Capítulo 19: Un desconocido que sabe jugar bien sus cartas.
Inicialmente, Yao no tenía intenciones de pelear en serio contra ese humano. Había dejado la violencia hace bastante, sobre todo porque no le parecía justo pelear contra seres que se agotaban después de estar un tiempo corriendo y atacando. Pero Shang había demostrado no sólo ser resistente, sino también ser un oponente odioso. Apenas ponía un pie en el suelo ya le tenía encima otra vez, descargando mandobles y haciéndole retroceder. Parecía tomarse muy a pecho eso de "la mejor defensa es el ataque". No le dejaba tiempo ni para planear una estrategia.
—Pensé que sería más emocionante. Pero sólo estás huyendo— siseó el hombre, y Yao captó de inmediato por qué no hablaba. No era que no estuviera cansado. Sólo era bueno para seguir luchando pese a ello.
—No necesito pelear contra ti. Pronto esa espada que tienes te será completamente inútil.
—Me estás subestimando, Yao. No creas que esta es la única forma que tengo de derrotarte.
—También me estás subestimando, mocoso. No he vivido tantos años dejándome vencer por humanos como tú.
—Si a eso le llamas vida… Venga, Yao, no seas terco. Déjame que te dé la paz eterna.
—Dudo que vayas a darme la paz eterna de la misma forma en que ellos me la quitaron.
El hombre detuvo sus movimientos un instante, al parecer cargando la punta de la espada en el suelo para usarla de apoyo. Estaba jadeando, pero a pesar de eso soltó una risa cargada de sarcasmo.
—Es obvio que la espada no es para eso. Pero si no consigo convencerte por las buenas, tiene que ser forzosamente por las malas.
—Ni siquiera intentaste convencerme por las buenas.
—Porque era evidente que no aceptarías. Te encariñaste de este mundo, de esta "vida" que ese pergamino te permite tener. ¡Te encariñaste de un humano común y corriente! Eso es patético para un monstruo como tú. —Yao apretó los dientes, haciéndolos rechinar.
—Cállate… ¡Cállate, cállate, cállate!
—Oh, parece que no te gusta que te digan la verdad. Más patético todavía.
—¡Dije que te callaras!
Yao se abalanzó sobre él, dispuesto a devorar su alma en un solo mordisco. Shang sonrió, encorvando apenas la espalda. "Ven aquí". Yao abrió la boca, hizo una rápida finta para atacarlo por la izquierda. Tan cegado estaba por la ira, que no se percató de la espada blandiéndose de abajo hacia arriba en su dirección. Fue un ataque rápido, inesperado. "Cuando pierdes el control de ti mismo, pierdes la batalla" pensó el desconocido, ampliando la sonrisa y admirando el resultado de su movimiento.
El pergamino caía, cortado limpiamente por la mitad.
A lo lejos, las nubes empezaban a teñirse de rosa.
.
El título es una pista para saber quién es realmente el desconocido (bastante obvia una vez digo que es una pista… ¿o no?)
