Rey de tu silencio

El agua estaba realmente fría, pero a Harry lo último que le importaba era el clima, se concentraba en mirar a Draco que hacia círculos en el agua, nadando y canturreando frases sin sentido, el moreno estaba perdido, tomo la mano pálida para detener sus movimientos.

—Malfoy ¿Qué estas planeando? —pregunto.

—Oh lo siento ¿estoy siendo muy sutil para tu diminuto cerebro? —se burló el rubio.

Harry muy a su pesar sonrió.

Draco empezó a acariciar el cuello de Harry con las yemas de sus dedos, era difícil describir lo mucho que lo ponía el moreno, los estragos de la guerra habían marcado su piel trigueña, dejando cicatrices aquí y allí, junto con una delgadez extraña con músculos bien definidos que le sentaban a la perfección. Al pensar en la guerra el rubio se entristeció, pero alejo los malos recuerdos para suplantarlos por los buenos que estaba a punto de crear.

Harry se pegó al cuerpo de Draco, se sintieron húmedos y suaves.

—Vaya Potty, sí que la tienes grande —murmuro el rubio.

Y se deleitó cuando las mejillas del salvador se tiñeron de rojo.

El moreno no podía creer las vulgaridades tan sensuales que salían de la boca del rubio, las intenciones ya estaban claras y él no necesitaba más preámbulos. A la mierda la inexperiencia, las enemistades y la guerra, haría a Draco suyo como nunca a nadie antes. Harry tomo los labios del rubio en un beso feroz que el aliento les corto, sus lenguas se rozaron, probándose y encontrándose más dulces que cualquier caramelo.

Se tocaron, acariciaron, lamieron y chuparon. No hubo límites para aquel encuentro, utilizaron dientes y uñas, los únicos recursos que servían para demostrar el placer que sentían, Draco estaba derrotado, si bien era él quien había engatusado a Harry con sus palabras, el moreno lo estaba dominando con su silencio.

Los peses tenían una función estelar, se trataba de los dos cuerpos desnudos volviéndose uno. Draco envolvió las caderas de Harry con las blancas piernas, el moreno acariciaba su trasero mientras el rubio le besaba el cuello y jalaba sus revueltos cabellos negros, un dedo, después dos, el rubio estaba listo y Harry se dispuso a entrar.

—¡Ah! ¡Draco! …que estrecho estas —gimió con voz ronca el de ojos verdes.

Draco no le pudo contestar, estaba perdido sintiendo el dolor, pero dejándose llevar, Harry entro y salió lenta y tortuosamente hasta que por fin, la descarga eléctrica del placer recorrió su espina dorsal y se detuvo ahí, en su miembro, el cual frotaba contra el bajo vientre de Harry.

No se detuvieron a pensar ni un segundo, concentrándose en sus sensaciones, esto fue recompensado por dos fuertes orgasmos.

Se miraron el uno al otro, los ojos verdes perdiéndose en los grises y viceversa.

—Eso ha estado increíble —dijo Draco satisfecho.

—Lo sé —afirmo Harry sonriendo.

Se quedaron callados, abrazados, sin ponerle nombre a lo que había pasado.

A partir de entonces, si Draco Malfoy llamaba a Harry Potter, el acudía atraído por una extraña fuerza magnética. A partir de entonces el único que lograba que Draco Malfoy se callara y disfrutara era Harry Potter.