Te veo
Capítulo 5
—Doctor ¿qué opina de lo que le propongo? — preguntó el capitán al médico después de varios segundos.
—¿Está seguro que quiere hacer esto señor? ¿pagar una enfermera que trabaja en otro continente para que se encargue del cuidado de su hijo cuando en Inglaterra hay también enfermeras?
—No se trata de la profesión o la preparación si a eso se refiere, es algo más…psicológico. Nunca había visto a mi hijo tan entusiasmado y lleno de vida como en estos días. La presencia de esa señorita le hace bien a mi hijo y confió en que ella lo ayudara cuando el doctor Paxton comience a hacer su trabajo. Usted me acaba de decir que es un buen médico y que su enfermera es de las mejores también— contestó el capitán.
—Muy bien señor Brower, pero creo que esto también debe hablarlo con la señorita White, ella tiene familia a la que debe informar sobre sus decisiones, amigos, todo lo tiene aquí.
—Estoy de acuerdo con eso. Por qué no la llama en este momento y le preguntamos— el medico así lo hizo y minutos después Candy entraba al consultorio del doctor donde estaba también el padre de Anthony.
—¿Me llamaba? — preguntó nerviosa ante la presencia del capitán. "me descubrieron" pensaba mientras ambos giraban para verla.
—Si enfermera, lo que sucede es que el señor Brower tiene algo que preguntarle—dijo el médico.
—Lo escucho— dijo controlando sus nervios.
—¿Le interesa ir conmigo y con mi hijo a Inglaterra para que lo siga ayudando con su recuperación? — preguntó…
Cuando le pidieron a Candy que los acompañara a Londres para que se encargara de cuidar a Anthony el tiempo que fuera necesario, ella no lo dudó e inmediatamente aceptó. Llena de emoción fue a agradecerle a Mary Jane la gran ayuda que había recibido por parte de la anciana mujer, ya que si ella no le hubiera dicho todo y no le hubiera dado la oportunidad de estar al lado del joven Brower ella no estaría a punto de irse con él para estar a su lado.
—Vamos Torpe, deja de agradecerme y vete ya— dijo seria la mujer cuando se despedían.
—Nunca dejaré de hacerlo— respondió Candy al momento de darle un abrazo a la mujer— no tengo con qué pagárselo.
—Descubre la verdad y se muy feliz— fue el consejo de la mujer a la joven.
Querido Albert.
No sé hasta cuándo recibas esta carta, pero es seguro que en el momento en que la leas yo estaré lejos.
No te preocupes que no estoy huyendo de nada ni de nadie. Viajaré a Inglaterra donde me han ofrecido un buen trabajo y es una gran oportunidad para mí. Tengo algo que hacer en Inglaterra, y, si tengo éxito pronto te veré y podré darte una gran noticia.
En cuanto llegue y me instale en el lugar donde viviré te escribiré.
Te quiere
Candy.
Esta era la nota que más había convencido a Candy después de escribir tantas más. No quería decirle a Albert que había encontrado a Anthony vivo y mucho menos que estaba ciego y que odiaba a su familia. Primero tenía que saber por qué Anthony sentía todo eso y si había una manera de cambiarlo y ayudarlo a recuperar la vista.
Candy iría a Londres con él para ayudarlo en su recuperación, esta había sido la idea del capitán Brower, quien notó el gran avance que su hijo sufrió en un par de semanas. Claro que esa idea fue apoyada por el medico de Anthony que sabía que Candy o Rosalie como la llamaba el paciente lo ayudaría en su mejora sino física, emocional.
Al día siguiente los caballeros Brower y Candy se trasladaron a Nueva York para tomar el barco que los llevaría a Inglaterra.
Candy estaba feliz, llena de vida y energía, pero con esfuerzo sobrehumano logró controlar su emoción y se portó seria y tranquila.
Por su parte Anthony que en un principio se había negado a que su enfermera lo acompañara al final también estaba algo emocionado sin saber por qué se sentía así en cuanto a la enfermera. Lo que si sabía era que con el paso de los días Rosalie cada vez tenía más similitudes con Candy. Era una chica alegre, optimista, sonriente, bromista, perseverante y luchadora.
—Si tan solo fuera ella— dijo por lo bajo mientras esperaban para abordar el barco.
—¿Dijiste algo hijo? — preguntó su padre al escuchar el murmullo.
—No, nada— negó Anthony sintiendo la presencia de Rosalie que se aproximaba a ellos.
—Ya estoy aquí— dijo la rubia.
—No tardó mucho— dijo Anthony.
—No, solo fui a poner una carta al correo.
—Para su familia— dijo el capitán.
—Sí— contestó ella.
—¿A quién le informó de su partida? — cuestionó el capitán.
—Bueno pues a…— dudó un momento, pero pensó bien— a mi hermano William, está de viaje y no sé cuándo regresa así que le mandé la carta para decirle que me iba y que pronto le escribiría si es que ya estaba aquí.
—¿es su única familia? — preguntó Anthony.
—podría decirse que Sí.
—¿podría?...
—sí, mi familia es más grande, pero él y yo siempre hemos sido muy unidos y podría decirse que es lo único que tengo.
—¿y sus padres? — preguntó Vincent.
—No los conocí— respondió bajando la mirada.
—Lo siento no debí preguntarle eso— se disculpó.
—No tiene por qué— sonrió Candy. En ese momento llegó la hora de abordar. Candy subió primero, seguida de Anthony que guiado por ella y su padre que venía atrás se movió rápidamente.
Después de todo el papeleo y las revisiones correspondientes fueron hasta sus camarotes. El capitán y Anthony compartirían uno para que el primero pudiera cuidar de su hijo, mientras que la enfermera tenía el contiguo con una puerta que conectaba al primero.
—Póngase cómoda y nos encontramos a la hora de la cena— dijo el capitán a Candy— quiero que aclaremos puntos sobre su horario, sueldo y el trabajo que tendrá al lado del doctor Paxton.
—¿Quién? — preguntaron los dos jóvenes.
—El doctor Paxton es un gran médico que ha accedido a revisarte y ayudarte para que recuperes la vista.
—Eso es estupendo— dijo la enfermera entusiasmada.
—Supongo que sí— dijo Anthony sonriendo también.
—Bueno, bueno, basta de charla por ahora. Nos vemos en la cena— entraron a los camarotes que les correspondían y después de descansar y relajarse se alistaron para la cena.
—Papá— lo llamó Anthony
—Dime hijo.
—Rosalie…. Me recuerda a alguien—
—¿A quién? — preguntó curioso.
—A Candy.
—Otra vez con eso Anthony. Hijo, deberías olvidar ya a esa muchachita, seguramente ella está muy lejos y tiene una vida muy diferente a la de Rosalie— dijo elevando el tono de su voz.
—Lo sé, pero no puedo evitar recordarla en ciertos aspectos— dijo borrando la sonrisa que se había formado en su rostro—
—Lo siento hijo, no debí hablarte así— se disculpó al ver la reacción de su hijo.
—Olvídalo ya— le dijo comenzando a caminar con cuidado por la estancia para comenzar a familiarizarse con los muebles y las dimensiones— dime, el doctor que dices… ¿es bueno?
—Tengo buenas referencias de él y el doctor que te atendió en chicago me dijo que lo conoce y que confía en él para ayudarte en tu recuperación. Confiemos en él.
—Tienes razón papá, tal vez él sepa cómo curarme— dijo al momento en que llegaba hasta la cama.
En ese mismo puerto un par de horas más tarde atracaba un barco proveniente de Inglaterra. De él descendió Albert quien después de la visita que había hecho a la casa Brower había cancelado su gira de trabajo por Europa para regresar a casa, ir por Candy, la señora Elroy y regresar a Inglaterra.
Después de aquella visita llenó a George de preguntas sobre aquella época en la que Anthony había muerto. Hasta donde Albert sabía Anthony había muerto instantáneamente y cuando lo habían encontrado la única persona viva había sido Candy que había perdido el conocimiento.
Albert no pudo estar presente en el funeral ni en el entierro de su sobrino, todo había sido demasiado rápido para todos y cuando él se enteró de todo había pasado ya una semana.
Por medio de George había recibido una carta de su tía donde le contaba todo eso: Anthony, había muerto repentinamente, el funeral y entierro habían sido demasiado rápidos, no hubo tiempo de avisar a más parientes y solo los cercanos habían asistido.
—George tu estuviste ahí. Dime cómo fue todo. Dime del funeral— pidió Albert muy nervioso
—cálmate Albert ya te dije que todo fue muy rápido.
—Sí, ya sé, pero el funeral, ¿qué pasó ahí? — dímelo todo.
—Albert, el día del accidente sucedió algo que…— George bajó la mirada sintiéndose un traidor, no hacia Eloy sino con Albert, el muchacho al que había cuidado tanto y con el que había estado en sus peores momentos, a ese hombre que lo quería como si fuera su propio hijo.
—¿qué ocurrió George? Habla— dijo con potente voz que por un segundo estremeció a George.
—El día del accidente, tu sobrino no murió instantáneamente como se les dijo a todos— respiró profundo y continuó— ese día, cuando habían encontrado al joven Anthony y a la señorita Candy, él todavía estaba con vida, muy débil es cierto, pero con vida. Minutos antes de que sus cuerpos inconscientes llegaran a la mansión llegó… Vincent Brower
—Su padre— dijo Albert en un murmullo dejándose caer en una silla.
—Sí, un doctor llegó y se encargó de curar a tu sobrino, pero Vincent se lo llevó a un hospital para que lo pudieran atender correctamente y…
—¿Y qué más?
—A la mañana siguiente tu abuela recibió la noticia que el joven Anthony había muerto pocas horas después. El funeral fue rápido, el ataúd estaba cerrado y nadie pudo ver el cuerpo del niño. Albert, Vincent fue ese día con tu familia para llevarse a su hijo lejos de ustedes. — terminó de decir esto y se sintió miserable por ocultarle esos sucesos por tanto tiempo. Albert no decía nada, estaba como perdido en sus propios pensamientos. Pasaron varios minutos en los que George con la vista fija en los movimientos y gestos de Albert que no decían mucho esperaba alguna oración dicha por él. Por su parte Albert tenía la vista perdida en algún punto de la habitación.
—¿Por qué nunca me dijeron nada de esto? — preguntó al fin.
—La señora Elroy nos hizo prometer a los que estábamos presentes, que éramos tu familia de noruega que fueron los que vieron todo y yo que me enteré a la mañana siguiente de lo ocurrido. Nosotros juramos que nadie se enteraría de la escandalosa visita del capitán y cuando se dijo que Anthony estaba muerto ya no había motivo para decirlo.
Después de eso George, siguiendo las órdenes de Albert canceló todos los pendientes del patriarca y arregló todo para regresar a América lo antes posible. Durante una larga meditación en el viaje, no tenía una idea clara de qué haría, pero sabía que debía regresar a Inglaterra y crear contacto con Vincent Brower; tenía una corazonada, había algo que debía saber, algo que debía descubrir referente a Anthony y para eso necesitaba a su familia cerca y más importante a las dos mujeres que después de Rosemary habían amado tanto a su sobrino.
—¿Será posible que lo que creo sea cierto? Sería un milagro, un verdadero milagro, pero también sería algo que indicara que todo fue una mentira, una farsa.
Cuando llegaron a tierra americana inmediatamente partieron a chicago donde buscarían a Candy, irían a Lakewood donde estaba la abuela Elroy y después de verificar un punto importante en el cementerio de la familia irían los tres de vuelta a Inglaterra.
La sorpresa que Albert se llevó en el hospital fue enorme, Candy no estaba más ahí.
—¿Cómo que no está aquí? — preguntó Albert.
—No señor, la enfermera White ya no trabaja más aquí, según tengo entendido recibió un trabajo especial y dejó el hospital para llevarlo a cabo. — fue la respuesta de una enfermera a quien Albert se acercó para obtener información.
—¿Sabe a dónde se fue?
—Lo siento, pero no y aunque lo supiera por políticas del hospital no podría decirle. — se disculpó la mujer.
—Entiendo— dijo golpeando el mostrador— gracias— dio media vuelta y regresó al auto donde George lo esperaba – vamos a Lakewood— ordenó cerrando la portezuela del coche.
Horas más tarde Albert y George cansados a punto de desfallecer entraban a la mansión de Lakewood, donde se encontraba la abuela Elroy en compañía de Eliza y su madre.
—¡William! ¿qué haces aquí? — preguntó la anciana sorprendida al ver a su nieto.
—Tenemos que hablar— dijo sin hacer caso a la pregunta y a los saludos que dieron las mujeres de la familia Leggan— en privado.
Elroy vio una mirada tan fría en su nieto que se levantó de su lugar en un segundo y en silencio lo llevó hasta la biblioteca de la casa.
—que nadie se acerque a esta puerta— dijo Albert a George al momento en que lo tuvo cerca. El hombre asintió y tal como lo haría un guardia se quedó frente a la puerta.
—¿Qué pasa? — preguntó Eloy ya a solas.
—¿Por qué nunca me dijiste como es que pasó todo lo de la muerte de Anthony? — preguntó sin rodeos. Elroy se puso pálida y llevándose una mano al pecho preguntó.
—¿De qué hablas?
—¿Por qué nunca me dijiste que su padre había venido ese día a llevárselo? ¿por qué nunca me dijiste que Anthony no había muerto repentinamente?
—¿Cómo sabes eso?
—No me respondas con otra pregunta. Dime a qué vino Vincent ese día de la cacería. Dime porqué se llevó a su hijo y porqué nunca nadie vio el cuerpo de Anthony en el funeral.
—¿George te dijo todo no es así? — dijo la anciana comprendiendo todo. Respiró con profundo sentimiento y continuó— no lo sé Albert, no tengo la respuesta a tus preguntas. No sé a porqué quería llevarse a Anthony y no sé por qué no se abrió el ataúd de mi nieto. Lo único que recuerdo es que fueron instrucciones de él mismo, alegó que no quería que nadie viera a su hijo de esa manera, quería que lo recordaran en vida— la mujer se echó a llorar con una mano sobre su corazón. Albert no se movió ni dijo nada.
—Te llegó una nota de él—afirmó Albert—¿qué decía?
Elroy miró con sorpresa a su nieto y no vio más al niño o muchacho que quería vivir libre y conocer el mundo, veía a un hombre responsable, serio, atormentado por el pasado buscando una respuesta. Se acercó al escritorio, detrás de este estaba un librero, tomó el libro de la familia y buscó entre sus páginas hasta tomar una hoja arrugada, amarilla y maltratada por el tiempo. La leyó una vez más y se la extendió. Albert dudoso la tomó y la leyó con cuidado:
Anthony ha muerto, por tu culpa Elroy y es algo que nunca voy a perdonarte. Ahora tienes en tu conciencia la muerte de mi esposa y de mi hijo, al que tanto presumías de amar y de dar la vida por él.
Te daré un último gusto, será enterrado aquí en Lakewood al lado de su madre, ahora los dos están en paz y lejos de toda la maldad y crueldad de tu familia.
Vincent Brower.
"la crueldad de tu familia" grabó esas palabras en su mente y guardó la hoja en su chamarra tomando una decisión.
—Encárgate que nadie de la familia esté aquí durante dos semanas, envía a toda la servidumbre que puedas a chicago, Nueva York o donde te plazca, que se queden solo los de suma confianza.
—¿Qué vas a hacer Albert? — preguntó con miedo Elroy
—Saber si Anthony está enterrado donde todos creemos—
