Disclaimer: Frozen no me pertenece.

Dedicación: Dedicado a Jacq por su cumpleaños ;) con amor y esperando que esto le deje bastante claro donde está mi proyección XD


Capítulo 8 – De rubí a platino y viceversa


No puedo creer que la esté esperando, ya han pasado una hora, no va a venir hoy, y eso rompe la regla de que Anna suele llegar temprano si la última vez que la viste no te sonrió.

Bueno, aunque la última vez que la vi sí me sonrió.

Estaba saliendo a toda prisa porque mi padre me esperaba afuera, cruce la puerta pero antes di una última mirada hacia atrás, pude ver a Anna mirándome y sonriéndome, pero era ese tipo de sonrisas… vacías o algo así.

Has estado muy rara desde que Enzo le puso la trampa, ya hace dos semanas de eso. Es como si hubiera caído en cuentas de algo y ahora ese algo la hace asistir a las clases desanimadamente, o por lo menos a las clases en la que puedo verla. Quizás en sus demás cosas está bien, es decir, saltando, sonriendo y preguntando cosas raras.

¿Quién sabe?

Espero que así sea y que Anna este bien. Que solo sea algo que pasa a estas horas, quizás por el cansancio… ¡No lo sé!

Ni idea de cómo opera una mente tan extraña como la que parece tener ella.

Suspiro e intento concentrarme en los ejercicios en la pizarra. No me gusta este asunto, últimamente me encuentro a mí misma pensando en… cosas, principalmente relacionadas con Anna.

En momento que nada tiene que ver con el instituto, de la nada, Anna aparece de relaciones que hago que ni siquiera el mejor detective podría descifrar el vínculo.

Definitivamente debo priorizar como pierdo el tiempo, Anna no es un pasatiempo muy productivo, solo es algo entretenido por lo… rara que es… emblemática si se lo quiere poner con palabras más bonitas

La profesora levantando la vista de su escritorio y mirando fijamente al marco de la puerta llama mi atención, se queda viendo algo o alguien del otro lado del salón, su boca cae unos cuantos centímetros.

-Je regrette le retard- dice una voz que ya conozco de hace meses, pero la persona que entra me desconcierta porque no lleva el pelo como si fuera fuego, sino de un rubio platinado muy parecido al mío.

La chica entra y se detiene justo en frente del salón, parece contemplar la cara de todos los que la miran. Todo el curso ha quedado en silencio y si no fuera por una pequeña risa nerviosa que sale de ella supongo que nadie hubiera salido del estado de piedra que nos encontramos.

Me toma varios segundos notar que, al igual que la profesora, yo también tengo la quijada caída… creo que todos la tenemos.

-Ammm aunque no lo parezca, sigo siendo su compañera- dice rascándose la cabeza, y los cabellos claros se mueven haciendo que mi boca caiga aún más- ya me conocen…

¡Es Anna! Definitivamente es ella ¡Pero con el pelo rubio casi blanco! ¡¿Qué se hizo?! … ¡¿Por qué?!

Siento a nuestros compañeros hablando entre ellos, pero no puedo entender que dicen, de alguna forma estoy desconcertada. Así sin más, sin previo aviso. El recuerdo de Anna en una de las tantas caminatas llega a mi mente, uno en el que dice que le gusta mi cabello, pero luego agrega que también le gusta el suyo… ¡¿Entonces por qué?!

Mi vista la sigue hasta que logra sentarse en su banco, la mirada de los demás también están en ella, puedo verla incomoda por recibir tanta atención, mira para todos lados y luego a mí, finalmente saca un libro y se cubre lo más que puede con él al abrirlo… hace como si lo leyera supongo, pero esta al revés.

continuer- llama la profesora, y se aclara la garganta, este sonido hace que pestañee y me doy cuenta que no lo hice desde que Anna entro.


Al terminar la clase, el grupo de Kristoff rodea a Anna, parecen hablarles sobre su nuevo look, una de las chicas toca sus cabellos, otra le da consejos de cómo cuidarlo ahora que está teñido.

Yo me dedico a contemplar las interacciones desde mi lugar, guardando mis cosas.

-Cuando sabes que la rarita te puede traer sorpresas, pero nunca sabes con cual será esta vez- dice Enzo también guardando sus cosas.

-¿Por qué crees que lo hizo?- pregunto sin apartar mi vista de donde se encuentra.

-¿Quién sabe? Realmente…

-Pues no le queda mal- comenta Rita y ambos la miramos extrañado- ¿Qué? Anna es linda, no me pueden decir que no, y no es como si se hubiera teñido de verde o algo así. Le queda bien.

-Le quedaba mejor su color- difiero empezando a caminar hacia la salida, ni siquiera volteo a verla cuando cruzo la puerta, me siento molesta, Enzo y Rita me siguen.

-¿Tú crees? Yo creo que así le resaltan más los ojos que tiene.

-¿Estas bromeando?- le pregunto totalmente confundida- su pelo rojizo hacia que sus ojos fueran como dos faroles verdes, resaltaban tantos que te mareabas si lo veías por mucho tiempo ¿Qué tiene de interesante el nuevo color?

-Pues… se parece mucho al tuyo, tú dinos.

-¡Nada! No tiene nada de interesante, mi color de cabello es aburrido. No tiene nada que ver con el de Anna.

-¿Qué?

-Que me gustaba más Anna con su color natural, es más de ella ¿Por qué se tuvo que teñir?

-Quizás a ella le gustaba más otro color que el suyo, ya te lo dije, le queda bien.

-No le queda bien.

-Tranquila, a ti quizás no te guste ese color, pero si a ella sí, es dueña, yo igual creo que le queda bien, pero es mi humilde opinión, "señorita yo decido el color de cabello de las personas a mi alrededor"

-No es eso, estoy siendo objetiva, a las personas le quedan mejor su color natural que cualquier otro que consigan por medio de tinturas y… esas cosas que lastiman al cabello.

¿Por qué estoy discutiendo tan tercamente esto? Rita tiene razón ¿A mí que me interesa el color de cabello de Anna?

Ahí voy de nuevo, perdiendo mi tiempo en estos pensamientos.


-Solo son unos papeles que debo recoger y nos iremos a casa- me dice mi padre apresurándose a bajar del auto- espérame aquí.

Yo asiento sin prestarle mucha atención y apoyo mi codo en el posa manos, mirando por la ventana.

Esta frio afuera, lo sé por cómo se empaña el vidrio al largar un suspiro… últimamente suspiro mucho. Y nunca es porque algo me haga feliz o estar pensando en cosas bonitas, no, suspiro cuando no entiendo algo y ¡últimamente suspiro mucho!

-Listo- Anuncia mi padre al tiempo que entra y se sienta detrás del volante.

Me sorprende la velocidad con la que fue y vino, juraría que fueron segundos, pero es imposible, el suele trabajar en el tercer piso. Genial ahora estoy perdiendo la percepción del tiempo.

-El guardia tenia los papeles, que suerte, esas escaleras siempre llevan un buen tiempo en subirse, y sabes cómo odio los ascensores.

Qué alivio, era eso. Lo único que me falta es pensar en cómo Anna poco a poco me quita la cordura.

El auto arranca y pongo nuevamente atención en lo que me brinda la ventana. Puedo ver a varias personas caminando, viendo vidrieras, abrigadas… es tan extraño, me siento rara contemplándolas.

-Has estado muy extraña todo el fin de semana.

-¿Eh?- pregunto no entendiendo bien lo que escuche, mirando a mi padre que mantiene la vista en frente.

-Desde el viernes que has estado algo extraña, no quisiste cenar, y Laura había preparado fideos caseros, esos que amas que te hagan.

-Comí al día siguiente,

-Sí, lo hiciste, pero solo el plato a medias, estabas más concentrada en revolverlo, y no hablaste nada tampoco, hoy igual así que… vamos, dime ¿Qué pasa?

-Nada, supongo que solo estoy cansada.

Me he dado cuenta que digo eso mucho últimamente "Solo estoy cansada"

-¿De verdad? ¿No hay nada de lo que quieras hablar?

Sí, sí que quiero hablar de algo, quiero hablar de mi compañera que se tiño el pelo de un rubio platinado ridículamente parecido al mío. Quiero hablar de eso, y quiero hablar de eso hasta el hartazgo, hasta que sienta que es suficiente. Quiero hablar de lo extraña que es Anna y de cómo se ha vuelto mi puzzle favorito en los momentos de silencio de mi mente. Quiero hablar de eso porque maldición ¡Como pica!

Y no tengo nadie con quien hablar de esto ¡Porque no tengo a nadie que quiera hablar de esto! ¡Yo tampoco debería querer! ¡Pero siento que no me he "rascado" este asunto por siglos!

-Vaya… parece importante- dice él deteniéndose en un semáforo y mirándome de reojo.

-¿Qué?

-Que de repente pareces acomplejada, inclusive has puesto esa cara que pones desde que eras una nenita cuando no le veías el sentido a algo- dice y pone una sonrisa- solías preguntar todo el día hasta que se te aclaraba la duda. Recuerdo cuando no entendías de donde nacían los bebes.

-Papá…

-Aún recuerdo cuando nos sentamos con tu madre y con el conde y su esposa a cenar. Llegaste a la par de ella y le anunciaste que tenías que tener una conversación seria. Tu madre y yo reímos porque solo tenías 5 años. Estabas tan seria y rechazaste subirte en mi regazo porque dijiste que era importante. Te preguntamos que era y tu poniéndote firme y decidida dijiste "Quiero que hablemos sobre sexo"

Roleo los ojos porque recuerdo eso. Recuerdo el mutismo de las personas allí por varios segundos y luego todos echaron a reír, uno de los recuerdos más vergonzosos. No conseguí lo que quería después de todo, aunque mi madre me dijo que estaba cerca de la respuesta de los bebes, me pidió que siguiera investigando cuando tenga más edad.

-Ya…- digo porque mi padre aún se sigue riendo de eso.

-De acuerdo, de acuerdo- cede mientras pone en movimiento el auto de nuevo, aun sonríe mucho- pero vamos, dime ¿Qué es ahora?

-No es nada.

-Vamos Elsa, te conozco, si algo te molesta, quizás pueda ayudarte. O quizás tu madre, puedes llamarla.

No voy a llamar a mi madre para preguntarle él porque del cambio de look de Anna.

-No es tan importante.

-¡Aja! Entonces sí hay algo.

Suspiro de nuevo, definitivamente de agotamiento… está bien.

-Tu ganas- anuncio y en mi cabeza comienzo a pensar la forma mejor de decirlo- ammm hay una chica… en el instituto de francés…

-¿La embarazaste?

-¡¿Qué?! ¡No!

La idea me hizo sentarme torpemente hacia adelante y el cinturón jala de mí con brusquedad. Mi padre se echa a reír con ganas.

-Bueno, por lo menos no me tengo que preocupar de que me llamen abuelo.

-¿Sabes qué? Ya no te voy a contar nada.

-Vamos, Elsa, solo bromeaba- dice él aun juguetonamente- sabes que me encantaría ser abuelo.

-Ya, déjalo.

-Está bien, está bien. Hay una chica en tu instituto de francés, ajam, continua.

-Bueno… ella es nueva.

-Hay una nueva chica en tu instituto de francés.

-No, bueno, no es nueva nueva, ya lleva varios meses con nosotros.

-Ok… ¿Cuál es el problema?

-No hay un problema, creo… es solo que… no lo sé, ella es muy… ammm especial.

-¿Ah sí?

-Es una chica bastante peculiar y suele salir con cosas extrañas y un cambio de humor muy drástico, comúnmente es muy alegre y curiosa, pero en otros momentos parece tan desanimada y al día siguiente es un "¡Hey Elsa! ¡¿Qué opinas de la nieve en verano?!"- digo lo último intentando imitar su entusiasmo pero no me sale, ese tipo de entusiasmo es realmente difícil de imitar.

-Ya veo, esta chica es alguien atípico en tu "normalidad"

-No, no, no solo en "mi normalidad" yo creo que es en la normalidad de todo el mundo.

-No creo que eso sea cierto. Seguramente para esta chica tú eres lo atípico y lo normal para ella sean las personas "peculiares"

Eso… eso no lo había pensado, pero la imagen de un mundo lleno de Annas me parece bastante descabellado.

-¿Esta chica tiene nombre?

-Anna.

-Es un bonito nombre.

-A mí no me gustaba, pensaba que era un nombre muy común, muchas chicas se llaman Anna.

-Que muchas chicas lo tengan no le quita lo bonito.

-Supongo, ahora me ha comenzado a gustar más ese nombre…- digo más para mí misma, porque creo que es verdad, es un nombre lindo después de todo.

-Bien ¿Y cuál es el problema que tú tienes con Anna y sus peculiaridades?

-Nada, es solo que no la entiendo. Anna solía tener un hermoso color de cabello rojizo… y el viernes cayó teñida de rubio platinado, muy parecido al mío. No le queda bien- digo lo último y me cruzo de brazos.

-Bueno, que no te guste a ti no significa que le queda mal.

-Créeme papá, no le queda bien.

-Mmm ¿Qué opina ella?

-No lo sé, supongo que le gusta ¿Verdad? Si no ¿Por qué otra razón se hubiera teñido?

-Bueno, si a ella le gusta es lo único que importa.

-Yo se…- contesto volviendo a mirar por la ventana, ya sé que esa es la respuesta obvia y la más razonable de todas pero…- es que es… molesto ¿sabes?

-¿Por qué debería serlo?

-Eso es lo más molesto de todo, no sé porque me molesta tanto. Quizás porque es el mismo color que el mío.

-¿Crees que tu tengas importante que ver con su decisión?

-¡No!... bueno… no lo sé ¿Tengo algo que ver?

-Pregúntale.

-¡¿Cómo se pregunta algo así?! "Hola, Anna, ¿Cómo estás? ¿Por esas casualidad no te teñiste el cabello por mí?"

-No, simplemente te acercas, la saludas, y le dices "¿Por qué te teñiste el cabello?" si ella dice tu nombre en alguna parte de su respuesta entonces tienes algo que ver… de lo contrario pues… no.

Este tipo es un genio… o yo me he vuelto muy idiota.


Ni siquiera entro al curso luego de fijarme que Anna todavía no ha llegado, tengo esperanzas de que llegue esta vez temprano, así que la espero en uno de los bancos afuera del aula, en el pasillo.

La estoy esperando… de nuevo.

Ok, lo admito, he enloquecido.

Toco mi frente y suspiro de nuevo, una frase de un libro llega a mi mente

"Cuando el misterio es demasiado grande es imposible desobedecer"

Es aliviante de algún modo. Saber que no soy la única persona que no ignora algo que le quita el sueño solo porque se hizo muy grande.

Anna se hizo muy grande, lo normal para mi es estar siguiendo o buscando las pistas para resolverla… quizás de ese modo se haga pequeña de nuevo… espero.

-Llegas bastante temprano.

La voz de Rita hace que mi mirada se levante

-Sí, me desocupe temprano de mis clases en la universidad- explico sin interés.

-Y porque no entras, el aula seguramente está más cálida que aquí en los pasillos.

-Me gusta más el frio, ya sabes.

-Ciertamente.

Rita comienza a hablar sobre algo de sus clases, pero no la escucho realmente ya que visualizo a Anna entrando al final del pasillo, viene hablando con Kristoff. Lleva un gorro de invierno donde está escondiendo lo que más puede de su cabello.

-Hola- nos saluda cuando ya llega al lado de nuestro banco, Kristoff también y Rita se lo devuelve, yo solo tengo mi atención en el gorro.

-¿Qué gracia tiene tener un nuevo color si lo vas a estar ocultando?- pregunta con simpática Rita y Anna asiente, le habla algo sobre qué le parece raro verse en las vidrieras pero termina quitándoselo.

El cabello rubio cae por sus hombros y yo lo analizo de nuevo.

Ahora puedo notar que no es solo diferente el color que lleva, si no también como lo lleva, está muy descuidado, muy diferente a lo lindo que era antes. Las ondas y marcas en el deja ver que lo ha estado escondiendo o atando con recelo.

Ellos tres siguen hablando mientras la pregunta siguiente en mi cabeza es lo que más reina "¿Por qué alguien cubriría tanto su cabello al punto de descuidarlo?"

La respuesta es fácil y eso hace que cambie mi pregunta de "¿Por qué te has teñido el cabello? A…

-A ti no te gusta ese color ¿verdad?- digo convencida y ellos dejan de hablar.

-Ammm si me gusta- contesta vagamente.

-Claro, pero no te gusta en ti ¿verdad?- insisto poniéndome de pie, ella no contesta- has estado escondiendo tu cabello porque no te agrada como queda- resuelvo y Anna comienza a ponerse la gorra de nuevo- eso no lo va a resolver, si no te gusta entonces cámbialo, vuelve al rojizo que tenías antes, ese te gustaba. Me dijiste que te gustaba tu cabello tal y cual era.

-Sí, bueno, si me gustaba mi color natural es solo que…

-Te gustaba tu color más que el que tienes ahora ¿verdad?- pregunto pero no me contesta, mira hacia el aula- te arrepientes de haberte teñido ¿No es así?

-No, no me arrepiento… tanto, es solo que…

-Si no te gusta, cámbialo- sentencio.

-No es tan fácil- reniega y puedo ver que se está enfadando.

-Sí, si lo es- término y la tomo de la muñeca- vamos.

-¿Qué? ¿A dónde?- me pregunta mientras la jalo para que camine conmigo.

-A cambiar este terrible error que cometiste.


Loca dije ¡Loca!

-¿Qué hago aquí?- murmuro preguntándole a mi reflejo proyectado en el enorme espejo de salón a unos metros en frente mío, puedo verme sentada en un enorme sofá celeste, cruzando las piernas y con una revista de moda en mis manos.

Traje a Anna a mi estilista, y luego de una pequeña plática con ella en la que realmente no le deje hablar, le dije a mi estilista que esta chica quería volver a su color habitual y que lo hiciera.

Me volví loca, de verdad.

Se supone que solo tenía que preguntarle porque se había teñido, no acusarla de que había hecho algo de lo que se arrepentía y que debía cambiarlo ¡No solo eso! Empujarla a que lo cambie…

El único consuelo que me queda de todo esto es que parecía estar de acuerdo con mi decisión… a medias, no se opuso casi nada… esa es una buena señal ¿verdad?

Por Dios, ni siquiera es mi amiga. No es como si esto hubiera sido una charla de amigas en la que una convencía a la otra de teñirse y al acompañaba a hacerlo.

Alguien aclarándose la garganta hace que deje de contemplarme, mi estilista, un hombre de unos 30 años amante de las camisas polos, me pide que lo acompañe a su mostrador.

-Como siempre hice lo que la damita me pidió- me dice anotando unas cosas en su libreta- y como siempre, supondrás que el resultado es perfecto.

-Claro, Sebastián, tu siempre has hecho maravillas- agrego con simpatía, él sonríe satisfecho- esto sonara algo extraño, pero en realidad no tenía planeado esta… sesión.

-Ni me lo nombres, tuviste suerte de que me encontraba con unas horas libres.

-Sí, suerte que me atendiste, a mi amiga, digo- me corrijo, ahora es mi amiga, no es como que voy a decir que traje a una recién conocida a cambiarle el color de pelo- el punto es que no traje dinero suficiente conmigo.

-Descuida corazón, lo agrego a tu cuenta y me lo pagas cuando regreses.

-Eso sería perfecto, gracias.

-De nada, a decir verdad tú amiga tiene un hermoso cabello, que las apariencias no te engañe, quizás lo descuidó un poco estos días, pero se nota que le tenía cariño. Es una pena, la tintura puede llegar a arruinar un poco el cabello, pero si lo cuida bien no tendrá problemas.

-Sí…. Bueno…- ¿Qué se supone que diga? No sé qué tanto Anna cuida su cabello.

-Yo no tengo como pagarte ahora, pero si me esperas hasta mañana puedo acercarme.

Esa es la voz de Anna, con un tímido tono, pero es la de Anna. Me giro justo al tiempo que se reúne con nosotros en el mostrador.

Suspiro y esta vez es de alivio, lleva el mismo tono rojizo con el que la conocí. Juro que tengo unas ganas imperiosas de abrazarla.

-¿Qué? ¿No me quedo bien?- pregunta tocándose una de las puntas y analizándola con cuida.

-No, te quedo perfecto, muy muy bonita, ¡bonito! Quiero decir, te queda muy bonito así- termino con una sonrisa y me acerco para tocar un poco su cabello que está totalmente liso y suelto, brilla mucho.

-Yo solo hago trabajos perfectos- agrega nuestro estilista- pero el haber tenido dos veces el cabello en tan poco tiempo es realmente un golpe duro para tu cabellera, casi un suicidio, uso algunos productos, los mejores para restaurar parte del daño, aun así te recomiendo que vengas a hacer un baño de queratina en esta semana y usos los siguientes productos que te recetare- dice escribiendo en su libreta.

-Claro… te pagare lo más pronto que pueda y…

-No te tienes que preocupar por eso- la interrumpo- no es tan caro, yo me encargare- digo y miro a Sebastián, este me da una mirada que claramente significa que si es muy caro lo que hice… lo que le hice hacer.

-No hace falta, yo tengo dinero… solo que no aquí, ahora, conmigo. Pero definitivamente puedo pagarlo, mañana me acercare ¿Si?

Sebastián me mira a mí, entiendo su confusión ya que dije que lo agregara a mi cuenta y ahora Anna dice que lo va a pagar ella.

-De momento ponlo en mi cuenta Sebastián, te pagare la próxima vez que venga.

-Pero…

-Y si tanto insistes en pagarlo tú, me puedes dar el dinero a mi cuando nos veamos en el instituto y asunto arreglado- finalizó y ella parece pensarlo, termina asintiendo.

-Bien- aplaude él- ahora niñas, la verdad es que debo cerrar, ya es muy tarde.

-Claro.

Tiene razón, las clases de francés son por la noche, y esto tomo un par de horas, estaríamos hablando de que es la hora cuando salimos de clases ¡Mi padre!

Saco mi celular y marco. Él quedo en irme a buscar a la salida y yo estoy bastante lejos de allí.

Me despido de Sebastián mientras me encamino hacia afuera con el celular en la mano

-¿Papá? ¿Ya estás en el instituto?... qué bueno… no, no, mejor no me vayas a buscar, regresare por mi cuenta… si… si… claro- hablo por el móvil, buscando a Anna con la mirada la encuentro contemplando su reflejo en una vidriera, sonríe- sí, sí… nos vemos en casa… yo también, adiós.

Me acerco a Anna por detrás hasta que ella me ve en el reflejo también y me sonríe.

-¿Mejor así?- pregunto y ella asiente entusiásticamente.

-Mucho mejor… gracias.

Toca su cabello en la zona derecha, un mechón en particular.

-Se le paso teñirte esta parte- digo admirando que el mecho es platinado.

-No, yo le pedí que lo dejara así.

-¿Ah sí?

-Sí, quería una parte que me recordara cada vez que lo viera lo que hice- dice y se ríe.

No la entiendo, pero es un alivio saber que está contenta con volver a su color habitual y que yo no forcé algo que la haga infeliz. No sé qué me paso, y me parece muy incómodo decir un "Lamento mi comportamiento" porque aun lo estoy analizando… y no sé qué tanto lo lamento en realidad.

-¿Por qué lo hiciste?- pregunto recordando que aún no disipo esa duda, ella me mira algo confundida- ¿Teñirte? ¿Por qué de repente ese cambio tan drástico?

-Ah… eso… no sé cómo explicarlo- me dice y vuelve a ver su reflejo y queda varios segundo en silencio- me encantan esos gatitos que mueven la mano.

Sigo su mirada a tras del vidrio y veo que adentro hay una gato dorado gordo, esos adornos que dicen traen la buena suerte, mueve su para arriba y abajo.

Desvió mi vista a la calle, nuevamente esa sensación tan rara de ver a las personas haciendo sus cosas y yo estarme perdiendo de algo.

-¿Anna?

-¿Mmm?- exclama volviendo a verme con una sonrisa, esperando que siga.

-Esta algo fresco ¿No crees?

-Sí, un poco, es la época del año, supongo- dice animada abrazándose a ella misma.

-Sí, bueno… ¿Quieres ir a tomar algo caliente?

La pregunta la hace abrir y pestañear notoriamente sus parpados, parece que dije algo extraordinario o algo así. Vamos no es tan sorprendente.

Acabo de hacer que se tiña de nuevo el cabello y faltáramos a clases ambas, hace frio y todavía no es tan tarde como para regresar a casa.

Tenemos algo de tiempo… podríamos hablar como solemos hacerlo cuando caminamos de regreso, solo que esta vez hablaríamos sentadas con un buen chocolate caliente… no es un mal plan… tampoco tan sorprendente… ¿Por qué no me contesta?

-Bueno, si tienes tiempo, si tienes algo que hacer entonces no importa y…

-No, no, no- me interrumpe agitando su mano y meneando la cabeza- no es eso, es solo que es raro viniendo de ti.

-No es tan raro…

-Tienes razón, es más que eso ¡Es rarísimo!

-Bien, si no quieres entiendo.

-No dije eso- contesta riéndose, no le veo la gracia- ¿Qué quieres tomar?

-Se me antoja… mmm… chocolate.

-¡Chocolate!- dice y toma mi brazo para empezar a caminar- a mi también.


Nota del autor


Noooo, tuve que cortar el cap en dos porque se me hizo largo, la segunda parte pronto :P

Review? :)