Te veo
Capítulo 6
El viaje a Inglaterra llegó a su fin, durante el trayecto no pasó nada grave que debiera mencionarse y una mañana el barco en el que iban los Brower y Candy llegó al puerto, donde ya había muchas personas esperando a que bajaran sus familiares o amigos.
Candy, Anthony y su padre bajaron casi al final, después de que la mayoría de los pasajeros hubiera bajado y ellos pudieran hacer lo mismo sin prisa alguna.
Cuando la joven enfermera tocó tierra británica los recuerdos asaltaron su memoria y todo lo vivido en su adolescencia se hizo presente. Algunos eran tristes recuerdos, pero otros estaban llenos de risas y alegría y con esos fue con los que decidió quedarse mientras estaban esperando a que alguien, desconocido para ella, llegara a recogerlos.
— ¡Papá! ¡Anthony! —se escuchó como gritaba un muchacho acercándose al trio—¡al fin los veo! —dijo con emoción abrazando a su hermano y a su padre—¿cómo estás Anthony? —
—Bien, John, muy bien—respondió el rubio con el mismo cariño con el que había sido recibido.
—John, ella es la enfermera Rosalie White, estará con nosotros durante algún tiempo—dijo serio el padre de los chicos.
—Un placer conocerla señorita—dijo John notando que la joven era muy linda, y esa sonrisa ¡vaya una mujer encantadora! —mi nombre es John Brower—besó la mano de la joven y ella lo saludó con cortesía aprendida con la abuela Elroy— el auto nos espera ya, vengan—tomó la maleta que Anthony tenía a su lado y también la de Candy para guiarlos hasta el automóvil que ya los esperaba.
Dejaron las maletas en la parte de atrás del auto y los cuatro entraron para dirigirse a la casa de la familia Brower. Cuando llegaron Candy no tuvo que ser informada sobre cuál de todas esas hermosas casas era en la que Anthony vivía, con tan solo ver el jardín que estaba en la entrada lo supo y sonrió con ternura mirando a Anthony quien reía por lo que su hermano le contaba.
Bajaron del auto y entraron a la casa que la rubia había visto, si por fuera era bella por dentro era aún más, toda la decoración era de un gusto exquisito. En la puerta ya los esperaba toda la servidumbre: mucamas, la cocinera, otro chofer y el mayordomo, quien abrió las grandes puertas para que el auto entrara y llamando al otro chofer de la familia comenzaron a bajar el equipaje.
—Bienvenidos—dijo el mayordomo al estar frente a su patrón—es un gusto que hayan regresado.
—Y es un gusto estar por fin en casa—le dijo Anthony apoyándose en la mano del hombre para entrar a la casa.
—Preparen la habitación de la señorita, se quedará con nosotros por algún tiempo—repitió el capitán a la servidumbre, que hizo lo que se le pedía rápidamente, llevando el equipaje de Candy a una de las habitaciones de la planta alta, cercana a la de Anthony por órdenes del padre.
Fueron a la sala y la charla sobre lo ocurrido en esos meses comenzó. John le dijo a Anthony todo lo que este le preguntaba, lo cual eran preguntas relacionadas a varias personas que él conocía, la mayoría eran nombres de caballero, y solo uno de mujer resaltó; Diane Anderson.
—No ha habido día en que no preguntara por tu regreso—contestó John rodando los ojos— a decir verdad, me extraña que hoy no haya venido—dijo mirando el reloj.
—Si el señor me permite hablar—dijo Esteban sirviendo el té que había traído—la señorita vino cuando ustedes aún no habían llegado. Yo le dije que no había nadie en casa y dijo que volvería mañana.
—Amenaza con volver—dijeron Anthony y John al mismo tiempo para después comenzar a reír.
—Si me disculpan me gustaría retirarme un momento para descansar—dijo Candy seria, después de esa conversación.
—Desde luego. —Esteban lleva a la señorita hasta su habitación—ordenó Vincent.
—Gracias—dijo la joven.
—La esperamos en la cena—dijo Anthony.
—Aquí estaré, si me necesita para cualquier cosa por favor, llámeme—pidió a Anthony.
—No se preocupe por eso y ahora descanse, según me dijo mi padre mañana veremos al doctor del que nos habló en el viaje.
Candy asintió y después de salir de la sala de estar fue guiada hasta su habitación en la planta alta de la mansión.
—Dígame cuál es la habitación del joven Brower—preguntó con cortesía apunto de reírse por sus propias palabras.
—La puerta contigua a la suya—respondió Esteban.
—Gracias.
—Lo que necesite—dijo el mayordomo— señorita… ¿puedo hacerle una pregunta?
—Claro—respondió ella.
—¿Usted ayudará a que el joven Anthony vea nuevamente?
—Haré lo mejor que pueda, aunque el trabajo más difícil será del médico. — pero le aseguro que todo esto terminará bien.
—Gracias, él se lo merece, es una gran persona.
—Lo sé—dijo en voz baja solo para sí.
Los días pasaban y Albert al fin recibió la carta de Candy donde le decía que estaba en Europa. "¿qué hace Candy en Inglaterra?" se preguntaba una y mil veces al releer la carta. "Al menos ya está allá y encontrarla será un tanto difícil, pero me ha ahorrado la manera de decir todo esto"
Aquella mañana, tal como lo había pedido, la servidumbre se había ido de la mansión de Lakewood y solo unas cuantas personas se habían quedado.
Albert, George y un hombre al que le habían pedido ayuda y discreción fueron hasta la tumba de Anthony con lo necesario para dar su siguiente paso.
—Albert, ¿estás seguro de esto? —preguntó George ya en el lugar.
—Precisamente porque no estoy seguro debo hacerlo—fue la respuesta que dio comenzando a cavar la tumba en la que esperaba por una parte encontrar a Anthony y quitarse la idea de una mentira, pero otra parte de él y la más fuerte deseaba que no hubiese nada y que Anthony, el hijo de su hermana estuviera vivo. La tarea duró un par de horas, en la que nadie dijo nada, solo se dedicaban a su tarea.
Elroy sabía lo que su nieto planeaba y desde temprano comenzó a pensar en las probabilidades que había para que su nieto Anthony estuviera o no enterrado en el cementerio familiar. "Vincent no podría haber hecho eso, sé que me odia y aun no entiendo del todo porqué, pero él no se atrevería a engañarme de esa manera si sabía perfectamente que yo a Anthony lo quise y aun lo quiero como si fuera mi hijo" pensaba con un rosario entre sus temblorosas manos.
—Ese es el ataúd—dijo el hombre que los ayudaba—¿seguros que quieren hacer esto? —preguntó como si fuese un pecado—lo que está ahí es un cadáver y creo que merece respeto.
—Ha terminado su trabajo—dijo Albert—aquí tiene su pago y gracias, ya puede retirarse—su voz era tan fría y distante que el mismo George desconoció al hombre que veía.
—Gracias señor—respondió el hombre pensando que lo que hacían estaba mal. Dio media vuelta y dejó solos a George y a Albert
George se inclinó para abrir el ataúd temiendo lo que haría y lo que encontraría. Como pudo, rompió una cerradura extraña que mantenía cerrado el ataúd y al sentir cómo se abría suspiró mirando a Albert que asintiendo le dio la orden de abrir, solo para encontrar…
—¡NADA! — gritó Albert llevando su mano hasta su frente para quitarse el sudor frio que lo invadía.
—O sea que…—George no pudo terminar la frase ya que estaba igual de sorprendido que Albert.
—Anthony está vivo…tiene que estar vivo— exclamó con la voz a punto de quebrársele y sus ojos inundados de lágrimas—tenemos que hablar con Vincent—
—Arreglaré todo esta misma tarde—dijo George cerrando el ataúd para dejarlo tal como estaba, aunque no hubiese nada dentro.
—¿Qué encontraste? —preguntó Elroy con miedo cuando al fin vio a Albert regresar.
—Nada—respondió él abrazándola—no había nada.
—Nada…—murmuró ella sin creerlo.
—Tenemos que buscar a Vincent. Nos tiene que explicar esto—dijo Albert recuperando su serenidad.
—Hay que encontrarlo, tiene muchos años que no hablo con él—dijo Elroy seria y perdida en sus propios pensamientos, temores y recuerdos.
—Está en Inglaterra—respondió Albert—tenemos que ir y tú vienes conmigo—fue más una orden que una petición.
—Claro que sí—asintió ella—¿Cuándo nos vamos?
—Tan pronto como George arregle lo del viaje—respondió tomando asiento—tengo que encontrar a Candy—dijo por lo bajo.
—¿A Candy? —exclamó Elroy que había escuchado lo dicho.
—Sí, ella tiene que enterarse de esto, al igual que Archie tan pronto regrese del viaje que hizo con sus padres—dijo Albert pensando en todo.
Al día siguiente los tres partían para Nueva York donde inmediatamente zarparían a Inglaterra.
Durante este viaje Albert no pensaba en otra cosa que no fuera saber qué había pasado con Anthony ya que la idea de que estaba muerto era la que más acechaba su mente y pensaba que tal vez Anthony estaría enterrado en otro lugar. Confiaba en Vincent a pesar de todo y no creía que él fuera capaz de engañar a la familia sin motivo alguno.
Pensaba en la posibilidad de que su sobrino estuviera vivo y eso lo llevaba a pensar en Candy; ¿cómo reaccionaría ella al saber que el chico por el cual lloró tanto en su niñez estaba con vida? ¿Cómo actuaría su sobrino Archie?, él después de la muerte de su único hermano había alcanzado a sus padres en el país en el que se encontraban, pero algún día tendría que volver y entonces pasarían muchas cosas.
En Inglaterra, Candy había comenzado al día siguiente de su llegada con su trabajo de enfermera y, a las once de la mañana salieron, Anthony, ella, y el padre de él de la mansión de los Brower rumbo a un consultorio particular de la ciudad.
El chofer manejó por veinte minutos hasta detenerse frente a un edificio donde, una vez adentro fueron recibidos por una enfermera quien los llevó con el médico hasta el consultorio donde ya los esperaban.
—Buenos días— saludó el médico a cada uno.
—Buenos días doctor—dijeron los tres
—Dígame, ¿es usted Anthony Brower? — preguntó tomando al muchacho para llevarlo hasta la silla frente a su escritorio.
—Así es—respondió éste.
—Muy bien, mi nombre es Brian Paxton, su padre me habló de su estado y estoy dispuesto a hacer que su vista regrese después de todo este tiempo. — La voz del médico era demasiado optimista y por un segundo Anthony dudó de si todavía había una esperanza para él. Sin embargo, la duda duró unos instantes. Se arriesgaría pues no tenía nada que perder.
—¿Podrá? —preguntó Anthony.
—Dejo de llamarme Brian si no lo consigo—bromeó seguro— y creo que recibiré una gran ayuda de la señorita que lo acompaña, ¿no es así enfermera…?
—White—dijo la joven temiendo que la llamara por su verdadero nombre.
—Rosalie, según me dijo el señor Brower— dijo el médico mirando a ambos y la chica asintió aliviada— bueno, si me permite señor Brower me gustaría revisar a su hijo así que por favor espere afuera.
—Sí doctor— dijo este saliendo del consultorio después de decir—estaré aquí Anthony.
—Veamos cómo estás…puedo llamarlo solo Anthony—pidió Paxton.
—Por favor—asintió el joven.
—Gracias, eso de las formalidades me molesta. Enfermera venga por favor— llamó a Candy y ella se acercó para ayudar en lo que se le pidiera.
En la mansión, John se había quedado después de pelear con su hermano porque quería acompañarlo como siempre lo había hecho desde que se conocieron, pero después de muchas palabras finalmente se quedó en casa esperando a que volvieran con buenas noticias.
—Señor, lo busca la señorita Diane—entró Esteban a la biblioteca para informar la llegada de la joven.
—Ya voy Esteban— dijo levantándose de su asiento para salir e ir hasta la sala donde una joven no muy alta, delgada, elegante, de cabello castaño y algo rizado, de ojos grises lo esperaba ya.
—Hola John— saludó la joven besando las mejillas del chico.
—Hola Diane— sonrió él— déjame adivinar, quieres saber si mi padre y Anthony ya están aquí ¿no es cierto?
La joven hizo una sonrisa de niña traviesa y asintió con la cabeza.
—Pues al fin han llegado…pero…— la detuvo por los hombros antes de que se moviera— no están por el momento, tuvieron que salir y no sé cuánto se tarden—
—Eso no importa—se encogió de hombros— puedo esperarlos, tengo muchas ganas de ver a tu hermano, tengo muchas cosas que contarle y él también tiene mucho que decirme— dijo Diane— espero no te moleste—
—Para nada, solo espero que no te aburras.
—¡Vamos! Contigo no me puedo aburrir, ¿salimos al jardín? — lo tomó del brazo y lo llevó al jardín trasero de la casa donde estuvieron por casi una hora conversando sobre muchas cosas hasta que el mayordomo los encontró y les pidió que entraran a la casa.
—Su padre me pidió que le dijera que vaya a la sala, que traen una buena noticia—dijo Esteban contento también.
—Ya vamos—dijo el muchacho dirigiéndose al interior en compañía de Diane— ¡Anthony! ¿Qué pasó? —preguntó inmediatamente al verlo.
—Siéntate John, no quiero que rompas nada—bromeó el rubio— hola Diane—saludó percibiendo la presencia de la joven.
—¿Cómo supiste que estaba aquí? —preguntó.
—Ese perfume te lo regalé yo, y John no usa tacones—respondió con una sonrisa mientras Candy se mordía los labios al ver la familiaridad con la que se trataba Anthony con la muchacha que había entrado.
Al verla, Candy sintió una punzada en el estómago y al escuchar las palabras que cruzaban si alguien hubiera puesto atención a su rostro habría visto sus mejillas rojas.
—Pues es hora de que me regales otro. Pero creo que yo me voy para que hablen—
—Para nada Diane—habló por primera vez el capitán— quédate y déjame presentarte a la señorita Rosalie White, ella es la enfermera de Anthony— le extendió la mano a la rubia y ella se acercó.
—Mucho gusto— saludó la rubia enfermera.
—El gusto es mío—dijo Diane sonriendo— ¿está mal que pregunte porqué necesita Anthony una enfermera?
—En absoluto, y para responderte… Anthony les dirá. Siéntense—dijo a todos que inmediatamente tomaron asiento y pidieron que se les llevara algo caliente de tomar ya que la lluvia se había hecho presente repentinamente.
—Ya Anthony ¿qué pasa?—preguntó John—¿qué te dijo el doctor?
—Me dijo que…— se aclaró la garganta— que en dos meses…podrá operarme y entones recuperaré la vista—dijo con la alegre voz que Candy conocía.
—¡En serio! —exclamó John levantándose para abrazar a su hermano— no sabes que gusto me da.
—Espero que todo salga bien en esa operación—dijo Diane— le pido que ayude mucho a Anthony—dijo dirigiéndose a Candy— yo lo quiero mucho y deseo lo mejor para él.
—Haré lo mejor que pueda—respondió Candy sin mirar a los ojos a Diane.
Después de una hora Diane se retiró dejando a los Brower a solas.
—Rosalie, ¿podría acompañarme a mi habitación? Quiero preguntarle algo sobre unas medicinas que estoy tomando—dijo Anthony poniéndose de pie. Candy se levantó y fue con Anthony hasta la planta alta.
—¿qué medicinas? —preguntó extrañada ya que habían entrado a la habitación de Anthony que era muy parecida a la había tenido en Lakewood.
—No, ningunas, quería hablar con usted a solas—
—¿Sobre qué?
—Usted sabe más de esto que nosotros. Dígame si cree que sea posible que yo pueda volver a ver—preguntó tomado una flor que había en el florero de una mesa junto a la ventana
—Sí, si es posible—respondió después de unos segundos— le seré honesta y le diré que no conozco mucho sobre la cirugía, pero el doctor Paxton es especialista en esto y estoy segura que lo logrará, solo tenga fe en ello. Y le aseguro que yo estaré preparada para serle útil.
Anthony se quedó callado por un largo tiempo en que Candy no se movió para nada de su lugar y solo miraba la espalda de Anthony que parecía ver por el cristal de la ventana.
—Su nombre era Candy—dijo de pronto y la joven con todas sus fuerzas se contuvo para no dejar salir un grito de su garganta— ella era muy optimista siempre, a pesar de todo nunca dejó que los problemas la vencieran.
—¿Qué pasó con ella? ¿Por qué habla como si ya no existiera? —preguntó a media voz.
—No sé, creo que es porque ya no supe nada de ella desde ese día—suspiró profundamente y dio media vuelta para darle la cara a Candy—desde el día que tuve el accidente que me quitó la vista no supe más de ella.
—Lo siento…no sé qué decirle—dijo ella con tristeza a punto de llorar.
—Con escuchar basta, gracias— se acercó a ella y tomó su mano para entregarle la rosa que había tomado—cuando sea el momento conocerá la flor más especial y valiosa que poseo.
