Bien, jeje, no publiqué porque sinceramente entré en una crisis existencial (odio oprimirme las cosas u.u) no puedo decir que era depresión porque me parecería algo exagerado de mi parte. En fin, aquí les dejo el capítulo y nuevamente les agradezco enormemente por el apoyo de lectores, gracias si llegaste hasta éste punto.

Nota: pues, el fic ya está llegando a su final, no puedo decir cuántos capítulos, pero no creo que sean muchos.

Nota 2: en el siguiente capítulo se sabrá que ocurrió con Alphonse y Edward.

Revelaciones, primera parte (Capt 13)

En la estación de trenes de Central, esperaban Victoria y Joseph abordar el próximo tren.

- ¿A dónde piensas ir?- le preguntó Joseph a su prima, quien estaba a un lado de él.

- Mustang no me devolverá mi reloj de alquimista nacional. No puedo dejar pasar el tiempo. Tengo que hallar información de los libros.- suspiró angustiada.

- ¿Estás bien?- la observó realmente acongojada.

- Es sólo que…han sido dos años para encontrar tres libros. Empiezo a resignarme a quedarme aquí…por siempre.- se puso triste. Los ruidos del tren la acompañaron por un rato.- Mejor vamos al cuartel.- afirmó luego sonriendo con seguridad.- Iré a pedir mi renuncia, creo que soy yo la que debe dejar de perder el tiempo. Debo madurar y aceptar que nunca más volveré.- aunque sonreía, los ojos se le notaban ciertamente húmedos. No parecía una decisión improvisada, sino una que había tomado en ese momento después de pensarlo detenidamente en otras ocasiones. Bajó la cabeza y empezó a encaminarse.

Joseph ni se inmutó, quedó pensativo.

- Si tu padre hubiese tenido la oportunidad que tú tienes la habría aprovechado.- detuvo a su prima con sus palabras.

Vic bruscamente le dio la cara.

- ¡Entiende que no soy él! ¡Nunca seré una fracción de lo que fue!- brotó en lágrimas.

El chico rabió, apretó los puños e inesperadamente se lanzó contra ella tomándola de los hombros.

- ¡Maldita sea, ya sé que no eres él! ¡Eres Victoria Elric! Dime, ¿Dónde está la niña que soñaba con regresar? ¡Dímelo!- reclamó enfurecido.

Ella quedó muda, viéndolo torpemente.

- A veces yo tampoco lo sé.- cerró fuertemente los ojos.- He crecido Joseph, tú mismo lo has dicho, hay que ser realistas…las cosas cambian, yo he cambiado, pero cambiar las cosas, es algo en lo que dejo de creer…

- Entonces…- se tranquilizó.- tienes razón.- sorprendió a su prima.- éstos dos años han sido en vano.

Miró al suelo y empezó a alejarse.

- ¿También quieres verlos de nuevo?- intentando ser fuerte, alcanzó a preguntarle Victoria.

Hubo silencio para ambos. La gente de la estación pasaba ignorando la tensión que había entre los primos.

- Quiero verte con ellos.- le contestó sin mirarla.

Estaban a corta distancia el uno del otro. No estaban lejos, pero sus palabras fueron distantes. Habían creado un abismo entre los dos.

- ¡Victoria Elric!- gritó una niña que corría hacia la chica.

- ¿Qué sucede?- se mostró extrañada al tenerla cerca. Secó sus lágrimas.

La niña que la buscaba era de tez blanca, el cabello negro y de cautivadores ojos azules. Llevaba un sencillo vestido blanco y un listón azul cielo en el cuello.

- Soy Ricaldi, nieta de Allen Derci.

- ¿Y eso a qué viene?- no entendía por qué la inquirían.

- Mi abuelito tiene lo que buscas.

- Eso es imposible.- dijo molesta y la pasó de largo.

- Tomo cuatro, cinco y seis…- susurró Ricaldi de una forma amenazante al cruzar con ella.

Victoria se inmovilizó por unos momentos, preocupada, respiró agitadamente.

- ¿Me puedes llevar contigo?- le preguntó Joseph inesperadamente a Ricaldi.

La niña de ojos cristalinos miró a Vic que estaba pensativa, luego le afirmó a Joseph tomándolo de la mano para que la siguiera y tomaran el tren adecuado, no sin antes lanzarle una mirada intrigante a Victoria, ésta la percibió de inmediato. En ese momento, por alguna extraña razón, sintió que la niña sabía su secreto. No tuvo opción, los siguió en cuerpo más no en pensamiento.

Posteriormente el tren tomado los arribó en un pueblecillo y emprendieron camino a su nuevo destino. Caminando, Ricaldi tarareaba divertidas notas sin soltar del brazo a Joseph, también brincaba y le sonreía coqueta. Lo observaba atenta y él le era indiferente, de vez en cuando le sonreía a su manera.

La de ojos ámbar mantenía ocultas sus palabras arrastrando los pies con desánimo. Ya llevaba tiempo sin decir nada.

Hacía reencuentro de la adquisición de los tres libros. Había recibido cartas anónimas que le indicaban dónde encontrarlos, más tarde, éste suceso se volvió otro secreto que la orilló a también resguardarlo. Otra vez su primo era engañado a sus espaldas. A Victoria le era imposible negarse a la veracibilidad de las cartas, y todo porque al ir a los lugares indicados encontraba con certeza lo que le prometían. Pero, confundida, ahora ya no sabía qué quería.

Se propuso en un principio encontrar la forma de regresar a su hogar, a costa de que cualquier cosa, y al precio que fuese. No le importó sacrificar, mentir y matar. Bañó de sangre sus manos al ser atacada, sin tomarse la molestia de averiguar porqué y con qué intensiones la agredían, tenía presente que de averiguarlo no le gustaría lo que hallaría. Todo lo que le afligía llegaban al mismo punto de encuentro: ella.

Los pensamientos negativos acabaron por nublarle el sueño de reencontrarse con su familia. Quizá y también le nublarían el camino de regreso a casa.

xXx

- ¡Promételo!- le exigió Matt a Joseph. Pareciera que se habían enfrentado a golpes. Los dos estaban heridos y agotados.

Joseph estaba cabizbajo recargado en la pared.

- Lo prometo…- susurró jadeando.

Matt suspiró bajando la cabeza. No podía olvidar la promesa que le había obligado a hacer a Joseph. De vez en cuando la recordaba, en especial cuando pensaba en Victoria y en si ella estaría bien. Esa tarde había tenido una riña con Joseph, el tiempo pasaba y él seguía sin revelarle a su prima que una vez fue extrañamente herido en el brazo izquierdo. Aparentemente la herida había sanado pero la mentira seguía en pie.

- ¿Puedo pasar?- preguntó una femenina voz conocida para él.

Era Aleine. Los apenas dos años que pasaron la habían dejado más bella que antes.

- ¿No te regañará tu padre por venir hasta aquí?- río Matt limpiándose la frente con un trapo. Intentó ordenar un poco el despacho donde laboraba con su madre.

- No te preocupes, tiene trabajo en la milicia.- sonrió la chica, seguidamente examinó el despacho buscando una presencia en especial.- ¿No están aquí los primos Elric?- creyó que estarían con él.

- No, deben estar en el cuartel.- se extrañó.

La alquimista se apenó por lo que le diría.

- A Victoria le han quitado de nuevo su reloj, pensé que vendría a Rizembull.- se encogió de hombros como si intentara que con la noticia no causara problemas.

El mecánico pasó la vista al suelo.

- No me sorprende.- dijo tranquilo.- Victoria ha estado muy cambiante últimamente. Cada día le pesa más no estar con su familia. Ha discutido varias veces con su primo. No me sorprendería igualmente sino recuperara su reloj, también sino regresara a Rizembull…

Aleine quiso ser aliento, pero tampoco sabía qué esperar de Victoria.

xXx

- Te sangra la nariz.- río Ricaldi. Le parecía gracioso ver sangrar a la rubia.

- No deberías burlarte.- dijo seria Victoria sacando un pañuelo.- Me pasa seguido.- se limpió.

- Lo siento, pero es primera vez que veo que alguien la pasa algo así.- justificó divertida.- ¿Y qué es lo que tienes?

- No es nada, simplemente me pasa y ya.- la evadió de mala gana.

- Deberías ir al médico. Te digo que no me parece normal.

- ¡Te he dicho que sólo me pasa y ya! Me han hecho revisión médica cientos de veces en el cuartel, ¡No tengo nada!

Joseph sólo escuchaba. Siempre era lo mismo con Victoria, si su nariz sangraba ella decía que era normal, igual cuando se desmayaba al esforzarse. Él sabía que era todo lo contrario, le parecía tonto de su parte que ella pretendiese que se creyera tal mentira. No decía nada, porque de hacerlo, se vería obligado a decirle lo que también le ocultaba.

Ricaldi soltó la mano de Joseph y se acercó a Victoria para aferrarse a ella. Suavemente le tomó la mano.

- Tengo un mensaje para ti, Victoria…- sonrió, aunque a la chica no le pareció agradable su cortesía.

El suave rose pronto se convirtió en un fuerte apretón de mano y el gesto de Ricaldi se tornó oscuro. Victoria, impactada, intentó recurrir al auxilio de su primo.

- Ni lo intentes, él no puede oírte ni verte…- río la niña sujetándola con más fuerza.- esto es entre tú y yo.

- ¿Q-qué quieres?

- Yo, nada, pero mis amos… ¡Vaya que quieren algo! Te quieren a ti…es hora de pagar.

- ¡Suéltame!

Negando la petición, la presionó la mano aún con más fuerza. Victoria comenzó ahogarse, era como si su garganta fuese la oprimida y no su mano. Pudo ver por últimos instantes la risa de Ricaldi y a su primo que seguía por delante sin darse cuenta del dolor que perecía.

Tendida en una cama yacía la ambarina. Joseph estaba a su lado con las manos recargadas a la cabeza; estaba muy preocupado.

- En verdad lo lamento, debí advertirte desde que empezó a sangrar.- se disculpó Ricaldi con él. Estaba a su lado y fingía tristeza.

- No es tu culpa…- intentó sonreírle Joseph.

Alzó la vista y se percató que el médico del pueblo estaba esperando el momento oportuno para darle informes de su prima.

- Por favor, acérquese.- lo llamó el doctor únicamente a él.

Al acercársele pudo notar que su rostro reflejaba inquietud.

- ¿Hace cuánto que su prima tiene desmayos y sangrado nasal?

- Hace poco más de dos años.- contestó esperando que las cosas no fueran realmente graves.

- Me sorprende que aún siga con vida.

Joseph quedó mudo y sus ojos aludieron el impacto del comentario.

- Verá, su prima está anémica… tiene las mismas condiciones que una persona tendría al desangrarse recientemente. Es como si después de ser herida y presentar una fuerte hemorragia su cuerpo se mostrara débil ante la falta de sangre, ¿Sufrió algo similar en ese lapso de tiempo?

- No, no que yo recuerde…

- Por ahora debe estar en reposo y observación.

- Y… ¿El sangrado nasal? A qué se debe…

- Si fue agredida, seguramente en los conductos respiratorios está la herida que le hizo perder tanta sangre. Una herida que todavía no sana.

El doctor se retiró y Joseph conmemoró aturdido las ocasiones en las que Vic sangraba.

Pasó la noche en la pequeña cabaña médica, acompañado de Ricaldi. No durmió pensando en tantas cosas. Por otra parte, Ricaldi descansaba en una silla cercana a la de él, lo veía detenidamente disfrutando de verlo sufrir. Tampoco durmió el resto de la noche.

- Una herida que todavía no sana…- susurró Joseph en la oscuridad tomando de su brazo izquierdo.

Al día siguiente, a penas iluminó el alba la habitación, se acercó a la cama de Victoria para verificar si ella ya había despertado, sin embargo la encontró profundamente dormida. Buscó a Ricaldi sin hallarla en la habitación; debió haberse distraído con tantas inquietudes que no se dio cuenta de su ausencia.

Fue de habitación en habitación intentando encontrarla, dándose cuenta de que su prima era la única que requería atención ya que sólo ella ocupaba una habitación en la pequeña cabaña.

Regresó con ella, y cuando entró a su habitación, encontró a Ricaldi de pie frente a la cama de su prima.

- He cumplido mi misión, Joseph.- viró a verlo con desánimo.- Sé que ellos estarán gustosos.- acabando de pronunciar, tiró del lazo que tenía amarrado en el cuello para dejar ver que tenía en la piel una llaga que asemejaba a un ojo con pequeños símbolos alrededor. Joseph quedó aterrado al ver la figura. - Mis amos estarán orgullosos…sólo espera el llamado.- susurró Ricaldi y se desplomó en el suelo.

El chico se acercó a socorrerla y con horror descubrió que estaba muerta. Temblando y sin apartar la vista del grabado en el cuello de la niña, se arremangó la camisa para asegurarse que el símbolo que veía era el mismo que tenía grabado en su brazo izquierdo.

"Sólo espera el llamado" fue lo último que pronunció Ricaldi. Tenía el sello de una esclava, había sido utilizada, sólo era cuestión de tiempo para que Joseph escuchara el llamado…el llamado de sus amos. Descubrió que era títere. Miró sus manos preguntándose de qué serían capaces con tal de obedecer.

- Es tiempo de revelar secretos, Victoria…- musitó viéndola descansar plácidamente.


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