TE VEO

CAPÍTULO 2

— ¿Enfermera White?—Preguntó el paciente.

— Así es, la enfermera... —En ese momento entró una enfermera más a la habitación.

— Mary Jane, necesitamos personal en urgencias— Dijo la joven con el rostro serio.

— Encárgate. — Dijo Mary Jane a la rubia. — y Candy salió rápidamente detrás de la otra enfermera.

— En seguida volvemos, señor Brower.

La mujer salió también tomando rumbo hacia la sala de urgencias. Un camión de carga había chocado contra uno de pasajeros. Había varios heridos y el personal era escaso. Atendieron a niños, mujeres y hombres por igual, algunos con fracturas o heridas graves. Después de hora y media todo se calmó y cada miembro volvió a su trabajo.

— Candy, necesito hablar contigo. —La llamó Mary Jane después de terminar de revisar a los últimos pacientes del accidente

— Dígame.

— Acompáñame por favor. —Le señaló el camino rumbo a su oficina. Caminaron por un largo pasillo hasta que llegaron a la oficina de Mary Jane. Candy no entendía nada, estaba nerviosa, creía que algo malo iba a pasar, que en su primer día de trabajo la iban ya a despedir. —Entra, por favor.

— Mary Jane, ¿sucede algo? Preguntó preocupada.

— No lo sé. —Respondió seria. —Candy, ¿cuál es tu segundo apellido?— Preguntó.

— Andley, llevo el nombre de la familia que me adoptó.

— Entonces eres la hija del Sr. William Albert Andley...

— Sí

— De acuerdo. Dime, ¿te suena familiar el nombre Anthony Brower Andley? —Preguntó sacando unos papeles de una gaveta.

— Sí, él era mi primo, murió hace mucho tiempo. Pero no entiendo, a qué viene esa pregunta

— ¿Muerto?— Exclamó asombrada.

— Sí, cuando éramos unos niños. — Respondió con un nudo en la garganta.

— ¿Está segura de ello?

— ¡Claro que sí! Yo… yo estuve ahí cuando sucedió. —Dijo antes de que se le quebrara la voz por completo. —pero, ¿por qué me pregunta eso?

— Candy, ese muchacho no murió.

— ¡Qué!— Levantó la voz no dando crédito a lo que oía.

— Cálmate y escúchame por favor. El joven Anthony Brower Andley no murió... y está en este hospital, es… el paciente que debías cuidar.

— ¡No! Eso no puede ser, yo… lo vi caer del caballo que montaba. — Se soltó a llorar reviviendo esas imágenes en su mente y esos sentimientos en su corazón.

— ¡Cálmate Candice! Déjame explicarte todo. — La anciana levantó la voz de manera autoritaria, Candy se sobresaltó e intentó controlar sus sollozos.

— Tenemos registros de un paciente llamado Anthony Brower, él perdió la vista al caer de un caballo cuando era un adolescente. Su familia lo trasladó a un hospital en el cual no pudo recuperarse. —Movió algunos papeles y se acomodó los lentes para leer…

El día de ese terrible accidente, después de notar la ausencia de los herederos directos de la familia comenzó una exhausta búsqueda. Sirvientes y familiares iban y venían por todos los alrededores de la mansión.

Tardaron horas en llegar a la colina donde estaban los jóvenes. Uno de los hombres los reconoció y llamó a su acompañante.

— ¡Creo que vi algo!— Gritó guiando a su caballo. Su compañero le dio alcance.

— ¡Son ellos!— Dijo el otro apresurando su caballo. Bajaron rápidamente y se encargaron de cargar a cada uno para llevarlos a la casa.

En la mansión algunos familiares se habían quedado a esperar noticias de los muchachos. La señora Elroy estaba llena de angustia, su sobrino y la nueva integrante de la familia estaban quién sabe dónde corriendo todo tipo de peligros.

En ese momento entró un hombre alto, de tez blanca y ojos azules. Lleno de furia entró a la sala donde estaban todos.

— ¡Dónde está mi hijo!

— ¡Vincent! ¿Qué hace usted aquí?

— Vine por mi hijo, dónde está. —Gritó furioso.

— Señora, los encontraron. —Entró un mayordomo a la sala.

— ¡Bendito dios! —Dijo juntando sus manos. — ¿cómo están?

— Mal señora, ambos están inconscientes.

— ¡Llamen a un doctor y llévenlos a sus habitaciones! —Ordenó saliendo de la habitación.

— ¡Elroy! ¿Qué ocurre? —Preguntó Vincent alterado.

— Tu hijo esta inconsciente. —Dijo con voz fría.

— ¿Qué?— La siguió hasta la planta alta de la casa soltando toda clase de reclamos.

Llevaron a Candy al ala oeste de la casa y Dorothy se encargó de atenderla hasta que un médico llegara. Anthony fue llevado al lado contrario de la casa, su abuela y su padre corrieron a su lado.

— ¿Qué sucedió?— Volvió a preguntar el caballero.

— No lo sé Vincent. Los perdimos durante el evento y comenzaron a buscarlos, llevaban perdidos toda la tarde.

— ¡No puedo creerlo! Anthony estaba bajo tu responsabilidad, ¿cómo pudiste dejar que esto pasara? —El señor Brower estaba furioso, maldijo todo lo que pudo y le reprochó una y mil veces a la señora Elroy por su irresponsabilidad. Pasó media hora y ningún doctor aparecía. El capitán estaba nervioso, su hijo no reaccionaba y había perdido mucha sangre. En el momento en que iba a tomar una decisión la puerta se abrió y entró el médico, que por fortuna de unos y desgracia de otros era amigo del capitán.

— Déjenme a solas, necesito revisarlo.

— Yo me quedo, es mi hijo.

— Está bien, pero solo tú y no estorbes. —Ordenó el medico comenzando a hacer su trabajo. El doctor lo revisó e hizo todo lo posible para salvar la vida del muchacho, hasta que lo logró.

— ¿Cómo está?

— Mal, ha perdido mucha sangre y no puedo decirte con exactitud su estado.

— ¿Se repondrá?— preguntó lleno de angustia.

— Con los cuidados necesarios sí, pero, es necesario llevarlo a un hospital, aquí no se puede hacer mucho.

— Haz todo lo que tengas que hacer. De ahora en adelante yo me haré cargo de mi hijo, no dejaré que un Andley se vuelva a acercar a él.

— ¿Qué sucedió Vincent? ¿Por qué ese cambio?— Preguntó el doctor.

— Ahora no es momento de hablar, solo encárgate de salvarle la vida a mi hijo.

— Lo haré. — El doctor mandó a su sirviente al pueblo para conseguir un medio para transportar a Anthony...

Mary Jane le explicó a Candy las condiciones de Anthony. Había vivido todos esos años con la incapacidad de ver, pero había tenido una vida tranquila, hasta hacia un par de meses en que había sufrido un accidente más en su casa y lo había dejado nuevamente inconsciente con múltiples heridas.

— Candy, no sé qué haya sucedido, pero los Brower odian a tu familia y no quieren saber nada de ellos.

— Esto es tan confuso, no entiendo nada. ¿Cómo es que nos hicieron creer que él estaba muerto…?

Después de discutir con Elroy, Vincent se llevó a su hijo a un hospital de Chicago sin decirle en cuál estaría.

— No te lo puedes llevar. — reclamó la anciana.

— Es mi hijo y tengo todo el derecho. — Fue lo único que dijo y salió de la casa de los Andley jurándose a sí mismo que nadie más le haría daño a su familia.

Elroy estaba devastada, en minutos había perdido a su nieto. Candy no reaccionaba y Archie y Stear no habían llegado todavía ya que ellos también habían ido a buscar a sus primos.

— No están por ningún lado. —Dijo Archie

— Tenemos que encontrarlos. — Dijo el mayor, y cada vez se alejaron más de las tierras de los Andley, hasta que la obscuridad no les permitió ver nada. — Tenemos que detenernos un momento, en la noche no encontraremos nada.

— Tienes razón… mira… allá. Es una cabaña. — Señaló con su mano y como pudieron se dirigieron a la casona y pasaron ahí la noche sin presenciar lo ocurrido en su casa.

A la mañana siguiente despertaron y rápidamente continuaron buscando hasta que encontraron a uno de los sirvientes que ahora los buscaba a ellos.

— Señores, la señora Elroy quiere verlos en la mansión.

— No hemos encontrado a Candy ni a Anthony— respondió uno de ellos.

— A ellos los encontramos en la tarde. — Dijo el hombre

— ¿Qué? ¿Por qué nadie nos dijo nada?

— Porque ustedes tomaron camino por su cuenta. — fue la respuesta del hombre.

— ¿Cómo están?— preguntó el menor de los hermanos.

— No sabemos, la señora Elroy nos mandó a buscarlos, quiere hablar con ustedes. — Stear y Archie cabalgaron a toda prisa hasta llegar a la casa, bajaron de inmediato y fueron a encontrarse con su tía que estaba en la biblioteca hecha un mar de lágrimas.

— Abuela, ¿Qué pasó? —Preguntó Stear serio.

— Anthony… Anthony… murió

— ¡No! —gritaron ambos sin creerlo.

— No puede ser. ¿Dónde está? —Preguntó Archie. —En su habitación, ¿verdad?— Dijo tomando camino a la planta alta.

— No está aquí. —Dijo la anciana

— ¿y Candy?

— En su habitación, ella está bien. —Dijo seria. — Vayan a verla.

Ambos chicos con paso un poco torpe hicieron lo que la mujer les decía ya que ellos también querían hacerlo. Dejaron a la mujer sola con la mirada perdida y una hoja arrugada entre las manos.

Anthony ha muerto, por tu culpa Elroy y es algo que nunca voy a perdonarte. Ahora tienes en tu conciencia la muerte de mi esposa y de mi hijo, al que tanto presumías de amar y de dar la vida por él.

Te daré un último gusto, será enterrado aquí en Lakewood al lado de su madre, ahora los dos están en paz y lejos de toda la maldad y crueldad de tu familia.

Vincent Brower.