Estoy conciente de que el capt despertará muchas dudas pero verán que se explicarán (o al menos eso intentaré) en el próximo capt con la aparición de otros personajes.

Nota: No me linchen por mis explicaciones alquímicas.
Nota 2: Recuerda que conforme se desarrolla la historia se irán atando cabos.
Nota 3: Si quieres saber qué ha sido de los personajes (su pasado) en estos años, no te pierdas el próximo capt.

Del otro lado (Capt 5)

- ¿Y qué si no lo intento?- preguntó Joseph mirando una fotografía de lo que antes era su familia. Su padre se asomaba a sus espaldas.

Alphonse intuyó que Joseph lo ignoraba, pero había decidido que aquello que le diría no era petición, sino obligación.

- Mañana por la mañana vendrás con nosotros.- seguro, le dijo.

- Y si no…- empezó a retarle Jos.

- Irás.- recalcó Alphonse mirando fríamente al chico de catorce años.

Estaba conciente de que si no hacía algo por su hijo lo antes posible presentaría lo mismo que Victoria. Aunque se le hacía raro que Joseph, siendo dos años mayor que Victoria, no hubiese presenciado alguna enfermedad o algo con lo que peligrara su vida.

Lo había obligado a ir a los entrenamientos de Victoria en lo que él le hacía compañía a su hermano Edward para que se encargaran de que ambos chicos entrenaran. En un principio de nada sirvió, Joseph seguía rehusándose a participar, no fue hasta que entró en razón de que sino lo hacía, Victoria viajaría sola a un mundo completamente desconocido, algo, que por encima de todo, él no quería. Su prima había crecido a su lado como una hermana que con su angelical inocencia lo comprendía, no tenía intenciones de dejarla sola. Finalmente aceptó entrenar, muy de mala gana pero estrechamente determinado.

Los arduos entrenamientos empezaron para los sucesores Elric.

La rubia cabellera que antes lucía con listones y peinados Victoria, pronto dejó de lucirse con su candoroso reflejo. Se cortó el cabello poco encima de los hombros para demostrarse así misma que daría lo mejor y que con cada lamento, de la perdida del capricho de antes dejarse larga y cuidada su brillante cabellera, sería motivo suficiente para no permitir algún otro cambio en su vida, con la promesa de que volvería a contemplarse con el cabello largo, insinuando que viviría para verlo de nuevo.

Con una meta por delante, dio lo mejor de sí en un año de comprometido esfuerzo y trabajo. Lo que alguna vez le pareció ridículo e imposible, poco a poco lo fue consiguiendo con días fructuosos de entrenamiento.

Fuera de noche, con lluvia o intenso calor, ella estaba ahí para arriesgarse con caminatas, peleas y ejercicios de acondicionamiento físico, descubriendo el gozo de ver a su padre como nunca antes le había visto, tan fijado y esperanzado de verla persistir, con una sonrisa que enmarcaba sus perspicaces ojos dorados que irradiaban la fuerza de Edward Elric, creándose también un lazo de confianza mucho más estrecho y profundo entre padre e hija, incluso más, tomando en cuenta que ya no había nada más que ocultar.

Pasó el tiempo y Victoria pronto cumpliría la edad de doce años, pero antes disfrutaría la dicha de deshacerse de los zapatos que formaron parte de su vida cotidiana. Aprendió a caminar con ellos puestos, a defenderse y atacar, no era hábil del todo por las mismas zapatillas que la hacían poco torpe, sin embargo, grandes logros produjo al llevarlas puestas. Únicamente se las quitaba para dormir y contadas eran las veces que se las quitaba para descansar.

Sintió los pies ligeros el día que por fin se las quitó delante de su padre para probar el gran cambio.

- Defiéndete.- le pidió Ed aquel día, en lo que se preparaba para atacarle.

Habiéndose acostumbrado a ese tipo de peticiones aceptó con gusto, preparándose para defenderse. Ed intentó golpearla. Resultó inútil; esquivó el golpe moviéndose a gran velocidad. Hasta ella misma se sorprendió, recordando que numerosas veces Ed le había golpeado por peticiones del mismo índole, lo cual no le era nada agradable para él, como padre, golpearle a su propia hija, mucho menos para Victoria, y aún más para Lily que veía con preocupación los rasgos de esfuerzo y sacrifico marcados en su hija. Pero esa mañana las cosas fueron diferentes.

Ahora Victoria era mucho más hábil y fuerte. También Joseph que daba indicios de poseer grandes destrezas, pero que prefería guardarse todo su potencial como el chico terco y reservado que solía ser.

Por fin el día de la partida de Victoria y Joseph había llegado.

Una noche antes, Edward decidió ir a tomar aire fresco en la colina. Sintiendo el fresco viento paseándose por sus cabellos dorados trató de persuadir el abatimiento que le acometía el ver partir a su hija, luego sonrío pensando que debía verse ridículo atormentándose con tantas cosas después de haber pasado por otras tantas difíciles que ya había superado.

- No puedes evitarlo…hermano.- dijo una voz a un costado de él.

- Sabes que no Al, pero…- inclinó la cabeza después de notar la compañía de su hermano menor- …yo sé que estará bien.- soltó una ligera sonrisa.

- Me alegra que lo sepas y no lo creas.- sonrió.

- El problema es que también sé que no será fácil.- alzó la vista hacia las praderas que se cubrían con la noche. Alphonse compartía la misma inquietud.- Al…- llamó a su hermano con voz calmada.- ¿Recuerdas cuando jugábamos de pequeños en la colina con Winry?- preguntó de improvisto a lo que los ojos de su compañero se llenaron de gozo.

- ¡Sí! siempre que nosotros podíamos huir de los quehaceres y ella de la tía Pinako. Mamá siempre se preocupó por nosotros cuando jugábamos toda clase de juegos hasta el atardecer.- decía emocionado recordando bellos momentos que pocas veces mencionaban para no mortificarse.-….y siempre le hacíamos bromas a Winry escondiéndonos de ella, pero al final…- dijo tras una gran sonrisa que luego desvaneció.-… pero al final, siempre le pedíamos perdón.- susurró cabizbajo.

- Espero que nos perdone también esta vez.- dijo el rubio con vista en alto.- Porque de nuevo no estaremos presentes con ella.- sonrió nostálgico.- Aunque… todavía no es el final ¿No es así?- indagó esperanzado aunque distante.

- Espero que no.- contestó Al alegrando tenuemente, compartiendo el mismo aguardo de volver a ver a su querida amiga de infancia.

A la mañana siguiente, Victoria despertó desde muy tempranas horas. Era un hecho, debía partir lo antes posible junto con su primo, no porque se les hacía tarde, sino porque cuanto más antes mejor. Evitarían la angustia, pero lamentablemente, no el dolor.

Vic no se había dado cuenta de muchas cosas, como el hecho de que su padre tuviera un brazo de metal, él después le había explicado que lo mantuvo oculto con piel sintética, entre otras cosas que tuvo que explicarle también. Pobre Victoria, tan ingenua era la niña, pero ahora, era casi una adolescente que a pesar de los cambios seguía íntegra y nuevamente conocedora.

Con una falda azul, una camisera blanca e ideales zapatos escolares, entró al comedor, que después de haberle desalojado todos los muebles que lo decoraban se encontraba despejado, con su tío, primo, madre y padre al centro esperándola de pie.

Se acercó firme pero temerosa hacia su padre. Ed le entregó una tiza blanca y ella sabía qué hacer con ésta.

Dibujó un círculo de transmutación, el mismo que había usado su tío para abrir una puerta entre éste mundo y el otro. Al terminarlo impecablemente, se puso de pie y miró su obra, pero faltaba algo, algo llamado sacrificio según lo que había entendido en los apuntes que Edward le había dado a estudiar.

Esperó a que él completara el círculo con algún tipo de sacrificio para que la figura reaccionara. Ed simplemente la observó, y ante su asombro, sacó un cuchillo de su gabardina.

- Victoria…- empezó diciendo.- Para obtener algo, debes dar algo de mismo valor. Tú no perteneces aquí, por ello debes ir adonde debes. Si cruzas la puerta, de la que últimamente te he hablado, no debe exigirte nada ya que quedas demás aquí. Pero sólo hay una forma de mostrarle que realmente perteneces al otro lado y no a éste mundo.- le hacía saber al momento en que deslizaba con presión el cuchillo en la palma de su mano izquierda y por consecuente empezaba a sangrar la reciente herida, luego extendió la otra mano en dirección a su hija requiriendo la mano de ella.

Victoria no sabía qué planeaba su padre pero al escuchar lo que expresó no dudo ni un segundo más.

- Confía en mí.- le dijo él.

Inmediatamente, ella extendió la mano y se la entregó. Edward rápidamente repitió el mismo procedimiento que había hecho en su mano zurda, dejándole la misma sangrante herida en la mano.

Sin quejarse pero aguantando un poco el dolor, Victoria siguió escuchando a su padre.

- …la única forma de demostrarlo, es mostrarle que eres mi sangre.- dijo Ed al mismo tiempo en que levemente posaba la mano hiriente sobre el círculo de transmutación. Lo mismo que hizo tiempo atrás en el instante en que activó un círculo de transmutación, cuando una extraña organización creía que su mundo era el mítico Shambala. Esa vez el círculo reconoció su sangre de alquimista embarrada en su guante blanco al colocar la palma de la mano en el símbolo, a desconocimiento de una posible reacción.

Vic lo siguió haciendo lo mismo.

En ese momento, en que padre e hija colocaron sus manos, el círculo de transmutación se activó iluminando la sala de destellantes rayos azules. Victoria miraba maravillada con la boca abierta aquel espectáculo, pero se asombró más al ver que Joseph se fue acercando al círculo y le mostró la misma marca de sangre alzando la mano, para luego unirse a reposarla sobre el dibujo alquímico, no antes de que Alphonse hiciera lo mismo. Cuando los cuatro colocaron ambas manos sobre el círculo de transmutación, las líneas de tiza se tornaron azules e intactas y los destellos desaparecieron.

- Bien, es hora de despedirse.- se puso Edward de pie mirando a Victoria con una sonrisa que parecía juguetona.

La chica de ojos miel lo observó sin entender y sus ojos se llenaron de lágrimas, se lanzó contra él y lo abrazó fuertemente.

- Papá, eres un tonto.- sollozó Victoria y su padre se notó sorprendido.- ¿Por qué no simplemente dices que me vas a extrañar?- le replicó.

Ed colocó la mano derecha disfrazada por su guante blanco sobre la espalda de la chica, que lo abrazaba con ternura.

- ¿Ése es tu deseo de cumpleaños?- preguntó dulcemente. Vic contestó abrazándole más fuerte.- Entonces…Feliz cumpleaños Victoria, te voy a extrañar mucho.- susurró cerrando los ojos y hundiendo la cabeza sobre el cabello de su hija.

Lily miraba la fraternal escena derramando lágrimas; el mismo día en el que partían los dos primos era el doceavo cumpleaños de Victoria.

Joseph al ver el emotivo abrazo de su tío y prima, miró en seguida hacia otro lado negándose a demostrar el mismo afecto hacia Al. Sintió cómo éste lo abrazó sin obtener algún gesto por respuesta, lo único que percibió Alphonse fue a su indiferente hijo, resistiéndose a demostrar apego.

Victoria se despidió de su madre con un conmovedor abrazo, soltando nuevas lágrimas, igualmente se despidió de su tío agradeciéndole lo mucho que la había ayudado a entrenar. Al no se olvidó de su sobrina y le entregó un paquete envuelto, pidiéndole que lo abriera en cuanto llegara al otro lado de la puerta.

Posteriormente, Edward y Alphonse les indicaron a Jos y Vic que debían pararse justo en medio del círculo de transmutación, poco después de recordarles algunas advertencias respecto al otro mundo.

Antes de que los hermanos Elric volvieran a colocar sus manos para activar el círculo de transmutación, Victoria le dedicó unas palabras a su padre.

- Papá.- lo llamó.- Te prometo…- afirmaba ella, pero Ed se escuchó así mismo cuando tenía la misma edad.- ¡Te prometo que encontraré la forma de regresar a mi verdadero hogar! Cueste lo que cueste.- dijo con una mirada dorada que brillaba intensamente.

Ed no lo soportó.

- ¡Rápido Al!- exclamó colocando prontamente las manos sobre el círculo de transmutación, seguido de su hermano menor.

Una gran segadora luz cubrió la sala y en un abrir y cerrar de ojos la chica y el chico habían desaparecido.

Ed seguía arrodillado en el suelo mirando estupefacto lo que acababa de hacer. Se incorporó y Lily corrió a abrazarlo. Ella había ganado su confianza mucho antes de contrajeran matrimonio, sabiendo de la alquimia y asumiendo toda consecuencia que pudiera surgir de dichos orígenes ligados a los Elric, pero ni una madre o padre están preparados para ver partir a sus hijos con mínimas probabilidades de volverlos a ver, tan sólo eran esperanzas…y una promesa.

Oscuridad, dolor, sangre y un sin fin de escenas mezcladas y confusas aparecieron en la mente de Joseph precedentemente de recuperar el conocimiento, finalmente vio una gran puerta café, con decorados extraños en el marco, lentamente se abrió ésta. No vio más y volvió en sí.

Cielos despejados y azules fue lo primero que vio. Se sentó y observó que extensas praderas verdes se extendían a sus costados. Dudando donde estaba miró acrecencia su alrededor buscando algún vislumbre de estar en otro mundo. Sólo vio un árbol asomando un poco de sombra y unas flores que se mecían con el fresco aire que pasaba. No perdió atención de las flores y examinó de nuevo la lejanía, había algo diferente, algo que dotaba de vida donde se hallaba sentado; todo lo que le rodeaba tenía un brillo especial, un color vivaz que animaba y concedía gran belleza a todo lo que sus ojos alcanzaban a ver, como si fuera el mismo orbe de donde provenía, pero sin ese ímpetu opaco de asuntos políticos, bélicos y sociales que habían ensombrecido a su mundo. Por todo lo anterior, creyó haber llegado al otro lado de la puerta.

Buscó a Victoria y la encontró todavía inconciente a unos cuantos metros de él. Intentó despertarla pero tardó en reaccionar, y cuando lo hizo se le notaba cansada.

- ¿Estás bien?- le preguntó Jos con un tono que poco se asimilaba a uno de preocupación.

- Sí…es sólo que me mareé un poco, es todo.- contestó Vic con leve voz y frunciendo el ceño como si la cabeza le doliera.- ¿Lo logramos?- preguntó animándose un poco.

- Parece que sí.- echó un vistazo de nuevo al panorama.

Victoria como por arte de magia se recuperó de su malestar y pronto mostró una gran sonrisa.

- No te adelantes, aún tenemos que comprobarlo.- le dijo su primo al ponerse de pie y sacudirse un poco la ropa.

Ella, sin borrar su alegre sonrisa, siguió a Joseph que empezó a encaminarse.

Llegaron a una senda pero no encontraron algún individuo a quien pudieran preguntar dónde se hallaban. Esperaron un rato alguna presencia humana.

- Jos… ¿Tú estás bien?- preguntó Victoria un tanto preocupada mientras esperaban si se asomaba un alma por el lugar.

- Claro que sí, ¿Qué no me ves? No me falta nada o…no me digas que se te perdió el paquete que tu tío te dio.- le preguntó molesto.

- Es tu papá… ¡Y no! ¡No he perdido el paquete!- gritó Victoria ahora también molesta.

Repentinamente pasaron unos niños corriendo juguetonamente.

- ¡Oigan ustedes!- gritó Jos llamando la atención de los infantes- ¿Qué lugar es éste?- les preguntó en un intento de cortesía.

- Es Rizembull.- dijo un niño viendo a los dos chicos con vestiduras extrañas. Jos y Vic se miraron asombrados.

Viendo los pequeños que no había más que preguntar se marcharon con el mismo ánimo con el que pasaron.

- ¡Lo logramos! ¡Lo logramos! ¡Siiiiii!- gritó eufórica Victoria.

- No es para tanto ya cálma…- farfullaba Jos antes de ser interrumpido por Victoria que le abrazó fuertemente como fruto del entusiasmo-. Suéltame.- pidió fingiendo molestia.

- Eres un amargado.- lo soltó Vic.

- Bien.- suspiró.- Ahora hay que buscar a una tal…- recordaba.- Winry Rockbell.

Caminaron largo rato en busca de la ahora mujer, observando con manía el lugar natal de sus padres. No había grandes diferencias con el mundo de donde provenían, pero era increíble notar la pureza y gentileza de todo aquel que se les cruzaba.

Aunque se notaba cierta inquietud en los aldeanos por la peculiar forma de vestir de los dos jóvenes, no les discriminaban o les mostraban desconfianza, como si estuviesen acostumbrados a ver toda clase de extrañezas en su mundo.

Preguntaron por la residencia Rockbell o el paradero de Winry a cuanta persona se les atravesaba en el camino. Según les informaron, los Rockbell se dedicaban a la mecánica. Tomaron rumbo y partieron como les indicaron.

Encontraron la residencia al ver que se asomaba una pintoresca casa sobre una colina con un letrero que anunciaba "Taller Rockbell". Desde que Al se había reunido con Edward, la casa no había cambiado casi nada.

Joseph y Victoria se acercaron, pero no vieron a nadie. Había un camión militar cerca de la sombra de un árbol estacionado a orillas de la entrada de la vivienda, pero nada más. Joseph vio a lo lejos que a un costado de la casa, un chico alto moreno mayor que él, cargaba unas cuantas cajas en pila impidiéndole ver a los dos visitantes que le observaban.

- Espérame aquí.- le dijo Joseph a su prima antes de irse en dirección hacia el chico que acababa de ver.

Victoria se quedó de pie esperándole. En ese tiempo contempló la casa amarilla que lucía acogedora con pequeños toques blancos. De pronto, escuchó ruidos proviniendo en dirección al camión militar. Se acercó para escuchar mejor, se oían tuercas e instrumentos de refaccionaria chocando con metal, pero a simple vista no había nada ni nadie en el camión. Miraba curiosa hasta que encontró el origen de los ruidos. Se agachó mirando por debajo del camión y ahí se topó con un chico de cabello castaño claro, de gorra y overol, que reparaba un poco sucio la parte inferior del vehículo.

El chico al principio no notó que le observaba una curiosa rubia, pero cuando cogía una herramienta viró a verla y se sorprendió de su presencia.

- ¿Quién eres tú?- preguntó extrañado y un poco descortés, en lo que interrumpía su trabajo.

- ¡Hola!- saludó Victoria con una gran sonrisa. El castaño de ojos azules la miró como bicho raro.

Por otro lado, Joseph parecía haber conseguido que el chico moreno le presentara a Winry Rockbell, con gusto éste había entrado a la casa para llamarla mientras él esperaba en la puerta.

Una mujer rubia que a pesar de los años permanecía bella y radiante, se asomó por la puerta llevando puesto un vestido color crema con un mandil manchado de aceite con el que se terminaba de limpiar las manos. Traía el cabello totalmente suelto. Sin duda alguna era Winry.

Vio a un apuesto chico de ojos rubios que la miró admirado, ella también lo examinó con desconcierto, advirtió en él cierto aire familiar.

- Mi nombre es Joseph.- dijo el extraño.- He venido desde muy lejos para…

Winry lo escuchaba, pero su voz cesó cuando miró al horizonte y quedó atrapada en atención al ver que una figura se encontraba agachada espiando por debajo del camión cercano a la casa. Victoria también sintió el interés, en ese preciso instante, de virar a ver en dirección a Winry, la miró y en un santiamén se incorporó dedicándole una gran sonrisa. Pero Winry no vio a Victoria enderezarse, sino al mismísimo Edward Elric que le sonreía tan pícara y dulcemente con su típica gabardina roja, llevándose una mano a la cabeza. Cientos de recuerdos del alquimista de acero arremetieron a Winry. No pudo evitar la hermosa impresión y cayó desmayada.

Cuando despertó, se encontraba tendida en la cama de su habitación. Escuchó voces en la casa, se levantó y se asomó un poco a escondidas para saber qué había ocurrido.

- ¿Alemania?- preguntó confundido el mismo chico de gorra viendo en dirección a un sillón de la sala, del cual, Winry al espiar, alcanzaba a ver sentado al extraño que había preguntado por ella, aunque no le veía la cara a quien se sentaba a su lado.

- Si, como escuchaste.- afirmó Joseph.

- ¿Y a qué han venido?- preguntó el chico moreno y alto que había recibido a Jos.

No hubo respuesta.

- Necesitamos ver a Winry Rockbell.- suplicó una voz femenina.

La mecánica se animó para verles. Entró a la habitación en donde estaban los adolescentes, Victoria que acababa de hablar observó a la mujer y Winry pronto posó la mirada en ella. Se vieron mutuamente.

Winry distinguió en la niña rubia el increíble parecido que tenía con Edward, empezando por sus ojos miel.

- ¿Cómo se llaman?- preguntó dirigiéndose a Jos y a Vic.

- Joseph Elric.- se presentó aquel poniéndose de pie.

- Victoria Elric.- también se puso de pie.

Maravillada los examinó Winry.

- Mamá, ¿Conoces a éstos dos?- le preguntó el chico de gorra.

- No, pero conocí a sus padres.- respondió con una humilde sonrisa contemplando a los sucesores Elric quienes al igual la miraron sonriendo.

Rato después, se encontró sentada en uno de los sillones de la sala con los cuatro jóvenes atendiéndola detenidamente. Estaba pensativa, bajando la mirada.

- …y es por eso que estamos aquí.- dijo Jos finalizando con el relato de todo lo que pasó para que llegaran a Rizembull.

- Siempre tuve las esperanzas de que Ed y Al regresarían…- expresó Winry llamando la atención de todos, ya llevaba tiempo sin pronunciar palabra desde que le pidió a Joseph que le explicara la razón de su visita. - …pero ahora, me topo con la presencia de ustedes dos.- miró a los primos.- Lo que me motiva a seguir creyendo.- terminó iluminándose de gozo.

Se puso de pie, no tardó y regresó con unas fotografías entregándoselas a Victoria y a Joseph.

Los dos chicos prestaron atención a las fotografías. En ellas estaban los retratos de pequeños de sus padres ya sea riendo, corriendo o jugando, la mayoría de las veces acompañados de una dulce niña rubia y un cachorro.

Victoria gozaba de ver las fotografías, por fin cumplía el anhelo de ver a su padre y tío de pequeños.

Luego, Winry les mostró otras fotografías que guardó para el final. En éstas, aparecía un chico de cabellos dorados con un brazo y pierna de metal, acompañado de una armadura.

Joseph y Victoria quedaron pasmados.

- Papá, cuéntame un cuento.- pedía una pequeña niña acurrucada en su Cama.

- Esto….- se rascaba Ed la cabeza, pero al ver el insistente gesto de su hija se las ingenió.- Hace mucho tiempo…- empezó contando, entusiasmando a la niña.- un chico que viajaba acompañado de una gran armadura…

Nunca fueron cuentos. En las manos de Joseph y Victoria estaban las pruebas, y ellos, eran testigos.

Fuera de eso, Victoria apreció el gran parecido que tenía con su padre a la misma edad. También se percató, de que en algunas otras fotos se hacía presente, por obviedad, la misma niña que aparecía con los hermanos Elric de pequeños.

- Podría decirse que los tres crecimos juntos…- dijo Winry percibiendo que los dos chicos habían notado lo anterior.- pero tomamos rumbos diferentes.- suspiró.

A lo último que dijo Winry, Victoria la miró atentamente.

- Queremos encontrar la forma de regresar a nuestro hogar y para ello necesitamos su ayuda.- explicó.

- Cuenten conmigo.- se ofreció gustosa Winry.

El chico de gorra, y el chico moreno, que casi no habían entendido nada de la conversación, sólo miraban confundidos.

- Lo olvidé.- se disculpó Winry.- Él es Kain, hijo de Rose, más adelante la conocerán.- señaló al chico moreno, que a decir por su personalidad lucía cordial y gentil. Alto, delgado y simpático, y un poco mayor que los demás jóvenes.- Él es Matt, mi hijo.- dijo a continuación presentando a su primogénito; un chico de gorra roja y overol, un poco sucio de la cara, con cabello castaño claro y ojos azules, a decir verdad, apuesto, pero poco educado y retador, de la misma edad que Victoria.

Los chicos se miraron entre sí. Matt seguía viendo a Victoria como la cosa más extraña que haya visto en su vida.

Cayendo la tarde, Winry hizo una llamada al cuartel general.

- Si, comuníqueme con el Fürer.- mencionaba por teléfono.- Sí…es sumamente importante.- acechó por la ventana a los dos chicos que ya llevaban rato de haber arribado a la residencia Rockbell.

Los primos veían el anaranjado atardecer desde la colina, a pocos metros de ellos se encontraban de pie Matt y Kain observándolos también.

- No debiste ser tan descortés con la chica. - le dijo Kain a Matt.

- ¿De qué hablas?- preguntó Matt alzando una ceja y volteando a ver a su amigo.

- No te hagas al tonto Matt, la veías como cosa rara.- cerró los ojos. Matt quería pasar de desapercibida su falta.

- Tal vez…pero hay que admitir que es un poco extraña.- dijo sin arrepentirse y apartar la vista de Victoria.

Sin que nadie lo esperara, Winry salió de la casa trayendo en manos un objeto envuelto en un pañuelo. Pasó junto a Kain y Matt hasta llegar a Victoria.

- Toma.- le dijo extendiendo las manos para que ella tomara lo que traía.

La chica tomó lo que le ofrecía, lo desenvolvió y vio un reloj de bolsillo un poco dañado, con una insignia de león labrada en la tapa.

- Lo he guardado por mucho tiempo. Era de tu padre, ahora que te veo, te lo entrego a ti. Te pertenece.- le dijo Winry con ternura.

La ambarina abrió curiosa el reloj y leyó una frase grabada en el interior "Don´t forget 3 Oct"

Rió notablemente.

- ¿Qué sucede?- preguntó Winry confinada.

- Es gracioso, es el día de mi cumpleaños.- dibujó Victoria una enorme sonrisa como las que Ed solía hacer.

La miró asombrada. Sin duda alguna esa niña era la hija de Edward. Precisamente ese día, tres de Octubre, era el cumpleaños de Victoria.

Una ventisca pasó rozando a todos y Winry se llenó de aliento.

"No Edward, jamás olvidaré el día en que partiste iniciando la búsqueda por lo perdido… como tú tampoco lo olvidarás, ahora sé que no sólo lo llevas grabado en tú reloj de alquimista nacional, sino también en tu corazón, pues tiempo después, el mismo día, presenciaste el arribo de tu hija. Una razón más, para que yo tampoco olvide éste día…nunca"

Se dijo en sus adentros deslizando una lágrima de felicidad, después de tanto tiempo.


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