¡Hi! ¿Cómo están? Espero, de corazón, que estén muy bien, pues ahora yo también me encuentro mejor. La verdad es que tenía unos pendientes con la escuela y ahora que están llegando a su fin me encuentro con más tiempo para escribir. ¡Sí! Ahora ya no tardaré mil quinientos años en actualizar jeje. ¡Haré más fanarts! (especialmente de los personajes nuevos)
Remodelación:
Todos los capítulos del fic han sido mejorados. Esto significa que son pequeñísimos cambios que se hicieron a la redacción y se corrigieron faltas ortográficas.
Respuesta a Anónimo: Joseph guarda cierto resentimiento hacia Alphonse por la muerte de su madre, si deseas saber o recordar mejor te recomiendo que revises el capítulo tres. (Gracias por comentar n.n)
Nota 1: Este capítulo es para ambientar los próximos.
Nota 2: ¡Ahora sí empieza lo bueno! XD
La alquimista de la sangre dorada (Capt 7)
- Victoria…- oía a lo lejos una voz que la llamaba. Sumergida en la oscuridad, vislumbró entre sus recuerdos una gran malévola sonrisa que macabramente le decía "Gracias" mientras se escuchaba el sonido hueco de gotas repicando contra el suelo. Gotas, de sangre. Ella sentía que por cada tintineo el aliento se le iba cada vez más agotándole paulatinamente la respiración, y cuando intentó gritar despertó inmediatamente.
Abrió los ojos desesperada y se topó con Joseph, Matt y Kain mirándole preocupados.
- ¿Estás bien?- le preguntó Kain.
En seguida notó que estaba tendida en el suelo del campo donde poco antes había tenido su combate, aún estaba el público y todo aquel que había presenciado el enfrentamiento. Sólo habían pasado unos minutos para que recuperara la conciencia.
Decepcionada, bajó la mirada tras recordar que había perdido. Luego miró su mano derecha que se encontraba con el puño cerrado, lo abrió lentamente y asombrada observó que sostenía en la palma de su mano un reloj de alquimista nacional.
- Felicidades.- dijo la dueña del reloj tendiéndole amablemente una mano para ayudarla a ponerse de pie.
Accedió y cuando lo hizo aplausos se escucharon entre los espectadores. Hasta Mustang se había puesto de pie para aplaudirle.
La alquimista del agua cumplió su propuesta de que si Vic lograba quitarle el reloj, ésta automáticamente ganaría.
Triunfadora y confundida, aquella no entendía lo que sucedía. Tuvo el instinto de pasar la mano por la nariz manchando la extremidad con sangre. Recordó, anteriormente de perder el conocimiento tuvo una hemorragia nasal que para ese momento ya había cesado.
- Joseph…- llamó a su primo- ¿Qué fue lo que sucedió?
- Antes de que desmayaras extendiste la mano derecha y atrajiste el reloj hacia a ti.- le contestó también sin entender su nueva habilidad.
Victoria observó más confundida a su primo, casi juraba que había perdido la enfrenta.
- ¡Vaya! Lo logró.- brincó de alegría Elysia después de ver quién ganó.- ¿Observaron? ¡Atrajo el reloj con la mano como si fuera un imán! Eso le pasa a esa presumida alquimista por confiarse de un extraño.- expresaba alegre.
- Ni tan extraño.- suspiró Havoc sin apartar la vista de Victoria.
Momentos después, los militares poco a poco se fueron retirando, la enfrenta se había dado por finalizada y se les había dado la orden de regresar a sus respectivos puestos.
Tras la retirada de todo el personal de cuartel general, el Fürer Mustang se acercó a Victoria, quien aún tenía la cara manchada de sangre.
- Lo lograste.- sonrió Mustang.- Desde hoy, serás la alquimista de la sangre dorada.- le entregó un reloj nuevo y brillante de alquimista nacional.
Vic miró el reloj y luego a su nuevo superior.
- Pero… ¿Por qué la alquimista de la sangre dorada?
- Porque has demostrado que sobresales más por lo que llevas dentro que por lo que aparentas.- le dijo Roy dándole un pañuelo para que se limpiara el rostro-… y dorada, por los ojos miel que tienes como tu padre. La sangre de los Elric corre por tus venas.- le dedicó una sencilla sonrisa.
- ¿No había dicho que…
- ¿No me digas que te avergüenzas de tu apellido?- la regañó jugando un poco.
- Pero es que usted dijo…- recordaba confundida Vic.
- Tu padre y tu tío marcaron con el apellido Elric un pasado que nadie nunca olvidará, ahora te toca a ti marcar el presente.- sonrió de nuevo.
- Pero nadie entenderá mi apodo.- se quejó infantil.
- Lo mismo le pasaba a tu padre al ser el alquimista de acero y confundirlo con tu tío.- río moderadamente Mustang.- Pero eso no es problema tuyo, eso es algo que las personas entenderán al conocerte.- expresó y la chica rubia río jubilosamente.
La alquimista a la que se había enfrentado Victoria ya no lucía tan presumida y pedante al verla triunfal, que sin recelo decidió marcharse sin decir palabra alguna, tan sólo un mohín de alegría.
Más tarde, en el cuartel, Roy le había comisionado a uno de los miembros de la milicia que se encargara de mostrarle el establecimiento a la reciente alquimista nacional, la cual, aún permanecía insegura por su dichosa gloria.
Victoria esperaba de pie a que el encargado llegara.
- Hola.- la saludó una chica de cabello castaño. Apenas escuchó su voz viró a verla.- Soy Elysia Huges y tengo la orden de mostrarte el cuartel.- le dijo sonriente.
- Si, gracias.- le mostró un agradable gesto.
- Vi la batalla que tuviste hace poco y debo decir que me sorprendiste mucho, es decir, no cualquiera vence a Alaine Mustang.- dijo con admiración.
- ¿Dijiste Mustang?- preguntó Vic incrédula.
- Si… ¿No sabías que es la hija del Fürer?
- No…- bajó la mirada para luego sonreír pícaramente.- pero no importa.
- Bien, pero antes de mostrarte las instalaciones ¿Hay algo que quieras saber?- preguntó la castaña dulcemente.
- Si, ¿Porqué es que hay mujeres que llevan el uniforme con falda y otras no? ¿Qué acaso es optativo?- preguntó incauta Victoria observando al personal que pasaba, distinguiendo tan notable contraste.
- Ah, eso es porque...verás, hace muchos años cuando Roy fue nombrado Fürer, exigió como requisito que toda mujer de la milicia usara falda, pero pocos años después, al momento que su hija fue nombrada alquimista nacional, notó que el requisito fue sobrellevado por ella, como habrás notado.- dijo y Vic inmediatamente recordó la diminuta falda que llevaba su contrincante.- Es por eso que decidió hacerlo optativo.- continuaba Elysia.- Pero ya ves que de nada le sirvió, ya que la presumida de Aleine sigue usando el uniforme como le da la gana y cambiar el reglamento le dejaría a Roy una mala reputación en la milicia.
Apenas terminó de contar Elysia la razón del uniforme, pasó junto a las chicas una mujer de mirada tenaz con lentes y cabello rubio muy corto, vestida de traje y portando una bolsa en un brazo, atrayendo prontamente la atención de Vic por su peculiar porte.
- Ella es la esposa de Mustang.- indicó Elysia mirando a la mujer.
A Vic, se le hacía poco creíble que una mujer tan recia como figuraba ser aquella dama fuese la esposa del Fürer Roy.
La mujer iba en dirección hacia la oficina de éste. Entró azotando la puerta provocando que Victoria y Elysia dieran un brinco por el estruendo.
- Ahí van otra vez.- suspiró Elysia preparándose.
Al poco rato salió la de la oficina la misma mujer de antes seguida por Mustang, por lo visto la rubia se encontraba muy molesta y Roy trataba de explicarse.
- L-lo lamento Riza te prometo que…- se disculpaba por alguna falta.
- ¡¿Lo prometes?! Todos los años es lo mismo.- lo miró enojada Riza con sus finos ojos café rojizo, después suspiró profundamente.- Debería acostumbrarme.- se tranquilizó bajando triste la mirada.
- N-no te pongas triste…- entró Roy en un tono sentimental.- Por favor.- pidió alzando el mentón de su esposa. Ella lo miró con ojos dulces.
- Tonto.- murmuró encrespada y alzando su bolsa de mano le dio un trancazo dejándolo doliente.
El acto agresivo e inesperado de la mujer, sorprendió a Vic mientras que a Elysia le causó mucha gracia.
La rubia de lentes se preparó para marcharse de nuevo seguida por Roy. A pesar del golpe él seguía suplicándole que lo escuchara. Riza pasó de regreso junto a Vic y esta vez cruzaron miradas originando desconcierto en la de traje.
- Tú eres…- dijo deteniéndose y cambiando el semblante al dirigirse a Vic.
- Ella es Victoria, la hija de Edward, la chica de la que últimamente te he hablado.- mencionó Roy al estar a su lado.
- Hablaba con ella.- le lanzó una mirada asesina que lo asustó.- Ya eres alquimista nacional, ¿No es así?- preguntó volviendo a dirigirse a la chica.
- Sí, desde hoy soy la alquimista de la sangre dorada.- dijo Vic con orgullo.
- No sabía tu nuevo apodo, pero te queda muy bien.- interrumpió Elysia.- La verdad es que sangraste mucho en tú examen.- equivocó la razón de su apodo por la hemorragia nasal.
Roy río un poco y Vic, apenada, se tapó la nariz. Riza también entendió el comentario, observó a Victoria y conmemoró cuando Ed se unió a la milicia a su misma edad.
Riza sabía de Vic y por supuesto de Jos. Roy no le ocultó nada de lo que se había dedicado semanas antes, le fue honesto desde un principio pero le había pedido discreción y ella lo entendía.
- Me tengo que ir.- señaló.- Fue un gusto conocerte, Victoria- dijo sonriéndole.- Soy Riza y puedes consultarme cuando necesites.- se presentó antes de marcharse.
- ¿No la va a seguir?- le preguntó Elysia a Roy al ver que Riza se retiraba.
- No, además tiene todas para molestarse.- volvió a su compostura.
- Olvidó su aniversario, ¿verdad?- preguntó disgustada mirando la cara de Roy que afirmaba lo que decía.
- ¿Por qué no me dijo que estaba casado y con hija?- aprovechó Vic para reclamar.
- Preferí que tú lo notaras.- contestó Roy empezando a irse también.- Por cierto…- se detuvo en seco.- Cuando dije que escogí a tu contrincante al azar, siempre fue así.- recalcó marchándose.
Vic se quedó de pie metiendo una mano al bolsillo, sujetó su nuevo reloj de alquimista nacional. No podía creer que el artefacto realmente estuviese ahí por vencer a nada más ni nada menos que a la propia hija de Mustang.
Afuera del cuartel, Jos, Kain y Matt esperaban a Victoria, debido a que sólo aquel que trabajara para la milicia podía acceder a las instalaciones.
- Ya tardó mucho.- dijo Matt recostado en las escaleras de la entrada del edificio.
- Estás preocupada por ella.- lo miró Kain juguetonamente.
- ¡No!- dijo Matt pensando en algo rápido.- Me preocupan los de la milicia, tener que soportar a tan odiosa chica no es algo fácil.- dijo riendo.
Kain seguidamente hizo una seña para que Matt no dijera más ya que Jos estaba junto a ellos, y desde la última vez que Matt había ofendido a Victoria se ganó una muy mala relación con él. Pero en esos momentos Joseph ni siquiera prestaba atención a lo que los chicos decían, tan sólo recordaba el examen de su prima.
La chica, antes de desplomarse en el suelo, alzó la mano derecha en dirección a Aleine con el deseo de obtener su reloj, y en un abrir y cerrar de ojos cumplió su ambición a vista de todos los espectadores que hacía poco habían presenciado el suceso. Extrañamente Victoria había atraído el reloj hacia ella tal si fuera un imán.
Jos pensaba en ello cuando Aleine pasó junto a él, Kain y Matt, deteniéndose a preguntar por Victoria.
- No, no la hemos visto.- respondió Matt después de la pregunta de la bella alquimista.
- Si la ven, díganle que quisiera hablar con ella.- dijo Aleine siendo observada detenidamente por Kain y Matt, quienes extrañados veían su cambio de actitud. Antes lucía presumida y chocante, y ahora amigable.
Aleine no había prestado mucha atención en Jos que se encontraba un poco apartado de sus acompañantes recargado en un pilar del edificio. Cuando lo notó, lo vio tan guapo con su cabello castaño un poco largo y esa mirada tan fría que denotaba madurez, que sin más decidió entablar conversación con él.
- ¿Y tú, porqué no te volviste alquimista nacional?- le preguntó coqueta Aleine.- Me hubiera encantado enfrentarme a ti.
Joseph ni se inmutó en responderle. Aleine lo miró con hastía para después marcharse.
No caminó mucho cuando colisionó con Elysia y Victoria, en especial con Elysia; le había tirado unos papeles que llevaba.
- Haber si la próxima vez te fijas mejor Aleine.- recogió Elysia los papeles arrojados en el suelo.
- Haber si la próxima te apartas de mi vista.- se portó Aleine muy reñidora.
- No habrá próxima vez porque no voy a permitir que sigas siendo tan grosera conmigo.- molesta acomodó sus papeles.
Victoria sólo miraba a las dos chicas que parecían llevarse tan mal desde antes de que ella ingresara al cuartel.
- Dejen de pelear.- dijo Havoc apareciendo en escena y fumando su peculiar cigarrillo.
Aleine y Elysia desviaron muy molestas la mirada hacia otro lado.
- Quien las viera.- río Havoc.- La señorita Huges y la señorita Mustang…peleándose.- hizo referencia a la gran amistad que una vez sostuvieron sus padres.
Las dos se pusieron aún más de mala gana a que siempre comparaban su relación con sus antecesores.
- Aleine, no debes ser tan grosera con Elysia, es mayor que tú y le debes respeto. Y tú Elysia, no debes seguirle el juego a Aleine.- dijo Havoc poco interesado y corrigiéndolas. Realmente era muy raro que Havoc se tomara la molestia de reprender al par de chicas, pero era obvio que se debía a un especial cariño que les guardaba.
Curiosa, Victoria observaba inocente al hombre que en cierta forma acababa de regañar a sus más recientes conocidas. Havoc la miró, le sonrió y le dio su nombre, lo ojos de ella denotaron curiosidad por él.
No hubo necesidad de que Havoc le preguntara a la ambarina su nombre, por todo el cuartel ya era demasiado mencionado sucesivamente de verla presentar su examen de alquimista nacional y aprobar inesperadamente a vista de todos.
Si antes Aleine estaba enojada por la indiferencia de Joseph, ahora lo estaba más por toparse con Elysia, tanto, que olvidó hablar con Victoria. Decidió marcharse dejando irrespetuosamente a Havoc con la palabra en la boca al querer éste preguntarle a Vic si encontraba bien por antes haberse desmayado.
Una vez de retirarse Aleine, Vic quiso responderle a Havoc su pregunta, pero pronto se percató de que su nariz empezó a sangrar de nuevo. Intentó retener la hemorragia tapándose la nariz con ambas manos.
Havoc la miró sorprendido, más no asustado pues la hemorragia no parecía tan grave como para alarmarse.
- ¡Ah ya entiendo! Por eso te dicen la alquimista de la sangre dorada, no sabía que tus hemorragias nasales fueran tan constantes.- le dijo a Vic ocasionando que ella se sonrojara levemente por el mal entendido.
Todos los del cuartel creían que su apodo hacía referencia a sus hemorragias nasales, y todo porque en plena batalla, sin ser herida, había sangrado antes de desmayarse para ulteriormente despertar triunfal, lo cual, la había distinguido notablemente de cualquier otro alquimista nacional. Sabían que era dorada por sus rubios ojos y cabellos pero ignoraban el profundo significado que Roy le había dado a su sobrenombre.
La joven Elric, tras conocer todo el cuartel general con la ayuda de su nueva amiga Elysia, decidió días después regresar a Rizembull primeramente de emprender su nuevo viaje para encontrar la forma de regresar a su mundo sin alterar el equilibrio entre éste y el otro.
Apenas llegó Victoria a Rizembull acompañada de su primo Jos, y sus amigos Matt y kain, le contó a Winry todo lo que había sucedido en Central. Aunque Winry le sonreía mostrando regodeo por su reciente nombramiento de alquimista nacional, en su interior no podía evitar sentirse afligida por lo que previsiblemente le esperaba a la chica.
Una cálida tarde, de esos días en los que Vic había decidido junto con su primo quedarse en la casa Rockbell antes de partir, caminaba sin rumbo simplemente para dar un gran paseo por el lugar natal de su padre y tío. Mientras recorría un sendero, el radiante y anaranjado atardecer le hacía pensar demasiadas cosas, entre ellas las preguntas que Roy le había hecho en un principio al conocerla.
Le afligía en el alma, el saber, que realmente existían respuestas.
Caminó largo rato bajando la mirada tristemente hasta toparse con lo que parecía ser un cementerio. No lo pensó y aprovechó para buscar una lápida en especial, plasmando una pequeña sonrisa en su rostro. Buscó y buscó entre lápidas y epitafios sin encontrar lo que buscaba. Cansada, decidió reposar bajo la sombra de un árbol mirando el horizonte que se vestía de vivaces colores al mismo tiempo en que sentía el viento rozarle el rostro. Ya dispuesta a marcharse, al ponerse de pie notó que donde antes descansaba había una lápida que no había visto antes. Movió el musgo que por el pasar de los años cubría la inscripción y leyó el nombre suscrito en ella: Trisha Elric.
Apenas leyó el nombre cayó de rodillas frente a la tumba, la contempló largo rato y pequeñas lágrimas empezaron a caer en la piedra. Sólo el viento podía ser testigo de sus palabras.
- Mi papá está bien…- sonrió tiernamente mirando el nombre de su abuela en la lápida.-…pero yo no.- se lamentó restregando su dolor.- También he sacrificado una parte de mí.- pronunció derramando grandes lágrimas y causando que un aliento se detuviera en seco.
Escondido en un árbol, estaba Joseph escuchando todo lo que Victoria terminaba de decir. La siguió para hablar con ella, pero ya no halló necesidad de que así fuera. Con terror en los ojos había comprobado sus sospechas. Tumbándose en el suelo murmuró el nombre de su prima lamentándose por ella.
Roy tenía razón, sabía que la chica le ocultaba algo, lo que no sabía es que era más grave de lo que se esperaba.
Victoria regresó a la casa Rockbell, y cuando llegó empezó a buscar su reloj de alquimista nacional llevada por la ira y el coraje. De una maleta que Winry le había dado para que ella guardase sus cosas, arrojó toda clase de objetos y ropa dispersándolas por toda la habitación. Lloraba y sollozaba por el sacrificio que había hecho, aunque físicamente, nada le faltaba; tan sólo era el aguardo de su secreto lo que la tenía agobiada.
Hubo un momento en que ya no había nada más que arrojar de la maleta, el último objeto que quedaba en el interior era la fotografía en donde se apreciaba con su familia, su principal tesoro, arrojar el retrato sería como desechar esperanzas, fue por eso que tomó la fotografía y la apegó a su pecho abrazándola con fuerza.
- ¡Victoria!- oyó que la buscaban.
Guardó el retrato, secó sus lágrimas y fue a la sala de la casa encontrándose ahí con Matt, que al momento de verla se ruborizó raudamente.
- Vic...yo… te quería pedir perdón, por lo que pasó hace tiempo.- apartó la vista de ella y dio un profundo suspiro.- Por eso, te hice un obsequio.- mostró las manos que antes ocultaba por la espalda.
Le enseñó su más reciente obra. No era sino a la vista el reloj de alquimista nacional de Vic.
- Lo tomé prestado.- dijo retomando compostura.- Espero que no te moleste.- mencionó para ironía de Victoria que se limitó a sonreír mesuradamente.
- Pero si no le has hecho nada.- miró intacto el reloj.
- Si serás Victoria…- dijo Matt volviendo a su actitud burlesca.- tan sólo mira.
Presionó el centro del reloj, justo donde se hallaba la insignia de León, del artefacto surgió velozmente una cadena de metal. Se colocó en la mano derecha un guante que sacó del bolsillo de su overol y se acomodó, emocionado, a dar su demostración.
Arrojó el reloj al aire sujetando el extremo de la cadena con la mano que poseía al guante. El reloj dio vueltas girando como un yoyo que suspendido en el aire liberó en su contorno pequeños y afilados vértices, mismo que al regresar a la mano derecha de él, retuvo sin ser lastimado por el guante que le protegía.
- Lo hice de un material resistente.- dijo Matt mostrándole nuevamente el guante a Vic, ésta se manifestaba satisfecha por la increíble demostración.- La cadena es de un material maleable para que puedas usarla a tu gusto.- explicó y luego le pidió que probara su creación.
Vic tomó el yoyo y se puso el guante, que a simple vista no se esperaba que realmente resistiera la fricción del artefacto al regresar a su punto de partida.
- Bien, ¡Vamos a probarlo!- aplaudió Vic seguidamente de arrojar el yoyo al aire.
Era fabuloso para Matt observar cómo su trabajo de arduas noches de desvelo valió la pena, si de sonreír se trataba de ver a Vic.
La cadena del yoyo, gracias a la alquimia y al amplificador propio de cada reloj de alquimista nacional, se hacía más larga o corta según como Victoria quisiera. Ella movía el yoyo de un lado a otro como toda una profesional. Y probando su obsequio a todo potencial, transmutó la cadena de varias formas y texturas. Muy alegre por el nuevo arreglo de su reloj corrió hacia Matt y le dio un gran abrazo sorprendiéndolo por el gesto, especialmente cuando dijo:
- Sólo tenías que pedirme perdón.
Para Victoria era demasiado significativo que Matt le hiciera tan laborioso trabajo, así él mostraba que a pesar de sus burlas realmente creía en ella, lo suficiente para dedicarse demasiado en su obsequio.
Matt sonrió tiernamente al ser abrazado por la agradecida chica, hasta que Joseph entró a la casa irrumpiendo la escena con su mirada fría.
- Y-yo…- tartamudeó Matt apartándose de Victoria lo antes posible para no causar malas interpretaciones.
- ¡Joseph! ¡Mira lo que me ha hecho Matt!- exclamó Victoria corriendo hacia su primo y mostrándole su reloj de alquimista nacional.
Joseph miró el reloj, pero más que eso a Victoria. Se le hacía increíble que aquella niña rubia que antes lloraba en el cementerio fuese la misma que ahora veía alegre y radiante.
xXx
Ya de noche, en una de las habitaciones de la casa Rockbell, Victoria contemplaba su reloj de alquimista nacional. Lo miró con felicidad y luego viró a ver al buró que se encontraba a su lado, pronto sacó de uno de los cajones del mueble otro reloj de alquimista nacional, pero éste era viejo y dañado. Cansada, lo observó con ojos tiernos. Sus ojos brillaban intensamente reflejando en sí el reloj plateado que sostenía en manos. Abrió la tapa y encontró las misma palabras de siempre "Don´t forget 3 Oct". El mensaje también se reflejó en sus penetrantes e irradiantes ojos dorados, llenándose de gozo.
En el reloj se reflejaron unos bellos, fuertes e inocentes ojos dorados que en su profundidad dotaban un brillo especial.
- Hermano… ¿Sucede algo?- preguntó una voz, a quien contemplaba en un distante momento el reloj de alquimista nacional.
Quien sostenía el reloj que en aquel entonces resplandecía con intensidad, lo inclinó y cerró guardándolo en su gabardina roja que también en ese tiempo no lucía deteriorada por el pasar de los años.
- No, no es nada Al.- respondió el de ojos miel alzando el rostro para ver a la gran armadura frente a él y sonriendo especialmente con ésa sonrisa que inspiraba tranquilidad. El ver las palabras que había grabado en su reloj lo motivaba a seguir adelante y no rendirse, porque aunque no pareciera una promesa la pequeña frase inscrita, era tan sólo el recordatorio de una promesa que llevaba en el corazón.
Ahí, en una habitación, Victoria vio en el reloj el reflejo pasajero de su padre, tal y como ella lo recordaba. Fulguró una linda sonrisa que también se reflejó en el entrañable reloj.
xXx
- Que tengan mucha suerte.- se despidió Winry de Jos y Vic la mañana que partían rumbo a su búsqueda.
Ellos le sonrieron a la mecánica. Matt se encontraba cruzado de brazos y Kain sólo se mostraba alegre.
- Hasta luego, Kain…-dijo Vic mirando al chico moreno.- hasta luego…Matt.- le regaló una especial sonrisa a su amigo.
- Cuida…cuida mucho el reloj que te hice.- dijo Matt haciéndose al bobo, recibiendo un golpe en las costillas por parte de Kain.
Joseph al igual se despidió de todos acercándose sorpresivamente a Matt para estrecharle la mano, símbolo de reconciliación.
Ya en rumbo en tren, Victoria miraba emocionada por la ventana y Jos leía un libro un poco antiguo.
- ¡Uff! Ya me empiezo a cansar con este viaje.- enunció Vic exagerando.
- Ni si quiera hemos empezado.- le dijo Jos sin apartar la vista del libro.
- ¡Claro! Como tú no tuviste que presentar el examen de alquimista nacional.- se quejó.
- Y no me arrepiento.- dijo Jos sin dejar de leer, a lo que Vic puso mala cara.- Según esto…- empezó a decir el chico.- si deseas encontrar la forma de regresar a Alemania, debemos encontrar a alguien que sepa demasiado de alquimia, bastantes años de experiencia…como el autor de este li…- interrumpió al sentir cómo su prima reposaba sobre su hombro descansando plácidamente.- Supongo que después de todo si ha sido demasiado agotador este viaje.- se murmuró para sí al verla. Suspiró profundamente recordando las lágrimas derramadas por la rubia el día que la siguió.
Por otro lado, en una estación de trenes, dos personajes encapuchados de túnicas negras se preparaban para abordar un tren. Bajaban la cabeza para que nadie notara sus reconocibles rostros.
- ¡Hora de abordar!- gritó uno de los encargados de la estación anunciando la partida del tren que esperaban.
Uno de los encapuchados alzó el rostro y apunto de abordar sonrió malévolamente mostrando únicamente su macabra sonrisa, la misma sonrisa a la que Vic temía en sueños y en pesadillas, la misma, que vislumbró entre sus recuerdos al estar inconciente después de su examen de alquimista nacional.
El par de siluetas negras también emprendían un viaje, una búsqueda, por algo, o más bien, por alguien…
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