Capítulo 9
***Ver nota al final***
PEETA POV
El problema es que las ruinas que están sobre ellos, han convertido los búnkeres en una prisión de la cuál es imposible salir.
—Hay túneles — dice Boggs —No sé dónde están, pero es un comienzo.
Aparentemente, los túneles fueron construidos para dirigirlos lejos del Trece, en caso de que fuera necesario evacuar los búnkeres. Eso es todo lo que sabe Boggs: que ellos existen y por qué. Él no sabe a dónde los llevan, o si alguien se tomó la molestia de estar supervisando que no hayan colapsado hace años desde que fueron construidos.
Pero es lo que hay.
Les toma una semana limpiar los escombros que bloquean los túneles. Boggs sugiere que solo los soldados exploren los túneles mientras los demás esperan en los búnkeres, pero Peeta no quiere esperar, y tampoco va a abandonar a sus hijos. Al final, todo mundo se encuentra ansioso por dejar la jaula en la que se ha convertido su refugio, y se adentran en la oscuridad de los túneles con la intención de no regresar.
El techo roza la cabeza de Peeta, y hay ratas en sus pies.
Él carga a Penny en la espalda de caballito, y mantiene a los niños a su lado, Haymitch y Effie van con ellos ayudándolos; Peeta los toca a cada rato para recordarse que los tiene a su lado. Vivos, seguros.
La inclinación es gradual; cuando se da cuenta que ya no están caminando hacia arriba no sabe cuánto han recorrido. No importa. Ellos emergen en un pequeño claro rodeado de árboles, y todo el mundo está abrumado, aliviados por un momento, riendo, llorando, y dando vueltas. No pasa mucho antes de que Wiress se dé cuenta de que hay una edificación gris entre los árboles; y está llena de suministros: comida, agua, cobijas, medicina, lámparas y mapas.
Es todo lo que ellos podían desear en este punto.
Pero hasta que están en el claro Peeta se da cuenta de los pocos que son en realidad, los pocos que lograron llegar a los búnkeres. Ahí no puede haber más de doscientas personas.
Boggs pide voluntarios para regresar al Trece, diciendo que necesitan buscar sobrevivientes lo más pronto posible. Peeta está listo para dejar a Pennycress al cuidado de Prim, pero ella dice que quiere ir.
—Prim — dice Rory.
—Voy a ir— dice Prim con un tono fuerte.
Nadie trata de rebatirle. Prim va. Peeta va también y deja a sus hijos al cuidado de Haymitch y Effie.
Empieza a oscurecer muy pronto, pero ellos siguen avanzando durante la noche, alcanzan las ruinas una hora antes del amanecer. Un soldado del Trece comienza a vomitar ante lo que ve.
El olor que los golpea es peor de lo que ven.
Las bombas borraron al Trece del mapa, dejaron un cráter en la tierra. Columnas de humo negro y espeso suben al cielo, y una nube de cenizas flota a su alrededor. Por un momento el grupo se encuentra paralizado, y todos están observando.
Finnick es el primero en salir del shock.
—¡Nell! Grita.
Peeta lo sigue, y el grupo se separa, llamando a sus seres queridos. Es difícil ver, y sus ojos comienzan a arder. Pero cuando el humo se mete a sus pulmones, lo empieza a ahogar. Boggs asume que no es tóxico.
—No te preocupes, el humo no va a matarte — le dice, y sus ojos se posan sobre el hombro de Peeta en las ruinas.
La ceniza se pega en su lengua, y le dificulta gritar para llamarla. Pero lo hace.
Ellos encuentran cuerpo tras cuerpo, la mayoría está irreconocible, son muchos. Gale carga a una mujer del Trece que no puede dejar de llorar y gritar sobre los escombros cuando encuentra el cuerpo de su hijo sin piernas y con los ojos muy abiertos.
Peeta se aferra a escuchar algún sonido de los escombros, o algún susurro suplicando ayuda, o algo que indique que hay personas atrapadas, vivas.
Pero no escucha nada.
No hay sobrevivientes.
Él se niega a darse por vencido, solo que su cuerpo parece no estar de acuerdo. Su zapato se atora con algo, y su pie se tuerce; él trata de detener la caída con sus manos, solo para cortarse las palmas con un metal que sale de entre los escombros. Por un momento, se siente mareado por la velocidad a la que cayó de rodillas, tose violentamente por las cenizas que tragó y se pegaron a sus pulmones.
—¡Diablos!— dice Bannock, y le toma un momento cruzar las ruinas hasta donde está Peeta. —¿Te torciste el tobillo? Le pregunta. Sus ojos se posan en las manos sangrientas de su hermano —¡Diablos! — Agarra a Peeta por el codo y coloca una mano en su espalda —Ven, tenemos que vendarte antes de que se infecten.
Peeta se sacude — Estoy bien.
Pero no lo está. Su pierna se niega a cooperar, y su intento por pararse falla. Se cae de espaldas, y aprieta la mandíbula para no dejar escapar un sollozo que trae en el pecho. No funciona.
Ella está muerta.
Una vez que empieza a llorar, no es capaz de parar. Está paralizado, jadeando por aire entre sollozos. Quiere creer que no es real, que no pasó nada. Pero es real. Pasó. Se balacea adelante y atrás, levanta sus manos y las cierra en un puño, gritando por el dolor; continúa meciéndose hasta que colapsa, y Bannock lo toma por los hombros y lo abraza mientras él también llora.
Eventualmente los temblores que sacuden su cuerpo cesan.
Al otro lado de las ruinas, Finnick grita por Nell.
Las palabras se atoran en la garganta de Peeta, pero se las arregla para decirlas.
—Ella está muerta.
Lo sé — murmura Bannock — También mi Mary y… mis bebés… no te conté ¿verdad? Justo nos acababan de informar que íbamos a tener cuates—dice entre sollozos y Peeta voltea a verlo a los ojos y frunce el ceño — vamos — él se para y Peeta es capaz de pararse con él.
El mundo se tambalea bajo sus pies, pero logra sostenerse, y él asiente ante Bannock
—Estoy bien.
La esperanza con la que los reciben cuando regresan al claro dónde se encuentran el resto de los sobrevivientes, es horrible.
Se esfuma rápidamente; y Peeta observa como palidece el rostro de Madge. Effie se pone a temblar de inmediato tratando de contener las lágrimas por los niños, pero no es capaz de hacerlo, Haymitch la abraza y la aleja y él no puede evitar observar que su mentor también está llorando.
—¿Dónde está mamá? — pregunta Davey. Está ansioso, tratando de ver tras Peeta buscando a Katniss. Pennycress está sobre el regazo de Ash, chupando su pulgar, y ella estira sus brazos hacia Peeta cuando él evade la pregunta de Davey.
—¿Dónde está mamá, papá? — Davey mira ahora a los ojos a Peeta, y él no puede responderle; las palabras no le salen. ¿Qué se supone debe decir? ¿Cómo se supone debe explicar que su mamá ya no está?
Ash se da cuenta, sus ojos se ensanchan ante el silencio de Peeta —¡No! — dice —Pero…— su barbilla empieza a temblar — ¡NO!
—Lo siento, amiguito— murmura Peeta.
—¿Ella tuvo que ir al Capitolio? — pregunta Davey.
Penny se estira un poco hacia adelante, insistentemente, y él la levanta en sus brazos, tratando de encontrar su voz.
—¿Dónde está mamá? — pregunta Penny, recostando su cabeza adormilada en el hombro de Peeta. Ella no está enojada o consternada, y eso lo hace peor; la garganta de Peeta se cierra con las lágrimas.
Ash está llorando, y Davey empieza a entender también lo que está pasando, volteando a verlos a los dos.
—Mamá no logró ponerse a salvo a tiempo — Explica Peeta, tragando gruesamente — Lo siento.
—Pero... pero tú fuiste para traerla— dice Davey, negándose a creer, y la mirada en su rostro quiebra a Peeta; no es capaz de seguir reteniendo las lágrimas. Davey empieza a llorar cuando su papá lo hace.
Él alcanza a los niños, y se hinca frente a ellos. Se aferra a ellos y a Pennycress, pero ella no entiende, no se da cuenta; ella trata de limpiar las lágrimas del rostro de su papá, y lo trata de tranquilizar. Ella es su bebé, y necesita a su madre, y ¡oh Dios! ella no va a ser capaz de recordarla cuando crezca, ¿o sí? No se supone que sean así las cosas.
No se suponía que pasara eso.
Él se ahoga en las lágrimas, y sostiene a sus hijos cerca. Ellos son todo lo que le queda ahora.
No es seguro permanecer en el Trece, y no hay razón para hacerlo. No les queda nada a ellos en ese distrito.
Necesitan saber quién queda en Panem, y dónde están. Boggs cree que Coin bombardeó el Capitolio, explicándoles que el plan por años había sido bombardear el Capitolio a penas ellos los bombardearan; y claro, nunca creyeron que en verdad fuera a pasar. Pero pasó.
Si el Capitolio fue bombardeado, Snow podría estar muerto.
O él pudo haber encontrado una forma de esconderse, de sobrevivir, y ahora tener una forma de ganar la guerra. Si es que él no la ganó ya. La radio sigue muerta, y ha permanecido así desde que se metieron en los búnkeres; ellos tienen también pequeños monitores de TV portátiles, pero no se ven los canales, solo estática. Es inútil. Ellos no saben lo que está pasando, y necesitan averiguarlo.
Es difícil viajar con el miedo constante de que aerodeslizadores con bombas van a aparecer de pronto en el cielo sobre ellos, pero no tienen opción.
Siguen los mapas que encontraron en la cabina, cruzan rápidamente el Doce o lo que solía ser el Doce.
La devastación es horrenda.
Él desea que los niños no lo hubieran visto, pero no hay forma de escondérselos.
Madge es buena con ellos. Les pide a los niños que le tomen las manos, y les explica que es difícil ver con un solo ojo. El ojo del que perdió la vista se ve casi normal, sólo la pupila un poco más clara, pero lo trae cubierto para protegerlo. Davey inventa historias para compartirlas con ella, Ash piensa en chistes y bromas para hacerla reí; su determinación para ayudar a su tía Madge los mantiene distraídos de las ruinas y el hambre. Es un hecho que perdieron su hogar, sus amigos. A su madre.
Les toma dos días alejarse de los escombros de lo que fue el Distrito Doce.
Cortan camino hacia el Distrito Diez, y cuando llegan está claro que debió haber sido bombardeado también. Peeta sospecha que Snow trató de bombardear todo el país para someterlo y sólo logró destruir todo. El presidente estaba desesperado por controlarlos a todos, y ahora no quedó nadie a quién controlar. Excepto ellos.
Excepto su grupo, luchando por sobrevivir, con pocos suministros.
A las pocas horas de estar en el Diez encuentran pruebas de que hay más sobrevivientes ahí en el distrito.
Hay cuerpos pudriéndose, cuerpos mutilados colgados de horcas improvisadas. Los animales se han alimentado de los cadáveres, pero sus ropas permanecen raídas, y se puede ver bien claramente quiénes eran: Agentes de Paz. Peeta voltea a Penny de inmediato, tratando de distraerla, y trata de distraer a los niños también con ayuda de Effie, aunque no son capaces de impedir que no vean absolutamente nada.
Annie grita de forma histérica ante lo que ve.
La mayor parte del tiempo, ella se pasa los días ida, preguntando donde está Nell, y Finnick es el único capaz de mantenerla calmada. Pero ahora no puede. Sus gritos son imposibles de callar, y Peeta observa a Boggs quién asegura su arma en el cinturón y murmura con Gale. Pero nadie sale para atacar a su grupo, o para acreditarse las muertes de los Agentes de Paz. Eventualmente el cansancio vence a Annie y ella se tranquiliza.
Finnick le cuenta a Peeta que Annie tiene casi 3 meses de embarazo, que no querían decir nada porque Nell iba a ser la primera en saberlo. Pero ya no tiene caso ocultarlo o esperar para contarlo. Y ahora le preocupa todo el estrés que está sufriendo Annie pueda afectar al bebé.
Ellos continúan, caminando a través de los campos que rodean al Diez.
No pareciera que ese distrito fue bombardeado, pero no se ve ni una sola alma. Cuidadosamente, ellos se aventuran dentro de las pequeñas casas que rodean los campos. La electricidad no sirve, y no encuentran comida o medicina. Está claro que las casas fueron abandonadas, y los ocupantes tomaron todo lo de valor con ellos, o lo que servía.
—¿Pero a dónde irían? — pregunta Rory.
Nadie lo sabe.
Ellos pasan la noche en esas casas, pero Peeta no es capaz de dormir.
Su mente sigue dando vueltas sobre quién pudo haber vivido ahí, y dónde se encuentran ahora. Piensa en Katniss, y en lo que ella hubiera pensado sobre los Agentes de Paz, y sobre esas casas, y sobre todo lo que han visto. Él se imagina la conversación con ella. Cierra los ojos, y ve la tensión que muestra su boca al ver las ruinas, los cuerpos en descomposición. Ella murmuraría que Darius no era tan malo, y él entendería.
—Lo sé— dice él, y abre sus ojos y todo permanece en silencio.
Ella está muerta.
En la mañana, Boggs empieza a organizarlos en grupos para buscar suministros en todas las casas.
—Mejor estar listos lo antes posible— dice él, y nadie le discute.
Pero dos días después una mujer del Trece anuncia que ella se quiere quedar ahí en el Diez, y habla con otros que también lo desean. Hay casas habitables, un rio cerca con agua y tierra para sembrar.
—Pero, ¿para qué quedarse? — pregunta Gale.
—¿Para que irse? — pregunta Leevy, su esposa.
Él la voltea a ver.
—No es seguro— le dice —Tenemos que averiguar qué está pasando. No sabemos por qué la gente del Diez decidió dejar sus casas. Eso importa, y nosotros necesitamos saber que pasa en el Capitolio, con la guerra.
—Si tú te quieres ir, vete— le dice Leevy — Pero yo me voy a quedar — ella voltea a ver a la mujer del Trece —Hablé con Emily, y esto es lo que yo quiero hacer.
—¿Cuántos desean quedarse? Pregunta Boggs, observando al grupo.
Lentamente, la mayoría levanta las manos.
—Ya veo — dice Boggs —¿Alguién desea irse? Su mirada cambia de Finnick, a Gale y a Peeta.
—Sí— dice Finnick, y hay seguridad en su voz. Él no se va a quedar.
Tampoco Peeta. No se le ha ocurrido quedarse, no pensaba hacerlo. Hay una soledad en el distrito que lo hace parecer embrujado, que los hace sentir que no deben quedarse entre los fantasmas.
El grupo se separa prácticamente en dos, y Emily dice que los números son suficientes para que cada grupo pueda sobrevivir por su cuenta; no necesitan permanecer todos juntos. Es claro que Boggs no está de acuerdo, pero no trata de rebatir nada, está decidido: aquellos que deseen quedarse lo harán, y los que deseen irse se irán.
Peeta se va a ir, Prim también y sostiene la mano de Ash.
Rory voltea a ver a su esposa y a Gale —¿Y tú? — le pregunta.
—Él se quiere ir— contesta Leevy mirando a Gale. Su barbilla tiembla, y mantiene una sonrisa triste —No tenemos un hijo que nos mantenga unidos, y tampoco nos amamos, no ha habido amor por años, no realmente— Su mirada se mantiene fija en Gale —No la clase de amor que debe haber en un matrimonio.
—Lee— dice Gale.
—Si tú te quieres quedar, quédate— le dice ella —pero si te quieres ir, vete— ella hace una pausa —¿Qué decides?
Gale permanece en silencio y baja la mirada.
Leevy asiente— De acuerdo— Su mirada cambia de Gale hasta donde se encuentra Madge con Davey.
Hay un pañuelo enrollado atado en la cabeza de Madge que le cubre el ojo lastimado; Peeta se da cuenta de que pertenece a Gale.
Leevy se ríe sin humor y llena de lágrimas dice —Ok, de acuerdo.
Ellos se van ese día. Su grupo es pequeño. Sombrío. El cielo está nublado, y hay brisa, y Prim comienza a cantar para entretener a los niños.
Por la tarde, Gale toma la mano de Madge.
—¿Lo sabría Katniss? Ella no debió saberlo o me lo hubiera dicho—piensa Peeta.
En realidad, no es verdad. Katniss pudo estar enterada, pero haber pensado que no era asunto de ella, o no era muy importante, y por eso no le dijo a él. No importa. Excepto que sí importa. Importa porque él quiere preguntarle a ella qué sabía, pero no puede. Quiere preguntarle qué piensa, pero no puede. Quiere preguntarle cualquier cosa, quiere hablar con ella, quiere sostener su mano, quiere estar con ella en ese momento. Pero ella se fue, y él no puede hacerlo.
La culpa que siente Peeta le llega como las olas, y éstas consumen sus pensamientos. Debió detenerla cuando ella lo empujó y corrió. Debió negarse a separarse. Debió dejar a Penny tan pronto entró en los búnkeres y correr tras Katniss. Debió haber noqueado a Boggs, y haber corrido a través del escombro para encontrarla.
Hubiera sido un suicidio, pero no le importa. Debió hacer todo para llegar a ella. Debió estar con ella cuando murió.
Él debió morir también.
Sabe que no debe pensar así. Sus hijos lo necesitan, pero no puede evitarlo.
Debió al menos tratar de salvarla. Después de todo, pudo haberla tomado del brazo. Es más fuerte que ella, pudo haberla arrastrado a los búnkeres.
Pudo haberla salvado. Debió salvarla.
Tardan cuatro días en atravesar los silenciosos y vacíos campos que comprenden el Distrito 10, y el invierno se comienza a sentir. El frio preocupa a Peeta; cuando trae a Penny en sus brazos, ella mete sus manos bajo el cuello de su camisa y presiona sus fríos deditos a su piel. Eso lo asusta.
Su grupo es rudo, fuerte, pero no van a ser capaces de sobrevivir el invierno en el camino.
Por suerte no tienen que hacerlo.
Llegan al Nueve por fin, y resulta que los sobrevivientes de ese distrito decidieron quedarse. Ellos tomaron una fábrica y la transformaron en una fortaleza, y los guardias que la rodean le dan la bienvenida al grupo del Trece a su aglomerada nueva ciudad.
Ellos manejan la fábrica con una eficiencia que deja al Trece en vergüenza; todo está organizado, y todo es racionado, y no están dispuestos a compartir sus recursos con unos extraños.
Pero lo hacen. Comparten su refugio, su comida.
Ellos comparten el estambre que pide Finnick, y agujas de tejer que él le da a Annie. Ella teje guantes y bufandas para los niños de Peeta y teje también para Nell: guantes amarillos con una bufanda a juego, un gorro con flores verdes en la orilla. Peeta voltea a otro lado cuando Finnick los guarda.
Effie le ayuda a Annie a tejer suficientes guantes, bufandas y gorros para todos los niños del grupo. Y ella también le teje un gorro a Haymitch.
Nadie en el Nueve sabe que pasó en el Capitolio, o con la guerra.
Los radios siguen con estática, igual que los televisores; no ha llegado ningún tren del Capitolio desde que el Nueve fue bombardeado, o ningún aerodeslizador. Están convencidos de que Snow fue asesinado, y que el gobierno en el Capitolio fue destruido. Después de todo, él no les hubiera permitido "florecer" y organizarse de este modo sin él.
Madge le susurra a Gale que ella no cree que está fábrica/ciudad realmente haya "florecido" como los habitantes del Nueve sugieren.
Pero a nadie en el Nueve le interesa lo que Madge piensa. Sus rostros son duros. Enojados y están listos para defender lo que les queda sin importar nada más. Ellos no van a forzar a aquellos que sobrevivieron en el Trece a morir de hambre en el frío, pero no están contentos de tener que darles asilo.
El invierno que llega es muy duro para Peeta.
Están atrapados en una fábrica, sobreviviendo de vegetales secos sin sabor, que son cosechados en la fábrica. No se puede desperdiciar el agua, lo que significa que nadie puede tomar un baño como debe ser, y el olor de sudor y suciedad se mantiene en el aire. Es horrible.
Katniss hubiera odiado este lugar más de lo que odió al Trece.
Hay momentos en los que él olvida que ella está muerta.
Ella vive todo el tiempo en el que él no está dormido ni despierto. En las pausas de sus oraciones cuando su mente se pone en blanco de pronto, y en los momentos en los que se encuentra distraído y voltea para compartir una broma con ella o preguntarle algo, o para ver su reacción a algo que haya dicho Boggs. Y el nudo en su pecho lo oprime más y es doloroso al ver que ella no está ahí, y tiene que forzarse a recordar que ella ya no está.
En cierta forma, se rehúsa a creer que es real. ¿Cómo puede serlo?
¿Cómo es posible que simplemente se haya ido?
Pero ella no está, y eso rompe el corazón de Peeta cuando Davey le grita a Hestia que su mamá no está muerta.
Hestia es una pequeña y tímida mujer del Trece cuya familia murió en el bombardeo. No hay nada desagradable en ella; es inteligente, piensa en todo, es amable, es paciente con Annie, amigable con Madge, y está ansiosa por cuidar a los hijos de Peeta cuando él no puede hacerlo. Pero después de que ella le explique a Davey que no puede salirse de la fábrica para cazar o buscar comida, Davey la voltea a ver feo, y le dice fríamente que su hermana tiene hambre, y que él sabe cómo poner trampas. Que su mamá le enseñó.
—Lo sé, cariño— Le dice Hestia — Pero no es seguro que te vayas y ….
—¿A ti que te importa? — le contesta Davey.
Hestia parpadea mirándolo con sorpresa — A mí me importas.
—Pues ¡No!
—Davey, le dice Prim tocándole el hombro.
Pero él se sacude y sus ojos grises se oscurecen mientras observa a Hestia. Peeta sabe que tiene que hablar con él, tiene que intervenir. Pero él está paralizado viendo a Katniss en su hijo: sus ojos, la forma de su cara, la furia que irradia de él.
—Cariño, yo sé que extrañas a tu madre ... — empieza a decirle Hestia.
—¡No, tú no! — le dice Davey —¡Tú no sabes nada de mí! ¡Y yo no soy tu cariño, y tú no puedes decirme que hacer! ¡Yo voy a ir a cazar y tú… cuando mi mamá nos encuentre, le voy a decir que yo atrapé ardillas como ella me enseñó, y que yo… que yo estuve cuidando de Penny!
Hestia abre su boca para replicar, pero por fin interviene Peeta.
Él se agacha para estar a la altura de Davey. El niño limpia sus lágrimas y ve a su padre, y su mirada hace que a Peeta se le atoren las palabras en la garganta. No le explica que Katniss está muerta, Davey lo sabe. Él no dice nada. No puede. Jala a Davey en sus brazos. Davey lo abraza, y susurra palabras en el cuello de su papá.
—Ella va a regresar — le dice — Ella siempre lo hace.
—No está vez — le dice Peeta. Y las palabras apenas le salen y no está seguro que Davey lo haya escuchado.
—Sólo espera papá — le murmura Davey — Ella nos va a encontrar. Ya lo verás.
Esa noche, Gale le pide ayuda a Davey para colocar unas trampas.
—No sé si yo voy a ser capaz de atrapar algo en la nieve— le dice —Pero estoy seguro que voy a tener una mejor oportunidad si tú me ayudas. Tú realmente eres bueno con las trampas, ¿verdad? ¿Me puedes enseñar cómo lo haces?
Davey le enseña, y él sonríe un poco cuando Finnick alaba las trampas de Davey.
Effie peina a Penny, le hace trenzas como lo solía hacer Katniss y juega con ella con una pequeña muñeca de trapo que le hizo a la niña. Haymitch y Bannock juegan a las cartas con Ash, y así logran distraerlo.
El duelo les llega a los niños en intervalos, de pronto están tranquilos, jugando, pero hay momentos en los que no pueden dejar de llorar por su mamá.
No es así con Peeta. El duelo se queda con Peeta, y el tiempo se hace más lento en esa fría y vieja fábrica sin ella.
El carbón que en el pasado se usaba para calentar la fábrica era traído en tren desde el Distrito Doce, lo que significa que deben encontrar una forma de calentar la fábrica sin carbón. La solución es quemar leña que fueron capaces de reunir en unos botes grandes de metal, forzando a todos a reunirse alrededor de ellos en la noche cuando el frío se siente más fuerte. Peeta no sabía que el frío existía, no había imaginado que el invierno en el Doce era moderado en comparación al crudo invierno en el Nueve.
Pero los días se convirtieron en semanas y de pronto ya habían pasado dos meses ahí.
Penny agarra una terrible infección de oído, y el dolor la hace gritar por Katniss. Peeta se sienta con ella día tras día, y se mantiene despierto con ella noche tras noche, y ella ruega que traigan a su mamá, hasta que él empieza a llorar también. Él no puede tomar su dolor, no puede traer a su madre de vuelta. Se siente inútil.
Poco después de que ella se recupera, el frío empieza a disminuir y ellos hacen planes para irse del Nueve tan pronto cómo les es posible.
Nota: La próxima semana me iré de vacaciones por la semana santa, así que traté de compensarlos con este capítulo más largo y el viernes también publicaré un capítulo largo. Yo creo que estaré de regreso en semana y media.
Este capítulo me partió el corazón, el dolor de Peeta y de sus niños por la pérdida de Katniss es horrible.
Espero me manden reviews y me cuenten que les pareció el capítulo.
gracias por sus mensajes, follows y agregar esta historia a sus favoritos.
Hasta el viernes!
Si tiene Tumblr pueden encontrarme como marizpe17 ahí van a encontrar muchos clips de los juegos del hambre de nuestros personajes consentidos sobre todo Peeta/Katniss y Haymitch/Effie.
saludos
Marizpe
