-¿Todo bien? – Pregunto Akashi una vez que ambos se volvieron a sentar en sus respectivos lugares.

-Claro, todo bien Akas… Sei – Se corrigió Kuroko nervioso, aun le costaba un poco.

-Está bien – Contesta el heterocromatico dejando un beso en la mejilla del peli celeste, consiguiendo un sonrojo por parte de este mismo.

La conversación siguió normal, como si nada hubiera pasado, a excepción de la mirada desconfiada, junto con un puchero, que Takao le lanzo en medio de la conversación. Aun no entendía, si sus sospechas eran ciertas ¿Midorima había creado una sustancia que te transporta a otro mundo? ¿Era eso siquiera posible? Bueno, al parecer si porque había sucedido.

-¡Senpai! – El grito de Kise resonó por todo el lugar atrayendo la atención de la mayoría de los clientes.

-No grites así idiota – Y con una voz demasiado calmada, Kasamatsu le propino una patada justo en los abdominales, causando que Kise se doblara dejando escapar algunas lágrimas.

-Pero es que tardo mucho Senpai.

-Solo fui al baño Kise, por dios – Suspiro el mayor mientras negaba con la cabeza - ¿Qué pasa?

-¿Vamos a mi casa? – Y como si nunca hubiera recibido un golpe, Kise se enderezo para quedar más alto que su senpai mientras sonreía abiertamente.

-¿Eh? – El sonrojo en la cara del mayor fue aumentando mientras imaginaba las cosas que inconscientemente Kise le estaba proponiendo.

-Compre una película nueva y quiero verla con usted Senpai.

Todos los demás parpadearon confundidos, ya que también habían pensado que había sido una insinuación sexual y simplemente les cayó una gotita de la frente, menos a Murasakibara que seguía degustando su doceavo pastel.

-Kise, creo que deberías correr – Murmuro Aomine mientras mantenía la mirada fija en Kasamatsu.

-¿Eh? ¿Por qué Aominecchi? – Kise lo miro completamente confundido hasta que de repente tuvo un escalofrió. Al voltear la mirada nuevamente, vio a su senpai con un aura demasiado obscura, apretando fuertemente los puños. – Se… ¿Senpai?

-¡Idiota! – Lo único que pudo sentir Kise fue el puño estrellándose contra su cara, mientras que Kasamatsu salía por la puerta del local, mas enojado que nunca.

-Eso es lo único que sos Kise-Chin – Todos se sorprendieron al escuchar esas palabras del gigante que hasta ahora habían pensado que no iba a hablar. – Pobre Kasa-Chin.

-Tiene razón – Takao se levanto rápidamente y apunto en modo acusatorio a Kise – No se juega asi con los sentimientos Kise, deberías ir a disculparte.

-Y mejor que sea antes de que lo pierdas de vista – Agrego Akashi que intentaba controlar la sonrisa inevitable que se le formo en sus labios.

Kise no espero a que le digan nada más y salió corriendo mientras gritaba "Senpai" por todos lados, algunos se preguntaban si en verdad pensaba que Kasamatsu podría irse sin él, vamos, Kasamatsu es un tsundere de primera, pero tampoco se iba a ir a su casa sabiendo que Kise iba a pasarse toda la noche buscándolo por la calle.

-Creo que también deberíamos irnos Atsushi - Himuro se levanto suavemente y con su sonrisa característica.

-Pero, Muro-Chin, todavía tengo hambre – El gigante miro a su novio sin hacer ningún tipo de expresión, sin embargo el del ojo tapado podía ver la mirada de suplica que le estaba dedicando.

-En casa te voy a preparar un pastel, ¿Si? – Fue interrumpido de repente por un beso del más alto, el cual se levanto rápidamente.

-Muro-Chin es el mejor – Y con esas palabras agarro al mencionado, arrastrándolo hasta la salida sin despedirse de nadie.

-Cada vez entiendo menos él porque estoy en este grupo de anormales.

-Tampoco es que vos seas demasiado normal Ahomine. – Mascullo Kagami por lo bajo aguantándose la risa.

-¿Qué dijiste Bakagami? – Aomine puso la mano en la mesa, inclinándose hasta quedar más cerca del mencionado.

-Ahomine. – Remarco nuevamente, sin embargo en vez de recibir algún insulto como hubiera sido tiempo atrás, lo único que hizo el peli azul fue acercarse más al que se burlaba y juntar sus labios en un claro y apasionado beso, siendo correspondido de inmediato mientras que ignoraban a los pocos que quedaban.

-Iugh – Exclamo Midorima apartando la mirada.

-Oh vamos Shin-Chan, hemos hecho peores cosas que eso – Takao lo miro mientras sonreía de lado y alzaba repetidas veces las cejas.

-Ca-cállate Bakao – Murmuro apartando la mirada repentinamente sonrojado.

Kuroko mantenía la vista en todos sus compañeros, nunca los había visto tan felices y admitía que últimamente ellos necesitaban esa felicidad que sabía que solamente se las podía dar la persona amada.

-Tetsu, ¿Vamos nosotros también? – El mencionado volteo a ver a la persona que lo llamaba, aunque ya sabía claramente quien era.

-Sí, claro Sei, vamos – Sonrió tiernamente mientras posaba su mano sobre la de el pelirrojo, el cual le devolvió a sonrisa. No una de superioridad, ni siquiera una superficial, esa sonrisa demostraba amor, una expresión que nunca había visto en él, eso ocasiono un sonrojo en el menor.

.-.-.-.-.-.-.-

Los últimos días habían sido perfectos para Kuroko, pasando los días siempre con Akashi, en grupo, con risas. A decir verdad estaba empezando a apreciar el lugar a donde había ido a parar, pero no podía evitar pensar que pasaría en el otro mundo, aun tenia muchísimas dudas que nadie podía contestarle, mientras que Midorima lo único que decía era que seguía en investigación.

-Kuroko, tengo algo.

Midorima había aparecido en su casa segundos antes con una expresión preocupada, pero sin dejar de ser completamente seria.

-Hay informes que afirman los viajes en mundos paralelos, son demasiado inusuales y hay muy pocos casos, pero existe. – Sentencio con un suspiro.

-Eso significa que no estoy loco.

-Claro que no, pero al parecer si viajaste entre dos mundos.

-¿No dice como volver? – Kuroko se sintió realmente confundido cuando Midorima bajo la mirada, como si estuviera consternado.

-La única forma es cumpliendo tu misión.

-¿Qué queres decir?

-No te mandaron a este mundo por nada, algo tenes que hacer, y hasta que lo cumplas no vas a volver, así como el que está en tu mundo no va a poder volver.

Esto era simplemente genial, ni siquiera sabía que misión tenía que cumplir.