TE VEO

CAPÍTULO 9

Una vez en su habitación Candy tomó el libro entre sus manos y comenzó a hojearlo. Las páginas estaban ya amarillas por todo el tiempo que había transcurrido, una fina caligrafía algo borrosa y entre algunas páginas había flores secas, rosas en su mayoría.
Candy comenzó a leer las primeras páginas de ese diario que sólo eran memorias de la adolescencia de Rosemary Andley, la muerte de sus padres y el cariño que le tenía a su pequeño hermano Albert. El cómo conoció a su esposo en el puerto de Nueva York...

"La tía abuela se fue hoy a Inglaterra; no quiso decirme el motivo pero me aseguró que volverá pronto para el cumpleaños de Albert.
Él está emocionado por la idea de estar solo en Lakewood, sólo hasta que yo regrese lo que será mañana por la tarde según me dijo George—nuestra niñera—
Pero eso no es lo importante de este día, al menos no para mí; hoy conocí a un joven en el puerto, justo después de que la abuela partiera. Se llama Vincent. Me ayudó a recuperar mi pañuelo que voló con el viento.
Charlamos un rato y descubrí que se hospedaría en el mismo hotel en el que yo me encuentro así que gracias a George lo convencí a que nos acompañara hasta el hotel y, me invitó a cenar.

La cena fue maravillosa, Vincent es todo un caballero, gentil, educado y elegante. Conoce tantas cosas y lugares que en unas horas le fue imposible relatarle todos los viajes que ha hecho hasta ahora, siendo tan joven.
Fue tan gentil que me acompañó hasta mi habitación y justo al despedirse besó mi mano y sé que me puse más roja que la rosas en las que he estado invirtiendo mi tiempo últimamente.
Mañana regreso a Lakewood donde Albert me espera a ver con qué nueva sorpresa; seguramente un nuevo animal al que habrá adoptado y que tendré que ocultar a la tía Elroy. Pero ahora no pensaré en eso. Lo mejor será que me vaya a dormir y tal vez sueñe con Vincent Brower. No sé si este bien que pase esto, pero con solo recordar su nombre siento un cosquilleo en todo el cuerpo."

Candy leyó estos primeros recuerdos y se sintió conmovida al leer el amor a primera vista que había sufrido la madre de Anthony. Ella era muy joven, pero eso no le impidió conocer el amor verdadero y tener una familia. Algo que Candy en el fondo de su corazón deseaba más que nada en el mundo, desde pequeña, aunque no lo dijera en voz alta deseaba tener una mamá, un papá y tal vez hermanos como otros niños. Siempre había tenido la ilusión de ser adoptada por una familia que le brindara amor y cuidados, pero el destino había sido caprichoso y no se lo había dado. Sin embargo, Candy tenía el amor de muchas personas tanto en el hogar como en Lakewood, donde había estado Anthony.
—soñé tantas veces con poder ser feliz al lado de él. Era una niña, pero yo también estaba conociendo el amor en ese entonces— dijo sola en la habitación. Iba a continuar leyendo cuando escuchó que llamaban a su puerta:
—adelante—dijo para que entrara una mucama que le avisaba que la cena ya iba a ser servida— ahora bajo, gracias— dijo cerrando el diario para después dejarlo sobre una mesita.
Rosalie salió de su habitación y fue a la de Anthony para llevarlo al comedor pero no lo encontró y supuso que ya estaba abajo con los otros dos caballeros.
Bajó y fue hasta el comedor donde ya la esperaban para comenzar la cena.—disculpen el retraso— dijo tomando su lugar al lado de Anthony. La cena comenzó y como pocas veces se desarrolló en silencio de principio a fin hasta que cada caballero se despidió de los presentes alegando tener cosas que hacer.
—buenas noches—dijo John para ir a estudiar.
—descansen— se despidió el capitán con rumbo a la biblioteca para revisar algunas cosas de su trabajo dejando a los dos rubios solos.

—comencé a leer el diario de tu madre—comentó Candy en la mesa.
—¿en serió? — el rostro de Anthony dibujó una encantadora sonrisa llena de alegría—¿y bien?— preguntó ansioso.
—ella era una mujer extraordinaria—respondió Candy— ahora sé que era amable, gentil, cariñosa y muy responsable con su familia. Habla de un hermano llamado Albert. ¿Lo conoces?
—era eso y más, te lo aseguro— respondió a las primeras palabras y continuó— Albert es el nombre de mi tío, el hermano menor de mamá, él es el primero en la línea de sucesión para encargarse de la familia Andley, después del abuelo William— contestó Anthony sin saber que eran la misma persona y Candy no lo culpó, después de todo ella tenía poco tiempo de haberlo descubierto.
—una gran responsabilidad ¿no?
—demasiado. Pero dime qué más leíste— preguntó como un niño pequeño al que se le cuenta sobre una tierra mágica y desconocida.
—de cómo se conocieron ella y tu padre, en Nueva York cuando...—
—...él regresaba de un viaje y después de ver a la mujer más hermosa del mundo agradecía que su pañuelo había volado con el viento— interrumpió Anthony— es la historia que mi padre me ha contado ¿fue así?
—bueno, no sé si él agradeció eso, pero ella quedó prendada del capitán desde el primer instante en que lo vio. Charlaron y regresaron juntos al hotel donde él invitó a cenar a tu mamá y a George supongo que alguien muy cercano a la familia.
—¿George también estuvo en esa cena?—preguntó confundido y una voz que no era la de Candy le respondió.
—no, George se disculpó esa noche y dejó que tu madre y yo cenáramos solos—el capitán había salido de la biblioteca para ir ya a su habitación cuando escuchó las voces de Rosalie y su hijo y recordando esos momentos decidió entrar y contar lo que había ocurrido esa noche.
Anthony sonrió al escuchar el comentario y Candy no pudo evitar ponerse nerviosa.
—le di a Rosalie el diario que mamá tenía en Lakewood para que la conociera un poco—explicó Anthony mientras el capitán se sentaba a la mesa nuevamente.
—verá que ella era una mujer única, siempre pensando en los demás y siempre soñando con lo mejor del mundo.—el capitán se dirigió a Candy y ella sólo le sonrió— cuando termine me gustaría leer ese diario también. Si me lo permites hijo.
—ponte en la fila padre. Le dije a Rosalie que lo primero que haré después de la operación será leer los recuerdos de mamá—respondió Anthony comenzando a reír.
—en ese caso, espero que ese día llegue aún más pronto de lo que ya lo hago— respondió estirando su brazo para darle una palmada en el hombro a su hijo.

"Al volver a Chicago me llevé la mejor sorpresa del mundo. Vincent también viajaba para Chicago en el mismo tren que yo. Dijo que iba a visitar a su familia, a sus padres y a su hermano antes de salir otra vez de viaje, aunque asegura que uno más corto que anteriores.
Casi todo el trayecto lo pasamos juntos y a solas ya que George cada vez mejora su técnica de desaparecer en momentos incómodos.
Con Vincent hablé de todo y de nada; es una gran contradicción pero es verdad, con él hablé de mi querido hermano, de mis padres. Mi comprensiva y consejera madre y mi autoritario y mimador padre. Incluso le conté del gran amor que tengo por las rosas y del jardín de Lakewood: "me encantaría verlo" me dijo cuando terminé de describirlo.
Él también me contó de su familia y siguió maravillándome con sus viajes. Creo que es muy pronto para decirlo, pero estoy sintiendo algo muy especial por Vincent."

Después de leer estas últimas letras una tarde Candy decidió dar un paseo por la ciudad. Dejó el libro en su mesita de noche, tomó un abrigo y un paraguas ya que el clima de Londres es impredecible. Salió de su habitación preparada y caminó por el largo pasillo que conducía a las escaleras pasando primero frente a la puerta de Anthony, quien había reconocido sus pasos y se había asomado para hacer una proposición a la enfermera.
—¿tienes algún compromiso en este momento?— preguntó al escuchar el tintineo de unas monedas, lo que indicaba que Rosalie saldría.
—pensaba salir a caminar un rato—respondió la joven—¿te gustaría acompañarme?—preguntó casi sin pensar.
—si no te molesta, me gustaría estirar las piernas y precisamente eso te iba a proponer— contestó el muchacho.
—vamos entonces— después de tomar el abrigo de Anthony los dos muchachos salieron la mansión y comenzaron a caminar hacia el centro de la ciudad.
—tus padres sufrieron amor a primera vista ¿sabes?
—sí, papá dice que fue un milagro verla, un regalo del cielo—dijo Anthony con una sonrisa muy frecuente cada vez que se tocaba el tema de Rosemary.
Siguieron caminando hasta llegar a una enorme plaza en la que había una iglesia; las campanas comenzaron a repicar y guiados por el sonido de estas y los sentimientos de sus corazones decidieron entrar al templo donde comenzaba una misa en la que permanecieron hasta que finalizó.
—me gustaría quedarme un rato más— dijo Anthony cuando la ceremonia terminó y se hincaba para rezar.
—claro— dijo Candy mirando a su alrededor y cómo la gente iba desalojando el lugar. Vio todos los rostros que salían pero sus ojos se detuvieron en un joven que también iba a salir; él levantó la mirada y se topó con los verdes ojos de la joven, sonrió y apresuró su paso hasta quedar junto a la banca que ocupaba y frenaba drásticamente su paso al ver al joven hincado al lado de la rubia.
Candy sonrió al joven y asentía con la cabeza respondiendo la muda pregunta de Albert, que era la persona con la que se había encontrado.
Albert miró al muchacho y por primera vez en mucho tiempo no supo qué hacer, así que sólo se quedó mirando fijamente a Anthony quien rezaba con verdadera devoción. Candy hizo una seña para que Albert se sentara a su lado. Este así lo hizo y como sí se comunicaran por telepatía Candy se inclinó hasta Anthony diciendo— saldré a buscar un taxi para que nos lleve a casa, ya comenzó a llover— Anthony solo asintió con la cabeza y siguió con su diálogo con Dios.
Una vez solos Albert se hincó también junto a Anthony —¿Rosalie?—preguntó confundido
—no, disculpe, no sabía que el lugar estaba ocupado—respondió Albert con un nudo en la garganta.
—no, descuide, no pasa nada— contestó el joven con una sonrisa.
—gracias
Anthony asintió y se levantó del reclinatorio para sentarse y esperar a que Rosalie llegara.
Candy por supuesto que no salió a buscar un medio para regresar a la mansión, al menos no inmediatamente y se separó de Anthony para que Albert charlara con él y este se asegurara que su sobrino estaba en perfectas condiciones.
—disculpe, ¿ha visto a una joven rubia salir de aquí? ya debería haber vuelto— preguntó Anthony al desconocido al notar que Rosalie no volvía.
—no—respondió Albert preguntándose cómo es que Anthony sabía que la joven era rubia, pero sabemos que alguna vez Vincent hizo una vaga descripción de la joven— pero aquí hay un paraguas, si es de ella debe volver.
—¿quiere que lo acompañe a buscarla?
—gracias, pero no creo que sea necesario, o me sirva de mucho—dijo haciendo obvia su situación.—no podría verla.
—¿cómo sabe entonces que es rubia?—cuestionó Albert.
—tengo buena memoria—respondió Anthony.
—dichoso es usted—comentó Albert teniendo el tema perfecto para charlar al menos unos minutos—yo perdí la memoria hace algún tiempo.
—¿en serió? Lo lamento—dijo el joven sorprendido y con verdadera sinceridad—¿un accidente? —preguntó.
—sí, hace algún tiempo. El tren en el que iba estaba por explotar cuando yo bajé y el impacto afectó mi cabeza.
—debió ser horrible.
—frustrante. Es frustrante no saber quién eres, qué haces, si tienes o no tienes familia y cómo es que llegaste al lugar en el que despiertas sin saber nada
—creo que puedo imaginarlo. Lo mío no fue igual, pero al principio, cuando comenzó mi ceguera me sentía como un inútil, y era verdaderamente molesto no poder hacer nada por mí mismo— recordó Anthony empuñando las manos conteniendo la ira e impotencia que a veces le dominaba.
—¿qué le paso? ¿Por qué perdió la vista? —preguntó el desconocido para Anthony.
—un accidente de caballo, caí y me golpeé la cabeza. Fue hace muchos años, yo era prácticamente un niño.
—sus padres debieron lamentarlo mucho—dijo Albert como sí no conociera la historia original.
—vivía con una tía y mis primos pero mi padre llegó el día del accidente y se hizo cargo de todo—respondió incómodo ya que no le gustaba hablar sobre su separación de la familia Andley, de sus primos o de Candy.
—seguramente algún día recuperará la vista y también lo que no ha visto todo este tiempo.
—sí, ese día está cerca—asintió levantándose de la banca y tomando el paraguas de Candy.—disculpe, pero debo irme. Fue grato hablar con usted y espero que haya recuperado todas sus memorias.
—sigo investigando eso—contestó Albert y Anthony rio.
—Anthony—se presentó extendiendo su mano.
—Albert—correspondió este el saludo—hasta pronto.
—hasta pronto.
Anthony caminó hasta la puerta utilizando el paraguas como bastón hasta pisar la calle. Candy lo vio y recordó que debía buscar un taxi. Por suerte en ese momento pasaron dos y la joven atrajo la atención de uno que se detuvo inmediatamente.

"Han pasado seis meses desde la primera vez que vi a Vincent y ahora si puedo asegurar que lo amo y que él me ama también.
Ha venido esta noche a pedir mi mano a la tía Elroy en compañía de sus padres y también ha tenido el gesto de preguntárselo a Albert que lo considera ya como un hermano mayor. Ellos se han hecho muy buenos amigos en estos meses y ha despertado en Albert ese espíritu aventurero que tanto trabajo le ha costado a mi tía dominar.

La boda será en seis meses, que serán eternos para mí, pero debo tener paciencia y organizar mi boda como la he imaginado estos últimos días.
Estoy tan feliz que siento que todo esto es un sueño, un bello sueño en que todo es perfecto, incluso el carácter amargado de Zara, mi prima, me parece perfecto. Ella volvió de su viaje por Europa hace unos días y me alegra decir que en ella he encontrado a una gran amiga, casi una hermana"

Candy no pudo evitar una mueca de molestia al leer el nombre de Zara en las páginas del diario. Aunque en este se pintaba a una que Candy no conocía. Parecía gentil y alegre, —todo lo contrario a la actual señora Leggan—
Las páginas siguientes estaban llenas de nerviosas palabras con respecto a la boda, incluso había una invitación al evento. Rosemary estaba muy ilusionada con su próxima unión. Según la historia Elroy ayudaba a la joven en todo lo que podía y la instruía en ciertas cosas que ella no había contemplado. Su prima Zara también había sido de gran ayuda con ciertos detalles.

El último recuerdo escrito era una noche antes de la boda en que Rosemary plasmó todos sus miedos por su nueva vida como esposa y también sus ilusiones.

"regresé a Lakewood hace una semana después de tanto tiempo y encontré mi habitación tal como la dejé la última noche que pasé aquí, justo antes de mi boda.
Ha pasado tanto tiempo; me fui siendo una joven inexperta y llena de ilusiones y he vuelto siendo una mujer casada y con una criatura en los brazos a la que llena de orgullo llamo mi hijo. Anthony Brower Andley, ese es el nombre de mi pequeño.
Anthony se parece tanto a mí, pero también a su padre. Su cabello es rubio como el mío y dócil como el de su padre, sus ojitos son azules, los más bellos que he visto en mi vida.
Está lleno de vida, alegría, y travesura. Me recuerda a Albert cuando nació. Por cierto, que él también está encantado con Anthony, le encanta cuidarlo, cargarlo y hacerlo reír y a mi hijo le agrada estar con su tío.
Mi tía también está encantada con él cada día deja más tareas a sus asistentes en la empresa y a los empleados de la casa para tener tiempo libre y pasar más tiempo con Anthony.
También ha llegado otro miembro a la familia, Stear a quien la tía quiere también demasiado, pero tiene más oportunidad de estar con Anthony al vivir en la misma casa. Stear es un niño muy travieso también, siempre tiene algo en la mano para jugar o para destruir y se lleva muy bien con Anthony. Algo me dice que cuando sean grandes serán inseparables. Hasta ahora son los únicos niños pequeños en la familia.

Soy muy feliz en Lakewood, pero lo único que me entristece es cada vez que tengo que separarme de Vincent, para él también es difícil y ahora más que Anthony ha llegado a nuestras vidas. Le duele desmigado dejarnos solos y es por eso que decidimos mudarnos aquí, a Lakewood, el lugar que tanto amo"

—regresaron a Lakewood para que no estuviéramos solos— pensó Anthony cuando Rosalie le contó esa parte y algunos pensamientos más en los que su madre hablaba de todo el amor que sentía por su hijo— creo que viene la peor parte según mi padre. Lo que le hicieron en esa época la mató— dijo con cierto rencor, aunque no sabía la historia a fondo lo que le había dicho su padre era lo único que tenía.
—creí que no les guardabas rencor— dijo Candy.
—no los odio, pero ya no sé qué creer. Ha pasado mucho tiempo en que he vivido con esa versión, la única que tengo, la que padre me dio y ninguno de los Andley me ha buscado nunca para decirme la verdad.
—un momento, ellos, ellos saben que tú estás vivo, saben que estás aquí.
—claro que saben que estoy vivo. Y eso es aún más extraño, en todo este tiempo no he vuelto a saber de la tía Elroy, de mis primos y de...
—de Candy— completó la joven la frase.
—de ella sé que no es más una Andley, que poco después de mi accidente y que mi papá me llevara consigo ella dejó de ser parte de la familia. No sé si para bien o para mal.
—¡todo es mentira! — gritaba Candy en su interior—¡te han mentido a ti y a nosotros! Y aún no sé quién es el causante.
—¿te gustaría reunirte con ellos? —preguntó como si nada pasara.
—sí, he extrañado mucho a mis primos y a la tía abuela.
—¿quieres qué te ayude con eso?
—no Rosalie. —contestó serio y frío.
—creí que... Querías verlos de nuevo
—mi padre se molestaría demasiado y sólo causaría un enfrentamiento entre ellos. Además, no creo que ellos quieran volver a verme, si no lo han hecho en todo este tiempo, no lo harán ahora que a mí se ocurra reencontrarme con todos
—¿estás seguro? —preguntó Candy.
—sí, y por favor olvídalo. No quiero meterte en problemas.

Al día siguiente de esa conversación Candy decidió tomar cartas en el asunto e interrogar a Vincent Brower. — nos hizo creer que estaba muerto y a él no le dijo nada—pensaba molesta mientras llamaba a la puerta de la biblioteca.
—adelante— escuchó la voz del capitán—¡Rosalie! ¡Pase! ¿Le puedo ayudar en algo? — preguntó con su habitual voz.
—sí, quería hablarle sobre Anthony— respondió seria.
—¿pasa algo malo? ¿Es sobre la operación? — preguntó preocupado.
—no, nada de eso, Anthony está muy bien y estar perfecto la próxima semana para la operación.
—menos mal. ¿Entonces qué pasa?
—quería hablarle sobre la familia Andley, de los que me habló la otra tarde—respondió seria.
—¿de los Andley? ¿Qué quiere saber? —preguntó con un tono lleno de molestia.
—no me lo tome a mal pero he estado hablando con Anthony, me ha contado de sus primos y que los extraña.
—¿él le dijo eso?
—no directamente, pero lo puedo notar por la manera en que me habla de ellos. Y me preguntaba si habría alguna manera de hacerles saber que Anthony va a ser operado y que sería un gran gesto para él que estuvieran a su lado esos días.
—temo que eso no se será posible.
—¿por qué? —preguntó Candy.
—porque ellos no saben la situación de Anthony. Ellos... Ellos no saben que Anthony está vivo— dijo con mucho trabajo.
—¿a qué se refiere con eso?
—le voy a decir algo con lo que seguramente perderé la poca estima que creo me tiene.
—no diga eso señor— estas palabras de Candy eran sinceras. Ella no podría odiar al padre de Anthony, aunque sí estaba molesta y exigía a gritos una explicación.
—cuando yo volví a América por Anthony para alejarlo de la familia había ocurrido lo del accidente, yo, lo llevé a un hospital y les oculté su situación a tal grado de decirles que Anthony había muerto.
Candy no dijo nada y no mostraba ninguna expresión. Simplemente estaba seria con la mirada fija en el capitán.
—¿por qué lo hizo?
—porque no quería que terminaran por matar a mi hijo como lo hicieron con mi esposa.
—¿cómo está tan seguro que la propia familia le hizo tal cosa a su esposa?
—porque Sara me lo dijo— contestó el capitán dejando a Candy paralizada.