TE VEO

CAPÍTULO 10

Cuando Candy escuchó el nombre Zara sus sentidos y pensamientos se paralizaron y ya no supo qué pensar hasta que Vincent sacó de un viejo libro una hoja doblada tal como una carta y se la tendió a Candy.

—cuando mi hijo estaba con los Andley, recibí esta carta de Zara, la prima de mi esposa a la cual ella quería mucho. En ella me dice que… será mejor que la lea— dijo Vincent cerrando los ojos para que la enfermera no viera el dolor que le causaba.

—no puedo— dijo Candy a media voz tomando la carta sin desdoblarla— no puedo leerla.

Vincent frunció el ceño al ver lo turbada que estaba la joven y se sintió conmovido por la empatía de Candy, aunque no sabía que todo de lo que se había enterado era muy duro para ella.

—usted dígame qué dice.

— Rosemary estaba enferma del corazón, no podía hacer muchos esfuerzos porque le afectaban. Tuvo que dejar de montar, aunque le encantaba y no podía recibir emociones fuertes para no alterar su corazón pero… cuando su abuela supo lo que ella quería hacer con su propio dinero le dijo cosas horribles que no me atrevo a repetir. Mi esposa era de carácter fuerte y firme así que discutió con su abuela y eso le afectó demasiado al corazón y la dejó en cama hasta su último día. Zara dijo haber escuchado todo y cómo Elroy había amenazado a mi esposa para cambiar su testamento y dejarla hacer a ella lo "mejor"

—es horrible— dijo Candy horrorizada por la historia. Conocía a la señora Elroy, pero no la creía capaz de hacer algo así con su sobrina que tanto la quería y hasta admiraba según había notado Candy al leer el diario de la madre de Anthony.—¿usted le cree a esa mujer?— preguntó.

—ella quería mucho a mi esposa, eran casi hermanas y no había nada que una no hiciera por la otra, no tengo motivo para dudar de ella — Candy lo miró a los ojos y después vio la carta entre sus manos aun sin abrir—¿qué piensa?—preguntó Vincent.

—que debió investigar si lo que le dijo la señora Leggan es verdad— contestó seria sintiendo por primera vez una rabia enorme por aquella mujer

—¿no cree lo que le dije? — preguntó frunciendo aún más las cejas y Candy negó con la cabeza— ¿por qué?

—porque no creo que los Andley sean capaces de hacer algo así solo por dinero.

—¿los conoce acaso?

—no pero… lo que su esposa dice en su diario muestra a una Elroy totalmente diferente a la que usted me dice— se levantó de la silla y agregó— creo que debió hablar con ella y con la señora Leggan antes de haber actuado llevándose a Anthony del lugar que él tanto amaba, alejándolo de su familia, de sus primos, del lugar en el que creció y de la vida de todas las personas que lo que lo amaban y aun lo hacen, porque usted debe saber que en Lakewood donde Anthony vivía había gente que lo quería demasiado por su buen corazón, que lo admiraba por su bondad y su sencillez, que pedía su ayuda porque sabía que a pesar de ser muy joven, casi un niño era demasiado maduro, inteligente y noble.

—me sorprende que diga eso, incluso me hace pensar que usted conoce a la familia Andley y el lugar en que creció mi hijo— dijo Vincent serio.

—no los conozco— afirmó Candy lo más firme que pudo.

—¿está segura?

Antes que Candy pudiera contestar el mayordomo llamó a la puerta y entró para avisar que el doctor que atendía a Anthony había llegado y quería hablar con el capitán.

—en seguida voy— dijo despidiendo al mayordomo con un ademan— me sorprende su actitud Rosalie.

—lamento si le incomoda, pero es lo que pienso.

—y admiro que sea capaz de decirlo, nadie me haba dicho lo que usted y creo que tiene razón.— al decir estas palabras Vincent salió de la biblioteca y fue a recibir al médico de Anthony con el que no habló nada importante. El galeno solo quería pasar a ver cómo estaban los familiares del paciente y éste mismo.

Después de la visita Candy acompañó al médico hasta la puerta y salió también de casa con el pretexto de hablar de ciertas cosas con el doctor y salir a caminar un poco por la ciudad.

Caminó un par de calles y después abordó un taxi que la llevara al hotel en que estaba Albert hospedado. Necesitaba decirle lo que había descubierto de Zara y como llevaba en mano la carta que fue prueba suficiente para Vincent decidió mostrársela también a Albert y de una buena vez a Elroy.

Albert iba entrando al hotel justo cuando Candy solicitaba verle así que gracias a la casualidad no tuvo que esperar nada.

—¿qué pasa Candy? — preguntó Albert algo alarmado al ver el semblante de la joven que mostraba un gran nerviosismo y fatiga
—tenemos que hablar Albert— dijo tomándole la mano.
—claro. Pero ¿qué te ocurre? — dijo más alarmado justo antes que Candy cayera desmayada y él apenas tuviera tiempo de sostenerla entre sus brazos.
La gente que iba pasando vio el momento en que la joven perdiera el conocimiento y alarmados comenzaron a murmurar y otros a alejarse para no incomodar.
Albert subió a Candy hasta su habitación donde George aún más sorprendido lo ayudó a reanimar a Candy.
—¿estás bien Candy? — preguntó Albert cuando ella volvió en sí.
—eh... Si... Yo... Venía a hablar contigo de algo muy importante.
—sea lo que sea puede esperar Candy. Primero descansa un poco.
—no Albert. Tengo algo que decirte y mostrarte— buscó en un bolsillo de su vestido la carta que Zara había enviado muchos años atrás al padre de Anthony.
—¿qué es esto? — preguntó Albert tomando la carta entre sus manos.
—la razón por la que el capitán Brower se llevó a Anthony y nos hizo creer a todos que estaba muerto.
Albert no dijo nada más y alejándose un poco de Candy abrió la carta amarillenta y comenzó a leerla en silencio.
Las pupilas de sus ojos devoraron cada línea escrita. Su rostro se tensó y sus ojos se obscurecían cada vez más llenos de rencor al leer las siguientes palabras:

Vincent.

Te escribí esta carta para advertirte del gran peligro que corre tu hijo Anthony al lado de la familia Andley, que aunque es mi familia debo reconocer lo malos que pueden llegar a ser con las personas inocentes, en este caso tu hijo, el hijo de mi querida prima Rosemary que por desgracia no pudo librarse del mal de la familia, o al menos de La tía Elroy.

La vida de Anthony corre gran peligro, cada día crece más y tiene ideas diferentes a las de la tía y eso ella lo detesta. Sabes que es orgullosa, calculadora y ambiciosa y esta ambición puede causarle mucho daño a tu hijo.

No quiero que me odies por lo que a continuación te contaré y que por cobardía oculté durante tantos años, los mismos que Rosemary lleva muerta.

Cuando mi prima estaba ya muy enferma y nosotros aun no nos habíamos enterado qué era lo que padecía, ella tuvo una fuerte discusión con la tía y fue sólo por el dinero que sus padres le heredaron, esa fortuna que nadie más que ella podía tocar y legar a quien quisiera.
El día de esa discusión yo llegué a visitarla como de costumbre para saber cómo se sentía, —tu sabes bien cuánto la quería— subí a la habitación de Rosemary y escuché los gritos de ambas.
La tía decía que Rosemary era una tonta, inmadura, egoísta que no pensaba en el porvenir de su familia ni su hijo. La tía le dijo cosas horribles esa tarde, le reprochó todo lo que había hecho por ella y su hermano. Que ella quería lo mejor para la familia, que debía dejarle después de morir ese dinero a ella y que se encargaría de hacerlo crecer para que Anthony llevara una buena vida sin complicaciones.
Rosemary se negó, supongo que conocía mejor que yo las intenciones de la tía y dijo que nadie tocaría ese dinero, sólo Anthony cuando tuviera edad suficiente y en algún momento dado lo harías tú, pero nadie más.

Discutieron muy fuerte aquella vez y desde entonces Rosemary se recluyó en su habitación. Sólo dejaba entrar a las mucamas para atenderla y cuando llevaban a Anthony a visitarla y a su hermano también, del cual ahora no sabemos nada y temo lo peor por él.
Después de ese disgusto la salud de mi prima empeoró y al poco tiempo murió en tus brazos.

Vincent, debes saber que sí hay algún culpable de la muerte de Rosemary es sólo la tía Elroy, esa mujer que nos ha hecho creer a todos lo buena que es y lo mucho que se preocupa por la familia, pero ahora ya sabes que eso no es cierto y ahora Anthony puede correr cualquier peligro ya que recientemente, según me dijo la misma Elroy ha discutido con tu hijo por lo mismo que hace tanto tiempo con Rosemary, sólo que él quiere que más de la mitad de su herencia pase a manos del nuevo integrante de la familia Andley, una chiquilla a la cual el sr. William ha adoptado, no tiene padres ni ningún familiar así que no tiene nada y Anthony le ha tomado gran afecto y quiere compartir su fortuna con esa pobre niña.
La tía está furiosa por la decisión y ha peleado muy fuerte con Anthony por eso quería decirte todo esto. Tú eres su padre y sabrás qué es lo mejor para él antes que algo malo pueda ocurrirle.

No creo que necesites mi consejo, pero pienso que deberías llevarte a Anthony muy lejos, hacer que se deshaga de esa fortuna que tanto dañó a Rosemary y que por ningún motivo le digas a la tía Elroy lo que te he dicho en esta carta. No quiero tener problemas con ella y arriesgarme y arriesgar la vida de mi familia.

Zara.

Albert terminó de leer la carta y se dejó caer en un sillón que había en la estancia. Candy se levantó del lugar en que había sido recostada y se acercó a Albert. Colocó una mano en su hombro y le murmuró.

—sabes que cuentas conmigo— Albert asintió con la cabeza y colocó su mano sobre la de Candy.

—¿leíste la carta? — preguntó Albert.

—no, no pude hacerlo, pero el capitán me dijo lo que contenía— respondió Candy— ¿qué dice?

—mentiras— musitó Albert llevando su mirada a la puerta que se abría para darle paso a la anciana mujer a la que se pintaba tan mal.

—¡Candice! — dijo sorprendida la anciana— ¿qué pasa? ¿Por qué tienen esas caras? — preguntó.

—tía, tenemos que hablar seriamente— dijo Albert recuperándose del shock del que era preso. Se levantó de su asiento y Candy permaneció a su lado.

—cuando quieras— contestó la mujer igual de fría que siempre.

—explíqueme esto— dijo agitando la carta a la altura de la cara de Elroy para después ponerla en su mano. Elroy enarcó una ceja y abrió la carta, se puso sus lentes que colgaban de su cuello y comenzó a leer.

Su reacción fue peor que la que pudo expresar Albert e incluso el mismo Vincent. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus labios temblaron al igual que sus manos que se dirigían a su pecho. –No puedo creerlo— dijo con voz temblorosa a punto de quebrársele y fue en ese momento cuando Albert supo que esa carta era una vil mentira. Los gestos de la anciana nunca habían sido tan expresivos y profundos como en ese momento— Albert, dime que no crees esta farsa, por favor— suplicó Elroy acercándose a ambos rubios.

—no tía— contestó Albert sereno— pero necesito saber la verdad, qué ocurrió esa tarde en la que la salud de mi hermana empeoró.

—te dije todo lo que sé Albert, y te puedo jurar que esa escena que narra Zara es una mentira, yo nunca pedí a Rosemary que me diera ese dinero, ¿para qué lo querría yo si soy una vieja que solo espera el día de su muerte? ¿Para qué iba a querer ese dinero si yo tengo mi propia fortuna? ¿Para qué haría sufrir a una de las personas que más he querido en mi vida? — Elroy, a cada palabra que decía temblaba y lloraba aún más.

—cálmese tía— dijo Candy acercándose al ver como vacilaba el equilibro de la mujer quien no la rechazó y se apoyó de su brazo hasta llegar al sillón que Albert ocupaba y un par de minutos después Elroy se recuperó un poco y comenzó a hablar.

—Albert, te lo dije el otro día, yo no tenía por qué meterme en los asuntos de tu hermana, esa fue la decisión de sus padres y yo debía respetarla, cuando ella me dijo que ese dinero intacto sería para Anthony admito que le dije que lo pensara mejor y que si quería se podría hacer más grande esa fortuna, ella dijo que no, ahora sé que es porque ya no le quedaba tiempo. Entonces le dije que aceptaba su decisión y que tenía todo mi apoyo. Como te dije esa tarde la pasó con Anthony en el jardín y tal vez contigo también pero no lo recuerdas ya que esos momentos en el jardín eran muy frecuentes entre ustedes tres. Más tarde llegó Zara y entró a su habitación para charlar con ella, no sé sobre qué, pero después de ese día la salud de tu hermana empeoró, nos enteramos de su enfermedad y ella se negaba a recibir a Zara y no la vio hasta aquella noche en que…—su voz se quebró y las lágrimas volvieron a aparecer— aquella noche en que murió en los brazos de Vincent que había llegado dos semanas antes.

—tía, júreme que usted no le causó ese disgusto a mi hermana—suplicó Albert arrodillándose frente a la abuela tal como un niño pequeño.

—ustedes son lo que más he querido en el mundo, yo daba la vida por tu hermana, por Anthony, por ti, por Stear y Archie y también por ti Candy— dijo dirigiéndose a la rubia que también tenía las mejillas bañadas en lágrimas.

—todo fue un invento de Zara, pero para qué— preguntó Albert— no hay manera de saberlo y así no puedo acercarme a Vincent y aclarar todo, no hay testigos, nada que nos pueda decir a ciencia cierta qué pasó esa tarde.

—hay una persona— dijo Candy y los dos Andley giraron para verla interrogándola con la mirada— la misma Rosemary— dijo segura, pero dejó igual de confundidos a Elroy y Albert— en su diario, yo lo tengo. Anthony me lo dio hace días y la he conocido. Ella escribía todo lo que le sucedía en ese diario y algo tan importante debió haberlo escrito también.

—¿tú tienes ese diario? — dijo Albert un tanto sorprendido y Candy asintió— tráelo Candy, por favor.

—veré la manera de sacarlo de la casa por unos días, Anthony y el capitán me preguntan todos los días sobre el diario, no va a ser fácil.

—inténtalo Candy— pidió esta vez la mujer.

—lo voy a hacer— aseguró la rubia— ahora debo irme, ya he estado mucho tiempo fuera.

Minutos después Candy era acompañada por George cerca de la mansión Brower, se despidió de ella a una calle de la casa y dio media vuelta para volver al hotel donde Albert y Elroy seguían hablando sobre todo lo sucedido.

"Llevo semanas sintiéndome mal. No sé lo que me pasa y comienzo a asustarme.
Por eso he llamado al médico para que me revise, iría yo misma a verlo pero no me siento en condiciones de hacerlo sola y como en casa no hay nadie más que Anthony, Albert y yo será fácil que el doctor venga sin que ellos lo noten y se asusten.
Tal vez no sea nada malo..."

—mañana tenemos que estar en el hospital a las once de la mañana— dijo Candy durante la comida frente a los tres Brower días después de la charla con los Andley y algo desanimada ya que no había podido hacer llegar el diario a Albert.
Unos nervios excesivos recorrieron todo el cuerpo de Anthony sintiendo un escalofrío pero no dijo ni mostró nada sólo se removió en su silla y siguió comiendo. El señor Brower tragó saliva y miró a los tres jóvenes presentes. Primero a Anthony, a John y por último a Rosalie.
Tenía miedo de lo que podría pasar pero sus esperanzas eran más fuertes que sus miedos y estaba seguro que dentro de poco tiempo su hijo recuperaría la vista.
John miró también a Anthony y después a su padre con el que topó su mirada y con un asentimiento de cabeza se dieron la fuerza necesaria.
—ordenaré al chofer que tenga listo el coche—dijo Vincent— nos iremos los tres juntos y John nos alcanzará tan pronto salga de la escuela.
Los tres asintieron y después de la comida cada uno fue a hacer cosas diferentes. Anthony y Candy subieron a la habitación de éste.
—¿nervioso? — preguntó Candy cuando cerraba las cortinas de la habitación.
—un poco— dudó Anthony— creo que en exceso.
—es normal. Pero todo saldrá bien. —lo reconfortó la enfermera.
—¿tú estarás ahí verdad? — preguntó Anthony esperanzado.
—en todo momento—afirmó la rubia sintiendo un nudo en la garganta.
—gracias— dijo lleno de sinceridad— aunque lamento algo— dijo después de un minuto de silencio.
—¿qué? — preguntó curiosa.
—que tu tiempo de estar aquí se acaba— sonrió y Candy se quedó callada ante la confesión.

—para mí también será difícil irme, pero será porque ya no me necesitarás ya que estarás completamente sano— dijo Candy intentando convencerse a ella misma mientras se acercaba a Anthony que estaba de pie junto a la mesa que había en la habitación— todo estará bien— le dijo despacio cuando estuvo muy cerca de él; lo suficiente para tomar su mano. Ante este contacto Anthony sonrió y apretó la mano de la enfermera por la que sentía un gran cariño.

—quiero poder verte— musitó besando el dorso de la mano de la joven— has hecho tanto por mí y no conozco tu rostro.

—sabes que no necesitas verme con los ojos para ver lo que hay en mi— contestó Candy al momento en que sus ojos se llenaban de lágrimas.

—siempre tienes una palabra para reconfortarme— dijo Anthony sin borrar la sonrisa de su rostro. Candy respiró profundo y sin poder contenerse abrazó a Anthony con todas sus fuerzas; éste la recibió sorprendido pero correspondió de inmediato sintiendo una alegría indescriptible— te quiero— dijo Anthony al oído de la joven.

—y yo a ti— respondió ella abrazándolo más fuerte.

El resto del día y la noche pasaron demasiado rápido y cuando todos se dieron cuenta Anthony iba rumbo al hospital para hacer una última revisión y ese mismo día ser operado.

El doctor que había atendido a Anthony todo ese tiempo los recibió con los ánimos por los aires ya que estaba seguro que todo saldría bien.

—enfermera necesito hablar con usted— ordenó el doctor a Candy y la llevó hasta su consultorio donde le explicó todo el proceso de la operación y lo que tendría que hacer en todo momento.

—¿quedó claro? — preguntó el médico una vez detallado todo.

—sí doctor— contestó Candy seria y decidida tal como le marcaba su profesión.

—bien, vamos a preparar al muchacho— dijo levantándose de su lugar para salir del consultorio.


Albert desde la habitación del hotel en que estaba veía el reloj a cada segundo seguro que Anthony estaría ya en el hospital para comenzar todo. Sabía todo lo que iba a pasar gracias a Candy que dos días antes le había contado todo en una de esas caminatas que tenían por la tarde. –Que todo salga bien— pedía en silencio cuando llamaron a la puerta— adelante— dijo y George entró seguido de un muchacho de cabello castaño— ¡Archie! ¡Ya estás aquí! — exclamó sonriendo mientras se levantaba de su asiento.

—vine tan pronto recibimos tu carta— contestó Archie acercándose a su tío— mis padres también vinieron— informó cuando saludaba a Albert con un cariñoso abrazo.

—me alegro— dijo con sinceridad.

—¿ya vas a decirme qué sucede? ¿Qué es eso tan urgente que debemos ver todos los Andley?

—ahora te lo digo— contestó Albert dándole una palmada en el hombro— pero primero, George por favor llama a la abuela.

—en seguida— dijo George escabulléndose por la puerta para llamar a la habitación contigua. Un par de minutos después Elroy entraba en la habitación seguida de George.

—¡Archie! — exclamó también con sorpresa la anciana mujer.

—¡tía! — el joven uso el mismo tono de sorpresa al ver a Elroy tan diferente, parecía que habían envejecido diez años en muy poco tiempo. Su piel parecía una hoja de árbol seca y las arrugas de su rostro se notaban más, y más canas ocupaban su cabello.

—lo sé hijo, me hago vieja a cada día— Elroy sonrió al saber lo que pasaba por la mente de su nieto— pero ven aquí— la mujer le extendió los brazos pidiendo un abrazo que Archie no pudo ni quiso negar— tenemos que hablar de algo muy serio. ¿Cierto?— dijo dirigiéndose a Albert.

—así es— asintió el rubio señalando unos asientos para todos y comenzar a narrarle a su sobrino todo lo ocurrido.

—un momento— lo detuvo Archie en medio del relato— ¿me están diciendo que Anthony está vivo?— preguntó confundido y aturdido.

—sí Archie.

—¿por qué nunca me lo dijeron? ¿Por qué no lo sabíamos mi hermano, Candy, yo?

—porque ninguno de nosotros lo sabía— contestó Elroy.

—Vincent, el padre de Anthony supo ocultar bien las cosas por el bien de Anthony— agregó Albert.

—¿por su bien? No entiendo, acaso corría algún peligro estando con nosotros.

—sí Archie— dijo Elroy dolida para comenzar a contarle a su nieto de todo lo que se había enterado.


Anthony fue ingresado al quirófano donde estaba ya un equipo de enfermeras, un médico auxiliar y el doctor Paxton, encargado de la operación. La operación duró un largo rato que fue eterno para todos. Vincent Brower estaba sentado en la sala de espera; en silencio rezaba para que todo saliera bien y le pedía a su esposa que cuidara de su hijo. –es lo único que me queda de ti Rose, por favor cuídalo, haz que todo salga bien, no quiero perderlo como a ti— pensaba mientras una lagrima recorría su mejilla.

John y Diane también estaban ahí y también suplicaban para que Anthony saliera victorioso de la operación.

Lejos del hospital, cuatro personas más estaban nerviosas e impacientes por saber qué pasaba; Elroy, Albert, Archie y George no veían la hora de recibir noticias sobre Anthony por medio de Candy.

—¿seguros que no podemos ir? — preguntó Archie una vez más.

—debemos ser prudentes— le respondió Albert— aunque queramos ir no seriamos bien recibidos por el padre de Anthony y meteríamos a Candy en un problema si en estos momentos descubres quién es en verdad.

La operación terminó y el médico salió seguido de Candy para hablar con los Brower—¿qué pasó? — preguntaron todos al ver salir al médico.

—todo está en orden, la operación fue un éxito. En unos momentos trasladarán a su hijo a una habitación y no podrá recibir visitas hasta mañana, necesita descansar y ahora sigue bajo los efectos de la anestesia, no tiene caso que estén aquí.

—pueden irse tranquilos que yo me quedaré con él— agregó Candy al ver lo indecisos que estaban el capitán y John.

—¡de ningún modo señorita! ¡Usted ha trabajado mucho el día hoy y también debe descansar! Será mejor que también se retire.

—pero…— Candy iba a protestar, pero Diane la detuvo.

—el doctor tiene razón, será mejor que venga con nosotros— se acercó a ella y la tomó con delicadeza del brazo.

—de acuerdo— aceptó Candy y una hora después estaba ya en la habitación que ocupaba en la mansión Brower recordando las palabras que minutos antes Vincent le había dicho.

—no tengo cómo agradecerle todo lo que ha hecho por mi hijo. Desde que usted llegó a su vida el cambió por completo, le aseguro que meses atrás él se habría negado a someterse a la operación, pero gracias a usted estoy seguro que mi hijo volverá a ver— Vincent abrazó a Candy con cariño y depositó un beso en la frente de la joven— él la quiere mucho— le dijo por lo bajo

—yo también lo quiero— contestó Candy sonrojándose al aceptarlo.

Después de acostarse Candy tomó el diario de Rosemary y comenzó a leer las últimas memorias de la mamá de Anthony:

"no sé qué pensar de Zara. Hoy me ha dicho cosas horribles desde que le dije lo que he decidido que se haga con mi dinero cuando yo muera. Mi tía Elroy no tocará nada, todo será de Anthony y sólo Vincent puede mover toda mi fortuna que no es solo dinero sino algunas propiedades de Lakewood que dejé hace un par de años al cuidado de Zara y su esposo Alan…

—¡todo es para tu hijo! — gritó Zara más que sorprendida.

—¿por qué te sorprende? Es mi único hijo y mi único heredero— contestó Rosemary.

— pero Rose, él es un niño, piensa en lo que se puede hacer en estos tiempos con todo lo que tienes— dijo Zara intentando controlarse— si tú quisieras yo podría encargarme de todo ya que Vincent siempre está lejos y Anthony es muy pequeño.

—no hay necesidad Zara, ya todo está arreglado— respondió una vez más.

—supongo que tendré que dejar la propiedad que me diste hace unos años a tu esposo ¿no? — preguntó enarcando una ceja.

—no Zara, si piensas que te voy a quitar lo que una vez te di me apena saber creer que piensas que yo podría hacer algo así. La propiedad es prácticamente tuya, he hablado con Alan y en cuanto pueda pagarme los papeles quedarán a su nombre.

—¿solo eso es mío? — gritó nuevamente llena de coraje—¡después de todo lo que he hecho por ti!

—¿lo que has hecho por mí? — repitió Rosemary confundida— ¿de qué hablas?

—¡te he soportado todo este tiempo y eso es lo que recibo! — Zara no había soportado más y había estallado al saber que después de haberse portado tan bien con su prima Rosemary ella no tendría una recompensa.

—¿has estado a mi lado por interés?

—¡tú qué crees! ¿Quién querría estar cerca de ti con tus tonterías, tus cursilerías, tus malditas flores y tus sueños en que el mundo es perfecto? ¿crees acaso que yo te soportaba por tu hermosa cara y tu manera de ser! ¡No! Sabes que nosotras nunca nos llevamos bien, nunca me has agradado.

—¿Por qué te acercaste entonces?

—porque no es justo que tú lo tengas todo y yo no tenga nada, no es justo que tu tengas tu vida asegurada, llena de lujos gracias a tu dinero y que yo no tenga nada.

—no es mi culpa que tu padre se haya tirado al vicio y no te haya heredado nada— contestó Rosemary diciendo una verdad que todos querían ocultar —vete de aquí— dijo Rosemary llevándose una mano al pecho— vete y no regreses Zara, y debes saber que no tengo mi vida asegurada, en cualquier momento puedo morir.

—me gustaría ver eso— dijo con cinismo antes azotar la puerta y salir de la recamara de Rosemary"