Disclaimer: Helado no me pertenece y no salgo a vender helados para ganar dinero.
Capítulo 11: Las personas que se creían nadie
Queso. Queso parmesano… queso blue… queso mozzarella… hay muchos quesos aquí, no sabía que existiera tanta variedad… huelen feo, pero supongo que ese es el olor a queso… queso gruyere… queso parmesano… hay muchos quesos…
-¿Elsa?- me llama Myriam, la criada, saliendo de uno de los pasillos del supermercado- ¿Encontraste el queso?
-Bueno… encontré la sección del queso- digo y ella se pone a mi lado. Saca uno que estaba justo en frente de mí, señalando que era ese- Ah, ahí está.
-Sí- dice sonriéndome y se pone a mi lado mientras caminamos por otro pasillo- ¿La señorita se siente bien?
-Sí, sí ¿Por qué lo pregunta?
-Bueno, no suele hacer las compras…
-¿Qué tiene de malo?
-Nada, cuando era niña lo hacía más seguido, solía encantarle acompañarme a hacer las compras, pero a medida que creció, sus estudios, clases, y demás obligaciones tomaron más importancia.
-Sí, bueno… tenía algo de tiempo ahora.
-¿De verdad? Pero si estamos a fines de la mitad del año, no es ahora que cierra el cuatrimestre y se toman las evaluaciones correspondientes.
-Sí, es así… pero ya termine con mis estudios. Decidí que un poco de aire y un cambio en mi rutina me vendría bien.
-Ya veo, y por eso ha faltado a sus últimas tres clases de francés.
-Temía no poder llegar a tiempo con otros estudios de la universidad, así que decidí sacrificar unas clases. No pasa nada, ya casi terminamos y lo único que hacemos es repasar.
-Es una pena que tenga que sacrificar la asistencia a sus clases, señorita Elsa- comenta Myriam mientras tiene su mirada en las verduras, pero luego me mira- principalmente desde que la tengo en mi cocina preguntándome que puede hacer para ayudarme y manteniéndose ocupada con quehaceres de la casa en vez de estudiar tanto como dice.
-Je…- exclamo y me pongo a tocar unos tomates bien rojos que veo… ni idea de cuál es mejor que el otro, todos se ven muy bien.
-No tiene que hacer eso, este supermercado tiene las mejores verduras, ayúdeme con algunos limones de esa estantería, yo no alcanzo.
-Sí, Myriam- digo y obedezco.
-Supongo que ya que parece desocupada hoy, por lo que dijo antes, asistirá a las clases de su instituto de francés de hoy ¿Verdad?
-Bueno… no me siento muy bien a decir verdad.
-Ya veo… ¿Debería llamar a su padre para decirle de sacar turno a un doctor?
Suspiro con pesar antes de voltearme a mirar a mi criada, esa mujer que hace años me cuida y me conoce. Sé que no va a demandarme con mi padre por saltearme las clases. Ella es algo cotilla y supongo que quiere saber, solo eso.
Pero ese es el punto importante de todo el asunto. Yo no quiero saber. No voy a pensar en esto. Simplemente no quiero. Y no lo hare. No voy a pensar.
-Lo lamento Myriam, no es algo de lo que quiera hablar.
-Tampoco pensar al parecer, se intenta mantener ocupada con lo que sea y la escucho por las noches caminando y limpiando la casa… por más de que esta suele estar limpia.
-Sí, bueno… le puedo asegurar que todo está bien.
-Mmmmm- exclama mirándome con picardía, pero no va a conseguir nada. Mis propios pensamientos, pesados y dispuestos a hacerse presente, no consiguieron nada.
No voy a pensar en esto. No quiero.
No es hasta que veo a Rita en la puerta de mi casa que sé que mis planes de quedarme "limpiando" de nuevo se verán truncados.
-Hoy vienes a clases- me dice cruzándose de brazos a modo de saludo.
-No lo creo, tengo una evaluación en unos días y pensaba estudiar esta noche- digo, muy convencía de que es una excusa más que valida.
-Solo quedan 3 clases para el examen de final de curso.
-Se me da bien el francés, no necesito las tres últimas clases.
-¿Y el examen? ¿También vas a faltar ese día?
-¿Por qué piensas que faltare al examen?
-Pues, aun no rindes el examen de video, si la memoria no te falla, huiste antes de rendir ese examen.
-No me sentía bien.
-¿Y ahora te sientes bien? Porque el profesor aun te espera para tomarte el oral.
-Sí, me siento bien, pero como te dije, debo estudiar para unos exámenes más importantes.
-Si no rindes ese examen no importa si pasas el otro, igual desaprobarías el curso.
-Bien, lo rendiré a ambos el mismo día, no es la gran cosa- digo y siento que me comienzo a molestar
-¿Cuál es tu problema? Nunca dejas estos asuntos para último momento.
-No tengo ningún problema, solo que… ya sabes, no es la gran cosa, hay asuntos más importantes que aprender francés. Ni siquiera recuerdo porque era tan importante recibirme de ese instituto de todas formas. Sí, quería hablar apropiadamente, pero ya se lo suficiente como para defenderme en el idioma, no creo que necesite seguir yendo…
Esas son declaraciones mayores… quizás debí quedarme callada.
-¡¿Estás loca?! Eres de la realeza, hija de una condesa de Francia, "defenderte" en francés no es lo que se busca, no es lo que "tú" buscabas. ¿Y ahora de la noche a la mañana decides que ya no importa? Pagaste y estudiaste tres años y ahora ya no importa… increíble. Y puedes creértela todo lo que quieras, Elsa, puede que seas la mejor de la clase, pero definitivamente aun te falta aprender mucho.
-Puedo aprender de otras formas…
-Sabes que el instituto es la mejor forma, pero bien, haz lo que quieras- dice y se da la vuelta, claramente enojada- mejor para nosotros, menos niñatas soberbias que soportar en el instituto. Si ya no está Anna y no estás tú, quizás yo pueda quedar como la mejor de la clase.
No preguntes, no preguntes, no preguntes.
-¿Qué quieres decir con eso?- pregunto y ella se detiene.
-Que eres tan creída que crees que puedes obtener mejores resultados por tu cuenta que con profesores que sin escatimar, deben ser los mejores en el área, y…
-No, no- la interrumpo y salgo de mi casa, acercándome a ella, como si bajar la voz a lo que estoy por preguntar me ayudara a no pensar que lo estoy preguntando- ¿Qué quieres decir con que "ya no está Anna"?
-Cierto, faltaste a la última clase, no hay forma de que sepas- dice y se queda callada, viéndome… no agrega nada más.
-¿Qué es lo que no se, Rita?- pregunto con poca paciencia y ella no puede disimular su sonrisa.
-Pues que tu gran amiga es igual de creída que tú. Arreglo con la profesora para que le tomaran el examen antes y se desocupara. Supongo que también tiene cosas importantes que hacer que ir al instituto.
-¿Qué quieres decir?
-Anna ya aprobó el curso, no sé bien los detalles pero en evaluación, aunque fue más complicada de lo que la profesora espera para nosotros, le fue bastante bien. Ya no tiene que volver.
-¿Qué?
-Dije…- habla puntualizando, como si estuviera por explicarle algo a un idiota- que Anna ya término de cursar. Ya no asistirá a clases porque ya aprobó el curso.
-¿Por qué hizo eso?- pregunto muy seria, no gustándome como me está tomando.
-¿Quién sabe? ¿Tú no eras su amiga? ¿No sabes?- me pregunta inspeccionándome, solo me la quedo mirando sin ninguna expresión más- Oh… Se pelearon ¿Verdad? ¿Es por eso que no vas al instituto?
-No…
-Pues tendría sentido. Anna ya no te quería ver y rindió antes. Tú no quieres ver a Anna y por eso no asistes a clases.
-No es por eso.
-¿Y entonces?
-Ya te lo dije. Tengo mejores cosas que hacer.
Pero si fui a clases ese día. Y Rita no me mintió: Anna no estaba allí. Había rendido sus exámenes y paso el curso antes de que finalizara el cuatrimestre.
No hay ninguna razón por la que deba seguir viniendo.
Y aun así, en las siguientes tres clases, todo el tiempo… espere a que apareciera.
Pero no lo hizo. Ni las clases siguientes, ni el día del examen. Ni el día de entrega de libretas… y ese día marcaba el receso del instituto.
Pase con una excelente nota. El profesor de video no tuvo inconvenientes en tomarme el examen ese mismo día y también lo pase.
Ahora solo me quedaba rendir en mi universidad y mis demás asuntos. No tendría que preocuparme por el instituto hasta dentro de un mes y medio cuando comience el nuevo curso.
Y Anna… pues… no tendría por qué preocuparme de Anna hasta dentro de un mes y medio también, a menos que no esté en el mismo curso que yo… y si ese el caso… no tendría que preocuparme por ella nunca más, supongo.
Si el problema ya no está… entonces ya no es un problema.
De alguna forma me las arregle en el receso de cuatrimestre para no pensar en nada importante.
Digo "Importante" para hacer a un lado las cosas que valen la pena.
Estudiar vale la pena.
Tomar clases vale la pena.
Leer sobre diversos temas vale la pena.
Ayudar en la casa vale la pena.
Solo irme a la cama cuando estoy realmente cansada vale la pena.
Pensar en lo que paso a final del cuatrimestre en el instituto no vale la pena. No es importante. Me niego a darle vueltas a un asunto del cual nunca más tratare.
La vida sigue, yo también.
Recuerdo que una vez mi madre me dijo que la vida es como un tren y tú vas en él. Personas suben en cada parada, y personas bajan en cada parada, como en la vida. Algunas personas te acompañan un gran tramo del camino y otras sencillamente se bajan.
Y no tiene nada que ver con lo que tú haces. Tú no empujas a las personas del tren, ellas se bajan.
Yo me baje del tren de Anna, ella se bajó del mío. No tiene sentido pensar en un pasajero que ya se bajó. Ya no está ¿Para qué pensar entonces? No vale la pena.
El tren no va a parar por nadie.
Manteniéndome ocupada pasaron mis pequeñas vacaciones y hoy ya me encuentro de nuevo en el curso.
Me siento nerviosa, perseguida, realmente no quiero estar aquí. Pero no tengo de que huir. No hice nada malo, no robe, no insulte, no hice nada malo. No tengo porque sentir que estoy en problemas. No hice nada malo.
Y sin embargo a medida que los minutos pasan, aquí sentada en mi nuevo pupitre, peor me siento. Casi puedo sentir a mi corazón latir con desesperación. Apretó mis labios e intento relajarme. No pasa nada.
Algunos compañeros entran, reconozco a un par del cuatrimestre pasado. Rita y Enzo quedaron en otro curso, finalmente nos separamos… no, eso no es lo que me preocupa. No me interesa quedar totalmente aislada y sola. De hecho algo en mi lo preferiría.
Prefiero estar completamente sola rodeada de desconocidos.
Cierro mis ojos sabiendo que esos pensamientos quieren atacar mi cabeza de nuevo. No los dejo entrar, los mantengo a raya como en los últimos dos meses. No voy a pensar.
El profesor finalmente entra, se presenta: Profesor Anneto, lo tengo: Profesor Anneto, un tipo de tez morena con pelo y una corta barba blanca, intimida un poco a través de sus lentes, seguro puedo aprender mucho de él.
Nos pide que esperemos unos minutos, aún faltan algunos alumnos según él, nos contó con la mirada.
¿Cuántos más faltan? Espero que sean pocos, espero que solo falten dos más, y que ambos sean varones.
Dios… no lo estoy soportando bien.
Abro el libro y lo hojeo nerviosa ¿Cuánto minutos más tengo que esperar?
La puerta se abre de golpe y yo levanto la mirada al igual que toda la clase.
-¡Perdone Profesor!
-Avant- contesta el mayor a dos chicos que parecen hermanos, estos asienten cerrando la puerta detrás de ellos y se ubican en unos asientos atrás mío-
El susto que me dieron los dos muchachos todavía me hace tener la vista clavada en la puerta, por varios segundos escucho que el profesor habla pero no llego a entender- bien, Je suppose que nous pouvons commencer…
De repente se hace un silencio pesado en la sala, yo lo ocasione, pues me puse de pie de inmediato.
Oui madame?-Me pregunta el profesor y finalmente le veo, me pesa la respiración.
-Oui…Puis-je voir la liste?-pregunto con timidez, está en todo el derecho de decirme que no puedo mirar la lista, pero de verdad lo necesito, necesito estar segura.
-Oui…-Me contesta sin sorprenderse, vuelve a su escritorio y busca en sus papeles, finalmente me extiende una nota blanca.
Estoy a unos metros por lo que debo caminar a la par de dos pupitres más hasta alcanzar la hoja que me extiende.
-Merci-agradezco y miro la hoja, es la lista con los nombres. Leo uno por uno los 12 nombres y apellidos que aparecen en el papel… los vuelvo a leer… los vuelvo a leer… otra vez.
-Tout va bien?- me pregunta el profesor y yo asiento, pero no es hasta que me doy cuenta que no puedo leer bien el papel que sostengo porque todo esta borroso, que en realidad el profesor me lo pregunta porque está preocupado por mí- Madame, Tout va bien?
Oui-digo asintiendo de nuevo-bien...Je ne sais pas- me corrijo pasandome una manga por mis ojos y aclarandome la garganta- Je peux aller aux toilettes?- pido permiso y el profesor, con una mirada comprensiva, asiente.
Ya en el pasillo dejo de luchar con las lágrimas. La mandíbula y el nudo en el cuello me están asfixiando, me duelen. La cabeza me está matando y los pensamientos con los que luche hasta el cansancio parecen estar atacándome lo más fuerte que pueden.
Pero no voy a pensar, aun si eso me lleva a llorar a los alaridos, no los voy a dejar salir. ¡No voy a pensar en Anna!
Una vez en el baño abro el grifo y lleno mis manos con agua, me limpio la cara más veces de las suficientes, el frio me ubica de nuevo, ya me siento yo de vuelta, ya me siento bien.
Anna ya no está en el panorama nunca más. No es mi compañera lo que queda del año. Posiblemente no lo sea el año que viene. Anna es historia pasada, no vale la pena. No la volveré a ver… y eso está bien.
Ha pasado un mes desde el comienzo de clases. Nuestro nuevo profesor es exigente pero realmente bueno, definitivamente estoy aprendiendo mucho de él. Mis nuevos compañeros son notablemente más eficientes que los del curso pasado, pero aun así les saco una considerable ventaja.
Después del incidente del primer día no tuve ningún problema más, de hecho mi vida volvió a su rumbo habitual con una normalidad que hasta yo misma me sorprendo aun.
Hubo un día, hace dos semanas más o menos, en una tienda a dos cuadras de aquí, saliendo de clases rumbo a mi casa. Una cabellera de un anaranjada brillante paso por las puertas de vidrio y mi corazón dio un vuelco, me quede en el lugar, inmóvil, y considere darme vuelta y rodear toda la manzana, pero la chica no me dio tiempo y volvió a salir por la puerta, no tenía nada que ver con Anna, de hecho una vez pasado el susto me di cuenta que su cabello no era tan bonito.
Me sentí una tonta, pero minutos más tardes, recobrada la caminata, fui capaz de reírme de mi misma.
Apoyada en mi pupitre, ya con los ejercicios terminados esperando a que mis compañeros me alcancen para poderlos corregir, miro por la ventana. Ha comenzado a lloviznar y eso me hace sentir algo nostálgica, pero ya no asustada o nerviosa. Anna no va a aparecer por esa puerta.
Y así fue: No volvió a aparecer por esa puerta, ni por ninguna otra que yo tuviera en frente.
-Es increíble, ha llovido toda la semana.
-Recién es jueves, Myrian, dale tiempo a la semana para que se complete- le digo con una sonrisa y ella también se ríe.
-Pero dicen que va a seguir lloviendo hasta que termine la semana.
-Ah, bueno, entonces el domingo te oiré decir "Llovió toda la semana" y ahí recién no te corregiré.
He continuado acompañando a Myriam las veces que puedo al supermercado. Las veces que fui cuando lo necesitaba, me di cuenta que nuestra querida criada también lo necesitaban, aunque por razones diferentes, ella necesitaba una mano con todas las compras de la casa y yo despejar mi cabeza.
Ya no tengo que despejar mi cabeza pero Myriam sigue teniendo solo dos manos. Aparte no me molesta.
Comúnmente camínanos hacia aquí, pero en días de lluvias como hoy podemos contar con uno de los choferes de mi padre, no es para menos.
A diferencia de la lluvia veraniega, esta lluvia es bastante fría pese a que a pasamos el invierno. Mojarnos en estas condiciones podría enfermar a cualquiera. Y algo me dice que mejor me cuide de enfermarme, siento a mi cuerpo predispuesto a los resfríos, no sé muy bien porque, no tiene ninguna explicaciones científica o lógica, simplemente lo sé.
Se lo comenté a Myriam y ella me dijo que debía hacerle mucho caso a lo que creo, según ella mi madre desarrollo una especie de sexto sentido con lo mismo, y nunca fallaba.
-Solo necesito unos caldos, hoy quiero preparar sopa de ave, y quería unos caldos.
-Claro Myriam-digo caminando con ella por los pasillos ya con una bandeja colmada de cosas.
-Es lo último, supongo que Rafael y estará esperándonos afuera.
-Seguramente, le dije que si quería se podía tomar un café en lo que nosotras comprábamos, pero de eso ya paso fácil una hora seguro lleva esperándonos bastante.
-Ese sujeto se toma su café de un sorbo por más amargo que se lo sirva, y se lo sirve muy amargo, Elsa, yo lo he visto.
Sostengo el paraguas mientras Myriam con Rafael acomodan las bolsas de mercadería en el baúl del auto. Una gota toca mi muñeca y escarmiento, esta helada, reamente llueve mucho.
No más de un minuto y ya estamos todos en el auto. Myriam habla conmigo en la parte trasera, cotilla sobre unos vecinos que tenemos, Rafael nos mira y nos sonríe por el retrovisor.
Avanzamos lento, hay mucho tránsito hoy. Es la cuarta vez que el auto se detiene a esperar detrás de una hilera a que el semáforo de en verde de nuevo.
-Válgame Dios- siento decir a Myriam- lo que es la juventud, mojarse con esta lluvia.
Sin mucho interés quito al vista de mi ventanilla y le sigo la mirada a Myriam, en la senda peatonal pasan cruzando una pareja con paraguas, pero a lo que ella se refiere es a una chica que pasa sin paragua y sin ningún cubre todo, simplemente con una campera que parece aún más delgada que la que llevo puesta, empapada de pies a cabeza, el cabello pegado a su rostro y cuello… rojo oscuro.
El tiempo parece pasar terroríficamente lento mientras veo esa imagen con el limpiaparabrisas del auto yendo y viniendo, las gotas desdibujan lo que se ve en frente, y la chica pasa desapareciendo por la esquina.
-Bueno, a decir verdad, cuando era joven me encantaba que la lluvia me moje, pero después uno tiene que lidiar con los resfríos y esos días en cama con fiebre… pero valía la pena- sigue hablando Myriam pero cada vez la escucho menos.
El auto avanza y pasamos por esa esquina, veo para la calle donde la chica desapareció, la veo de espalda alejándose.
Quizás no es ella. Quizás es como esa vez en la tienda. Quizás es otra chica a la que le gusta mojarse, como Myriam dice, ella también le gustaba andar bajo la lluvia, a millones de personas también.
Mi vista vuelve al frente y escucho que Myriam sigue hablando, pero no entiendo lo que dice. El auto se vuelve a detener en el siguiente semáforo.
-Con suerte y llegaremos para la noche- bromea Rafael, alguien se ríe al lado mío, hablan.
No es Anna, definitivamente no es Anna. Y aunque lo fuera ¿Qué? Ya se fue, y aunque no se hubiera ido y este todavía al frente ¿Qué? Estoy en el auto, tiene vidrios polarizados, estoy a salvo. Me gusta estar a salvo, estoy bien. Mi vida vuelve a ser como antes, finalmente.
Estoy bien, aquí estoy bien. Aquí, sentada, cálida y cómoda, lejos de la lluvia de afuera, que cada vez es más fuerte y por cómo se empañan los vidrios, sé que es fría, aquí estoy bien. Estoy cómoda. ¿Qué importa si era Anna? No interesa, ella se bajó del tren, yo estoy cómoda aquí. No tengo porque bajarme también.
Mi vida vuelve a ser como antes, y eso está bien.
No voy a pensar. Está decidido, no voy a pensar en esto.
-¡Elsa! ¡¿Qué haces?!
-¡Ni idea!- le grito a Myriam cuando ya estoy bajando del auto.
-¡Elsa! ¡El paragua! ¡Llévate el…!
Pero ya no logro escucharlo, una bocina de un auto me Hace correr hacia el cordón y una vez en la vereda comienzo a correr hasta la esquina que ya pasamos.
Llueve tanto que me tengo que limpiar la cara para ver mejor, ni rastro de la chica aun así corro en esa dirección hasta la siguiente cuadra. No creo que haya seguido derecho, la vería, así que doblo, ¿Por dónde? ¿Izquierda… derecha?
Tomo la derecha impulsada por la creencia de que si estaba en la vereda derecha es más probable que tome esa dirección.
Pero al llegar a la siguiente esquina vuelvo a tener 3 direcciones sin tener ni idea de dónde ir. Hay pocas personas en las calles y ninguna de ellas parece ser la chica que vi antes, me siento observada por ellas.
Me estoy helando, mi mandíbula tiembla un poco y estoy jadeando.
Tomo la izquierda, sin saber que hacer ya y sintiendo que el tiempo que me quedo inmóvil me juega en contra. Llego a esa esquina y mirando para todas las direcciones no veo a nadie. Vuelvo por mis pasos y tomo la derecha, sigo sin ver nada.
No tiene sentido que vuelva y tome el camino derecho antes, eso haría que la chica este rodeando la manzana… no tiene sentido, tiene que ser por aquí… o quizás por el camino de la izquierda… ¡No tengo tiempo de pensar en eso!
Tomo nuevamente la izquierda y llego a la siguiente esquina, nada, más gente con paraguas que me miran raro, escucho susurros, estoy haciendo el ridículo…pero no me importan. No encuentro a esa chica y el tiempo se me acaba.
Decido tomar nuevamente la izquierda, si voy hasta la otra cuadra podré ver desde esa equina la calle que no cubrí antes… y si no está allí… y si no está allí… entonces… entonces no lo sé.
Jadeando y sintiendo mi pulso a mil llego al final de cuadra y me apoyo mis manos en mis rodillas, dándome un respiro. Levanto la mirada y al frente no hay nadie, irguiéndome miro hacia la izquierda y algunas personas con paraguas, a la derecha menos personas aún.
Imposible. Vuelvo a prestar atención al frente, y de nuevo a la derecha, giro sobre mi eje y miro a mis espaldas, nada, no hay nadie, no está, no lo logre, me tarde demasiado en el auto y se fue, no está, ya no está.
Vuelvo a mirar por todos los caminos, y la gente sigue pasando pero ninguna esa una chica pelirroja empapada, por más que me esfuerce mirando por todas parte no está, Anna no está, no está por ninguna parte.
Camino unos pasos al frente, respirando lo más profundo que puedo, pensando deprisa donde puedo buscar ahora, no se me ocurre nada, vuelvo a mirar en todas direcciones.
-¡Anna!- grito, algunas personas se detienen a mirarme, ninguna es Anna- ¡Anna!- grito más fuerte, viendo de nuevo por las calles, la lluvia es incesante- ¡¿Dónde estás, Anna?!- voy a ponerme a llorar- ¡Por favor!... Por favor…
Me apoyo de nuevo en mis rodillas, respirando, puedo ver el agua cayendo desde mi frente.
Está bien.
Me irgo tomando aire de nuevo y comienzo a caminar. Hora de volver a casa.
Podría tomarme un taxi justo en esta calle, pero no creo merecer un taxi, no, merezco la penosa caminata bajo la lluvia que pienso hacer hasta llegar a mi casa, porque soy una perdedora y me merezco esto.
No encontré a Anna, ni siquiera sé si la chica que vi era Anna, pero no importa, lo que importa es que por más que me esforcé y di todo de mí, igual la perdí de vista, deje que se me perdiera, la perdí, y eso me hace una perdedora.
¿Saben lo que se merecen los perdedores? Un camino de vergüenza bajo la lluvia helada hasta llegar a su casa.
No termino de llegar a la mitad de cuadra de donde termine mi búsqueda que es que lo siento. Alguien a mis espaldas abre una puerta, creo que acabo de pasar del lado de una panadería, no lo recuerdo, no estaba poniendo atención, no importa, sigo caminando, estoy cansada, me siento derrotada, solo quiero llegar a mi casa, aunque no crea merecer el baño caliente que me voy a dar.
¿Y que si…?
Con un nuevo sentimiento de esperanza me giro un poco mi cuerpo y le doy una mirada al camino que dejo atrás.
Algunas pocas personas con paraguas se mueven pero hay una chica que se detuvo a algunos metros de donde pase, esta quieta, como dudando, tiene el pelo rojo mojado, parece abrazar algo en sus manos, no lo sé, esta de espalda, termina echando su vista atrás.
-Anna…- susurro y apenas giro para comenzar a caminar, ella mira hacia el frente y empieza a correr-¡Anna, espera!
La veo correr y cruzar la calle, pese a que parece que lleva algo, es más rápida que yo, pero no me importa no la perderé de vista esta vez. Acaba de girar a la derecha.
-¡Anna!- le grito pero esta sigue corriendo- ¡Espera! ¡Detente!- me abro camino por las pocas personas que hay en la vereda, disculpándome cada tanto. Acaba de girar a la derecha, me está sacando bastante ventaja. Me da miedo correr más deprisa por miedo a resbalarme, si me llego a caer la perderé de vista, y no quiero.
Pero la que termina resbalando y cayendo es ella.
-¡Anna!- le grito ya faltándome escasos metros, pero se pone de pie e intenta seguir corriendo.
Logra alejarse unos metros más, pero ahora es mi oportunidad, casi la alcanzo.
-¡Espera!- digo jadeando ya agarrando fuertemente su muñeca e inclinándome hacia el frente, apoyando mi otra mano en mi rodilla. Respiro torpemente y rápido, me duelen las piernas- detente- logro decir entre jadeos, miro hacia arriba y ella sigue dándome la espalda, pero ya no se mueve.
Miro hacia atrás de nosotras, en el suelo hay una bolsa de papel ya rota y mojada, esparcido a su alrededor veo bollitos, medialunas y otras cosas dulces todas mojándose bajo la lluvia, totalmente arruinadas.
Me incorporo lo más derecha que puedo.
-¡¿Qué crees que haces?!- le grito pero no se da vuelta- ¡¿Por qué huyes así de mí?!- nada- ¡Contesta Anna!- digo y la obligo a voltearse, sosteniéndola aun firmemente de la muñeca, con miedo, temor a que vuelva a escapar.
Es ella, por Dios, es ella, no me mira pero no tengo ninguna dudas, es Anna, fueron unos cuantos meses pero se siente como si todo hubiera sido ayer.
-¡¿Por qué huyes de mí, Anna?!- pero por más que insisto no consigo que siquiera me mira- ¡Háblame!
Puedo observar que rápidamente me mira, pero vuelve su mirada al costado y abajo.
-¿Por qué huyes de mí? ¡¿Por qué huiste de mí?!
-No soy la única…- murmura.
-¿Qué?
-Dije: ¡No soy la única!- grita cerrando los ojos.
-¡Yo no huyo! Te perseguí como 6 cuadras ¡Mas que esos!
-¡No hablo de eso! ¿Cómo puedes reclamarme que yo soy la que huyo? ¿Quién fue la que se fue corriendo y luego no volvió a clases por una semana? ¿Y yo huyo?
-¡Tú fuiste la que rindió antes y se fue! ¿Recuerdas?
-¡Tú fuiste la que dejo de venir primero! ¿Recuerdas?
-Pero no tenía que ver con…- comienzo y me detengo- yo… no me sentía bien, es todo.
-¡Oh vamos!- dice y se suelta de mi agarre, pero no huye, solo me encara- y de casualidad tenía algo que ver con que justo el día anterior haya… ya sabes- termina diciendo con pena y bajando su prepotencia a cero- da igual, no te culpo. Solo… ya déjame.
-¡No, no, tienes razón!- grito, reclamando de nuevo- yo fui la que salió corriendo, lo acepto, y si, luego no quise volver, y sí, fue por lo que hiciste. Acepto todo eso ¡¿Qué se supone que debía hacer?!- pregunto y ella vuelve a bajar la vista- No, de verdad, ¡Dime! ¿Qué tenía que hacer luego? ¿Quedarme ahí sin hacer nada? ¿Darte las gracias? ¿Abofetearte? ¿Gritarte? ¡No sabía que hacer! Yo… ¡No sé qué hacer! ¡Así que tú dime! ¿Qué querías que hiciera? ¡¿Qué esperabas que pasara, Anna?!
-Nada… yo… no esperaba nada.
-¡¿No esperabas nada?!- digo y siento que me estoy perdiendo de nuevo- ¡Mírame! ¡¿No esperabas nada?! ¡¿Vas por la vida besando personas sin esperar nada?! ¡¿Es eso?!
-No…
-Porqué si es eso por favor ¡Solo dilo! Si es solo eso, dímelo y ya.
-No, es que… no lo sé.
-¡¿Cómo te atreves a decir que no lo sabes?!- digo totalmente frustrada llevándome una mano a la frente- ¡¿Cómo puedes decir que no lo sabes?!
-Lo lamento…
-¡No! ¡Una simple disculpa no arreglara las cosas! ¿Cómo te atreves a decir ahora un "Lo lamento así nada más? ¿Cómo puedes siquiera…?- digo agarrando sus hombros y luchando con mis ganas de sacudirla- ¡¿Quién te crees que eres?!- cierro los ojos y tomo aire- ¡Idiota!
Bajo mi cabeza aun cerrando firmemente los ojos, apretando los hombros de Anna.
-¿Quién te crees que eres para entrar en las vidas de las personas así? Como si fueras un tornado, o un volcán, haciendo un verdadero desastre sin siquiera quererlo, dejando solo incertidumbre ¿y ahora solo dices "lo lamento"? ¿Cómo puedes…? Vienes y les sonríes a las personas, dejas que se acostumbren a ti, que se enreden en tu extraña forma de ser y luego te vas. Haces cosas alocadas que llaman la atención, te esfuerzas por acercarte y que te llamen amiga, haces que se te quiera y se te extrañe ¿Cómo puedes simplemente irte después?
-Yo no quería… sabía que te puse en una situación difícil, que te sentías incomoda y por eso no venias, pensé que era lo mejor.
-¿Lo mejor? Tú no sabes lo que es mejor para mí, no me preguntaste si era lo que quería, tenías mi teléfono, sabias donde vivo, nunca llamaste.
-Tú también sabias donde vivo, Elsa…
-¡Sí, pero yo tenía miedo! ¡Ni siquiera quería pensar! ¡Estaba asustada! ¡Estoy asustada! ¡Tú no te asustas! ¡Eres Anna! ¡No le tienes miedo a nada! ¡Tú eras la que tenías que llamar!- sé que lo que estoy diciendo no tiene sentido, yo sé, como sé que si ella llamaba o se aparecía en mi puerta solo me iba a esconder, la iba a evitar… la estaba evitando, tiene razón en reclamarme, yo fui la que huyo primero.
-Lo lamento.
-¡No!- digo sacudiendo un poco sus hombros- ¡No! ¿Cómo te atreves a decir que lo lamentas? ¿Cómo te atreves a…?- siento todos mis pensamientos, esos que evitaban, empujando por salir, como si fuera vómito, pero no, no voy a pensar, llevo mucho tiempo soportándolos, no me voy a rendir ahora- ¿Cómo te atreves a sonreírme tanto, hablarme tanto, quererme tanto al punto que cuando no estas te extrañe? ¿Cómo te atreves a decir y hacer cosas que luego no me dejan dormir? ¿Cómo te atreves a robarme tanto tiempo? ¿Cómo puedes hacer que me preocupe tanto? ¿Cómo te atreves a desaparecer así? ¿Cómo pudiste hacerme esperar y ni siquiera saber lo que esperaba? Amaba la vida que llevaba, era tranquila, organizada, tenía mis metas e iba a cumplirla, me orientaba a ellas, estaba todo perfecto, era perfecto ¿Cómo te atreviste a arruinar eso?
-Yo no quería…
-¿Cómo te atreves? Ahora… que puedo recuperar esa vida… ni siquiera la quiero. ¿Cómo pudiste hacerme eso? Oh Dios, es todo un lio, y es enorme, sé que es enorme, y no quiero pensar en eso, estoy cansada… te he extrañado tanto… es insoportable ¿Por qué te tuviste que ir? ¿Cómo te atreves a dejar las cosas así? ¿Quién te crees que eres para dejarme así?
-Estaba asustada también- confiesa con toda la pena marcada en su rostro empapando- lo lamento, yo no quería nada de…
Mis manos dejan de apretar sus hombros y tomando sus mejillas, sin importar que intenta hablar la atraigo a mi rostro, besándola, porque estoy cansada, tirito del frio y no sé cómo mas puedo apartar todos mis pensamientos de mi cabeza.
Mis dedos bajan nuevamente por su cuello a sus hombros, trasladándose a su espalda, atrayéndola más a mí porque lo necesito, abrazándola.
Y en algún lugar de mi cabeza sé que estoy empeorando las cosas. Pero no importa, porque esta soy yo… no pensando en absoluto.
Nota del autor
La autora nunca tuvo un beso bajo la lluvia… así que se desquita con su fic… sehhh
¡Review si les gusto! Que los Review me hacen escribir más rápido, no, en serio, es como que a un auto a gas lo pasen a nitro.
Estuvo rindiendo hasta el viernes, y no les voy a mentir, me dormí hasta hoy temprano a la mañana que me levante tipo zombie a ver la final de la copa mundial de clubes.
Lo bueno es que me fue bien y ya entre en "Vacaciones" si, así entre comillas porque no son vacaciones ni una mierda, pero dícese que ando más desocupada, por lo que podre escribir más, y eso me hace feliz :) (La autora era feliz con re pocas cosas)
Si este capítulo les gusto, el siguiente les va a encantar ;) Oh bueno... me esforzare para que quede bonito y les guste XD
