Capítulo 17: Un desconocido que no se anda con rodeos.

Eran las cuatro de la mañana cuando Yao escuchó unos ruidos en la puerta de entrada. Aguzó el oído, comprobando que era alguien golpeando con suavidad la madera barnizada. Extraño. En todo el tiempo que llevaba allí, había aprendido que Loung no era alguien que recibiera visitas muy a menudo. A fines de cada mes, venía el cartero, trayendo papeles de los que Loung siempre se quejaba que tenía que pagar; de vez en cuando, un vendedor ambulante, o un repartidor de comida a domicilio. ¡A lo mejor era eso! ¿Loung habría pedido algo? Pero, no se levantaba…

A lo mejor quería que fuera a buscarlo él.

Abrió apenas la puerta, dándose cuenta con alivio que no había sol afuera. Más confiado, se asomó al exterior.

—¿Diga?

—Tú no deberías estar aquí.

Yao parpadeó, confundido. Frente a él, había un hombre que le sobrepasaba ligeramente en altura, y que respiraba profundo y lento, como seguro de sí mismo. Arrugó el ceño. No le gustaba la gente prepotente.

Si hubiese visto su cara, habría notado que su expresión parecía amable, aunque en sus ojos se veía determinación.

—¿Perdona?

—No deberías estar aquí.

—Esta es mi ca-

—Dudo mucho que sea tu casa. De todos modos, no me refería a eso. Tú no deberías existir. Supongo que eso ya lo sabes, ¿verdad? ¿Dónde está tu dueño?

—¿Ah?

—Tu dueño. Ya sabes, quien te dio el pergamino.

—Murió hace mucho tiempo. —Lo maté, corrigió su mente, pero no iba a decirlo.

—Tanto mejor. Eso significa que el conjuro estará más débil. Ventaja para mí.

Apenas alcanzó a dar un salto hacia atrás cuando escuchó el silbido de una espada blandiéndose en su dirección. Aterrizó sobre las puntas de los pies, poniéndose en guardia de inmediato. Aquel hombre no era una persona cualquiera. Sabía lo que él era, y también tenía una idea bastante clara de lo que quería hacerle. Y no era algo bueno precisamente.

—¡Vaya! Tienes buenos reflejos para ser un cadáver tan viejo.

—Y tú eres bastante insolente para tener un arma entre las manos. Los niños no deberían empuñar esas cosas.

—Sí, muy gracioso, ancianito. O debería decir… ¿Wang Yao?

—¿C-Cómo sabes mi nombre?

—He hecho algunas averiguaciones. Por poco matas al humano que vive en esta casa la semana pasada, ¿no? …Ah, te he tomado por sorpresa. Llevan una vida bastante aburrida aquí, ¿sabes? Seguro el chico Loung no te extrañará si te largas.

—Eres un…

—Ya, ya, tranquilo. No vine aquí a discutir. ¿Te parece si vamos afuera? A menos, claro, que quieras que destroce la casa de tu amigo.

—…Vamos afuera. Aún está oscuro.

Yao salió disparado por la puerta, tratando de alejarse lo más posible. No quería poner en peligro a Loung.

Aunque eso significara ponerse en peligro a sí mismo.