Capítulo 8


PEETA POV


—Toma a Penny— le dice Peeta, gritando para que lo escuche —Yo voy a ir. Voy a encontrarlos. Ve al búnker.

Pero él sabe, apenas las palabras dejan sus labios que ella no lo va a escuchar, y que no debería. Katniss es más rápida que él; ella ya lo era antes de que él perdiera la pierna, y su habilidad ciertamente no ha mejorado ahora que usa una prótesis. Si los pasillos fueron destruidos por las bombas, ella será capaz de sortear a través de la destrucción cosa que él no hará. Hace sentido que ella vaya.

Excepto.

¿Cómo es posible que él se vaya a la seguridad de los búnkeres sin ella?

Ella lo besa antes de que él pueda hablar, y pone una mano en su pecho brevemente, le pide disculpas con la mirada, no lo va a escuchar.

—Te veré en el búnker — le dice ella y se va corriendo, da vuelta en la esquina y él es incapaz de detenerla.

El piso vibra bajo ellos de pronto, y Peeta se pega a la pared. Penny grita en su oído, y él la agarra fuerte, escondiendo el rostro de su hija contra su cuello para protegerla. Katniss va a llegar al hospital y luego lo verá en los búnkeres.

Él tiene que poner a Penny a salvo, y todos se reunirán con Katniss en los búnkeres.

La gente está empezando a llegar al refugio en olas, él se les une, apretando a Penny contra su pecho mientras recibe codazos y pisotones, toda la gente se está empujando para entrar al mismo tiempo. No es hasta que ellos alcanzan un pasillo que ha colapsado que bloquea una escalera que lleva directo a los búnkeres, que el pánico se desata.

Pequeños deditos de su hija se clavan en su cuello con terror, Peeta besa a Penny en la frente.

—Está bien, está bien — él le murmura, negándose a admitir que no está bien.

Hay varias formas de bajar hasta los búnkeres.

Ésta era la vía más rápida. La gente está tratando de mover los escombros que bloquean la entrada, pero a Peeta le parece una pérdida de tiempo, ellos no tienen tiempo para eso. Comienza a abrirse camino entre la gente, alejando la duda que lo empieza a embargar de si realmente esto es lo que Katniss haría. Las luces del techo se apagan de pronto, y él se tambalea, y se corta la frente con algo que lo ciega momentáneamente, pero se obliga a seguir adelante, murmurando cosas sin sentido a Penny mientras continúa avanzando.

—¡Aquí, por aquí!

Peeta no conoce a la mujer que le grita, pero aparece en el pasillo, gritando para que la escuchen sobre la alarma, y los que están con ella parecen saber lo que hacen. Los alcanza y los sigue ciegamente, ahogándose con el humo y el polvo del yeso, y lo logran. Llegan a las escaleras y a los búnkeres a salvo.

Los pasillos tiemblan con las bombas que caen, pero el impacto no se compara con el que se sentía afuera de ese refugio, y Peeta desacelera un poco. Los búnkeres son seguros. Él ajusta a Penny, subiéndola más en sus brazos.

—Está bien, ésta bien— le promete.

Ellos lo lograron.

Pero su mirada busca entre todas las personas a su familia. Ash lo encuentra a él primero.

—¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!

Él corre y abraza a Peeta.

Peeta se pone de rodillas, y abraza a Ash junto con Penny.

—Te tengo— le murmura.

Ash está llorando mientras se aferra a Peeta, y habla sin sentido; le toma un minuto explicarle que él estaba con su tío Bannock, pero que su tío estaba preocupado por su tía Mary, y le dijo que esperara ahí mientras él iba a buscar a su tía.

—¡Pero él no ha regresado, y yo no te encontraba o a mamá, o a tío Haymitch, o a tía Prim, a nadie!

Peeta pasa saliva —Está bien. Me encontraste, y ahora vamos a encontrar a mamá. Vamos.

Ash lo toma de la mano y ellos comienzan a sortear a la gente en el búnker. Está claro que el Trece no estaba preparado para esto, nadie sabe exactamente qué está pasando. La gente se amontona en grupos, lloran, y también hay personas con ataques de pánico buscando a sus familiares a gritos. Como lo está Peeta.

Los soldados del Trece empiezan a empujar a todos hacia las escaleras, explicándoles que necesitan meterse hasta el fondo en los búnkeres; las paredes tiemblan con otra bomba y la gente empieza a moverse.

Pero Peeta tiene que encontrar a Katniss. Ella va a traer a Davey, ellos deben mantenerse seguros juntos.

Ash tropieza en su esfuerzo por seguir a Peeta, y Penny también hace que vaya más despacio, necesita dejarlos con alguien para asegurarse que ellos van a estar a salvo no importa que pase. Pero odia tener que dejarlos fuera de su vista, lejos de sus brazos, y él va a encontrar a Katniss en cualquier segundo, quizás no sea necesario separarse de ellos.

Él tiene que encontrarla.

Los soldados son insistentes, están molestos, le dicen que tiene que quedarse ahí, no puede salir.

El yeso sigue cayendo del techo.

La seguridad que inicialmente ofrecía el búnker se ha esfumado, ellos tienen que meterse más al fondo, y de pronto alcanza a ver una mata de rizos rubios a lo lejos. Su corazón palpita por muchas emociones que siente a la vez: pánico, alivio, esperanza.

—¡Davey!, le dice, se aclara la garganta y grita más fuerte, pero Ash grita junto con él y Penny también, y el niño se gira para verlos con sus ojos bien abiertos. Davey.

Peeta por fin se siente aliviado.

Todos lo lograron. Katniss llegó al hospital y trajo con ella a Davey a los búnkeres.

Peeta se pone de rodillas para abrazar a Davey mientras Ash le revuelve el cabello y Penny le besa la mejilla, y por un momento se funden juntos en un abrazo grupal.

—¿Dónde está mamá? — le pregunta Peeta, sonriéndole sin aliento a su hijo.

Pero Davey parpadea.

No

¡No! ¡No! ¡No!

La mirada de Peeta se posa en Prim a quién se le congela la sonrisa. Rory está con ella, Madge se encuentra a su lado. Pero eso es todo.

—¿No está contigo? — le pregunta Prim.

—Nos separamos — exhala él. Y no espera su respuesta, ya está en movimiento buscándola.

—Llévatelos contigo. Yo voy a ir por ella.

—Peeta— murmura Madge

Prim asiente, y agarra a Pennycress.

—Los veremos acá abajo— dice ella.

—¡Espera, Papá! — le dice Ash, lleno de pánico, y Davey abraza a Peeta por la cintura.

—Tengo que ir por tu mamá, amiguito — le dice Peeta, esperando que Ash entienda.

Haymitch aparece junto con Effie y agarran a los niños.

De inmediato se dan cuenta de la situación, al no ver a Katniss junto a su familia —Encuéntrala pronto muchacho y tráela lo antes posible.

—Lo siento, pero ahorita regreso — les dice Peeta apurado.

Ash asiente lentamente, y Peeta se voltea antes de que la expresión en el rostro de Ash lo quiebre. Aprieta el pie de Penny y pasa su mano por la cabeza de Davey, y se dirige a las escaleras.

Pero el caos de arriba al fin a alcanzado a los búnkeres; las luces parpadean con un golpe que hace que todo el corredor tiemble violentamente, y los soldados obligan a todos a bajar. Peeta se zafa de un soldado que lo agarra del brazo, y sube las escaleras en lugar de bajarlas. Boggs le grita y Peeta agiliza el paso subiendo de dos en dos.

Da vuelta en una esquina y se topa con Finnick.

Por un momento, se paraliza. Finnick está cubierto de sangre y cojea de un pie porque se torció un tobillo, mientras Annie grita histérica desde donde Gale la tiene abrazada fuertemente contra su pecho.

—¿Nell? —le dice Finnick, observando el rostro de Peeta —¿Ella estaba en el hospital con Prim? ¿ella…?

—No la he visto — le dice Peeta.

—¿Y a Madge? —le pregunta Gale.

Peeta asiente, pero él no tiene tiempo de hablar con ellos.

—Todo el mundo va para allá, están bajando. Pero yo tengo que ir por Katniss— y los esquiva para seguir subiendo.

Finnick lo sigue inmediatamente, va a ir con él, pero los dos salen volando cuando una explosión cae cerca y sacude el piso, arrojándolos al piso.

Le toma a Peeta un momento recuperarse, pero lo hace.

Las escaleras por arriba de ellos desaparecen bajo el techo.

Peeta parpadea por el polvo que se mete en sus ojos y su garganta le quema.

No.

—¡No! — dice Finnick, poniéndose de pie —¡No! ¡No! — se jala el cabello, golpeando las escaleras que están arruinadas y llenas de escombro bloqueándoles el paso. Peeta trata de ayudarlo, moviendo los escombros. Pero no han logrado mover nada, y de pronto atrás de ellos aparece Boggs, y toma a Peeta del hombro mientras les grita que son un par de estúpidos, que es una pérdida de tiempo, que ellos necesitan regresar a los búnkeres antes de que sus familias los pierdan a ellos también.

—¡Tengo que ir por mi hija! — grita Finnick, empujando a Boggs.

Boggs lo noquea golpeándolo en la cabeza y Finnick queda sin conocimiento por un momento. Boggs se pone sobre el hombro a Finnick, y se voltea hacia Peeta.

—No puedo cargarlos a los dos — le dice —Acuérdate de tus hijos— hace una pausa y Peeta asiente — ¡Vamos!

Los minutos que tardan en bajar las escaleras, le parecen horas, y Peeta se mentaliza para creer que Katniss está en los búnkeres y que él simplemente no pudo encontrarla. Pero ella no hubiera ido al refugio sin Davey. Pero… ella pudo haber llegado al hospital, darse cuenta de que estaba vacío, y haber sabido que Prim se había llevado a Davey.

Ella está en los búnkeres. Él simplemente no la vio.

Ella ya debe estar reunida con su familia, y tiene a Penny en sus brazos. O quizás dejó a Penny con Prim y ahora mismo está peleando con los soldados para salir a buscarlo.

El impacto de las bombas se escucha a lo lejos, cuando se meten en la caverna donde todos los esperan.

Los niños observan a Peeta y corren hacia él.

Katniss no está con ellos.

Su mirada se posa en Prim y ella niega con la cabeza —No— ella susurra. —¡No! ¡No! Ella está allá arriba. ¡Tú debiste traerla!

Ella hace el intento de ir a las escaleras empujando a Rory a un lado cuando él la alcanza; lucha en sus brazos con una furia que él no sabía que Prim poseía.

—Las escaleras están bloqueadas — él susurra — No había forma de subir.

—¡TÚ DEBISTE TRAERLA! — le grita Prim

Rory logra sostenerla en sus brazos, pero ella lucha contra él.

—Lo siento — susurra Peeta — No pude…

No es real, no es real, no es real.

Él aleja la mirada de Prim, solo para toparse con la de Ash, quién lo ve con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Mamá no va a venir? — le pregunta su hijo.

Es una pregunta, pero la respuesta se atora en la garganta de Peeta, y esa es la respuesta para Ash quien se voltea a otro lado, asintiendo, y es cuando la verdad por fin aplasta a Peeta completamente.


Él sabe que las probabilidades de que ella sobreviva a las bombas son pocas.

Pero ella pudo haber encontrado un lugar para refugiarse.

No hay una forma de estar seguros mientras estén atrapados en los búnkeres. No realmente, y los días siguientes son los peores de su vida.

Encuentra a su hermano Bannock inconsciente sobre una litera, se golpeó la cabeza mientras buscaba a Mary y lo llevaron ahí. Pero está vivo, y va a recuperarse.

Ellos tienen los suministros que necesitan para sobrevivir, pero ellos están atrapados; el techo es bajo y las luces tenues, pero el shock que se apodera de Peeta de primer momento le hace imposible que pueda dormir, comer, pensar. Necesita salir a buscarla. Necesita encontrarla.

Dos días ahí atrapados, y el mensaje en la radio que demanda que se rindan comienza a repetirse.

En la noche el mensaje se corta abruptamente y en la radio solo se escucha pura estática.

Coin no logró llegar a los búnkeres, y nadie sabe qué está pasando. Tampoco lo logró Heavensbee. Boggs está ahora a cargo, al ser la persona con mayor rango, pero él está perdido y no sabe qué hacer.

Johanna no lo logró, tampoco Mary, Delly, Posy, Vick, la señora Hawthorne. Tampoco están la señora Everdeen, Nell, Seeder, Blight, Beete. La lista sigue y sigue, y es imposible que todos de forma milagrosa sobrevivan a los bombardeos. Pero hay posibilidad de que alguno sí.

A los cuatro días de estar ahí, Prim se despierta en un baño de sangre, y sus sollozos hacen eco en la caverna. Ahora ella perdió a su madre, a su hermana y su bebé, y se niega a ser confortada.

Pero puede que ella no haya perdido a su hermana.

Él no lo dice, ella tampoco, pero sabe que Prim se aferra a la misma estúpida esperanza.

No se suponía que fuera así. Él estaba listo para dar su vida por esta guerra, por terminar con los Juegos, por detener al Capitolio. Pero no estaba listo para perder a Katniss. No puede. No lo hará. Se niega a imaginarse su vida sin ella.

Ocho días y Boggs les da la autorización para abandonar por fin los búnkeres.

Parece que las bombas por fin cesaron.

El problema es que las ruinas que están sobre ellos, han convertido los búnkeres en una prisión de la cuál es imposible salir.


¡Zaz!

¿Qué creen que vaya a pasar ahora?

Me encantaría saber su opinión. Por lo pronto tenemos una idea de quiénes alcanzaron a llegar a los búnkeres y quiénes no.

Gracias por sus comentarios, agregar esta historia a sus Follows y Favoritos.

saludos

Marizpe