostraba sus ojos, pues los mantenía fijos en el suelo, su rostro denotaba seriedad.
Aiami los miraba curiosa detrás de su hermano. Entonces el pequeño escorpiano cruzó su mirada con su máscara al ver hacia el costado y frunció el ceño, esta expresión se acentuó aún más al ver a Aioria.
— Maestro.
— Felicidades por conseguir sus armaduras, Aldebarán, Milo. Defenderán el Segundo y Octavo templo.
— Disculpe Maestro.
— Dime Milo.
— ¿Por qué los hermanos del traidor siguen con vida? Lo más probable es que sigan los pasos de Aioros de Sagitario, en especial Aiami ya que comparten signo.
El cosmos de ambos hermanos se alzó violentamente y por un momento, Aiami alcanzó el nivel de un Dorado haciendo que los presentes desvíen la mirada hacia ella, sorprendidos, en especial el "Patriarca".
— ¡No tienes derecho a decir eso Milo!
— ¿Quién te crees que eres maldito bicho rastrero? ¡Nosotros no somos como él!
Milo se acercó y miró con furia a ambos, pero se agachó unos centímetros hasta llegar a la altura de la pelinegra y sólo a ella le habló.
— Cuidado con cómo hablas intento de arquera de quinta, no eres más que una maldita rata que puedo aplastar si yo quiero.
— Deja en paz a mi hermana bicho, métete con alguien de tu tamaño y antes de que le toques siquiera un cabello te mataré.
— Métete en tus asuntos gata salvaje.
El cosmos de Milo comenzó a elevarse también, hasta que el del Patriarca también lo hizo y gritó "Suficiente". Todos se detuvieron pero los hermanos siguieron apretando sus puños con rabia.
— Escorpio, controle su vocabulario, además, ¿acaso osas cuestionar mis decisiones? Si los dejé con vida es porque realmente pienso que son inocentes.
El peliazul lo miró con indiferencia.
— Disculpe Maestro.
— Pueden retirarse todos, día libre.
Ya afuera del lugar, Milo se acercó nuevamente a la pelinegra.
— No confío en ti y nunca lo haré, vigila todos tus movimientos ratita.
— No necesito tu confianza bicho rastrero, con que el Patriarca confíe en mí es más que suficiente.
— Deja a mi hermana en paz alacrán estúpido.
— Ya déjalo Aioria, no vale la pena. Vayamos a Leo.
Milo los miró con odio, Aioria le correspondió y Aiami sólo se dio vuelta para irse.
Casa de Leo
Aioria daba golpes a un saco de boxeo lleno de piedras. Mientras Aiami lanzaba flechas a una diana.
— Aioria, ¿estás aquí?
El mencionado subió y fue hacia la entrada de su templo, quien lo llamaba era Aldebarán.
— Alde, siento no haberte felicitado, me da gusto que hayas conseguido la Armadura.
— ¡Gracias Leoncito! Hey, estoy organizando una fiesta en mi templo para celebrar que todos lo conseguimos. Habrá comida y videojuegos y ¡comida! Mi doncella me está ayudando a preparar todo, ¿vendrás?
— Erm, claro Alde, pero… ¿por qué no me dijiste por cosmos?
— Porque así es más personal. Oh, ¿tu prima está contigo? Dile a Aiami que venga, umm, su máscara me da miedo, ¿no tiene otra?
— No Al, no tengo otra y esta máscara la pinté yo misma.
— ¡Aiami! ¡Qué gusto verte!
Aldebarán abrazó a Aiami con fuerza, ella se quejó y él la soltó, sonrojado.
— Ugh, tienes mucha fuerza grandote.
— Jeje, lo siento Aiami, bueno, ¿vendrás no?
La chica asintió y Aldebarán soltó una carcajada.
— ¡Nos vemos en 3 horas chicos! Voy a invitar a Shaka y los demás.
Ambos hermanos observaron confundidos como Aldebarán salía corriendo en dirección hacia los templos superiores.
— Al sigue igual que siempre, ¿no crees?
— Ya lo creo, hey hermanita, eleva tu cosmos, quiero ver algo.
Algo confundida, Aiami obedeció al rubio, elevando su cosmos hasta ser del nivel normal de un Caballero de Plata.
— ¿Ya has logrado aunque sea crear un relámpago o una luz pequeña?
— Sí.
La pelinegra mostró en su mano una pequeña esfera de electricidad, pequeños rayos dorados entrelazados entre sí.
— Lánzalo.
Aiami lo intentó, pero a mitad de camino la esfera se desvaneció en el aire. La chica bajó la cabeza.
— No te preocupes hermanita, ya lo lograrás, ahora ve a bañarte, a Alde se le romperá su corazón de toro si no vamos a su "fiesta".
La chica rió y le hizo caso.
Esa noche en la casa de Tauro, todos pasaron un buen momento, excepto por pequeñas y continuas peleas entre Milo y los primos del "traidor" según el peliazul decía para provocarlos. Continuó hasta que Camus le congeló la boca, haciéndole prometer que no los molestaría por el resto de la noche.
Al día siguiente…
Aiami corría alrededor del Coliseo ignorando las burlas que recibía, todo era igual que aquella pesadilla que había tenido el día anterior a la muerte de Aioros.
— ¡Miren viene la hermana del traidor!
— ¡Es una traidora igual que él!
— ¡Merece morir!
— Suficiente.
Milo, envestido en la Armadura Dorada de Escorpio la defendió, sólo para decirle al oído un "Te estaré vigilando pequeña rata".
— Jamás encontrarás nada en mi contra bicho rastrero porque no soy como él.
Aiami corrió al templo de Leo a ver a su hermano, pero Aioria no estaba allí, entonces, corriendo por túneles ocultos que había descubierto hacía ya unos meses llegó a la casa de Sagitario, su antiguo hogar, allí se acurrucó en una esquina del sótano y lloró amargamente por la muerte de su hermano, Shura, su propio amigo lo había matado sin importar nada y en eso, casi los mata a ella y Aioria.
La Armadura de Sagitario brilló ante ella y oyó la voz de Aioros que le decía "Ahora entiendo tus palabras, estoy en los Elíseos gracias a ti, pero soy siervo de los Dioses Gemelos, ellos me ayudan a comunicarme contigo, siempre te cuidaré tal como se lo prometí a tu padre inmortal y a mí mismo".
— Aio, siento tu alma en tu Armadura, pero sé que no estaba aquí, ¿cómo es esto posible?
— Escucha cariño, no puedo hablarte más tiempo, cuando llegue el momento quizás pueda hablar contigo nuevamente, sólo recuerda que no soy un traidor, sé que confías en mí, por favor sigue haciéndolo, cuida a Aioria, recuérdale que no debe ser tan impulsivo. Los amo mi pequeña arquera, sigue practicando tu puntería.
— ¡Hermano espera!
La Armadura de Sagitario salió del templo, dirigiendo su camino por el cielo hacia quién sabe dónde.
En tanto, la pequeña muy cabizbaja, al escuchar pasos apresurados que venían de ambas entradas del templo se metió en el túnel y corrió a Leo nuevamente, donde se encerró en su habitación y se dejó llevar por el sueño, quizás con suerte podría ver nuevamente a Aioros.
Y PRÓÓÓÓÓXIMAMENTE...
"— Hey Shaina, ya vete con Geist a entrenar a otro lado, yo pelearé con mi compañera.
— ¡Una traidora no me dirá qué hacer!
El cosmos de Aiami se elevó peligrosamente, como cada vez que la llamaban así.
— Cállate niñita pelos de moco, toma a la otra víbora y lárguense, antes de que me arrepienta."
"Sin haberse cambiado siquiera Aiami ingresó al mar, nadó un poco y se quedó allí unos minutos, cuando se quedó sin aire salió a la superficie y se asustó de ver allí a Milo de Escorpio mirándola fijamente.
— Vaya, así que estás viva, pensé que podría comunicarle al Patriarca que la ratita traidora se había suicidado por la culpa pero lamentablemente parece que no es así."
"Aiami corrió a la habitación de su hermano para ver como éste hacía unas flexiones de brazo en el suelo.
— ¿Qué pasa arquerita?
— ¡Mañana seré por fin un Caballero de Athena!"
¡Y MUCHO MÁS! (?)
Guau, me sentí presentadora de TV(?)
Besos a todos!
