TE VEO

CAPÍTULO 7

Los días en la mansión Brower transcurrían de la manera más tranquila. Anthony realizaba sus actividades con normalidad, pasaba gran parte de su tiempo de la biblioteca o en la sala leyendo a través de su padre, hermano, de Candy e incluso del mayordomo quien quería a los hijos del capitán como si fueran de él.

El capitán Brower había dejado de viajar desde hacía tiempo atrás, tenía algunos negocios que le permitían tener la vida que llevaban, es decir que no le iba nada mal. Salía por las mañanas, regresaba a comer, volvía a salir y regresaba antes de las ocho de la noche.

John pasaba gran parte de su tiempo en el colegio, estaba pronto a graduarse y tenía que esforzarse para los últimos exámenes que debía presentar.

Por su parte Rosalie o Candy cada día se sentía más cerca de Anthony, no solo físicamente. Anthony en una tarde le había contado sobre sus primos Stear y Archie y ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse y no decir la verdad.

El viernes había llegado, John y Anthony habían salido desde la mañana de la casa ya que el primero no había tenido clases. Candy se había quedado en casa al igual que el señor Brower, quien regresó temprano de la oficina y después de preguntar por sus hijos se encerró en la biblioteca algo cabizbajo.

—señorita, el señor Brower está en la biblioteca y será mejor que no entre—dijo una de las mucamas cuando la enfermera se dirigía a ese mismo lugar para tomar uno de los tantos libros que Anthony le había dicho debía leer.

—¿se encuentra bien? —preguntó.

—es la fecha—escuchó la voz del mayordomo que se acercaba al par de mujeres— está pronta la fecha de su aniversario con su difunta esposa y eso lo pone muy mal.

—ya veo—fue lo único que dijo Candy y los tres se alejaron del lugar, pero Candy volvió en menos de cinco minutos dispuesta a reanimar al señor Brower por el que había comenzado a sentir un gran cariño. Pensó en llamar la puerta, pero se arriesgaba a que no le permitieran la entrada y nada lograría, así que decidió entrar sin llamar y argumentar que no sabía que había alguien dentro.

Con naturalidad abrió la puerta y entró en la biblioteca y sacando dotes de actriz exclamó —¡señor Brower! Lo siento no sabía que estaba usted aquí— dio media vuelta, pero el capitán dijo—adelante, quédese— Candy sonrió con discreción y caminó hasta estar frente al escritorio en que estaba sentado el hombre con una botella de licor y una copa.

—venía a buscar un libro que su hijo prácticamente me ordenó leer—dijo para comenzar una charla.

—¿Anthony? — preguntó y ella asintió—sus favoritos están aquí—señaló el librero que estaba atrás de él—adelante— le hizo un ademan para que se acercara y lo buscara. Candy así lo hizo y recorrió con la mirada cada título que había en el mueble hasta que reconoció el que debía leer y lo tomó.

—¿se encuentra bien? —preguntó al regresar frente al escritorio—lo noto…triste.

—no es nada—respondió él mirando la fotografía de su esposa que estaba colgada en la pared del frente—o tal vez es todo.

—¿cómo?

—no, nada, no me haga caso.

—mire señor Brower, sé que no lo conozco lo suficiente, pero si hay algo en que pueda ayudarlo estoy dispuesta a hacerlo, si necesita hablar yo…

—gracias Rosalie, lo aprecio mucho, es solo que si te soy sincero me es muy difícil hablar de ciertas cosas y prefiero guardarlas en mi mente.

—lo entiendo, pero si se desahoga se sentirá mejor, todos necesitamos que nos escuchen de vez en cuando ¿no? — el capitán hizo una mirada de asombro ante las últimas palabras.

—mi esposa solía decir eso, con ella era con la única con la que podía hablar de todo y de nada—dijo con una triste sonrisa— ella murió hace muchos años—dijo antes de tomar un trago de licor— cuando Anthony era muy pequeño.

—lo lamento— dijo sincera.

—gracias—le dijo invitándola a sentar— ella era todo para mí. Cada vez que debía salir de viaje era muy dolorosa la separación y cuando Anthony nació era mucho peor tener que separarme de ambos, por eso es que, para que ellos no estuvieran solos se nos ocurrió que fueran a vivir con la familia de ella. Donde su tía estaría al pendiente de ella, donde nada le pasaría— dijo empuñando las manos— ¿ha escuchado alguna vez el apellido Andley? Estoy seguro que sí, es poderosa en América—dijo antes de que la joven pudiera responder— mi esposa pertenecía a ella. Sus padres murieron antes de que yo la conociera, ella tenía un hermano menor que sería al crecer el jefe de su gran familia. Mientras el niño crecía y lo preparaban su tía tomó las riendas de la familia, hizo y deshizo a su parecer y logró hacer a su familia más rica de lo que ya era. Mi esposa y su hermano tenían cierta herencia que ella no podía tocar, la suma era grande y solo ellos podrían, a determinada edad disponer de esa herencia. — hizo una pausa para llenar su copa por cuarta ocasión y Candy comenzó a sacar conjeturas. Todo había sido por dinero. La señora Elroy había hecho algo por dinero ganándose el odio del capitán Brower y de Anthony claro está, pero qué había hecho se preguntaba hasta que el caballero siguió con su relato— cuando mi esposa enfermó de una terrible enfermedad hizo los arreglos para que ese dinero pasara a manos de nuestro hijo cuando fuera mayor de edad, mientras tanto nadie podría tocar ese dinero, solo yo, claro. Se lo comunicó a su tía y ella pensó actuar antes de que lo hiciera, pero ya todo estaba arreglado, a la tía no le pareció y…—unas gruesas lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de aquel hombre fuerte al que no le gustaba mostrar sus sentimientos.

—¿está diciendo que…? — Candy hizo a medias la pregunta ya que estaba demasiado confundida para terminar la frase, pero solo esas tres palabras hicieron entender al hombre lo que le preguntaban y con un asentimiento de cabeza respondía a la muda pregunta. Elroy había matado a su propia sobrina por dinero, eso era casi imposible de creer, Candy conocía a la mujer y aunque sabía que era dura nunca creyó que fuera capaz de eso, empero la seguridad de la persona que tenía al frente la hacía creerlo e imaginarse lo peor de ella.

—y fue todo en vano ya que el dinero terminó en mis manos y hoy es la fecha en que nunca he utilizado ese dinero, ni una sola moneda—dijo apurando el último trago de la botella que se había terminado. — mi esposa no merecía eso—dijo después de un largo minuto de silencio— ella merecía ser feliz, disfrutar la vida, a su hijo, a su hermano al que amaba— las lágrimas siguieron brotando de los ojos del capitán cada vez el llanto era más fluido. Candy sintió un nudo en el estómago y se acercó al capitán para abrazarle, él la recibió con los brazos abiertos y se sintió más aliviado de sacar sus sentimientos después de tantos años.

—lo lamento mucho— dijo con la voz a punto de quebrársele—nunca creí que había pasado algo así.

—gracias—dijo separándose de la joven que había entendido perfectamente su dolor.

—creo que alejarse de esa familia fue lo mejor que pudo hacer—dijo Candy—porque, ¿no ha vuelto a comunicarse con ellos cierto?

—cuando descubrí la verdad me alejé junto con mi hijo—respondió más sereno.

—¿cuándo lo supo?

—después de muchos años, cuando Anthony era un jovencito. Yo seguía viajando y, convencido que su tía abuela lo cuidaría seguí con mi trabajo. Una vez en la que estaba llegando a América me enteré de la verdad por alguien que conoce a los Andley muy bien. Busqué a mi hijo y me enteré que había sufrido "un accidente"— dijo con énfasis las últimas palabras— pero ya no iban a dañar más a mi familia.

—fue lo mejor—dijo Candy más convencida sintiendo cierto miedo y coraje hacia Elroy, ya que según lo que había escuchado ella era la única culpable y respecto a Albert… Había que preocuparse por él, ya que seguramente él también sería una víctima de su propia familia. — ha bebido mucho, lo mejor será que vaya a descansar.

—gracias Rosalie, gracias por escuchar los dramas de un viejo como yo—dijo esbozando una pesada sonrisa—gracias porque no solo ha venido a ayudar a mi hijo, sino a todos.

—vaya a descansar y pediré que no lo molesten hasta la hora de la comida—dijo la joven tomando las manos del caballero entre las suyas.

Así lo hizo y se encaminó a la planta alta de la casa a descansar por largo rato. Candy también subió a su habitación y se acercó a la ventana donde se quedó largo rato pensando en lo que había ocurrido con Anthony, sus padres y la señora Elroy. "y yo que creí que los Leggan eran de lo peor" pensó cuando notó la presencia de cierta persona que se acercaba a la reja de la mansión Brower. "¡Dios mio, es él!" exclamó saliendo de su habitación corriendo, bajó las escaleras y se dirigió a la puerta, salió y detuvo a la persona recién llegada para que no tocara el timbre de la casa. ¡No! Gritó asustando a la visita.

—¡Candy! — exclamó Albert demasiado sorprendido.

—¡Albert! No, qué haces aquí—dijo alarmada saliendo de la casa girando hacia las ventanas para ver si alguien del interior de la casa había notado lo que ocurría, pero al parecer no era así.

—Lo mismo te pregunto yo Candy, ¿qué haces en esta casa? ¿Tú sabes quien vive aquí? —preguntó mirando también por los ventanales.

—sí, lo sé. Pero aquí no podemos hablar. Vámonos— lo tomó de la mano y lo llevó hasta la esquina de la calle donde doblaron y siguieron caminando.

Anthony y John habían pasado toda la mañana juntos; desayunaron fuera de la casa y simplemente caminaron por las concurridas calles de Londres.

—¿sabes Anthony? Rosalie es una mujer excepcional—dijo John a su hermano.

—lo sé—sonrió Anthony— es muy especial.

—sí, nunca había conocido a alguien como ella—agregó John.

—no, creo que no.

—creo que está haciendo un gran trabajo contigo, antes, y no te atrevas a negarlo, no estabas de muy buen humor. Acepto que siempre has sido muy divertido, pero desde que ella está en casa se te nota más vivo, como nunca te había visto.

—tal vez tengas razón—dijo pensativo—ella ha logrado cambiar algo. —estas fueron las últimas palabras sobre el tema. Siguieron con su paseo y a la hora indicada decidieron llegar a casa.

Cuando iban ya a una calle de la casa John se percató de una escena que le llamó la atención. Un par de personas doblaba la esquina de la otra calle. Reconoció a una de ellas, quien sin duda era Rosalie. Tanto fue su asombro que detuvo su paso.

—¿qué pasa? —preguntó Anthony— John, ¿qué pasa?

—nada, nada—dijo reanudando su paso.

Después de varias calles de prácticamente correr Candy detuvo su paso y así lo hizo también Albert.

—ahora sí, explícame ¿qué está pasando? —dijo Albert recuperando el aliento.

—primero dime tú porqué estás aquí—dijo Candy seria.

—es largo de contar, pero—tomó un respiro y continuó— vine a hablar con Vincent Brower, el padre de Anthony.

—¿sobre qué? —dijo sin asombro.

—sobre Anthony, y por qué no está enterrado donde todos años creí. Candy, tú… ¿qué haces en esa casa?

—trabajo ahí—respondió.

—¿de enfermera? —preguntó confundido y ella asintió—¿a quién atiendes?

—al hijo del capitán Brower, a Anthony— contestó la joven.

—¡a Anthony! Entonces él…él… ¿está vivo? —

—sí, Albert, Anthony está vivo y a salvo de tu tía—dijo tan seria que asuntó al mismo Albert que la conocía de siempre.

—¿de qué hablas Candy? ¿Cómo que está a salvo de mi tía? ¿Qué sabes tú?

—lo suficiente Albert, lo suficiente para saber que la señora Elroy es un peligro, que fue un peligro para tu hermana, para Anthony y tal vez para ti también lo sea.

—Candy explícate por favor, qué tiene que ver mi hermana— dijo desesperado.

—Albert cálmate primero y déjame que te explique lo que acabo de saber y cómo es que supe que Anthony estaba vivo.

—está bien, te escucho— respondió Albert más impaciente que nunca.

Anthony y John entraron a la casa y no encontraron a nadie abajo, solo al mayordomo quien les dijo que su padre estaba descansando en su habitación.

—¿se siente mal? —preguntó Anthony.

—no, todo lo contrario—respondió— su padre tuvo una charla con la señorita Rosalie y ahora está descansando en sus habitaciones.

—y Rosalie ¿dónde está? —preguntó John.

—en su habitación—respondió seguro el hombre.

—muy bien, entonces dejemos que descansen y vamos a la sala—dijo Anthony sin darle mayor importancia al asunto— por cierto, ahora que ambos están aquí quiero pedirles un favor.

—lo que quieras— habló John por los dos.

—es sobre las rosas, ha llegado el tiempo de comenzar a trabajar con las dulce Candy. En dos meses es mi operación y es el tiempo suficiente para que florezcan— dijo disimulando su emoción.

—cuente con nosotros joven Anthony— habló esta vez el hombre mayor.

Candy y Albert estaban ya en un parque a unas calles más lejos. La joven le había contado todo lo que hasta ese momento sabía. Le contó cómo había encontrado a Anthony, cómo había viajado con él y su padre hasta Inglaterra, de su condición, la próxima operación y lo que horas antes el señor Brower le había contado sobre su familia.

—sé de la existencia de esa herencia, pero nunca supe lo que había sucedido con la de mi hermana— dijo nervioso— no, puedo creer lo que me estás diciendo Candy, la abuela no pudo haberle hecho eso a mi hermana, no pudo haber acabado con su vida solo por una maldita herencia.

—Albert lo siento, pero eso es lo que me dijo el padre de Anthony.

—¿cómo se enteró él de todo eso?

—cuando Anthony sufrió el accidente, cuando cayó del caballo él venía a buscar a su hijo porque alguien que conoce bien a la familia le dijo todo lo ocurrido— respondió Candy.

—¿Quién? ¿Quién dijo eso? —preguntó con desesperación.

—no lo sé Albert, eso fue lo único que me dijo—contestó la rubia nerviosa—¿qué piensas hacer?

—descubrir la verdad. Si mi tía hizo lo que me has contado entonces tendrá que pagar— dijo recobrando la compostura— pero si es mentira, entonces la persona que inventó eso tendrá que vérselas conmigo— dijo mostrando el rostro más frio y serio que Candy jamás había visto.