Capítulo 21: Un dueño de casa que se había acostumbrado a ciertas cosas.
¿Era posible extrañar un olor?
Porque en esos momentos, mientras preparaba el almuerzo, extrañaba el que Yao se colara en la cocina para revolver las ollas y rebuscar cosas en los muebles, antes que él lo echara por estarle dando náuseas con su tufo a cadáver. Extrañaba que se sentara con él a la mesa aunque no almorzara, siempre en la cabecera opuesta para evitarle la molestia de sentir como si comiera carne podrida.
Extrañaba sus abrazos fríos y duros, aunque no entendía por qué en esas ocasiones sólo sentía un aroma dulce a manzanas pasadas que era mucho más agradable que todo lo anterior.
