Capítulo 25: Un dueño de casa que odiaba las fiestas.
—¿Eres tú, Yao?
—Ufff, menos mal, creí que me había equivocado. Buenas noches, Long~
El chico finalmente se separó, atreviéndose a mirarle. Ahí estaba, como si no hubiese pasado nada. Rostro delgado, piel pálida, ojos blanquecinos y cabello largo. Su ropa se veía nueva, aunque tenía un estilo similar a la que llevaba antes. El pergamino también parecía distinto. Ahora sí que era un papel amarillo.
Loung no supo cómo mostrarle lo molesto y preocupado que había estado por su desaparición.
—¿No vas a decir nada?
—… Eres un idiota —articuló por fin, negando con la cabeza y llevando una mano a su frente.
—Eh- ¿Acaso esa es la forma que tienes de recibirme después de todo este tiempo? ¿Insultarme?
—No veo cómo más podría recibir a alguien que desapareció sin decir nada.
—Pero es que-
—Creí que estabas muerto, imbécil.
—Ya estoy muerto.
—No me refiero a eso. Creí que no habías sido capaz de regresar a tiempo, que el sol te había alcanzado.
—Lo siento. —Yao agachó la cabeza, con una expresión de arrepentimiento absoluto en el rostro—. Hubo un problema ese día, no tuve tiempo para avisar y…
La cabeza de Yao se echó hacia atrás bruscamente, y Loung notó cómo se llevaba una mano al cuello.
—Eh, me tengo que ir —soltó Yao, al tiempo que volvía a hacer ese gesto extraño con la cabeza.
—¿Ir? ¿Ir adónde?
—Eh… Te explicaría, pero… —Movimiento de cabeza—. Pero en serio debo irme ahora. Antes que… —Movimiento—. Que se enoje conmigo y me regañe.
—¿Regañarte quién?
Yao dio un par de pasos atrás, aún con las manos en el cuello, y comenzó a caminar de una forma peculiar, como si alguien le estuviera dando de tirones para que se moviera. Loung empezó a seguirlo, lo que le valió recibir unos cuantos pisotones y devolver un puñado más. No pensaba dejarlo escapar, no otra vez. Se encontró caminando a un lugar en las sombras, fuera de la pista, donde un hombre de lentes y sonrisa maliciosa se recargaba contra una pared, sosteniendo algo que parecía… ¿una cadena?
Una cadena que daba a parar al cuello de Yao.
—Vaya, vaya, no esperaba verte acompañado… Y por sobre todo, no esperaba que fuera precisamente él quien te acompañara. El mundo es un pañuelo, ¿eh?
—¿Quién eres tú? —siseó Loung, poniéndose en guardia. Le molestaba el que ese extraño se tomara tales confianzas con Yao.
—Oh, tienes carácter. Bueno, me presento. Mi nombre es Shang. No necesitas decirme tu nombre, porque ya lo sé. Eres Jia Long. Tiempo sin verte.
—No te conozco de nada. ¿Cómo sabes mi nombre?
—Es una larga historia. Y con "larga", me refiero a que es una historia que no te quiero contar. —Loung hizo rechinar sus dientes—. Como sea, vine aquí porque quería divertirme. No creí que fuera a encontrarte justo en este lugar. Pensé que no salías de casa.
—No lo hago.
—Pues entonces el mundo tiene extrañas formas de expresar su voluntad.
El hombre levantó su copa, que contenía un líquido azul translúcido, y la vació a la mitad de un sorbo. Luego se limpió los labios con una servilleta y atrajo a Yao más hacia sí, hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros de distancia. Loung apretó los puños, sin tener idea de lo que pretendía ese sujeto, pero dispuesto a lanzársele encima si hacía algo raro. Grande fue su sorpresa, pues, cuando escuchó un ligero clic y Yao pudo erguirse, libre de la atadura de la cadena.
—¿Shang?
—¿Qué, no quieres volver con el mocoso?
Yao volteó hacia Loung, luego volteó de nuevo al otro hombre. Se había quedado mudo, y un leve temblor remecía su cuerpo.
—¿P-Puedo?
—Si él quiere, no veo por qué no. Ya te dije, el mundo tiene extrañas formas de expresar su voluntad.
No fue necesario decir más. Yao se arrojó sobre Loung, asfixiándole un poco de tan fuerte que le estrechó entre sus brazos. El chico no hizo nada, incapaz de reaccionar. ¿Qué había sido todo eso? ¿Qué era este tipo, por qué tenía a Yao con una cadena? Y, lo más extraño de todo, ¿por qué le había liberado así como así? Miles de dudas le rondaban la mente, pero no podía formular ninguna. El aroma a manzanas pasadas empezaba a marearle, pero le restó importancia.
Ahora tenía de vuelta a su molestia personal. Su casa volvería a oler como un velatorio, la cuenta del agua volvería a subir de precio y sus cepillos se llenarían de cabellos largos otra vez. Pero así era como le gustaba. Esbozó una leve sonrisa, sintiéndose idiota por extrañar aquellas cosas, pero agradeciendo a Mei que le hubiese sacado de su casa ese Halloween.
Después de todo, se dijo, su rutina diaria era demasiado aburrida sin ese Jiang Shi dando vueltas por su casa.
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Y... fin. Muchas gracias a todas esas personas que siguieron este proyecto, a quienes le dedicaron un comentario, lo añadieron a sus favoritos o, simplemente, lo leyeron en silencio. Es una historia que me gustó mucho escribirla, y espero que les haya gustado a ustedes también. Sé que quedaron varias cosas en el aire, pero... asdf. No daba para ponerlas en esta historia. (Aunque tal vez le haga un spin-off... todo depende de cómo ande de inspiración y de tiempo xD). No tengo mucho más que decir.
¡Hasta luego!
