Capítulo 14
No les toma ni un día llegar al Ocho, y el lugar parece estar desolado a como lo recordaba Peeta. Gretel dice que los sobrevivientes se agruparon en el norte de la ciudad, y ellos se dirigen hacia allá, siguiendo las direcciones que les marcó ella en el mapa. Es fácil seguir el camino que otros han marcado antes que ellos; cuentan más de una docena de fogatas en su camino, una muñeca de trapo, y seis tumbas que parecen haber sido excavadas recientemente entre los restos del distrito.
Llegan por fin a la ciudad y se dan cuenta que es muy grande.
Es lo más grande que han visto desde que dejaron Panem hasta ese punto.
La alcaldesa dice sus nombres antes que se presenten ellos —Finnick Odair y Peeta Mellark — y ella asiente con la cabeza al ver a Bannock, y les da la mano —Yo soy Lucrecia Niemenn, es un honor conocerlos.
—Igualmente, es un honor conocerla Sra. Niemann— dice Peeta.
Finnick no pierde más tiempo y le explica por qué han venido.
Ella frunce el ceño —Lo siento Sr. Odair. Pero me temo que han venido por nada. Ellas no han pasado por aquí. Es verdad que los viajeros suelen pasar por aquí, vienen por el suero, pero es imposible llevar un registro de todos ellos. Pero estoy segura que, si Katniss hubiera pasado por aquí, yo lo sabría.
—Si ayuda en algo, ella ya no se ve como cuando tenía dieciséis años y usaba una trenza — dice Finnick —Eso parece algo difícil de entender para la gente — y su voz suena algo áspera.
Ella parpadea y se le queda viendo, y Bannock decide meterse y le pregunta sobre el suero. Resulta que los rumores que escucharon en el Nueve no son falsos, hay medicina para los espasmos ahí. Tenían algo de escasez, pero eso solo los obligó a racionarlo. Los niños fueron los primeros en recibirlo sin dudar, pero los adultos tenían que permanecer en lista de espera. Eso significa que, si Katniss pudo llegar al Ocho con Nell, ella pudo recibir el medicamento.
Peeta le dice eso a Finnick y éste asiente.
—Pero, ¿no escuchaste? Ellas no llegaron aquí.
—Ella no lo sabe, y tú tampoco puedes estar seguro — le dice Peeta — Este lugar es enorme.
Y si es necesario ellos van a buscar en cada centímetro de la ciudad.
Empiezan en el mercado, hablando con todas las personas que ven. Pero todos con los que hablan los dirigen hacia el cementerio, y Peeta aprieta la mandíbula, les agradece y sigue buscando.
No va a buscarlas en el cementerio. No tiene caso.
Finnick no está de acuerdo, ellos deben separarse. Él buscará en el cementerio el cual es enorme, y Peeta y Bannock buscarán en las calles. Pasan tres días, y él empieza a pensar en lo amables que son todos con él. Sabe que las personas están deseosas de ayudarlo porque lo reconocen. Pero si nadie reconoce a Katniss, ¿quién la ayuda a ella?
Ella misma, Katniss no necesita a nadie que la cuide, nunca lo ha necesitado.
Ella está bien, y pudo llegar a la ciudad con Nell y le consiguió la medicina. Ella está viva y está bien.
Peeta caminó desde el Mercado en el centro de la ciudad, hasta las calles más aglomeradas y en los callejones. Las viviendas en esas calles son edificios grises de apartamentos, raquíticos llenos de personas, quienes parecen estar muy ocupadas ya que nadie nota la presencia de Peeta, hasta que él hace que le hablen.
Honestamente, es muy raro.
Se ha acostumbrado a que la gente lo note inmediatamente, asi ha sido por años.
Pero también esto es agradable. Puede moverse entre las masas de personas más fácilmente, y eso le da la esperanza de que lo mismo haya pasado con Katniss. Y cree que de esta forma él va a encontrarla.
Excepto que después de dos semanas en ese distrito, no tienen ningún rastro para seguir.
Sabe que Finnick ya se dio por vencido. No encontró sus nombres en las lápidas del cementerio, pero está convencido de que ellas murieron antes de llegar al Ocho, y Peeta y Bannock no han podido encontrar algo que le demuestre que está equivocado.
Está a punto de entrar en otra torre de apartamentos para tocar de puerta en puerta, cuando una voz llega flotando hasta él.
—En lo más profundo del prado, bien oculta — Es una niña, cantando fuertemente, fuera de tono, y Peeta se voltea desde la puerta del edificio buscándola. — Hay una capa de hojas, un rayo de luna — Sus ojos buscan entre los niños que se encuentran jugando juntos en la calle lanzando piedras en un charco —Olvida tus penas y calma tu ama. Pues por la mañana todo estará en calma.
Él conoce esa canción.
Es del Distrito Doce.
La niña la canta con mucha familiaridad, la canta como si lo hubiera hecho cientos de veces.
—Este sol protege y te da calor. Las margaritas te cuidan y te dan amor.
Por fin la ve. Es pequeña, delgada, bronceada, tiene su cabello oscuro peinado en una trenza que cuelga por su espalda, y tiene raspones en sus codos. Ella interrumpe la canción cuando se ríe de algo, pero continúa cantando alegremente.
— Tus sueños son dulces y se harán realidad, y mi amor por ti aquí perdurará— ella sonríe.
No puede ser.
Su respiración se detiene. No puede ser.
—Nell — dice en un suspiro. Se aclara la garganta y grita — ¡Nell!
Ella levanta la vista, y su corazón empieza a latir tan rápidamente que lo siente en la garganta. A la niña le toma un momento localizarlo. Él está paralizado, viéndola y ella lo observa a él. Hasta que ella de pronto se voltea cuando una piedra rebota en sus pies. Él parpadea, y ella se va corriendo por la calle.
— ¡Espera! Nell, ¡Espera! — él la persigue.
Ella es rápida, desaparece de su vista en segundos. Pero él está desesperado por no perderla, y trata de mantener sus ojos en ella. La niña da vuelta en la esquina y de pronto él encuentra su paso bloqueado, empuja a la persona que se interpuso en su camino y se gana una maldición, pero logra dar vuelta en la esquina y corre por el callejón por el que ella debió irse y de pronto sale por otra calle llena de gente, y la ha perdido. Ella se ha ido.
No. No. Se voltea en círculos —¡Nell! — pero no escucha respuesta.
Hasta que la ve, y está gesticulando mucho dándole alguna explicación a una mujer.
Su corazón comienza a palpitar contra sus costillas ante el desconcierto, no se puede mover, no puede hablar, no puede quitar sus ojos de ella. La mujer está vestida con una blusa sin mangas, pantalones negros y botas oscuras gastadas, con el cabello negro corto sobre los hombros. Ella le da la espalda, pero Nell está de frente, y abre sus ojos en alarma cuando ve a Peeta.
Nell comienza a señalarlo con el dedo, y la mujer se voltea a ver.
De pronto se queda sin aliento. Su rostro es delgado, y tiene una gran cicatriz en el cuello que desaparece hacia su espalda. Él reconoce esa cara, la reconocería en cualquier lugar.
Ella lo ve, y él ve como ella mueve sus labios formando su nombre.
Eso lo pone en acción, y se ahoga con una risa llena de lágrimas. Sus ojos están llorosos, y comienza a correr hacia ella.
Pero ella lo alcanza primero, gritando su nombre cuando chocan.
Lo rodea por el cuello con sus brazos, le clava los dedos en la espalda, y él la aprieta contra su pecho; no puede creer que ella sea real, él le acaricia la espalda, recorriéndola con sus manos, y escucha su llanto cuando ella pronuncia su nombre en su oído. Ella está llorando, repitiendo su nombre una y otra vez
—¡Peeta, Peeta, Peeta! — ella voltea a verlo a la cara, y lo besa como loca en su oído, su mejilla y su boca. Sus manos lo agarran del cabello, y su aliento se siente cálido sobre su rostro. Ella se ríe entre sollozos, y continúa besándolo, y se voltean a ver.
Él observa cada detalle de su rostro, embelesado.
—Tía — dice Nell.
Katniss asiente con la cabeza, pero no quita sus ojos de Peeta ni deja de abrazarlo. Ella se queda justo donde está. Él mueve sus manos sobre sus caderas y su espalda, tratando de memorizar su forma, para estar seguro de que ella es real y está ahí.
Ella hipa entre sollozos y él se ríe.
Katniss le pone sus manos sobre su rostro y él le besa la palma y sonríe sobre su piel.
—Peeta— susurra ella—Te amo tanto, te amo Peeta…
Él le acaricia el cabello y la acerca para besarla.
—Te encontré — murmura Peeta — Katniss lo siento mucho, yo pensé … yo me fui, pero … eres tú, Katniss, eres tú. Te encontré. Katniss te amo, te encontré, Katniss lo siento mucho, te amo …
Ella se ríe — Mi dulce chico — Y un momento después, lo agarra fuerte por hombros y la alegría en sus ojos cambia de momento, siente miedo y esperanza — Peeta, ¿esto significa que Penny…?
Él asiente, y sonríe ante el alivio que refleja su rostro —La llevé a los búnkeres, ella está bien. Está en el Distrito Cuatro con Prim…
—¿Prim? — dice Katniss, y lo aprieta tanto de los hombros que es doloroso —¿Y Davey? ¿Él pudo…?
—Sí, Katniss, sí, Prim, Davey y Ash, ellos lo lograron. Todos llegaron a los búnkeres, y han estado conmigo, y están a salvo y te están esperando. Te extrañan mucho.
Ella no es capaz de sonreír a través de su llanto; sus lágrimas la abruman, y hacen que jadee para poder respirar, y él la aprieta contra su pecho.
—Ellos están bien. Lo lograron. Lo lograron y nosotros vamos a estar juntos de nuevo— dice él, y ella se aferra a su pecho, y él cierra sus ojos y respira su aroma. Está bien, lo lograron.
Sabe que va a tomarles días para ponerse al corriente de todo lo que les ha pasado este año que llevan separados.
Hay muchas cosas que necesita explicarle también. Empieza contándole cómo Sammy llegó al Cuatro, y que fue como supieron que ella, Mary y Nell estaban vivas. Ellos se fueron directo al Distrito Once, pero ellas ya no estaban ahí
—Nosotros creímos… — él menea su cabeza.
Con palabras apresuradas y casi en un murmullo, Katniss comienza a explicarle. Peeta estuvo en lo cierto al creer que ellas se iban a ir al Capitolio para localizar a Madge después de escucharla en la radio. Ellas siguieron las vías del tren, solo que Nell se enfermó de los espasmos, y fueron forzadas a llevarla al Distrito Ocho.
—Tuvimos que separarnos a penas llegamos— le dice ella —Quiero decir, separos de Mary. No queríamos que los cuates se enfermaran. Si no estuviéramos preocupadas por saqueadores en el camino, yo hubiera insistido en que Mary se quedara en el Distrito Nueve con los bebés mientras yo llevaba al Ocho a Nell. Bueno, traté de hacerlo así, pero ella no quiso — ella sonríe entre lágrimas — Pero nos separamos apenas llegamos a este distrito.
—¿Sabes dónde están ahora?
Ella asiente — Eso fue hace semanas. Nos separamos y ella y los bebés no se enfermaron. Yo sí, pero fui capaz de sobrevivir a la fiebre, y Nell… ellos le dieron medicina a Nell. Yo no hubiera podido lograrlo sin ayuda — hace una pausa —Le debo mi vida a Cinna.
Él parpadea — Cinna — repite.
—Cinna — ella sonríe.
Resulta que Cinna logró escapar con un grupo de rebeldes que estaban infiltrados en el Capitolio, pero no pudieron llegar hasta el Trece. Entonces, él se escondió en el Ocho. Y ahí se quedó y fue dónde encontró a Katniss.
—Cuando me recuperé, estábamos listas para partir. Nell, Mary, los cuates, Cinna y yo. Pero no pudimos llegar muy lejos de la ciudad antes de ser atacados por los saqueadores. Eran dos, pudimos escapar pero … — ella hace una pausa — Cinna se agarró a golpes con uno, mientras Mary protegía a los niños, él logró noquearlo, al parecer no solo es un excelente diseñador, también sabe pelear muy bien.
—¿Y qué pasó con el otro? — le preguntó Peeta.
—Yo me hice cargo — dice Katniss, y Peeta espera que le explique — Trató de llevarme con él cuando se estaba muriendo él… él me apuñalo —Ella sonrie y espera que él entre en pánico, y tiene razón, él se queda paralizado. Pero ella lo toma de la mano y la mete bajo su blusa y le presiona los dedos sobre una gruesa cicatriz de 3 centímetros — Obviamente estoy bien —le dice —Pero ellos tuvieron que traerme de vuelta a la ciudad y me tomó semanas recuperarme completamente. Estuve en cama hasta hace unos días. Es por eso que no habíamos partido antes. Pero nos íbamos a ir muy pronto. El plan era irnos junto a un grupo que iba a salir la próxima semana.
Él se queda observándola.
—¿Qué? — dice ella sonriendo — ¿Qué pasa?
Él la besa, agarrandole el rostro con las dos manos — Te dieron los espamos — empieza a decirle él — te enfrentaste a los saqueadores y tú … — él sacude la cabeza, y ella presiona su mejilla contra su mano sonriendo.
—Siempre he sido una sobreviviente — le contesta ella.
—No debí de darme por vencido contigo — le dice él —Te buscamos entre las ruinas, pero debimos … no se nos ocurrió buscar en el bosque … no debí darme por vencido, así como así. Perdóname.
—No. Eso ya no importa — ella lo besa —Ahora está bien, te tengo de vuelta.
Él asiente —Lo sé, lo sé, y nunca jamás voy a perderte de mi vista de nuevo. Por nada del mundo.
Resulta que Nell se fue corriendo. Peeta entra en pánico cuando se da cuenta que la niña no está, pero Katniss solo se encoje de hombros, y le dice que Nell no se puede estar quieta en un solo lugar. Ella debió irse al apartamento para avisarle a Mary, o al mercado donde está Cinna.
—Ella no sabía quién eras — le dice —No te reconoció —Las palabras hacen que ella se llene de preocupación, y él sabe por qué: Nell es mayor que Penny.
Pero él no es la madre de Nell, no es nadie para ella.
Katniss lo es todo para Penny, y para Davey y Ash.
Él comienza a hablarle de los niños, y hace que Katniss se ría un poco con las historias y también llora.
—Ellos no se dieron por vencidos contigo. Davey juraba que tú no estabas muerta — él le besa su pequeña y temblorosa sonrisa, y le promete que Penny va a reconocerla — Ella te ha extrañado muchísimo.
Ellos cruzan la ciudad y llegan hasta el mercado donde están Finnick y Bannock comprando suministros para el camino.
Ellos no los ven acercarse.
—Finnick — dice Peeta, y Finnick voltea a verlo para preguntarle cuánto se le hace justo pagar por una linterna.
Finnick lo ve, y luego su mirada gira a la izquierda hacia Katniss.
Él se le queda viendo, y Katniss sonríe.
—¿Me extrañaste? — pregunta ella.
En respuesta, Finnick hace un ruido con su garganta.
Katniss se ríe, y se acerca a abrazarlo. Finnick está paralizado, y le toma un momento regresar el abrazo. Él comienza a sonreír cuando ella se separa.
—Claro que te he extrañado — le dice él. Y sus ojos se posan en su cuello —Linda cicatriz.
—Linda barba — le contesta ella, y él sonríe.
Finnick tiene los ojos llenos de lágrimas —Sé que ella se enfermó.
—Sí lo hizo — dice Katniss. Finnick aprieta la mandíbula y baja su mirada y asiente — Pero ella se recuperó.
Él levanta el rostro rápidamente.
—¿Quieres verla? — pregunta Katniss sonriendo.
—Ella está … tú …— él se ríe de felicidad y voltea a ver a Peeta, y éste asiente.
—Miren lo que conseguí a muy buen precio — Llega Bannock sosteniendo una bolsa — No van a … — su frase quedó incompleta cuando vio a Katniss —¿Katniss? ¿Eres tú? — dejó caer la bolsa al piso y la abrazó fuertemente — No puedo creerlo.
—De carne y hueso — le sonrió ella —Vamos para que veas a Mary y conozcas a tus hijos.
Katniss los guio desde el mercado, hasta la calle dónde se encontró a Peeta, y los introdujo a una torre de apartamentos. Ella les platica de cómo encontró a Nell en el Trece cuando las bombas comenzaron a caer, y ella se desmayó. Su historia coincide con lo que les contó Sammy, pero Peeta se bebe sus palabras, y mantiene su mirada en ella. Está viva. Él la encontró.
Cuando suben seis pisos escuchan unas voces.
—…estaba besándolo— dice Nell. Y Finnick se balancea sobre sus pies.
Katniss le pone una mano sobre el hombro y grita —¡Nell!
Se escuchan pasos sobre ellos, y Nell asoma la cabeza por el barandal del piso de arriba.
—¡Nell! — dice Finnick boquiabierto.
Nell se le queda viendo —¿Papi? — pregunta vacilante.
Finnick comienza a subir las escaleras, casi a trompicones con sus ojos puestos en ella, Nell está sonriendo.
—¡Papi!¡Tía es mi papi!¡PAPI!
Nell comienza a bajar las escaleras y se resbala, pero no se cae porque Finnick la alcanza y la levanta sobre sus brazos, y ella envuelve sus bracitos alrededor de su cuello y sus pequeñas piernas alrededor de su cintura. Él comienza a llorar, y le dice lo mucho que la ha extrañado, y lo mucho que la ama.
Bannock impaciente, pasa al lado de ellos y sube las escaleras para llegar al departamento antes que los otros suban y casi tropieza con Cinna.
—¡Lo siento! — escuchan gritar a Bannock antes que desaparezca por las escaleras.
Cinna continua bajando.
Ese es Cinna ¿verdad? Peeta no está seguro por un momento, viéndolo con su cabello muy corto casi a rape y barba de candado.
—¡Peeta! — dice Cinna sonriendo. Peeta también sonríe, es él, es Cinna.
Se abrazan fuerte y palmean la espalda.
—No puedo creerlo— se ríe —¿Cómo están? ¿De dónde vienen? — le pregunta manteniendo una mano sobre su hombro.
—Distrito Cuatro — dice Peeta.
—¿Y quiénes más…? — comienza a preguntar inseguro Cinna y voltea a ver a Katniss.
—Nuestros hijos están bien, los tres estuvieron conmigo en los búnkeres. También Prim y Haymitch y Effie.
—Me alegra mucho escucharlo— dice Cinna y también abraza a Katniss por los hombros.
Cuando Finnick voltea a verlos con Nell presionando su mejilla en la suya, Katniss sonríe.
—Vamos— dice ella, tomando la mano de Peeta —Vamos arriba. Tenemos que platicar muchas cosas para ponernos al corriente — asiente su cabeza hacia Cinna, quién no ha dejado sonreír y sin quitar su mano de los hombros de ellos dos, sube tras ellos las escaleras.
El apartamento tiene cuatro habitaciones, la sala de estar que está pegada a una cocina abierta, dos pequeñas recamaras, y un baño.
Cuando entran se encuentran con Bannock y Mary llorando de felicidad, él tiene entre sus brazos a su hijo George con un chupón en la boca; tiene los ojos azules como él y el cabello rubio, y ella carga a Lettie, quién tiene los mismos ojos de su hermano pero su cabello es del tono de rubio de ella.
—Mira Peeta, ¡Ven a conocer a mis hijos! — dice muy emocionado Bannock.
Peeta abraza a Mary fuertemente tratando de no aplastar a la bebé entre ellos, y le dice que le alegra mucho que se encuentren bien.
Mary cruza su mirada con Katniss quién le dice de nuevo con lágrimas en los ojos —Vinieron por nosotras, vinieron a encontrarnos.
Peeta toma a la bebé de los brazos de su cuñada y se acerca a Bannock, mientras Katniss le cuenta a Cinna y a Mary que Sammy logró llegar al Cuatro y fue quién los encontró y les dijo que ellas estaban con vida.
—Oye Lettie— dice Peeta — Hola cariño— la bebé parpadea y se chupa los dedos, y él le peina su cabello rizado tras el oído.
—Son hermosos, hermano — le sonríe Peeta a Bannock — Muchas felicidades, y me alegra que salieran a Mary.
—¡Ey! Son idénticos a mí, mira sus ojos— dice él pegando la cabeza de su hijo a la suya.
—Son una dulzura ¿verdad? — les pregunta Cinna.
—Mira papi, los bebés — y Finnick se coloca entre Peeta y Bannock, sin soltar a Nell de sus brazos.
Katniss abraza a Peeta por la cintura y le sonríe, él le besa la cabeza. Nadie puede borrar la sonrisa de su rostro.
Por fin aquí tienen el tan esperado reencuentro. ¿Qué les pareció? ¿Les gustó que Cinna siguiera con vida?
Este fue el penúltimo capitulo. El viernes estaré subiendo el final de esta historia.
Muchas gracias por comentar, sus follows/favoritos.
Dudas, sugerencias para el último capítulo, que les gustaría que pasara, todavía no termino el final. Así que son bienvenidos sus comentarios. Y me gustaría saber que les pareció este capítulo.
Gracias por leer
saludos
Marizpe
