Capítulo 3
De vez en cuando ella dispara flechas hacia los árboles del jardín, y trata de no extrañar el bosque tan desesperadamente como lo hace. Por un tiempo, el bosque lo fue todo para ella. El bosque y Prim. No ha perdido a Prim, y ahora tiene cosas que en el pasado jamás soñó poseer: comida, sus hijos y Peeta.
Él está enfocado en su cuaderno de dibujo sentado en la cama, pero ella le pega en el hombro con su pie.
Él le acaricia la pierna de forma inconsciente en respuesta.
Ella suspira —Peeta —se queja, y le toca el brazo, y por fin él voltea a verla. Inmediatamente sus labios se curvan de asombro. Él sonríe, y la besa en el arco del pie. Ella arruga su nariz, pero él comienza a subir con sus besos por su tobillo, su pantorrilla, y desliza sus manos acariciando sus piernas.
De pronto, la agarra de las rodillas y ella grita cuando él la arrastra por la cama.
Su blusa se sube y él le da besos húmedos sobre el estómago. Ella chilla y trata de empujar su cabeza, pero él la pellizca en reprimenda; él tiene su cabeza bajo su blusa y ella se ríe mientras él la besa entre los senos. Ella se jala la blusa hasta que logra quitársela y la arroja a un lado, él le sonríe con picardía y sube más hasta besarla en los labios.
—Te extraño — le dice él, deslizando sus manos por su espalda.
Ellos no han estado juntos desde que nació Davey, y ella lucha sin aliento por quitarle la camisa y bajarle los pantalones. Sus dedos le hacen cosquillas a los costados; y él le besa los senos. Ella gime ante su toque, y lo jala del cabello para recordarle lo adoloridos que están.
Él se mueve para besarla, y ella engancha su tobillo detrás de su pierna para voltearlos.
Ella lo besa en la mejilla, y se inclina para besarlo pero se hace para atrás provocándolo cuando él trata de besarla, y él le sonríe, y le aprieta las caderas. Ella le devuelve la sonrisa.
Gale le pide matrimonio a Leevy en marzo, la ceremonia del tueste será en abril.
Eso hace que ella sienta una opresión en el pecho. Él se ha convertido en un extraño.
Pero es imposible quitarle los ojos de encima, su cabello peinado para atrás para el tueste, su camisa planchada, y su sonrisa plena cuando levanta el pan a los labios de Leevy. Katniss no ha hablado con él en años. Él no quería ser su amigo después de su boda en el Capitolio, y ya no la buscó después de eso.
—¿Lo extrañas? — le pregunta Madge, ayudándole a sembrar unas podas en su jardín.
—Solía hacerlo —le contesta Katniss. Se limpia el sudor de la frente. El verano es miserable ese año, ella no sabe por qué se molesta en sembrar su seco y moribundo jardín. Voltea a ver a Madge, quién está sentada con las piernas cruzadas y tiene a Davey en su regazo.
—Solía extrañarlo mucho. Pero las cosas cambian, él cambió— continuó Katniss.
Está tranquilo, y Ash corre a través del jardín hacía Katniss, dándole orgulloso unas margaritas. Ella se hace la sorprendida.
—Gracias, mi pequeño ganso — le dice. Él le sonríe, y corre a buscarle más flores.
—Cuando éramos más chicos, yo creía que lo amaba— le dice Madge —A Gale.
Katniss trata de esconder su sorpresa, pero Madge le sonríe.
—No era solamente yo, sé que yo también le gustaba, nos besábamos. Pero ese fue hace años y bueno, yo creo que siempre supe que él nunca querría casarse con una chica del pueblo—le dijo su amiga.
—Probablemente no— concuerda Katniss. Se acuerda la forma en la que Gale solía hablar de Madge.
—A lo mejor pudo haber sido en otra vida. Es extraño pensar en eso ¿a poco no?
—¿En qué?
—En cómo las cosas pudieron haber sido diferentes— le dice Madge. Su cabello se está comenzando a rizar con el sudor y se lo hace para atrás —Si no fuera por los Juegos, ¿tú crees que te hubieras casado con Gale?
Katniss parpadea, perpleja. No le ve caso ponerse a pensar en lo que hubiera pasado.
Pero fue algo que ella fue forzada a considerar hace años, y sabe que eso es lo que piensa Gale, y también lo que piensa Peeta. Si no fuera por los Juegos, todos asumen que Katniss se hubiera casado con Gale eventualmente. Pero ella no lo hubiera hecho.
—Yo nunca quise casarme—le dice —Si yo no hubiera sido forzada, probablemente no lo hubiera hecho. Además, yo nunca pensé en Gale de esa forma.
—Pero pudiste empezar a hacerlo —le dice Madge. Katniss no se molesta en discutir el punto —¿Y qué pasa con Peeta?
—¿Qué pasa con él? —le contesta Katniss.
—¿Con quién crees que se hubiera casado?, yo hubiera dicho que con Delly cuando éramos niños, pero…
—Delly es como una hermana para él.
—Es correcto. Yo creo que hubiera terminado con una chica agradable y bonita como Flora Margrey o Poppy Greenan. Él solía ser amigo de ellas, ¿no? —le dice Madge. Katniss se encoje de hombros —Yo sabía que a Flora siempre le gustó él.
Katniss no recuerda a Poppy, pero si recuerda a Flora, recuerda como la chica siempre solía reír con sus amigas en clase, y cómo solía usar vestidos que le ceñían los senos.
—Esas chicas lo hubieran hecho miserable— le contesta Katniss con el ceño fruncido. Peeta no hubiera querido casarse con una chica tonta y superficial como Flora.
Madge se encoje de hombros—Yo creo que nunca lo sabremos—le dice mientras se forma una sonrisa en sus labios.
Más tarde, esa noche, Katniss le pregunta a Peeta por Flora.
—¿La recuerdas? — ella trata de preguntarle casual.
—Claro — le dice él — Ella era amiga de Delly. ¿por qué? — él le sonríe.
—Madge habló de ella hoy, y me dio curiosidad. No es nada — encoje los hombros para restarle importancia, y toma a Davey de su columpio para llevarlo a la cama mientras Peeta lava los trastes. Ash la sigue por las escaleras, platicando sobre una piedra brillante que encontró en el patio.
Peeta aún no ha terminado de lavar los platos cuando regresa Katniss a la cocina. A ella no le importa.
Lo toma del brazo y lo voltea para que la vea de frente.
Él abre su boca, y ella se hinca sobre sus rodillas.
El agua caliente y jabonosa de sus manos gotea en el piso, mientras ella le desabrocha el cinturón, y él dice su nombre mientras ríe cuando Katniss le baja los pantalones. Ella voltea a verlo.
—Shhh, o no meto tu verga en mi boca — le dice ella.
Él aprieta los labios y le hace señas de que ya no va a hablar, y ella asiente viéndolo antes de tomar su pene con la mano, e inclinarse para pasar su lengua alrededor de la punta, él se pone duro y grande de inmediato bajo su lengua. Ella lo toma en su boca y él maldice en voz baja, balanceándose un poco donde se encuentra parado. Ellos aprendieron a hacer esto hace años, y él mueve un poco sus caderas hacia el frente, follándole la boca.
—¡Diablos! — dice él y la sujeta por el cabello —Amo tu boca. ¡Diablos, sí! ¡Chúpamela toda!
Ella lo hace y él gruñe, y no pasa mucho tiempo antes que ella limpie su boca y se ponga de pie. Y le sube los pantalones.
—¿Sólo tenías antojo? — le pregunta él asombrado. Está sonrojado.
Ella le da un beso rápido —No te olvides de limpiar también el columpio de Davey— le dice mientras lo palmea en el hombro y le cierra un ojo.
Es el último año en el que Prim va a la Cosecha, y Katniss no es capaz de respirar cuando Effie saca una papeleta de la urna. Por un momento, está segura de que será el nombre de Prim, que Snow siempre tuvo la intención de cosechar a su hermana por segunda vez, para castigar a Katniss sin importar todo lo que hizo para complacerlo.
Pero no es Prim. Sus ojos se encuentran con los de su hermana entre la gente.
No voltea a ver a la chica que fue cosechada, es una pequeña y temblorosa niña de quince años de la veta.
Sus viajes al Capitolio eran iguales. A ella la entrevistaban seguido en televisión, Caesar le pregunta sobre formas de hacer el matrimonio más picante, darle vida, ella se sonroja y él se ríe, y también le preguntan mucho sobre sus hijos, y ella lo odia, odia tener que compartirlos con el mundo. Eso es para lo que ella es buena en este punto, ¿para qué es llamada continuamente en el Capitolio?: para compartir a su familia con ellos.
Cinna la arregla con un vestido modesto y tierno, y le coloca flores en el cabello rizado con bucles.
Ella se lo cuenta a Finnick.
Él le sonríe —Se supone que debes verte como una linda jovencita. Inofensiva. Aburrida— le dice.
Ella se le queda viendo, y su sonrisa flaquea un poco.
—¿No lo has descifrado aún? Él quiere que tu luzcas como una aburrida esposa, una aburrida madre. Él quiere que el Capitolio se canse de ti, que se olviden de ti — continua él.
—Eso es bueno, ¿no? — ella le pregunta
Él se encoje de hombros, le sonríe de forma triste — Depende de lo que decida hacer contigo una vez que ellos te olviden.
De vez en cuando, se siente muy abrumada. Hay días en los que no deja la cama, y se queda observando las sombras que van creciendo poco a poco en la pared. Es peor en las semanas que siguen a los Juegos.
Sus muertes son como un gancho en su piel: es un dolor constante y latente que la arrastran para abajo.
Casi siempre es capaz de vivir su vida. Pero recuerda a los tributos que pensó iba a salvar, recuerda a los que sabía que no iba a poder salvar, y es mucho. Recuerda a Rue, recuerda a Thresh. Recuerda al chico de 16 años de la Veta, quién estaba determinado a ganar los Octogésimo Primeros Juegos, recuerda que él tiene dos hermanas pequeñas, y recuerda como le fue arrancada su cabeza.
Despierta con un sabor amargo en la lengua, y las sábanas enredadas en sus piernas. Ya amaneció pero todavía está algo oscuro, y escucha voces por la puerta que está entre abierta, y Katniss se talla los ojos.
Su cabello esta enredado y sudado, y su reflejo en el espejo redondo del baño la muestra cansada.
Pero cepilla su cabello con sus dedos, arregla su trenza, se echa agua en el rostro, y se pone un suéter. Apenas pone un pie en el corredor, Peeta la llama por su nombre desde el baño del pasillo.
—¡Perdí a Davey! — le dice, dando vueltas en círculo — ¡Davey! ¿Dónde estás?¡Davey! — él levanta los hombros de forma derrotada ante Katniss, quién le devuelve una sonrisa. —¡él desapareció! — exclama Peeta.
Sobre el tapete a un lado de la bañera, se encuentra una toalla con un bulto que se ríe bajo ella.
—¿Ya revisaste el gabinete? —le pregunta Katniss.
Peeta abre los gabinetes, llamando a Davey. El bulto bajo la toalla no deja de reír y se asoma un pie.
—¡No está en el gabinete! — dice Peeta — Vamos a pensar. ¡Oh! ¡Ya sé! ¡Él se hizo invisible!
Katniss jadea, y Peeta trata de atrapar algo en el aire.
—Él podría estar en la esquina— le sugiere ella.
Peeta pasa sus manos a lo largo de la pared, moviéndolas alrededor del cuarto de baño hasta que Davey tira la toalla.
—¡Aquí estoy! — grita el pequeño sonriendo —¡Estuve bajo la toalla todo el tiempo, Papi!
—¡La toalla! — exclama Peeta, pegándose en la frente con una mano —¡Debí haberlo sabido!
Davey se ríe y corre hacía Katniss quién se agacha a su altura.
—¡Mami, estaba bajo la toalla y papi me estuvo buscando por siempre, pero yo estaba bajo la toalla todo el tiempo! — él la abraza por el cuello con sus bracitos mojados, y ella lo levanta —¡Él nunca jamás me hubiera encontrado!
—Papi es un tonto— le dice Katniss, pasando sus dedos por los rizos de su hijo.
Davey asiente —Sí. Y yo soy muy bueno escondiéndome también.
—Claro que sí — afirma ella. Y voltea a ver a Peeta, quién le sonríe de vuelta.
—Mami mira — Davey le pone sus deditos frente a su cara — ¡Mira mis dedos están todos arrugados! ¡Mira!
Ella está en el Capitolio para los Octogésimos Segundos Juegos cuando Snow le da otro año para tener otro hijo.
Él le dice que piensa que a Panem le encantaría ver a los Mellarks con una hija.
Ella aprieta sus dientes, recordándose lo poco que él ha interferido en su vida últimamente. Que fácil la tiene, y hará lo que sea necesario para mantener a su familia a salvo. Él no ha tocado a nadie de los que ella ama, aún, y no le dará razones para hacerlo. Pero se siente enferma del estómago al pensar que siempre será así.
Él siempre va a controlarla, siempre va a usarla.
Ella escucha de Chaff que hay una revuelta en el Distrito Once.
No fue un movimiento grande y calculado. Pero había un Sinsajo dibujado en una pared del pueblo, y el caos estalló. Diecisiete personas fueron fusiladas, y el Distrito Once está bajo toque de queda hasta que los Agentes de Paz se hayan asegurado que la persona que lo dibujó haya sido castigada.
Ella quiere regresar con Snow, preguntarle para que quiere que tenga otro bebé, pero no lo hace.
Pero espera que el bebé sea otro niño. Es lo mejor que puede hacer para negarle algo a él.
—¿Ya decidiste a quién le vas a pedir que elija el nombre de este bebé? — le preguntó Peeta.
—Tú — le dice ella —Tú elígelo.
Debió saber que él escogería un nombre de una flor si era niña, y es una niña. Pennycress Mellark.
Los niños rodean la cama para verla.
—Es rosa — dice Ash.
—Está toda arrugada — dice Davey tocándole el pie.
Ella es una cosita rosa y arrugada, pero Katniss pasa sus dedos delicadamente sobre el cabello oscuro de su cabecita, y su pecho se contrae al pensar que ella no soportaría que algo le pasara a esta pequeña niña, o a sus niños o a Peeta.
Ella no podría sobrevivir a la pérdida, no podría sobrevivir sin la cosita rosa y arrugada que tiene entre los brazos.
Pero va a pasar, ¿no es así?
Eventualmente, al menos uno de ellos será cosechado.
Eso en el mejor de los casos. Si tiene suerte, solo será uno. Uno muerto y a sus hermanos les permitirían vivir, llorarlo. O ella. Pero Pennycress chupa el dedo de Davey y Ash le dice a Peeta que él quisiera que el bebé fuera un perrito, y Katniss sabe que no importa cuánta suerte tenga: ella va a morir junto con el hijo que Snow le quite.
Las cámaras llegaron a su puerta al mes, e invaden su casa por seis días.
Es muy difícil para Katniss mantener su rostro contento y complacido. Las mujeres con las cámaras quieren verla en su jardín, en la cocina, quieren observarla mientras arma un rompecabezas con Madge, quieren verla mientras amamanta a Pennycress, pero en éste último punto Katniss no da su brazo a torcer y no lo permite.
Pero es peor para los niños.
A ella no le está permitido esconderlos de las cámaras.
A Ash le gusta hablar, lo que significa que a él le alegra tener una audiencia que ponga atención a todo lo que dice. Pero él se siente incómodo con las preguntas que le hacen, jalándose nervioso su camisa cuando ellos quieren saber cuál era su tributo favorito los pasados Juegos.
—A él le gustaba Tabby — dice Katniss, metiéndose en el cuadro — La chica del Distrito Doce— ella sonríe — Él quería que Tabby ganara.
—Sí— El asiente inseguro — Ella era bonita — él sonríe — Como mi mamá.
Davey no es como su hermano. Él es como Katniss, y no sabe qué hacer frente a las cámaras. Él se jala el cabello nervioso ante las preguntas, buscando a Katniss con sus hermosos ojos grises, por una respuesta, presionando su rostro en la cadera de Peeta cuando una mujer chilla encantada ante lo tímido y dulce que es el niño.
Pero las cuatro escandalosas y ridículas mujeres se van por fin con sus cámaras.
Davey jala la blusa de Katniss.
—No me gusta hablar ante las cámaras Mamá— le dice.
—A mí tampoco— le contesta ella, pasándole la mano por sus rizos.
Pero los niños en la cena se muestran contentos, ruidosos, se ríen; sus dulces, dulces hijos, y se le forma un nudo en el estómago. Las cámaras se han ido por ahora, y es como Katniss debe aprender a vivir.
Peeta hace que el brócoli le cante al jamón en el plato en un esfuerzo por hacer que Davey se coma los vegetales, y Katniss sonríe. Eso jamás va a aparecer en las cámaras.
¿Qué les pareció el capítulo que hoy? Quién se iba a imaginar a Katniss con 3 hijos, siendo tan joven, y a pesar de que los haya tenido porque Snow se los pidió, los ama con todo su ser.
¿A poco no les encantó la escena del baño? cuando Davey se estaba escondiendo de su papá?
Muchas gracias por sus nuevos follows y añadir esta historia a sus favoritos, y comentarios.
En verdad agradeceré escriban sus comentarios, para que me animen a seguir subiendo esta historia, y posiblemente pueda subir el próximo cap. el sig el viernes.
