Lamento de verdad (como siempre u.uU) haberme RECONTRAastrado. Espero que comprendan que la escuela difícilmente me permite distraerme, y más porque he estado presentando exámenes para saber a qué universidad voy a ingresar (si supieran lo estresante que es, bueno, jeje para mi sí) Tengo éste fic y otros escritos en una libreta de apuntes, pero debo corregirlos para pasarlos a la compu, afortunadamente ya estoy de vacaciones, así que con gusto me pondré al día con ustedes. Sé que esto son sólo palabras y ustedes quieren ver acciones, así que…nos vemos hasta el próximo capítulo nn

¡¡Muchísimas gracias por sus reviews y su apoyo!! Ojala y les guste el capítulo n.nU, si es así, dejen reviews pliz

Glosario: aquí las definiciones de ciertos términos utilizados en el capítulo para una mejor interpretación y relación con el fic. Espero que los adapten adecuadamente a la trama y no precisamente a lo que se dice en sí (Jeje los términos los saqué originalmente de mi clase de historia del arte y de economía, el último de Internet)

Mímesis o mimesis (de las dos formas es correcto, en el fic opté por la primera): Lamimesis, en términos generales, contiene a la representación (análoga condición del doble), sin embargo, la principal diferencia radicaría en su mecánica (Definición de Internet) en términos comunes, significa imitación.

Usura: se utiliza para designar el cobro de tipos de interés desmesurados o excesivamente altos (Definición Internet) en términos comunes, significa ventaja, aprovechamiento.

Publicanus: término en latín que da lugar a la palabra "publicanos". En la antigua Roma los publicanos eran recaudadores de impuestos para la república. Así también aparecen en el Nuevo Testamento, como recaudadores de impuestos que abusaban de su poder.

Mímesis y Usura (Capt 12)

Una figura de cabellos rubio mira en la lejanía la noche oscura. Mira con desprecio como si tratase de olvidar algo. Rabiando aparta la vista y mira hacia un árbol, es ahí cuando sus ojos proyectan recuerdos que no le pertenecen.

El árbol que antes parecía lúgubre por la noche ahora lo ve robusto y vivaz, es de día y con claridad puede oír a los pájaros trinar. El recuerdo es bello pero él se inmuta a sonreír. Siente odio y desprecio y sus ojos rechazan lo que ven.

Una chica rubia hace aparición. Él se detiene en seco cuando la ve de pie con un vestido de holanes que se agita en el viento. Lentamente ella le dirige la mirada para finalmente sonreírle.

-¡Mímesis!- lo sacude con fuerza un chico castaño.

Inmediatamente despierta apartándose grosero.

- ¡Aléjate!- gritó ajeno a su compañero.

- Otra vez te quedaste dormido con lo ojos abiertos.- río el otro.- A veces me preocupa qué hay dentro de esa cabe…

- ¡Cállate!- le gritó enojado.

- ¡Está bien, está bien!- bromeaba.- Me encanta que seas agresivo, pero me parece que estás descargando tu ira en la persona equivocada.

- Esto, no es ni un fragmento de lo que siento.- oprimió la mano contra su pecho, reteniendo con esfuerzo sus sentimientos coléricos.

- Como digas…- dijo Usura despreocupado.- Por cierto, ya terminé de escarbar.- miró en dirección a un bulto que se encontraba cerca de una lápida.

Estaban en un cementerio.

- Bien hecho, Usura.- sonrió el rubio dejando atrás su rencor.- Me toca revivirlo.- dibujó su peculiar risa maquiavélica, exponiendo una navaja.

xXx

Una chica de cabello dorado llegaba al cuartel general. Por su estatura, sus bien torneadas piernas y su forma tan femenina de caminar, era obvio que ya no se trataba de una niña, sino de toda una jovencita, aunque bien, no lo aparentaba del todo.

Caminando por los corredores y distraída con un libro escuchó que unos militares cuchicheaban al verla.

- ¿Estás seguro de que tiene esa edad?- murmuraba uno a su compañero.

- Eso dicen.- respondió el otro militar.

- Aunque casi tiene la misma edad que la señorita Aleine, se ven muy diferentes, ella parece más…niña.- dijo refiriéndose a Victoria.

Ésta se detuvo aguantando el coraje mientras el libro temblaba por su rabia; los había escuchado.

- ¡Vuélveme a decir niña y no llegarás a tu vejez!- les gritó irritada y arrojando el libro al aire, afortunadamente sin herir a nadie.

Los dos militares se aferraron asustados a la pared.

- Para muchos, aún sigues siendo una niña.- apareció un apuesto chico recogiendo el libro arrojado en el piso.- Una niña ridícula.

- ¡Joseph!- lo miró.- Genial, lo único que me faltaba.- murmuró molesta.

- Disculpen a mi adorable primita.- pidió sonriente el joven a los militares.

Inmediatamente se retiraron los hombres, Joseph tomó de la oreja a Victoria y la arrastró por los pasillos del cuartel.

- ¡Me lastimas!- gritaba.

- ¡Si te comportas como niña, como niña serás tratada!

La soltó hasta que llegaron a las puertas de la oficina de Mustang.

- Entrega tu informe.- le ordenó a Vic.

- Ejem…aún no está listo.- sacó una hoja con tan sólo dos renglones.

- Dile eso a Mustang.- alcanzó a decirle antes de empujarla hacia a la oficina a la vez que se abrían las puertas en par.

Roy alzó la vista al notarla en su oficina.

- Yo…vine a traer mi reporte.- dijo Vic ocultando la hoja por detrás.

- Bien, entrégamelo.- pidió sentado en su escritorio.

- ¿Sabe? Hoy es bonito día… ¿Por qué no invita a la señora Riza a pasear? ¡Estoy segura que le agradará la idea!- simuló una gran sonrisa y tomó el teléfono para marcarle.

- Entrega tu reporte dorada.- cortó Roy la llamada telefónica.

- Aquí tiene.- suspiró después de su ridículo intento.

Su superior leyó los dos míseros renglones.

- Verás Dorada.- Roy cerró los ojos aguantando el enojo.- Cuando un alquimista me entrega un reporte…- arrugó con la mano el papel.- ¡Me entrega un reporte y no basura!- explotó poniéndose de pie.

- Lo lamento.- dijo avergonzada.

- Siempre es lo mismo.- suspiró retomando asiento.- Entrégame tu reloj.

- ¿QUÉ?

- Por ahora queda suspendido tu título de alquimista nacional.

- ¡Como quiera!- gritó enfurecida arrojándole el reloj, estuvo a punto de acertarle.

- ¡Discúlpate!

- Lamento no haber atinado.- dijo y se marchó a paso firme de la oficina.

- Ésa chica…- con coraje Roy murmuró frunciendo el ceño.

Cuando Joseph vio a su prima salir de la oficina de muy mal humor le exigió que le contara lo que había sucedido.

- Me quitaron mi título…otra vez.- respondió apenada.

- ¿Por qué te sigues comportando tan infantil?- le preguntó al saber cómo habían acabado las cosas.

- Es que…no quiero crecer.

- Creo que es lo más tonto que has dicho últimamente.

- ¡No te burles! Quiero ser la misma niña que mi papá vio partir.- expresó melancólica.

- Has crecido Victoria.- trató su primo de entenderla al tanto que cruzaba los brazos.- Y no lo puedes evitar. Ya no eres una niña de doce años, ahora eres una chica de catorce. Comprenderás que estos dos años, cuando regreses, valdrán la pena.- la animó.- Pero por favor, no te comportes como una bebé.

- ¡Dijiste que me comportaba como una niña!

- Retiro lo dicho.

- ¡Eres un…- gruñó enojada.

Efectivamente Victoria ya tenía catorce años de edad. Dos años habían pasado desde que partió de Alemania. En ese tiempo se dedicó a buscar información acerca de los libros que le daban esperanzas de regresar a su mundo. Sólo había logrado dar con tres de los siete libros que completaban la colección de tomos.

Para ese entonces, pocas eran las veces que lograba completar alguna misión. Abusaba demasiado de su título de alquimista nacional para aventajarse en información, cosa que Roy detestaba extremadamente por lo que a menudo le asignaba nuevas misiones. Era una forma de protegerla. Sabía que las cosas en algún momento empeorarían radicalmente. Entretanto, quería distraerla, aunque resultaba inútil ante la decidida chica.

xXx

En un alejado pueblo de ciudad Central arribaban una armadura y un chico rubio. Caminaban a paso lento y la mirada fija esperando no ser descubiertos como el par de impostores que eran.

- ¡Señor, señor! ¿No me compra una manzana?- se les atravesó en el camino una niña con una cesta de fruta.

El de gabardina roja miró tranquilo a la chiquilla.

- ¡Dame todas las que tengas!- exclamó alegre con una sonrisota.

- Hermano…

- ¡Muero de hambre, Al!

La niña miró curiosa a la peculiar pareja.

- Ustedes son…- brillaron sus ojos de emoción.- ¡Hermano, el alquimista enano y la armadura!- gritó entusiasmada a la lejanía.

- ¡¿A quién le dices enano que para verme necesitas anteojos?!

- Ella no dijo eso…- trataba de calmarlo Al.

Un chico llegó corriendo para admirar a los dos visitantes.

- ¡Vaya pero si son los hermanos Elric!- exclamó impresionado y Ed le respondió con una sonrisa.- Aunque…no me lo imaginaba tan bajito.

- ¡¿QUÉ?!- exclamó ofendido dando grandes pataleadas.

Más tarde, Edward y Alphonse fueron bien recibidos en casa de los infantes. Toda la familia se sentía gustosa de conocerlos, en especial el varón que no dejaba de exclamar halagos que no perdían la chispa de alegría que irradiaban sus ojos por conocer en persona, y tal y como los habían descrito, a los famosos hermanos Elric.

Había dudado la familia en un principio de la legitimidad del supuesto apellido que presumían los dos sujetos, debido que de conocerlos los visualizaban como el par de hombres que debían ser. Explicaciones falsas aunque bastantes creíbles, permitieron que los farsantes fueran acogidos sin la mínima sospecha. Siempre iban con la misma explicación: regresaron tal y como habían empezado su viaje por la piedra filosofal con la excepción de que estaban concientes de todo lo que había pasado hasta su vida adulta, era por eso que siempre peguntaban por Victoria y Joseph fingiendo preocupación paternal. Además, sus actitudes eran tan acertadas a como eran de jóvenes que cualquiera afirmaría que eran los auténticos hermanos Elric.

- ¡Y fue entonces cuando en Xenotime ustedes se deshicieron del peligroso líquido!- conmemoraba el chico recordando las hazañas del par del de hermanos al salvar el pueblo.

Ed y Al le veían tímidos a la hora de la cena. Su admirador Bruno se sabía todas sus peripecias, derrotas y triunfos que habían pasado juntos para recuperar lo perdido y volverse a ver.

- ¡Debió molestarles mucho que unos impostores se hicieran pasar por ustedes!

Dejaron de mostrarse alegres. La ironía del comentario los congeló por un momento.

- No era de esperarse.- sonrió el rubio.- Cualquiera querría imitarnos, si de aventajar se trata.

- Supongo que por lo tanto sí les molestó lo de los hermanos Tringham.

- ¿Que si no? ¡Alphonse y yo dormimos a la intemperie por la culpa de esos dos, casi nos lincha el pueblo y encima ese Russel me plantó un puñetazo!

- ¡Y era más joven que tú!- río Bruno.

- No tenías que recordarme eso.- refunfuñó.- ¡Ya verás lo que te haré por burlón!- lo amenazó con una cuchara.

La familia de Bruno veía con gozo cómo el niño se divertía con Edward, Alphonse también los observaba detenidamente; se fijaba en lo natural que su compañero se hacía pasar por el verdadero Edward Elric.

- Te estás tomando demasiado enserio tu papel.- le reclamó una vez que todos dormían.- Lo imitas tan bien que de pronto tengo deseos de matarte, como si en verdad fueras él.- confesó tomando la apariencia humana de Alphonse.

- Sólo práctico para cuando por fin vea a Victoria.- dijo serio e indiferente.

- Espero que eso sea lo único que imitas de él.- sonó como amenaza y el ambarino tardó en contestar.

- Edward Elric no mataría a una familia, ¿O si?- sacó la misma navaja de siempre y salió de la habitación que les habían ofrecido.

Usura se acomodó despreocupado en su cama.

- Mímesis…me encanta cuando eres tú y sólo tú.- río cerrando los ojos.- Demasiado con que nuestra forma original no sea tan original después de todo.- molestó.- Siempre seremos farsantes aún cuando no queramos.

Intensas llamas cubrían la casita de madera que los había alojado. Sangre goteaba de la navaja de Mímesis mientras no perdía de vista la gran llamarada. Usura estaba de pie a su lado, observándolo, hallando como siempre en aspecto a Edward. Llevaba el cabello suelto en muestra de rebeldía y sus ojos dorados le tranquilizaban en cierta forma. Portaba odio en su mirada.

- Así empezaron.- susurró Mímesis al ver desaparecer la casa entre las llamas.

- ¿Uh?- frunció el ceño Usura.- Te refieres a...já, no lo había familiarizado con eso, pero ahora que lo dices es bastante similar.

Los dos miraron largo rato el incendio que provocaron. Múltiples tragedias eran el punto de encuentro del simbolismo que presenciaban. Los recuerdos no se hicieron de esperar.

- No sólo quemaron su hogar.- afirmó Mímesis.- También renunciaron a todo lo que querían.- se apartó dejando a Usura pensativo.

- ¿Qué te hace afirmar lo último?- lo miró apáticamente.

Mímesis se detuvo.

- Tienes una lágrima en la mejilla.- le dijo y continuó su camino.

Usura se limpió la cara. Efectivamente lágrimas habían brotado de sus ojos castaños. Fue una simple reacción de una vida plagiada que no comprendía.

- Seremos únicos…- deseó excéntrico mirando la mano con la que se había limpiado.- cuando acabemos con el original.- sonrió.

Usura y Mímesis habían viajado de pueblo en pueblo los últimos dos años. En un principio pensaban seguir a Victoria y a Joseph, pero de nada servía si no tenían con qué enfrentárseles. Debían dejar pasar el tiempo para recuperar por completo recuerdos que habían adquirido misteriosamente de Edward y Alphonse, de esta forma podrían tener el conocimiento alquímico de los dos hermanos. Por su cuenta, los dos seres no podían hacer alquimia. Era algo que también tenían que justificar con mentiras. Únicamente poseían una habilidad; podían utilizar cuerpos humanos sin vida a su antojo. Si lo deseaban les daban conciencia pero siempre bajo sus órdenes, a la vez que les otorgaban la capacidad de convertirse en monstruos. No eran más que títeres y ellos sus amos. Sólo una vez se atrevieron a utilizar los "títeres" para agredir a Victoria y a Joseph, de este modo sabrían qué tan hábiles eran los primos. Fue aquella vez en la que Armstrong, Aleine y Elysia hicieron presencia. Se dieron cuenta de que los dos chicos no estaban solos. Por esto, era necesario que esperaran el día en que recuperaran dichos conocimientos para así vencer con facilidad a los portadores del apellido que tanto odiaban. Entretanto, recurrían a menudo los "títeres" para realizar maldades y desorden en la mayoría de los pueblos que visitaban, algo que perturbaba demasiado a los del cuartel.

Una mujer de mirada tajante miraba el escritorio del Fürer. Curiosa leía los papeles esparcidos en la mesa.

-¿Qué te trae por aquí?- la sorprendió Mustang al entrar a la oficina.

- He escuchado rumores sobre cierto regreso. Al parecer, parecen ciertos.- señaló con la vista los papeles del escritorio.

- Siempre bien informada.- suspiró.- ¿No es así, teniente?- sonrío pícaro.

- Ahora no estoy para bromas.- siguió recia Riza.- Esto es serio.

- Lo sé.- adquirió la misma rectitud.- Los han visto por varios pueblos.- tomó un informe del escritorio.- El último está próximo a Central.

- Y…- se mostró indignada.- ¿Cuándo pensabas decirme?- Roy miró bajo.- Éstos informes están fechados poco menos de dos años.

- Al principio sólo eran rumores. No les presté importancia al momento. Ahora es un hecho. Se ha visto a un alquimista rubio de gabardina roja acompañado de una armadura. Últimamente es algo que se ha afirmado con frecuencia. Quería asegurarme.

Riza quedó pensativa.

- ¿Por qué hasta ahora dan indicios de su regreso?

- Si realmente fuesen Edward y Alphonse, nos habrían hecho saber de inmediato de su regreso, ¿No crees?

- Pudieron haber perdido la memoria…

- No lo creo. Deberían recordarnos si tanto preguntan por el paradero de sus descendientes.- Riza prestó atención.- Tengo informado que buscan a Victoria y a Joseph, además de mala fama.- su mujer se sorprendió.- Tragedias ocurren donde pisan. Definitivamente no son ellos. Según descripciones son la viva imagen de los dos, pero resulta sospechoso su aparente regreso y la aparición de extrañas criaturas.- le mostró a Riza un sobre con fotografías.

- Son seres humanos.- frunció el entrecejo al observar las fotografías que retrataban cuerpos inertes e inofensivos.

- Eso fueron una vez. Son cadáveres utilizados con un fin desconocido, pueden mutar en seres atroces. Vuelven a su estado inactivo después de veinticuatro horas, claro, después de haber provocado desastre. Nada grave hasta ahora, la milicia ha podido controlarlo, pero han aumentado en número recientemente.

Riza no apartó la vista de su esposo, parecía perturbado por todo esto.

- Temo que dichas criaturas no posean un fin determinado más que la distracción.- dijo cortante Mustang y con los brazos en la espalda.- Presiento que es el prólogo de algo mucho peor.

- No puedes seguir protegiéndolos. La evasión sólo complicará las cosas.

Sabía que él les ocultaba a los primos Elric la valiosa información. Roy intentaba controlar el asunto por su propia cuenta, pero era inevitable que se le saliera de las manos.

- Me pregunto…- alzó la vista.- Si en verdad esos dos estuvieran aquí harían como padres lo mismo que yo hago como amigo.

- Roy…

- No sé qué haría si Aleine estuviese en la misma situación.- comprendía como padre el afán protector que asumía sobre Victoria y Joseph.

- Estoy segura que le dirías.- lo instruyó Riza a decir la verdad.

- Sólo espero estar a tiempo.

xXx

El sol radiaba con fuerza. Mímesis alzó la vista a lo alto y sintió que los rayos de luz le quemaban y atontaban. Empezó a marearse hasta derrumbarse en el suelo.

- ¡Mímesis despierta!- gritó Usura imitando a la armadura.

Mímesis empezó a estremecerse y a sufrir fuertes ataques de jaqueca que lo hicieron convulsionar, sus ojos se abrieron de par en par por la impresión de recibir lo que tanto esperaba. Los recuerdos se hicieron claros y con esto toda la verdad detrás de la puerta.

Las convulsiones cesaron y quedó inconsciente por breves instantes.

- Mímesis…- Usura se apartó rabiando de su lado.

No tardó y Mímesis abrió los ojos. Aún recostado empezó a reír perversamente hasta el grado de parecer desquiciado.

- ¡La he visto a través de sus ojos!- reía.- ¡Es…- esbozó una gran sonrisa que luego borró de inmediato.- Usura, no te imaginas lo que ese Edward a hecho a lo largo de estos años. Tengo su vida grabada en mi cabeza. Ya no son fragmentos, ahora lo es… ¡Jajajaja! ¡Lo es TODO!

La armadura sólo lo miraba.

- ¡No te pongas celoso!- bromeó Mímesis proyectando un Edward fuera de sí.- ¡Tan sólo mira!- se puso de pie y le arrebató el yelmo para después bruscamente tocar el reproducido símbolo que originalmente ligaba el alma de Alphonse con la indumentaria.

Activó el círculo y pronto Usura empezó a tener los mismos síntomas de Mímesis.

- Sólo he adelantado el proceso.- explicó Mímesis.- Seguramente se atrasó por todo lo que pasó Alphonse. Ya sabes, los cinco años de armadura, la perdida de recuerdos al pasar del otro lado…

- ¡Sé a lo que te refieres!- débil gritó Usura tras recuperarse.- Lo he visto también.

Mímesis se arremangó la manga de su gabardina para dejar ver su brazo de metal. Juntó ambas manos al aplaudir y transmutó su brazo derecho en una afilada arma. Vio su reflejo en el metal.

- No soy capaz de imaginar y mucho menos de imitar el gesto que pondrá Edward cuando pierda las esperanzas de ver a su querida hija.- dijo con desdén.

Winry dejó caer su llave inglesa. Estaba en su taller cuando tuvo un mal presentimiento. La amarga sensación le hizo conmemorar el día en que de niña vio entrar a su hogar a Alphonse convertido armadura con Edward en los brazos, completamente ensangrentado.

- Mamá… ¿Sucede algo?- le preguntó Matt antes de interrumpir los labores mecánicos que hacía con ella.

- Espero que no…- susurró angustiada.

xXx

Mímesis y Usura emprendieron un nuevo viaje. Iban en definitiva en busca de los primos Elric. El que imitaba a Al no apartaba la vista de Mímesis, por fin lo veía en todo su esplendor.

"Nuestras apariencias no son falsas, así nacimos de un gran anhelo. Lo único que no es falso y que nos diferencia de ellos… son nuestras intenciones. Somos la imitación y la ventaja que dará fin a lo que más aprecian. No somos homúnculos nacidos de un anhelo y un error, somos Publicanus, nacidos de un deseo y un sacrificio."

Pensaba mirando en la lejanía. Había una deuda que saldar.


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