Capítulo 20: Un dueño de casa preocupado.
Loung despertó ese día sintiéndose considerablemente mejor. Se levantó a la cocina, estirándose y bostezando con todas sus ganas. Ese sí había sido un sueño reparador, ¡se sentía como nuevo! Ni señales de la fiebre, ni de esos dolores que le habían obligado a guardar cama por casi una semana. Además, Yao no se había aparecido por allí para despertarlo con sus dudas de cosas actuales o sus intentos de médico del milenio pasado.
Rebuscó entre los muebles algo rápido para comer, botando en el proceso una bolsa de arroz a medio usar. Los granos se desparramaron por el mesón y algunos cayeron al suelo. Loung maldijo, pero no hizo ningún intento por limpiar el desastre. Ya iría a buscar una pala para recoger el arroz, que seguro se habría llenado de polvo y pelusas. O podía dejar que Yao lo recogiera por él; tenía una obsesión con eso de contar granos de arroz.
Sin embargo, una vez acabó con el desayuno, le extrañó que Yao aún no se hubiese aparecido para contarlos. Y ahora que lo pensaba, la casa estaba silenciosa. Demasiado silenciosa, como para vivir con un tipo que no veía por dónde pisaba y se guiaba a puro oído y tropezones. Salió de la cocina, empezando a buscarlo por las habitaciones. Nada. No estaba en ninguna parte. Como si se hubiera esfumado. Al regresar a la cocina, cayó en cuenta de lo luminoso que estaba todo.
Era un día soleado.
Loung tuvo miedo.
