White Claudia
{ 'Little Mermaid' Music Box ]
Una gota, sobra el piso de caoba.
El aroma a sudor. A sexo.
El calor de la noche comiéndose sus cuerpos.
Y entre todo, el perfume del océano.
Mezclado con el éxtasis. El clímax.
La adrenalina.
Era un pobre diablo que ahogaba, en los vasto que era.
Se retorcían. Se revolcaban. Gritaban
Entre las sábanas de seda roja. Entre las mieles en su memoria.
Y no le molestaba la asfixia.
Era adictiva.
A veces eran horas. Otras veces eran días.
Encerrados en la jaula, fornicando como conejos en celo, en un sueño tan adictivo como el opio.
El perfume del agua salada le inundaba los pulmones, le arrancaba el aire.
El calor le enloquecía. Podía sentir la presión en la parte trasera de la cabeza. Palpitando.
Sintiendo que, en cualquier momento, iba a desmayarse.
A que la sangre le corriera de la nariz.
Pero la necesitaba en su sistema.
-Shaoran.- le habló, y saliendo de su frenesí, de cuánto se había sumergido en el abismo abisal, de hace cuánto había dejado de respirar, abrió los ojos. Lo primero que vio fue el velo suave de agua azul.
Lo primero que olió fue el aroma del agua, impregnada en su cuerpo.
-Shaoran.-
Salió de la intersección de su cuello, entre su cabello, para mirarla.
A la orilla de la cama, sentando, bañados en el sudor del sexo de quién sabe cuántos días atrás, en un abrazo. La piel, pegajosa, cerca de derretirse la una con la otra.
Estaba sentado sobre de él, y él aún dentro de ella.
-Shaoran.-le pasó las manos por el cabello, revolviéndoselo. Sujetándole fuerte. Le habló al oído.-Córrete dentro de mí.
El mar volvía intentar ahogarlo.
-¿Eh?-
-Dentro.-le lamió dentro del oído.-Dentro.
-Pero no tengo c-
-Yo sé.- rio y su aliento sobre la piel húmeda le hizo temblar.-Por eso mismo. ¿No quieres?
-No es eso.-
La sintió moverse. Sintió la presión cambiar. Tragó seco.
-Ensuciar, dónde nadie más lo ha hecho. Reclamarlo como tuyo.- se arqueó en su agarre.-Por favor Shaoran.
Él se lamió los labios secos.
Trató desesperadamente de no ahogarse, pero siempre era revolcado por las olas.
La agarró de las caderas. El agarre lo suficientemente fuerte para dejar marcas en lo suave de su piel. Regresó a su cuello. A ver el velo de agua, la madeja de cabello. A que se le impregnara en los órganos el aroma del océano.
Embistió, una vez.
Ella apretó su abrazó, tratando de conseguir vanamente que la piel se volviera una.
Volvió a hacerlo. Y a hacerlo una vez más. Y otra vez. Y otra vez.
El ritmo iba subiendo. La tensión escalaba. El calor se hacía de su cordura.
El ahogado volvía a las profundidades, por voluntad propia.
La presión en la parte de atrás de la cabeza. La presión en sus sienes. El cuerpo sobre de él, tratando de arrastrarlo a dónde la luz no existía, pero definitivamente dónde habitaban los monstruos.
Inhaló pero el aire, caliente, hostil y salado, no le dio lo que necesitaba.
Pero estaba dónde quería.
Era suficiente.
-Shaoran.-gimió ella.-pegándose a él como una lapa.- Te amo. Tanto.
Cerca de ahogarse, inhaló súbitamente.
Abrió los ojos, desorbitado.
Estaba, no en aquel cuarto.
Estaba, no en aquel tiempo.
Solo, en la orilla del mar, aferrándose a la tierra bajo a sus uñas como un desamparado.
Agradeciendo.
Qué tan cerca estuvo de volverse a ahogar.
Las noches calurosas eran peligrosas. Siempre traían con ellas el recuerdo del mar.
Se sentó sobre las sábanas.
Antes de si quiera prender la luz, sabía que tenía un problema.
Y ahí, en la obscuridad, mojado por los recuerdos, no tuvo más que sucumbir.
No quería.
Se las daba de fuerte, de inquebrantable. Pero no era más que necesario el aroma de sal, las gotas de sudor sobre la caoba, para doblegarle.
Metió la mano al bóxer, buscando la carne caliente y dura.
Empezó a masajearse la verga comenzando por la base.
Fueron unos tirones experimentales. El prepucio cubriendo el glande, hasta que estaba completamente dura.
La sujetó con fuerza y empezó a masturbarse.
La mano se humedeció prontamente con el líquido preseminal, que no dejaba de parar de salir.
Y los mil recuerdos de las mil y un noches juntos se apropiaron de su cuerpo.
Cuántas veces no habían fornicado en la terraza. Cuántas veces no se había hincado ante ella y lamerla. Cuántas veces no se la había metido con frenesí.
La memoria del sabor de su piel. Del sonido de su sonrisa. Del calor de su abrazo.
Del recuerdo de sus mentiras.
' Tanto.'
-¡ Umi !- se corrió. El semen resbalándose por el miembro, mojándole los dedos. Manchando los bóxers. Humedeciendo la sábanas.
Su respiración regresó a la normalidad, lentamente.
La verga todavía estaba hinchada y rojiza, sin señales de querer apaciguarse.
Perturbado, tomó un pañuelo de la mesa de noche, limpiándose las manos, para aventarlo con desdén al suelo.
Ultrajado, deshecho, se retorció de ira, asqueado ante reconocer el poder que tenía ella sobre de él todavía. Solo verla un instante en la subasta, terminó colándose a sus pesadillas.
El ahogado gimoteó, abrazándose a si mismo.
Aún añoraba perder la vida, asfixiado por las olas.
Man, más de un año. Whoa.
I'm a terrible person.
En cuanto tengo la oportunidad, pondré ( y avisaré ) sobre las entradas que me hacen falta del blog, que aún no logro poder subir.
¡Un saludo!
