Extensión: 320 palabras.
Notas: Y esto es lo último, con lo cual logré entregar el reto pese a todo. Ahora:
—Tú, personita. Sí, tú, que amas el Zervis y justo ahora quieres arrancarme los ojos por escribir esto deseas dejarme un review, no te preocupes, FF permite anónimos... y me permite a mí borrarlos, no gastes tu tiempo.
—Tú, personita. Sí, tú, que quieres dejarme en claro por qué lo que creo está mal, ya te hablé en el primer drabble y no lo voy a repetir: no lograrás nada.
—Tú, personita. Sí, tú, que quiere decirme qué tal está esto gramaticalmente, si cometí algún error; que quieres explicarme por qué crees que mi idea no quedó bien plasmada o explicada en los drabbles, algo parco de sentimiento, algo confuso, pudo ser mejor: la casilla de reviews está abajo.
No lo repito y no lo vuelvo a repetir, si os gusta la pareja no es mi problema. Yo tendré que comentar los drabbles de los otros participantes y si alguno tiene Zervis haré la vista gorda y me centraré en otras cosas, porque respeto si les gusta la pareja y es algo subjetivo como para criticar por ello. Yo espero lo mismo. Es todo.
Drabble 4. Hecho: Mentira.
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Intento de amor.
Del "tú y yo".
Son segundos y luego ya nada. Segundos y entonces oscuridad. Segundos en los que puede dejarse abrazar por la cálida sensación del creer, entregarse a la idea de que eso es posible y, más aún, real. Luego no es nada, luego no existe. Mavis se esfuma como si muriera a causa de algún poder incomparable, a pesar de alguna maldición ineludible. Se esfuma pero no muere, algo desaparece y algo sigue ahí, pero no muere.
Zeref la deja caer al suelo y ella sigue ahí, en alguna parte.
Precht trata de hacerla despertar y ella sigue ahí, en alguna parte.
Y en ese lugar lejano Mavis lo medita y todavía quiere creer que lo fue —amor—, pero en esos años de cautiverio no consigue que le importe tanto como los demás, como su gremio, como sus amistades. En esos años no voltea la mirada, ni una sola vez.
—Siquiera los recuerdos, siquiera eso—.
Hasta que importa, por ellos, todo no es más que un baúl cerrado. No se detiene para recordar ni para sentir, hasta que no resulta verdaderamente importante —para ella—.
Y todo eso —la soledad y la compasión, las contradicciones y el dolor, los años y las perspectivas— se mezclan y ella es quizás todavía demasiado joven para discernir entre una cosa y otra. Pero al abrir la boca, el baúl cerrado, no siente un escozor real en el pecho al hablar y confesar, al explicar lo ocurrido. Anhela creer que es porque su corazón ya no late, porque su alma ya olvidó la condición humana hace tiempo, pero no es cierto ni real.
Nunca lo fue.
No hubo amor, y no fue un "tú y yo."
Hubo un hombre y su soledad, una chica y sus dudas, y un sentimiento de tragedia compartido, pero nunca un "nosotros."
Nunca ellos dos con el amor, nunca "tú y yo."
Eso no lo hubo ni al principio ni al final.
Sería todo. Y se lo doy a Misari aunque no me lo haya pedido, yo siempre le doy las cosas que no tiene por qué querer (?).
Nos leemos.
