TE VEO
CAPÍTULO 11
Candy leyó la escena en que Rosemary narraba lo que había pasado entre ella y su prima Zara. Llena de rabia y con los ojos cubiertos de lágrimas se vestía con la primera ropa que encontró.
—Albert tiene que saber esto— pensaba girando la perilla de la puerta de la habitación sin importarle la hora que era. Con cuidado de no hacer ruido bajó las escaleras y salió por la puerta de servicio.
Guardó su bolso en el que iba el diario en el interior de su abrigo; cerró cada botón de la prenda y con las manos en los bolsillos comenzó a alejarse de la mansión.
El hotel estaba un poco retirado de la mansión Brower así que Candy rogaba por encontrar un taxi que la llevara hasta ahí y como pocas veces la suerte le sonrió y abordó un carruaje que pasaba en ese momento.
—Por favor señor, llame a la habitación del señor William Albert Andley, es urgente que hable con él, dígale que Candy lo busca— pidió desesperada una vez frente a la recepción.
—Su nombre completo por favor señorita— dijo el encargado de mala gana.
—Candice White Andley— respondió seria y segura de sí misma.
—disculpe usted señorita Andley, en seguida lo llamo— dijo en encargado cambiando por completo su actitud.
Minutos después Candy estaba ya frente a un Albert algo adormilado pero dispuesto a escuchar lo que se le tenía que decir, no sin antes reprender a Candy por haber salido sola a esas horas de la noche.
—No sería la primera vez Albert— respondió Candy— vine porque ya sé lo qué pasó con tu hermana, ya sé la verdad— dijo sacando de su bolso el diario de Rosemary. Buscó la página correcta y se la tendió a Albert para que la leyera por sí mismo.
Albert comenzó a leer y primero sintió un nudo en la garganta al ver el diario que perteneció a su hermana y después sintió una rabia indescriptible al saber la verdad finalmente.
—Todo por dinero— dijo frío— ¿lo qué ama es el dinero?— añadió con sarcasmo— muy bien. Espera aquí Candy— Albert salió de su habitación y se dirigió a la que había enfrente de su puerta, llamó un par de veces y George salió rápidamente haciendo el nudo a su bata de dormir.
Un Albert completamente diferente habló en voz baja a George dándole precisas instrucciones para después ir a buscar a la señora Elroy.
— ¿qué pasa Albert? ¿Anthony está bien?— fue lo primero que preguntó.
—No lo sé, pero ven conmigo— le tendió la mano y Elroy fue conducida hasta la habitación de Albert donde Candy aguardaba. Al verla la anciana hizo la misma pregunta que esta vez obtuvo una mejor repuesta.
—Anthony salió bien de la operación, no se preocupe, tendrá que reposar algunos días y después estará perfecto— contestó la enfermera.
—gracias a Dios— respiró tranquila— pero entonces qué pasa— Albert un poco más calmado le explicó todo a la mujer intentando no ser tan brusco para no causarle un daño emocional a Elroy ya que con todo lo que había sucedido los últimos días la salud de la anciana no estaba en óptimas condiciones.
— ¿Qué vas a hacer ahora?— preguntó Elroy tan serena, fría y tal vez vengativa.
— de una y otra manera Zara me quitó lo que yo más quería en este mundo, haré lo mismo con ella. Como jefe de la familia puedo hacer lo que me plazca con todos los bienes de la familia. Pues bien, todo lo que una vez mi hermana le dio volverá a mis manos— contestó Albert serio con la mirada impasible.
—la dejarás en la calle. Está bien, pero piensa en sus hijos.
—son iguales que ella, pero tienes razón ellos no tienen nada que ver en esto pero Alan los apoyará y yo sabré manejar a esos dos— agregó Albert.
—Será mejor que me dejes a Elisa y a Neil a mí— dijo Elroy— basta con enviar a Elisa a otro país y a Neil ingresarlo en una escuela lejos de Chicago.
Las palabras que salían de aquellos dos Andley dejaron atónita a Candy que sólo escuchaba e intentaba aún procesar todo lo que había descubierto esa noche.
A pesar de todo Candy no creía que la venganza fuera la mejor opción y no reconocía al Albert que tenía frente a sí y no podía permitir que la persona a la que ella quería tanto y que admiraba corrompiera su corazón y sus principios en una venganza.
—Albert, no lo hagas—pidió a media voz— no te vuelvas igual que la señora Leggan. Tú no eres vengativo.
—Candy, por su culpa todos estos años creímos que Anthony, mi sobrino, lo único que me quedaba de mi hermana estaba muerto. Todos estos años mi tía pasó preguntándose qué mal había hecho para ser odiada por Vincent. Zara jugó con todos nosotros, movió los hilos de la historia a su antojo y pudo poner a Anthony en contra nuestra, en contra de su familia.
—pero no lo hizo Albert, él no odia a ninguno de los Andley. Me lo dijo hace mucho tiempo, él nunca creyó capaz a la tía Elroy de hacer todo el daño que su padre creía. Albert por favor, debe haber otra manera— pidió Candy.
—Tiene razón—habló Elroy— Albert entiendo tu rabia pero la venganza no está es tu naturaleza, tú eres un alma noble. No oscurezcas tu corazón en una venganza que no remediará nada— Elroy se acercó a su sobrino y le abrazó con cariño— encontraremos una manera— le dijo a manera de consuelo.
— ¡tío! ¡Candy!— se escuchó la voz de Archie que recién entraba a la escena familiar— ¿qué pasó? ¿Cómo está Anthony?— preguntó también acercándose a Candy.
—Estará bien— contestó Candy abrazando al castaño al que no había visto en mucho tiempo y al cual extrañaba realmente. — ¡me da tanto gusto verte!
—A mí también Candy— correspondió al abrazo— gracias por encontrar a Anthony. Supongo que no ha sido fácil ser otra persona.
—No tienes idea— le sonrió con pesar recordando la decisión que había tomado para evitar el odio de Anthony.
—Candy, debes descansar— habló Elroy dejando el tema de Zara a un lado— vamos a mi habitación.
—tengo que volver con los Brower— respondió la rubia.
—mañana por la mañana estarás ahí y no habrán notado tu ausencia. Ven conmigo— Elroy le tendió la mano y Candy un poco nerviosa la siguió.
Cruzaron la habitación y salieron con rumbo a la de la anciana. Esta la invitó a sentarse en una elegante silla y comenzó a hablar:
—hace mucho que quería charlar contigo. Candy, en primer lugar quiero disculparme por lo mala que fui contigo todo este tiempo, no espero que me perdones de un día a otro, pero quiero que sepas que lo que sea que te haya hecho y de una u otra manera te haya dañado no fue nunca con esa intención. Quiero demasiado a mi familia y quiero lo mejor para ella, eso algún día tú lo entenderás, pero por ahora por favor piensa que nunca quise lastimarte ni a ti ni a nadie. También quiero decirte que te estoy inmensamente agradecida por lo que has hecho todo este tiempo, yo sé bien cuánto quieres a Anthony y no habrá sido fácil estar a su lado pretendiendo ser otra persona, pero gracias a eso, a tu fuerza ahora todo está aclarado para nosotros y me has dado una paz inimaginable, gracias Candy, gracias por ser más merecedora del apellido Andley que muchos de nosotros— la voz de Elroy era diferente; serena, pausada, tierna incluso, amorosa y en verdad agradecida. Candy escuchó cada palabra y esbozó una ligera sonrisa guardando cada palabra dicha por la mujer.
—no tengo nada que perdonarle, en verdad, hace mucho tiempo que yo entendí por qué era tan estricta conmigo, le agradezco por haberlo sido, ahora analizo que he aprendido muchas cosas gracias a usted y tampoco tiene que agradecerme por lo que hice, yo quiero mucho a Anthony, a la familia por todo lo que ha sido para mí y créame que sí tuviera que volver a hacer todo esto lo haría con gusto— dijo Candy tranquila segura de cada palabra que emitía su boca.
—quiero pedirte algo Candy— sonrió la mujer.
—Lo que sea— aceptó de antemano.
—deja que te de un abrazo— pidió con cierto nerviosismo y ante esto Candy sonrió, se levantó de la silla y se acercó a la mujer que la recibió con los brazos abiertos. — Serás muy feliz al lado de Anthony— Candy se separó de la mujer y en su rostro se vislumbró una gran tristeza.
—no creo que Anthony y yo tengamos un futuro juntos. Después de que sepa la verdad y que le mentí todo este tiempo odiará cada momento que compartimos.
— ¿Estás segura de ello?— preguntó Elroy incrédula ante la idea.
—es lo más lógico.
—En esta familia nada es lógico. — Sonrió Elroy— respóndeme algo. ¿Crees que el Anthony que tú misma dices que no odia a la familia sería capaz de odiarte a ti? A la persona que ha estado a su lado, que lo ha ayudado, por la que se enfrentó a mí hace tanto tiempo. No Candy, tú lo conoces bien y sabes que él no te odiaría.
Candy meditó las palabras dichas en ese momento por Elroy y las que una vez Albert también le dijo: no, Anthony no podría guardar en su corazón un sentimiento tan cruel y terrible como el odio. Pero si así era, entonces Candy no lo culparía y, si él le pedía que se alejara entonces lo haría, tal vez con el corazón roto, pero lo haría.
—piénsalo bien Candy— concluyó Elroy— y ahora ven, acuéstate que te tienes que ir muy temprano y tal vez mañana se aclare todo con Vincent.— Elroy la llevó hasta la cama e hizo que se acostara, la arropó y esperó a que la joven se quedara dormida para después salir y ver cómo estaban sus sobrinos.
Tal como Elroy había dicho, por la mañana George llevó a Candy a la mansión Brower y nadie notó la ausencia de la enfermera.
—Buen día Rosalie— saludó Vincent de buen humor.
—Buenos días señor Brower— respondió la enfermera.
— ¿lista para irnos?
—Cuando guste— sonrió Rosalie y minutos después salían los dos rumbo al hospital.
Al llegar Candy fue a hablar directamente con la enfermera que había atendido a Anthony durante la noche. Intercambiaron algunas palabras y al momento Candy tomó el mando entrando a la habitación para ver cómo estaba Anthony, que aún estaba dormido por la anestesia.
Acostado en la cama, con algunos aparatos conectados a su cuerpo, totalmente inmóvil y con los ojos cubiertos con vendas, Candy lo vio de esa manera y sintió una terrible opresión en el pecho.
Su profesión le decía que no debía involucrar sentimientos en su deber pero cómo no hacerlo cuando se trata de una persona a la que se quiere tanto. —Espero que todo salga bien Anthony— dijo acercándose para acomodar las sábanas.
—Rosalie— escuchó el murmullo de Anthony que al parecer hablaba en sueños— Rosalie.
—aquí estoy Anthony, duerme— dijo con ternura tomando la temperatura del paciente— ¿sabes?, hace unos días pensaba hacer algo de lo cual me iba a arrepentir toda la vida, iba a irme antes que despertaras para que no me odiaras, pero un par de personas que te quieren me abrieron los ojos y estaré contigo hasta que tú así lo quieras. Se trata de Albert, ¿lo recuerdas?, Albert es tu tío, el hermano de tu mamá, él es el abuelo William, pero eso pronto lo sabrás y la abuela Elroy también me ayudó, ellos dos están aquí, en Londres y Archie llegó hace poco y, si todo se aclara pronto podrás estar con ellos y sabrás lo mucho que te extrañamos todos estos años. — Candy acomodó el despeinado cabello que cubría la frente de Anthony, acarició la cálida piel y no pudo evitar depositar un beso.
— ¡Lárguense de aquí!— escuchó Candy la potente voz del padre de Anthony, salió a ver qué ocurría y encontró a Albert y a la señora Elroy frente a Vincent. Los tres con la mirada fría parecían retarse y decirse todo el odio que el sentían— no se los repetiré, váyanse de aquí.
—No Vincent, no hasta que nos escuches— intervino Albert— lo que tengo que decirte cambiará muchas cosas, hemos venido hasta aquí solamente para aclarar lo que pasó con mi hermana y con Anthony.
—no me importa cómo ni porqué han venido, solo quiero que se vayan.
—señor, creo que debería escucharlos— dijo Candy colocándose al lado del capitán.
—no Rosalie, no sabes quiénes son ellos, y créeme no quieres saberlo.
—Se equivoca señor— habló seria— yo sí sé quiénes son ellos, porque yo los llamé.
— ¡Usted!— exclamó furioso y sin comprender— ¡usted llamó a esa asesina!— señaló a Elroy.
— ¡No te permito que le hables así a mi tía!— exclamó Albert colocándose frente a la mujer.
— ¿qué pasa aquí? Esto es un hospital— llegó un médico a poner orden al escándalo— si van a seguir gritando de esa manera salgan de aquí o llamaré a seguridad.
—No hace falta doctor— dijo Vincent— ellos ya se iban— señaló con la cabeza a Albert, Elroy y Candy.
—Vincent, ella no— dijo Albert.
—váyanse todos, por favor, y no vuelvan a acercarse a mi o a mi hijo. Señorita, por favor recoja sus cosas de mi casa, váyase y yo olvidaré lo que hizo. Anthony no sabrá una palabra de su traición.
—Sí señor— aceptó Candy serena y altiva como una reina.
— Vincent, lee esto y si después de hacerlo sigues sin querer hablar conmigo, lo entenderé— dijo Albert dándole el diario de Rosemary— vamos Candy. — le extendió la mano y la rubia caminó a su lado.
— ¡Candy! ¿Usted es Candy?— preguntó Vincent con los ojos casi desorbitados.
—Sí señor— contestó Candy dando media vuelta para irse.
Albert, Candy y Elroy salieron del hospital, George los esperaba en el auto y los llevó hasta la casa de los Brower para que Candy recogiera sus cosas. Después de esto se dirigieron al hotel donde hablaron de lo acontecido.
—Debí haberle dicho todo en ese momento— se lamentaba Elroy entre lágrimas.
—No lo habría creído— repuso Albert— confiemos en que descubra la verdad por sí mismo. Candy, ¿estás bien?— preguntó al ver lo pálida que estaba.
—sí Albert, no te preocupes por mí, ¿dónde está Archie?
—Le pedí que fuera a recoger unas cosas a la oficina de correos, no debe tardar— justo en ese momento Archie entró en la habitación.
— ¿qué pasó? ¿Hablaron con el padre de Anthony?— preguntó el muchacho.
—Algo así Archie— respondió Albert habiendo recuperado la compostura— ¿traes algo importante?
—sí, esto es para ti— dijo entregándole tres sobres y esta es para Candy, llegó a tu nombre pero aquí dice que es para ella, es del Hogar de Ponny— Candy se acercó a su primo y tomó el sobre que era para ella, lo abrió con las manos temblorosas y comenzó a leer.
— ¡Dios mío!— exclamó.
—¿Qué pasa Candy?— preguntó Albert.
—la hermana María está muy enferma y… la señorita Ponny teme que no resista mucho, Albert tengo que ir a verla, tal vez yo pueda hacer algo.
—Calma Candy— dijo tomándola por los hombros— George encárgate de conseguir un boleto en el próximo barco que salga para Estados Unidos.
—Gracias Albert— dijo llorando abrazándose al rubio.
—Yo iré contigo Candy, no puedes viajar sola— habló Archie.
—no, tú debes quedarte, tal vez pronto puedas ver a Anthony— se negó la rubia.
—Pero alguien deber ir contigo— expresó Elroy— George puede acompañarte
—pero…
—nada de peros, ellos tienen razón, George por favor prepárate para ir con Candy y ayuda en cualquier cosa que se necesite.
—De acuerdo Albert— George salió pronto a comprar los boletos del barco mientras Candy verificaba que llevaba todo para volver a su país.
Dos horas después Candy y George estaban en el puerto de Londres listos para partir. Albert y Archie los habían acompañado para despedirse.
—lamento que te tengas que ir Candy. De no ser por ti no hubiéramos llegado hasta aquí.
—no hablemos de eso Albert, por favor— murmuró Candy limpiándose las lágrimas— espero que todo se arregle y por favor, si Anthony llega a saber quién era yo, cuéntale todo, aunque me odia tanto o más que su padre— besó la mejilla de Albert y después se despidió de Archie— cuídate mucho— le sonrió antes de subir al barco para volver al Hogar de Ponny, una vez más…
Archie y Albert volvieron al hotel en medio de un completo silencio, subieron a sus habitaciones y Albert fue a ver a la tía Elroy; llamó a la puerta y al entrar encontró a la mujer sentada tomando té en compañía de Vincent Brower.
—Albert al fin llegas— sonrió Elroy como si nada pasara— entra— Vincent se puso de pie y caminó hasta Albert, quien aún sorprendido y serio examinó cada movimiento de su cuñado.
—perdón Albert— dijo con voz cortada— fui un imbécil, perdón— Albert le tendió la mano sin decir palabra y al tener la mano de Vincent sobre la suya lo atrajo para darle un abrazo símbolo de que todo estaba perdonado— perdónenme, me dejé engañar por Zara, confié en ella tanto como lo hizo Rose.
—eso ya no importa Vincent, lo que importa en este momento es que todo está arreglado, ahora sabes la verdad y Anthony lo sabrá pronto.
—sí— suspiró Vincent— ¿dónde está Rosalie? Quisiera habla con ella, quiero decir Candy— sonrió al recordar que ese no era el nombre de la joven.
—Candy acaba de irse, surgió un problema y necesita estar con algunas personas.
—¿algo grave?
—delicado, pero esperemos que nada grave.
—menos mal. Tengo que volver al hospital, quieren… venir conmigo— ofreció a los dos Andley.
—claro que sí— sonrió Albert ayudando a su tía a ponerse en pie— llamaré a Archie.
El primer fin de semana a la llegada de Candy a Estados Unidos había ido en primer lugar al Hogar de Ponny aunque temía que fuera demasiado tarde.
—¡Candy!— gritaron los niños al verla bajar del auto y entrar corriendo a la casa.
—¿dónde está la hermana María?— preguntó a un pequeño que recién salía.
—con la señorita Ponny, en su habitación— señaló el niño con su dedo índice. Candy entró corriendo a la recamara señalada e inmediato fue reprendida.
—¡Candy no corras!— escuchó la voz de la hermana María.
—¡hermana!— exclamó Candy caminando hacia la cama en la que descansaba— ¿se encuentra bien?
—¡claro que sí! Solo fue un susto, lamento que hayas dejado tu trabajo para venir, le dije a la señorita Ponny que no te dijera nada.
—habrían hecho mal, pero ya estoy aquí— sonrió abrazando a la mujer.
—si Candy ya estás aquí, en casa— le susurró rodeándola con sus brazos al igual que una madre y solo con ese gesto Candy ya no pudo resistir más y se soltó a llorar como una niña pequeña, con tanta fuerza que angustió a la hermana María y a la señorita Ponny que entraba en ese momento, pero ninguna dijo nada y las dos consolaron a su pequeña pecosa hasta que se hubo desahogado por completo.
Pasaron unos meses en los que Candy estuvo en el Hogar de Ponny, como tantas veces reponiéndose de su dolor hasta que un día decidió hacer un pequeño viaje a un lugar muy especial para ella, creía que con eso cerraría una herida en su corazón.
Por la mañana decidió dar un pequeño paseo por toda la mansión de Lakewood en la que Dorothy, quien aún trabajaba ahí, pero ahora como ama de llaves y pronta a casarse con uno de los jóvenes que trabajaban también para la familia Andley la recibió con emoción y cariño.
—no sabes qué alegría me da verte— dijo la pelirroja joven abrazando a Candy—¿te quedarás mucho tiempo? — preguntó llevándola hasta el interior de la mansión.
—no por mucho tiempo— contestó Candy sin mucho entusiasmo.
—¿qué te ocurre?— preguntó Dorothy preocupada.
—nada, solo estoy algo cansada— sonrió— ¿puedo ir a mi habitación?
—¡claro! Ya te llevo tu maleta y algo de comer.
—gracias— dijo Candy caminado escaleras arriba. Cuando llegó hasta el final de estas echó una mirada por el largo corredor y recordó la casa de los Brower en Inglaterra y cómo estaban organizadas las habitaciones de Candy y Anthony.
La joven enfermera no pudo soportar un minuto más y se llenaron sus ojos de lágrimas, corrió por el pasillo y se detuvo frente a la puerta que solía ocupar Anthony cuando vivía en Lakewood. Puso su mano en la perilla e intentó girarla para abrirla pero no pudo. Seguramente la señora Elroy había dado esa orden desde mucho tiempo atrás o tal vez era una señal de que Anthony y Candy nunca podrían estar juntos.
Las lágrimas no paraban de salir de sus verdes ojos y el aire cada vez le faltaba más, todo esto acompañado de una opresión en el corazón. El dolor que sentía en esos momentos era incomparable, muchas veces había llorado, muchas veces había sufrido pero, aquella vez era diferente y mucho peor.
—¡Candy!— escuchó la alarmada voz de Dorothy que se acercaba a ella demasiado asustada con una bandeja de comida en las manos— ¿qué pasa?— Dorothy dejó la bandeja sobre una cómoda que había a lo largo del pasillo y se acercó a Candy, que al sentirla cerca se arrojó a sus brazos en medio de un llanto inconsolable.
Pasó una hora en la que Candy se tranquilizó un poco y le explicó a Dorothy todo lo que había pasado en los últimos meses. Dorothy escuchó todo y a cada palabra se sorprendía más y más de lo que escuchaba, pero no dijo nada y dejó que Candy se desahogara de todo lo que llevaba dentro del corazón.
—duerme un poco Candy— dijo la pelirroja llevándola hasta la cama de la habitación, la cubrió con una frazada, corrió las cortinas y salió dejando que la chica durmiera por un largo rato.
Tres horas más tarde, Candy despertó de su sueño. Abrió los ojos mientras se removía por debajo de la frazada y más relajada y descansada pudo pensar en lo que haría desde ese momento en adelante.
Minutos después se levantó de la cama y después de arreglárselas un poco el cabello que se le había despeinado por la siesta y refrescarse un poco salió de su habitación, bajó las escaleras y caminó hasta la puerta principal la cual cruzó y se dirigió al cementerio de la familia Andley.
Tristemente el lugar era enorme, había generaciones enteras enterradas en esa extensión de tierra, tanto que algunos nombres estaban ya borrados por el paso del tiempo. Candy vio la tumba de Rosemary Andley y se detuvo justo frente a ella.
—lamento todo lo que le sucedió— dijo en voz alta, aunque no era su tono habitual— no puedo creer todo lo que usted sufrió por causa de la envidia y el interés de su prima, pero tenga por seguro que Albert hará algo al respecto y Anthony no será más una víctima como lo fue usted. Sólo espero que su hijo pueda ser feliz y que si entera que Rosalie y Candy eran la misma persona no me guarde tanto rencor— dijo ya que estaba convencida que Anthony la odiaría una vez que supiera todo, aunque tal vez se equivocaba.
Una vez más las lágrimas corrieron por las mejillas de Candy pero esta vez las pudo controlar un poco más para llegar hasta donde quería. Giró un poco y siguió caminado. Pasó frente a la tumba de los padres de Albert, sus abuelos y de Stear:
—ha sido una larga travesía ¿no?— sonrió un poco pero sus ojos no demostraron la misma sonrisa— fue un mal invento el que hice, los tuyos siempre fueron más creativos y nunca dañaron a nadie— dijo a su joven inventor— me gustaría que estuvieras aquí, que pudieras estar al lado de Archie que ahora debe estar ya con Anthony. Pero al parecer ni tú ni yo podemos estar ahí— Candy miró a su derecha y vio la lápida falsa que tenía el nombre de Anthony Brower Andley grabada con letras grandes y claras.— Anthony— su voz se quebró al pronunciar este nombre— no sabes lo feliz que me hace saber que estás vivo, que tuviste la oportunidad de disfrutar la vida— a cada palabra su voz se volvía un sollozo más agudo, sus piernas no resistieron y cayó sobre la tierra— soy feliz de saber que ahora puedes ver, que ahora ya debes saber la verdad de lo que pasó con tu madre, que ahora todo está arreglado y que Albert, Archie y la señora Elroy pueden estar ahora a tu lado. Muchas veces dijiste que extrañabas a tu familia y ahora todos están ahí, contigo. Deseo que seas muy feliz Anthony, deseo que no sepas la verdad sobre mí y que nunca pienses que te engañé para hacerte daño, te juro que lo hice para descubrir la verdad y evitar que un odio injustificado siguiera creciendo. Lo hice por ti Anthony, lo hice porque te amo— al decir esta última palabra una sombra se dibujó sobre el piso, la sombra de un caballero.
—entonces ¿por qué te fuiste?— escuchó Candy una familiar voz aunque eso no era posible, él debía estar en Inglaterra recuperándose— no llores pecosa, recuerda lo que una vez te dije— dijo Anthony cuando Candy se ponía de pie y sin decir palabra estaba parada frente a un nuevo Anthony. Un joven alto, fuerte, apuesto con unos hermosos y sanos ojos azules— eres más linda cuando ríes que cuando lloras— le dijo con ternura tomando las manos de ella entré las suyas.
—¡Anthony!— pudo decir al fin—¿qué haces ahí? Deberías estar en Inglaterra descansando. Tú... Tú...— de repente se puso pálida— tú sabes quién soy yo— balbuceó con temor— ahora sabes que te mentí a ti, a tu padre, a tu hermano a...— un dedo sobre sus labios detuvo las palabras que salían sin sentido de su boca.
—sí Candy, sé que tú eres Rosalie, sé que tú me ayudaste todo este tiempo a sanar mi vista, mi corazón y el de mi padre. Porque si no fuera por ti yo nunca habría aceptado esa operación y nunca habría sabido la verdad de lo que pasó con mi madre y Zara Leggan. — Candy seguía llorando, bajó su mirada y sus manos apretaban las de Anthony— no llores más Candy, sé lo que has sufrido todos estos años y te juro que aún no puedo creerlo, sé que tu vida no ha sido fácil y por eso mismo te estoy aún más agradecido porque nunca perdiste tu espíritu lleno de vida y alegría y ese don que tienes para ayudar. Ya no quiero que sufras más Candy, ya no; y antes de que digas cualquier cosa debes saber que no tengo ningún rencor contra ti, que lo único que siento aquí— dijo llevándose una mano al corazón— es que te amo, te amo y no puedo imaginar esta oportunidad de vida que tengo sin ti a mi lado.
—pero tu padre si me odia— dijo recordando las palabras del capitán.
—no Candy, lo que sea que te haya dicho ese día es mentira, él está arrepentido por todas las palabras que te dijo. Agradece lo que has hecho por nosotros y sabe bien lo que siento por ti. Él quiere verte, pedirte perdón y darte las gracias por lo que has hecho en todo este tiempo: me ayudaste a mí como enfermera, a mi padre con tu buen corazón y a mi hermano con el suyo— sonrió Anthony como un ángel.
—¿cómo?
—después de lo que te dijo Diane, no sé cómo John se dio cuenta de lo que sentía por ella y en este momento están aquí, juntos.
—¿aquí?
—sí Candy, todos están aquí, Archie, la tía abuela, el tío Albert, mi padre, John y Diane.
—¿por qué vinieron todos? ¿A qué?— preguntó Candy.
— pues, mi padre, Albert y la tía abuela vinieron para ajustar cuentas con Zara Leggan, a Archie le prohibí alejarse de mi hasta que no supiera todo lo que hizo sin mi estos años, y John y Diane no iban a quedarse solos en Inglaterra.
—¿Y tú?
—yo vine por ti Candy, porque ahora que sé que fuiste tú la que estuvo a mi lado todo este tiempo ahora ya no quiero pasar un minuto más alejado de ti, ya ha sido mucho tiempo y una enorme distancia la que nos ha separado y ya no quiero que vuelva a pasar Candy, simplemente porque te amo.
—¿es verdad Anthony?— preguntó mirándole a los ojos.
—si Candy, todo es verdad. Mi amor por ti es verdad— le respondió con dulzura inclinado un poco su cabeza a la de la joven para apoyar su frente en la de ella— ahora te puedo ver y decirte que eres hermosa— al decir estas palabras Candy se sonrojó y un brillo iluminó sus ojos.
Ya no había mucho espacio que cubrir para poder tocar sus labios, eran tan sólo un par de centímetros que Candy se encargó de eliminar y finalmente besar a Anthony con todo el amor que sentía en su corazón y que era muy bien correspondido por Anthony, su caballero de las rosas y el mejor paciente que había tenido en su vida.
—te amo— dijeron al unísono después concluir el beso y comenzar a reír como dos jóvenes que están con la persona que se ama.
Dos años después...
—¡Candy!— se escuchó la voz de Anthony que llegaba al jardín de una bella casa italiana. Albert y el capitán Brower la habían adquirido para la joven pareja. Era un nuevo hogar para un nuevo comienzo.
—estoy aquí— levantó la mano la rubia dejándose ver entre el verde pasto que cubría todo el lugar. Anthony llegó a su lado y se sentó junto a ella.
—llegó carta del tío Albert y adivina qué— enarcó una ceja divertido.
—¿qué?— cuestionó Candy con la mirada.
—ya todo está arreglado, Zara acaba de devolver todo lo que una vez mi madre le dio. Desde que se divorció del señor Leggan ya no pudo mantener más toda esa fortuna y ahora solo tiene lo que le corresponde por llevar el apellido Andley.
—siento pena por ella— dijo Candy acariciando una flor que tenía cerca.
—admito que yo también, pero ella se buscó todo lo que le está pasando, ahora Neil ni siquiera se acerca a ella, prefirió a su padre y ahora trabaja con él y Elisa— Anthony sonrió y se quedó callado.
—supongo que es feliz con su esposo— dijo Candy seria— al pobre hombre lo aceptó después de que tú la rechazaste.
—mi corazón ya tenía dueña— expresó con dulzura antes de besarla.
—pero Elisa te pudo conquistar esa noche, en aquella fiesta se veía muy linda, ¿no la viste bien?
—sí, pero recuerdo que una vez alguien me dijo que no necesito ver con los ojos para conocer el interior de una persona y la mujer que yo amo la volví a conocer sin necesidad de esto— dijo pasando una mano frente a sus ojos— te amo Candy y tú eres la única mujer en mi vida
—yo también te amo Anthony— dijo ella acercándose más al rostro de Anthony para besarlo con infinito amor.
FIN
Chicas, aquí termina esta historia. Espero les haya gustado y ya saben cualquier duda, queja, regaño y tomatazo es bien recibido.
Me disculpo por tardar tanto en cada publicación y espero me entiendan.
Gracias a:
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