Capítulo 11


***KATNISS POV***


Unas voces la despiertan, haciéndola parpadear adormilada. Su cabeza le duele por el sueño, cierra los ojos ignorando el ruido que la despertó, y trata de dormir de nuevo.

—¿Te vas a comer eso? — le pregunta Nell, empujando a Katniss en la cama —Tía, despiértate.

Katniss cansada se voltea para verla, pero los ojos de Nell están sobre la comida que Mary le dejó a un lado: una manzana y lo que parece una sopa llena de grumos.

—¿Te vas a comer la manzana?

Le toma un momento entenderla —Puedes tomarla — le dice Katniss tratando de sonreír.

Nell le lanza una sonrisa radiante, y se agacha para darle un beso en la mejilla antes de tomar la manzana. Pero ella no se va cómo esperaba Katniss. En su lugar, se cruza de piernas a su lado mientras se come la manzana cuidadosamente, lamiendo sus labios después de cada mordida.

Katniss la observa.

Su cuerpo está pegajoso, y su cabello cae seboso y enmarañado alrededor de su rostro.

—Es bueno verte levantada — le dice Mary, acercándose con una sonrisa.

Mary está muy grande por los bebés, está esperando cuates, y aún así sus huesos destacan bajo su piel. Katniss la observa, y sabe que Mary está muy hambrienta, así como Nell. Ellas han sobrevivido de manzanas un poco pasadas, bayas inmaduras, papas arenosas, sopa con sabor a raíces y pasto, Katniss no lo había notado antes hasta que las ve.

Ya pasó un mes desde que regresaron de las ruinas en el Trece. Un mes que ella se ha pasado sobre una cama llena de sudor y manchas de sangre, mientras la hija de Finnick muere de hambre, y la esposa de Bannock batalla para cuidar a la niña y también a Katniss, y a los bebés que carga en su vientre. Los sobrinos o sobrinas de Peeta.

Le toma un tiempo hacer flechas y un arco que sirvan adecuadamente.

Pero ella deja el campamento para internarse en el bosque, hasta que su cuerpo le recuerda lo que su mente había olvidado: cómo tensar el arco, cómo disparar una flecha, como matar a una pequeña y escuálida ardilla café, atravesando una flecha justo en el ojo.


Hay días en los que ella no es capaz de levantarse de la cama, en su cabaña; pero hay días en los que debe hacerlo. Necesita cazar, cuidar a Nell. Necesita aprender a vivir de nuevo y lo hace.

La mayoría de los sobrevivientes del Trece son desconocidos para Katniss. Pero son un grupo pequeño y amable, son menos de cincuenta, y ella se aprende sus nombres, y comparte con ellos lo que caza, sabe que les debe la vida, y también la de Nell.

El grupo se asentó en cabañas deshabitadas en el Distrito Once, y están rodeados de bosque y hay un lago cerca, un poco más chico que el que estaba en el bosque que rodeaba al Doce donde ella aprendió a nadar con su papá. En las cabañas se protegieron del frío y sobrevivieron al duro invierno.

Mary empieza las labores de parto poco antes de que empiece la primavera. Al ser dos bebés, Katniss sabe que la mayoría de las mujeres no llegan a término y los niños suelen ser sietemesinos.

—No puedo, no puedo— solloza Mary. Pero tiene que poder, Katniss toma su mano, prometiéndole que ella va a poder lograrlo sin Bannock, que no está sola.

El primer bebé es un niño pequeño, tiene el rostro rojo, y llora fuerte antes de que Katniss se lo entregue a su madre. Pero de inmediato las contracciones continúan, y Katniss le quita el bebé a Mary, mientras una mujer del trece recibe al otro bebé, y su hermanita llega al mundo.

Katniss está aturdida, y llora de felicidad con Mary mientras Sammy no puede cerrar la boca del asombro.

No es hasta después, que ella se quiebra en llanto, pues recuerda la forma en que sostuvo a sus propios bebés en sus brazos cuando nacieron, recuerda cómo olían, cómo se reían en su cuello cuando los abrazaba, recuerda la rodilla clavada en su espalda, los dedos que la jalaban de la trenza y —¡Mamá, mamá, ¿sabías que papá tiene una pierna de mentiras?!.

Ella se hace un ovillo en su cama, y llora hasta que se duerme.

Pero despierta por un llanto que Mary no es capaz de calmar, y le quita al bebé de los brazos a su concuña y lo mece, mientras Mary amamanta a su hermanita. Llega la mañana y Katniss se va de cacería, regresa al mediodía a la cabaña que está calientita y con olor a leche. Mary nombró a los cuates como sus difuntos abuelos maternos: George para el niño y Lettie para su hija.

Los días pasan y ella no tiene tiempo de quedarse en la cama llorando deprimida cuando tiene unos cuates que cuidar.

A mediados de la primavera, mientras todos los árboles reverdecen, Sammy se va del Distrito Once a explorar.

—Debe haber más gente allá afuera que haya sobrevivido a la guerra— dice él.

Ella no trata de discutir con él, no le ve el caso. Si hay gente que sobrevivió a la guerra ¿Qué importa?

Las personas que ellas amaban no sobrevivieron. Y trata de pensar en quién pudo haber quedado que deban encontrar. Cinna y Portia no escaparon del Capitolio cuando la rebelión empezó, aunque ellos pudieron haber sobrevivido.

Pero ella lo duda, y no es cómo si Sammy los conociera.

—Tú no te vas a ir, ¿verdad? — pregunta Nell.

—No sin ti— le dice Katniss, y Nell le regala una dulce sonrisa.

Ella se lleva a Nell al lago para bañarse, y la niña está encantada en el agua, nada en círculos alrededor de Katniss, y le platica acerca del océano en su casa en el Distrito Cuatro, y mueve sus manos en el agua, aburrida, mientras Katniss le lava su largo y enredado cabello. La pequeña se comporta como lo hacía antes del ataque al Trece.

—¿Quieres que te de un beso de pescado? —le pregunta, y frunce sus labios, y le da a Katniss un ruidoso beso de pescado antes de atacarse de la risa.

Katniss hace los ojos viscos y eso hace que Nell continúe riendo.

Una mujer del Trece le corta el cabello a Nell y Katniss se lo trenza. Después se lo corta a Katniss.

Ella observa su reflejo en el agua, y el rostro que le devuelve la mirada es irreconocible: su cabello oscuro y corto hasta su barbilla, una gran cicatriz en el cuello que continua hasta atrás en su espalda. Pero no importa.

Nell nada, y distorsiona el reflejo del agua, y Katniss continúa bañándose y se talla la piel para quitarse la tierra.

—¡Tía mira! — grita Nell —¡Tía Katniss! ¡Mira! ¡Ya sé darme una vuelta de carreta! — ella salta, gira y queda de pie fácilmente. —¿Me viste? ¿me viste? — pregunta casi sin aliento, y Katniss promete que la vio y que fue asombroso.

Dos días después Katniss se da cuenta que han pasado 7 meses desde el bombardeo. Ella no deja la cama ese día, no puede.


Ella sabe que no debe hacerlo, pero piensa mucho en lo que pudo haber pasado.

En sus peores días, desea que no hubiera habido una rebelión.

Sabe que Posy hubiera muerto en los Juegos. Eventualmente, Davey también, o Ash, o su hermanita. Pero ella piensa que hubiera sido Davey. Él es un niño tímido y dulce con sus risos dorados y hoyuelos en las mejillas. Si no hubiera habido una rebelión, Davey pudiera haber muerto en los Juegos.

Pero hubo una rebelión, y Davey murió al igual que Ash y Penny.

Ella observa a George, dormido en sus brazos. El sobrino de Peeta. Él nunca va a saber qué son los Juegos, nunca va a vivir con miedo de ser cosechado, ni su hermana.

¿Si ella pudiera devolver la vida a sus hijos, podría protegerlos del miedo de la cosecha?

No importa. Ella no los puede traer de vuelta. Hubo una rebelión, y perdió todo lo que tenía que perder. Los hijos que nunca deseo tener y el marido que no eligió.

Hubiera valido la pena. Para George, para su hermana. Para Nell. Ellos merecen vivir en un mundo sin los Juegos, sin el Capitolio, y Katniss no les va a quitar eso. Pero desea no haber tenido que vivir en este mundo.

Desea haberse quedado con Peeta.

Que ella lo hubiera abrazado en el corredor del Trece, haberse negado a dejarlo ir, y haber muerto con él antes de saber lo que es tener que vivir sin él.


El verano llega insoportablemente húmedo, y ella divisa a un venado en los bosques. Pasa una semana antes de que lo vea de nuevo, pero está preparada esta vez y logra matarlo.

Planea poner a secar la carne y de esa forma les va a durar meses.

—¿Escuchaste eso? — pregunta Mary, frunciendo el ceño.

Katniss voltea a verla —¿Qué? — ella no escuchó nada, especialmente nada en la estática de la radio.

Mary escucha la estática constantemente, cambiándole a la radio tratando de algún día captar alguna estación en la que no se escuche pura estática.

—Creo que escuché algo— dice Mary.

Pero su mirada se mantiene en la radio, y ella no espera que Katniss le responda. Gira el disco lentamente, y Katniss continúa quitándole la piel al venado tratando de decidir qué hará con ella. Podría convertirla en una cobija para los cuates. O en un abrigo para Nell.

La estática desaparece abruptamente, y Katniss mira boquiabierta a Mary y luego a la radio, y una voz inunda la cabaña, hablando calmadamente de que necesitan formar una comunidad para reconstruir el país.

—¿No es ella…?— empieza a preguntar Mary.

—Madge— dice en un susurro Katniss.

Madge está en la radio, hablando acerca de unirse a la comunidad para enterrar a los muertos, alimentar a los niños, y crear un gobierno justo, bueno. Pero Katniss no es capaz de procesar lo que dice Madge, sólo que es Madge, y jadea cuando una voz le responde a su amiga.

Gale.

Gale está en la radio.

Pero ellos estaban en el Trece. Ellos fueron presos del caos cuando las bombas cayeron. Ellos no pudieron haber sobrevivido. Excepto que lo hicieron.

Mary se tapa la boca, y voltea a ver a Katniss con lágrimas en los ojos.

Si ellos sobrevivieron, otros también pudieron hacerlo. Si Madge logró ponerse a salvo desde el hospital en el Trece, Prim también pudo haberlo logrado. Davey también. ¿Se ocultaron ellos en los búnkeres? ¿Estuvo equivocada ella en asumir que las personas en los búnkeres murieron a pesar de la seguridad que ellos brindaban?

Mary sube el volumen de la radio, y Madge llena con su voz la cabaña, hasta que Katniss se siente mareada por el sonido. Si Madge sobrevivió, otros pudieron hacerlo. Sus hijos pudieron hacerlo, Peeta, y la esperanza la inunda, oprimiendo sus pulmones e impidiéndole respirar.


Ella se pone en marcha junto con su familia: Mary, los cuates, Nell. No va a perderlos.

Ellos son, lo que ella sabe con seguridad, lo único que le queda en este mundo.

Mary empuja a los cuates en una vieja carriola que Sammy arregló para ellos antes de irse y Katniss carga sus suministros en una mochila sobre su espalda: ellas llevan comida para alimentarse por una semana, cobijas, un cuchillo, una linterna y botellas de agua. No saben a dónde ir, pero deciden seguir unas vías de tren que no se han utilizado en años. Eventualmente, las vías los guiaran al Capitolio, y ahí es dónde está Madge.

Es un lugar para empezar.

Cuatro horas en el camino, y Nell comienza a arrastrar los pies, y los bebés empiezan a llorar, y Katniss acuerda parar para descansar.

—¿Vamos a llegar pronto? — pregunta Nell, tomando la comida que Mary le ofrece. Ella frunce el ceño, y gira su cabeza hacia Katniss —¿Dónde debemos ir, tía?

—Shhh — la calla Katniss — Cállate y cómete tus peras.

Está tranquilo. La radio zumba al lado de Mary mientras ella amamanta a George.

El sol se refleja en las vías al lado de Nell, y deslumbra a Katniss cuando las ve.

Recuerda cuando besó a Peeta en el tren, cuando ella lo despertó después de que él sufriera una pesadilla.

Él le preguntó ¿por qué?, y ella no tuvo una respuesta para él.

Pero ahora conoce la respuesta, y desea habérselo dicho: fue un beso por lo mucho que te amo, por lo mucho que te necesito, y que no quiero perderte. Por cómo tú sacas lo mejor de mí, y amas lo peor de mí, y no sé qué voy a hacer si te pierdo.

Él le dijo en una ocasión que sus pesadillas eran acerca de perderla. Él estaba bien en cuanto se daba cuenta que ella estaba a su lado. Ya voy hacia ti, piensa ella.

Nell eructa fuertemente, lo que hace que Mary le haga un gesto de desaprobación, y Katniss menea su cabeza para alejar los recuerdos.

—Sube el volumen— dice ella señalando la radio.

Mary gira el disco y sintoniza la voz de Gale.

—Yo sé que las cosas parecen imposibles por ahora— dice él —pero no nos podemos dar por vencidos. Si tú no tienes la fuerza para hacerlo por ti mismo, encuentra la fuerza para hacerlo por los que amas— su voz es clara, fuerte, elocuente, y suenan como algo que Peeta pudo haber escrito.

Él pudo haberlo hecho.

Los pensamientos golpean a Katniss de pronto.

Él pudo haber escrito esas palabras, podría estar en el Capitolio junto con sus hijos en ese momento. O él puede estar en camino, buscándola. Él pudo haber sobrevivido. Ella sabe que no debe tener tantas esperanzas, pero la esperanza lo es todo. Se termina de comer su carne seca, y se levanta.

—Vamos— dice ella, tomando la mano de Nell— Tenemos que seguir.


Ya estoy de regreso!

Y ya se acerca el reencuentro tan esperado, al menos Katniss tiene esperanza de nuevo. Y recuerden que va a "revivir" por así decirlo, un personaje que no haya estado en el Distrito 13. Todavía pueden votar por su favorito. Cinna, Portia, algún vencedor?

Escríbanme y denme su opinión

El prox martes subo el siguiente capítulo

Gracias por sus comentarios, follows y agregar esta historia a sus favoritos.

saludos

Marizpe