Capítulo 2
Sus pesadillas habían sido horribles en el pasado, pero nada se compara con las que tiene ahora que está embarazada. Solo duerme pocas horas antes de que Peeta la despierte de sus pesadillas, y su garganta esta irritada de los gritos que lo despertaron.
Pero el embarazo no es una pesadilla de la que pueda despertar.
No es algo de lo que ella pueda esconderse, y su cuerpo cambia con el bebé. Su corazón se agita la primera vez que lo siente moverse. Se paraliza cuando siente movimiento dentro de su vientre, y de pronto se agarra fuertemente del barandal de la escalera presa del terror. Trata de calmarse, se obliga a respirar profundamente, inhala, exhala, pero no puede.
Se pone de rodillas en las escaleras, temblado, y así es como Peeta la encuentra.
Peeta es la única razón por la que trata de mantenerse también como puede, pero no es capaz de ser honesta con él, de confesarle como el bebé se siente como un extraño dentro de ella, y como se preocupa de que vaya a odiarlo.
El cansancio la hace más lenta, las náuseas hacen que todo sea peor, y casi no sale de la casa.
Effie llega al Distrito Doce para el Tour de la Victoria, y se da cuenta de lo enferma que se ve Katniss.
Con su mirada recorre todo el cuerpo de Katniss, su cabello despeinado, su cara pálida, los círculos negros bajo sus ojos y lo delgada que se ve a pesar de que su vientre ha crecido. Ella permanece al lado de la tina de baño mientras Katniss se baña, e insiste en que Katniss se lave el cabello al menos dos veces. Ella la maquilla, le depila las cejas, y la hace ponerse unos tacones verdes que hacen juego con el vestido verde de seda de Cinna.
La fiesta que el Distrito Doce hace para el vencedor del Distrito Cuatro es pequeña y aburrida, pero ella va de conversación en conversación, comiendo de los pequeños pasteles que Peeta hizo esa misma mañana para el evento.
Logra excusarse y se sienta sola en una silla junto a la pared, pero su descanso es corto.
—Tienes azúcar en el labio —le dice Finnick, y con su pulgar le recorre los labios. Ella se aleja de su mano, y él se ríe
—Es bueno verte también — y la recorre con la mirada —¡Felicidades!
—Gracias
Él se sienta a su lado
—Él podría demandar peores cosas de ti — le dice
Ella frunce el ceño.
—¿Qué?
—Nuestro ilustrísimo líder — le dice Finnick —Si esto fue lo que te pidió, tú no lo tienes tan difícil como crees que lo tienes — él roba una tartaleta de limón de su plato, se la come de una mordida y le sonríe — Después de todo, él podría convertirte en lo que soy yo.
Ella no sabe lo que él quiere decir, pero su mirada la hace sentirse incómoda.
Es hasta que ella se encuentra acostada en su cama en la noche que cree adivinar lo que Finnick le dijo. Había asumido que él disfrutaba su vida en el Capitolio, que él amaba como la gente siempre estaba sobre él, la ridícula ropa que vestía, los programas de televisión a los que asistía, la fama y el dinero.
Pero puede que él no lo disfrute.
Le da un beso a Peeta sobre la camiseta que cubre su pecho, y el bebé se mueve dentro de ella como diciéndole que está de acuerdo con la muestra de afecto.
Prim le pregunta cómo quiere nombrar al bebe, pero Katniss no ha pensado en nombres, ni en si se será niño o niña, o en el hecho de que hay un bebé viviendo en su vientre. Ella se encoje de hombros.
—¿Qué piensas? — ella le pregunta — ¿Sabes qué? ¿Por qué no mejor tú eliges el nombre? — Prim abre mucho los ojos y Katniss se ríe.
—¿Lo dices en serio? — le pregunta Prim —¿En verdad puedo elegir el nombre, Katniss?
Katniss se ríe divertida.
Dos días después, Prim regresa con dos posibles nombres. Y en los días siguientes, Katniss se da cuenta de que su hermana consultó a todo mundo en busca del nombre: su mamá, Madge, Delly Cartwright, Rory, la señora Hawthorne, las chicas que asisten a la escuela con ella.
De una forma, a Katniss le agrada eso. Es como si el Distrito Doce hubiera elegido el nombre.
Cuando son invitados a su show, Caesar les ofrece su ayuda para elegir el nombre.
—¿Qué tál Caesar? — él les pregunta riendo.
Peeta se ríe con Caesar antes de explicarle que de hecho ellos ya tienen los nombres por si es una niña o un niño. Caesar se pone una mano en el corazón cuando le dicen que Prim los eligió.
Katniss lo disfruta. No le va a permitir al Capitolio que elija el nombre de su bebé.
El bebé nace en primavera: es pequeño, gritón y tiene una mata de cabello negro en su cabeza.
El trabajo de parto llevó días, pero su madre la ayudó a dar a luz. Katniss se desploma sobre Peeta, quién lleno de lágrimas, le da besos en su sien, y su madre le coloca al bebé en los brazos. Su hijo, y de repente se siente sumamente posesiva con él. Su bebé, con su nombre simple y sólido. Es bueno, tradicional, es un nombre del Distrito Doce. Ash Mellark.
Sus pequeños deditos de pronto se cierran sobre el pulgar de Peeta, y ella se enamora perdidamente de su hijo.
Varios camarógrafos rodean la casa antes de que Ash cumpla una semana de nacido, lo que hace que Katniss se esconda en el closet con él. Lo amamanta en ese pequeño lugar y le susurra una canción a su oído.
Pero Peeta la encuentra, y hace que regrese a la cocina. Entre más pronto hablen con la reportera de piel lila, ella se marchará junto con las cámaras.
Katniss permite que Octavia le arregle el cabello, la maquille y haga sus uñas, pero marca la línea muy clara cuando la mujer trata de tocar a Ash.
— ¡Pero que cosita tan linda!, es hermoso, pero creo que podríamos hacer algo para resaltar el azul de sus ojos y un poco…—Octavia dejó de hablar ante la mirada que le dio Katniss.
La entrevista se extendió durante horas, pero Peeta colocó su mano sobre la rodilla de Katniss y lograron aguantar.
Ellos dejaron a Ash con la mamá de Katniss cuando se fueron al Capitolio para los Juegos.
Ella cree que quizás tengan oportunidad de salvar al chico que fue cosechado ese año. Él se mucho más alto que ella, tiene diesisiete años, y todo su enojo se ve reflejado en su rostro. Hay varios patrocinadores en el Capitolio que aman a los tributos así; él es más fácil de vender que los escuálidos y asustadizos tributos que suelen tener.
Él es apuñalado en el pecho durante el baño de sangre. Ella odia haber tenido esperanza.
Ella regresa al Distrito Doce, y Ash pestañea adormilado mientras lo levanta de su cuna.
Snow lo va a meter a los Juegos, y él va a morir. Ella lo sabe.
No importa que tan grande sea él, o que tan fuerte. Snow va a arreglar todo para que los Juegos lo maten.
Ella no es capaz de dormir, y se bebe el vino que encuentra en la cocina; cree que probablemente sea un regalo. Es fuerte y no es tan malo como el licor que bebe Haymitch. Se bebe toda la botella.
Las cosas se calman los siguientes días, y su vida se torna más tranquila. Ellos no son requeridos en el Capitolio por meses, y les permiten sumergirse en la vida del Doce.
Katniss arregla el jardín en el patio trasero junto con Ash, y trata de leer las novelas que Madge le dio, pero son tan terribles como pensó que serían. Madge se ríe cuando Katniss le cuenta que odió lo poco que alcanzó a leer de una. Ella pinta la cocina con Peeta.
Es como ella divide su día. Tiempo con Madge y con Prim.
Tiempo con Peeta.
Ella memoriza su cuerpo en esos tranquilos y húmedos meses de verano en una forma que no lo hizo en los días en el tren, o en los meses antes que naciera Ash. Él también se aprende el de ella. Él aprende todo lo que a ella le gusta, aprende cómo hacerla gemir, dejarla sin aliento, necesitada, desesperada por más, por él y por todo.
Él la empuja para atrás lentamente mientras ella profundiza el beso, y el aliento la abandona cuando de pronto él la levanta y sienta sobre la mesa de la cocina. Su boca deja una hilera de besos sobre su cuello, sus manos le suben la falda hasta la cintura. Ella desliza sus manos por su espalda, y lo jala del cinto para juntar su cadera con la de ella. El gruñe en su piel, y ella se apresura a desabrocharle el cinturón.
Él le levanta la blusa hasta que libera sus senos, y ella arquea su espalda cuando él le aprieta un pezón.
De un momento a otro, su ropa interior es rasgada y tirada al piso, y él la penetra de una sola embestida.
Ella toma su rostro en sus manos y lo levanta para besarlo; solo interrumpe el beso cuando su codo golpea una canasta que estaba sobre la mesa, y los muffins se ruedan por el piso. Él se ríe, y ella enreda sus dedos en su cabello cuando él la agarra por las piernas para colocarla en un ángulo en el que alcanza ese lugar que a ella la hace estremecerse de placer. Ella suspira su nombre, jalándolo fuerte del cabello mientras él la embiste con fuerza.
Él comienza a hablar, mrmurándole que ama lo estrecha que esta para él, y lo bien que siente al cogérsela.
Ella pierde el ritmo con sus palabras, pero él sabe lo que le provoca cuando le habla sucio, sabe cómo sus palabras la empujan al borde; él sigue penetrándola salvajemente cuando ella se aferra a él.
Cuando terminan, ella lo abraza por la cadera con sus piernas.
Ella aleja su cabello de la frente y le sonríe, y él la besa en la palma de la mano.
Sobre el hombro de Peeta, ella observa a Ash parado balanceándose al lado de una silla.
Él parpadea inocentemente, y ella no puede evitar reírse.
Él no es exigente, o ruidoso; el ruido no lo molesta, incluyendo aparentemente los sonidos que hacen sus padres cuando hacen el amor. Él muestra su sonrisa desdentada, sonríe muy fácil y por todo, y Katniss adora eso de él: ve a Peeta en su hijo. Ella le sonríe y él le devuelve la sonrisa.
—Prim era así — le dice su madre esa noche durante la cena — Feliz— Ella hace una pausa, voltea a ver a Katniss y tuerce los labios —Tú no.
La señora Everdeen no es capaz de ocultar su sonrisa y Peeta ni siquiera trata, solo sonríe. Katniss solo se les queda mirando a los dos.
Prim no está en la cena, ella está con los Hawthornes. Esa resulta ser una gran noche para ella: Rory la besa esa noche, y Prim le cuenta todo a Katniss apenas la ve por la mañana. Ella describe todo con lujo de detalle, interrumpiéndose solamente para dar gritos de alegría.
Ella es feliz, y Katniss también lo es. Es extraño, pero es la verdad.
Por un corto y dulce momento, es capaz de imaginar que la vida que vive es la que ella eligió vivir.
Peeta no es mentor durante los Septuagésimo Octavos Juegos del Hambre. Después de todo, ellos solo necesitan un solo vencedor masculino como mentor lo que significa que Katniss puede arrastrar a Haymitch al Capitolio mientras Ash se queda seguro al cuidado de Peeta.
Ella debió saber lo difícil que iba a ser enfrentarse al Capitolio sin él.
Ella quiere llamarlo, pero no puede; los teléfonos están intervenidos, y ellos los escuchan.
Los Juegos ese año se alargan muchas semanas, la Arena está constituida por pasajes oscuros que guiaban a los tributos a pequeñas cámaras secretas en una caverna bajo tierra. Todo está lleno con un lodo negro y pútrido; el techo está cubierto de estalactitas que se caen de repente empalando a los tributos, y lo que es peor, una rata gigante mutante que se come la cara de una tributo mientras grita haciendo eco en la cueva.
Pero es cuando Katniss sin Peeta, conoce a los otros vencedores en el Capitolio.
Ella conoce a Woof del Distrito Ocho, quién le platica que a él le gusta trabajar la madera, y talla un silbato para Ash, y él se ríe de una manera tan plena, que le recuerda a la risa de su padre. Seeder del Distrito Once le platica a Katniss de la familia de Thresh y de Rue; le dice que ellos están a salvo, no fueron castigados.
Ella platica con Wiress del Distrito Tres después de que la mujer se porta amable con ella.
Pasan dos semanas desde que iniciaron los Juegos, y Katniss observa como el chico del Distrito Uno viola a la niña delgada de catorce años de edad del Distrito 12, quién logró sobrevivir más de lo que todos pensaron que lo haría.
Él la mata después de que termina con ella, y Katniss se aleja de inmediato de las pantallas, vomitando en el corredor, temblando. Pero Wiress la abraza fuertemente y le murmura cosas sin sentido al oído y no la suelta hasta que Katniss deja de temblar por fin.
—Querida, pobrecita — la calma Wiress — Vamos, vamos querida. Yo sé, sácalo todo.
Tres días después, Katniss conoce lo que le hacen a Finnick.
Él le explica todo mientras beben vino tinto dulce del Distrito Cuatro.
Johanna le cuenta a Katniss su historia, con palabras crudas y enojada. Es hasta que los labios de Johanna están morados por el vino que Katniss ve claramente en sus ojos lo mucho que ella hubiera deseado poder salvar a su familia, como le hubiera gustado regresar el tiempo y no haberse negado cuando era una adolescente.
Katniss es invitada a tomar el té con Snow la noche que por fin terminan los largos Juegos.
Él le dice que piensa que a Panem le encantaría ver a su hijo con un hermanito.
—Un año, señora Mellark — le dice, y ella asiente.
Ella no tiene elección, y no va a cometer el mismo error de Johanna. Hará lo que le piden.
—Tendremos que dejar a Ash con Prim el próximo año — le dice ella — Yo no puedo estar en el Capitolio sin ti.
Peeta asiente — De ahora en adelante, iremos juntos — le dice él, con sus dedos cepillando el cabello de ella.
Ella cierra los ojos, escuchando los latidos de su corazón bajo su oído, él huele a eneldo, canela y también a menta, lo que significa que debió hornear las galletas de chocolate con menta que tanto le gustan a Posy. Sabe que esa noche va a dormir mucho mejor que las pasadas nueve semanas que estuvo sin él.
Hay muchas cosas que ella necesita decirle, incluyendo la nueva demanda de Snow. Mañana. Le dirá mañana.
Su segundo embarazo no es tan malo en esta ocasión. No tiene muchas nauseas o se siente muy asustada. Pero la idea de que es forzada a tener hijos porque Snow lo pide, le pesa. No se supone que sea así; sus hijos no deberían ser una forma enfermiza y retorcida de controlarla, pero lo son. Ella no los hubiera tenido bajo sus propios términos, no los hubiera elegido, no los hubiera arriesgado.
Pero lo que ella hubiera elegido es irrelevante.
No tuvo opción, fue forzada a tener un bebé, y él le arrancó el corazón del pecho con su puño pequeñito. Lo ama profundamente, no puede imaginar un mundo donde él no exista. Lo ama, y será igual con el siguiente. Pero ella no eligió tener a ninguno de los dos.
Ella sabe que eso lastima a Peeta. Que es lo que él quería, aunque no de la forma en que él quería.
Ellos nunca hablan sobre eso; es más fácil no hacerlo.
Ella se recuerda que no es el bebé de Snow. Es de Peeta.
Pero el Capitolio está listo para arrebatárselos.
Katniss está en una entrevista con Caesar cuando tiene 5 meses de embarazo, y él le pregunta cómo se va a llamar este bebé. Peeta no está con ella, y él no puede ayudarla con una mentira, y Katniss entra en pánico. No puede decir la verdad, no cuando podría significar que la gente del Capitolio vote en un concurso por el nombre de su hijo. No les va a permitir tener eso.
—Le pedimos a Haymitch que lo eligiera — dice ella, tratando de no mostrar pánico, ni verse como una mentirosa.
—¡Qué tierno! — dice Caesar, dándole unas pequeñas palmadas en la mano.
Ella sabe que no tiene que pedirle a Haymitch realmente que elija el nombre, pero lo hace.
Peeta piensa que a Haymitch le va a gustar la idea, ellos son lo más cercano a una familia que tiene este hombre, y él es un miembro de la familia para ellos.
Él se encuentra en estado de estupor cuando Katniss lo encuentra, tirado sobre una silla en el porche mientras sus gansos graznan en su patio, ella toma la botella de su mano y le arroja sobre el rostro lo que queda en ella.
Él grita y con los ojos rojos la voltea a ver.
—¿Pasa algo, cariño? —él gruñe.
—Le dije a Caesar que tú ibas a elegir el nombre de éste— le dice ella señalándose el vientre.
Él murmura que a él no le importa que le haya dicho a Caesar, y que no sabía cuánto le importaba a ella lo que había platicado con el presentador.
—Hablé con Peeta — ella continua —Y a él le gusta la idea. Elije un nombre o dos. Uno para niño y uno para niña.
Él suspira —De acuerdo, ¿qué tal?: Margarita — y se mira complacido consigo mismo — O Trigo. Encajan ¿no?
Ella voltea a verlo — Debí saber que a ti te iba a importar una mierda — le dice, y él se ríe.
Pero Prim menciona durante la cena del domingo que ella piensa que Violeta sería un lindo nombre para niña. Ella dice que no ha sido capaz de encontrar otro buen nombre para niño. Haymitch se encuentra sentado en la mesa con ellos.
—Mi hermano se llamaba Davey — dice Haymitch mientras corta el pollo que tiene en el plato —Mi padre se llamaba así y también mi abuelo. Era un nombre de la familia. ¿Tienen uno así ustedes? — voltea a ver a Peeta.
—La verdad, no creo que en mi familia tengamos un nombre que se haya heredado— le dice Peeta.
Prim dice que tampoco hay un buen nombre en la familia Everdeen, o al menos ella no cree que exista uno, y ella comienza a hablar el padre de su madre, Tawny, quién muriera pocos años antes de que ella naciera.
Pero el nombre se queda con Katniss esa noche
Peeta lo tiene en su mente también y le gusta.
—¿Qué piensas? — le pregunta él — Es un nombre antiguo, uno que existió antes de Snow, antes que el Capitolio, antes que los Juegos.
Davey Mellark nace un mes después de los Septuagésimo Novenos Juegos, es más pequeño que su hermano, con cabello muy fino y pálido en su cabeza; seis meses después de los Juegos, Katniss sabe que se parece al cabello de su padre, al verle rizos dorados. Haymitch observa al bebé y éste le sonríe.
¿Qué les pareció el capítulo?. Lo que nunca pensó hacer Katniss, muy joven y ya casada y con dos niños Ash y Davey.
Gracias a todos los que marcaron esta historia como su favorita o le dieron follow, y sus comentarios.
Ya casi tengo listo el tercer capítulo, pensaba actualizar solo los viernes, pero si quieren que lo adelante para el martes por favor comenten esta historia para que me den ánimos para seguirle.
saludos
Marizpe
