{ Coin ( Snake ) }

White Claudia


Irguiéndose de la tierra, se sentía mal formado.
La cabeza le daba vueltas y no conseguía hallarse a sí mismo.
Se sentía perdido. Sin rumbo. Sin motivación exacta. Se pasaba caminando sin punto fijo.
Vagaba.

Traía demasiada agua dentro.

Los últimos días se había pasado con un humor de mil perros.
No había paz, solo una enorme incomodidad.

Una enorme inquietud.

Si bien el resto del mundo ignoraba las particularidades de lo que cundía dentro de su mente, tenían una idea. El aire a su alrededor era más hostil que de costumbre. Era más incongruencia que de costumbre.

Así que el resto del mundo simplemente había hecho como que no se había dado cuenta. Continuó entonces con su ritmo, sin quererse fijar de qué sufría. Sospechaba que no era una buena idea reparar en lo que sea que aquello fuera.

Alienado hasta por su propia persona, se la pasó así errante, en disonancia.

Era como ver un zombie en las películas, con la diferencia de que su presencia era más sombría. Y que probablemente lo que iba a joder no eran cerebros.

El sonido de una cantimplora llena de agua simulaba su cabeza. Agua en los oídos.

En disonancia, desdoblado. Flotando en una pecera con piedras de cristal. Aun sintiendo el suave movimiento del mar mezclarse con su propio metabolismo.

Había perdido de nuevo un equilibrio que siempre le había costado horrores mantener. Era como pedirle a un ebrio que caminara sobre la cuerda floja a quince metros del suelo.

Siempre podía intentar dar su mejor perfomance, de igual forma.
Todos sabían de sobra que se iba a matar algún día, de igual forma.

No había comido bien. No había dormido bien.

Vaya, ni siquiera había podido relacionar ideas con claridad.

Solo traía una cosa en el sistema y no era algo que sinceramente tenía ganas de reparar en.

Se sobó los brazos; sudaba frío.

La anhelaba.

Estaba sentado en la cafetería, tratando de fingir que podía con su propia alma. Frente de sí una simple charola blanca con un beagle, un sub y una humeante taza de café, pero no indicios de que tenía apetito alguno. Era un pase de comodidad para estar sentado sin interrupciones en medio de su propia desintoxicación.

O el intento de.

Y luego, aire.

-Te vi en la subasta. -apareció como pop up de computadora frente de sí. La heredera de los Amamiya, con una sonrisa angelical que era muy difícil aguantar en esas condiciones.

-Ah.-

-No sabía que atendías a ese tipo de eventos. - señalizó.

-Sí.-

-Tampoco sabía que estabas interesado en ese rapier. - sonrió.

-Mmm.- la miró por primera vez como si estuviera ahí, demasiado achacado como para dejar pasar el comentario - ¿Por qué el interés en esa cháchara?

-¿Eh?- '¿ Cháchara ? ' –

-La compré por puro capricho. -

-Ah.-

-Luego me di cuenta que fue una estupidez. Y me aburrí de ella. -

-Oh, ya… veo. -

Recargó su mano sobre la mesa de.

- ¿Deseas ir a mi casa a verla? - inquirió. -Nos podemos ver después.

-¿Eh? ¡¿De verdad?!- su rostro se iluminó y Shaoran torció el gesto como si el resplandor le lastimara los ojos.

Asintió.

-Bueno. -suspiró Sakura- ¿Entonces te veo al rato?

-¿Sí por qué no?-

La muchacha sonrió complacida. Se retiró entonces, casi saltando. Shaoran solo la vio alejarse, sin darle mucha importancia.

Escuchó la repentina conmoción de la gente.
Se aglomeraban. Susurraban. Eran como gallinas.

Le tomó figurar qué trascendía, pero solo porque el agua le hacía estragos la mente. Solo había una explicación.

Meiling había regresado.

Se levantó, dejando la mesa y la comida atrás, sin interesarle en lo absoluto, tratando de abrirse paso entre la gente que estaba aguardando su regreso.

Se coló hasta primera fila y la vio llegar, junto con sus guardias, platicando muy amena con ellos.

Yamazaki, sin querer, chocó contra ella.

El resto del cuerpo estudiantil se calló de golpe.

-Yo, lo siento.- se disculpó inmediatamente. Esperando por el veredicto.

-Queremos que le rompas la mano.-ordenó a Aska.

-¡Pero…!-protestó. No pudo terminar porque Lady Aska ya le había roto la mano. Otra vez.

Meiling suspiró.

- Llévalo al hospital.- dijo a Aska, quien acató la orden inmediatamente.-Lo sentimos Yamazaki, ya sabes cómo son las reglas.

El pobre solo se resignó. Suspiró.

-Sí, yo sé. –

-Y dale una canasta de compensación. - Aska entonces se llevó a Yamazaki, con la mirada de los estudiantes sobre de ellos.

Meiling suspiró.

-A veces pensamos que disfruta en particular de que le rompamos la mano. - enarcó una ceja, viendo su figura alejarse.

-A Chiharu no le va a gustar eso. -suspiró Shaoran apareciéndose a su lado, habiéndose deslizado como una víbora hasta allá.

- ¿Por? -

-Esa es la mano que usa. -

- ¿La mano que usa? - se volteó a verle, sospechosa.

Inexpresivo, subió una mano a su línea de visión e hizo el movimiento habitual para masajear el clítoris.

-Ah. - se miró sorprendida por su falta de imaginación, para verse amarga poco después- Qué agradable. Trabajar con Chiharu va a ser un placer entonces.

-¿Y… te divertiste?-se metió las manos a los bolsillos del pantalón.

-Nos divertimos mucho. -sonrió confiada. -Nos enteramos que tú no tanto.

No respondió.
Lo más seguro es que ya supiera todo.

-Trata de que el agua no te asfixie, Xiaolang. –exhaló. - Te necesitamos cuerdos para nuestro siguiente paso.

-Sigues igual de paliducha.-interrumpió.

-No salimos, por las negociaciones. -

Shaoran rodó los ojos.

-¿ Y entonces?-

-Son nuestros.-esbozó una sonrisa perversa.

Shaoran copió el gesto.

-Pronto tendrás a Clef en tus manos.-

Shaoran hizo una reverencia entonces ante la cabeza de su clan, regodeándose de júbilo.

-Lo que quieras es tuyo, Meiling.- besó su mano.

-Lo que queremos es nuestro.-rio.


Fue el suspiro de su pecho, suave, como el exhalar de una botella de perfume que se difumina con el ambiente, el que le sacó de su entumecimiento.

Bueno, eso y el clásico y pestilente aroma de un baño público que parecía ahora una constante para estos encuentros.

No fue difícil encaminarla al baño, con la creencia de la invitación previa a su casa que le había hecho.

Tal y como un juego de Twister, estaba hecho una maraña dentro del pequeño cubículo.

El borde de la entrepierna asegurándose que la asquerosa puerta del baño permaneciera cerrada.
Otra bien puesta para balancearse, cerca del retrete blanco.
Una mano detrás de ella, manteniéndola cerca de él.
Otra mano en su entrepierna.

Y ella retorciéndose.

Con un gemido delicado a su oído.

Ciertamente la locación era menos deplorable que un simple baño de antro de mala muerte, pero no de dejaba de ser algo repugnante.
Los sonidos no ayudaban mucho, tampoco.

Las risas estudiantiles fuera del baño, las pláticas ocasionales de hombres, el sonido de orines salpicando en el mingitorio.

De reojo observó las paredes que los aprisionaban.

Las vulgaridades rayadas en los mosaicos.
Algunas reflexiones baratas, que honestamente esperas más encontrar en medio del vómito en una puerta en un antro. Una calcomanía de autoayuda. Con una paleta de color extraña. Respuestas de un examen de cálculo diferencial e integral en marcatextos amarillo que lastimaba la vista bajo la luz de neón blanca. Algo de mierda embarrada en el borde del retrete.

Sakura olía a bayas silvestres.
Ahí, en el rincón oculto de la intersección de su cuello que parecía una madriguera de conejo con tanto color caramelo de su cabello.

Y sus labios sabían a malteada de fresa.
Lo confirmaba cada que la besaba.
Cada que los mordía sin necesidad de lastimarla.

Escuchó un mojón caer en el agua, en el baño de junto.
Y un gemido adolorido del tipo que lo había cagado.

Escuchó las risas de algunos, en el fondo del baño hacer eco. Frente a los mingitorios con hielo amarillo, junto a los espejos salpicados.

No tardó el aroma a mierda a inundarle las narinas y envolverlos a ambos.

Decidió apropiarse de ese rincón oculto que olía a humedad de bosque y a frutas silvestres, mientras luchaba con finalmente deslizar por completo sus bragas suaves de algodón con encaje en los bordes.

Ella se ahogaba.
Tomaba bocanadas de aire estrepitosas, junto de su oído, dónde su colonia era un placebo para el vomitivo y tóxico olor a cagada que hacía le ardieran los ojos.

Empezó a besar su cuello. A besarlo. A morderlo suavemente.
Juguetonamente.

Resopló cuando logró bajarle las bragas debajo de los muslos.

Ella respingó cuando sintió los dedos palpar por primera vez su pubis.

Shaoran sintió un placer perverso al darse cuenta que no tenía vello púbico.
¿Natural? ¿Rasurada?

No lo podía saber de momento.
Pero a estas alturas, era los de menos.

Pasó rápidamente la yema del dedo medio por los labios mayores.
Sakura se retorció, intentando alejarse de su agarre.

La presionó contra la pared, con fuerza, asustando al que cagaba del otro lado, para que no pudiera hacerlo.
Había algo delicioso en sentir su cuerpo temblar ante el primer contacto de otra persona.

Pasó varias veces la yema por ahí, sintiendo la tensión crecer en ella, paulatinamente.
No era de placer.

Era de miedo.

Sin embargo, su cuerpo reaccionaba por default.
Ese dedo empezaba a recibir los jugos de su vagina que se había emocionado demasiado ante su toque.

Se aventuró más, esta vez abrió los labios mayores para acariciar directamente su vagina y jugar con su clítoris.
Sakura se dobló súbitamente, agarrándose de él . Presionando sus dedos en la ropa fuertemente.
Le gimió al oído. Había miedo en ese sonido.

Se dio su tiempo ahí, presionando el dedo ligeramente en la orilla de su vagina, entreteniéndose con los ruidos de incomodidad y pánico por acercarse a su clítoris y jugar con él sin contemplación alguna.

Ella temblaba, se deshacía en su agarre, como también le rehuía de forma constante. Como sí la pared tras de sí fuera a hacerle más espacio para poder alejarse finalmente de él.

Con los sonidos evidentes, con esos gemidos de perra en celo, era más que obvio que el resto se diera cuenta. Que el que cagaba fétidamente se diera cuenta. Que los que bromeaban y meaban al mismo tiempo se dieran cuenta.

Había un cabrón montándoselo con una chica, que gemía lo suficientemente rico como para ampollarte la verga a pajas.

El de los mojones como troncos se limpió el culo, saliendo sin jalarle, como si el baño estuviese poseído. Los que bromeaban se quedaban viendo a el baño en uso, a cómo temblaba cuando la chica gemía. Más de uno pudo ver las bragas que se habían deslizado lo bastante como para verlas por debajo de la puerta del baño, pero no como para que dieran al suelo.

Eran rosas, bonitas. Con encajes y listones.

A más de uno les goteaba la verga por los sonidos.

Shaoran deslizó la mano que tenía bajo ella, por uno de los botones de su vestido, acariciando un seno por debajo del sostén que parecía tener listones.
Eran grandes. No enormes ni algo como para volverse loco, pero era agradable sentir la mano llena de carne suave y tibia.
Tiró del pezón, pequeño, que para su mala suerte, no era invertido.

Sakura respiraba en espasmos breves. Cómo si la combinación de miedo se estuviera haciendo migas con el placer y ambos decidieran joderla desde diferentes ángulos al mismo tiempo.

Shaoran rio.
Tenía la mano completamente mojada, los dedos cercanos a hacérsele como pasas, pero Sakura aún trataba de cerrar las piernas para negarle paso.

Consideró que estaba listo ya para el plato principal.

Lentamente, tortuosamente lento, empezó a deslizar el dedo dentro.

Entonces Sakura se puso tan histérica como una gallina con un zorro en el corral.

Trató de alejarlo ávidamente de ella. Utilizaba sus manos delgadas contra sus hombros con todas sus fuerzas enclenques para evitar que continuara.

Tenía un rato que Shaoran no escuchaba ' no 's tan dulces al oído.
Tan cargados de los estragos de sexo y tan llenos de desesperación.
De miedo.

La piel temblaba más.
Podía sentirla sudar frío.

Seguía adentrando el dedo.

-No.-susurró ella, lastimosamente. Dolorosamente.

Fue lo suficientemente audible para que los de afuera no necesitasen de pegar el oído a la puerta. Demasiado claro para empezar a respirar pesadamente y que los labios se secaran.

La verga de Shaoran estaba más que lista, golpeando contra el bóxer y curvando la parte de enfrente de sus pantalones.

Aprovechó la oportunidad, mientras Sakura se mostraba más renuente.
Empezó a sobarse, masturbarse, contra su pierna. Lentamente.

La sintió temblar y volverse a intentar alejarse de él.

Se rio.

Metió el dedo lo suficientemente profundo. Y lo encontró.

-No.-volvió a pedir ella en un jadeo, pidiendo clemencia con el solo tono de su voz.

Claro, nadie quería perder su valiosa y ridícula virginidad por que le metieran el dedo.
Se imaginaba que tenía menos de atractivo esa mera idea, si era en un asqueroso baño de hombres con aroma a mierda pestilente.

Acarició la membrana suavemente, sorprendiéndose por enésima vez de cuan delgada y delicada era semejante cosa.

Esa que cedía tan fácil con una sola embestida y ya no importaba más.
Ni él ni ella.

No iría a ser difícil. Sí tan solo metiese el dedo de golpe…
Podría sentir la sangre que siempre la manchaba la verga, tibia , deslizarle por las manos.

Continuó besando el cuello de Sakura, esta vez más violento.
Mordiendo y dejando marcas visibles por todas partes.

Ella seguía tratando de quitárselo de encima, pero sus desesperados intentos eran lánguidos, y si Shaoran tocaba un punto en específico que le gustase, se arqueaba y gemía.

Él continuó tocando suavemente el himen, regodeándose de tener tanto poder en la mano.

Sacó el seno con el que había jugado. Se despegó del cuello por primera vez en toda la sesión. Pudo observar el rostro de Sakura un momento antes de continuar. Estaba sonrojada. Saliva escurriéndole por los labios. Con los ojos llorosos. Abrumada con las sensaciones.
Ahogándose.

Lamió entonces el pezón, pequeño y rosado, erecto por los abusos a este previos. Sakura hizo un sonido como el de un ratón atrapado contra la pared por un gato.

Pasó la lengua resbaladiza y caliente varias veces. Mordisqueó la protuberancia otras más. Sakura se erizó, pidiéndole que no lo hiciera. Una vez satisfecho con su asedio se prendió de él, mamando a su antojo.

Sakura dejó salir un grito particularmente alto.

Alguien lo suficientemente inteligente entró al último baño, bajo la mirada atónita del resto, a pajearse cómodamente dentro del cubículo.

Y no iba a ser el único.
Con la mano libre, y con su boca en algo más productivo como morder la carne del pecho, se sacó la verga. Primero del pantalón a través de la bragueta y luego del bóxer que ya estaba húmedo.

Entonces, reanudó su masturbación contra las piernas y cadera de Sakura, dándose el lujo de sentir con el glande la textura de su ropa y mojarla con su líquido pre-seminal. Usando la tela como agarre para que el prepucio se detuviera, para sacarla y meterla.

Con ello, empezó a hacer lo que quería hacer con Sakura desde el principio.

Tocó las paredes internas, sobándolas.

Sakura respingó con aquello que no sabía qué estaba ocurriendo.

A sabiendas de a que altura estaba más o menos el himen, empezó a meter y sacar el dedo dentro de la aún virginal vagina de Sakura, haciendo fingerbang.

Por más tentadora que la idea de desvirgar a la heredera de los Amamiya con el dedo medio de su mano derecha fuese, sin contar las connotaciones, prefería que la cabeza de su verga se llevara ese honor.

Podría encontrar a otra virgen e intentarlo, pero no a Sakura.
En ella se iba a correr en los más profundo que pudiese, de preferencia con la entrada de su útero dilatada y con la sangre del himen roto manchándole el miembro henchido de placer.

Utilizó el pulgar para masturbarle el clítoris mientras seguía metiendo y sacando el dedo.
Las paredes del baño temblaban con cada arremetida de su cadera sobre el vestido de Sakura.

Ella estaba demasiado vocalizadora de las maravillas que hacían las manos de Shaoran en su vagina. El miedo que le había carcomido en toda la sesión por su virginidad, disolviéndose entre las embestidas de Shaoran con sus dedos y su abuso desmedido a un clítoris que iba a estar hinchado e hipersensible en los próximos días, como para erizarse con el simple movimiento de la tela de las bragas contra este.

Shaoran, sin embargo, estaba sorprendentemente más excitado que ella.
Como siempre, el prospecto de hacer u deshacer con una virgen le ponía la polla dura y con ansias de penetrar lo que estuviera a su alcance.

Con Kinomoto llenando decentemente sus anhelos, apresuró el ritmo de su cadera. Las paredes se sacudían estrepitosamente.

Los de afuera solo podían imaginarse. Un confín apretado y justo, como un guante, tibio y húmedo, engulléndoles la verga, deseoso.

Sakura tembló, en cuanto sintió el pulgar de Shaoran apretando más contra el clítoris.
Shaoran, viendo su respuesta, a algo tan simple como una reacción honesta ante la primera vez que tocaban esa parte, se corrió sobre el vestido, empujando la cadera a cada que el semen salía de la uretra, imaginándose cuan delicioso iba a ser venirse dentro de ella.

Sakura pudo sentir el líquido caliente y a Shaoran, empujar sus caderas como si se corriera dentro de un cuerpo cualquiera. Escuchó el gruñido que hacía cuando alcanzaba el clímax. Bajo. Deseoso. Como el de un animal.

Ella seguía sin alcanzar su orgasmo. Y se encontraba cerca y algo impaciente.
Shaoran que había terminado , y de limpiarse la polla con el vestido y meterla de nuevo dentro de sus pantalones, tenía ahora la mano libre para torturarle a gusto.

Se concentró en la mano que la penetraba a solo penetrarle y con la otra se hizo de su clítoris.
Lo trató rudamente.

Sakura gritó cuando sintió que Shaoran lo apretaba.

Los de afuera escucharon que el tipo que se masturbaba se había corrido con eso.

Sakura trató de alejarse de Shaoran, pero, de nuevo, se lo impidió. Sin que su propio placer se interpusiera ahora, empezó a morderle el seno y a pellizcarle el clítoris. Pellizcos que iba en aumento en cuanto intensidad.

El interior de Sakura estaba sufriendo espasmos.

Shaoran encontró aquello tremendamente adorable.
El interior de Sakura quería ordeñar lo que fuese, no importaba que fuera su dedo.

Sakura gemía y gritaba, y se removía, y quería correrse.

Necesitaba correrse.

Shaoran apretó repentinamente la protuberancia sensible, sin mucha piedad.
Sakura se corrió entonces, tratando de tragarse el dedo de Shaoran, entre lágrimas y lloriqueos.
Ahogándose.

Alguien escuchó al tipo que se masturbaba correrse de nuevo.

Shaoran la vio deshecha, con marcas en el cuello como si fueran golpes. Con marcas de dientes en el pecho que se estaban tornando moradas. Con los ojos llorosos y la actitud cansada.
Con las bragas en los tobillos.

Con él que tenía la mano húmeda de que se había corrido en ella.

Se rio, para luego dejarse caer sobre ella, fatigado.

Mientras respiraba el perfume de bayas mezcladas con el aroma a sexo, pensaba en que le iba a robar las bragas. En que la haría pasar todo el día sin bragas.
Y en su venida, a la vista de todos, en la cadera de su vestido.

Contra su pecho, bajando de la euforia, el agua salía lentamente de sus oídos.


¡Hola !
¡Muchas gracias por su apoyo!

¡Por favor, no dejen de pasarse por el blog para los datos detrás de los capítulos!

Aunque en este momento, el de este capítulo no está.

Pero, he aquí algo de info mientras tanto.

Meiling, como es la cabeza de su clan, usa el plural mayestático.
Eso significa usar el 'nos' en vez de 'yo', porque ella por mano de Dios , ejerce.

¡Un saludo !