Capítulo 12


***Peeta POV***


Julio llega con mucho calor y sol. Finnick está en la panadería, recargado en el mostrador, cuando Hestia llega por una barra de pan. Está lista para ella; pan integral de centeno, su favorito, ella ha comenzado a ir regularmente con pan.

—¡Huele delicioso como siempre! — sonríe ella — voy a comerlo con crema de cangrejo esta noche.

—¿Es con lo que siempre lo comes? — pregunta Peeta.

Ella sonríe —¡Culpable! Pero es mi favorita.

—Pruébalo con sopa de papa, puerros y cebolla — le dice él — Te va a encantar.

—Nop — dice ella.

—¡Te lo prometo, es mejor!

Ella menea la cabeza —¿Sabes qué? Esto es lo que haremos. Hornea otra hogaza mañana por la tarde, y ven conmigo a cenar. Te voy a servir mi crema favorita, y ya verás porque no hay razón para variar.

Él se ríe —Ok. Está bien. Pero no pongas todas tus esperanzas en que vas a convertirme.

Ella menea su dedo frente a él, y se acerca al mostrador para darle un apretón de manos antes de irse con la hogaza de pan bajo el brazo.

Finnick se aclara la garganta, y hace que Peeta voltee a verlo

—¿Qué?

—¿Hay algo que te hayas olvidado compartir conmigo? — pregunta Finnick.

Peeta frunce el ceño —¿De qué estás hablando?

—De eso— dice Finnick, señalando la puerta —Hablo de eso — él mira a Peeta, y su ceño se hace más pronunciado —Pero tú no… Peeta, te diste cuenta ¿no?, Hestia te invitó a una cita hace un momento, y tú accediste a tener una cita con ella, ¿no te diste cuenta verdad?

Peeta parpadea — Eso no es …

Finnick asiente — Eso es lo que es Peeta, y no es novedad para nadie que le gustas a Hestia, pero ahora veo que tú no tenías ni idea— él hace una pausa —¿Ella te gusta?

—No, para nada.

—No lo creo— dice Finnick.

Se quedan en silencio.

Peeta está aturdido. Él sabía que era una invitación a cenar, sí, pero él iba a llevar a sus hijos, y ellos son amigos ¿no? Piensa en la forma en la que Hestia le toca el brazo constantemente, y lo abraza; ella le hace cumplidos de todo lo que hornea, y la forma en la que él es con sus hijos, y ella coquetea con él. Pero no se le ocurrió que fuera de con un interés romántico.

—Yo creo que ella no ha tratado de incomodarte — le dice Finnick — Siempre te voltea a ver cuando ella cree que tú no la estás viendo. ¿Cómo ibas a saber que le gustabas?

—¿Qué?

—Esa era la forma en la que Katniss coqueteaba contigo ¿verdad?

—Oh. Claro — dice Peeta — Eso, y cuando traía animales muertos.

Finnick sonríe, y hay suavidad en su expresión — Mírate, haciendo una broma. No sabía que podías.

Peeta sonríe un poco en respuesta, y se voltea.

Necesita hablar con Hestia.

Ella vive con una amiga del Trece, y él llega a su cabaña después de que cierra la panadería esa noche. Hestia está sorprendida, pero lo invita a pasar.

—¿Gustas comer algo? — le pregunta ella.

Él niega con la cabeza. No necesita entrar, o una razón para salirse por la tangente. Necesita decir lo que vino a decir.

—No quiero ser presuntuoso, pero se me ocurrió después de que te fueras de la panadería, que tú me invitaste a una cita — él hace una pausa.

Su sonrisa se desvanece poco a poco y ella asiente — Sí, lo hice —y ella lo ve presintiendo lo que va a decirle.

—Me preocupo por ti, Hestia, y me da gusto que seas parte de mi vida. Pero, honestamente, Yo no estoy listo… Yo nunca voy a estar listo para… para seguir adelante. Katniss… ella era mi esposa, pero … pero ella también era mi mejor amiga, mi protectora, y mi vida — él se encoge de hombros. —Ella era mi vida. Y yo creo que ella siempre va a ser parte de mi vida. Sé que ya han pasado 9 meses, pero no la extraño menos hoy de lo que lo hice el primer día que nos separamos. Quiero decir, me estoy acostumbrando. La extraño, y estoy aprendiendo a vivir sin ella. Pero no estoy bien con eso. Actualmente, me sorprendo a mí mismo al ser capaz de seguir viviendo. Si no fuera por mis hijos, no creo que pudiera hacerlo, y eso no va a cambiar. No en mucho, mucho, mucho tiempo, y eso es ser optimista.

Él comienza a disculparse y ella lo interrumpe.

—No, está bien. Yo entiendo — ella le ofrece una sonrisa triste, y él se retira.


Algunos días él vive de su imaginación. Sueña, crea escenarios en los que ella logra llegar a los búnkeres en tiempo: su mente la coloca recorriendo todo el camino que han hecho hasta ahora junto a él, e imagina su vida junto a ella ahí en el Cuatro. Él pasa día tras día así, imaginando otra vida en su cabeza.

Pero hay días también en los que él vive del pasado.

Recrea sus memorias una y otra vez, tratando de mitigar el dolor.

Esos pequeños momentos, los intranscendentales son de pronto a los que él se quiere aferrar, en los que desea desesperadamente quedarse. Piensa en los Juegos, y en los meses tras los Juegos. Piensa mucho también acerca de cuando ella se enamoró de él. Sabe que sucedió lentamente, pero recuerda cuando ella por fin lo admitió.

Se pregunta cuando empezó todo, y cuando ella ya lo amaba, pero no lo sabía aún.

Recuerda cuando él se enfermó con fiebre. Ash era un bebé en ese tiempo. Estuvo en la cama por días, y esos son recuerdos medio confusos. Pero se acuerda vagamente de la forma en la que Katniss lo cuidó, le acariciaba el cabello, le ponía una toalla húmeda en la cara, le cantaba, y recuerda cuando se despertó y la fiebre se había ido, y su mente estaba clara. Pero cuando Katniss notó que él estaba despierto, poniendo una mano en su frente para ver cómo estaba, él se negó a abrir sus ojos. Él sintió su sonrisa sobre su mejilla.

—Parece que ya pasó la fiebre — le dijo ella.

—Nop, sigo enfermo. Abrázame.

Ella se rio —No quiero que estés enfermo— le dijo ella — Es aburrido cuando tú estás enfermo— Sus palaras estaban llenas de calor, verdadero afecto, y ella le rasco ligeramente la cabeza con sus dedos.

—Si estas aburrida, yo creo…— él suspira —creo que puedo encontrar las fuerzas para tener sexo.

Ella se atacó de la risa, acariciando su mejilla con su nariz, y sus ojos brillaron cuando él volteo a verla.

Decidió que ella debió estar enamorada de él ese día, y quiere volver a ese día, a esa cama. Pero ese día ya pasó, y se gira en su nueva cama, y se quita las lágrimas de los ojos.


Haymitch y Effie celebran su boda. La ceremonia es una mezcla de las tradiciones del Doce y las del Cuatro. Es en la playa, por la tarde, cuando el sol se está ocultando pintando el cielo de color naranja, su favorito.

Él hornea un pan especial para la ocasión, con nueces y un toque de canela, el favorito de Effie. Y el tueste lo hacen con una fogata en la playa.

Ella usa un vestido blanco sencillo, trae el cabello suelto adornado con unas flores en un lado, pero sin todo el glamour y vestidos extravagantes del Capitolio, ella se ve mucho más hermosa, siempre fue una mujer muy guapa, pero ahora luce mucho mejor. Haymitch no puede quitarle los ojos de encima.

—Hasta que te dejaste enlazar amigo— le dice Finnick, mientras festejan el enlace con bebidas y bocadillos.

Haymitch voltea a verlo —Lo hago para protegerla, no me gusta que la gente todavía la vea como la escolta de los Juegos, muchos no saben que ella trabajaba del lado de los rebeldes, no quiero que le pase nada, es todo — dice él mientras se mete un bocadillo a la boca.

—Ajá, y porque siempre has estado locamente enamorado de ella, todos los sabíamos, no es necesario inventarte excusas—le contesta Finnick

Cuando Haymitch está a punto de contestarle, Effie lo abraza por la espalda y presiona un beso entre sus omoplatos —Y porque ya era hora de qué me diera mi lugar, no es propio de una dama, vivir junto a un hombre sin estar casados.

Peeta ve como Haymitch solo rueda los ojos, se frena en contestarle con algún comentario sarcástico y le da un pequeño beso en los labios, abrazándola por la cintura. Peeta sonríe, y su mente viaja hasta su propia ceremonia del tueste, la que celebró solo con Katniss en la privacidad de su hogar.

Una semana después celebran el cumpleaños de Annie con una fogata en la noche. Es agradable, se sientan todos juntos en la playa; asan pescados, hay un pastel que horneó Peeta, una bebida alcohólica que prepara Finnick, y cuatro hombres mayores de edad, chimuelos, tocan el violín cuando Annie desea bailar.

Peeta juega con los niños en la playa, hasta que la pierna comienza a dolerle.

Le toma un momento darse cuenta que Finnick está sentado sobre una manta, alejado del caos, y decide acompañarlo.

—Creo que necesito que me revisen el muñón— le dice él, y Finnick asiente, tomando un trago de su bebida, está claro que no tiene ganas de hablar. Pero eso está bien con Peeta.

Se masajea la pierna mientras voltea a ver a sus hijos.

Penny se cae y Ash está inmediatamente a su lado, ayudándola a ponerse de pie.

—Ash es bueno con ella— dice Finnick. Peeta voltea a verlo, pero Finnick continúa mirando a los niños — Sí, lo es.

Permanecen en silencio. Finnick le ofrece su trago a Peeta, y él le da un sorbo; el licor le quema la garganta, y lo siente caliente en el estómago.

—Hoy es el cumpleaños de Nell también— le dice Finnick — Ella nació el mismo día que Annie — Sus dedos jalan unos hijos sueltos de la manta sobre la que están sentados —Ella, mmm, Annie quiero decir, ella me dijo en una ocasión que Nell era el mejor regalo que yo le había dado. Ella fue un accidente, obviamente, pero…

—¿Sabías que tú nunca nos contaste sobre ella? — le dice Peeta —Lo de que la tuviste escondida y todo.

Finnick levanta las cejas, pero no voltea a ver a Peeta —No hay mucho que contar. Snow lo sabía. No hay forma de ocultarle un bebé a él. — hizo una pausa—Yo siempre quise tener hijos, pero me aterré cuando supe que Annie estaba embarazada. No sabía lo que Snow iba a hacer, y sabía que no había una forma de ocultarlo, o de actuar como si el bebé no fuera mío. Fue peor cuando me di cuenta lo que significaba tener ahora a dos personas que debía proteger.

Él deja de tomar, y Peeta espera.

—Antes de eso, todo era más fácil de cierto modo. Yo sabía que él no iba a matar a Annie. Si lo hacía, ya no iba a poder controlarme, pero él lo sabía. Mi vida era un infierno, pero yo sabía que Annie estaba a salvo. Pero una vez que entró un bebé al cuadro, eso se fue por la borda. Si él mataba a Annie, todavía tenía una forma de controlarme. Él podía usar al bebé para eso. O podía matar al bebé, y yo debía seguir cogiendo con quién él me dijera que lo hiciera, o mataría a Annie. Fue una tortura, saber eso. Yo sé que tú sabes lo que se siente.

—Yo traté de no pensar en eso— dice Peeta —Pero era en lo único que pensaba Katniss.

Finnick asiente, pasándole la bebida. Se quedan en silencio un momento

—Ella estaba tratando de encontrarme— le dice Finnick— ¿Te lo dije? Ella estaba en el hospital con Prim, pero corrió antes que ella pudiera detenerla. Prim me dijo que ella quería encontrarme. Excepto que yo estaba ocupado con Annie—él sacude la cabeza —Yo quería buscar a Nell, pero todo comenzó a colapsar, y Annie estaba herida, y … y yo elegí poner a Annie a salvo.

—Si no lo hubieras hecho, Annie también hubiera muerto— le dice Peeta.

Pero él sabe que sus palabras son vacías.

—Ella corrió para encontrarme — le dice Finnick, y hay enojo en su voz — y yo no… yo no traté de buscarla. Yo solía prometerle cuando ella era más pequeña, que siempre iba a volver por ella. Yo tenía que dejarla por mis viajes constantes al Capitolio, y ella me hacía prometerle que yo siempre regresaría, y lo hacía. Se lo prometí cientos de veces. Pero cuando fue importante, no pude volver por ella.

Una idea se le ocurre de pronto —Katniss pudo haberla encontrado— le dice Peeta.

Finnick voltea a verlo.

—Nell estaba corriendo del hospital ¿verdad? — le pregunta Peeta. —Katniss estaba corriendo hacia el hospital. Pudieron encontrarse la una a la otra. Pudieron haber estado juntas cuando…

—cuando murieron— le toma un momento continuar.

Finnick permanece un minuto en silencio —Espero que lo estuvieran— murmura.

—Yo también.

Su conversación termina cuando Annie se acerca bailando e insiste en que Finnick baile con ella, y él le sonríe, poniéndose de pie y tomando su mano.


Peeta está en la cocina cuando suena la campana que está sobre la puerta de la panadería indicando que entró un cliente. Se seca las manos en su delantal y se dirige al frente de la tienda.

—¡…del Distrito Doce cómo tú! — escucha la frase incompleta que el Sr. Sherman le dice a otra persona.

Se paraliza ante las palabras. Un segundo antes de encontrarse cara a cara con el grupo, se imagina que el grupo debe venir del Capitolio, y el Sr. Sherman los trajo hasta ahí; pueden ser Madge o Rory. De pronto, tiene la esperanza de que sea Rory, y que haya venido a reconciliarse con Prim.

—¡Señor Mellark! — exclama el Sr. Sherman —¡Mire quién apareció en el pueblo esta mañana!

No son ni Rory ni Madge.

El grupo que viene con el Sr. Sherman claramente vienen de un largo viaje: no están bañados, ni afeitados, tienen polvo, la ropa que visten se ve muy vieja; ellos tienen círculos bajo los ojos, y están cargando una bolsa sobre sus hombros, y Peeta se queda boquiabierto cuando los ve. Es imposible. Su mente debe estarle jugando una broma.

Sammy Cartwright estaba muerto. Él no llegó a los búnkeres y murió.

Aún con lo delgado que se ha puesto, se le ven los hoyuelos en las mejillas cuando sonríe —Peeta Mellark— dice él.

—¡Oh! ¿se conocen? — pregunta el Sr. Sherman, sonriendo.

—Crecimos juntos— dice Sammy— Él era amigo de mi hermana— su sonrisa se torna imposiblemente grande —¡No puedo creerlo! — él menea su cabeza, riendo, y de pronto se acerca a Peeta — ¡No puedo creerlo! — el abrazo deja aturdido a Peeta, pero él lo regresa, y la realidad comienza a asentarse cuando Sammy se hace para atrás. Sammy no llegó a los búnkeres.

Pero él no está muerto.

—¿Cómo es que no estás muerto? — pregunta Peeta.

Sammy le sonríe —Suerte de tontos. Las bombas no me alcanzaron, y corrí a los bosques tan pronto como pude. Las bombas cayeron en intervalos ¿sabías? Yo pude salir entre ellas. ¿Pero qué hay de ti? ¿Pudiste llegar al búnker? Quiero decir, debiste hacerlo. Pero nosotros llegamos a las ruinas y no encontramos nada. Fue un tiempo después… mejor dicho meses después, pero no había nada. Nosotros creímos que los búnkeres no debieron aguantar y que todos los que estaban en ellos murieron.

Peeta observa a Sammy, su corazón se acelera, late fuertemente hasta que él lo siente en todos lados, la garganta, los oídos.

—¿Quién más?...¿Quién más llegó al bosque? ¿Quién más lo logró? — pregunta él.

La campana sobre la puerta de la panadería vuelve a sonar, pero Peeta no está prestando atención a nadie más que a Sammy, esperando su respuesta.

Sammy parpadea y lo ve un momento y lentamente deja de sonreír y asiente —Ella lo logró Peeta— él le dice—Ella está viva. Katniss está viva.

Peeta se queda sin aliento, y sin voz.

Ella está en el Distrito Once con Mary Mellark, y la pequeña niña, Nell. La hija de Finnick.

—¡Repite lo que dijiste! — Bannock se acerca a Sammy y lo toma del brazo.

—Ellas están vivas— le dice Sammy quién vuelve a sonreír.

Ella está viva.

¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible?

Peeta comienza a reír temblando y riendo al mismo tiempo y se jala el cabello —Está viva — dice, tratando de que sus palabras se asienten —¿Ella está en el Once? — le pregunta — ¿Ella está bien? ¿Ella…?

Pero al mismo tiempo Bannock le está haciendo preguntas sobre Mary.

—Mary está bien, pero Katniss fue herida durante el bombardeo— continua Sammy — Quiero decir, ella estuvo muy muy mal. Por un tempo, no creí que fuera a lograrlo. Pero se recuperó, y fue cuando tratamos de encontrar una pista sobre lo que les pasó a ustedes en las ruinas. Pero no pudimos y ella.. bueno Mary tenía miedo de que ella fuera a morir porque no quería comer, ella estaba….— hace una pausa — Peeta, tus hijos no…

Ellos lo lograron — dice Peeta — Ellos estaban en el búnker conmigo.

Sammy sonríe —Bueno, eso es todo. Bien, bien, me alegro.

—Pero ella creyó que ellos murieron — dice Peeta —Ella creyó que todos murieron —La idea hace que sienta una opresión en el pecho que le dificulta respirar. Ella creyó que perdió a todos los que amaba.

Pero ella no lo hizo, ella está viva.

Fue difícil para ella — dice Sammy — Pero un día ella despertó, y ella…despertó. Yo creo que se dio cuenta de que nosotros la necesitábamos. Ella estaba mucho mejor cuando yo me fui. Por eso me fui, porque sabía que ella iba a cuidar a Mary, a Nell y …— Sammy se voltea hacia Bannock — y a tus cuates — Sammy sonríe y abraza a Bannock quién por un momento se paralizó —¡Felicidades papá, tienes dos hermosos hijos! Una niña que se llama Lettie y un niño llamado George.

Bannock no puede evitar las lágrimas que resbalan por sus mejillas, y comienza a reír —¡Soy papá! Ellos están bien, ¿verdad? Esto es…

—Es asombroso, lo sé — le dice Sammy —Oigan, pero ustedes no me han dicho ¿quiénes están con ustedes? Delly ¿ella lo logró? — sus ojos buscan los de Peeta, y entonces conoce la respuesta.

—Lo siento— murmura — Delly no estaba con nosotros.

Sammy se aclara la garganta — Esta bien — Su sonrisa ya no están grande, pero él aprieta el brazo de Peeta, y se voltea para hablar con los hombres con los que viajó a través del país, los presenta con Peeta y Bannock. Pero es difícil para él seguirle la corriente porque su mente tiene mucho que asimilar.

Ella está viva.

Ella está en el Once.

Sammy habla de cuando ellos estuvieron en el Seis, y Peeta piensa en la ruta más rápida que deben tomar para llegar al Once.


¿Qué les pareció el capítulo? ¿A poco no odiaron a Hestia por resbalosa?

Y bueno por fin todo el sufrimiento de Peeta (y de todos nosotros que ya queremos ver el reencuentro) va a terminar, ya sabe que Katniss está viva.

Así que no desesperen que pronto veremos ese reencuentro.

Gracias por su comentarios, agregar esta historia a sus follows y favoritos

y agradeceré me escriban y me digan que les pareció este capítulo!saludos

Marizpe