¡Hola a todos! Les debo una disculpa por haberme ausentado, me fui de vacaciones y cuando regresé me atestaron otra vez de tareas, pero por fin aquí les traigo el más reciente capt.
Veo con mucho gusto que más personas se animan a leer el fic, muchas gracias n.n y bienvenido sean los nuevos lectores.
Muchas gracias por estar pendientes del fic y por haber comentado anteriormente. ¡Saludos! ;.; me hacen muy feliz con su apoyo (no saben cuánto)
Recomendación: escribí un fic comedia ("¿Yo, papá?") que se ubica cuando a Ed le dieron la noticia de que sería papá, sin saber, de la protagonista de éste fic. Espero verlos por ahí n.n
Nota 1: ¡Claro que no me he olvidado de otros personajes originales de FMA! ya verán como van reapareciendo n.n
Nota 2: En éste capt se profundizará con ciertos personajes y se descubrirá una esperanza.
El precio de un anhelo (Capt 8)
Una pequeña luz penetraba desde el techo del salón iluminando una joven figura delgada de cabellos dorados.
- Debes cortar la cinta correcta.- pidió Mustang durante la entrevista de ingreso de Victoria.
La chica estaba enfrente de una enredadera de cintas negras que le impedían llegar hasta los altos mandos de la milicia, todo para que le permitieran entrevistarla. Sólo debía cumplir la petición del Fürer.
Sostenía una tijera y temerosa no sabía qué cinta cortar. ¿La cinta correcta? No tenía ni idea a qué se refería Mustang con eso, ella las veía a todas iguales e impecables, brillando con intensidad sin ninguna que sobresaliera por las demás.
Mustang notó que comenzaba a ponerse nerviosa por lo que mantuvo más firme la mirada.
Después de un rato, Vic comprendió a lo que se refería con eso de "la cinta correcta". Cortó una cinta y en seguida las demás se convirtieron en simples pedazos de algodón y materiales sintéticos, mostrando a la vez que se trataban de pura obra alquímica, imitaciones, mientras que la que ella había cortado era obra propia del hombre.
- Ésta es la cinta correcta, la original, la que es creada por manos de hombres. Menos fina que las demás, que sólo con ayuda de la alquimia se pude crear tanto detalle.- dijo sosteniendo el trozo de cinta que acababa de cortar.
Los altos mandos de la milicia observaron a la niña con cierto asombro, únicamente Mustang permanecía invariable; sólo él sabía del paradero de Victoria, además, era de esperarse sabiendo que su padre Edward era quien le había enseñado las bases de la alquimia.
- A veces las cosas no son lo que aparentan. Es algo que todo alquimista debe saber.- le dijo Roy a Victoria, ella lo escuchaba atenta.- Ahora, quiero saber tus razones para ingresar a la milicia.- pidió a continuación suspirando profundamente.
Un momento de silencio prevaleció en el salón.
- Mi familia, espera que yo… cumpla mi promesa.- contestó Vic humedeciendo sus ojos.
Una copa chocó con otra, y sentado alrededor de una mesa despertó Roy tras recordar las últimas palabras de Vic antes de que ésta saliera afligida de su entrevista de ingreso militar.
- Aún piensas en ella.- dijo Riza sorbiendo un poco de su copa y provocando que Roy sonriera un poco recargando el mentón en la mano.
En un restaurante estaba acompañado de su esposa disfrutando de una merienda de mediodía.
Riza notaba que constantemente Roy bajaba la mirada perdiéndose de nuevo en sus inquietudes.
- Te preocupa.- le hizo ver al igual bajando la mirada.- Pero nunca admitirás que es así.- asomó una pequeña sonrisa mirando hacia otro lado.
- Esa niña oculta mucho.- Roy también trató de mirar hacia otra dirección.
- Tal vez…pero, ¿No crees que has sido un poco rudo?
- ¿Tú hablando de rudeza?- le preguntó irónico.
- Muy gracioso, coronel.- se ofendió acomodando sus lentes.
- Hace mucho que no me hablabas así.
- Hace mucho que no te veía tan preocupado.- defendió Riza.
- No me preocupa mucho.- expresó muy quitado de la pena y refiriéndose a Victoria.
- A mi no me engaña…coronel.- le afirmó su esposa cerrando los ojos y sonriéndose a lo último.- Por cierto, ¿Dónde está Aleine?- preguntó luego frunciendo el ceño y cambiando de tema.
El fürer posó sus ojos en su copa y río mesuradamente.
xXx
En un tren repleto de personas se encontraba Aleine mirando por detrás de su asiento.
- Si sigues espiando así se darán cuenta.- dijo Elysia cruzando los brazos y sentada a un lado de Aleine.
- Claro, notarán a la odiosa chica que me acompaña y se darán cuenta.- actuó sarcástica y volviendo a su asiento.
- Se llama realismo y si no te gusta te aguantas. Además, yo no decidí seguirte, no sé porque tu padre me sigue nombrando tu acompañante.- se encontraba seria y de talante molesto.
Aleine puso mala cara no sin antes echarles un último vistazo a Victoria y a Joseph, a quienes antes espiaba en todo el trayecto.
- Victoria debe saber que estar en la milicia no sólo se trata de privilegios, sino también de misiones.- dijo pasando la vista hacia la ventana.
Elysia miró también hacia la ventana del tren, el ruido del aparato era bastante molesto pero el panorama que se vislumbraba por la ventanilla era hermoso con sus campos abiertos y sus cielos intensamente azules, lo cual discrepaba con la indiferencia de Aleine, que al igual, pensativa, no apartó la vista del paisaje. Eran demasiado frías la una con la otra. Bajó la mirada y no pudo evitar recordar el porqué de tan mala relación con Aleine.
Revivió el momento cuando le presentaron a la niña seis años menor que ella. Elysia en aquel entonces tenía doce años. Conocía muy bien a los padres de la linda niña, cumpliendo los seis años de edad asistió a la boda de ambos.
Conforme crecían, procuró Roy que las dos niñas se llevaran apropiadamente.
En un principio Elysia y Aleine, a pesar de los años que las separaban, se llevaban bastante bien, como si tratara de la hermana mayor y la menor.
Roy, siempre atento con Elysia, la visitaba a menudo a ella y a Gracia, siempre trayendo un presente o contándole a la niña, a quien rápido parecían pasarle los años, sobre su difunto padre Hugues.
Elysia pronto pasó de ser una niña a una señorita astuta con carácter juguetón y encantador, pero su misma astucia le permitió advertir cosas que a menudo se interrogaba sobre el amigo de su padre.
Aleine veía el trato que su padre tenía hacia Elysia, de verdad la trataba como si fuese un pariente demasiado cercano, nada que le molestase porque también le guardaba cariño.
Al cumplir Elysia la edad de quince años, después de varios años de pensarlo y discutirlo con su madre, decidió integrarse a la milicia.
- ¿Estás segura de que eso es lo que quieres?- le preguntó Roy cuando Elysia le comentó su deseo.
- Sí.- respondió un poco melancólica.- Él siempre sonreía cuando volvía del cuartel, estoy segura de que yo también sonreiré.- se iluminó al recordar a su padre.
- No soy nadie para negarte el permiso, no habrá problema pues todos los del cuartel te conocen, serás muy bien recibida.- se guardó las manos en los bolsillos recordando que los del cuartel sabían de Elysia por los comentarios que hacía Maes de ella.- Pero…no dejo de sentir inquietud de que algo malo llegara a sucederte…- asumió cierta responsabilidad.
- ¿Puedo hacerle una pregunta?- interrogó Ely después de la muestra de preocupación.
Roy asintió mirándola extrañado.
Elysia arrojó la pregunta que recalcaba aquello que perturbaba el pensamiento del hombre y lo hacía acreedor de cierta culpabilidad.
- Como buen amigo, mi padre estuvo a su lado cuando más lo necesitaba… ¿Por qué usted no hizo lo mismo aquella noche?- preguntó mirando fijamente a Roy que estaba absorto por la penetrante duda.
- Eso, es algo que tú misma comprenderás cuando te unas a la milicia.- respondió con un dejo de templanza.
- Esa es una de las razones por las que quiero unirme al ejército.- siguió Elysia muy segura de sus palabras.- Para que cuando mis seres queridos me necesiten, yo sí sepa cómo y cuando estar ahí.
El de parche sonrío levemente por su propósito, sabiendo que le faltaba mucho por aprender.
A partir de ese momento, Aliene, que se había enterado de los propósitos de Elysia, puesto que ella al crecer también quería unirse a la milicia, no pudo evitar sentir cierto rencor hacia la mayor por, a su parecer, acusar indirectamente a Roy por la muerte de Hugues, considerando todo lo que su padre había hecho por ella como para que resultara poco agradecida.
De ahí en adelante comenzaron los mutuos rechazos de Elysia y Aleine. La primera nunca culpó a Roy de la muerte de su padre, tan sólo sentía inconformidad con respecto a la amistad que tuvo él hacia su progenitor, lo que le provocó el personal afán de querer proteger a quienes amaba uniéndose al ejército. Por otro lado, Aleine no podía ofrecerle su amistad a una chica que desconfiaba de alguna forma en su padre, agregando además que las dos siempre chocaban con rivalidades e infantilices.
Ya después de recordar tantas cosas que había sucedido a lo largo de su vida, Elysia regresó al momento de viaje en el tren, preguntándose si Aleine recordaría los malos momentos o los pequeños fragmentos de felicidad que una vez compartieron.
- ¡Señorita Elysia! ¡Señorita Aleine!- apareció un corpulento hombre interrumpiendo y despertando a Elysia de toda conmemoración, y atrayendo la atención de Aleine que también llevaba tiempo sin pronunciar palabra.
Era Louis Armstrong, de nuevo con sus exagerados ademanes que no cambiaban con los años, que al contrario, pareciera que los hubiese perfeccionado para resaltar ese carisma que irradiaba. Se había conservado bien con los años justificando como siempre que se debía a la vigorosa salud de los Armstrong que pasaba de generación en generación.
Las chicas se escurrieron de sus asientos como gelatinas muertas de la vergüenza al ver que el individuo seguía gritando sus nombres, llamando la atención de todos los que viajaban en el tren, por suerte no atrajo la de los primos Elric ya que estaban vencidos por el sueño.
No les quedó de otra que alzar las manos tímidamente, Armstrong brilló de alegría por encontrarlas. Apenas las tuvo cerca las abrazó con fuerza, apretujándolas.
- ¡Por un momento creí que algo malo les había sucedido!- lagrimeó.
- Eso era antes de que llegaras.- dijo Aleine asfixiándose por el abrazo.
- Su padre Mustang me envió como su acompañante.- dijo el musculoso al soltarlas, causando desconcierto en Elysia.
- Aleine, ¿no me dijiste que Roy me había asignado a mí?- preguntó un poco incrédula de lo que estaba sucediendo.
- Eso no es posible.- interrumpió Armstrong.- El Fürer me nombró personalmente a mí.- dijo y Aleine bajó la cabeza un poco apenada.
Al parecer, extrañamente Aleine había nombrado personalmente a Elysia su acompañante cuando ella creyó que eran órdenes propias del Fürer. Las dos no dijeron nada al respecto.
- ¿Llegué en un mal momento?- preguntó Armstrong al ver que tenían mal gesto.
- No, no es nada.- dijo Elysia y se retiró hasta la parte trasera del tren dejando a Armstrong con Aleine.
Hasta el fondo en el tren, donde sólo quedaba la puerta trasera y un barandal exterior que marcaba el fin de la máquina, fue ahí a donde llegó a parar Elysia, quería apartarse de la compañía de Armstrong para evitar a Aleine. Se encontraba molesta y un poco confundida por la extraña actitud de ésta hacia ella, sin más sacó de su uniforme un relicario dorado que llevaba oculto en el cuello y lo abrió con cariño para observar en su interior una fotografía de su padre Hugues. Observó largo rato el relicario, sus cabellos se revolvieron con el viento. Era como si cada vez que se sentía confundida recurriese al recuerdo de su preciado ser querido.
Poco después el tren arribó a la estación y Victoria y Joseph despertaron para marcharse y seguir su trayecto. Cuando bajaban del tren, Victoria fue detenida por Aleine.
- ¡Alquimista dorada!- resumió su apodo para que ésta la escuchara.
- ¿Qué sucede?- preguntó Victoria virando a ver a la chica que de inmediato reconoció.- Tú…- mencionaba tranquila.
- Aleine.- se presentó directamente la alquimista.- He venido para asignarle su primera misión.- dijo buscando una hoja de papel en su bolsillo.
- ¿Misión?
Mientras Aleine buscaba el documento, Jos vio que un militar alto y fornido que bajaba del tren se dirigía hacia ellos.
- ¡Victoria y Joseph Elric!- gritó Armstrong causando revuelo.- ¡Pero si son la viva imagen de sus padres! Es un honor conocerlos.- expresó saludando con mucho respeto.
- Así que…nos estaban siguiendo.- afirmó Jos tras darse cuenta, provocando que Armstrong lo mirara con sorpresa por su insensibilidad.
- ¡No!- defendió Aleine molesta.- He dicho que sólo vine a otorgarle su misión a Vic. De ninguna otra forma me atrevería a seguirlos, en especial a ti.- dijo con carácter arraigo, sabía con quién trataba.
- No tienes idea del gusto que me da escuchar eso.- alegró sarcástico.
- ¿Es qué siempre eres tan…- se quejaba Aleine.
- ¿Qué? ¿Tan presumido?- preguntó haciendo indirecta a la característica distintiva de Aleine, algo que rápido notó en el examen de su prima.
- ¡Joseph!- interrumpió Vic atrayendo la atención de Armstrong que ya se había distraído con Aleine y Jos.- Respeta a mis colegas, recuerda que soy parte de la milicia.- dijo un poco apenada.
- Entonces… con permiso, creo que soy el único que no sigue órdenes.- se apartó perdiéndose entre el gentío de la estación.
- ¿Por qué el joven Joseph no se unió a la milicia señorita Victoria?- preguntó Armstrong después de ver partir al chico.
- Porque…no hay nada que lo motive hacerlo.- respondió bajando la mirada, ocasionando que Aleine también se apenara un poco.
Joseph caminó a lo largo del tren del que había arribado, el aparato todavía seguía en la estación. En la parte final vio bajar a una chica que guardaba un relicario en su uniforme militar.
- Joseph…- reconoció Elysia al joven que antes espiaba Aleine en el tren, pero éste ni caso le hizo sin detenerse.- ¡Oye te estoy hablando!- le llamó deteniéndolo al tomarlo del brazo izquierdo.
Aquel, al sentir que lo tomó del brazo, se retorció de dolor tratando de disimular.
- ¡Lo siento! No sabía que estabas herido.- se disculpó de inmediato Elysia.- Permíteme verlo para que…
- ¡Ni si te ocurra! No confío en gente como tú.- dijo Joseph irritado y mirándole fijamente.
- ¿Confiar? Pero si no te….- explicaba.- ah no ser de que no quieras que nadie se entere.- concluyó inmediatamente.
- N-no no es eso.- tartamudeó.
- Sólo quiero ayudarte, además por tu reacción puedo notar que es una herida grave.- se ofreció amistosamente.
- No quiero involucrarme con gente como tú.- insistió grosero.
- ¡Pero qué terco eres!- explotó Elysia y en su arranque lo tomó de la camisa y lo arrastró hasta una banca de la estación.
Lo sentó, y ya apunto de revisarle el brazo, Joseph se lo arrebató para proponerle algo.
- Si de verdad me quieres ayudar…- dibujó una sonrisa.- Ayúdame a encontrar al autor de éste libro.- mostró el viejo libro que antes leía en el tren.
Elysia soltó una gran carcajada dejándolo sin habla.
- No te quieras pasar de listo, o, ¿Es que siempre que ignoras a alguien te quieres aprovechar luego de él o ella?- se mofó de él.- Seguramente ni estás herido del brazo.
- Luego por qué nadie confía en gente como ustedes.- poniéndose de pie de la banca le arrojó una mirada fría.
- ¡Oye sé que éste uniforme puede hacerme ver mal! Pero no soy lo que tú piensas.- viendo que el chico se retiraba actúo de inmediato.- ¡Te ayudaré con tu libro!- gritó antes de que se fuera.
- ¿Y cómo sé que tú no estás jugando conmigo?- se detuvo Joseph.- Después de todo, me llamabas desde un principio.- viró a verla.
- Uff.- suspiró la chica.- Déjame decirte que no eres el único listo de por aquí.- dijo sonriendo y por supuesto refiriéndose a ella misma. Jos pasó la vista en alto por su "modestia".- Veámoslo así, yo necesito que me respondas una sencilla pregunta, confiaré en tu respuesta y tú tendrás que confiar en mi ayuda con tu libro.- le propuso y él asintió con la cabeza.- Bien la pregunta es… ¿En dónde está tu prima?
- Está ahí, con el militar y la otra chica.- contestó señalando a lo lejos a las tres figuras.- ¿No irás a verles?- indagó seguidamente al ver que la joven ni reaccionó ante su respuesta.
- ¿No irás a avisarles que te vas?
- Já… ¿Te han dicho qué eres odiosa?- le dijo Joseph jugando un poco.
- Si, muchas veces.- recordaba a Aleine.- Pero no más de las que te las dicho a ti.- enunció traviesa.- Por cierto, ya que eres demasiado respetuoso para preguntármelo, mi nombre es Elysia.- satírica notó a continuación que Jos suspiró rendido.
Viendo el chico que no le quedaba de otra que requerir de la ayuda de Elysia, salió con ella de la estación para encontrar al autor del libro o información de su paradero.
Él y su prima habían abordado en aquel tren porque según el libro su autor vivía en Iriadne, una ciudad pequeña al este de Rizembull. Viajaban sin saber que eran acompañados en el mismo vagón por Aleine y Elysia, cuyo fin era entregarle su primera misión a Victoria, aunque ciertamente Aleine, sin decirle a Elysia, importunaba al par de primos. Su padre le había encargado que lo hiciera para saber a dónde se dirigían, lo que dejaba claro que Riza acertaba con la preocupación de su esposo.
- Así que…tengo que resolver ésta misión.- dijo Victoria agobiada después de leer la misión asignada.
- Sé que suena laborioso pero…- apenada trataba de decirle Aleine.
- ¡No quiero ordenar por secciones una biblioteca entera!
- Debe cumplirlo, son órdenes del cuartel general.- reiteró Armstrong. Vic se puso triste.
- Lo sé, pero es que….- dijo afligida.-… quería emprender este viaje lo antes posible…extraño mucho a mi familia.- bajó la mirada de tal forma que se veía tremendamente tierna.
- ¡No se ponga así señorita Victoria!- exclamó Armstrong conmoviéndose de la historia de Vic, la cual toda la milicia ya conocía. Con los ojos envidriados de emoción, abrazó a la chica con un brazo y con el otro hizo sus poses.- ¡YO le ayudaré a terminar con su misión para que encuentre lo antes posible la forma de regresar con su querido padre!- imaginó una exagerada escena con flores y mariposas del reencuentro de Edward con Victoria.
- Disculpe… ¿Podría soltarme?- pidió Vic asfixiándose.
Al tanto que Armstrong apretujaba a la rubia sin hacerle caso, Aleine pensaba en dónde se encontraría Elysia.
- ¿No han visto a Elysia?- preguntó luego por su compañera de viaje.
- No, no sabía que te acompañaba.- contestó Vic cayendo también en la cuenta.- Tampoco ha regresado Joseph.- dijo preocupada.
- Los vi salir juntos de la estación.- mencionó Armstrong.
- ¿Juntos?- se extrañó.-….y… ¿Y porqué no dijo nada?- preguntó Aleine sin que el musculoso hombre le diera tanta importancia.
- Si la señorita Victoria quiere encontrar lo antes posible la forma de regresar a su hogar, no debe distraerse tanto, y usted también señorita Aleine, tengo entendido que su padre también le encargó algo.- le lanzó una mirada indirecta por lo último.
Vic y Aleine inclinaron la cabeza, entendieron que el mayor Armstrong tenía razón, cada una debía cumplir con sus deberes.
- Oye, ¿Seguro que es por aquí?- preguntó Elysia viendo que ahora se perdía junto con Joseph en el campo abierto que daba fin a lo urbano.
- Sí, deber ser.- respondió un poco inseguro.
Caminaron un poco más y durante la caminata, Elysia, observándolo con una mueca divertida, no apartaba la vista de él. Joseph le parecía único con su carácter.
- Y dime… ¿Por qué querías mi ayuda en especial?- le preguntó mientras seguían caminando.
- Digamos que me da un poco de autoridad.
- ¿Qué decías de utilizar a quién?- dijo Elysia irónica pero entretenida, extrañamente logrando que Jos sonriera un poco.
- ¿De quién es la foto del relicario?- repentinamente preguntó, Elysia lentamente se detuvo en seco y acarició el cuello de su uniforme, el cual ocultaba el objeto.
- De mi padre.- contestó volviendo a sonreír, por un momento creyó que su ahora acompañante no recordaría con importancia lo que ella portaba en el cuello.
El de ojos miel suspiró nostálgico haciéndose notar para Elysia, quien lo miró preocupada.
- Yo no conservo nada que me recuerde a mi madre, tienes suerte de llevar eso contigo.- dijo Jos con los ojos brillando y un pequeño visaje.
- No sabía que habías perdido a tu madre.- le dijo comprensiva.
- Fue hace mucho, cuando era pequeño.- comentó y la militar que se mostró interesada.
De ahí en adelante, poco a poco y brevemente, le contó a Elysia todo lo que había pasado de pequeño, incluyendo el conflicto que tenía con su padre, quizá porque sentía que alguien más que su prima le comprendía, sólo que esta vez era a semejanza, además de que la hija de Hugues inspiraba cierta familiaridad. Ella, por el mismo ambiente de confianza, se sintió plena de compartirle también de su pasado y presente.
- No sabía que tú y ella…- le decía Joseph sorprendido a Elysia.
- Sí, así es.- suspiró por su relación con Aleine, luego cambió de tema.- Por lo que me has dicho, tú te llevas muy bien con tu prima, a quien aprecias, pero, quería preguntarte… ¿Por qué no te uniste al ejército con ella? ¿Qué no quieres regresar?
- Cuestiones personales.
- Tu padre.- provocó que él desviara la vista.- ¿Y no hay forma de convencerte para que ingreses? Podrías proteger y ayudar a tu prima.- dijo animosa.
- "Ingresar a la milicia para que cuando mis seres queridos me necesiten sepa cómo y cuando estar ahí" ¿Eh?- citó las palabras de propósito de Elysia.
- ¡Hey no te burles!- hizo mala mueca.- Eso era lo que quería preguntarte, sino hay forma de que cambies de parecer, pienso que hasta tú estarías mejor si estuvieras en la milicia.- sonrió sincera.
- No lo creo…
- ¿Qué no piensas perdonar a tu padre algún día?- trató de hacerlo entrar en razón.
- Supongo…que ahora estamos a mano.- un poco serio miró hacia el cielo.- Ya no se trata de él…- confesó sorprendiéndola.
Elysia se quedó de pie dejando que Joseph se le adelantara. Frunciendo el ceño lo miró seguir su camino.
- Entonces… ¿De qué se trata?- susurró apartada de él.
Una gran pila de libros se derrumbó cuando Victoria abrió la puerta de la biblioteca principal de Iriadne, permitiendo ver que al fondo quedaban cientos de libros más que esperaban ser acomodados.
- Como podrán ver…hace mucho que alguien no pasa por aquí.- dijo el encargado.
- Jamás creí que mi vida terminaría acomodando libros.- se quejó Vic después de ver lo que le esperaba.
- ¡Hay pero qué chica tan negativa!- exclamó Aleine estando a su lado.- Mejor empecemos…- dijo con su interminable seguridad y llevándose una mano a la cintura, como si acomodar una biblioteca entera se tratase de un reto.
- Tú empieza y yo termino.- dijo Victoria acomodándose en una esquina de la biblioteca, lista para dormirse.
- ¡Victoria!- llamaron su nombre por enésima vez. Armstrong, que estaba con ellas, le miró atento con grandes ojos. Cuánto le recordaba a Edward.
xXx
Joseph y Elysia pronto encontraron una pintoresca casa ubicada entre el pastizal. En el pórtico, un anciano se mecía en una antigua silla fumando una pipa que dejaba escapar grandes aros de humo.
- Disculpe… ¿Conoce a un tal Vincent Dreud?- preguntó Joseph aproximándose al viejo y releyendo el nombre del autor del libro.
- ¡Vaya! No creí ver uno de esos libros de nuevo.- dejó de mecerse el anciano.- Tampoco creí que se llegaría a usar faldas en la milicia.- observó a Elysia.
Ella inmediatamente reaccionó y se presentó con respeto.
- Elysia Hugues, para servirle señor. - No tienes que presentarte así.- la miró raro Jos.
- ¡Es un general retirado! Y no cualquier general…- murmuró Elysia después de haber reconocido el nombre y al viejo.
- ¡Claro! Ahora todos son militares excepto yo.
- Calla…- exigió respeto Ely por la presencia del retirado general.
- No te preocupes jovencita.- dijo el anciano al haberles escuchado.- ¿Qué es lo quieres saber?- preguntó mirando al chico.
- Mi prima encontró éste libro en la biblioteca de Central y…
- Así que la reconstruyeron.
- Si, hace años, es la segunda o tercera vez que lo hacen.- dijo la hija de Maes segura de que el anciano no sabía de Ciudad Central hacía varios años.
- ¿Reconstruida?- indagó Jos.
- Hace años, cuando tu padre y tu tío cruzaron la puerta, Ciudad Central y otras ciudades se vieron afectadas.
- Hmm….qué sorpresa.- irrumpió el anciano observando con detenimiento a Jos por resultar ser miembro de la familia Elric.- Eres pariente del los famosos hermanos Elric, se habla mucho de ellos por aquí.
El muchacho de hermosos ojos no aportó nada como si en vez de un halago se tratase de una ofensa.
- Como sea.- se recargó Vincent en el respaldo de su mecedora una vez de darse cuenta de su gesto.- Antes de que empieces a cuestionar, ese libro es trascripción del original, así que no puedo resolverte dudas que tengas del contenido.
- ¿Y se hace pasar por el autor?- enojó el chico.
- ¡No seas tonto! Yo no sería capaz de hacer eso, simplemente el verdadero autor me pidió que no rebelase su nombre.
- ¿Nos podría decir quién es?- preguntó Elysia.
- Saben…ese libro es un error.- dijo el hombre un poco abatido.- Fue un error mío dejarlo ahí en Central, sólo trae desgracias.- clamó mirando su mano arrugada que reposaba en el brazo de su mecedora.
- Vámonos Joseph.- de carácter cambió radicalmente la castaña.
- Pero….- se extrañó éste antes de decidir seguirla, aquella ya había emprendido a paso firme el trayecto de regreso.
Caminaba apresuradamente sin siquiera antes despedirse del antiguo general y sin dejar que Jos le siguiera el paso, sino hasta que él rápidamente la alcanzó.
- ¿Por qué te vas así?- le preguntó un poco enfadado.
- ¿De qué trata el libro?- respondió con mirada tajante.
- De sacrificios, de leyes de la alquimia, ¿Porqué lo preguntas?- dijo un poco confundido por el cambio de la joven.
- Ese anciano, al que acabas de ver, no es un anciano realmente.
- ¿Q- qué quieres decir?
- Hay quienes no encuentran la equivalencia de lo que quieren. Él era un famoso general. Desgraciadamente jugó con las leyes de la alquimia, con sacrificios vanos que acabaron por quitarle años de vida, por envejecer su cuerpo, aún así, hay quienes le ven por el gran hombre que era y no por sus errores.- sonrió para luego continuar.- Había oído de esos libros, que hablan de alquimia y tratan de descifrar la esencia de los sacrificios para conseguir algo, siendo uno capaz de dar cualquier cosa por obtener lo que se desea. Creen que para todo existe un valor utilizando la ley de los estados equivalentes. Nadie confía en ese tipo de hipótesis y creencias que parecen imprecisas. Su principal base es la piedra filosofal, pues como sabes, requiere el valor de numerosos sacrificios humanos para conseguirse, es por esto que se cree en dichos libros que para todo existe un valor, sólo basta encontrarlo. Ahora sabes lo peligroso que puede llegar a ser intentar jugar con alquimia.- miró en dirección a la casa de la que acaban de marcharse.- Esos libros son escasos y difíciles de encontrar…no entiendo cómo es que tu prima pudo dar con uno tan pronto.- inquietó.
Joseph, sobresaltado, se había quedado sosteniendo el libro, cada vez surgían más y más dudas que invadían su cabeza, la más reciente hablaba de una posibilidad. ¿Existía algún sacrificio capaz de regresar a Victoria a su mundo?, de ser así, ¿Qué costoso sería?
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