DISCLAIMER:
Saint Seiya no me pertenece... Qué más quisiera yo(?).
Bueno, antes que nada debo decir que me sigo acoplando al inicio de clases, aún no puedo manejar bien mis tiempos pero ya lo lograré y podré enfocarme en escribir y así actualizar más seguido. En este momento estoy aprovechando un resfriado para seguir escribiendo... ¡Pero no digan nada! Que se supone estoy investigando para un trabajo de Política (?) Sin más distracciones espero que les guste el capítulo, está completo (no por partes como el primero) y ya estoy escribiendo el siguiente... ¡Disfruten! Si tienen dudas o alguna sugerencia no duden en hacermelo saber por review o PM.
Ah por cierto, te dedico este capi LucyKailu! Espero que te guste! :D
Capítulo 2: "La Sucesora de Sagitario"
Coliseo, 13 años antes de la Guerra contra Hades.
— Aiami, vamos tú puedes, concéntrate.
— ¡Relámpago de Voltaje!
Un haz de luz se dirigió hacia Aioria, pero antes de tocarlo, desapareció.
— ¡Agh me rindo hermano! ¡Estuve toda la mañana intentando tu técnica y no me sale! Volvamos al ejercicio físico por favor.
— Nunca pensé que te gustara tanto entrenar así, después de todo tú eras la que siempre solía escapar. Además, ¿rendirse? Eso no es digno de un Caballero de Athena.
— Quiero ir a ver a la nueva aprendiz, vino de Japón y tiene problemas para comunicarse, Kira le está enseñando griego y como Shaina y Geist no la quieren yo soy quien la ayuda.
El leonino lo pensó, pero negó con la cabeza.
— No te irás hasta que consigas que al menos llegue a mí.
Frustrada, la pelinegra encendió su cosmos y volvió a intentarlo. El resultado fue el mismo que el anterior.
Entonces una voz en su cabeza le dijo "Intenta las Centellas Divinas", algo confusa, paró por unos segundos, Aioria le apuró de nuevo y ella se colocó en posición de ataque.
— ¡Centellas Divinas!
Unas esferas de luz salieron disparadas hacia Aioria quien al ver que el poder de su prima había aumentado a su nivel las esquivó a la velocidad de la luz, aunque las Centellas lo siguieron hasta acabar impactando contra él, lanzándolo varios metros hacia atrás.
En tanto, Aiami había quedado paralizada en su lugar.
"¡Al fin tengo una técnica especial! Ya me sentía celosa de que Ela supiera las técnicas de Kas, pero ahora yo también puedo y estamos al mismo nivel" pensaba.
De repente, como si algo no encajara buscó a su primo quien seguía tirado en el suelo bastante lejos de ella, con un grito, fue corriendo hacia él.
— ¡Hermano! Por Athena, lo siento mucho…
El leonino se encontraba desmayado y su prima decidió aprovechar la oportunidad, curó sus heridas visibles pero no su golpe en la cabeza, evitando que despertara y llamó a Aldebarán por cosmos, quien a los pocos minutos se hizo presente y al ver al rubio desmayado soltó una carcajada.
— ¿Y a este qué le pasó?
— Umm… Digamos que cuando lo ataqué, accidentalmente pisó una cáscara de banana invisible y se cayó. ¿Podrías llevarlo a Leo Al? ¡Por fis!
— Depende, ¿tratas de escapar otra vez no?
— Puede ser… Pero, ¡hey! Después hornearemos galletas juntos. ¿Te parece?
— Sí que sabes convencerme… Le diré a tu hermano que tú lo llevaste y me pediste que me quedara con él en lo que seguías entrenando.
— ¡Te adoro Al! ¡Adiosito!
Mientras cargaba a Aioria, el taurino no podía evitar reírse de cómo Aiami se alejaba del lugar velozmente.
Recinto de Amazonas
— Marin mā, ima `konnichiwa' o oshiete kudasai. (Bien Marín, ahora dime "Hola")
— Hai, Ho-hola. Gomen! Watashi wa dekimasen. (Sí… ¡Lo siento! No puedo hacerlo.)
— Shinpai Shinaide. (No te preocupes)
— ¡Hola Kira, Marin!
— Kon'nichiwa Aiami.
Aiami se quitó la máscara y le sonrió a la niña pelirroja de ojos azules 2 años menor que ella.
— ¿Nada todavía Kira?
La pelirrosada negó con la cabeza.
— Apenas puede decir "hola", "adiós" y "Soy una amazona".
— Hey, que lo último es una oración completa. Y tengo una idea.
En el suelo y con una pequeña rama, la pelinegra escribió todo el alfabeto.
— ¿No empezaste por lo simple no es así?
Kira se sonrojó.
— Tengo que admitir que no se me ocurrió, gracias Aiami.
— Por nada, iré a entrenar con Kas y Ela, adiós Kira, nos vemos Marin.
— A-adiós Aiami.
Kira y Aiami sonrieron a la más pequeña que había logrado decir adiós.
Cerca de allí, Eleanor dejaba tiradas de un golpe a las aprendices de Kira, Shaina y Geist mientras su maestra, Kassia la felicitaba.
— ¿Te diviertes sin mí Ela?
La castaña sonrió.
— Al fin, ya me estaba aburriendo.
Shaina se levantó y la miró furiosa.
— ¡Cómo te atreves!
— Hey Shaina, ya vete con Geist a entrenar a otro lado, yo pelearé con mi compañera.
— ¡Una traidora no me dirá qué hacer!
El cosmos de Aiami se elevó peligrosamente, como cada vez que la llamaban así.
— Cállate niñita pelos de moco, toma a la otra víbora y lárguense, antes de que me arrepienta.
— No te tengo miedo.
— Aiami, cálmate, Shaina, Geist, con su maestra, ahora.
Sin opción, las niñas más pequeñas obedecieron a Kassia.
— Kas, Ela tengo algo que mostrarles, ¿peleas Ela?
La castaña asintió y ambas se colocaron en posición, elevando su cosmos.
— ¡Mordida del León!
— ¡Centellas Divinas!
Ambos poderes impactaron y el poder de Aiami sobrepasó al de Eleanor, lanzándola lejos y provocándole múltiples heridas de gravedad moderada por todo el cuerpo, horrorizadas, Aiami y Kassia corrieron hacia la castaña, inconsciente pero convulsionando y escupiendo sangre.
Con rapidez, la peliplateada junto a su discípula elevaron su cosmos.
— ¡Regeneración Felina!
Luego de 10 minutos de esta técnica Eleanor paró de sangrar, no así Kassia, quien comenzó a hacerlo por nariz y oídos, asustada, Aiami le pidió que parara y buscara a su hermano mientras ella seguía curándola.
Pasaron otros 15 minutos hasta que su maestra la llamó por cosmos para que sacara a Eleanor del recinto y así el Caballero de Leo podría curarla, afortunadamente las heridas de la castaña habían comenzado a cerrarse por lo cual la pelinegra no se preocupó mucho al cargarla con algo de dificultad y sacarla del recinto.
Al ver salir a su hermana con la herida en brazos, Aioria la tomó y comenzó a sanarla con su cosmos.
— ¿Cómo es que quedó tan herida?
— Umm, fui yo hermano, la ataqué con mi nueva técnica… No pensé que pudiera hacerle tanto daño.
— No vuelvas a utilizarla hasta que la controles bien Aiami, es peligroso.
— Sí maestra, lo siento, iré a nadar un rato, necesito despejarme.
Aioria y Kassia vieron partir a Aiami con preocupación.
Playa cerca de Cabo Sunión
Sin haberse cambiado siquiera Aiami ingresó al mar, nadó un poco y se quedó allí unos minutos, cuando se quedó sin aire salió a la superficie y se asustó de ver allí a Milo de Escorpio mirándola fijamente.
— Vaya, así que estás viva, pensé que podría comunicarle al Patriarca que la ratita traidora se había suicidado por la culpa pero lamentablemente parece que no es así.
El cosmos de Aiami se elevó hasta el nivel de un Caballero Dorado, Milo frunció el ceño y cruzó sus brazos, preparándose para defenderse en caso de que la aprendiz de Aioria quisiera atacarlo, en lugar de eso, ella pasó por al lado suyo dirigiéndole un asentimiento con la cabeza y un frío "Lamento haber arruinado sus ilusiones Escorpio" y se fue al Recinto para ver a su compañera, frustrada de no haber encontrado la paz que necesitaba. Por suerte supo que Eleanor ya estaba bien y que al día siguiente podrían seguir entrenando, aún así no pudo evitar preguntarse cómo la había superado, ella recién había realizado esa técnica y Ela ya dominaba todas las de su maestra hacía ya bastante tiempo.
Caminando hacia el templo de Leo una voz en su cabeza le dijo que se dirigiera a Sagitario.
Casa de Sagitario
Nuevamente había llegado al templo por los túneles, esta vez sin embargo, no se quedó en el sótano y subió hasta la habitación que era de su hermano, Aioros, al entrar ahí un nudo se formó en su garganta y se quitó máscara, dejándola olvidada en el suelo.
— ¿Por qué el destino fue tan cruel hermano? Sé que no nos traicionaste, entonces dime… ¡¿Por qué?!
Se dejó caer en la cama de Aioros y lloró en la que fue su almohada, aspirando el poco aroma que aún residía en ella de su antiguo dueño.
— ¿Sabes Aio? El gato consiguió la Armadura de Leo, estoy orgullosa de él aunque no se lo haya dicho, seguro tú también lo estás desde los Elíseos. Según la maestra Kas soy la aprendiz más fuerte que ha visto, aún así no siento que deba ser su sucesora, esa sin duda debería ser Ela. Um, me escapé de entrenar aprovechándome de unos pequeños accidentes, seguro me regañarías pero da igual, porque te fuiste… Yo… Limpiaré el templo, hace ya dos años que te fuiste y este lugar es un asco… Sí eso haré, así quizás no te enojes tanto conmigo por haberme escapado del entrenamiento.
Con un suspiro se levantó de la cama y se dirigió a la puerta, con una última mirada de nostalgia al cuarto de Aioros, tomó su máscara y cerró la puerta, luego dedicó el resto del día a limpiar la Casa de Sagitario. Al terminar fue a la que había sido su habitación y se bañó allí en su antiguo baño, luego se observó en el espejo de cuerpo completo de aquel cuarto y se asustó cuando al costado de su reflejo apareció el de su hermano.
— ¿A-Aioria? No… Aioros, pero ¿qué?
— Sh, no tengo mucho tiempo hermana, a partir de mañana estaré contigo y podré ayudarte aunque sólo de vez en cuando.
— ¿De qué estás hablando? Hermano, dime por favor ¿qué te pasó?
— Ya sabes que me pasó bonita, escucha cariño debo irme, Aioria vino a buscarte, realmente estoy orgulloso de ustedes, pronto entenderás todo.
— Aiami, hermanita... Preciosa despierta.
— ¿Qué... Aioria? ¿Dónde estoy?
— En Sagitario… Volviste a tu antigua habitación y te quedaste dormida aquí.
— ¿Dormida?
Aiami rápidamente corrió al baño a mirar el espejo de cuerpo completo donde creyó ver a su primo mayor, todo lucía normal.
— ¿Aiami qué sucede? Vámonos a Leo, Kassia tiene algo que decirnos.
Decepcionada porque sólo había sido un sueño el ver a Aioros la pelinegra asintió, se colocó su máscara y se fue junto a Aioria hacia Leo, pasando muy tensa por la Casa de Escorpio, aunque afortunadamente para ellos el guardián de dicho templo no se encontraba allí.
Casa de Leo
Kassia se encontraba junto a Eleanor quien al parecer ya estaba completamente recuperada aunque debía descansar. Ambas estaban sentadas en un sofá de la Sala del Recinto Privado de Leo, esperando al guardián y a su prima, finalmente aparecieron luego de unos minutos y Kassia le pidió a Aioria que las dejara solas un rato. El leonino sólo se retiró a su habitación sin decir nada, su prima notó enseguida que el haber ido a Sagitario lo había afectado.
"Normal, han pasado sólo 2 años" pensó con tristeza.
— Aia, Elle, quiero decirles que a partir de mañana me retiro como Amazona, y también mañana se realizará la sucesión, ustedes y los demás aspirantes a mi armadura se enfrentarán y quien gane se quedará con ella, les deseo la mejor de la suerte niñas, han sido unas aprendices excepcionales y la verdad las amo como si fueran mis hermanas… La razón por la cual me retiro ahora es porque estoy embarazada, mi novio es un empresario de Creta y me iré a vivir con él, prometo venir a visitarlas… ¿Alguna pregunta?
Ambas chicas corrieron a abrazar a su maestra, acariciándole con cariño su vientre aún plano.
— ¡Estará orgullosa de nosotras maestra!
— ¡Así es Kas! ¿Te quedarás a ver las peleas?
— Por supuesto que sí, muero por ver a mis chicas patear unos cuantos traseros engreídos. Elle, vámonos, ayúdame a empacar mis cosas por favor. Aia, nos vemos mañana, espero que estés lista.
— Sí maestra Kas, adiós Ela, no me vencerás.
— Ya lo veremos Mimi.
Entre risas Kassia y Eleanor se fueron, dejando a Aiami sola con sus pensamientos.
"Mañana… Mañana es un día antes de mi cumpleaños, mañana Aioros cumpliría 16…"
— ¡Gato!
Aiami corrió a la habitación de su hermano para ver como éste hacía unas flexiones de brazo en el suelo.
— ¿Qué pasa arquerita?
— ¡Mañana seré por fin un Caballero de Athena!
Aioria frenó bruscamente.
— ¡¿De verdad?! ¡Eso es genial! ¡Sé que vencerás a todos hermanita! Estaré en las gradas para apoyarte.
— Gracias Aio.
La mirada de Aioria se ensombreció al escuchar como Aiami lo llamó.
— No me digas así.
El rubio apretó los puños y mordió el labio inferior con rabia, aguantando las ganas de llorar.
— Aioria, supéralo, han pasado 2 años, eres un Caballero Dorado, mañana daré lo mejor de mí para convertirme en una de Plata, ¿por qué te afecta que te llame así? Tú no eres él, jamás lo serás, yo le decía así porque lo amaba, pero él no merecía mi cariño, sólo fue un traidor, tú sí lo mereces Aioria, hiciste todo lo posible por salir adelante, me siento orgullosa de ser tu prima, no, de ser tu hermana. "A pesar de que yo tampoco he superado la muerte de Aio y sé que él no es un traidor…" – pensó al final.
Con un suspiro, Aioria asintió dándole la razón y la abrazó con fuerza, besó su cuello y murmuró un "Lo siento" en él. La pelinegra le devolvió el abrazo con cariño y luego le dijo que se iría a la cama, pues un día duro llegaría al día siguiente.
30 de Noviembre, 13 años antes de la Guerra contra Hades.
Coliseo
Aiami observaba con admiración la Armadura del León Pequeño que brillaba en lo alto de un pilar. Eran 16 aprendices quienes aspiraban a esta poderosa armadura, por lo cual los habían dividido en dos grupos de 8, Eleanor y ella quedaron en grupos diferentes, lo más probable era que se enfrentaran en el final, porque sabía que ambas llegarían, se tenía mucha fe, en ella y en su compañera de entrenamiento.
— ¡Primer enfrentamiento del grupo 1! Eleanor, aprendiz de Kassia contra Soka, aprendiz de Edmund.
El tal Soka era de tal vez 15 años, alto con músculos muy desarrollados y una mirada arrogante a su contrincante, quien lo observaba furtivamente. El chico se arrojó a golpear a la castaña, pero ella lo esquivó y le dio una fuerte patada en la nuca, tirándolo al suelo. Pero el chico se levantó rápidamente y tomó a Eleanor de los cabellos, golpeó su cabeza contra el suelo y luego le pegó repetidamente puñetazos en el estómago, cuando creyó ganar, se levantó, ignorando que a los pocos segundos la castaña se había levantado.
— ¡Colmillo de León!
Las uñas de la chica formaron unas garras de luz que enceguecieron a su contrincante, quien no pudo hacer nada para defenderse de aquella técnica que fue directo a su pecho, dejándolo mal herido. Aiami levantó sus pulgares a su compañera desde las gradas, Eleanor le asintió con diversión cuando anunciaban que ella era la ganadora.
— ¡Primer combate del grupo 2! Aiami, aprendiz de Aioria contra John, aprendiz de Mikah.
Aiami saltó de las gradas al centro del Coliseo, chocando palmas con Eleanor quien se iba a sentar a verla. Su contrincante apareció por un costado, tenía una mirada seria, pero no la asustaba.
— Comiencen.
Ante el inicio del combate, John se dirigió a atacar a Aiami con puñetazos y patadas muy veloces pero que ella esquivaba con agilidad, ella, al estar aún triste porque ese día hubiera sido el cumpleaños de Aioros no prestaba atención al combate, enfureciendo a su rival.
— ¡Concéntrate o te mataré! ¡Ataque sónico!
Una onda de sonido iba hacia Aiami quien sólo la recibió sin aparentes daños y ya cansada decidió intentar su nueva técnica.
— ¡Centellas Divinas!
Las centellas impactaron contra el cuerpo de su rival y lo lanzaron contra el pilar donde estaba la Armadura, John cayó muerto en el acto y Aiami sólo lo miró con tristeza, dedicándole un "Lo siento" en su mente.
Aioria por su parte observaba a su prima con el ceño fruncido, él y Kassia le habían advertido que no utilizara esa técnica hasta que midiera su fuerza y ahora había matado a su contrincante.
— Vaya, Aiami es más fuerte de lo que parece.
Algo asombrado, Aioria miró al lado suyo para encontrar al Caballero de Tauro.
— Alde… ¿Qué haces aquí?
— No me iba a perder las peleas de tu prima, siempre me dio curiosidad, aunque… ¿no crees que es muy fuerte para un Caballero de Plata? Yo conocía a aquel aprendiz, era muy bueno, el mejor. Era el próximo Caballero de Plata del Pez Dorado si no conseguía esta armadura. Oh por cierto, los demás también están aquí.
— ¿Qué dices?
Aioria observó a su alrededor y vio al resto de sus compañeros, sentados en diferentes lugares observando fijamente a su prima, se tensó, quizás Milo finalmente había convencido a los demás. Sólo pudo rezarle a Athena por Aiami, quien salía nuevamente a las gradas entre los murmullos mal disimulados de los presentes.
— Es un monstruo.
— Tenía que ser pariente de aquel traidor.
— ¿Cómo ha podido matarlo sin piedad?
Entre eso y tantos otros Aiami se dirigió cabizbaja hacia donde Eleanor se curaba sus heridas, encendió su cosmos para ayudarla y su compañera le dijo que no se preocupara por lo que decían los demás porque ella la conocía y sabía que no era nada a como todos creían, Aiami le agradeció y siguieron observando las peleas y luchando ellas mismas, la castaña con algo de dificultad pero la pelinegra con demasiada facilidad, afortunadamente, sólo mató a dos aprendices más, el resto quedaron gravemente heridos, pero con vida. Y llegó la batalla final.
— ¡Batalla final por la Armadura del León Pequeño! Aiami contra Eleanor.
Ambas compañeras encendían su cosmos mientras se observaban, analizándose, esperando el ataque de la otra, hasta que finalmente comenzaron ambas a la vez, se lanzaron una a la otra entre golpes y patadas, Eleanor no se le hacía fácil a Aiami, después de tanto entrenar juntas la castaña conocía su estilo y no estaba dispuesta a dejarse vencer. Así ambas lograban conectarse golpes y esquivar otros, hasta que se separaron respirando agitadamente, con muchos cortes y heridas visibles, algunas más graves que otras.
Entonces ambas encendieron su cosmos al máximo. Estaban al mismo nivel cuando Eleanor usó su técnica máxima.
— ¡Ataque de la manada del León!
Miles de leones de cosmos iban directo hacia Aiami quien había quedado paralizada por una voz en su cabeza.
"Usa mi técnica" le decía aquella voz, que pertenecía a…
— Aioros… Bien…
El cosmos de Aiami se elevó aún más, y ella alcanzó el séptimo sentido ante las miradas incrédulas de los Caballeros Dorados.
— ¡Trueno Atómico!
Una punzada de dolor atravesó el corazón de Aioria al ver como su prima ejecutaba a la perfección aquella técnica que era de su hermano.
En el campo de batalla, Aiami superó rápidamente el poder de Eleanor pero antes de que su poder la matara la Armadura del León Pequeño bajó y la defendió ante la vista asombrada de todos los presentes.
— ¿Pero qué…?
Antes de que pudiese reaccionar, Aiami estaba envuelta en un brillo dorado y a los segundos la Armadura Dorada de Sagitario la cubrió y la voz de su hermano resonó en su cabeza.
"Serás mi sucesora hermana, estoy orgulloso de ti, te protegeré ya lo verás". Murmullos se alzaban en el Coliseo en contraposición al silencio por parte de los Dorados, Eleanor se levantaba con dificultad y caminó hacia su compañera.
— Felicidades Sagitario.
— Felicidades a ti Ela, sabía que tú obtendrías la Armadura.
— Pero has conseguido una mejor.
Ambas chicas se rieron hasta que sintieron que todos se callaban, al ver hacia adelante pudieron ver como el Patriarca se dirigía hacia ellas.
— Muy bien, recibamos con un aplauso al nuevo Caballero del León Pequeño, Eleanor. Y también un fuerte aplauso al nuevo Caballero Dorado y Guardián de la Novena Casa del Zodíaco, Aiami de Sagitario.
Aún algo confundidos, los presentes se pararon y aplaudieron a ambas, los Caballeros Dorados de acercaron al Patriarca y a su nueva "compañera".
— Oye Mimi, te veo luego, voy a curarme las heridas con la maestra Kassia.
— Sí, adiós Ela.
Milo de Escorpio fue el primero en plantarse frente a ella.
— ¡Esto sólo confirma que eres una traidora! La Armadura de Sagitario no estaba en el Santuario… ¿Te la dejó Aioros no es así? Siempre supiste dónde estaba, ¡confiesa!
— Deja a mi prima en paz alacrán idiota. Aia, cariño, ¿cómo es que tienes la Armadura?
— Silencio Caballeros, Sagitario, ven conmigo.
— Sí Maestro.
Observó a sus compañeros, quienes tenían el ceño fruncido en confusión, Shura y Milo la miraban con sospecha, Camus con indiferencia, Aphrodite y Máscara con curiosidad, su primo con dolor y sólo Aldebarán le sonreía.
Los ojos llorosos del guardián de Leo fue lo último que vio antes de desparecer rumbo al Templo Patriarcal con el Sumo Pontífice.
Templo del Patriarca
Aiami observó con un escalofrío recorriendo su columna como el Patriarca se sentaba en su trono.
— Bien Aiami, conseguiste la Armadura de Sagitario, sabes como todos que dicha Vestidura no se encontraba en el Santuario, así que dime, ¿tienes alguna idea de cómo lo conseguiste?
— No realmente Maestro, sólo sentí que debía elevar mi cosmos para defenderme y una voz en mi cabeza me dijo que utilizara la técnica de Aioros. Lo siguiente que recuerdo es que la Armadura del León Pequeño defendió a Eleanor para luego vestirla y a mí acudió la Armadura de Sagitario.
— ¿Puedes rastrearla? ¿O puedes ordenarle que se quede aquí? Intenta quitarte la Armadura.
Aiami asintió, le pidió a su Armadura que abandonara su cuerpo, ésta se desprendió para luego juntarse en su forma de Centauro al lado suyo y salir por una ventana del Templo Patriarcal hacia el cielo. La pelinegra intentó llamarla elevando su cosmos nuevamente, pero la voz de Aioros le dijo que atendería a su llamado pero no se quedaría en el Santuario. Entonces la niña le pidió que la Armadura volviera a vestirla, ésta regresó y obedeció al llamado de Aiami.
— Lo siento Maestro, no puedo hacer que se quede en el Santuario, tampoco sé a dónde se dirige. Sólo puedo hacer que venga conmigo para protegerme, nada más.
En tanto una demoníaca voz en la cabeza del Patriarca le advertía que Aiami tenía algo extraño.
— ¿Maestro? He preguntado si me cree.
— Sí Aiami, yo te creo, confío en ti. A partir de hoy serás la guardiana de Sagitario, te felicito. Quizás luego puedas saber al menos dónde se encuentra tu Armadura.
— Gracias Maestro.
— Espera Aiami, una última cosa, mañana lucharás contra tu primo, si logras vencerlo entonces efectivamente los demás te reconocerán como su compañera.
Recordando la mirada de su primo, Aiami asintió y salió del templo, afuera una brisa le revolvió los cabellos y al mirar al cielo azul, unas nubes parecían tomar el rostro de Aioros, con un suspiro triste decidió bajar las 12 Casas por los túneles y explorarlos más a fondo.
Dentro de la Sala del Patriarca, el Sumo Pontífice se quitaba la máscara y se dirigía hacia un espejo que había cerca de allí, observó su azulado cabello, al igual que sus profundos ojos, había vuelto a la normalidad nuevamente aunque se preguntaba por cuánto tiempo. Al costado de su reflejo, apareció uno idéntico a él, pero con una sonrisa malvada, cabellos grises y ojos rojos inyectados en sangre.
— Vamos Saguita, han pasado dos años, supéralo. ¿O acaso no te gusta el poder que tienes ahora?
— Hoy sería su cumpleaños, él era mi amigo… También extraño a mi hermano… Yo los maté y fue por tu culpa.
— Uh, con esas de nuevo… Ya veo… Déjame decirte algo Saguis, yo soy tú, sólo estoy haciendo lo que siempre quisiste pero jamás te atreviste y si no te gusta, te aguantas que yo sí estoy muy feliz así… Aunque… ¿Sabes cómo estaría más feliz?
El color de cabello y ojos de Saga cambiaron nuevamente y volvió a colocarse la máscara, luego se quitó su túnica quedándose completamente desnudo.
— Sería más feliz buscando a aquella niñita salvaje, pero antes de que te quejes todavía no lo haré, dejemos que le crezcan un poco los pechos aunque sea…
Saga se dirigió a una campanilla escondida detrás del Trono y la tocó, a los pocos minutos ingresaron al lugar varias mujeres desnudas que se dirigieron a atenderlo.
— Mientras tanto debo entretenerme…
Con una risa maniática se dedicó a divertirse con aquellas mujeres, pero en el fondo de su ser, el verdadero Saga se retorcía de dolor, dolor por no poder controlar su ira, su envidia, su maldad… Dolor porque por ello había perdido a su hermano y a sus amigos… Dolor por no poder escapar de la prisión que era su propio cuerpo. Había intentado suicidarse varias veces pero aquella despreciable parte de sí mismo lo detenía y amenazaba con hacer daño a todos los que él quería. "Recuerda Saga, si quieres que tus queridos compañeros sigan con vida, obedéceme. No me temblará el pulso al matarlos y serás sólo tú quien sufrirás". Gritando aunque nadie lo escuchaba, Saga intentaba controlar de nueva cuenta su cuerpo, pero no podía hacerlo… Y en su interior, aquella parte dominante le decía que jamás podría.
Al día siguiente...
Luego de despertar en un túnel bajo el Recinto de Amazonas, Aiami corrió por ellos hasta llegar debajo del sótano del templo de Leo, necesitaba hablar con su hermano. Ayer no lo había hecho y se sentía culpable. Emergió del túnel y el templo estaba en completo silencio, un poco extrañada ya que Aioria hasta dormido hacía ruido, subió rápidamente a revisar el resto de la Casa, pero ésta se encontraba totalmente vacía, ni siquiera estaban Aisha y su madre, las ayudantes de Aioria. Preocupada, volvió por los túneles a su propio templo, allí sí pudo escuchar los tan característicos ronquidos del leonino, corrió hacia la que era la antigua habitación del rubio y, efectivamente allí se encontraba, acostado en la cama con ambos pies hacia afuera, la sábana enredada en su cintura y la almohada cubriendo sus ojos. Aiami soltó una risa traviesa al verlo y decidió hacer lo que toda buena hermana haría… Despertarlo mal.
Con sigilo fue hacia su cocina, donde esta vez no se sorprendió de ver a las ayudantes de su hermano.
— Buenos días señorita Aiami, el señor Aioria se preocupó por usted y estuvo toda la noche aquí, por eso hemos venido a ver cómo se encontraba y de paso decidimos ayudarle un poco a usted también.
— Gracias señora Juliette. Aisha, por favor pasame 2 huevos y harina.
La chica, de 13 años rubia y de ojos carmín obedeció y vio como la pelinegra colocaba ambos ingredientes en un recipiente, luego le colocó agua, sal y salió hasta uno de los jardines traseros y le agregó tierra.
— ¿Qué hará con eso señorita?
— Despertar a Aioria, luego me sentiré culpable, ahora quiero divertirme.
Aisha sólo se rió de los pensamientos de la menor y la dejó hacer lo que deseaba.
En el cuarto donde estaba Aioria, Aiami se acercó a él con el recipiente en alto y soltó todo el contenido sobre la cabeza del rubio, quien sobresaltado intentó levantarse pero cayó directamente al suelo y de allí miró furioso a su prima, quien se desternillaba de risa en el suelo.
— ¡Te voy a matar Aiami!
— ¡Primero debes atraparme!
Dicho esto, la chica salió corriendo a la velocidad de la luz hacia el Coliseo, mientras Aioria encendía su cosmos al máximo totalmente furioso e iba a perseguirla. Ante el poder del leonino los demás Caballeros Dorados decidieron seguirlos y se sorprendieron de ver al rubio hecho un asco y sólo en bóxers lanzándole golpes a su prima, quien los esquivaba en tanto continuaba riéndose. Al ver a ambos en semejante situación, sus compañeros no pudieron hacer otra cosa que reírse a carcajadas, incluso el serio Camus de Acuario reprimió una pequeña sonrisa.
— ¡En serio voy a matarte Aiami! ¡Plasma Relámpago!
— ¡Absorción de energía!
El poder de Aioria fue absorbido por una especie de agujero negro hecho por Aiami, ante esto los Dorados dejaron de reír y prestaron atención al combate.
— ¿Cómo demonios hiciste eso hermanita?
— Ni idea, pero lo pienso volver a hacer… Aunque por ahora, ¡Trueno Atómico!
Milo frunció el ceño desde las gradas, todo en ella gritaba "¡Traidora!" a su parecer.
Aioria esquivó a duras penas el ataque de Aiami y corrió lejos de ella, encendió su cosmos al máximo y se preparó para atacarla.
— ¡Relámpago de Voltaje!
Aiami sonrió bajo su máscara y elevó su cosmos desviando por un segundo la mirada hacia donde creyó sentir la esencia del Patriarca y efectivamente, allí se encontraba él, oculto en una esquina observando el combate.
— ¡Centellas Divinas!
Las centellas de Aiami impactaban contra los haces de luz de Aioria que intentaban abrirse paso hasta ella. Ambos, al ver que nada sucedía, dejaron su cosmos de lado y corrieron el uno al otro a pelear cuerpo a cuerpo. Sin embargo estaban al mismo nivel, además de que, al conocerse tan bien sabían las estrategias del otro y al darse cuenta de ello es que la pelinegra se dejó golpear una sola vez por su primo. Aioria al ver que le había golpeado, quedó paralizado, se sentía mal por haberle pegado a una mujer, aún si esa mujer fuera una guerrera y se lo mereciera, encima, Aiami era su prima… Fue muy tarde para él cuando escuchó la risa de ella, miró al frente y su prima ya no estaba, sino que se encontraba detrás suyo, le dio una patada en ambas piernas para tirarlo al suelo y rápidamente lo encerró en una llave, luego volvió a mencionar las palabras "Absorción de Energía" y efectivamente absorbió parte de la energía vital de Aioria, hasta que éste se sintió tan cansado que sin importarle nada más se quedó dormido allí mismo.
Unos secos aplausos se escucharon y los Caballeros desviaron la mirada hacia un costado, cuál fue su sorpresa al encontrarse con que era el mismísimo Patriarca quien aplaudía a la niña que ahora defendía Sagitario.
— ¿Tan callados Caballeros? Por su reacción el día de ayer quedó claro que no están felices con Aiami como su compañera… Pero obsérvenla, está al mismo nivel que todos ustedes, aunque su estrategia fue la que le ayudó a vencer a Aioria, un poco curiosa por cierto. Aiami, te lo he dicho pero lo menciono nuevamente, felicidades, mereces el puesto que ahora ostentas.
La niña se acercó con timidez hacia el Patriarca y le realizó una reverencia, murmurando un "Gracias Maestro" en tanto ciertos compañeros suyos fruncían el ceño, y lo fruncieron aún más y el resto giraron la cabeza con confusión al ver como el Sumo Pontífice sacaba de su túnica una caja mediana de color carmín.
— Esto es para ti Aiami, es un regalo de mi parte.
Debajo de su máscara la pequeña se sonrojó y hasta abrió totalmente la boca por la sorpresa, aún así se acercó algo temblorosa y tomó la caja, cuando sus manos rozaron las del Patriarca un escalofrío recorrió su columna, aunque no supo interpretar si eso era algo bueno o malo. Con curiosidad, Aiami abrió la caja para encontrarse con una nueva máscara, pero de un brillante color dorado, a diferencia de todas las que había visto hasta aquel día.
— Ya que eres un Caballero Dorado, creí recomendable que mostraras tu estatus incluso con tu máscara. Espero que te guste, es lisa porque así puedes diseñarla como tú quieras. Bueno, eso es todo, nos veremos Caballeros, Aiami…
Luego simplemente se fue, dejando a la pelinegra aún en shock por lo recibido.
— Vaya, es bonita. Debo admitir que siento un poco de envidia, a mí el Patriarca no me dio ningún regalo… Creo que serás su consentida. ¡Ja ja ja!
Aldebarán soltaba unas carcajadas en lo que palmeaba la espalda de la niña, quien recién ahí reaccionó.
— Bueno, esto sí que fue inesperado… Juro que jamás se me hubiera ocurrido.
— Lo que faltaba, que la ratita tenga un regalo del Patriarca… Sólo espero que esa máscara tenga una cámara, un chip de rastreo o algo así, sí, seguro lo tiene y por eso te lo dio, traidora.
Tan pronto dijo esto, Milo recibió un fuerte puñetazo en la mejilla, haciéndolo escupir sangre.
— Ten cuidado cómo te diriges a partir de ahora hacia mí bicho rastrero. Ya no soy una aprendiz que debe respetarte porque eres un Dorado, ahora somos compañeros y si me tratas así, responderé del mismo modo. ¡Idiota!
Ante las sorprendidas miradas de sus compañeros y la estupefacción del pequeño escorpiano que había quedado paralizado con una mano en la mejilla golpeada, Aiami tomó con dificultad a su primo quien seguía dormido en el suelo y comenzó a dirigirse hacia las Doce Casas, al ver esto, Aldebarán corrió a ayudarla, tomando en sus brazos al rubio y orientándose los tres al templo de Leo.
Finalmente el escorpión reaccionó, elevando su cosmos para castigar a la insolente niña.
— Tarde bicho, Aiami ya se fue, mejor dedícate a entrenar.
Camus le habló con indiferencia y luego se retiró a un lugar más alejado a entrenar por su cuenta.
— ¡Espera Nieve del Monte iré contigo!
El peliazul corrió detrás del acuariano quien soltó un suspiro de frustración.
Templo de Leo
— Leones… Muchos leones… Y un centauro, 2 centauros, 3 centauros…
Aldebarán intentaba no reírse en lo que el aún dormido Caballero de Leo murmuraba cosas en sueños, Aiami no reprimió sus risas mientras ordenaba rápidamente la habitación de su primo, repleta de restos comida, ropa sucia entremezclada con la limpia, absolutamente todas las partes del lugar repletas de polvo… La niña no pudo evitar pensar con nostalgia que probablemente Aioros lo mataría si viera todo eso.
— ¿Cómo demonios puedes siquiera dormir aquí gato? ¡Esto es un asco!
Casi gritó y cuando una cucaracha caminó por encima de su pie…
— ¡AAAHHHHH!
Saltó directo a los brazos del taurino, quien no tuvo más remedio que soltar a Aioria, el cual cayó estrepitosamente al suelo y despertó, sólo giró la cabeza confundido y murmuró algo sobre un león jugando con un centauro y se volvió a dormir.
— Aiami, tranquila, ya se fue.
— Cu-cuca-cucaracha… Odio a esos bichos asquerosos… Son unos rastreros, igual de malos y feos que el idiota de Milo que se cree la gran cosa…
Aldebarán la bajó lentamente en lo que la niña volvía a su labor mientras murmuraba maldiciones relacionadas a cucarachas y escorpiones rastreros, el mayor sólo pudo preguntarse qué rayos tendría que ver Milo con todo eso, el pobre diablo ni siquiera se encontraba allí, se encogió de hombros y decidió ayudar a la pelinegra como buen caballero que era.
Luego de unos interminables, agotadores y muy asquerosos 15 minutos, la sagitariana y el taurino pudieron al fin terminar de limpiar el chiquero que tenía por habitación Aioria, tomaron sin mucha delicadeza al rubio y lo recostaron sobre su cama, donde él abrazó su almohada y siguió roncando como si nada ante las miradas de incredulidad de su prima y su compañero.
— En fin, me iré a entrenar, ¿vienes Aiami?
— No gracias, no quiero ver más bichos rastreros por el día de hoy, iré a entrenar a mi templo, nos vemos Al.
— No creo que vayas a entrenar pero te creeré, ¡ya nos veremos luego!
Con una sonrisa de despedida, Aldebarán se dirigió al Coliseo para seguir entrenando con sus compañeros, mientras Aiami tomaba el camino inverso en dirección a su templo, sólo que una vez allí, se sorprendió en demasía con lo que encontró en el portal. Era una carta de cierta persona que creía haber perdido hacía ya un tiempo.
"Querida Aiami:
Necesito hablar contigo, debería ser un secreto todo esto pero no puedo ocultártelo, no a ti. Ven al templo patriarcal, tengo que explicarte muchas cosas, sólo que debes callar y guardar el secreto, pero sé que lo harás por mí, ¿cierto? En fin, te estaré esperando.
Con amor, Saga."
Lágrimas se asomaron en su rostro y decidió sacarse la máscara para poder enjuagarlas debidamente con la mano, estaba feliz pero a la vez decepcionada. "¡No estás muerto lo sabía! ¿Pero por qué me mentiste?" pensaba ella, rápidamente sacó de entre sus ropas el regalo que le había dado el Patriarca… Si no había entendido mal, él era Saga. Miles de preguntas afloraron en su mente, pero decidió callarlas y diseñar su nueva máscara.
— ¡Será igual a la anterior! ¡Ese rostro lobuno que tanto me hace acordar a mi animal favorito cada vez que me observo en el espejo con la máscara!
Al igual que con su máscara anterior, se cortó la muñeca y juntó un poco de su sangre en un recipiente, luego se curó rápidamente con su cosmos y colocó parte de su sangre en una pequeña tapita de botella, al resto que había dejado en otro recipiente le colocó colorante negro que tenía guardado y su sangre se tiñó de ese color. Luego, fue por dos pinceles, uno muy finito y otro un poco más grueso, encendió su cosmos y pintó con su sangre teñida la zona que correspondía a sus ojos y también dibujó una sonrisa de colmillos afilados desde las mejillas, todo se secó al instante gracias a su cosmos y ella aprovechó para tomar el pincel más pequeño, mojarla en la sangre que no había teñido y dibujar dos pequeñas pupilas caninas en los falsos ojos ennegrecidos de la máscara dorada. Con orgullo miró su obra terminada, llenándola nuevamente con su cosmos.
— Cómo me alegra que Kas me haya contado este truco, si pintas tu máscara con tu sangre y los llenas de cosmos no se borrará y es más difícil que se rompa. ¡Gracias Kas! Espero que seas feliz en este instante…
Habló en voz alta, dirigiendo su mirada hacia el infinito.
— Mejor voy a ver a Saga ahora… Mmm, no, mejor me doy un baño primero.
Con un suspiro se dirigió al baño de su habitación. La verdad era que se sentía nerviosa. Hacía ya 2 años que no veía a su amigo, incluso desde antes de la muerte de su hermano.
Saliendo del baño, la pelinegra seguía pensando cómo reaccionaría ante su peliazul amigo, si con furia, felicidad, tristeza o todo eso junto.
— En fin, mejor me apuro… Ya retrasé este momento 2 horas pero no podré hacerlo por siempre… Más aún si mis suposiciones son correctas.
Aún perdida en sus pensamientos se vistió rápidamente, simplemente con una camiseta roja que era de Aioria y por lo cual le llegaba a medio muslo, unas calzas grises y sus infaltables ballerinas rojas, en cuanto a su eterna cinta roja, esta vez la utilizó para atarse el cabello en una coleta con un gran moño.
Con mucha incertidumbre, se colocó su nueva máscara y fue caminando lentamente por las vacías casas de Capricornio, Acuario y Piscis, aunque por más que intentó retrasarse aún más, en poco tiempo llegó al Templo Patriarcal.
Templo Patriarcal
La niña, no queriendo que nadie se enterara a pesar de que Saga la había citado allí, decidió hacer un ruido lejano arrojando un jarrón al suelo para que los guardias que cuidaban la entrada al Trono salieran corriendo en dirección al ruido, con una risita, Aiami salió detrás de un pilar donde se ocultaba e ingresó rápidamente al Salón del Trono, que estaba vacío.
— Uh… ¿Saga? ¿Estás aquí? Soy Aiami, ya he venido.
La pelinegra se alertó al escuchar un ruido de puerta, pero no por la que ella había ingresado, si no otra que se encontraba paralela a ésta, de donde ingresó el Patriarca, sólo cubierto con una toalla en su cintura y su máscara, pero con agua escurriéndose por su cabello y el resto de su cuerpo.
Tragando saliva y sonrojada bajo su máscara Aiami se arrodilló ante él. Sentía mucha vergüenza y otra sensación extraña para ella. Jamás había estado frente a un chico casi desnudo, si bien había visto a Aioria en bóxers casi toda su vida e incluso el día anterior a ese, su primo no estaba tan… Desarrollado a su parecer. El cuerpo del Patriarca le hacía recordar más bien a su primo mayor, a quien contadas veces vio sin camiseta, pero aún así se notaban sus músculos bajo ella.
— No tienes por qué arrodillarte ante mí arquerita.
Reconociendo esa voz, automáticamente ella se puso de pie y retrocedió unos cuantos pasos, una cosa era suponerlo, pero comprobarlo era algo muy diferente y eso la ponía demasiado nerviosa.
— ¿Sa-Sagui?
El chico se sacó la máscara, revelando aquel rostro tan familiar para ella. Él le dedicaba una hermosa sonrisa, aunque estaba algo sonrojado.
— No esperaba que llegaras justo cuando me daba un baño, pero sé lo impaciente que eres y si no salía enseguida, probablemente te irías.
La niña seguía paralizada, lágrimas empezaron a escurrirse bajo su máscara. Aún con una sonrisa Saga se acercó a ella y le quitó la máscara con delicadeza, revelando sus brillantes ojos verdes de los cuales se notaban miles de sentimientos mezclados, lágrimas caían de ellos, mojando sus sonrojadas mejillas e incluso parte de sus pequeños labios carmesí, el mayor sintió su corazón estrujarse al ver a la pequeña Amazona así, ella casi nunca revelaba sus verdaderos sentimientos, siempre se ocultaba detrás de su máscara.
— Veo que estás utilizando la máscara que te regalé, eso me alegra pero… ¿No pudiste haber elegido otro diseño? Sigue siendo el mismo y es horrible.
Recién ahí Aiami soltó unas risitas de felicidad y le devolvió el abrazo con fuerza.
— Te extrañé tanto Sagui… Sabía que no estabas muerto así que dime por favor… ¿Por qué me mentiste? ¿Estuviste aquí todo este tiempo? ¿Qué pasó realmente con Kanon?
Al escuchar la última pregunta el peliazul frunció el ceño y los labios, conteniendo un par de lágrimas de impotencia.
— En cuanto a mi hermano el Patriarca me había ordenado encerrarlo en Cabo Sunión por una falta muy grave.
Los ojos de la niña se abrieron enormemente y se separó del mayor para mirar sus ojos, en ellos pudo detectar por una milésima de segundo un destello rojizo, pero no le prestó atención y en lugar de eso se fijó en sus sentimientos… En sus bellos ojos azules se podía ver mucha furia, pero también una tristeza impresionante que hizo que la niña volviera a abrazar con fuerza al geminiano.
— Está bien Sagui, no es tu culpa, seguro que Ka lo sabía. ¿Pero cuál fue su falta?
— Él murió pensando que su hermano lo odiaba y lo peor es que las últimas palabras que le dirigí no fueron precisamente cuánto lo quería. Respecto a su falla… Temo que te lo ocultaré por ahora.
La niña se separó de él nuevamente y asintió con una sonrisa, mientras tomó una de sus manos y entrelazó sus dedos con los del mayor, quien suspiró y luego le sonrió.
— Como sabrás, luego de decirnos que Aioros iba a ser el nuevo Patriarca, él me mandó a cumplir una misión, cuando volví me nombró Patriarca a mí, me contó que Aioros intentó matar a Athena y que creía que seguía con vida, por lo cual iría a buscarlo, pero nadie debía saber del cambio al menos hasta que él volviera… Pero han pasado dos años y me sijo que si pasaba más de un mes que me quedara en el cargo, entonces lo hice, aunque de todas formas creo que volverá por lo tanto no he revelado nada a nadie, excepto a ti ahora porque ya no podía seguir ocultándotelo.
Aiami saltó a los brazos de Saga quien la atrapó, pero perdió el equilibrio y cayeron ambos al suelo, con los labios pegados uno encima del otro, el peliazul iba a apartarla, pero al sentir como la menor rodeaba su cuello con sus manos él dirigió sus manos a la cintura de la niña y comenzó a besarla pasionalmente. La niña no sabía lo que hacía, pero se dejó llevar por su instinto e intentaba seguirle el ritmo a Saga, quien rápidamente los volteó y se colocó encima de ella, con su toalla cayendo consecuentemente al suelo. "Muy bien Saguita, yo tampoco podía esperar más para probar a esta niñita". Al escuchar las palabras de aquella parte suya que tanto odiaba se recolocó la toalla rápidamente y se levantó, dándole la mano a Aiami para que hiciera lo mismo.
— Esto está muy mal Aiami.
— ¿Sigo siendo muy pequeña? Lo siento Sagui, es que te extrañé tanto que no sabía cómo demostrártelo.
El peliazul le sonrió, observando con ternura sus mejillas sonrojadas y sus labios hinchados.
— Hey, ¿sabes de los túneles secretos verdad? Nos vemos en la salida del Santuario en 15 minutos, vayamos a pasear a Rodorio.
— De acuerdo Sagui, te adoro peliazul mentiroso, te esperaré allá abajo.
Cuando Aiami se va, Saga suspira y cae al suelo, con lágrimas en los ojos.
— No tienes idea cuánto miento mi querida amiga…
Calles de Rodorio
Aiami y Saga caminaban uno al lado del otro sonriendo, compartiendo comentarios triviales entre ellos que tranquilizaban mucho al geminiano.
Cuando de pronto el cuerpo de una mujer cayó a unos pasos de ellos, ambos se pusieron en alerta.
Aiami corrió a asistir a la mujer con rostro preocupado mientras Saga intentaba averiguar de dónde había venido. No tardó mucho en hallar la respuesta.
— ¡Arinka cómo demonios se te ocurre ponerle tanta sal a la comida, estaba asquerosa! ¡Vuelve aquí para que te castigue y luego cocíname algo diferente! ¡Y más te vale que sea decente si no quieres un castigo peor!
Un hombre excedido de peso, pero aún así alto, trigueño de cabellos enmarañados color negro y ojos color café agitaba en su mano un cinturón con el cual amenazaba a la mujer, quien lo miraba con temor en el suelo, ignorando la presencia de la niña que la sostenía por los hombros y del hombre al costado suyo.
— ¡Rudolf por favor perdóname! ¡No era mi intención, juro que lo arreglaré! ¡Por favor no me castigues!
— ¡Te lo mereces maldita zorra!
La muchacha rubia de ojos tan azules como el cielo giró la cabeza esperando el golpe del cinturón, que jamás llegó, al ver qué sucedió encontró una briosa espalda masculina delante de ella, un hombre de largos cabellos azulados y ojos del mismo color la observó con una sonrisa, luego se puso serio al mirar al tal Rudolf.
— ¿No le parece que no es de hombre el golpear a una mujer indefensa?
— ¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¿Acaso tienes idea quién soy?
Aiami le preguntó a la sonrojada mujer si podía levantarse, a lo cual la rubia asintió y le dio las gracias. La pelinegra le sonrió y luego dio un paso al frente, colocándose entre Saga y el "hombre barbudo", como lo llamaría ella en adelante.
— Le verdadera pregunta es si tú tienes idea de quiénes somos nosotros. No tenemos idea de quién eres, pero te aseguro que aunque fueras el presidente de este país no te tendríamos en cuenta.
— Y tú maldita niñita… Vete a cocinar o no sé, a lavarle los calzones a éste tu hermano, primo, novio o lo que sea.
El cosmos de Aiami se encendió con furia y antes de que Saga pudiera o quisiera detenerla, ella se arrojó sobre Rudolf dándole un sólo, pero certero golpe en medio de la nariz, quebrándosela y haciendo que caiga mucha sangre por sus orificios.
Rudolf gritó e intentó pegarle una cachetada, pero ella fue más rápida y lo esquivó, colocándose cerca de Arinka, murmurando entre dientes que la próxima mataría a ese maldito machista.
Saga soltó unas carcajadas en lo que se acercaba a ambas chicas.
— Buen golpe preciosa, perfectamente precisa como siempre, disculpe señorita, ¿cómo se encuentra?
— ¡Gracias Sagui! ¿Te llamas Arinka verdad? Tienes unos ojos preciosos, transmiten una paz impresionante.
La rubia se sonrojó y miró al suelo, ante esto Saga y Aiami fruncieron el ceño.
— E-estoy bien, g-gracias pero no era necesario y sí, mi nombre es Arinka…
La rubia dirigió su mirada preocupada hacia Rudolf, quien ahora estaba de rodillas en el suelo tomándose la nariz en un intento por controlar su dolor.
— Por los dioses Rudolf, eso se vé muy mal, vayamos adentro para curarte y luego llamaré a un doctor ¿si?
Apenas se le entendió lo que dijo, pero Rudolf le contestó que era su culpa y le pegó una cachetada.
Saga y Aiami iban a intervenir nuevamente pero Arinka los miró, les sonrió tristemente y negó con la cabeza.
— Sólo está enojado, por favor déjenlo. Él tiene razón… Todo esto es mi culpa.
Aiami iba a protestar pero Saga le tomó la mano y negó con la cabeza.
— Si ella dice eso no podemos hacer nada peque.
— Pero Saga… Ugh, al menos déjame quebrarle unos huesos más a aquel idiota.
— ¡No por favor! ¡Agradezco que hayan intentado ayudarme aún cuando NO lo necesitaba pero ya es suficiente! ¡Por favor váyanse!
Saga le asintió con una mirada seria y tiró del brazo a Aiami quien le dedicó una mirada triste y preocupada a la rubia, que le dedicó una sonrisa, casi lo iba a dejar por la paz, pero su mejilla marcada en rojo y el hecho de que a pesar que hacía calor y ella utilizaba una remera de mangas largas y una pollera hasta los pies la hizo tenerla en su mente el resto del día.
En cuanto a Saga se sentía en un conflicto, cuando vio a aquella mujer se sintió como si su parte maldita se hubiera esfumado completamente. Y para colmo de males, al observar a su compañera en ese instante sintió una necesidad insana de cortarle el cuello, a Aiami le pasó lo mismo, por un momento ambos se miraron con un rencor que no parecía propio de ellos mismos, pero esa atmósfera se destruyó al observar a un chico pelirrojo pasar cerca de ellos, con timidez el chico se acercó a saludar a la pelinegra, cosa que molestó de sobremanera a Saga sin saber por qué.
— Señorita Aiami, qué gusto verla. ¿Sabe? Ya conseguí convertirme en un respetado maestro de Pankration.
— ¡Eso es genial Keeg! Ahora sólo te faltan 9 disciplinas más para que acceda, ya sabes nuestro trato…
Saga funció el ceño con molestia, el chico lo molestaba, Keegan le regresó la mirada con enojo.
— ¿Él es su amigo señorita?
— Amm… Así es, Keeg, él es Saga, Saga, Keegan. Sólo mantente callado, se supone que él no debería estar aquí.
— De acuerdo, hey, iré a ver por la próxima disciplina, la veré otro día señorita.
Cuando Keegan se fue, Aiami observó con una sonrisa de disculpa a Saga, quien se calmó y la abrazó con cariño.
— Nuestra salida tuvo demasiadas interrupciones. Lo siento pequeña.
— Está bien Sagui, podemos repetirlo otro día que tengas libre… Mejor volvamos al Santuario, quizás mi hermano ya ha despertado.
Saga asintió y la pelinegra corrió en dirección al Santuario, pero Saga la alcanzó y tomándola del brazo le dijo que se irían a su manera, Aiami giró la cabeza, confundida, hasta que recordó una de las técnicas de Saga.
— Sostente fuerte y no abras los ojos, podrías marearte.
Aiami asintió, abrazando a Saga y escondiendo su rostro en la cintura del peliazul.
— ¡A Otra Dimensión!
A los pocos segundos ambos aparecieron nuevamente en la Cámara del Patriarca.
— Bueno, ya es hora de comer, te abandono Sagui, iré a ver si Aioria despertó, te quiero.
— Adiós peque, cuídate y recuerda que no puedes decírselo a nadie.
— Por supuesto Maestro, me retiro.
Saga y Aiami se colocaron sus máscaras con una sonrisa y luego el peliazul se retiró a colocarse la túnica.
Con una risa de felicidad Aiami bajó en dirección a su templo, sorprendiéndose de ver a Máscara y Aphrodite en dirección al Recinto Patriarcal, los saludó y bajó a Sagitario, donde su primo daba vueltas en círculos en la Sala Principal.
— Yo creía que sólo los perros perseguían sus colas, ya veo que los gatos también.
Aioria la miró con furia y le asestó un golpe en el estómago que la dejó sin aire, Aiami se quitó la máscara y lo miró con lagrimillas amenazando por salir de sus ojos.
— ¿Por-por qué hiciste eso?
— ¡Ya no me vas a engañar enana malcriada! ¡Eso fue por lo de esta mañana! ¡¿Y dónde demonios estabas?!
— Tsk, deja de ser tan impulsivo gato, sólo estaba por aquí y allá…
Aiami se limpió las falsas lágrimas y le sonrió con burla a su primo.
— Así que despertaste… Tendrías que dejar de pensar que pegarle a una mujer es algo malo, quizás el pegarle a alguien indefensa lo es, sin embargo yo no soy ninguna niñita que no sabe defenderse, sé que tienes ese pensamiento y lo usé a mi favor y volveré a hacerlo si no me tomas en serio.
— ¡Cállate! Eres insoportable… Se supone que yo soy tu maestro, no al revés. ¡Además respétame soy el mayor!
— Mayor por dos años y a veces la diferencia no se nota, si hasta pareciera que la mayor soy yo, ya no eres mi maestro Aioria, somos compañeros de armas.
El rubio soltó un suspiro de frustración, murmuró algo sobre perder en esa ocasión pero se vengaría.
— Ya, deja de quejarte y vamos a comer. Juliette y Aisha iban a preparar gyros para celebrar que ya obtuve mi Armadura.
Los ojos de Aioria brillaron y entre risas ambos corrieron al Templo de Leo para comer juntos.
CONTINUARÁ...
YaoiLover: Deberías hacerte una cuenta para conversar a gusto! Me sacaste varias carcajadas! Espero que te guste la parte hot/nohot (?) Los secretos poco a poco irán revelándose y mira, ya se sabe un dato(?) Prometo que todo tendrá sentido... al final jajaja, hoy hay una fiesta a medianoche en el templo de Sagitario según me dijo Aiami y estás invitada! Podés hacer lo que quieras con los chicos, pero dejámelos vivos y no muy traumados, aún son chiquitos aquí (?) Eeeen fin, espero que te haya gustado, beso!
LucyKailu: Ay, por fin aparecí! Te juro que no es mi intención tardarme tanto pero bueeeeeno qué se le va a hacer(? Espero que te haya gustado esto, aquí Aiami le da una lección al hermoso bichito! No reaccionó a tiempo el pobre #Inesperado (?) Este Saga es un loquillo tierno x3 como ayudó a Arinka n.n
Juajua, bueno... ¡hasta la próxima lectores!
