Interludio: Un Jiang Shi lleno de recuerdos.

"Ese fue el quiebre" pensó Yao, recordando la última petición de Kiku. Asesinar a alguien. Restregarle en la cara ese pasado del que, poco a poco, empezó a avergonzarse. Él, que le enseñó a matar sólo para alimentarse. A buscar vidas lo suficientemente inútiles para pasar desapercibido, para no alterar el entorno. La misma persona que le enseñó el valor de la vida. Esa persona le pedía matar a alguien porque sí.

Nunca le dijo el motivo. Supuso que debía haberlo, pero no se lo preguntó. Él sólo era un Jiang Shi; no podía cuestionar las órdenes de Kiku. Pero Kiku había cambiado tanto… Pasó de ser ese jovencito tímido que apenas y se atrevía a hablarle, a convertirse en una especie de semidiós, esperando ser alabado por él. Recordaba demasiado bien su risita de suficiencia cada vez que le juraba lealtad.

Por eso hizo lo que hizo. Cumplió la petición de Kiku, sí… pero después violó una de las reglas que éste le había impuesto. La regla más importante.

Ganó su libertad volviéndose contra el que le cuidara todo ese tiempo.

—¿En qué estás pensando, Yao? Te quedaste quieto como estatua…

El Jiang Shi parpadeó, regresando a la realidad. Loung estaba cerca suyo y había apoyado una mano en su hombro, apretándolo con suavidad.

—Oh… nada, nada importante. Recordaba a quien me dio el pergamino. Era una buena persona.

"Hasta que el tiempo la estropeó", agregó mentalmente, pero no tenía intenciones de explicarle aquello a un mocoso.