Cap. 5


Ella observa las pantallas de forma obsesiva, esperando que todo se vaya al desastre.

Excepto que no pasa nada.

Posy corre y se esconde. Sobrevive, hace aliados. Los tributos del Distrito Cuatro la ayudan. Ellos son amigos de Finnick, y saben lo que va a pasar, y ellos se unen a los tributos del Tres. La escolta del Distrito Tres apoya a la rebelión, y fue capaz de arreglar la Cosecha para seleccionar los tributos. Beete los entrenó, confió en ellos, y les dijo que hacer en la Arena.

Ellos son niños, pero son capaces de llevarlo a cabo.

Los rayos caen sobre el árbol, y la revolución ha iniciado.

El plan es que los rebeldes bajo las órdenes de Heavensbee piloteen tres aerodeslizadores: uno irá a la Arena a rescatar a los tributos, otro se va a dirigir al Distrito Dos para bombardear las fábricas más importantes de municiones, y el último va a dirigirse al Distrito Cuatro para recoger a Annie antes de que el Capitolio lo haga.

Katniss y Peeta están en el aerodeslizador que se dirige a la Arena.

Ella tiene a Posy entre sus brazos apenas la chica es subida al aerodeslizador. Su brazo a comenzado a sangrar profusamente de dónde sacaron el rastreador, pero Cecelia lo venda, Effie le da agua, y Katniss le explica que van camino al Distrito Trece. Con su familia. Ellos fueron capaces de rescatar a los tributos del Distrito Tres junto con Posy, el chico del Cuatro, los tributos del Cinco, la chica del Once también, antes de que el Capitolio los obligara a volar la Arena.

Ellos son los primeros en arribar seguros al Trece.

Katniss toma la mano de Peeta cuando se bajan de la aeronave.

Pero ahí se encuentran Prim con Rory, y Gale le grita a Posy, y Katniss jadea aliviada: ahí se encuentra Ash, corriendo hacia Katniss con Davey pisándole los talones, y Pennycress tras ellos. Katniss se pone de rodillas para recibir a sus niños quienes se cuelgan de su cuello, y ella los llena de besos. Sus chicos. Vivos, en sus brazos. Sus dulces, preciosos y perfectos niños. Ella se levanta para robar a Penny de los brazos de Peeta. Su bebé. Haymitch está atrás de los niños abrazando a Effie, después jala a Katniss en un abrazo haciendo que Penny se ría quedando atrapada entre ellos.

—Me alegra que lo hayas logrado, preciosa —él le dice y le da un beso en la frente.

No parece real que todo haya funcionado, que ellos hayan sobrevivido, que hayan logrado llegar al Trece.

A Peeta se le corta la respiración, y Katniss sigue su mirada hacia donde Bannock se encuentra parado en el elevador. Su esposa está con él; ella abraza a Katniss de forma insegura mientras Bannock abraza a Peeta. Katniss regresa el abrazo con afecto a esta mujer. Mary le sonríe a Katniss cuando se separan, pero ella tiene esa mirada que hace que Katniss se paralice.

Y es cuando Bannock les explica.

Los padres de Peeta no lo lograron. Tampoco Rye y su esposa.

Pennycress se siente pesada en sus brazos, y Katniss es forzada a ver quiénes no fueron a recibirla: su madre, Vick, la señora Hawthorne. ¿Ellos lo lograron? Ella siente su corazón en la garganta, y ella se gira buscando a Madge. Ella no está ahí y Katniss trata de decirse que eso no significa nada. Pero ¿por qué Madge no vendría junto a los otros para ver si Katniss llegó a salvo?

El aerodeslizador del Distrito Cuatro llega, y ahí está Finnick. Él sobrevivió, y Annie está con él.

Y hay una niña a su lado.

Ella es pequeña, delgada, se esconde tímidamente atrás de Annie cuando las personas la ven. Le toma un momento a Katniss entender, y ella parpadea sin decir nada viendo a Finnick.

—Nell — dice él — Mi hija.

Él tiene los ojos brillantes, y son del mismo tono de verde de los de su hija, con su hermoso rostro bronceado y lleno de pecas.

—¿Cómo pudiste mantenerla en secreto? — pregunta Peeta, boquiabierto.

Finnick les sonríe, pero no tiene oportunidad de explicar nada ante el arribo del aerodeslizador que bombardeó el Distrito Dos, haciendo mucho ruido. Johanna salé de él, y ella abraza a Finnick mientras Prim va hacia Katniss y la abraza. Penny se inquieta y Prim se ríe cuando Penny le empuja la cara tratando de alejarla. Ella se hace para atrás le hace cosquillas en el pie a su sobrina mientras mantiene a Katniss abrazada por los hombros, cerca de ella, viva.

Katniss comienza a preguntar por Madge.

Pero ahora que todos llegaron, los soldados del Trece están impacientes por interrogar a todos, y Katniss y Peeta son llevados a través de los angostos pasillos para conocer a la Presidenta Coin. Su euforia se desvanece. Como siempre ha pasado y siempre pasará.

Ellos rescataron a Posy de los Juegos, y ellos lograron llegar al Trece.

Peeta está con ella, y sus hijos están a salvo.

Esto es lo que ellos querían, pero Katniss observa a Coin y sabe que lo peor está por venir.


Los niños se suben a la cama con ellos esa noche. Davey abraza a Katniss por la cintura mientras Pennycress se pega al pecho de Peeta y Ash se acomoda entre ellos, sosteniendo la mano de su mamá que descansa sobre la cintura de Davey. Su mano se suelta cuando se duerme, permitiéndole a ella peinar su cabello distraídamente hasta que Peeta la agarra de la muñeca y su pulgar dibuja pequeños círculos en su palma.

No es capaz de verlo en la oscuridad, pero no importa.

Él sigue trazando figuras en su piel, y ella no sabe identificar ese sentimiento que le oprime el pecho. Pero eso la hace querer llorar en una forma extraña y necesitada; cierra sus ojos, y el mundo se encoje dentro de los círculos que él dibuja en su palma, haciendo que ella se pegue más a Davey. El movimiento hace que el niño se mueva en su sueño, y se entierre más en sus brazos con un suspiro.

Ella conoce el sentimiento que siente ahora. Amor por este niño, su bebé. Su dulce, dulce bebé.

Penny eructa dormida, y hace que Katniss sonría.

Nada va a pasarles. A sus chicos y su hermanita. A sus bebés, a su padre. A ella no le importa la guerra o el Trece. Quiere mantenerlos en esa cama junto a ella por siempre.


En la mañana, Katniss sabe por Prim que su madre no está muerta. Y tampoco Madge.

Las dos están en el hospital del Trece.

Su mamá está trabajando, aunque ella abraza a Katniss cuando la ve. Pero no es su madre quién preocupa a Katniss. Sus ojos buscan a Madge inmediatamente, recostada en una cama dándole la espalda a Katniss. Prim dice que Madge trató de salvar a sus padres, pero no fue capaz de convencer a su madre de dejar la cama, y su padre se negó a dejar a su madre. Madge hubiera muerto con ellos, pero Gale la arrastró con él hasta ponerla a salvo mientras la casa colapsaba a su alrededor.

De acuerdo con Prim, ella se lastimó antes de que ellos llegaran a la puerta.

El vidrió de una ventana explotó con el calor, y Gale fue incapaz de protegerla completamente: recibió un golpe en la frente, se cortó la mejilla y se lastimó severamente los ojos, perdiendo la vista en uno de ellos.

—Madge — dice Katniss, meciéndose sobre sus pies ansiosa.

Madge se voltea hacia Katniss.

—Lo lograste— dice ella y comienza a sonreír. Pero sus palabras son vacilantes. Como si hubiera una pregunta a la que temiera conocer la respuesta.

—Peeta también — dice Katniss, moviéndose para sentarse en la orilla de la cama. — Rescatamos a Posy.

Madge asiente. Su cara está vendada y sus ojos están cubiertos. Esta tranquilo y Katniss se siente incómoda con el silencio.

—Siento mucho lo de tus padres.

—Yo también — dice Madge.

De nuevo están en silencio.

Su barbilla comienza a temblar y Katniss le toma la mano, y la aprieta mientras su rostro se llena de lágrimas. No sabe que decir o que hacer, pero Madge se aferra a su mano murmurando que lo siente, y Katniss no sabe por qué.

—Está bien —dice Katniss — Madge, Madge — Ella abraza a Madge y siente que sus ojos se llenan e lágrimas mientras Madge solloza.

—Mi madre — jadea Madge y Katniss la sostiene más cerca y fuerte.

Ella quiere decirle a Madge que no perdió completamente a su familia. No realmente. Ella no perdió a Katniss, y Katniss es su familia. Pero no sabe cómo decirle eso, y no había visto a Madge así, solo la había conocido fuerte, centrada y valiente.

—Lo siento— susurra Katniss, y Madge llora.

Pero no pasa mucho antes de que ella se calme y se aleje de Katniss.

—Me da mucho gusto saber que estás bien — le dice, tratando de sonreír. —Peeta también. No sé lo que haría sin ustedes.

Katniss toma su mano.

—Puedo preguntarte… ¿qué pasó con Gale? — ella tiene que preguntar.

Madge asiente

—Él vino a buscarme cuando no me vio en la cabaña — le dice —Fue estúpido lo sé, pero no podía dejar a mis padres. Pero él no me escuchó. Él se metió y me cargó y me arrastró hasta afuera. Él me salvo— sus palabras son apenas un susurro.

Y Katniss sabe en ese momento que hay muchas cosas de la relación de Madge y Gale que no sabe.

—Me alegra— dice Katniss —Que él te haya encontrado, y te haya sacado de ahí y salvado. Me alegra— ella sonríe y aprieta la mano de Madge, y Madge también sonríe.

—Gale y yo…—Madge titubea como insegura de lo que va a decir—Me convertí en su amante, nos veíamos a escondidas, no sé ni cómo pasó todo…— le suelta Madge de pronto, hablando de prisa y le aprieta la mano —Quise decírtelo muchas veces, pero…pero me daba pena lo que pudieras pensar de mí.

—Yo no soy nadie para juzgarte Madge, eres como una hermana para mí y lo más importante es que estás a salvo y estás aquí conmigo — le dice Katniss

—Gracias


Los rebeldes quieren que Katniss sea el símbolo que inspire al país, y ella trata de hacer lo que le piden. Excepto que no es una actriz, y sus esfuerzos para inspirar fracasan. Peeta es mejor, pero Plutarch insiste en que no tiene el mismo impacto cuando viene de él, a como lo haría si fuera de Katniss.

Ella lo intenta, lee los guiones que le dan.

Todo le sale poco natural y ella no sabe cómo hacerle.

Pero cuando ella es llevada al hospital en el Distrito Ocho, se olvida de la cámara. No se espera que ella siga un guion, o pose para las cámaras.

Ella se une a la pelea, y las palabras fluyen de forma natural. El fuego se esparce. El fuego se esparce y si nosotros ardemos, tú arderás con nosotros. Ella es el Sinsajo, inspirando a Panem para unirse a ella en la revuelta contra el Capitolio, y Plutarch está encantado.


Katniss no había creído posible que una persona fuera tan feliz en el Trece como lo era Finnick. Pero ahora que su familia está a salvo del Capitolio, parece que él camina sobre el aire, y sonríe fácilmente, constantemente, es real. Su hija está a su lado todo el tiempo y se ve claramente que él la adora.

Es imposible no adorarla.

Ella es dulce, platicadora, y parece que siempre tiene pequeños raspones en sus piernitas, rodillas, brazos y codos; ella se los muestra con orgullo a Katniss, e inventa historias para explicarlas: un dragón al que ella despertó por accidente, o piratas que la persiguieron hasta que a ella le crecieron alas y escapó.

—¡No sabía que tuvieras alas! — exclama Katniss y Nell se ríe y da vueltas en círculos.

Finnick sonríe, y él la carga de pronto y la eleva en el aire mientras la niña mueve los brazos como si tuviera alas.

Pero Nell no está con Finnick cuando él explica a las cámaras que fue vendido en el Capitolio.

Por primera vez desde que arribó al Trece, él no sonríe. Él habla suavemente, con voz firme, describiendo todo lo que le hicieron, cómo lo controlaba Snow, y él comparte los secretos de Snow, incluyendo que el presidente se envenenaba a sí mismo en orden de envenenar a sus enemigos.

Sus secretos no son noticia para Katniss, pero él habla tranquilamente, tan calmado, y eso la deja triste, y enojada también; su furia aumenta cuando Johanna explica que Snow mató a su familia, y Wiress describe la forma en que su hermano fue asesinado y que Snow la obligó a hacerse un aborto. Su furia crece hasta que la quema con odio, ella sabe por qué Plutarch los hizo que hablaran frente a las cámaras.

Pero duda cuando Plutarch le señala que tome asiento.

Ella no tiene una historia para compartir que le recuerde a Panem la clase de monstro que es Snow. Ellos conocen su historia; ellos la vieron en televisión. Excepto que no es de los Juegos de lo que Plutarch quiere que hable. Él quiere que cuente la forma en la que Snow la amenazó tras los Juegos, la forma en la que él trató de controlarla. Cómo él la forzó a casarse con Peeta y a tener hijos.

—¿No fue eso lo que pasó? — pregunta Plutarch.

—No— dice ella, negando con la cabeza —Él amenazó con matar a mi familia a menos que yo hiciera lo que él me pidiera, sí— ella dice — pero eso no fue cómo… — ella flaquea. Sus ojos giran hacia donde está sentado Finnick con Johanna, Haymitch y Wiress.

Quiere decir que lo que le pasó no fue cómo lo que les pasó a los otros. Ella no fue violada ni prostituida. Su familia no fue herida. Pero las palabras se le atoran en la garganta.

—Yo estaba bajo la impresión de que Snow te dijo que te casaras con Peeta — le dice Plutarch, frunciendo el ceño, y él voltea a ver a Peeta. Pero Peeta se queda callado; de hecho, todos lo están, esperando la respuesta de Katniss.

—Él lo hizo— dice Katniss.

Plutarch se le queda viendo — De acuerdo, él te forzó a casarte y a tener hijos. ¿Te das cuenta de lo terrible que eso es? Él te forzó a casarte en contra de tu voluntad, él demandó que consumaras ese matrimonio— le dice Plutarch, y la furia arde en sus entrañas. —Él demandó que tuvieras hijos para sus propósitos— continuó — y tú no tuviste…

—No lo voy a hacer— dice ella de pronto y lo calla —No voy a hablar de mis hijos para la cámara. O de mi matrimonio. Yo no— hace una pausa, tratando de controlar su enojo —He hecho todo lo que me han pedido. O al menos he tratado. Pero no voy a hacer esto— ella se le queda viendo— No lo haré— ella no iba a comparar su matrimonio con una violación, no iba a insinuar que sus hijos le fueron forzados para tenerlos para controlarla, para castigarla.

Plutarch suspira —Ya veo— dice —Bueno, vamos a discutirlo en otra ocasión.

Ella quiere decirle que no van a discutirlo en otro tiempo, pero él ya se ha volteado a hablar con Seeder, y sabe que él tiene un punto. Él va a volver a hablar del asunto mañana, y ella se volverá a negar.

Peeta le pone una mano en la espalda, y ella voltea a verlo, sintiendo su furia disiparse cuando él le da una pequeña sonrisa, hay una tristeza que se asoma en sus ojos.

Ella no es capaz de dormir esa noche.

De una forma Plutarch tiene razón: hubiera sido terrible si la hubieran forzado a casarse con un extraño, o con algún hombre cruel y rico del Capitolio. Pero Katniss no fue forzada a casarse con un hombre cruel y rico del Capitolio. No fue forzada a casarse con un hombre que la violó o golpeó. Ella no fue forzada a tener un bebé con un hombre que la violara o golpeara.

Fue forzada a casarse con Peeta, y no fue terrible.

Ese es el problema.

Los rebeldes querían que hubiera sido terrible. Ellos quieren que Panem recuerde cuando Katniss decidió desafiar al Capitolio en los Juegos, y no quieren que la gente piense que fue por amor. Eso era lo que el Capitolio quería, y los rebeldes quieren lo opuesto: ellos quieren que Katniss declare que no había amor. Que su matrimonio fue una farsa, y que sus hijos fueron demandados.

Que ella no amaba a Peeta.

Ellos están equivocados. Ella no amaba a Peeta cuando estaba en los Juegos. No lo conocía, y era una niña, y no fue amor tonto o abrumador lo que la motivaron a hacer lo que hizo.

Pero ella lo ama ahora. Lo ama, y la hace querer enfermarse del estómago el suponer que lo que le pasó fue una crueldad, que su matrimonio es injusto, algo malo, algo que debe inspirar la ira de la gente, haciéndolos odiar al Capitolio.

Las luces que indican que ya es de día no han sido encendidas aún cuando ella se sale de la cama, no va a ser capaz de dormir la hora de sueño que aún resta, pero quiere bañarse.

Peeta se está rasurando frente al lavabo cuando ella sale de la regadera, él le sonríe a través del espejo. Ella se seca con una toalla y se envuelve en ella antes de cepillar y trenzar su cabello. No es hasta que ella ata su trenza que él coloca su mano en su cadera, y la abraza por la cintura, y ella se recarga en su pecho, suspirando cuando él la besa en la frente y ella encuentra su mirada en el espejo.

Sus dedos se cierran en la toalla de ella, y ella se voltea su cabeza para besarlo.

Él la empuja hacia la pared lentamente y tira de su toalla, y sus manos le acarician las piernas.

La sorprende cuando él la voltea de pronto y la pega a la pared, levanta sus brazos hasta que sus palmas están planas sobre los azulejos. Él es rudo, clava sus dedos en su cadera, le aprieta los senos, y roba su aliento cuando él la penetra de pronto desde atrás. Él se la coge de una forma necesitada y posesiva, y ella siente sus piernas débiles y temblorosas cuando él termina.

Antes de que ella pueda voltearse a verlo, él comienza a hablar.

—Si no hubiéramos estado en los Juegos, yo hubiera encontrado la forma de convertirme en tu amigo— le dice él, respirando pesadamente junto a su mejilla —Me hubiera tomado un año o dos o diez. Pero hubiera encontrado la manera y hubiera esperado por ti. No me importa cuánto tiempo hubiera tenido que esperarte— él presiona su nariz en su mejilla y ella se voltea lentamente entre sus brazos, tomando su rostro e sus manos para mirarlo.

Ella espera a que él abra sus ojos, y acaricia sus mejillas con sus pulgares.

—Lo sé— ella le dice, esperando que él pueda escuchar la verdad en su voz, que él pueda escuchar todo lo que ella no sabe cómo expresar con palabras. Pero sabe que él lo sabe. Él siempre lo sabe. Él besa su palma, y ella sabe qué va a decir cuando Plutarch le pida que comparta su historia ante las cámaras.

Se sienta frente a la cámara y él se sorprende cuando ella no se niega.

Ella habla de la forma en la que Snow los forzó a casarse, y demandó un bebé de ellos.

Pero ella no termina ahí.

Si los rebeldes quieren que ella cuente toda la verdad, lo hará.

—Yo amo a Peeta profundamente — dice ella — Si yo hubiera tenido elección, yo lo hubiera elegido a él para casarme. Yo debí tener esa opción. Yo debí tener permitido enamorarme bajo mis propios términos, y nosotros debimos tener la opción de decidir cuándo casarnos y por qué. Pero ellos nos quitaron eso. Ellos nos robaron esa opción.

Su garganta arde por la furia, y la habitación permanece en silencio cuando por fin apagan la cámara.

—Eso estuvo bien— dice Plutarch asintiendo —Eso estuvo bien — y le da a ella el resto del día libre.


¿Qué les pareció el capítulo? Ahora todos se encuentran en el distrito 13 y lo mejor, que se salvaron muchos vencedores.

¿Y qué les pareció que Finnick y Annie tuvieran una hija escondida? Me encanta Nell.

Me gusta que Katniss y Peeta estén juntos en el distrito 13 junto a las personas que aman (bueno excepto los padres de Peeta y uno de sus hermanos)

Pero ya mero vienen los problemas. ¿Qué creen que vaya a pasar?

Gracias por sus comentarios, follows y agregar esta historia a sus favoritos.

Agradeceré mucho que me manden un review!

saludos!

Marizpe