Lamento el atraso, está finalizando el curso escolar y me atesté de actividades, además de exámenes finales y de semestre. No podía pensar en otra cosa que no fueran los exámenes, así que me tomé un tiempecito para escribir el fic y aquí se los dejo. A partir de ahora, espero, mi tiempo no sea tan estresante de manejar por lo que cada fin de semana publicaré el siguiente capt.

¡Muchas gracias por el apoyo! n.n

Nota: Sólo puedo decir que habrá mucha acción y drama en este capítulo…y un descubrimiento O.O

Pecador (Capt 9)

Ruidos de tuercas y refaccionaria se escuchaba en el interior de una acogedora casa ubicada en Rizembull. Un chico con un destornillador no apartaba la vista de una máquina que a primera impresión parecía arreglar. Como compañía, a su lado un chico alto y moreno con una agradable sonrisa le pasaba las herramientas que necesitase.

- ¡¿Hiciste lo que te pedí?!- gritó exigente una mujer rubia que andaba en la casa cargando una cesta de ropa sucia.
- ¡Aún no!- le respondió Matt a su madre desde el segundo piso. A Kain no se le hacía raro que su amigo fuese tan irresponsable.

Winry estaba furiosa. Dejó a un lado la cesta de ropa sucia y se dirigió a la habitación donde su hijo trabajaba.

- ¡Matt sabes que odio que…- se detuvo en seco al toparse sólo con Kain en la habitación.
- Jeje, acaba de irse corriendo.- dijo Kain acomodando las herramientas que antes le pasaba a Matt.
- Siempre hace lo mismo.- suspiró Winry.

Apenas se fueron los primos Elric, a Matt le habían encargado por parte de su madre que arreglara las habitaciones en donde ellos residieron, pero como era de esperarse, se había distraído con algún artilugio de mecánica.

La amiga de infancia de Edward y Alphonse sabía por experiencia que ahora, cada que recibiera un visita, estaría preparada para recibirlos de regreso aún cuando eso fuese poco posible. En ella permanecía latente un halo de esperanza que le fue devuelto con la estadía de Vic y Jos en Rizembull.

Mientras Matt cumplía la atrasada petición de su madre tendiendo camas con mal gesto, su amigo Kain llegó para hacerle de ayuda.

- Te dije que se enojaría.- dijo pasándole una escoba al chico de ojos azules.
- Siempre se enoja conmigo.
- Pues…porque siempre la haces enojar.- rió Kain.
- Si, como sea.- dijo Matt sin importancia y siguió arreglando la habitación.

Limpiaron ambas habitaciones, empezaron con la de Vic y terminaron con la de Joseph. Únicamente les faltaba vaciar los cestos de basura propios de cada habitación.

- ¡Matt, Kain, vengan a comer!- gritó Rose desde la primera planta de la casa.

Apenas escuchó la invitación, Kain se animó para bajar a toda prisa esperando que su amigo reaccionara igual, pero al verlo, se encontró con un gesto diferente.

- Kain…mira esto.- dijo Matt sosteniendo el bote de basura de la última habitación que habían limpiado.
- Es…- miró Kain el interior del bote.

Entre una pila de papeles arrugados, hasta el fondo del bote, se podían notar unas vendas manchadas de rojo carmesí.

- ¿Sangre?- preguntó Kain preocupado.
- Joseph…- murmuró Matt pensando en el chico.
- ¡Está herido! Debemos avisarles a los demás.
- No…no debe saberlo nadie.- dijo serio.
- ¡¿Estás loco?! ¿Y si ahora está peor?
- Será peor si lo decimos, ¿Es que no ves que no quiere que nadie se entere?- señaló con la vista el bote de basura.
- ¡Sí, pero él puede estar grave!- gritó Kain dispuesto a irse y decirle a todos.
- Talvez ni Victoria lo sabe.- Matt lo detuvo de un brazo.
- Entonces tiene que saberlo.- se negó a retractarse.
- En ese caso, yo le diré a Victoria…personalmente- se ofreció un poco inseguro.

Matt no bajó a comer. Sólo bajó Kain con la cabeza gacha, se sentó en el comedor mientras su madre terminaba de poner el último plato de comida sobre la mesa.

- ¿Y Matt?- le preguntó Rose recargando los brazos en la cintura, cerca de su mandil de cocina.
- No vendrá. Él… se fue a buscar a Victoria.- dijo Kain resistiendo sus palabras.

Una jarra cayó al piso causando estruendo. Era Winry que traía lo que beberían esa tarde, había escuchado lo que dijo Kain que no pudo evitar sorprenderse y por consecuencia soltar la jarra. En seguida salió de la casa corriendo a toda prisa, pero sólo alcanzó a ver un camión militar perdiéndose en los senderos de Rizembull.

- ¡Winry!- gritó Rose a espaldas de ella al tiempo que se le acercaba corriendo.
- Vaya...- suspiró Winry sin dar la cara.- era de esperarse, ¿No?, después de todo, es mi hijo.- dijo sonriéndole a Rose, de tal forma que ella comprendió que siendo más joven la rubia y estando los hermanos Elric también habría ido en su ayuda.

XXx

En la biblioteca de Iriadne, Vic seguía sin terminar su labor.

- ¡Ya me quiero ir!- sollozaba tendida en el suelo.
- Al paso que vamos no creo que acabemos tan pronto.- dijo Aleine poniendo un libro en un estante.
- ¿No puedes ser un poquito positiva?
- De acuerdo… ¡Acabaremos en menos de una hora…- forzó Aleine con una sonrisa para luego cambiar a un malhumorado gesto- …sólo si se deja de dormir y por fin se pone a trabajar!!
- No eres agradable, ¿Sabes?- se mofaba sin mover ni un solo dedo.
- ¡¡No sabe cómo lamento no haberme ido con Armstrong a buscar a Elysia y a su primo!!- gritó con ironía.
- Si…yo también lamento no haberme ido con él.- dijo Vic de lo más ingenua e inocente.
- ¿Siempre ah sido así de grosera?- preguntó Aleine entrando en seriedad para hacer un poco de conversación.
- ¿Ah? ¿Yo?- carcajeó.- Creí que sólo era así con mi papá.
- Pobre del alquimista de acero…- suspirando se lamentó por él.
- ¡Con que así le conocen, eh!
- Así y de muchas maneras.- sonrió.
- ¿De qué tantas otras?
- Pues…no tanto de apodos, sino por sus hazañas.
- ¿Tanto así?
- ¡Claro! ¡Si estamos hablando de Edward Elric! Eso, sin olvidarse de su hermano… ¡Alphonse Elric!
- No te emociones Aleine.- río bajo la del mismo apellido.
- ¡Dile eso a los de la milicia! Si supieras qué bien se habla de ellos por ahí…no te cansarías de escuchar lo que dicen de ambos.

Curiosa, Victoria no pudo evitar sentarse en el suelo a escuchar lo que Aleine tuviese que contarle.

- ¡Hasta mi papá a veces se une a hablar de ellos!...aunque…a veces exagera un poco.- señaló apenada ésta.

Recordaba un día en el cuartel en el que servía café a todos los militares que se encontraban reunidos para escuchar los relatos de Roy. Pero como siempre él se aventajaba.

-¡Asombroso que usted haya enfrentado a esas criaturas!- emocionaba un militar refiriéndose a la enfrenta que hubo varios años atrás por la llegada de seres del otro lado de la puerta.
- Claro, no por cualquier cosa soy el Fürer del cuartel.- Roy comentó sin modestia y recibiendo toda admiración.
- ¡Debió ser un honor para usted pelear al lado de los hermanos Elric!- expresó otro militar.
- ¡Yo diría que al contrario! ¿Verdad, señor?- alcanzó a decir un admirador de Mustang.

Roy simplemente río sosteniendo su taza de café.

- Nunca se trató de honor…sino de amistad.- dijo causando furor entre sus admiradores que quedaron satisfechos por sus sabias palabras.

- Y dale con el teatro…- se apenaba Aleine por la actitud de su padre.

Regresando a donde estaba, la hija de Roy siguió hablando bien de la familia de Vic.

- A mí en lo personal, siempre me ha agradado escuchar los relatos de esos dos hermanos. Lo más grandioso es saber que en verdad, después de todo, están juntos lo dos. ¡Tú y Joseph son prueba de ello Victoria!- decía Aleine muy contenta.

Victoria miraba sorprendida a Aleine. La chica era irreconocible para ella, fácilmente podría decir que se había enfrentado con otra alquimista el día de su prueba.

Ahora entendía a profundidad el buen trato que recibía a donde fuese. Debería sentirse orgullosa por el apellido que llevaba, sin embargo se sentía desgraciada. Para ella no era más que un apellido de pecadores en donde cada uno se bautizaba por sí mismo.

- ¿Te imaginas Victoria? Si sigues el camino de tu padre y tu tío, también te recordarán con cariño.- continuaba emocionada Aleine.
- ¡¿Cuál camino Aleine?! ¡¿El de la desgracia?! ¿El del dolor? ¡¿En verdad te parece eso admirable?!- descargó Victoria gritando con ira al pensar a hondura.
- No me refería a eso Victoria…sino al camino del perdón, de la esperanza y el esfuerzo. Tu tío y tu padre supieron perdonarse su error, tan sólo espero que tú también te perdones el tuyo.- dijo sensata.
- ¿Perdonarme?...-sollozó Vic.- ¡Yo también sé por lo que han pasado mi padre y mi tío! ¡Les he escuchado de sus propios labios! ¡Pero les oí, más no les escuché! Porque…de haberlo hecho jamás habría cometido el mismo error de mi padre.
- ¿Qué has dado a cambio Victoria?- aprovechó Aleine.

Sus palabras se oyeron del mismo tono cuando Roy las pronunció y Victoria lo reconoció en un abrir y cerrar de ojos.

- Así que…tu padre te envió.- ató cabos Vic.
- No él no…
- ¡No mientas Aleine! ¡Por eso nos seguían a mí y a Joseph! ¡No viniste a asignarme una misión! ¡Viniste a cumplir TÚ misión!
- Victoria, escucha…- trataba de reformar Aleine.
- ¡Y yo que creí que de verdad eras mi amiga! Seguramente y siempre has sido esa fría alquimista a la que me enfrenté. En ese caso, desde la enfrenta, nunca has dejado de ser mi enemiga.

Huyó de la biblioteca sintiendo que la sangre le hervía de coraje. Ésa misma sangre que corría por sus venas y la declaraba una Elric.

- Yo…- sollozó intensamente.- papá…- murmuró con lágrimas en los ojos.- sólo quería que te sintieras orgulloso de mí…- recordó un dulce abrazo de su padre.

No había intentado revivir a alguien, pero definitivamente debió hacer algo para obtener la habilidad alquímica que poseía, lo cual se veía vinculado a un posible sacrificio.

Se adentró por las calles de Iriadne secándose sus lágrimas con las mangas de su vestido. Después de caminar largo rato y de haberse calmado, presenció una molesta escena en la calle en donde varias personas sólo observaban sin hacer absolutamente nada.

- ¡¿Dónde está el libro?!- interrogaba un hombre de barba y mala apariencia a un chico castaño con cierto parecido a Joseph.
- Y-yo no lo sé señor, me está confundiendo.- aquel sollozaba cobarde.
- ¡Eres Joseph Elric y te comportas como un cobarde!- gritaba el hombre haciendo que el muchacho se retorciera de miedo.
- ¡No!- interrumpió Victoria.- ¡Mi primo no es ningún cobarde! ¡Le aseguro que ése chico no es a quien busca!- gritaba metiche y haciéndose ver entre la muchedumbre.
- El parecido es increíble.- río el hombre prestando atención a Victoria y soltando al chico que acorralaba, quien inmediatamente huyó.
- ¡Deje de mirarme así y si tiene algo que preguntarle a mi primo dígame que yo se lo haré saber!
- ¿Dónde está el libro, pequeña Victoria?- preguntó con malicia el susodicho.
- El…libro.- supo la chica por lo que preguntaba.
- Ya es hora de que devuelvas lo prestado.- volvió a reír.
- Ese libro lo encontré en la biblioteca de ciudad Central.- dijo firme.
- ¡Jajajajaja!- carcajeó el andrajoso hombre.- ¿Lo encontraste…o él te encontró a ti?- cambió inesperadamente.- Un libro tan escaso, que ni si quiera tu padre… ¡El gran alquimista de acero!-.ridiculizó.-… logró dar con él, sin decir que ni siquiera sabía de su existencia. Pero tú, vas a la biblioteca de Central y encuentras uno, ¿Qué me dices Victoria, suerte o destino?- la confundía dejándola atónita.

La respiración se le aceleraba a Victoria, como si algo se le oprimiera en el pecho impidiéndole inhalar. Grandes lágrimas caían de su mejillas...todo parecía ser un juego en donde ella siempre perdía.

Al mismo tiempo, del otro lado de la ciudad, la joven castaña y el chico de ojos miel regresaban rumbo a la estación de trenes.

- ¿Seguro que estás bien, Joseph?- preguntó Ely preocupada.
- Si…es sólo que son tantas cosas…- mencionaba cabizbajo.

No habían llegado a unas cuadras de la estación cuando se toparon con Armstrong.

- ¡Señorita Elysia, Joven Elric! Llevo tiempo buscándoles.- dijo el musculoso acercándoseles.
- No se preocupe Armstrong, estamos bien.- dijo Ely disimulando un poco el gesto de Jos.

Joseph miraba bajo sosteniendo en brazos el valioso libro de alquimia. Lentamente alzó el rostro para dar la cara a Armstrong, pero pasmado, a sus espaldas notó a una dulce niña de vestido azul y cabellos largos, cuya mirada no lucía para nada inocente.

- Dame el libro.- a lo lejos leyó en sus labios.

De pronto, un gran temblor se hizo en la tierra y el rostro de la niña se tornó macabro. De las cintas que amarraban por detrás su vestido, grandes enredaderas salieron tomando de los pies a la chica, al joven y al militar. La gente corría despavorida mientras Ely y Armstrong se preparaban para contraatacar.

Volviendo con Victoria, el hombre, después de ver tan frágil a la rubia, aprovechó también para dar su verdadera cara macabra.

- Todo préstamo tiene un precio…y tú pagarás por él.- desfiguró el rostro dispuesto a atacar.

Ya le iba a dar un zarpazo a Vic con sus afiladas garras que habían aumentado de tamaño, cuando Aleine apareció en escena formando un gran muro de hielo que protegió a Vic del golpe.

La chica Elric no lo pensó y decidió actuar por su cuenta, volviendo sus lágrimas sentimientos de ira para desahogarse, ignorando por completo la ayuda que había recibido. Como toda una profesional sacó su yoyo y lo dejó desplazarse hacia arriba, no sin antes juntar ambas manos para lograr un poco de alquimia.

A Ely y Armstrong parecía irles bien en su enfrenta con la misteriosa niña que exigía a toda costa el libro. Elysia logró cortar las cintas con unas navajas que llevaba ocultas en el uniforme, no tuvo que molestarse en cortarlas una por una ya que arrojó con destreza tres cuchillas al mismo tiempo, acertando en su objetivo. Hilos de sangre brotaron al cortar las cintas y un grito ahogado se escuchó desde la niña, como si las cintas fuesen propias de su ser.

Armstrong apenas fue liberado se preparó para defender a Joseph, quien no pensaba soltar el libro.

- ¡No me dejaré llevar por ese rostro angelical pequeño demonio!- gritó Armstrong haciendo alquimia y arrojando a toda fuerza su puño contra el suelo, logrando darle un gran golpe a la niña.

El yoyo de Victoria giraba en el aire dando a notar sus afiladas púas. Ella lo arrojó contra su atacante estrellándolo en su cabeza y haciendo un remolino de sangre con su piel.

- ¡Maldita niña!- gritó el ser malvado.
- ¡Eso es sólo una probadita de lo que haré con el resto de tu cuerpo!- amenazó Vic.

Aleine veía asombrada cómo la chica había adquirido un semblante recio y fuerte, sin mencionar sus increíbles habilidades que habían mejorado notablemente. Victoria se movía de un lado a otro sin ser tocada por el ser endemoniando que por cada movimiento en falso clavaba sus garras sobre la tierra.

Armstrong batallaba con la niña macabra que parecía nunca agotarse; era muy ágil en sus movimientos por lo que difícilmente lograba darle, causando que cada golpe fuese en vano y se agotara a medida. Elysia hacía lo que podía protegiendo ahora a Jos, teniéndolo resguardado en los escombros de un callejón.

- ¿Qué ser es ése?- preguntaba asustada Ely.
- No tengo idea.- confundido, Joseph tampoco sabía lo que sucedía.
- ¡Vincent tenía razón! ¡Ese libro sólo trae desgracias!- gritó desesperada.
- ¡No! ¡Esto podría significar para Victoria la única esperanza de volver!- la miró fijamente. - ¡Aliene!- pensó de inmediato Ely al recordar que acompañaba a Victoria.- ¿Y si ella también está en peligro?- se preocupó demasiado y se preparó para marcharse a toda prisa.
- ¡Elysia no!- la retuvo Joseph en su desesperación.
- ¡Déjame, no puedo dejarla sola!
- ¡Tienes que entender que no siempre podrás proteger a quienes más quieres! ¡No siempre podrás estar ahí!

Como un balde de agua fría sintió Elysia que le cayó encima.

- ¿Cómo sabes que ella es un ser querido para mí?- reclamó como si se tratara de una mentira. - ¡Porque yo sé lo que es crecer con alguien a tu lado! Sin importar quién sea lo llegas a querer como si fuese parte de ti, de tu vida…como un hermano.

Las escasos vocablos de Jos le hicieron sentar cabeza.

- Ahora entiendo a lo que Roy se refería.- dijo Ely avergonzada, pensando que con gran significado, Mustang seguramente recordaba más que un gran amigo a su padre Hugues, sino como un hermano, que en las adversidad y en la prosperidad creció a su lado de corazón.- ¡Él no pudo proteger a mi padre pero yo no voy a permitir que llegue a suceder lo mismo con Aleine! ¡No quiero arriesgarme!- gritó exasperada. Corrió para huir de tal escenario y buscar a su amiga.

- ¡Elysia espera!- exclamó Joseph.

El alquimista Armstrong se había agotado tanto que jadeaba reteniendo el puño sobre la tierra, en el preciso instante en el que Ely salio a la vista de la niña.

- Tú… ¡Me heriste!- recordó la niña que la chica le había causado daño.- ¡Me las pagarás!- gritó y sus cintas se volvieron látigos que se impactarían contra Ely.

Armstrong no pudo hacer nada a último momento, había sido demasiado tarde. No obstante, Elysia estaba intacta, y a sus espaldas un chico de mirada tajante colocaba sus manos sobre la tierra. Por el frente, los látigos de cinta se habían detenido en seco. Mirando hacia la niña una mano formada de piedras y tierra le apretaba y le asfixiaba, que como último movimiento dejó salir de entre ella una afilada cresta que acabó por darle la muerte.

Joseph se puso de pie y sacudió sus manos. Elysia le miraba boquiabierta por lo que acaba de hacer.

- Tú…también puedes hacer alquimia…y sin círculo.- masculló aterrada.

- Como dije…- empezó Joseph con voz recia.- Ya no se trata de mi padre, sino de mí.- sonrió. Nunca le mintió a Elysia, sólo necesitaba el momento para mostrar la verdad. La verdad de que él también había hecho un sacrificio.

En la pelea de Victoria con el extraño ser, las cosas no parecían irle muy bien, empezaba a rendirse. Había dado mucho al principio que su cuerpo ya daba muestras de agotamiento, además, el ser con el que se enfrentaba no pensaba ceder tan fácilmente.

Ya llevaba tiempo peleando, y su enemigo más que nada parecía burlarse de ella por su bajo potencial. Aleine que sólo presenciaba la enfrenta, debido a que Victoria le había pedido que no se metiera en sus asuntos, pudo notar algo importante.

- ¡Victoria esa cosa no busca matarte!- le gritó.- ¡De ser así ya lo habría hecho en un principio!
- Es verdad.- se dijo Victoria.
- ¡¿Lo acabas de notar?!- río el monstruo.- ¡Te necesitan viva!
- ¿Me… necesitan?
- ¡Mátalo!- gritó Aleine con todas sus fuerzas.

Sin dudarlo, con tantas ideas necias que invadían su cabeza, con tanta rabia y sin un perdón, acumuló su odio y decidió darlo en un golpe final, donde gracias a la alquimia incrementó el tamaño de su yoyo, acabando con el monstruo para cumplir su amenaza de mutilarlo.

Así, las dos enfrentas con aquellos seres llegaron a su fin.

xXx

Victoria, Joseph, Armstrong, Aleine y Elysia volvieron a reencontrarse. Afortunadamente todos estaban bien, aunque todos tenían mucho qué decir. Hablaron de los inexplicables seres a los que se enfrentaron, quedando claro que averiguarían acerca de ellos al regresar a Central y no volverían a tocar el tema hasta llegar, todo esto en especial acuerdo por los tres miembros de la milicia, excluyendo a Victoria. No querían causar más confusiones en los primos.

Por insistencias de Elysia, a Armstrong lo llevaron al hospital más cercano, quería asegurarse de que el Mayor realmente estuviese bien.

Victoria regresó la biblioteca de Iriadne para cumplir su tarea, que después de todo sí resultó ser una verdadera misión asignada a su nombre por parte del cuartel general. Reordenó libros, y no sólo eso, también inquietudes. Joseph se ofreció esta vez para ayudarla aunque ninguno hizo comentario alguno de lo que les había sucedido. Fuera de lo de las enfrentas, lo demás lo consideraban algo personal que no quisieron compartir.

Aleine visitó a Victoria en la biblioteca para despedirse, planeó regresar al cuartel lo antes posible.

- Sino me quieres volver a hablar, lo puedo entender. Sólo quiero que sepas que no le diré nada de lo que hablamos a mi padre.- le dijo a Vic que no le daba la cara en lo que Joseph sólo escuchaba.

Inesperadamente, Victoria se volteó y le dio un fuerte abrazo.

- Me cuesta entender que en verdad se preocupan por mí…en especial, porque no me he perdonado.- le susurró en el oído.

- No te preocupes, Victoria. Estoy segura que al final serás igual de admirable que tu padre y tío.- le dijo dulcemente Aleine.

La chica hermosa se marchó dejando con una gran incógnita a Joseph.

- ¿Qué se refería con eso de "lo que hablamos"?- empezó de molestoso con su prima.
- ¡Ah de nada!- dijo Vic sin dar importancia.- Por cierto, ¿Qué tal tu recorrido con Elysia?
- Bien, no pasó nada relevante.- dijo Jos también sin querer hablar.

Los dos se miraron pícaramente sabiendo que se sólo se encubrían, llevando el acuerdo secreto de no decirse palabra. Más tarde hablarían de lo que pasó, pero no hablarían de la relación amistosa que cada uno desarrolló por su parte.

Aleine le había prometido prudencia a Vic al igual que Elysia y Armstrong le habían prometido a Joseph.

xXx

El último libro era colocado sobre su respectivo estante concluyendo la laboriosa misión de Victoria.

- ¡Por fin!- sonrió ella.- ¡Ya nos podemos ir de este aburrido lugar!
- ¿Aburrido?- preguntó Joseph.
- Sí, ¿No te parece?- fingió una sonrisa.

Cuando salían de la biblioteca y Victoria era la última en salir, al cerrar las puertas y echarle un último vistazo a la sala, se negó a resistir el recuerdo de su padre.

- Para conseguir algo, tienes que dar algo del mismo valor.- contaba Ed en una biblioteca similar a la que acababan de arreglar. Él y Vic se hallaban sentados en una mesa.
- El principio de los estados equivalentes…- susurró ella todavía con el cabello largo.
- Así es, es algo que debes saber y nunca olvidar…aunque no siempre es algo que se cumple tal y como es.
- ¿Qué quieres decir?
- Que por mucho que te esfuerces no siempre obtendrás lo que buscas.
- Y… ¿Si todo esto fuese en vano?- entristeció.

El silencio de la biblioteca presidió por unos momentos.

- Es muy pronto para decirlo.- sonrió Edward.

Tras conmemorar dichas palabras se cerraron de golpe las puertas de la biblioteca, opacando el dulce recuerdo de una melodía fraternal.

"Enfrentaré mis miedos y venceré a quien se me interponga. No me voy a rendir, porque aunque tú también pecaste, no te rendiste…papá, eres digno de admiración"


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