NARRA RACHEL
30 de Agosto
Riviera Italiana
El sol italiano brillando sobre la villa de Porto Santo Stefano me puso cálida y aunque la vista de las islas rocosas en la pequeña cubierta era impresionante, no quería abrir los ojos y verla, estaba demasiado cómoda y adormilada, demasiado perfectamente contenta para siquiera pensar en algo además de permitirme esta paz que por fin habíamos encontrado. Increíble la diferencia que podía hacer una semana.
Quinn y yo estábamos en un lugar perfecto en ese momento… donde no teníamos que entrar en pánico por lo que necesitamos hacer, o las cosas malas que nos podían pasar, o estar conmocionadas por las cosas que ya nos habían pasado.
Sí, mi vida no se podía comparar con la que había sido hace solo cuatro meses, pero entonces otra vez, estaba felizmente enamorada de mi nueva esposa y, después del choque inicial de saber que íbamos a ser madres, estaba enamorada de esa idea también. Alcancé mi barriga y la froté gentilmente. Tendríamos un durazno por dos días más, ¿después de eso? Estaríamos en el territorio del limón. No tendría mi próxima cita con el Dr. Burnsley hasta el próximo mes, y aunque en la ecografía podría mostrarnos el sexo del bebé ya mismo, estaba determinada a no saberlo. Quería ser sorprendida, y nadie me haría cambiar de opinión. Le dije a Quinn que podría averiguarlo si quería, pero que sería mejor que se guardara el conocimiento para sí misma. Ella solo me había dado una mirada desconcertada que probablemente significaba algo como, Te amo pero ahora mismo me estás asustando, nena, y había cambiado de tema. Qué mujer. Pero era mí mujer, y eso era lo más importante. Ambas íbamos a pasar por el proceso aterrador de convertirnos en madres juntas.
Entonces ahí estaba yo, tomando el sol en una playa privada italiana en una exclusiva villa, esperando a que mi mujer me trajera una bebida fría cuando terminara de nadar. Nada mal, Señora Fabray. Aún me costaba creer que el nombre era real, la parte de Señora Fabray era algo que Quinn se tomaba a pecho porque sin duda lo decía mucho.
Miré hacia mi anillo de bodas y lo giré alrededor de mi dedo. Estoy casada ahora. Con Quinn. Vamos a tener un bebe a finales de febrero. Me preguntaba cuándo, y si la incredibilidad nunca desaparecería.
Giré mi cabeza hacia el otro lado, reajustándome en mi lado, volviendo a cerrar los ojos, preparada para tomar más del glorioso sol italiano, tan abundante aquí, y tan escaso donde vivíamos. El otoño estaba a la vuelta de la esquina, y los días tristes del invierno Londinense llegarían rápido. El tiempo para disfrutar el sol maravilloso era ahora, así que eso era lo que hacía.
Dejé mi mente vagar, yendo a un lugar donde todo era fácil y maravilloso e intentando dejar las otras cosas no tan fáciles y maravillosas lejos, en sus respectivas estanterías, encerradas en un armario espeluznante que odiaba abrir. Aquel donde ponía a descansar todas las cosas malas para que se empolvaran por un tiempo: las preocupaciones acerca de los arrepentimientos de la vida, las pérdidas y el dolor, las desesperantemente pobres decisiones que tomé y sus consecuencias.
Gotas heladas cayeron a mi hombro, sacándome de mi adormilado estado en la playa. Quinn debía haber vuelto con mi bebida. Abrí un ojo y la vi, estaba bloqueando el sol de mi cuerpo, sin apreciar el saludo impactante, y asimilando su expresión severa. Dios, era una mujer hermosa de piel dorada, curvas increíbles, pecho firme, un buen culo y líneas duras de musculo. Podría mirarla por años y nunca estar satisfecha con la vista. Y la completa indiferencia a lo que otros pudieran pensar de ella, hacía la combinación más atractiva. Quinn no era una niña bonita que obtenía satisfacción de las aduladoras admiradoras. Las que estaban malditamente en todas partes. Y no solo mujeres. Muchos hombres admiraban a mi esposa también. Ella era consciente de todo.
— ¿Qué me trajiste? — Murmuré.
Ignoró mi pregunta y me entregó una botella de agua fría.
—Es hora más bloqueador, te estás poniendo un poco rosa.
—Solo dices eso para que puedas recorrer tus manos por todo mi cuerpo — le contesté.
Se sentó en la toalla junto a mí y alzó una ceja.
—Estás malditamente en lo cierto, mi bella.
Bebí un poco de agua y cerré los ojos mientras ella aplicaba bloqueador por todos mis hombros y brazos, saboreando el contacto de sus manos por mi cuerpo. Sus manos. Su toque. La sensación de las manos de Quinn en mí todavía me dejaba débil. No era de extrañar que fuera incapaz de resistirme a ella cuando me persiguió al principio. Había sido así desde la primera vez para mí… con Quinn. Su mirada abrasadora en mí a través de la sala, esa noche en la Galería Andersen, la coacción en la calle para que aceptara un viaje a casa de una virtual extraña, la manera en la que me dirigió con una mano firme en mi espalda hacia su Rover, y la demanda de que debería consumir el agua y la comida que me había comprado, aquel primer beso demandante en el pasillo del Edificio Shire, la manera en la que se otorgó el derecho de tocarme como si le correspondiese, sin disculpas por sobrepasar los límites sociales. Esa era la manera en la que Quinn siempre había sido conmigo.
El "reclamo" de Quinn sobre mí, ocurrió de una manera que entendí desde el principio, incluso si parecía ridículo e increíble que aquella mujer me persiguiera a mí personalmente, y siguió teniendo sentido cuando acepté mi destino con Lucy Quinn Fabray. Ella tenía una manera de marcar su territorio conmigo, cada vez que me tocaba se sentía como el cielo.
—Eso se siente tan bien.
Habló bajo su aliento:
—Estoy de acuerdo, ahora date la vuelta.
Me di la vuelta para ella y tapé mi rostro del sol con el brazo. Ella trabajó con el bloqueador cuidadosamente, asegurándose de cubrir muy bien cada área. Cuando llegó a mi pecho, sumergió los dedos debajo del sujetador de mi bañador y rozó mis pezones sensibles, una y otra vez hasta que se levantaron y endurecieron, haciéndome estremecerme por más.
— ¿Ahora estás tomando ventaja de mí bajo la vista pública? — Pregunté.
—Para nada — respondió, deslizándose sobre mi toalla para besarme —, estoy tomando ventaja de ti en una playa muy privada, donde nadie puede molestarnos.
Movió sus manos para quitarme las tiras de mi top. Cayó abierto y su gloriosa barbilla rozó la zona alrededor de mi pezón cuando lo probó. Hubo una chispa interna fuerte ante su primer toque; gracias al embarazo con seguridad. Mis pezones se sintieron diferentes cuando ella empezó, pero después de que esa primera sacudida se desvaneció, que me chupara y me mordisqueara se sentía igual de bien que siempre. Corrí mis manos por su cabello mientras ella llovía besos por mis pechos, amando sus atenciones.
—Solo para que lo sepas, Fabray, no va a haber nada de sexo en esta playa ahora mismo.
—Aww, nena, me acabas de despedazar. Estaba planeando tener un caliente polvo en la playa contigo por toda la luna de miel.
—Bien, si tienes alguna oportunidad mejor inténtalo después de que se oculte el sol. Estamos a mitad del día y estamos afuera, donde cualquiera puede vernos. Y no voy a ponernos para el consumo público. ¿No has visto esos shows donde esconden cámaras que filman sexo en las playas?
Ella rodó los ojos y sacudió la cabeza.
—Pero si no hay ni un alma por aquí en kilómetros. Solo la arena y el mar… y dos almas. — Dijo meneando las cejas.
—Estás completamente loca, ¿lo sabías? — Tiré de su barbilla y la besé en los labios.
Se rio de mí, viendo cómo me acomodaba las tiras del bañador y me cubría nuevamente.
—Estás completamente hermosa hasta la locura, acostada en esa toalla con tu bikini. Estoy bastante segura de que debería ser ilegal que uses eso.
Le sonreí por la frase, esperando que sea de verdad y llevé mi mano hacia mi estómago.
—Muy pronto, no voy a querer utilizar un bañador.
Cubrió mi mano con la suya.
—Pero eres perfectamente hermosa así. Incluso melocotón lo piensa. — Le habló a mi estómago —. ¿Melocotón? Mamá aquí. Dile a mami cuán hermosa se ve con su bikini, ¿de acuerdo?
Me reí por cuán adorable y dulce estaba siendo, amándola incluso más que antes, si eso era siquiera posible.
Puso una oreja contra mi estómago e hizo una pausa como si estuviese escuchando, asintiendo con la cabeza algunas veces en acuerdo.
—Bien. Melocotón está de acuerdo de que te ves hermosa, y tengo que decir como persona de autoridad, que argumentar contra un bebé que no ha nacido es completamente inútil.
Suspiré de felicidad.
—Te amo, loca esposa.
—Te amo, hermosa esposa — dijo con una mueca maliciosa —, pero aún creo que deberíamos tener sexo en la playa al menos una vez antes de dejar este lugar.
—Oh Dios mío, solo puedes pensar en eso. — Negué con la cabeza lentamente, una y otra vez —. Tenemos que encontrarte un pasatiempo.
Echó la cabeza hacia atrás y se rio.
—Nena, mi pasatiempo es follarte, en caso de que no te hayas dado cuenta aún.
Le hice cosquillas en las costillas.
—Creo que deberías tomar jardinería, o quizás caza, o algo.
Ella atrapó mi mano fácilmente y bloqueó mi estrategia de las cosquillas.
—Jugaría en tu jardín en cualquier momento — murmuró entre suaves y rápidos besos en mis labios —, cazaría tu ave, también.
Me acurruqué contra ella y puse mi cara en la parte superior de sus pechos, respirando su esencia, lo suficientemente cerca para sentir las cosquillas de las sensaciones esparcidas allí.
—Me haces muy feliz, Quinn.
Mis palabras le hicieron algo, porque nunca la había visto moverse tan rápido.
Quinn me sacó fuera de la toalla y me dijo:
—Pon tus piernas a mí alrededor.
Lo hice mientras preguntaba y me ajusté a su cintura, cruzando mis tobillos en su espalda.
Nos besamos todo el tiempo mientras nos sacaba de la playa, como si nuestros cuerpos dependieran de ello para sustentarse. La fuerza de Quinn siempre me dejaba sin aliento, y tenerla cargándome en brazos de vuelta a la villa, tuvo el mismo resultado. Sin aliento y muy encendida. Otra vez.
Las siguientes horas las pasamos enredadas en cama, donde ella me hizo el amor, lentamente y sin prisa…
— ¿Qué quieres de cenar? ¿Debería cocinar?
—Nop — respondió.
—Realmente no me molesta, Quinn. Es agradable estar en la cocina y además todo está disponible.
Quinn jugó con mi cabello, pasando sus dedos por los mechones una y otra vez. Le gustaba hacerlo. Parecía ser una tarea sin sentido, algo que hacía cuando estábamos despiertas en la cama juntas, pero yo sentía que significaba mucho más para ella. Calma. Parecía como si la calmara, y era una manera de tocarme sin ser sexual. Quinn adoraba tocarme todo el tiempo, sexualmente o no.
—Tienes hambre.
Asentí contra su mano en mi cuero cabelludo.
—Mi apetito está de vuelta, necesito comida para hacer crecer a este niño que hicimos. Y postre. — Le hice cosquillas en las costillas para que se moviera.
—Tan luchadora… e impaciente — dijo en broma —. Estoy bastante lejos de ser tan estúpida como para negarle comida a una mujer embarazada…
—No olvides el postre — le recordé, con otra ronda de cosquillas, que ella controló fácilmente.
—Te estoy llevando fuera esta noche. No quiero que cocines. Y… por supuesto, debe haber un decadente postre para mi chica.
—Aww, gracias, cariño, eres tan buena conmigo. — Le ofrecí mis labios para un beso.
Sin embargo no me besó, en su lugar, sus ojos adquirieron un brillo que solo podía describirse como perverso, cuando sentí que su mano me daba una palmada juguetona en el trasero.
—Será mejor que muevas tu precioso coño a la ducha antes de que decida tenerlo de nuevo.
Me bajé de la cama, pero antes de dejarla allí, me incliné sobre mi amada pero controladora esposa, en toda su magnífica feminidad, y coloqué un dedo en medio de sus pechos manteniéndola echada. Le di la mirada más apasionada que pude reunir, agarré mis senos y empecé a dibujar sobre los pezones lentamente con pequeños giros en las puntas. Lamí mis labios exageradamente, usando mi lengua para contornearla por el borde de mi boca.
Ella estaba completamente hipnotizada por todo, y tan quieta, ni siquiera parecía estar respirando mientras miraba mi pequeño show sexual, baile de regazo. Puse nuevamente mi dedo en uno de sus pechos antes de comenzar a dibujar un camino hacia abajo con mi uña, muy suavemente, sobre sus abdominales, su estómago, entre su musculosa V y directamente sobre la base de su polla.
Su torso se puso rígido y se flexionó mientras la arañaba, probándola sin piedad. Quinn era mi esbirro sexual en ese momento y ambas los sabíamos. No pude resistirme a lo que hice después.
Le guiñé.
—Yo gano — susurré, antes de dirigirme a la ducha.
Me alcanzó, por supuesto, haciéndome cosquillas, haciéndome reír mientras nos lavamos para nuestra cena, pero no antes de pagarme lo que le hice en la cama.
Con orgasmos.
—Alguien está disfrutando su cena esta noche. — Quinn me miró comer con una sonrisa plasmada en su hermoso rostro.
Gemí ante el sabor de la pasta deliciosa en mi boca.
—Oh Dios, oh Dios, este es el ziti horneado más delicioso que he probado en mi vida. Desearía hacerlo de esta manera.
—A lo mejor puedas. Toma una foto con tu móvil para que puedas recordar algo sobre cómo prepararlo.
—Es una gran idea, ¿por qué no lo pensé antes? —Alcancé mi bolso.
El brillo de su mirada se convirtió en uno de burla.
—Probablemente porque estás muy ocupada atiborrándote.
Le golpeé en el pie debajo de la mesa.
—Idiota.
—Solo estaba bromeando — gruñó —. Estoy agradecida de que ya seas capaz de comer. Estaba preocupada sobre tu pérdida de peso, pero ahora es una cosa menos sobre qué preocuparme.
Le lancé un beso en el aire.
—Número uno, me desgastaste más temprano; número dos, creo que mi cuerpo está poniéndose al día por el tiempo que no podía mantener nada. Si me permito siempre estar con este apetito, vas a descubrir que tienes una Gorgona irritable como esposa en tus manos. — Hice una cara —. Créeme, no quieres que pase.
El ziti estaba bien para mí, pero mayormente era el hecho de que ahora podía comer y no sentirme enferma inmediatamente. Nuestro bebé estaba definitivamente haciendo saber su presencia a pesar de ser tan pequeño o pequeña, y la comida era lo que hacía que todo funcionara.
Ella puso abajo el cuchillo y el tenedor, y encontró sus ojos con los míos.
—Bien, primero, amé desgastarte más temprano; segundo, amo verte disfrutando la comida otra vez. No soy estúpida. Cuando mi chica dice que necesita comer, entonces malditamente comerá bien. — Tomó un sorbo de su copa de vino —. Y tercero, eres una Gorgona hermosa como el infierno, incluso cuando estás asustando la mierda de mí.
— ¿Soy tan aterradora ahora, Quinn? Puedes ser honesta. — Sabía que mis subidas y bajadas emocionales tendían a asustarla, pero el embarazo había sido duro para mí también, y me preocupaba los cambios que me habían ocasionado. No podía controlarlos, y sin embargo, no quería ser la esposa loca y hormonal que la hacía desear sus días de soltera.
—Nunca. — Cogió mi mano libre y besó la palma, sus ojos sonriéndome con amor —. Lo que de verdad sería terrorífico es no estar con mi hermosa Gorgona y nuestro pequeño melocotón.
—Te amo. — Me las arreglé para decir las palabras sin ponerme a llorar, pero no tomaría mucho. Quinn podía ponerme emocional solo mirándome.
—Te amo más — dijo suavemente, alcanzando su vino y tomando un sorbo saludable —. Y creía que era evidente por el hecho de que te permití traernos aquí esta noche. — Se terminó su copa de vino en un solo sorbo —. Aún estoy reponiéndome del paseo de los nudillos blancos.
— ¿Estás tratando de tomarme el pelo, como dicen ustedes los Británicos, con todos los comentarios y con el vino porque sabes que no puedo tenerlo?
Abrió la boca con sorpresa al principio y luego la convirtió en una sonrisa de un millón de dólares que tanto me deslumbraba.
— ¿Crees que estoy tratando de tomarte el pelo a propósito, nena?
No dije nada, solo me senté en mi asiento y la estudié a fondo; la camisa verde casual resaltando sus ojos, el simple pantalón de lino que resaltaba las poderosas piernas debajo, el Rolex y su anillo de boda, los únicos accesorios que utilizaba. Quinn no necesitaba accesorios, ya que su rostro y cuerpo eran más que suficientes. Mi esposa era una mujer preciosa. No era lo suficientemente estúpida para creer que esa característica remarcable no me causaría preocupaciones en el curso de nuestra vida juntas. Otras mujeres y apuesto que hombres también intentarían atraparla y me volvería loca cuando lo intentaran.
—He descubierto que amo hacerte bromas — dijo finalmente, la manera en la que barrió sus ojos por mi cuerpo me dijo que la reacción que me produjo la encendió un poco.
— ¿Qué hace por ti? — Pregunté en un susurro, mi cuerpo tensándose en preparación por lo que podría decir.
—Me pone dura cuando tus ojos empiezan a parpadear y te pones luchadora conmigo. — Sus ojos llamearon y su voz se redujo —. Solo puedo pensar en una cosa, Rachel. — Con su dedo alcanzó mi dedo anular y empezó a acariciarlo, enviando un hormigueo por mí brazo —. ¿Quieres saber qué es?
—Sí.
—Cuánto tiempo pasará antes de que estemos follando otra vez y te extiendas debajo de mí cuando estés a punto de venirte.
De acuerdo, así que la encendió mucho.
Cerré mis ojos y suprimí el escalofrió de deseo que pasó por todo mi cuerpo para terminar en la piscina entre mis piernas. El vaso italiano lleno de agua frente a mí se secó de un solo trago, y no me preocupé ni un poco por no tener ningún postre después de la cena.
¿Por qué en el mundo acepté salir esta noche?
Me aclaré la garganta e intenté sacudirme de la onda de calor que Quinn estaba emanando, intentando volver a la conversación que teníamos antes.
—Entonces, estabas aludiendo mi forma de conducir hace un minuto…
Cogió mi mano y frotó su pulgar sobre mis nudillos, sus ojos diciéndome que volvería buenos sus malvados pensamientos tan pronto como volviéramos a la villa.
— ¿Sí, mi bella?
—Yo… yo no conduje tan mal. — Incliné la cabeza —. ¿Lo hice? — Quinn consintió mi pedido de conducir otra vez. Estábamos en Italia, donde conducían en la parte derecha de la carretera y tenía la suficiente confianza para hacerlo aquí. Mi licencia de conducir de California aún era válida y no quería olvidar cómo conducir. Durante los cuatro años que había vivido en Londres no había tenido un auto o conducido por mí misma, mayormente debido al asunto de conducir a la izquierda. Era demasiado aterrador para intentarlo, y realmente, no necesario con el excelente transporte público de la ciudad. Así que nunca tuve la necesidad de conducir en Inglaterra. Además teníamos un precioso convertible BMW 650 color azul medianoche rentado… y planeaba utilizarlo.
—Pues no, no eres realmente mala en nada… — evadió —. Es solo que conducir a la derecha no es ni de cerca mi zona de confort. Y por supuesto no quiero que salgas herida. Siento más alivio contigo en un vehículo más grande, con mejores medidas de seguridad.
—No creo que alguna vez vaya a conducir en la ciudad. En serio, no creo que esté cómoda conduciendo por mí misma en Londres aunque viva allí por el resto de mi vida.
Ella me sonrió pensativamente, el verde de sus ojos oscureciéndose hasta convertirse en un profundo verde.
—Vas a vivir conmigo por el resto de tu vida, por lo que no tendrás que preocuparte mientras estemos juntas. Y no tienes que preocuparte por conducir en Londres tampoco, ya que es una maldita pesadilla, y no quiero que lo hagas. Me tienes a mí para llevarte. — Atrajo mi mano hasta sus labios y presionó otro beso seductor en mi palma —. Ya lo sabes… si quieres conducir, puedo hacer que ocurra…
El mesero que nos había servido la cena nos interrumpió justo en ese momento, con un regalo de otra mesa. Una botella de vino. Una botella muy cara de Biondi Santi, la que tristemente no podría beber en mucho tiempo. Ambas miramos en la dirección donde el mesero señaló a un hombre que me parecía vagamente familiar. Alto, piel bronceada y muy guapo, él se movió con la elegancia de alguien que usaba su cuerpo como solo un atleta podría, todos los movimientos calculados con precisión, con un aire inequívocamente lleno de confianza que exudaba a cada paso que daba hacia nuestra mesa.
—Bueno, hola a ti también. — Quinn lo saludó, mostrándole la botella —. Y gracias por esto, muy bien hecho. — Los dos se sacudieron las manos enérgicamente.
—Con mucho gusto — respondió él, en un sofisticado acento Británico mezclado con diversión.
Quinn hizo las presentaciones.
—Dillon, mi esposa Rachel. Y este amigo de aquí, cariño, es Dillon Carrington.
—Qué tal, Rachel. Encantado de conocerte en persona. Solo había visto fotos de ti en las páginas de chismes. — Extendió la mano y yo le ofrecí la mía. Había algo muy familiar acerca de Dillon Carrington, pero no podía decir qué era, incluso aunque era obvio que él y Quinn eran muy cercanos.
—Encantada de conocerte también, Dillon. Gracias por el vino. Estoy segura de que estará delicioso, pero siento que te he visto en algún otro lugar. ¿Nos hemos conocido antes?
Dillon sacudió la cabeza, riendo.
—No, nunca. Estoy seguro que recordaría conocerte, Rachel.
— ¿Quinn? — La miré por ayuda, pero aparentemente estaba teniendo mucha diversión a mi costa porque ella solo me guiñó un ojo.
—Sabes, Dillon, es gracioso porque Rachel y yo estábamos hablando acerca de enseñarle a conducir como en Londres, siendo ella una yanqui de nacimiento.
—Ahhh, eso es montones de diversión. Una diestra aprendiendo a conducir con la izquierda. ¿Quieres pedirme mi traje de accidentes, colega? — Le preguntó Dillon.
¿Traje de accidentes? No sabía quién era ese tipo, pero definitivamente debía conocerlo, especialmente ya que él sabía quién era yo. En serio necesitaba prestar más atención a las páginas de chismes. Quinn conocía montones de personas famosas, y nuestro compromiso y boda estuvieron por toda la prensa Británica.
— ¿Te gustaría unírtenos? ¿Estás solo esta noche? — Ofreció Quinn con cortesía.
—No, gracias. No quiero interrumpirlos, pero te vi cuando llegué y quise decir hola, y por supuesto darte mis felicitaciones. Estoy encontrándome con alguien en un minuto, en realidad.
—Ahh claro, bueno, me alegra que lo hicieras. Te extrañamos en la boda, pero sé que estabas muy ocupado ese día.
Dillon se rió por el comentario.
—Sí, un poco. Me tuvieron conduciendo en círculos todo el fin de semana. Vine aquí por un poco de diversión en cuanto pude.
—Felicidades por tu triunfo. Observé los artículos más destacados y la rompiste. Una presentación extraordinaria. — Podía decir que Quinn estaba muy impresionada con lo que sea que Dillon haya ganado.
—Gracias. Por el patrocinio, también. Espero que hayas recibido los regalos firmados que te envié.
—En serio, es un dinero muy bien gastado en todo aspecto. Ver el logo de Fabray en el número ochenta y uno fue un momento definitivo para mí. De verdad.
Hice una conjetura e interrumpí:
— ¿Eres un corredor de autos, Dillon?
—Hago carreras, sí. — Inclinó la cabeza —. Puedo imaginarte conduciendo por la izquierda en poco tiempo, Rachel — respondió, con una sonrisa encantadora y un brillo iluminó sus ojos mientras se burlaba de mí —. Solo tienes que decir la palabra si quieres una lección de conducir.
—Una probabilidad bastante gorda de que pase, Dillon. Creo que yo haré los honores de enseñarle a mi esposa a conducir al estilo Británico, muchas gracias.
—Bien, veremos cómo de bien resultas con tus lecciones para octubre, donde nos encontraremos de nuevo para la boda de Sam y Kitty, porque estaré mirándote Rachel — retó Dillon, con un guiño en mi dirección.
—Oh, ¿vas a estar allí? — Le pregunté.
—Estaré. — Dio un lento asentimiento —. Sam y yo nos conocimos en nuestros días de escuela. Al hermano de Kitty, Ian, también. Grandes amigos míos. — Dillon miró sobre su hombro en dirección a su mesa —. Mi invitada está aquí, así que debería irme y dejarlos a ustedes dos en paz. Fue encantador conocerte finalmente, Rachel. — Bajó su cabeza hacia mí —. Y tú, Fabray, lo has hecho muy bien, bastarda con suerte. — Sacudió la cabeza con una sonrisa malvada.
—Astuto como siempre, Carrington. Gracias otra vez por el vino, nos veremos en Escocia muy pronto.
Dillon nos dio un gesto de despedida y volvió a su mesa, su aspecto llamativo atrayendo la atención de otros clientes en el restaurante mientras él saludaba a su cita, una exótica morena de largas piernas con obvias mejoras de silicona, mirándonos intensamente, probablemente molesta porque habíamos monopolizado a su novio.
—Parece agradable — dije —. Es muy famoso ¿verdad?
—Ah, sí, ligeramente. Te ofrecieron lecciones de conducir por parte de un Campeón de Fórmula Uno, cariño.
—Guau. Él es legendario. Sabía que lo había visto antes, solo que no caí en cuenta que había sido en la televisión, en los deportes. — Miré hacia la mesa de Dillon —. No creo que a su novia le gustara que hablara con nosotras, sin embargo, porque nos está enviando una vibras muy toxicas.
—No creo que ésa sea su novia. — El sarcasmo en el comentario de Quinn fue imposible de perder.
— ¿Por qué dices eso?
—Nena… — La mirada censurada que me dio, habló en voz alta —. Puedo decirlo porque conozco al tipo. Dillon Carrington no tiene novias. Tiene citas. — Quinn asintió hacía la mesa de Dillon —. Y ésa es su cita.
— ¿Cómo es que tú sabes eso, exactamente? — Insistí.
—Porque yo solía ser así... — Se removió en su asiento y parecía que deseaba haberse mordido la lengua —. Oh, olvídalo. Realmente no quiero hablar sobre la vida social de Carrington en mi luna de miel.
—Yo tampoco — dije. Y realmente no necesitaba saber nada más, porque estaba segura de que Quinn sabía exactamente de lo que estaba hablando, porque había dejado escapar la razón.
Después de todo, ella solía ser como Dillon Carrington antes de encontrarme.
lo siento... se que dije que el viernes subiria 2 capitulos... pero como el sabado fue mi cumple mis papas me llevaron a celebrar desde el viernes, el sabado tuve una reunion familiar, y el domingo no tuve chance... asi que mejor ya no prometo cuando subire porque luego salen cosas que no planeo, solo espero no tardar...
Ryan: jajaja si lo precioso es sobre el bebé :)...
